aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Número 037 2011 Revista Internacional Psicoanálisis on-line

Acerca de las vicisitudes de la sustitución materna primaria II: pérdida de la madre sustituta y detención del duelo

Autor: Hardin, Harry T. y Hardin, Daniel, H.

Palabras clave

Sustitucion materna, Madre, Madre sustituta, Duelo.


"On the vicissitudes of early primary surrogate mothering II: Loss of the surrogate mother and arrest of mourning" fue publicado originariamente en Journal of the American Psychoanalytic Association, 48 (4): 1229-1258.

Traducción: María Eugenia Giraudo
Revisado por: Walter Gallego García

Entre los eventos catastróficos experimentados por bebés y niños pequeños, uno de los más frecuentes es la pérdida de una madre sustituta primaria (EPSM). Habitualmente de manera permanente, la pérdida es con frecuencia seguida de la llegada de una nueva cuidadora “de reemplazo”. Hay un aspecto del ambiente emocional, en este tipo de situación que es único: los padres son frecuentemente incapaces de validar la verdadera naturaleza de la relación de su hijo con la EPSM o, en última instancia, el trauma experimentado por el niño cuando la EPSM se va.  La marcada discrepancia entre la experiencia de los padres y la experiencia del infante, en relación a la madre sustituta, conduce a una detención del proceso de duelo del niño, con el potencial de ocasionar, serias consecuencias en su desarrollo. En este trabajo se examinan asuntos relacionados con la pérdida EPSM y sus secuelas, a la luz de dos ejemplos. Una posterior exploración del ambiente de este tipo de cuidado, dirige la atención a la necesidad crítica de cultivar y proteger los lazos tanto del bebé o niño y el padre, con la EPSM.

En una serie de trabajos anteriores (Hardin 1985, 1987, 1988, 1988ª, 1988b, 1991, 1993), el autor principal  ha venido realizando un estudio clínico, ahora en su vigésimo año, de pacientes adultos que en edad temprana recibieron cuidados primarios[1] en el hogar por parte de madres sustitutas. El estudio se basó en un reconocimiento de que muchos pacientes con historias similares mostraban poca tolerancia a involucrarse en relaciones íntimas y, además, parecían estar alejados de sus madres biológicas. El autor principal, un psicoanalista de pacientes adultos, reconoce la floreciente cantidad de datos producto de la observación y la experimentación de los desarrollistas para llegar a  inferencias, a partir de los cuales él ha reconstruido el material clínico. En años recientes, el coautor y sociólogo Daniel H. Hardin, ha colaborado en este estudio.

El cambio del cuidado primario de una madre biológica, a una o más cuidadoras sustitutas, ocurre frecuentemente durante el período cuando “el bebé y sus padres están en la agonía del mayor y mas rápido proceso de cambios que atraviesa el ser humano: el desarrollo temprano” (Stern 1995, p.3). El  tema de la pérdida se encuentra presente en la serie de investigaciones citadas anteriormente; esto es comprensible porque, con raras excepciones, el cuidado de una madre sustituta primaria (EPSM), en última instancia llegará a su fin. Un segundo tema importante es el del mutuo alejamiento entre la madre biológica y el niño; esto está asociado con el hecho de que la EPSM llega a convertirse de facto, en la madre, desde la óptica perceptiva del bebé. En Norteamérica, a medida que más y más niños reciben cuidado primario de personas que no son sus madres biológicas, los rangos de EPSM están aumentando. Dado el actual predominio de este tipo de cuidado, la combinación de la renuncia de la madre biológica a su rol primario de madre, y con la finalización del empleo de la madre sustituta primaria, debe representar una de las más frecuentes  significativas pérdidas sufridas por  bebés y niños en el mundo occidental.

En esta investigación, tratamos una complicación aún mayor respecto a los cuidados tempranos de madres sustitutas: el hecho que bebés y  niños son a menudo incapaces de experimentar el duelo por la pérdida de la cuidadora. Usando un ejemplo clínico, y una descripción única de la literatura, examinamos cómo el ambiente emocional de la familia contribuye a la detención del  proceso de duelo del niño. Debatimos medidas que pueden mitigar, si no prevenir, los efectos potencialmente perjudiciales  que surgen de la pérdida de una EPSM.

Revisión de la literatura

En una investigación preliminar, Hardin (1985) asoció la pérdida  temprana de madres sustitutas primarias con un miedo desmedido de pacientes a la separación y evitación de relaciones íntimas. El alejamiento entre la madre biológica y el niño, fue considerado como el  resultado de lazos muy estrechos del niño, con frecuencia exclusivos, con la madre sustituta. Ciertos fenómenos tales como -memorias encubridoras y sueños,  transferencias madre-madre sustituta, encubrimiento de la imagen de la sustituta por la imagen de la madre-  fueron reconocidas como características peculiares en estos pacientes. En exámenes clínicos de adultos, estos hallazgos proporcionaron variables esenciales para la reconstrucción de experiencias con EPSM.

En una serie de cinco investigaciones posteriores, se consideraron las vicisitudes de Freud respecto a la maternidad temprana. La primera, (Hardin 1987) compara la pérdida de Freud de su Kinderfrau  (niñera) con experiencias similares de un número de pacientes. En el análisis de memorias encubridoras, se puede discernir el encubrimiento defensivo  de tan catastrófica pérdida;  las memorias encubridoras de Freud se reconsideran desde esa perspectiva. Su EPSM emerge en la subsecuente reconstrucción como una figura distintiva y significativa: su madre de facto. Una investigación basada en intervención (Hardin 1988), exploró el  tema de la influencia en el apego madre-hijo,  de una relación con una EPSM. Se presentaron casos clínicos demostrando el impacto del alejamiento mutuo entre pacientes y madres. La serie continúa con una segunda investigación (Hardin 1988a), que compara el alejamiento de Freud de su madre, con fenómenos similares en reportes de casos clínicos. Los resultados obtenidos de ese estudio clínico, permitieron la reconsideración de las enigmáticas afirmaciones de Freud, acerca de su hija, Anna, quien asistió como su “representante” al funeral de la madre del psicoanalista.

Las memorias encubridoras de Freud, se exploran posteriormente (1988b) por medio de su correspondencia con Emil Fluss y Eduard Silberstein, durante y después de su visita, a   Freiburg, en el verano de 1872, a la edad de 16 años. Se reexamina la escena del diente de león (planta) con la cual  Freud introdujo el concepto de memoria encubridora en 1899.  Con avalada evidencia de ejemplos clínicos, se hace un intento de demostrar que las memorias de Freud encubren eventos traumáticos reales  -pérdidas catastróficas ocultas y los efectos que las acompañan. Una cuarta investigación (Hardin 1991) examinó los temas comunes que dominan los nexos de Freud con Martha Bernays y Fliess  -miedo a la pérdida y hambre de exclusividad-   y los asoció con los cuidados y desaparición de su Kinderfrau, en contraste con las  hasta ahora explicaciones aceptadas, que señalaban la implicación de la relación con su madre.

La quinta investigación de esta serie, (Hardin 1993) describió el clima emocional de la separación y la inminente pérdida que rodea la irrupción de octubre de 1987, de memorias de su Kinderfrau, durante el autoanálisis de Freud. Las limitaciones en la comprensión de Freud de los conceptos de pérdida y de maternidad (mothering), se consideraron como una consecuencia de la imposibilidad técnica de desvelar toda la gran importancia de su experiencia con su Kinderfrau en su autoanálisis.

En la revisión de la literatura del desarrollo concerniente a las relaciones de la madre biológica con su bebé o niño, observamos que la influencia de las EPSMs, es totalmente ignorada. Esta es una omisión asombrosa, dado que en 1996, aproximadamente el 63% de las mujeres norteamericanas casadas, con niños en edad preescolar, estaban empleadas o buscando empleo. (Cherlin 1998, p.39). Ejemplos de estos casos se pueden encontrar en investigaciones consecutivas en Developmental Psychology: “Relaciones Madre-niño, Miedo en el Niño, y Nexos Emergentes” (Kochanska 1998, pp. 480-490); y "Metarreprsentación en Acción: Desarrollo de Teorías de la Mente en Conversaciones Padre-Hijo, en niños de 3, 4 y 5 años.” (Sabbagh y Callanan 1998, pp. 491-502). En la primera, el autor afirma que en una muestra de 112 madres, sólo 19% eran amas de casa. En el segundo, lo autores enfatizan que los 36 grupos de padres fueron contactados a través de centros de cuidado de niños.  En estas investigaciones no se hace referencia a algún efecto potencial que el cuidado de bebés y niños, por  parte de alguien que no sea su madre biológica, podría tener  estas  relaciones cruciales  progenitor-hijo. Nuestros hallazgos sugieren, que la exclusión de  datos  tan relevantes podría que  ocasionar que  proyectos de investigación del desarrollo (evolutiva) estén sustentados sobre bases seriamente defectuosas.

