aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 044 2013

La conceptualización de la escisión. Acerca de los distintos significados de la escisión y sus implicaciones para la comprensión de la persona y el proceso analítico.

Autor: Blass, Rachel B.

Palabras clave

Escsion, Disociacion, Renegacion, Unidad, Fragmentacion.


La conceptualización de la escisión. Acerca de los distintos significados de la escisión y sus implicaciones para la comprensión de la persona y el proceso analítico fue publicado originariamente en Psyche – Z Psychoanal 67, 2013, 97–119. www.psyche.de
Traducción: Anna Frank
[Trabajo presentado en la
Reunión de Primavera de la Asociación Psicoanalítica Alemana en Berlín el 9 de Mayo de 2012. Traducido y publicado en Aperturas Psicoanalíticas con autorización de la revista.]
Resumen
En este trabajo se aborda el concepto de escisión, sus múltiples aplicaciones y sus distintos significados en el discurso analítico.
Con fines didácticos, se presentan cuatro conceptualizaciones diferentes de escisión que se pueden encontrar en el psicoanálisis de hoy y que han evolucionado a partir de las ideas originales de Freud. Esto revela no sólo la riqueza y la complejidad del concepto de escisión, sino también sus implicaciones teóricas y clínicas. La investigación constituye el punto de partida desde el que podemos reflexionar acerca de la posible influencia que ejercen sobre nuestro trabajo analítico las variadas conceptualizaciones de las diferentes visiones de la personalidad del hombre, de su unidad fundamental o de su fragmentación.
Palabras clave: escisión, disociación, renegación, unidad y fragmentación del ser humano
A primera vista, el concepto de la escisión parece ser claro y directo: bajo ciertas condiciones, nuestra psique se divide en diferentes áreas, tanto buenas como malas, aceptables e inaceptables, lo que tiene implicaciones para nuestro funcionamiento mental. Sólo cuando se trata de aclarar con precisión qué se entiende por este término, se pone de manifiesto lo complejo y difícil que es ¿No nos reconduciría esta división de la psique también a la represión? En cualquier caso, se recurre al concepto de represión, cuando se trata de la separación entre el Yo y el Ello. Señalar a la escisión como una función primitiva, tal como se enseña, no es una explicación suficiente. Y cuando el concepto de escisión se reserva para un proceso propio del Yo, ¿qué es entonces lo escindido, y quién o qué provoca la separación? A partir de aquí, la cuestión es que, si nuestro pensamiento psicoanalítico deriva de la idea de que nuestra psique está dividida y no es una unidad, ¿a qué obedece el particular interés sobre la escisión y sobre lo que es específico de ella? Éstas son sólo algunas de las preguntas que se plantean. Y, como ocurre con muchos otros conceptos analíticos cardinales, cuando uno trata de aclararlos con más precisión, se pone de manifiesto que, detrás de una idea que a primera vista parece obvia y familiar, puede haber una gran variedad de aplicaciones y significados; uno descubre que según en qué corriente de pensamiento psicoanalítico nos coloquemos, los términos se utilizan de manera diferente, incluso en los propios trabajos de Freud, sin que ello se haga explícito.
El término escisión me parece muy difícil de precisar y conceptualizar. Eso puede ser porque no hay claras dimensiones o factores a los que uno se pueda referir para establecer comparaciones entre sus diferentes conceptualizaciones. A modo de ejemplo, algunos psicoanalistas consideran la escisión como un estado psicológico / fenomenológico al que otorgan significado dentro de un determinado contexto psicopatológico; otros ven en la escisión un mecanismo, una forma específica de defensa o un proceso de desarrollo; y otros lo consideran como una especie de principio organizador de la experiencia del niño. A menudo se utilizan varias de estas dimensiones, aunque, en ciertos casos sin una definición explícita, mientras que en otros, el término se define abiertamente, pero no se lleva a cabo una aplicación real. Por ejemplo, a veces cuando Kernberg habla de sus ideas sobre la escisión, se refiere a la concepción de Klein y, a su vez, los autores kleinianos, en ocasiones se remontan a reflexiones de Freud sobre la escisión; en cualquier caso, como veremos más adelante, cada uno habla de cosas muy diferentes. Así pues, las descripciones sobre la escisión no suelen ser claras y casi nunca se señala que el término posee varios significados diferentes (véase Brenner 2009). Incluso, hay poco acuerdo entre los escasos artículos de revisión y resúmenes que se pueden encontrar en la literatura acerca de este concepto.
