aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 041 2012

Sobre sexualidad y teoría psicoanalítica

Autor: Melillo, Aldo

Palabras clave

Sexualidad, Teorias psicoanaliticas, Pulsiones, Sistemas motivacionales, Organismo singular, Campo interactivo interpersonal.


“Las teorías psicoanalíticas de los últimos

decenios han sufrido lo que Kuhn llama

cambio paradigmático…Los límites del  

tema psicoanalítico se han fijado de nuevo…

La mente, que se consideraba un conjunto de

estructuras predeterminadas que surgían del

interior de un organismo singular, ha recibido una

nueva definición y ahora se cree que constituye

modelos de transacciones y estructuras internas

derivadas de un campo interactivo e interpersonal”

Stephen Mitchell (1993)

En salud, en general, se describe actualmente una clínica ampliada, debido a que el progreso del conocimiento científico y tecnológico ha mejorado mucho la “relación médico-enfermedad”, pero a costa del daño de la “relación médico-enfermo”. También llamada ‘clínica del sujeto’, postula poner entre paréntesis el diagnóstico de la enfermedad favoreciendo la aparición en plenitud de la persona y todo lo que es su entorno (familiar, social, profesional, etc.) para poder entender su singularidad como ser sufriente. “De esta manera el mayor énfasis no se pone ya en el ‘proceso de cura’ sino en el proceso de ‘invención de la salud’ y de la ‘reproducción social del paciente’ (Amarante, 1996)”.

En psicoanálisis el riesgo es menor en cuanto a quedar constreñidos a operar en los límites trazados por un diagnóstico porque el método nos lleva a pensar en el sujeto a través de su relato espontáneo e investigamos ampliamente todos los contextos de su vida. Pero aparece otro riesgo que consiste en que  frente a la complejidad de la trama vivencial del sujeto, surge la necesidad de tener una teoría que nos oriente en la tarea: Freud inventó la teoría del trauma sexual como punto de partida y desarrollo de su teoría psicoanalítica  poniendo a la sexualidad en el centro de sus primeras y fundacionales explicaciones, lo que le sirvió además para diseñar una teoría de la mente y su funcionamiento, que fue reformulando con los años y la experiencia clínica.

Hoy, a más de un siglo de evolución del psicoanálisis, de sus teorías, sus desarrollos técnicos, su expansión y penetración en la cultura, más los profundos cambios sobrevenidos en la misma, se nos  invita a tratar de determinar el estado actual de esa especial ubicación de lo sexual como fundamento de la teoría y práctica psicoanalítica:

Comenzaría por especificar qué entendemos por ‘situación clínica psicoanalítica’ para luego ir aproximándonos  a la cuestión sobre la sexualidad.   La concibo como una situación diádica específica, en la cual el analista y el analizando configuran un campo analítico común, con asimetrías acordadas en el funcionamiento de cada uno, para recorrer un proceso psicoanalítico terapéutico: allí se urdirá una trama de relatos e intervenciones para ir explorando, en medio de transferencias y contratransferencias, el panorama consciente y, sobre todo, inconsciente del analizando.

Thomä y Kächele (1989), por ejemplo, entienden "la neurosis de transferencia como una representación interaccional de los conflictos intrapsíquicos del paciente en la relación terapéutica, cuya configuración concreta es una función del proceso. Esta configuración es única para cada díada -debido a lo cual el psicoanálisis puede, con todo derecho, ser clasificado como una ciencia histórica- aunque permite, en un nivel de abstracción superior, la identificación de paradigmas evolutivos típicos". Luego introducen un concepto que es central en su modelo, el del foco: algo del material del paciente concentra el interés de ambos y si el analista puede formular hipótesis sobre su significado inconsciente y el paciente puede comprometerse emocional y cognitivamente con el tema, se habrá constituido el foco psicodinámico, que es ya una producción del dúo analítico. La expectativa es que en la reelaboración de un foco, vaya cambiando para ambos el modo de tratar el tema. Así, sintetizan: “Consideramos el foco configurado interaccionalmente como plataforma giratoria central del proceso, y por este motivo concebimos la terapia psicoanalítica como una terapia focal continuada, de duración indefinida y de foco cambiante”.