En investigaciones que involucran a cuidadoras que no son las madres biológicas, los investigadores parecen dirigir la atención casi exclusivamente, a cómo el cuidado diario afecta el agego seguro  de los bebes y niños con la madre biológica. Los investigadores han intentado explicar los hallazgos que vinculan este tipo de cuidado infantil con elevados índices de relaciones apegho inseguro con la madre biológica, medido por la  extraña situación (Ainsworth and Wittig 1969). Brazelton (1985) argumentó la posibilidad de que las separaciones del niño puedan conducir a problemas de apego, debido a la reducción en la habilidad de la madre de estar en sintonía con el niño. Barglow, Vaughn, y Molitor (1987) asociaron relaciones inseguras con rechazo de la madre,  potencialmente como resultado de separaciones diarias. En la  misma línea de razonamiento, Owen y Cox (1988) sugieren que el cuidado no maternal,  podría interferir con la relación madre-bebe hasta el punto de causar elevados índices de apego inseguro.

La Red de Investigación de Cuidados Tempranos (NICHD,1997), realizó un estudio exhaustivo del cuidado de 1153 bebés por parte de madres, padres, otros familiares, y por otros no familiares que viven en el hogar,  y también en hogares  y centros de cuidado de niños. Sus hallazgos contradicen los descubrimientos de muchos investigadores previos: “El cuidado infantil por si mismo, no constituye ni un riesgo ni un beneficio para el desarrollo de las relaciones de apego  bebé-madre, como se señala en la Situación Extraña” (p.877). Sin embargo, en su estudio de los efectos del riesgo dual, ellos encontraron altos índices de inseguridad, en niños que experimentaron menos susceptibilidad y receptividad a la madre, combinada con más de un tipo de cuidado (p. 860). Hay en este efecto de riesgo dual, una pista de una asociación con el tema de esta investigación: la detención del duelo en bebés o niños pequeños que sigue a la pérdida de la cuidadora. En su siguiente estudio (1988), los investigadores reportan: “La hipótesis general  de que los efectos de los vaticinadores familiares estarían atenuados en el caso de niños que experimentan cuidado no parental a tiempo desde sus primer año de vida, comparados con aquellos que fueron cuidados exclusivamente por sus madres, no presentaó soporte alguno” (p.1125). Su hallazgo de  “una visión favorable de los beneficios del empleo materno para el funcionamiento positivo del niño, predecía  el desarrollo de los niños en  modalidad de cuidados a tiempo completo” (pp.1123-1124) podría ser un factor importante en la protección de la relación EPSM con la familia, tal y como será argumentado a continuación.

En  investigaciones acerca del cuidado de niños, se le otorga poca importancia al inevitable resultado del  cuidado, en un entorno que no involucra a un progenitor o familiar: que el bebé o niño sufrirá la pérdida de su cuidadora. Frecuentemente denominado como “rotación de la cuidadora” o “número de planes de cuidado” en investigaciones sobre cuidado infantil, la pérdida de una cuidadora parece ser una simple  medida a ser  contada en la evaluación de la calidad del cuidado. Sin embargo, cuando se incluye  la interferencia en los lazos madre-bebe, con apego inseguro en circunstancias en donde la madre no es la cuidadora, los investigadores pueden estar haciendo referencia a un fenómeno –el alejamiento del niño de su madre biológica-  descrito en los estudios de madres sustitutas primarias (Hardin 1985, 1988, 1988ª) Creemos que los hallazgos de la mayoría de las investigaciones acerca del cuidado infantil, poseen aplicabilidad limitada para nuestro estudio, porque no otorgan suficiente énfasis en el asunto de la pérdida.

La relegación de la EPSM, a un plano secundario, parece estar asociada con una represión universal contra su aceptación como una madre psicológica o madre de facto. Como se señaló anteriormente, el estado de estos asuntos se refleja claramente en la literatura sobre apego inseguro bebé-madre: los investigadores examinan el apego seguro, no con las sustitutas, sino exclusivamente con las madres biológicas. Se encuentran excepciones a esto, en las investigaciones de Oppenheim, Sagi, y Lamb (1988) y Goossens y van Ijzaendoorn (1990) A partir de sus estudios con  bebés en kibbutzim y en guarderías, es posible inferir que las EPSMs se han convertido, de hecho, madres de  los niños que tienen a su cuidado, aún cuando ellas cuiden a más de un niño a la vez. En el estudio holandés, los autores lidian con la inesperada similitud entre los perfiles de apego seguro bebé-madre y bebé cuidadora. En el estudio israelí, los investigadores escriben acerca de su sorpresa debido a los hallazgos que indican equivalencia de características de apego de madres y  cuidadora: “El hallazgo de que  el estado de apego con la cuidadora, era el vaticinador más fuerte de aspectos del desarrollo socioemocional del niño, sugiere que las relaciones de apego de los niños con personas importantes, diferentes de la madre, podrían ser muy influyentes como precursores del posterior desarrollo, especialmente cuando los otros cuidadores están muy involucrados en el proceso de crianza del niño” (p.431; énfasis añadido).

Un consenso entre algunos investigadores psicoanalíticos en  desarrollo temprano, en relación a la identificación de la madre con cualquier otro cuidador primario, está basado en gran medida en no considerar la casi inevitable pérdida de la ESPM. Esto se ejemplifica en la siguiente serie de comentarios:

Aunque  a través de este trabajo el texto hace referencia  habitualmente a la “madre” y no a la figura materna,” debe entenderse que la referencia se dirige a la persona, quien hace las veces de madre de un niño, y con quien este establece el apego. Para la mayoría de los niños, por supuesto, esa persona es también su madre biológica. (Bowlby 1980, p. 9)

En este libro, los términos “madre”, “padre” y “cuidadora” son generalmente usados indistintamente, con el significado de cuidador primario (Stern 1985, p.21).

Aquí y en toda la extensión de esta investigación, los términos “lazo madre-bebe” y “relación madre-niño” se usan como denominaciones generales para la relación entre el niño y las figuras parentales primarias en las primeras etapas de la vida (Frankel 1994, p. 87).

Siempre que la  palabra madre o maternal es usada,  excepto  cuando se hace  referencia a los sujetos específicos  de este estudio, se está indicando al cuidador primario (Nachman 1998, p.209).

De los autores señalados anteriormente, sólo Bowlby  parece haber hecho algún reconocimiento de lo que estaba implícito en la equivalencia: se ignora la única diferencia significativa , que la EPSM inevitablemente se marcha. Años antes, el había hablado directamente de las pérdidas  de EPSM y sus repercusiones en el desarrollo, advirtiendo: “Para un niño, ser cuidado  completamente por una niñera amorosa, que luego se marcha cuando él tiene dos o tres años, o aún, cuatro o cinco, puede ser casi tan trágico como la pérdida de una madre” (1958ª, p. 7). Karen comenta  acerca de sus discusiones con Bowlby en 1989: “ Él no se oponía lo más mínimo que hubiera una niñera viviendo en la casa….en tanto que se reconociera que ella podría llegar a ser la verdadera figura materna a los ojos del niño, y enfatizó - mientras ella permanezca allí. Porque para  el momento en que el niño alcanza los seis meses de edad, su cuidadora primaria viene a ser una persona crucial e irreemplazable quien debe estar allí continuamente durante los siguientes dos años y medio.” (1994, p. 109; énfasis añadido). Él agregó: Aún muchos de sus propios seguidores estarían de acuerdo con Bowly sobre la opinión de que una niñera a tiempo completo  se constituye en la figura de primaria de apego, suplantando a los padres en el afecto del niño…. Pero el hecho de  que la niñera sea  aún una figura importante para el niño, en muchos casos una figura de apego, y que su pérdida temprana o su reemplazo abrupto puede algunas veces ser traumática, encontraría pocos argumentos en contra (p.325-326; énfasis añadido).

En un fascinante y perturbador estudio sobre la niñera británica, el novelista y periodista Gathorne-Hardy, escribió lo siguiente, acerca  de pérdidas de EPSMs:

Muy simple: las Niñeras se iban. Ellas llegaban, se quedaban algunos años cruciales, y luego partían… Quizá una mayoría se iba antes de que el niño cumpliera 5 años: ellas eran despedidas se cansaban, o les ofrecía un mejor empleo…..Si esta figura amada (amada aunque no mereciera la pena, se va, la desesperación del niño es terrible……. Los síntomas pueden parecerse a aquellos de los bebés privados de alimento. Los efectos son permanentes. No es sorprendente, por lo tanto, que los anales de la literatura acerca de las Niñeras, estén repletos de descripciones desesperadas de estas incomprensibles y brutales partidas (1972, p.216-217).

Gathorne-Hardy comenta acerca del perturbador ambiente en el cual  bebés y niños perdieron una cuidadora tras otra, en una escuela británica para niñeras. Él afirma, que los administradores le dijeron que él no debería preocuparse ya que los niños se adaptaban rápidamente bajo “ manos expertas” y que serían “niños absolutamente tranquilos y tan buenos como el oro”, en un lapso de unos días después de que las niñeras se marcharan. Demostrando mucha comprensión del problema, él comenta: “Esta apatía es de hecho, un signo mucho peor, de lo que sería el llanto o el enfado” (p.221).