Si consideramos todas estas dificultades junto con la falta de precisión, nos podríamos preguntar si en verdad ganamos algo al utilizar este término o si tendría mayor sentido designar cada fenómeno mediante su término específico. Así finaliza Paul Pruyser (un analista americano seguidor de Winnicott, quien ha trabajado durante muchos años en la Clínica Menninger) su famosa obra "¿Qué se escinde al 'escinidir'?" (1975) con la recomendación de separar el concepto "del vocabulario psicológico" (p. 44). En su opinión, el concepto insinúa la descabellada idea de que habría un agente secreto que pondría en marcha la escisión y ciertas estructuras psicológicas que, siendo unidades rígidas en vez de funciones dinámicas, serían susceptibles de ser escindidas.
Yo lo veo de otra forma. Aunque el concepto de escisión es difícil de entender, e incluso, aunque a veces se aplica de manera desconcertante, desde mi punto de vista (y espero poder mostrarlo aquí), pienso que tenía que surgir inevitablemente; en sus diversas formas expresivas proporciona, en cierta medida, una respuesta a las preguntas básicas sobre la naturaleza de la psique y del individuo, acerca de las divisiones elementales del psiquismo y, además, sobre la importancia de la unidad y la búsqueda de la integración en el pensamiento analítico.
A continuación voy a presentar cuatro diferentes conceptualizaciones de la escisión, la "escisión como disociación", " escisión como renegación", " escisión de las ideas" y la "escisión de la psique". Quiero destacar que los cuatro conceptos se remontan a las obras de Freud, habiendo sido posteriormente desarrollados por otros autores (por ejemplo, la forma disociativa de Ferenczi y Kohut, la idea representacional de Kernberg y la de la psique de Klein). A pesar de que las diferencias entre estas conceptualizaciones no siempre son exactas y, teniendo en cuenta que -sin duda- pueden existir otras, opino que estas cuatro categorías engloban adecuadamente los aspectos fundamentales del discurso psicoanalítico contemporáneo acerca de la escisión. Por razones de espacio me referiré brevemente a cada una de ellas y también señalaré resumidamente los puntos controvertidos sobre este tema.
No obstante, a pesar de la brevedad, en esta exposición pretendo poder transmitir no solamente la idea de la riqueza y la complejidad del concepto de escisión y sus implicaciones teóricas y clínicas, sino también proporcionar un punto de partida desde el cual poder explorar cómo estas diferentes conceptualizaciones nos pueden orientar en nuestro trabajo analítico sobre los conceptos importantes de la persona y su fundamental unidad o uniformidad. En este contexto, también quiero poner de manifiesto cómo pueden verse reflejadas ciertas diferencias fundamentales entre las distintas corrientes analíticas a partir del conocimiento de estas conceptualizaciones.
Las cuatro conceptualizaciones de la escisión
1.- La escisión como disociación. Esta idea de escisión se remonta a los primeros trabajos de Freud sobre los estados disociativos en la histeria que, a menudo, se consideran como pertenecientes a su período pre-psicoanalítico. Freud habla aquí (junto con Breuer) de un estado de conciencia separado o cortado del estado normal de conciencia de la persona (Freud, 1895d, p 90). En los referidos textos, utiliza una terminología cerrada, donde explícitamente considera la escisión y la división como sinónimos de "disociación" (p. 91). Esta división disociativa de la conciencia aparece expresada como »double conscience«[1](ibid.) y Freud escribe así lo que quiere decir:
"Cuando este proceso se lleva a cabo por primera vez, se constituye un núcleo o punto central de cristalización [...] alrededor del cual se irá acumulando posteriormente todo aquello que se hubiese recibido previamente, aun partiendo de visiones contradictorias" (1895d, p 182).