En la Argentina varios autores se han expresado de manera  parecida. E. Rodrigué (1966), D.Liberman (1962) y J.Bleger (1963). La teoría del campo de los Baranger va en la misma dirección. Hugo Bleichmar (1997) entiende que en la actualidad debe reformularse "la teoría de la situación analítica en tanto campo dinámico, es decir, del proceso analítico, como construido por el analizando y el analista: la transferencia dando vida a la contratransferencia y ésta a aquella, en una circularidad en la que no se puede fijar un punto de partida sino constatar el proceso y luego mostrar los puntos de inflexión", que serían, agrego, los puntos de producción de nuevos significados.

Así nos alejamos mucho de la concepción del analista abstinente, observador aséptico y objetivo del relato a interpretar del paciente y nos conduce a las teorías relacionales, intersubjetivistas y vinculares con sus variantes técnicas.

Pero también el marco teórico se ha complejizado: Freud buscaba las causas del sufrimiento neurótico de sus pacientes y de sus síntomas, remontando la búsqueda hasta la etapa infantil del sujeto a partir de recuerdos y relatos que pudo ir develando recurriendo a dos elementos básicos: la descripción de los elementos sexuales de la vida de los niños y la existencias de traumas en su desarrollo y, descubriendo la existencia de pensamientos y afectos que eran inconscientes, que aportaban el esclarecimiento. Sus teorías iniciales partieron, entonces de las pulsiones o instintos sexuales y de autoconservación, que después evolucionan a Eros y Tanatos. Se originan como cargas energéticas en el organismo desde el nacimiento, buscan su descarga y abren paso a la relación con el otro necesario para la satisfacción, Pari passu, se produce el desarrollo del aparato psíquico con la sucesión de fases del desarrollo psicosexual descriptas a partir de las intelecciones logradas en el trabajo con los pacientes.

 Pero mucha agua de distintas vertientes a seguido corriendo bajo el puente del psicoanálisis; ya no sólo las siempre fecundas del fundador; vinieron las de M. Klein, con su énfasis en las tempranas relaciones de objeto; Lacan, con sus aportacioes estructurales y lingüísticas; Winnicot y sus ideas sobre holding y objeto transicional; Kohut, con sus aportes a la psicología del Yo y al narcisismo y muchos otros de todas las latitudes que ofrecieron enriquecedores hallazgos clínicos, nuevas teorías para el acervo propiamente psicoanalítico y también nuevas experiencias de un entorno multidisciplinario variado pero muy productivo y estimulante.

Permítanme, que de un modo necesariamente escueto, les trasmita mi particular selección de teorías y prácticas, explícitas o implícitas en mi praxis. Lo primero que señalaría es como frente a la visión inicial en el psicoanálisis de reducir toda la causalidad de la existencia misma del ser humano y por ende de su problemática al conflicto puntual de dos tendencias pulsionales: sexualidad y autoconservación primero, y vida y muerte  después, se ha comenzado a hablar de sistemas motivacionales que incluían la influencia del entorno humano, los otros significativos, básicamente, y la realidad exterior sobre el sujeto desde el principio de la existencia.

Sin ajustarme rigurosamente a una cronología mencionaría en primer lugar a Bowlby que los llama sistemas conductuales, y dice que son necesarios para proveer a la satisfacción y la regulación de las necesidades básicas:

1.           El sistema de apego a la figura del otro sujeto de crianza.

2.           El sistema de afiliación a grupos que le permite al sujeto a integrarse a grupos sucesivos y simultáneos, luego de la familia de origen.

3.           El sistema de alimentación, que completa lo englobado en la anterior autoconservación.

4.           El sistema sexual que se nutre de las experiencias placenteras que se generan en las actividades de todos los sistemas.

5.           El sistema exploratorio, que parte del registro de las propias experiencias corporales y se extienden al territorio espacial y humano que acompañan al crecimiento del sujeto.

Lichtemberg plantea algo parecido:

1.           Un sistema de apego al que suma la afiliación.

2.           Un sistema de exploración y aserción, en un sentido de búsqueda y adaptación.

3.           Un sistema aversivo que incluye la capacidad de rechazo de experiencias afectivas negativas y de los responsables de ellas.

4.           Un sistema sexual-sensual, que incluye todos los derivados del erotismo genital con todos sus matices y transformaciones.