En su prefacio, Gathorne-Hardy describe la institución británica de la Niñera como “una forma única y curiosa de criar  niños, la cual evolucionó entre la clase media, y la clase media alta, durante el siglo XIX; floreció por aproximadamente 80 años y luego, con la Segunda Guerra Mundial, desapareció para siempre” (p. 7). Le debemos mucho a este autor, por proveer el único estudio exhaustivo en cualquier literatura acerca de las madres sustitutas primarias. Sin embargo, este estudio estuvo limitado a la elite “Niñera Clásica” en Gran Bretaña, un porcentaje relativamente pequeño  de madres sustitutas primarias, durante el período cubierto en este libro. Desde esa perspectiva, él omitió la abrumadora mayoría de EPSMs quienes desde entonces como hoy día, desempeñaban trabajos de cuidados primarios en una amplia variedad de roles menos distinguidos y menos característicos – la niñera con “n” minúscula, la niñera, enfermera, criada, canguro, au pair, padre[2], hermano, hermana, tío, tía, abuelo, cocinera, ayudante de la madre, mujer de la limpieza, vecino, jardinero, etc.

La Descripción de Helen Dutch  de la Pérdida de una EPSM de su Hijo.

            La única descripción detallada en la literatura psicoanalítica, de la reacción inmediata de un bebé a la pérdida de la madre sustituta primaria, está en una investigación de Deutsch (1919). El trabajo registra un período de nueve días que siguen a la partida repentina de la EPSM, quien había atendido, a un niño de dos años, casi exclusivamente, desde el momento de su nacimiento. El niño, cuyo comportamiento fue documentado, era, en realidad Martin, el hijo de la autora (Roazen 1985, p. 135), a quien su propio analista   en ese momento, Freud , animó, a que registrara.. La contribución es única en la claridad de la descripción del comportamiento y el estado emocional de Martin, así como el de sus cuidadoras. Además, ofrece una oportunidad para conocer acerca de  la propia comprensión de la madre de Martin de la situación catastrófica de su pequeño hijo. Los antecedentes de la familia Deutsch y el desarrollo de Martin, relatados en la biografía de Roazen, suministran información adicional. Trabajaremos, con la conmovedora descripción de Helen Deutsch.  En primer lugar comenzaremos con un resumen de su ensayo.

Deutsch observó que, aunque entrergada, la EPSM Paula, parecía algo distante cuando dispensaba cuidados a Martin. El hecho de que la EPSM no fuera demasiado tierna, era aceptable para la madre, quien no deseaba que el niño creciera demasiado “mimado”. Él parecía no tener en cuenta a su madre de quien las demostraciones de afecto, eran simplemente toleradas. Deutsch percibió que el mantenimiento del control completo y deliberado del cuidado del niño, por parte de Paula, “hizo que la relación fuera aún más exclusiva”. Paula dejó al niño sin decir adiós y fue reemplazada inmediatamente.

El primer día pasó sin incidentes, excepto que Martin “olvido sus necesidades de aseo”. Esa noche, se despertó después de una hora o dos, lloró inconsolablemente y no pudo dormir. La nueva EPSM intentó calmarlo y sólo logró alterarlo más. Él llamó a su madre, lo cual la sorprendió,  porque antes él sólo llamaba a Paula. El niño abrazó y besó a su madre, durante una noche de insomnio, diciéndole nombres cariñosos que ella usaba corrientemente. En la mañana se descubrió que había defecado en la cama, por primera vez en muchos meses. La incontinencia urinaria y fecal continuó, sin que el niño mostrara ningún signo de vergüenza. Con una expresión de extrema desesperación, él rehusó ser alimentado por la nueva EPSM, y llamó a su madre, con quien sólo comía. esporadicamente Solamente en compañía de su madre, el niño intentó ejercer algún control sobre intestinos y  vejiga.

En el tercer día su madre “se armó de valor” para preguntarle dónde estaba Paula. El respondió con indiferencia, “Ella se fue al sastre”. Durante los días siguientes, el niño comenzó a besar y abrazar personas, pero no a su madre, y también objetos, incluso muñecas, llamándolos con nombres cariñosos tomados del vocabulario de su madre. El nunca mencionó a Paula excepto inadvertidamente sin querer, como por error. Cuando la nueva EPSM le preguntó si lloraría o no, cuando ella se fuera, el dijo, “No, pero a Martin le gustaría llorar cuando Paula se va”. Durante varias noches su madre durmió con él, abrazándolo y mostrándole su amor. A veces, el niño miraba con  expresión de horror la cama de la EPSM. Cuando, a petición de Deutsch, la nueva EPSM apagó la luz al lado de su cama, Martin insistió que la luz se había apagado sola.

Para el quinto día, el había comenzado a dormir normalmente y controlaba los esfínteres, permitiendo a la nueva EPSM ayudarlo a ir al baño. Su resistencia a aceptar comida de ella, persistió por cuatro días más. Martin lloraba, apretaba sus labios y volteaba la cabeza cuando ella trataba de darle la comida. Con una voz  tristemente suplicante, el decía “Mamá!  Lina!  Mamá!  Lina!” (Lina fue una cocinera muy querida) Aceptando pequeñas porciones de comida de su madre o de la cocinera, el pequeño se tornó de nuevo se tornó desesperado.

En el noveno día, el niño pareció ser el de antes, excepto que mostró aún más interés en las personas y cosas a su alrededor. É era cariñoso  con su nueva EPSM, “pero no con la misma intensidad ni actitud, que con su niñera anterior” Deutsch concluyó: “El pequeño Rudi (como ella le llamó en este ensayo) superó su primera amarga decepción en un período de nueve días,” y su reacción fue la finalización de toda una tarea.

Nos gustaría ahora explorar las interacciones de Martin con su madre en un intento de identificar algunas características del ambiente emocional entre ellos, comenzando con una discusión del comportamiento del pequeño , después de su pérdida, y haciendo algunas especulaciones acerca de su significado. La persona más importante en el mundo de Martin, había desaparecido,  repentinamente y sin advertencia. Durante toda su vida él había estado convencido de que Paula, su madre de facto, lo quería incondicionalmente. Ahora, abruptamente, encontraba imposible tolerar su miedo más grande  -que él, no le importaba a Paula, y que ella se había ido para siempre, por su culpa. ¿Qué otra razón podría tener ella para abandonarlo? Por un tiempo él se aferró desesperadamente a la negación de ese evento catastrófico. Si ella se hubiera  ido al sastre, ella regresaría. A él le hubiera gustado llorar cuando ella se fue (1) porque ella no se habría ido; (2) porque él creía que ella se quedaría si le viese llorar; o (3) como argumentaremos más adelante, la indiferencia de las personas que lo rodeaban, hizo de la pérdida de Martin algo lo suficientemente irreal para acallar su necesidad se llorar. Inicialmente, él fue incapaz de recibir las atenciones de la nueva EPSM, porque esto habría representado una aceptación de la pérdida de su Paula. Su insistencia de que la nueva EPSM no había apagado la luz, representaba una distorsión de la realidad  -la frase “se apagó sola”  fue un gran rechazo al reemplazo de Paula. Él no podía pronunciar su nombre, porque al hacerlo estaría poniéndose en peligro de darse cuenta de su peor miedo –de que ella se había ido para siempre-.

Cuando Paula desapareció, Martin inmediatamente se volcó desesperadamente hacia su madre, atrayéndola con comportamientos y frases afectuosas, que ella misma usaba, como por ejemplo, “mi querido conejito. ”El cortejo hacia su madre fue corto, sin embargo, ya que él comenzó frenética e indiscriminadamente a exhibir demostraciones de amor, hacia las personas y objetos que lo rodeaban. El distanciamiento entre Martin y su madre debe, en parte, debe haber estado  fundamentado en las dificultades de  conexión mutua, debido a su virtual separación hasta ese momento. Como argumentaremos más adelante, es probable que el alejamiento entre madre e hijo, siempre afectó relación. Igualmente importante fué la posibilidad  de que la distancia que el niño mantuvo con   su madre, pudo haber representado una temprana manifestación de su incapacidad de aventurarse en relaciones de profundo amor de nuevo. Otra indicación de su desarrollo caractereológico de su desarrollo con lazos emocionales estrechos con otras personas, puede apreciarse en las observación de Deutsch: “. Él mostró amor y ternura hacia su nueva niñera, “pero no con la misma intensidad ni actitud, que con su niñera anterior”

En la actitud de Deutsch hacia la labor de Paula como niñera, era una palpable preocupación  de ser sustituida por la EPSM en el afecto del niño. Ella describe a Paula, quizá deseosa de que fuese así, como comportándose de una manera distante hacia el niño, limitando su ternura para no mimarlo. Esto se confirma por su sorpresa cuando Martin la llama la primera noche, porque “generalmente el mantenía a su madre apartada. “ Ella racionaliza su falta de contacto con su hijo como el resultado de su impotencia de contrarrestar la acción de la EPSM, quien “sabía bien cómo hacer que la relación con el pequeño Rudi (Martin) fuese más exclusiva”, ya que ella no permitía que nadie realizara las tareas de afecto. ”Ella obviamente no entendió que el niño la llamó a ella o a Lina, por comida o para sus necesidades de fisiológicas, porque ellas siempre habían estado allí, para ofrecer cuidados adicionales.