Freud describe aquí un estado en el que parece ponerse en juego algo más que la personalidad, más que el Yo, algo que funciona desde diferentes planos relacionados con distintos patrones representacionales o mnésicos. En este contexto, se escindirían mas bien las “agrupaciones mentales" en vez de las representaciones individuales (Brook 1992). Esta diversidad de la conciencia, que a Freud se le hace particularmente evidente bajo hipnosis, se manifiesta en casos de personalidad múltiple y está en la base de la histeria, situaciones que en aquella época acaparaban su interés clínico. Tal como Freud explica en el libro editado conjuntamente con Breuer, las pacientes histéricas sufren “una escisión patológica de la conciencia” (1895d, Suplem, 239). Escribe:
"Cuanto más nos preocupábamos por estos fenómenos, más seguros estábamos de que la disociación de la conciencia, conocida llamativamente a través de las descripciones de los casos clásicos como ›double conscience‹ constituía rudimentariamente en cada forma de histeria la tendencia a dicha disociación y, por lo tanto, a la aparición de estados anormales de concienciaenglobados como "hipnoides”, siendo éste el fenómeno básico de esta neurosis" (1895d, p 91;. cursivas en el original).
En sus primeros escritos, Freud enlazó este estado de escisión disociativa con el trauma. Un trauma es como una fuente de ideas que resultan incompatibles con el estado normal de conciencia, y la existencia de tales ideas (incluso, aunque sean benignas, como por ejemplo, la percepción de un deseo sexual inapropiado) se considera traumático (como en el caso de la paciente, la señorita Elizabeth von R.). Estas representaciones, así como los estados mentales y su correspondiente funcionamiento asociados, existen en otra parte, fuera fuera del alcance del estado normal de conciencia (Freud, 1895d, p 90). Tal como Breuer aclara, "la parte de escindida de la psique [...] en nuestros casos, ›es llevada a la oscuridad‹ "(p. 288).
Hacia el final de su vida, Freud retoma la idea del enlace entre la escisión disociativa y el trauma y en su obra Der Mann Moses und die monotheistische Religion, habla del intento de
«conciliar las partes del yo escindidas por la influencia del trauma con el resto [... ]. Pero un intento como éste [...] desemboca a menudo en la total devastación y fragmentación del Yo o en su superación a través de la escisión temprana dominada por la acción del trauma"(Freud, 1939a, p 183).
Llegados aquí, habría que considerar tres puntos importantes: (a) desde esta perspectiva, la escisión no es considerada como un mecanismo contrario a la represión. Más bien, es un estado interno que surge, al menos en parte, por el represión. Freud desarrolló tempranamente este concepto. Considera que: „la misma escisión psíquica es el resultado de un proceso de rechazo que denominé entonces ›defensa‹ y posteriormente ›represión‹“, tal y como declaró en sus propios recuerdos retrospectivos (Freud, 1914d, pág p 48). (b) La condición de la disociación de la conciencia no significa que haya más de una conciencia, más de un Yo o de una agrupación mental. Más bien, lo que Freud quiere decir es que una parte es consciente y la otra inconsciente. En la situación de una conciencia dividida el correspondiente estado atrae alternativamente hacia sí a los diversos estados de la conciencia, de manera que, a través de dicha unión, lo consciente es desplazado hacia lo inconsciente (Freud, 1910a, pp 15, véase también 1912g, 434, 269 y 1915e, S. 269). (c) Freud no quiere decir que para que ocurra este tipo separación sea necesaria una condición traumática previa. Más bien hay que señalar que el enfoque hacia un trauma es debido al hecho de que por entonces Freud explicaba todos los conflictos a partir de un trauma subyacente. Como se menciona anteriormente y, también aquí, Freud considera el término trauma en un sentido muy amplio, sosteniendo que la existencia yuxtapuesta de ideas irreconciliables pudiera resultar traumática.