Hugo Bleichmar (sigo aquí a B. Winograd, 2010), con el sistema conceptual freudiano y distintos aportes post-freudianos, plantea la concepción de distintos núcleos motivacionales (módulos) que se construyen en el vínculo del sujeto con sus personajes significativos y adquieren un fuertísimo valor explicativo causal en problemáticas especificas del psiquismo humano. “De este modo, sigue la tradición que en el psicoanálisis pudieron haber planteado Balint, Kohut o Winnicott, sin por ello descuidar la importancia de las combinatorias internas. Sin embargo, para este autor el peso de la influencia de los objetos significativos como determinantes del funcionamiento del sujeto, de sus múltiples matices inconscientes y, sobre todo, de los procesos identificatorios, planteados por Freud (a partir de la introducción del narcisismo), marcan el contexto en que se ubican los distintos núcleos motivacionales o módulos propuestos:

1.     Sistema Sensual-Sexual: está vinculado con el placer erótico y los múltiples matices de la sexualidad, de la psicosexualidad derivando en la genitalidad adulta. Este sistema sigue los desarrollos de la psicosexualidad a la manera de lo que fuera planteado por Freud y por muchos desarrollos post-freudianos.

2.     Sistema del Narcisismo: tiene cierto grado de autonomía y no sólo depende del desarrollo psicosexual, aunque esté permanentemente articulado y conectado con él.

3.     Sistema de “apego”: está conectado con la necesidad vincular del sujeto con el otro, propuesta por Bowlby pero, desde una nueva perspectiva en la que enfatiza la temática de la intimidad construida en el encuentro con el otro. Este módulo supone necesidades relacionales que interactúan permanentemente con los otros módulos pudiendo influenciarlos y ser influenciado por ellos.

4.     Módulos de “auto y hetero conservación”: están vinculados con las necesidades de seguridad del sujeto, y de proteger al otro (hetero conservación). Estas necesidades no son sólo de orden causal-biológico sino también, como en todas las otras perspectivas, están influenciadas por los otros significativos y su aporte al sujeto, y también la búsqueda del sujeto de sus propios aportes hacia los otros.

5.     Sistema de la regulación psicobiológica: este módulo está vinculado, también con situaciones de equilibrio emocional, de regulación de la ansiedad, del nivel de activación neurovegetativa. Es un sistema relacionado con todos los otros y permanentemente determinado e influido por la relación entre el sujeto y sus personajes significativos, así como por los múltiples procesos identificatorios que marcan desde esa perspectiva la estructura interna, la configuración de esos módulos, y por lo tanto la modalidad de funcionamiento del inconsciente y su influencia sobre la conducta, los vínculos, los recursos y las múltiples experiencias existenciales” (Winograd, 2010). Agregaría el sistema aversivo de Lichtemberg y el exploratorio especificado por Bowlby.

Como podemos ver la sexualidad no es una excluyente motivación y las pulsiones y/o deseos originados en el interior del sujeto también tienen fuertes vínculos con los otros significativos en su producción.

 Creo que hoy en día cada vez más psicoanalistas pensamos, a la luz de todas las evidencias de la frecuencia del abuso sexual infantil, que el viraje de Freud cuando le escribe a Fliess su carta diciendo que sus neuróticas mienten, que son todas fantasías (patógenas pero fantasías) se vuelca al mundo interior y a la fuerza de la pulsión, dejando en segundo plano la figura del otro humano[1].

En la medida que reconocemos no sólo a la sexualidad como sistema motivador operando en el sujeto tenemos que pensar de un modo más abierto para calificar los elementos transferenciales que pueden ponerse de manifiesto. Por ejemplo frente a un relato de una frustración sufrida por una paciente en una aproximación amorosa a otra persona, percibida contratransferencialmente como una demanda de especial atención, podemos considerarla desde tres puntos de vista: como una búsqueda de una situación de apego seguro para recomponerse de su sufrimiento por el fracaso, y la devolución nuestra será ayudarla a entender que es lo que puede estar pasando; también juega la necesidad de volver a sentirse aceptada desde su sistema de filiación, de refrendar su aceptación como paciente por mí, a pesar de su fracaso; o también, obviamente, como un reclamo amoroso o erótico en sustitución de la relación perdida.

           

Por otro lado, D. Stern (1985 [1995]) en su libro “El Mundo interpersonal del infante – Una perspectiva entre el psicoanálisis y la psicología evolutiva”, plantea las buenas preguntas que se le querían hacer a los infantes (qué ven, huelen, sienten, piensan, quieren, etc.) y como le encontraron respuestas los investigadores pensando en que saben hacer desde el principio lo/as nlño/as (chupar, mover la cabeza a los lados, controlar la frecuencia cardíaca, por ejemplo) para conseguir las respuestas. Así se pusieron de manifiesto las diferencias, no absolutas, por supuesto, entre el ‘niño observado’ en las investigaciones del desarrollo y ‘niño clínico’ del psicoanálisis con sus fases o etapas psicosexuales: oral, anal, fálica, genital, el consecuente complejo de Edipo, complejo de castración y sepultamiento del Edipo. Son fases que empiezan y terminan, pueden producir fijaciones o ser punto de llegada de regresiones Todo esto matizado por pliegues y repliegues de las teorías y prácticas psicoanalíticas.