¿Porqué Deutsch le preguntó a Martin acerca del paradero de Paula, y porqué ella necesitó armarse de valor para hacerlo?  Uno podría especular lo siguiente: Confundida por su comportamiento, y siendo incapaz de consolarlo, ella quiso saber qué estaba sucediendo. Ella obviamente no había hablado con Martin, de la partida de Paula, ni antes ni inmediatamente después del evento. Sus inútiles intentos por consolarlo, debieron haberla  hecho sentir indefensa, con un sentido de separación entre ambos. Ella  también pudo haber sentido algo de culpa por experimentar gratificación debido a la desilusión del niño, después de  haber sido  rechazada por  su hijo durante dos años. En su pregunta hay un elemento de “¿Y entonces? ¿Dónde está tu amada niñera ahora?  Ya ves lo que pasa cuando tu reemplazas  a la persona que debería ser el objeto de tu afecto ¡” Así, ella tuviera tenido que reunir el valor, porque inconscientemente, y quizá algo consciente, su pregunta tenía una intención  de represalia.

Deutsch, psicoanalista y madre, observó  la aguda respuesta de su hijo a la pérdida de Paula, y la registró de manera conmovedora y detallada, pero fue incapaz de discernir su naturaleza catastrófica. Ella fue incapaz de entender la importancia que tuvo para Martin, la inmediata sustitución de su querida EPSM, una madre de facto, con  una extraña. Ella asumió una postura clínica más cómoda hacia el comportamiento altamente perturbado del niño. Finalmente, caracterizando su trauma como una “amarga decepción,” ella explicó su preocupación por medio de conceptos como “sexualidad auto-erótica infantil,” y formulaciones como la siguiente: “Sus impulsos sexuales se sobrepusieron a su hambre, y fue sólo cuando  nuevas relaciones de objeto se formaron, que ambas funciones se cumplieron armoniosamente.

Después de la desaparición de Paula, Martín se encontraba solo, ya que nadie compartía o reconocía su experiencia de  total abandono, por parte de su madre psicológica o de facto. La discrepancia entre su reacción a la pérdida y la reacción de su madre, podría solo haber producido una crisis de confianza en su propio bien, en su capacidad para sentirse querido y en su juicio con respecto a otros. Después de esa experiencia, fue poco probable que el niño no diera nada por sentado. El doloroso evento, debió haber marcado en él, la  profunda convicción de que tener apego, querer y ser querido, era un estado transitorio en la ruta hacia la pérdida inevitable. Su vulnerabilidad a la pérdida es demostrada  en la afirmación de Roazen: “En años posteriores, a  Martin le molestaba la manera en la cual, durante su niñez, las empleadas domésticas a quienes él quería, eran periódicamente despedidas” (p. 135).

Roazen reporta que Deutsch  consideró que Martin tuvo una juventud problemática  y que lo envió a tratamiento psicoanalítico. Por supuesto, las razones para su necesidad de tratamiento eran desconocidas. Sin embargo, en su investigación de 1985, el autor principal reportó  que durante un período de cinco años, cerca del treinta por ciento de los nuevos pacientes, casos similares al de Martin, recibieron sus cuidados primarios, de madres sustitutas, que  inevitablemente se perdieron (pp. 609 y 627).  Roazen afirma: “Después de cincuenta años, Martin tenía  resentimimento por la separación de su padre” (p. 193), señalando la época cuando Deutsch se lo llevó a Martin a Berlín. Esto puede referirse a la búsqueda de ayuda en su padre, cuando la enfermera lo dejó y, como muchos pacientes han descubierto, su madre no la pudo sustituir.

En 1935 Deutsch le escribió a su esposo: “Martin… está  más neurótico que nunca. Además de albergar sentimientos asesinos agresivos llenos de odio contra mí, de los cuales se da cuenta hasta la gente,  él muestra fuertes tendencias masoquistas  que me llenan de mucho  miedo” (p. 284). En una investigación acerca del alejamiento de la madre biológica  como consecuencia de las relaciones con una EPSM, Hardin (1988) especula: “La experiencia de encontrar un vacío, una vez tras otra, cuando se busca consuelo en la madre biológica, provoca una variedad de reacciones en el niño, desde  la triste desilusión hasta la profunda depresión, desde la confusión y el enojo hasta la cólera desbordada.” (p. 249). Creemos que puede haber existido una conexión entre  la experiencia de Martin con su primera EPSM y sus problemas psicológicos.  Posteriores investigaciones, de esta modalidad de cuidado, son necesarias para suministrar información más definitiva en relación a las consecuencias a largo plazo de la pérdida de la EPSM.

Descripción de una  paciente sobre la pérdida de la EPSM de su hija

            En el siguiente caso-ejemplo presentamos una descripción, suministrada por la madre de una niña que experimentó la pérdida de la EPSM. Aunque los autores, un psicoanalista  de adultos y un sociólogo, no tienen acceso a los datos de observación directos de bebés y niños, este caso, al igual que la contribución de Deutsch, es una demostración de primera mano, del entorno emocional que rodea la pérdida del bebe o niño de una   EPSM. La madre, una paciente, suministró una clara reseña de sus observaciones, pensamientos, y  comportamiento en relación al cuidado sustitutivo que su hija recibió y  de su finalización.

La señora M., de cuarenta y pocos años, estaba en tratamiento debido al insomnio,  frecuentes períodos de ansiedad y  un profundo sentido de incompetencia. Ella sentía que la mayoría de sus síntomas estaban asociados con severas dificultades en su relación con su hija mayor, Laura, quien tenía 16 años de edad:

“Mi esposo dice que Laura presiona mis botones y hace que yo me descontrole. Desde que  está en secundaria, he tenido serios problemas con ella. Ella está constantemente apartándose de mí, como si yo le hubiera hecho daño.  Ella se comporta incorrectamente  filtrando lo que pasa entre nosotras como si yo la hubiese traicionado. Luego, a menudo, mientras estamos  peleándonos ella  se muestra generosa compartiendo su ropa conmigo.”

Después de posteriores discusiones de lo que parecía ser una incompatibilidad de por vida, entre madre e hija, se le preguntó a la señora M., acerca de su relación  más temprana con su hija. Un mes después del nacimiento de Laura, ella volvió a su trabajo a tiempo parcial, como artista en una agencia de publicidad. Desde media mañana hasta media tarde, su niña era cuidada por Clara, una mujer de edad, la cual vivía sola, sin hijos, que había enviudado recientemente.

Clara le tomó cariño a Laura inmediatamente, y el bebé se transformó en el centro de su universo. Yo recuerdo lo orgullosa que  la mostraba a los vecinos. Ahora me doy cuenta del significado de la pícara felicidad en la expresión de Clara, cuando le daba a Laura un biberón, en vez de esperar que yo le diera el pecho al regresar. “¡Es que el bebé tenía hambre!” exclamaba.

Pronto se hizo evidente que los problemas de la señora M. con su hija, no habían comenzado con la escuela, sino que habían estado presentes desde sus primeros meses de vida. A medida que la paciente recordó más y mas acerca de los primeros meses de su hija, surgió un panorama de las interacciones que fueron altamente problemáticas, excepto por el placer, que al parecer, encontraban cuando pasaban las primeras horas de la mañana y los fines de semana juntas:

Al principio Clara tuvo este período entre las cuatro y las nueve o diez de la tarde, cuando Laura juguetona, pedía y necesitaba atención constante. Mientras preparaba la cena y realizaba otras labores, yo, sin éxito alguno, buscaba la cercanía que yo pensaba que la niña deseaba, paseándola por la casa en un portabebés. Noche tras noche, semana tras semana, estuve ocupada tratando de calmarla. Algunas veces sentí tal enfado que fantaseaba con ¡estamparla contra la pared!. Excepto por la cercanía cuando la alimentaba  y un par de horas en las mañanas cuando sonreía, era una situación totalmente imposible de sobrellevar.

El retrato gráfico de la descripción de la señora M. de aquellos primeros meses pareció suministrar una base tentativa sobre la cual reconstruir los orígenes de un profundo alejamiento de Laura. Aquella  situación temprana, altamente traumática tanto para la madre como para la niña,  podría resumir de la siguiente manera: el hambre de cercanía de la sustituta  y la respuesta entusiasta de Laura, se combinaron para producir un nexo intenso , a pesar de que la niñera Clara estuviera allí a tiempo parcial. No parece haber la más mínima  duda, de que durante alrededor sus cinco  horas con Laura, la cuidadora proporcionó a la niña un ambiente cariñoso altamente estimulante. Es obvio, que la exaltada niña sufría mucho por la partida de  Clara cada tarde, cuando la madre, más calmada y mejor dispuesta, se encontraba con una niña alterada. La relación de la señora M. con Laura sufrió como resultado de su incapacidad para aliviar y consolar a la perturbada niña, en las tardes y en las noches.