Estos tres factores hacen cuestionable esta forma peculiar de entender la escisión disociativa, así como su distinción frente a cualquier otro estado, en el que las experiencias e ideas son reprimidas y colocadas en lo desconocido (incluso el propio Freud parece haberlo puesto en entredicho; Freud 1915e, p 268). Sin embargo, lo que parece caracterizar este tipo de división es el hecho de que lo escindido es una organización, una parte del Yo, una agrupación mental –es decir, no sólo ideas o una función- y que esta organización permanece razonablemente accesible. Esto es, en realidad se producen movimientos repetitivos de una a otra organización, de una personalidad a otra. Y aunque este tipo de división no esté vinculada inicialmente con ningúnn trauma, sí se puede asociar con alguno (Freud retomó esta idea en su última obra en, lo que apoya este punto de vista).
Mientras que Freud apenas menciona esta forma de escisión disociativa más allá de sus primeras obras, esta idea jugó un papel central en el pensamiento de Ferenczi. Éste situó la fuente primaria de los trastornos emocionales en un trauma, especialmente si estaba vinculado a una sexualización prematura del niño, a partir del cual se sigue de forma típica, la escisión disociativa. En su famosa obra "Confusión de lenguas entre los adultos y el niño (el lenguaje de la ternura y la pasión)" (1933), escribe, "no hay shock, no hay horror sin indicios de una personalidad escindida" (Ferenczi, 1982 [1933], S. 311). Esta escisión suele tener como consecuencia que una parte de la personalidad regresa a una "felicidad pretraumática" y otra desarrolla repentinamente "las capacidades futuras preformadas virtualmente en él", así como, "todos los sentimientos que una persona madura desarrolla" (ibid.), incluyendo sus capacidades intelectuales. Estos diferentes estados y funciones de la conciencia, que coexisten en cierta medida y que, en casos extremos, dan paso a un trastorno de personalidad múltiple, pueden ser considerados como una continuación de la idea de Freud acerca de una escisión disociativa (ver Bokanowski 2009).
Más tarde, Heinz Kohut retomó de nuevo esta idea (1973). Él contrapone el concepto de una división horizontal, en la que los contenidos conscientes e inconscientes se encontrarían separados el uno del otro por represión, al de una división vertical en la cuál coexistirían simultaneamente distintas agrupaciones u organizaciones mentales o grupos, que serían igualmente accesibles a la conciencia (S. 205f.).
Con ello, Kohut piensa en diversos estados narcisistas en los que repentinamente se produce un cambio, que puede ser de ida y vuelta, desde la grandiosidad a la vulnerabilidad y devaluación. Él ve ésto como una "coexistencia de patrones coherentes de respuesta con diferentes objetivos, diferentes motivaciones, diferentes valores morales y estéticos " (p. 212). Son como dos almas o <seres contrapuestos> en una persona, que no saben nada el uno del otro (Goldberg 1999, 2000). Al igual que Freud y Ferenczi, también Kohut considera este tipo de escisión disociativa como el resultado de un trauma. Según Kohut, el trauma se produce por la incapacidad de los padres de estar disponibles como „Objetos del self“ para el niño y como fuente de suministro narcisista imprescindible en forma de grandiosidad e idealización (en la que, por ejemplo, especularizan al niño como algo maravilloso). En cualquier caso, yo creo que en la literatura psicoanalítica, esta forma disociativa de escisición, en la que pueden tener un acceso relativamente fácil a la conciencia varias organizaciones de la personalidad y agrupamientos mentales (en última instancia, múltiples personalidades) es mencionada por regla general, en relación a un trauma (de cualquier tipo). Trauma y escisión disociativa se consideran estrechamente vinculados.
En su descripción de la escisión vertical, Kohut habla de una forma de "renegación" y con ello se refiere al concepto de Freud acerca este fenómeno. Sin embargo, a continuación veremos que, realmente, en Freud <renegación> representa una forma de escisión, que difiere de la de Kohut.