Al ‘niño observado’ que nos describe, Stern lo caracteriza como portador de un sentido de sí-mismo (self) y del otro, a partir de la experiencia subjetiva inferida del infante. Al surgir nuevas conductas y capacidades, se reorganizan para formar nuevas perspectivas subjetivas organizadoras del sí-mismo y el otro. El resultado es la emergencia de verdaderos ‘saltos cuánticos’ en diferentes sentidos del sí mismo, hablando no de fases o etapas sino de dominio de relacionamiento de tal sentido de sí-mismo, porque todos siguen activos toda la vida sin depender de fijaciones o regresiones, aunque a veces se expresen huellas de traumas ocurridos en momentos sensibles de alguno de ellos.

Stern describe:

El sentido del ‘sí mismo’ emergente, (primeros dos meses), primer mundo del bebé, es el de los sentimientos, donde el tono del sentimiento interior de una experiencia fija sus impresiones a través de su percepción amodal y transmodal, fisiognomónica y de los afectos de la vitalidad. A partir de eso hay una construcción de las experiencias sociales relacionantes y una comprensión de la experiencia subjetiva del infante.

El sentido del ‘sí mismo’ nuclear (del 3° al 7° mes) pasa al mundo social inmediato, el mundo del “aquí y ahora, entre nosotros”. Se manifiesta la rica coreografía entre él y la madre, los sutiles movimientos con los que regula su caudal de sentimientos y nos inicia en la danza básica que todos ejecutamos con otra gente a lo largo de nuestras vidas. Se desarrollan el sentido de la agencia, la coherencia, la afectividad del sí-mismo y una historia del sí-mismo (básicamente como memoria corporal).

El sentido del ‘sí mismo’ intersubjetivo (entre los 7 y los 9 meses) El niño descubre que tiene una mente y que los otros también la tienen. En el mundo de los paisajes mentales se percata de los acontecimientos mentales internos, como los deseos y las intenciones. Descubre que el paisaje mental de una persona puede superponerse al de otra; uno puede tener la misma idea en la mente o no: se da cuenta de que su madre sabe que quiere una galleta, y también sabe que él sabe que lo sabe. El foco pasa de la regulación por el otro de las experiencias del sí-mismo conductualmente abierta, a la experiencia intersubjetiva compartida entre el sí-mismo y el otro, y a la influencia de la experiencia subjetiva de un otro. Es la época del entonamiento con el otro, o el no entonamiento o incompatibilidad de la experiencia intersubjetiva, y también de los entonamientos selectivos. Puede haber desentonamientos y afinación, autenticidad o sinceridad y también sobreentonamiento. Hasta aquí tenemos:

a)           La posición clínica de la intersubjetividad y la empatía con las disyunciones intersubjetivas o desentonamientos como reacción negativa o la empatía generativa o madura, y el entonamiento.

b)           El referenciamiento social y la influencia sobre la expectativa afectiva del infante: el desarrollo del sistema motivacional de la exploración.

El sentido del ‘sí mismo’ verbal (desde los 15 meses) el niño nos lleva al mundo de las palabras. Descubre que los símbolos sonoros pueden abrir nuevos caminos de imaginación y comunicación y, al mismo tiempo, producir estragos en sus antiguos mundos no verbales. Aparecen las nuevas capacidades del segundo año (la representación de cosas hechas por él y por otro, la capacidad de imaginar, los logros en destrezas físicas), una visión objetiva del sí-mismo, capacidad para el juego simbólico, progresos en el uso del lenguaje más los efectos del lenguaje en el relacionamiento si-mismo-otro: nuevos modos de “estar con”. El otro filo de la espada: el efecto alienante del lenguaje sobre la experiencia del sí-mismo y el estar-juntos, hasta poder manejar este nuevo dominio de relacionamiento.