A medida que exploramos esta situación, fuimos impactados por la absoluta inconsciencia de la señora M., acerca de cuan profundamente la relación con Clara había influenciado su relación con su hija. La señora M. describió su relación con Clara como más o menos formal; ellas rara vez se ocupaban juntas de la niña, o hablaban de su comportamiento. En el relato de la señora M. en esa épocase palpaba la falta de conexión entre ambas figuras maternas;  ellas se comportaban como dos trabajadoras por turnos que se hablaban para despedirse. Se hizo evidente, que durante el tiempo que Clara estuvo empleada, la señora M., una mujer sofisticada y muy inteligente,  había vivido la fantasía de que ella y Laura, usarían a la niñera, hasta que no la necesitaran más, y luego ella se iría, sin dejar huella emocional de haber estado allí. Respondiendo a  las preguntas acerca de su relación con Clara, ella continuó:

Clara se quedó con nosotros hasta que Sally nació, cuando Laura tenía alrededor de 20 meses de edad. Yo dejé de trabajar. Después de que Clara se fue la visitamos varias veces. No, yo no me di cuenta entonces de cómo se sentía Laura al verla. Creo que me sentí un poco culpable por no prestar más atención a Clara,  pero para mí fue sólo un arreglo de laboral. Al año siguiente, dejamos la ciudad. No sé lo que le pasó con  ella. Yo tomé muchas fotografías del  bebé durante esa época, pero Clara, no está en ninguna de ellas.

La fuerte negación de la señora M. de la importancia del rol de Clara en el desarrollo de su hija, es aún más  ejemplificado  con  su comportamiento en el momento del nacimiento de su segunda hija. Ella le había pedido a su madre que viniera de otra ciudad para quedarse en su casa cuando ella fuera hospitalizada, “porque nadie más podía venir a cuidar a Laura”. Cuando se le preguntó acerca del razonamiento detrás del llamado a su madre, quien , para entonces, era un familiar aún extraño para Laura, a pesar de que Clara estaba disponible, ella respondió confusamente. Parecía que ella, inconscientemente, se había librado y  había librado a Laura, de la usurpadora que la había desplazado como madre. Por otra parte,  aparentemente, ella no era consciente que el fuerte vínculo de Laura hacia Clara, pudo haber sido uno de los factores que la motivaron a emprender el cuidado de los niños después del nacimiento de su segunda hija.

Más evidencia de la falta de consciencia de la señora M. acerca de la importancia de la partida de Clara, se encuentra en el libro de recuerdos de Laura. En un pasaje hay un comentario acerca de la supuesta rápida recuperación de la niña:

Después de una ausencia de cinco días, cuando mami trajo a la pequeña Sally a casa, Laura se mostró extremadamente dependiente de mami y gritaba cuando mami alimentaba al bebé. Durante las primeras noches el irse a dormir fue muy problemático. A Laura tenía que mecerla durante una hora, y lloraba histéricamente hasta que se dormía. Pero después de dos días, ella gradualmente se calmó y se fue ajustando muy bien a la intrusión de Sally. Después de dos semanas, Laura sufrió por segunda vez de molestias de garganta con fiebre alta y ganglios inflamados. Su resistencia física y emocional es baja.

La señora M. trajo un álbum de las primeras fotografías de Laura. Hasta los veinte meses, Laura percibía estar contenta y  feliz. Después de eso, y durante los meses siguientes, estaba claro, de que alguna desgracia  había recaído sobre  la niña. Encorvada, despeinada y con apariencia de abandono y desesperanza, ella a menudo llora desconsoladamente. La paciente afirmó que ella siempre había asociado estas fotografías con la respuesta de Laura al nacimiento de su hermana Sally, hacia quien había mostrado siempre una gran rivalidad.

A los veinte meses de edad, Laura sufrió  una simultanea doble pérdida. Una, posiblemente la más traumática frecuentemente en la niñez, ocurrió cuando nació su hermana, debido a la cual, la exclusiva posesión de sus padres fue desafiada. En esta situación particular, sin embargo, la pérdida fue agravada porque la señora M. la madre biológica, se había alejado algo hasta cierto punto de Laura, debido a la participación de Clara, la EPSM. El cuidado que exigía su hija recién nacida, hizo a la señora M. menos capaz de suministrar a Laura cualquier tipo de estimulante exclusividad, como la que había experimentado con Clara. La otra pérdida sufrida por Laura – un ejemplo de lo que es probablemente, la segunda causa más común de pérdida sufrida en la niñez, - fue la pérdida de su madre sustituta. Podríamos especular que la coincidencia de estos eventos que pasan frecuentemente en los primeros años de vida de los niños, podría haber contribuido a la reiterada alteración familiar que rodeaba a Laura.

Desde sus primeros años, Laura fue el centro de la mayoría de los problemas y preocupaciones de la familia. Ella peleó con su madre durante 16 años,  hasta que la última finalmente buscó tratamiento. Hemos encontrado, como se dijo previamente (Hardin 1985), que la mayoría de los pacientes que están alejados de sus madres, se ven como diferentes de los otros miembros de su familia. Laura demostró este fenómeno al transformarse en la “Cenicienta” de la familia. Entre sus peleas,  los hermanos mantenían una gran distancia de ella. Su padre con quien Laura tuvo una relación más cómoda, era a menudo emplazado a intervenir en las refriegas  con sus  hermanos y madre.

En el tratamiento psicoterapéutico de la señora M, se descubrió una historia de dos generaciones previas con madres sustitutas. Ella había estado atrapada inconscientemente en un proceso repetitivo que involucraba a su propia hija. Además, este patrón generacional, parecía ser un factor en el mantenimiento de su negación de la importancia de la EPSM en la vida de su hija. En el tratamiento, una transferencia de la madre sustituta creó un ambiente fértil para explorar sus problemáticas relaciones con su propia madre y su hija. A través de este proceso, su relación con Laura empezó a mejorar.

Invalidación de la Pérdida y Detención del Proceso de duelo

Con un ejemplo de la literatura y un caso clínico, hemos intentado demostrar la profunda falta de consciencia de dos madres, sobre la importancia para sus bebes con la relación y  pérdida de una madre sustituta primaria. La separación permanente de sus EPSMs fue experimentada por estos niños como algo desgarrador. Las dos madres parecen haber respondido a las experiencias de sus hijos sin haber podido lograr evitar sus  reacciones catastróficas. Creemos que esta situación se sustenta  en  la incapacidad parental de aceptar la realidad de la EPSM como una madre psicológica o madre de facto. Apoyados por nuestro estudio de la literatura y  del material clínico, consideramos que los dos ejemplos pueden representar el ambiente emocional presente en muchas familias con EPSM.

A las observaciones anteriores, añadimos otra: creemos que hay una relación entre la rapidez con la cual los bebés y niños parecen superar la pérdida de una EPSM, y la reacción discrepante de los padres y niños hacia esas pérdidas. La mayoría de los familiares de los pacientes que hemos entrevistado, comentaron que los pacientes superaron rápidamente las pérdidas. Deutsch sostuvo que Martin “completó su tarea” en nueve días, y la señora M. afirmó que Laura se calmó en dos días. Gathorne-Hardy comento que los administradores de la Escuela de Niñeras, sostenían que los niños “estarían absolutamente tranquilos y serían tan buenos como el oro” en unos pocos días.  El advirtió sin embargo, que para las pérdidas sean rápidamente superadas, “no hay peor signo que el llorar y sentir enojo” (p.221). Con esta objeción, Gathorne-Hardy anticipó lo que nosotros creemos es la consecuencia mas serie de la pérdida de una EPSM, lo cual fue traído a nuestra atención sin notoriedad por los cuatro escritores citados a continuación

En la literatura acerca de las reacciones de bebés y niños, a la muerte de los padres biológicos, se hace mención de “alteraciones a corto plazo asociadas con la tristeza y procesos de duelo”.  Bowlby (1980) resaltó el recuento de Barne (1964) de una niña quien fue incapaz de vivir o sufría una restricción de duelo, cuando ella observó que otros, no se dolían de su pérdida: “Winnie,  (dos años y medio de edad,) fue capaz de expresar su pena, al perder a su madre, sólo después de que su abuela expresara su tristeza por la pérdida de su hija (p. 394).” R.A. Furman (1964,1968, 1970, 1973) argumta el rol de los cuidadores supervivientes en el apoyo de la tolerancia del niño y en la expresión de sentimientos de  tristeza y  enojo. En un razonamiento similar, E. Furman (1974) enfatiza “el rol de los objetos amados,  personas supervivientes en el cuidado físico y emocional del niño, en la presentación de la realidad del evento (de pérdida) y en su rol como modelo parar sobrellevar la situación (pp. 239-240). Ella continúa desarrollando sus ideas sobre esta situación (pp. 18, 57, 116, 166) como en la siguiente cita:

Los adultos esconden al niño, sus propias expresiones de dolor, en parte para protegerse a sí mismos; ellos no aceptan de buena manera las manifestaciones de afecto del niño. El niño percibe esto y responde reprimiendo sus sentimientos y adoptando las mismas defensas. Nosotros observamos  reiterativamente, que el niño necesitaba “permiso” de su padre sobreviviente, antes de que él pudiera permitirse experimentar, y en particular, descargar la tristeza y  enfado, en relación al objeto perdido (p.261).