2. Escisión como renegación: la escisión como una manifestación o consecuencia de la renegación aparece por primera vez en los escritos de Freud en los años de 1920 (1924b, 1927e), será discutida en su trabajo Esquema del psicoanálisis (1940a) y está en el centro de su famoso trabajo, publicado póstumamente "La escisión del Yo en el proceso defensivo" (1940e). (El hecho de que estas consideraciones aparezcan en Freud relativamente tarde podría estar relacionado con que no fue hasta la década de 1920, en que se empezó a ocupar de la negación al empezar a interesarse por los trastornos psicóticos.) En esta forma de escisión, dice Freud, el individuo se enfrenta a una realidad insoportable de lo "general y vago [...]" que ocurre bajo los efectos del trauma psicológico (1940e, p 59). Él cita como ejemplo fundamental al niño que descubre la falta de pene en la niña y reconoce las funestas consecuencias que esto podría tener para sí mismo. Entiende que, tal como él fué amenazado, en realidad podría ser castrado si no cesa de masturbarse.  En respuesta a ello, el muchacho se aferra firmemente a la creencia de que las niñas poseen un pene. A través de un fetiche logra crear un sustituto de lo desaparecido, con lo que "el significado de pene es transferido a otra parte del cuerpo" (p. 61). De este modo, el niño ya no se siente amenazado y puede continuar a masturbándose. Pero con ello, reniega la realidad (la falta de pene de la niña), y llega a la escisión. Pero ¿por qué? ¿Y por qué no se designa a este procedimiento simplemente represión o renegación? Como Freud explica, en la represión, en contraste con la renegación, la realidad es reconocida y el niño no alucina un pene donde no lo hay. Pero, al mismo tiempo, observa el hecho de que no hay pérdida y no es una amenaza. Mantiene dos actitudes contradictorias acerca de la realidad, de modo que ello lo conduce a la escisión. En Esquema del psicoanálisis Freud escribe:
"en general, probablemente podemos considerar como válido, que lo que sucede en todos los casos es una división psíquica. Se producirían dos ajustes mentales en lugar de uno solo, uno de ellos, el normal, refleja la realidad y el otro, disuelve al yo de la realidad bajo la influencia pulsional. Los dos coexisten uno junto al otro "(1940a, pp 132F.).
Una parte de la dificultad en la descripción de esta condición en particular tiene que ver con un problema lingüístico. En general, los términos Verleugnung >renegación< y Verneigung >negación< se usan indistintamente en inglés. Incluso antes de que el término alemán Verleugnung recibiera su significado conceptual específico, Strachey lo traspuso indistintamente con cualquiera de "disavowal“ (renegación, Verleugnung) o 'denial' (negación, Verneigung) [de la edición estándar, editor n.]. Uno podría argumentar que en el reconocimiento de la realidad la renegación va acompañada de la negación. En palabras de Freud:
"Por un lado, [los fetichistas] reniegan el hecho de su percepción de que no han visto un pene en los genitales femeninos, por otra parte, reconocen la falta de pene en la mujer y, de ello, deducen correctamente las las conclusiones. Los dos ajustes se mantienen uno junto a otro durante toda la vida sin influenciarse recíprocamente. Esto es, a lo que podemos llamar una escisión del Yo" (p. 134).
La percepción de la realidad es, de hecho, negada, pero a pesar de ello, se toma en conocimiento (el niño no alucina un pene donde no existe ninguno). Algunos analistas han interpretado también a Freud como que en la renegación (Verleugnung), la percepción de la realidad no es negada, sino el significado de lo percibido (es decir, sus consecuencias y su importancia; ver Basch, 1983).
Así como esta escisión renegada no constituye una negación psicótica, tampoco puede ser explicada mediante la represión. Freud pone claramente de manifiesto que en el caso de la represión se produce una división entre el Yo y el Ello. Está dirigido contra la pulsión y otros contenidos del Ello. Si el niño del que hemos hablado hubiese utilizado la represión, hubiera mantenido sus fantasías sexuales en silencio y hubiera renunciado a su satisfacción pulsional a través de la masturbación. Por el contrario, en el caso de la renegación (Verleugnung), lo que sucede es una escisión del Yo, que se orienta en contra de la realidad (Freud, 1927e, 1940a, p 134).