Volviendo al ejemplo analizado antes podríamos agregar en clave de estas teorías de D. Stern, que la fuerza afectiva del reclamo de la paciente nos pone frente a un momento vinculado con la etapa del dominio del relacionamiento nuclear y lo necesario es asegurar un sentimiento de cercanía, de presencia; después se podrá repasar los elementos propios de la intersubjetividad y los significados simbólicos presentes. También hay que pensar que lo que moviliza una situación de rechazo de nivel traumático es en gran medida proporcionado por las memorias inconscientes procedimentales de raigambre corporal.

Definitivamente, no pienso que todos los deseos que se ponen de manifiesto en un proceso psicoanalítico, conscientes o inconscientes sean reducibles a la sexualidad; de nuevo, son las tramas causales que proponen las múltiples teorías las que tienen que ser puestas en valor y proceder a su elaboración, por la mayor sensibilidad que la presencia nuestra o de los otros significativos representan.

Con respecto a las tendencias eróticas  que puede poner de manifiesto un paciente en la situación analítica creo que son siempre producto de la pareja analítica sin ninguna duda. Una viñeta: En una primera entrevista de una mujer joven, muy atractiva y con una actitud muy seductora no en sus palabras, pero si en sus gestos y su apresto corporal, a pesar del impacto que me produjo, logré llevar la conversación al motivo del encuentro. El objetivo era el ingreso a un grupo terapéutico y eso ocurrió. Pero no puedo negar el involucramiento mío, absolutamente en un plano preverbal, plenamente consciente para mí. En el transcurso del tratamiento se fue disipando, con más facilidad gracias a la situación grupal.   

En cuanto al fuerte compromiso relacional de interacciones mentales como continente-contenido, la situación de holding o sostén, o la alianza terapéutica, que podrían pensarse también de raigambre sexual, me resulta más interesante pensarlas  desde las perspectivas de los diferentes dominios de relacionamiento que plantea Stern:

a)          Continente-contenido lo vincularía al dominio del relacionamiento emergente, se trataría de una sensación cuasi física de continencia. Una paciente viene a sesión a contarme la muerte accidental de un hijito de 2 años y se pone a llorar sentada en el diván; me siento al lado, le paso la mano sobre el hombro y le hablo en voz baja hasta que pasa la crisis.

b)          La situación de holding o sostén al dominio del relacionamiento nuclear, del ‘aquí y ahora, entre nosotros’.

c)          La alianza terapéutica a los dominios del relacionamiento intersubjetivo y verbal.

           

En fin y para terminar, diría que la sexualidad ya no es la nave insignia, pero sigue siendo muy significativa en nuestra flota interior.

Bibliografía

Amarante P. (1996). O homem e a serpente. Editora FIOCRUZ, Rio de Janeiro, en “La clínica del sujeto: por una clínica reformulada y ampliada” de Sousa Campos G. (1996).

Baranger, M. y W. (1961-2) “La situación analítica como campo dinámico”, Revista Uruguaya de Psicoanálisis, T IV, n° 1

Bleichmar, H. (1997)  Avances en psicoterapia psicoanalítica. Barcelona: Paidós Ibérica, pág. 192.

Bleger, J. (1958) Psicoanálisis y dialéctica materialista. Buenos Aires: Editorial Paidós pág. 144.

Bowlby, J. – En “La teoría del apego – Un enfoque actual” de Marrone, Mario, Editorial Psimática, Madrid, 2001, pag. 36 y sig.

Liberman, D. (1962) La comunicación en terapéutica psicoanalítica. Buenos Aires: Eudeba, pág. 4.

Lichtemberg, J. y col. (2011) Psychoanalysis and motivational sistems. New York: Routledge. Reseña de Carlos rodríguez Sutil en Clínica e investigación Relacional 5 (3).

Mitchell, S. (1993) Conceptos relacionales en psicoanálisis. Una integración. Madrid: Siglo Veintiuno Editores, Pag. 29

Rodrigue, E. (1966) El contexto del proceso analítico, Buenos Aires: Eudeba, pág. 22.

Stern, D. (2005) El mundo interpersonal del infante. Una perspectiva desde el psicoanálisis y la psicología evolutiva, Paidós.

Thomä H. y Kächele, H. (1989) Teoría y práctica del psicoanálisis - I Fundamentos, Barcelona: Editorial Herder, pág. 386 y sig.

Winograd, B. (2010) El modelo modular transformacional, comunicación personal.

 



[1] Creo que, a la luz de la casuística creciente de incestos fruto de una mayor libertad social para plantear esos temas, es necesario hacer desde el psicoanálisis, un replanteo del complejo de Edipo, del complejo de castración y del tabú del incesto.