Todos estos hallazgos muestran que es muy difícil para un niño ir más allá del lugar de su cuidadora en el progreso del proceso de duelo; en otras palabras, cuando las cuidadoras son incapaces de ir más allá de una etapa particular de duelo, el proceso de duelo del niño, a menudo, se detiene.

Nosotros consideramos que la detención del proceso de duelo, es el fenómeno responsable de la corta duración de las alteraciones observadas en bebés y niños, quienes han perdido sus EPSMs.  Se deduce que con la pérdida de una EPSM, al igual que con la pérdida de un progenitor, es necesario, que los miembros de la familia  sobrevivientes, expresen el duelo abiertamente, para que el niño reprimido, se involucre en un  proceso de duelo saludable. Esto, sin embargo, hace surgir un asunto crítico: mientras que la pérdida de la EPSM –una madre psicológica o de facto- es casi siempre un evento trágico para el niño y no es  tal para el progenitor. Excepto en ciertas circunstancias (cuando un familiar es la EPSM, por ejemplo, o cuando el progenitor tuvo la misma cuidadora que el niño, o cuando el progenitor y la EPSM han desarrollado una relación inusualmente cercana) los progenitores no experimentan duelo alguno por la pérdida de la EPSM de sus hijos, y no proveen la necesaria validación.

Manifestaciones  en el desarrollo por la detención del Proceso de Duelo

McDougall (1989) comenta acerca de las consecuencias de la ausencia de validación en un ambiente parental, en respuesta al trauma de los niños: “Debe ser enfatizado que el impacto traumático a largo plazo, de un evento catastrófico, depende en gran medida de las reacciones parentales al trauma en cuestión… La manera en la cual el trauma potencial es manejado por el entorno, es por lo tanto un factor crucial en la determinación de la medida en la cual el niño sufrirá consecuencias patológicas futuras” (p.208).

En investigaciones previas, comenzando en 1985, el autor principal ha tratado la incidencia en el desarrollo, del fracaso de los padres para validar la experiencia traumática de la pérdida de una EPSM, en la niñez. Nosotros asociamos las construcciones marcadamente diferentes de la realidad de padres e hijos (Ferenczi 1993) con las crisis de confianza de los niños en su propia bondad, en su juicio de la realidad -incluyendo juicio de otros- y en general, en el testimonio de sus propios sentidos.  En pacientes adultos, con una historia de pérdida de una EPSM, nosotros hemos observado repetidamente, lo que creemos son  manifestaciones de desarrollo con esa crisis temprana.. Muchos de estos pacientes demuestran una muy fuerte necesidad de validación, solicitándola frecuentemente en su tratamiento. Por ejemplo, un paciente reportó que otros miembros de su familia, bromeaban acerca de su constante preguntar a su padre, “¿Papá, eso realmente es verdad?” Al igual que otros pacientes con este síntoma, ella era a menudo incapaz de aceptar la reafirmación de otros. Modell, al ver  que “Ferenczi  señalaba que  el conflicto entre la construcción de la realidad del niño y del adulto, es traumático para el niño” concluyó, “Cuando un niño percibe una marcada diferencia entre su construcción de la realidad y la de su cuidadora, el niño puede mostrar la tendencia  a rechazar la información presentada por la cuidadora” (1991, p.227). Groddeck, en lo que debe ser un propio recuento autobiográfico sufrido por la perdida de su niñera, después de tres años, escribió lo siguiente acerca de su crisis de confianza en la realidad: “Él nunca perderá ese sentido de la duda. Su capacidad para tener fe sacudida en su base, y la selección entre dos posibilidades, es para él, siempre más difícil que para otras personas. Un hombre, cuya vida emocional habia sido dividida desde  sus primeros años, está privado de una  experiencia emocional plena” (1923, p. 310).

Los autores han asociado, durante mucho tiempo, la pérdida de una EPSM con el desarrollo del miedo caracterológico a la pérdida, con la ansiedad severa por separación, y la inhabilidad para involucrarse íntimamente con otros.  Nosotros ahora consideramos que la detención del proceso de duelo, está muy relacionado con estas consecuencias en el transcurso del desarrollo. El potencial de las repercusiones en el desarrollo a largo plazo por la detención del duelo,es evidente en los ejemplos descritos anteriormente. Deutsch observó que varios días después de que la EPSM de Martin desapareció, él se mostró tierno hacia su nueva niñera, “pero no con la misma intensidad y exclusividad, que con su niñera anterior.” Nosotros entendemos esto, como un signo temprano  en el desarrollo; una tendencia al rechazo a involucrarse en relaciones íntimas. El biógrafo de Deutsch, Roazen, escribe acerca de Martin, quien finalmente fue referido para tratamiento psicoanalítico, como un niño  que a menudo expresaba cólera hacia su madre. Él se quejaba amargamente de la separación de su padre, y de la pérdida de muchas empleadas domésticas, a quienes quiso. La señora M. presenta un panorama gráfico, de las interminables dificultades interpersonales de la vida de Laura, incluyendo su transformación en la “Cenicienta” de la familia.

En la investigación preliminar del autor principal (1985) hay un reporte de la intolerancia a la intimidad en el comportamiento de un paciente analizado, el señor C:

Durante los primeros dos años, parecía haber sólo una ligera disminución de su intolerancia al afecto por mí… Su alejamiento de mí y de otros, incluyendo a su esposa, permanecieron mas bien como un enigma, ya que él mostraba una prometedora habilidad para involucrarse emocionalmente con otros, particularmente con sus niños. De hecho, él exhibía  una cálida  familiaridad en las relaciones interpersonales, indicativa de  experiencias pasadas importantes. Estaba claro que sus respuestas ansiosas y  de enojo hasta incluso una  pequeña expresión de sentimientos cálidos hacia mí, provenía de un miedo interior a  estar en riesgo. Sus transferencias indicaron que tal cercanía reproducía ese nexo pasado con la madre sustituta y los sentimientos derivados de su pérdida (pp. 619-620).

Con pocas excepciones, el señor C mantuvo alguna distancia del analista, durante el resto del tratamiento. Luego, al cierre de una sesión de seguimiento, un año después de finalizado el tratamiento, el seguía mostrando su continua lucha contra la vulnerabilidad a la cercanía. Deteniéndose en la puerta,  después de una  despedida formal, se devolvió y con obvia incomodidad, espetó, “Doctor usted me agrada,” y se marchó rápidamente.

Otro ejemplo clínico de la intolerancia a la intimidad y profunda reacción a la pérdida, se discute en la investigación acerca la madre de Freud (Hardin 1988).  El señor G, cercano a los cuarenta años de edad, vino a tratamiento debido a “la necesidad de encontrarse a sí mismo”, en particular, en relación a sus nexos con su esposa y a su bebé recién nacido. La pareja había mantenido una relación inestable por varios años antes de casarse, lo cual llevaron a cabo con la condición de que si no funcionaba, ninguno de los dos se vería afectado por ello. Cuando él mostró signos de un fuerte alejamiento de su madre, la investigación condujo a una historia de cuidados casi exclusivos, hasta la edad de dos años, por una EPSM. Ya que durante el análisis se desarrolló una transferencia con la madre sustituta, él se enfermó frecuentemente, permaneciendo en el hogar y ausente del trabajo, durante las ausencias al analista.

Algunos años después de finalizado su tratamiento, el paciente volvió, debido a la muerte repentina de su hijo de ocho años, en un accidente automovilístico. El paciente sufrió una severa depresión, tornándose retraído e incapaz de trabajar por muchos meses. Su condición era altamente resistente a la intervención médica y psicoterapéutica. En sus sesiones él recordó de nuevo, que al ver por primera vez a su hijo recién nacido y que de vez en cuando, desde ese momento el había estado abrumado por un sentimiento que  nunca había experimentado antes - amor-. Con la muerte de su hijo, esta experiencia se transformó en angustia,  con la convicción de que ahora, él no podría sentir amor nunca mas por nadie más, ni por los otros miembros de su familia. Nosotros creemos que la intensidad de su reacción demuestra una extrema vulnerabilidad a la pérdida, que se originó, a los dos años de edad en la detención del duelo, después de la pérdida de su EPSM.

Hemos observado también vulnerabilidad a la pérdida e intolerancia a la intimidad, en la manera en la cual algunos pacientes con  historias similares, se reconcilian con el matrimonio. En el tratamiento ellos revelan que mientras parecen estar involucrados en una relación íntima, su habilidad para contemplar el matrimonio, requiere de otra percepción de la tarea. Para protegerse a sí mismos de la pérdida que ellos continuamente anticipan, ellos se aseguran de que la pérdida de un ser amado, nunca ocurrirá casándose con alguien que  nosotros decimos “se puede perder o dejar de manera inminente”. Hay un elemento de consciencia en este proceso; lo que es inconsciente es la motivación -la intolerancia a la intimidad: por ejemplo, el miedo de perder una persona amada-.