La forma de escisión como renegación es significativamente diferente de la forma disociativa: en primer lugar, aunque la realidad traumática se menciona en ambos casos, en el de la renegación (Verleugnung), la atención se centra más en la realidad que en el trauma. El Yo no llega a ser avasallado o fragmentado por el poder del trauma, sino que elige la escisisión para soslayar la represión y las prohibiciones que se asocian con ella. Tal vez incluso, se podría decir que en la forma disociativa de la escisión, se le impone al Yo una separación de la realidad, mientras que en la forma de renegación, es el propio Yo el que se escinde de la realidad. En segundo lugar, Freud sostiene con absoluta claridad que, en el caso de la escisión como renegación, ésta no se basa en la represión, sino más bien incluye un mecanismo o proceso específico (mientras que en la escisión disociativa, podría estar involucrada la represión). En conclusión, cabría decir que la escisión como renegación se produciría a consecuencia de actitudes opuestas frente a determinados hechos, que no se trata de una escisión de agrupaciones mentales ni de personalidades.
Esta linea de pensamiento de Freud sobre la escisión ha encontrado un lugar en todas las corrientes analíticas. Tal vez, debido justamente a que la escisión apunta a un mecanismo particular y a un estado mental bien definido, puede ser fácilmente incorporada dentro de una variada gama de enfoques analíticos. Pero no hay que olvidar que estas consideraciones sobre la escisión de Freud, a menudo son recogidas con entusiasmo pero de una forma irracional. A partir de aquí, se utilizan erróneamente como base argumental de ciertos conceptos de escisión, en los que, sin embargo, la cuestión es completamente diferente, como se ha demostrado en el libro publicado recientemente por la IPA On Freud´sSplitting of the Ego in the Process of Defence‹ (>Escisión del yo en el proceso de defensa) (Bokanowski y Lewkowicz 2009). En los once capítulos de este libro, en cuya redacción han contribuido analistas de todo el mundo, no se ha encontrado, sorprendentemente, casi nada acerca de la escisión como una forma de renegación per se, lo que constituye el eje central en este breve texto de Freud. Por lo tanto, en este libro permanecen difuminadas las diferencias entre esta forma de escisión y las otras formas comentadas.
Fundamentos freudianos de las dos formas siguientes de escisión.
Los dos formas siguientes de escisión, de las ideas y de la psique, pueden ser rastreadas hasta las reflexiones de Freud, en las que va desarrollando poco a poco su modelo estructural y elaborado en este contexto sus ideas sobre la proyección e introyección (sobre todo en su obra »Triebe und Triebschicksale« ("Instintos y sus destinos") [1915c], »Das Ich und das Es« ("El yo y el ello") [1923b] y »Die Verneinung«("La Negación") [1925h]). En estos escritos, Freud habla de una escisisión en el Yo, porque lo que está introyectado, es lo bueno y lo que se proyecta, es lo malo. En »Triebe und Triebschicksale« ("Instintos y sus destinos"), escribe en 1915:
"Toma en su Yo los objetos presentados, en tanto que son fuentes de placer, introyectándolos, (según la expresión de Ferenczi) y, por otra parte, expulsa aquello que se constituye como una causa propia de dolor interno. [...] El mundo exterior lo desintegra [al placer-yoico] en una cuota de placer que se ha incorporado y, en el resto que le es ajeno. A partir del propio Yo, se ha excluído un componente que se lanza al mundo exterior y se siente como hostil "(1915c, p 228).
A pesar de que Freud proporciona escasas evidencias acerca de este proceso, sin embargo, todas señalan hacia una importante forma de escisión, que se diferencia claramente de las demás. Se postula como una etapa normal del desarrollo, en contraste con las otras formas de escisión; se trataría de un mecanismo diferente (introyección y proyección), donde la escisión sirve al objeto (del yo o del otro), a diferencia de personalidades enteras o partes de la realidad.
En este punto es importante recordar que Freud propone muchas relaciones complejas entre el objeto y el self , las cuales no implican per se ninguna relación con una escisión (a pesar de que, aun hoy en día, tendamos a pensar de este modo). Las tensiones mentales y las contradicciones se sitúan en el centro del pensamiento de Freud. En sus escritos encontramos constantemente comentarios acerca de objetos internos amados y odiados, buenos y malos - su concepción del complejo de Edipo, así como de la transferencia positiva y negativa, se basan en ello. En el desarrollo del modelo estructural, también habla de un yo que se ensambla a partir de varias identificaciones que, a veces, están en conflicto entre sí, pudiendo conducir hacia un Yo incoherente y contradictorio. Un claro ejemplo de esto es la descripción que hace Freud del melancólico y de la lucha que tiene lugar en el seno de su Yo tras la internalización del objeto perdido. Sin embargo, estas contradicciones internas, van a mostrar las relaciones entre las identificaciones u objetos en el Ello, Yo y Superyo o entre las pulsiones libidinales y agresivas vinculadas con diferentes objetos (como se refleja en la transferencia positiva y negativa) (Freud, 1912b).  El punto de vista desde donde se las observa es a partir de la contemplación de cómo se han colocado los distintos aspectos del objeto y su internalización (por ejemplo, si se los idealiza o si son devaluados). No obstante, estos contrastes no se muestran como escisión del objeto y no deberían ser entendidos de esta manera si se parte de las distinciones de Freud (lo que, sin embargo hacen algunos autores que tratan el tema, por ejemplo Lustman 1977).
Sobre la base de estas consideraciones freudianas, existen otras dos formas de escisión, a las que me gustaría referirme ahora.
3. La escisión de las ideas: La escisión de las ideas se refiere a un estado (o proceso) en el cual los objetos uniformes son considerados como dos imágenes o ideas separadas (o ser considerados como tales en su transcurso). Estas imágenes separadas son realmente tan sólo aspectos o dimensiones del objeto, sin embargo, se podrían ver como si cada cual fuese un objeto completo. A modo de ejemplo, nuestra idea de un objeto parental, que podría encajar en las diferentes dimensiones de nuestra relación con el padre, podría estar escindida en dos conceptos, tales como satisfacción y frustración, amor y odio -de un lado, un satisfactorio padre amado, y de otro, un frustrante padre odiado. Estas ideas funcionarían en cierto sentido, como si no tuviesen nada que ver entre sí. El objeto de la escisión podría (en este enfoque) representar a otro, aunque también al self. Al comienzo de la vida, este tipo de escisión es considerada como un proceso normal en el desarrollo y, no es hasta más adelante, en un momento posterior, en que se considera patológica.
Aquí confluyen dos aspectos del pensamiento freudiano. Se recoge la idea de Freud de la escisión del objeto en partes buenas y malas y se combina con otra de sus consideraciones, a saber, que los objetos serían algo así como ideas o imágenes funcionales, que se localizarían en la psique (en una de sus estructuras). Así mismo, ésto se basaría en el punto de vista de Freud de que la internalización de un objeto o la identificación con él, sería como una especie de concepción interna del objeto (Freud, 1923b, p 331).
Esta noción de la escisión de un concepto está representada principalmente por los psicólogos del Yo, para quienes de lo que se trata es de la integración de las relaciones objetales. El representante más conocido de esta orientación es Otto Kernberg.[2]
Él escribe:
"Las intensas experiencias agradables del lactante en su relación con la madre, dejan como poso <sólo buenas> unidades básicas del „self“, mientras que las experiencias desagradables y dolorosas conducen a <sólo malas> representaciones. Dentro de estas unidades primigenias, las representaciones del self y del objeto aún no están diferenciadas. Los procesos de escisión tempranos logran mantener la división entre aquellas experiencias que van intensamente cargadas de emociones negativas y positivas [...]. Estas experiencias afectivas tempranas intensamente cargadas se hunden profundamente en el inconsciente reprimido, mientras que las interacciones conscientes e inconscientes entre el lactante y la madre, que tienen lugar bajo unas condiciones de menor carga emocional, están al servicio del ajuste y de su incorporación en el Yo consciente y preconsciente" (Kernberg, 2001, p 608).