Algunas veces la percepción, o aún la convicción, de que un compañero  “se puede perder o dejar de manera inminente” no evita  la intensa ansiedad proveniente de la amenaza a la intimidad. El autor principal fue consultado por una mujer, quien previamente había estado en psicoanálisis por más de cuatro años. En el tratamiento, un tema importante era su indignación con el comportamiento y la apariencia de su marido. Sin embargo, aunque ella constantemente discutía acerca de la separación de su esposo, esto nunca llego a ocurrir. De una detallada historia que incluía entrevistas con sus padres, y una mujer que había sido su EPSM por casi tres años, hemos sabido que su madre estaba mal preparada para cuidar de ella, y había dependido de otras personas para hacerlo. El cuidado de su EPSM, finalizó cuando la familia se mudó repentinamente a otra ciudad. El conocimiento de esta historia temprana, proporcionó mayor comprensión de su intensa ansiedad a la separación, del agudo miedo a la pérdida y la intolerancia a la intimidad, permitiendo una perspectiva que proporcionó mayor comodidad en su matrimonio.

Interacción del niño, la EPSM y los padres, en el ambiente familiar.

El fracaso de los padres para validar la pérdida de una EPSM, con la resultante divergencia de la realidad entre progenitor e hijo, es una manifestación relativamente tardía de un problema, que se puede haber originado mucho antes. Las dificultades con la validación parental de la relaciones  de bebés o niños con sus EPSMs, pueden existir desde muy al comienzo al emplear una cuidadora. Una mejor comprensión de estas dificultades puede lograrse, a partir de  examinar  la manera en que muchas, si no la mayoría de las EPSM, funcionan en la familia.

Hay un número de características obvias de este tipo de cuidado, que sirven para inhibir la apreciación parental de la naturaleza del nexo niño-madre sustituta. La exclusividad de la relación del niño con la cuidadora primaria, tiende a evitar que el progenitor  desarrolle y mantenga un nexo más cercano ya sea con el niño o con la cuidadora. El alejamiento ocurre entre padre e hijo, haciendo que ellos sean menos capaces de relacionarse entre ellos. Las restricciones de la relación empleado-empleador, y la ausencia de uno de los padres durante gran parte del tiempo que la cuidadora está con el niño, crean una distancia entre padre y cuidadora. Finalmente, las circunstancias que rodean la finalización del empleo de una EPSM –independientemente de que sea despedida o que ella se marche- y las dificultades involucradas en encontrar un reemplazo, impiden  aún más la comprensión de los padres de la naturaleza de la experiencia del niño.

Volviendo a las características menos aparentes, consideramos que una EPSM se emplea basándose en la convicción de que ella no invadirá el dominio psicológico y emocional de los padres. En otras palabras, se espera que la EPSM, no comprometa la relación de los padres biológicos, con el bebé o niño. De hecho, este acuerdo tácito, es imposible de cumplir;  marcha en contra de las realidades de cualquier relación primaria. No obstante, la poderosa influencia del mito universal de la santidad de la maternidad biológica, obliga a la cuidadora y al padre a mantener la fantasía de que tal acuerdo existe. La fantasía sirve como una defensa contra la ansiedad en la madre, surgiendo de un potencial demasiado doloroso de contemplar: al renunciar al cuidado primario de su bebé o niño, y entregarlo a otra persona, ella está en peligro de perder el amor de su hijo[3]. El acuerdo tácito da lugar a una divergencia de la realidad entre padre e hijo, y en menor medida, entre EPSM y el niño. En numerosos hogares, esta “representación[4]  se lleva a cabo de una manera más o menos inconsciente, desde el comienzo hasta el fin del empleo de una EPSM.

Protección de las Relaciones de la EPSM con el Niño y el Padre.

A través de los años, hemos aprendido acerca del cuidado EPSM, a través de padres que son pacientes, y hemos tenido la fortuna de entrevistar un número significativo de cuidadoras de sus niños. Creemos que el siguiente resumen de entrevistas con una EPSM, demuestra un ambiente casi ideal para esta forma de cuidado, ilustrando los requerimientos básicos necesarios para minimizar los problemas asociados con el cuidado primario por parte de una persona que no es la madre biológica.

El estilo interactivo del hijo de doce años de un paciente, dio lugar a una exploración acerca de la marcada diferencia entre la personalidad del niño y  el comportamiento de sus padres. El paciente, un hombre de casi cincuenta años, admitió apesadumbrado que su hijo, Bobby, no podía haber adquirido  de él ese carácter sensible y empático , excepto en una medida muy pequeña. Aunque él consideraba que su esposa, Estelle, se llevaba bastante bien con los niños, afirmó que el Bobby tampoco podía haber aprendido tal comportamiento de ella. Él sonrió con agradecimiento cuando espontáneamente enfatizó que Grace, una niñera, había sido el modelo de la benevolencia de Bobby. Aún involucrado con ellos ocasionalmente en tareas temporales, Grace estuvo de acuerdo en reunirse con nosotros para  hablar de los años que había pasado con la familia. Ella describió su experiencia con los niños y los padres, de la siguiente manera:

Amo a los niños. Ya que su madre no puede estar con ellos, yo hago las veces de su madre….Los padres me querían sólo para los niños…Yo no tuve la oportunidad de ser madre – así que  lo  expreso con los niños de otras personas. Los padres son buenos, dándote la oportunidad de conducir, cocinar, y recibir lecciones de costura.

Yo llegué cuando Bobby tenía quince meses y Amy tres años… Ellos tuvieron otra niñera, Rose, quien fue despedida. Cuando ella vino a recoger sus cosas, le preparé el almuerzo y tuvimos una pequeña charla. Ella dijo que los niños eran buenos, pero que los padres tenían poco tiempo para ellos. Ida había estado allí, durante tres años antes que Rose, desde que nació. Amy  Ella estaba allí cuando Bobby nació, murió por problem,as cardiácos.  También, una niñera a tiempo parcial, los domingos – Betty. Los niños se ponían desenfrenados con Betty. Betty me decía, “Grace tus niños son salvajes.” Ella fue despedida. Los niños querían enfurecer a la madre con su comportamiento con Betty y luego con Susie, y el próximo domingo con la niñera.

Yo los llevaba a su habitación. Ellos decían que quejarían a su madre acerca de mí, y yo les dije, “Yo hablaré con su mama antes que  vosotros.” Cualquier problema que surgiera, yo me dirigía a Estelle, no a Gordon, y ella dependía hacer el resto.

Los niños captaron el espíritu del afecto que yo mostraba con los padres. Cuando  estos no estaban, yo les decía, “Voy a darles un abrazo cuando ellos regresen a casa.”… Yo les mostraba afecto, pretendía dar ejemplo de entusiasmo por ver llegar a sus padres y captar el espíritu de la cercanía con ellos.

Cuando los niños estaban cerca de mí, me sentía culpable. Si yo fuera el padre, o la madre, me  sentiría herida, así que asumí el tipo de sentimiento que ellos experimentarían y traté de cambiar eso. Cuando la madre decía, “Ven aquí” y el niño se acercaba a mí, la niñera, yo sabía como ella se podía sentir.

Estelle y yo tenemos una agradable relación. Intercambiamos consejos. Ella dijo que sabía que yo había estado ahí para  sus niños, cuando se suponía que ella, debería estar.. Nosotras hablábamos de los niños. Cuando un niño se caía y venía a mi  en lugar de buscar a Estelle, o cuando ellos querían que yo los llevara a dormir, yo  le decía a Estelle, que ella no pasaba suficiente tiempo con sus hijos. Ella trataba de pasar más tiempo con ellos y funcionaba.  Los niños comenzaron a preguntar mas por su mami. Estelle estaba feliz con los resultados. Los niños realmente  podían acercarse a ella.

Estelle es una persona maternal  cuando tiene el tiempo. Los padres se iban a trabajar en la mañana y regresaban tarde a casa, especialmente, Gordon.  Gordon es más indulgente que Estelle. El tiempo es muy valioso para él. Estelle impone la disciplina y dedica tiempo a los deberes escolares.

Bobby tiene un mejor carácter, es amable, considerado con los sentimientos de otros. Amy es amable también, pero es más egocéntrica. En la escuela, cuando yo iba a las reuniones con Gordon y Estelle, (o cuando este estaba fuera , con la madre de Gordon o Estelle) ellas decían, “Este es nuestra niñera, nuestra segunda madre”.

Yo ya  no trabajo allí. Me fui cuando Bobby tenía seis años y medio y Amy ocho. Cuando ellos preguntan si estoy libre, lo valoro y trato de cooperar. Bobby, quien ahora tiene doce años, aún trata de hacerme sentir bien y me prepara algo para comer, pero Amy no lo hace. Cuando tuve problemas con mi esposo, Estelle me aconsejó acerca de nuestra relación. Cuando yo lloraba por ello, Bobby me buscaba por todas partes las manos y la cara, consolándome.

Uno puede reconocer mucho de lo que es ideal en el enfoque de Grace del papel de una madre sustituta primaria. Ella emprendió una tarea de enormes proporciones, y fue muy exitosa en ella. Ambos padres estaban lejos de los niños la mayor parte del tiempo, incluyendo muchos domingos. Ninguno de los padres estaba naturalmente dotado de la habilidad para criar niños. Ambos niños, Amy en particular, ya  había sufrido los efectos de la pérdida catastrófica de su primera niñera y la rotación de otras. Como podría esperarse, en este ambiente  familiar, los niños se habían alejado de sus padres.

Grace sirvió como modelo y facilitadora para ambos, los  niños y padres, ayudándolos a desarrollar relaciones cercanas entre sí. Ella consistentemente, mantuvo una relación afectuosa con los padres, quienes fueron capaces de devolver su cariño de una manera abierta. Consciente de que la madre estaba en peligro de perder el cariño de sus hijos, Grace le hizo ver la urgencia de pasar más tiempo con ellos. Se puede decir que los niños se identificaron con la niñera en la relación de esta con los padres, y también  los padres en su relación con la EPSM. De esta manera, los niños pudieron amar a la niñera, sin la carga de culpa por  privar a los padres, en particular a la madre, de su cariño.

Afortunadamente, el comportamiento y la actitud de Grace no causaron vergüenza ni envidia en los padres. Ellos respondieron positivamente a su forma intuitiva de fomentar su relación con los niños. Así, durante la labor de esta  EPSM, se minimizó el alejamiento entre padres e hijos. En este entorno, ambos niños estaban mejor preparados emocionalmente para sobrellevar otra pérdida de una EPSM, porque la experiencia de sus padres acerca de los cuidados, reflejó su propia experiencia. El cuidado que Grace les dispensó hasta que ellos se hicieron mayores y, de hecho, la continuación desu función como un miembro  más de la familia, fue, por supuesto, altamente beneficioso para el desarrollo de los niños.

El ejemplo anterior demuestra como una EPSM rescata a una familia en problemas, facilitando intuitivamente su saludable participación en la situación de cuidado, e ilustra el importante asunto a ser considerado cuando se ayuda a familias con la finalidad de evitar las dificultades que se puedan encontrar en este tipo de situación. El más importante de estos es el requerimiento de que ambos padres y la EPSM, sean capaces de aceptar la realidad de la EPSM como una madre psicológica o madre de facto. Esto es muy problemático. Los padres generalmente se sienten culpables por dejar a sus hijos al cuidado de otra persona, tendiendo a competir por el cariño del niño y a negar la importancia apego del niño con la EPSM. Las EPSMs también  desarrollan sentimientos  competitivos, y sienten culpa debido a los lazos de los niños con ellas. Grace manejó su culpa activamente, mas no apartándose pero  con mucho tacto, fomentando que los niños y los padres se mantuvieran en contacto entre si. Este comportamiento, debe hasta cierto  grado, haber hecho posible que estos padres se sintieran cómodos con la cercanía de sus niños hacía la EPSM, incluyendo, su forma de referirse a ella como su fuera una mamá.

Se desconoce la existencia de ambientes de cuidados tan saludables como éste. Nosotros hemos oído de muchas EPSMs a quienes se les ha considera  como miembros de la familia, lo cual parece aproximarse mucho a la aceptación de una EPSM por ambos padres y niños, como la madre psicológica o de facto. Sin embargo, tanto en las historias de pacientes como en informes en la literatura, este no es un caso frecuente. (Véase, por ejemplo, Wrigley 1995 y Shreve 1987). Desafortunadamente, cuando los padres no son conscientes de la importancia de los lazos del niño con la EPSM, o son menos tolerantes de la relación, ellos son incapaces de proteger la relación niño-EPSM. Los investigadores  de NICHD (1998) encontraron que “los niños en cuidado no parental a tiempo completo, eran más competentes socialmente y tenían menos problemas de comportamiento si sus madres creían que el empleo materno era beneficioso para los niños” (p. 1125). Nosotros creemos que este hallazgo puede estar asociado con la protección de la madre de su propio nexo con la EPSM, así como de la relación niño-EPSM. La protección parental de esas relaciones, es crucial para el desarrollo saludable del niño y para el futuro del nexo progenitor-hijo.

La protección, y  por lo tanto, la validación de las relaciones del niño con la EPSM, dependen de la aceptación parental de la EPSM como  una madre de facto vitalmente importante para sus hijos. Pero la aceptación de esta realidad  para garantizar un ambiente familiar saludable ahora ampliado. Para asegurar la protección de la relación de la EPSM con el niño, es necesario también que los padres y la EPSM interactúen de una manera cariñosa y cálida. El cultivo y protección de la relación de los padres y los niños con la EPSM, sirve para validar la experiencia del niño con la EPSM, durante la duración de su empleo. Cuando La EPSM se marcha, la validación parental de la experiencia del niño, abarcará la pérdida; entonces el niño es capaz de experimentar el duelo. El cultivo y protección de la relación EPSM con toda la familia, ayuda a mantener la relación del niño con la madre y otros miembros de la familia después de la pérdida.

Es sin duda paradójico, que el destino de la relación de los padres con su propio niño, dependa tanto de la protección de los padres de la relación EPSM-niño. Pero esto es así, porque la cuidadora primaria, de manera natural, constituye una influencia dominante en los procesos de identificación del niño. Cuando una EPSM y los padres interactúan de una manera cariñosa y cálida, el niño, identificándose con la figura de la cuidadora, será más capaz de amar a los padres. Esta situación se observó en el ejemplo anterior, en la identificación de los niños con Grace. De estas observaciones concluimos: una relación formal e impersonal, entre padres y cuidadora, no tiene lugar alguno en una situación exitosa que involucra a una madre sustituta.

Implicaciones de la investigación

La cantidad de problemas que se pueden presentar durante el desarrollo, asociado con las madres sustitutas  primarias y en particular con la pérdida de las figuras que proporcionan cuidados, señalan una urgente necesidad de llevar a cabo investigaciones adicionales en esta floreciente modalidad de cuidado infantil. Tal tarea requiere que las investigaciones, reconsideren la perspectiva comúnmente aceptada de que los cuidados primarios por parte de otras personas, equivalen al cuidado de la madre biológica. Una diferencia con los cuidados dispensados por cuidadoras que no son las madres, es que aunque La EPSM se convierte en una madre de facto, los padres podrían no validar esa realidad para sus hijos. La diferencia más significativa es que casi siempre, los bebés y niños pierden a las EPSMs,  quienes podrían también sufrir una detención del duelo.

Existen también implicaciones psicosociales, que resaltan debido a la creciente proliferación en Norteamérica, de cuidados primarios realizados por  personas que no son las madres biológicas.  En un creciente número de hogares, La EPSM se ha convertido  en la madre de facto de la familia, capaz de ejercer una profunda influencia en el futuro de los niños y en sus relaciones con sus padres. Este gran fenómeno del  desarrollo temprano  , que en gran medida ha sido pasado por alto, debe ser reconocido e investigado exhaustivamente, en paralelo con aquellos estudios actuales que continúan enfocándose solamente en las relaciones biológicas padres-niños.

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[1] Por “primario” queremos referirnos a aquellos factores  -lapso de tiempo (en horas por día y meses de duración), consistencia del cuidado, calidad del cuidado, intensidad de implicación (en términos de exclusividad, comprensión mutua, etc)  -que fomentan lazos entre la cuidadora y el niño, ya que en última instancia, la cuidadora viene a ser, de facto, la madre.

[2] De manera similar, la NICHD, Red de Investigaciones de Cuidados Tempranos (1997, p. 390) ha resaltado que la mayoría de los investigadores se centra en el cuidado estructurado del niño, pasando por alto, el “cuidado informal” basado en gran medida en cuidadoras tales como las abuelas. Ellos también enfatizan que una cuarta parte de su gran muestra de cuidado no maternal, fue también coparental (p.403). Es interesante resaltar, que no se ha observado ningún padre, entre las situaciones EPSM estudiadas. Como se señaló anteriormente (Hardin 1985, p. 624), en la medida que esto constituya un descuido, puede reflejar una identificación de contratransferencia con la madre natural

[3] Hay algunas madres que son conscientes de que la mayoría de las cuidadoras encontrarán imposible refrenar sus impulsos maternales en respuesta a las necesidades de los niños a su cargo. Pero la mayoría de las madres, parecen mantener la creencia de que sus propias relaciones con sus hijos, no pueden ser significativamente afectadas por un nexo primario con una cuidadora.

[4]  Cancelmo y Bandini (1999) debaten este asunto, pero son incapaces de aceptar  a la EPSM como una madre de facto: ellos equiparan las funciones de la cuidadora con las del padre y los otros miembros de la familia, durante la ausencia de la madre. De acuerdo a ellos, para “adaptarse”, la EPSM debe pasar por alto su estatus de empleada, debe “suspender la realidad” y comportarse “como si  ella fuera parte de la familia… una versión adulta de la obra que los niños representan cuando pretenden ser un príncesa… mami, papi, o bebé” (pp.8-9).