Sobre la cuestión acerca del motivo de la escisión, escribe Kernberg:
"En primer lugar, los procesos de escisión siguen siendo un mecanismo de defensa fundamental para evitar una propagación difusa de miedo en el Yo y para proteger las introyecciones e identificaciones positivas. Esta necesidad, [...] de proteger y conservar las imagos del self y del objeto y de los objetos externos, dada la presencia de otras imagos del self y del objeto >absolutamente malas<"(Kernberg, 1978, pp 48f.).
Kernberg también se ocupa de las consecuencias del proceso de escisión de las representaciones en la patología y en el tratamiento: introduce la consideración que en los trastornos borderline, el característico self no-integrado al que se llega, se debe a la incapacidad de poder reunir las representaciones escindidas del self y de los objetos, con lo que el paciente se queda fijado a ese estadio de escisión o regresa al mismo.
Esto puede conducir a una situación analítica caótica (y a una situación caótica similar en la vida) cuando en la comunicación, el paciente cambia de una representación escindida a otra. En relación con la tecnología, Kernberg llega a su célebre conclusión:
"Interpretar sistemáticamente cómo la misma relación de objeto internalizada actúa de nuevo invirtiendo rápidamente los papeles, pone de manifiesto cómo ha sido obtenida la relación de objeto inconsciente, y muestra la doble escisión (a) la de la auto-representación respecto de la del objeto y (b) la de las relaciones objetales idealizadas frente a las perseguidoras. Este proceso promueve la integración de las representaciones previamente divididas que se indican en los trastornos de las relaciones de objeto graves "(2001, p 617).
En este contexto, la escisión se ve en como un mecanismo especial "primitivo", que se diferencia de otros. Kernberg escribe:
"Esta división de las relaciones de objeto internalizadas en >buenas< y   >malas< viene  principalmente determinada por el desempeño todavía   insuficiente de la capacidad de integración del Yo en la primera infancia"   (Kernberg, 1978, p 45).
La manera en que estas representaciones introyectadas se consolidan y la medida en que van a ser utilizadas en el curso del desarrollo de los procesos de escisión, dependerá principalmente de la relación real que el niño tenga respecto a sus objetos externos y no tanto de factores internos, especialmente, de una agresividad excesiva, que, a su vez dependerá de la experiencia de frustración oral. Frecuentemente se dice que las consideraciones que Kernberg hace sobre la escisión se basan en las de Melanie Klein, pero en mi opinión, entre ambos existen diferencias significativas y fundamentales. Klein, de forma similar a Kernberg, parte de Freud en sus consideraciones acerca de la introyección y la proyección tempranas de lo bueno y lo malo, sin embargo, construye una categoría propia, que no debe ser confundida con el concepto representacional de Kernberg –lo que, lamentablemente sucede a menudo. Paso ahora a esta última categoría.
4.- La escisión de la psique: Es bien sabido que Melanie Klein considera la escisión del objeto y del Self en referencia al bien y al mal. Sin embargo, no habla de las representaciones, sino más bien del hecho que el propio objeto queda escindido y el self fragmentado. En la escisión del objeto interviene, según Klein, una division interna (del yo), no solamente la división de las representaciones que se albergan interiormente acerca de las imágenes de los objetos externos y de la imagen propia como objeto. Hanna Segal explica esta idea en su breve resumen del proceso implicado en la escisión, y escribe:
"El yo se escinde y proyecta hacia el exterior la parte que contiene el instinto de muerte en el objeto externo arcaico -el pecho-. Por lo tanto, el pecho, en el que el bebé cree englobar una gran parte de su instinto de muerte, es percibido como malo, como una amenaza para el Yo, y sobreviene el miedo a la persecución. Del temor inicial hacia la pulsión de muerte, emerge el miedo hacia un perseguidor. A menudo, el lactante tiene la sensación de despedazar el pecho de la madre por la pulsión de muerte contenida en él, de forma que el Yo se ha de enfrentar a un cierto número de perseguidores. [...] Simultaneamente [...] también se proyecta la libido para alzanzar un objeto que satisfaga el deseo pulsional del Yo hacia la preservación de la vida. [...] Así, el Yo va a establecer desde muy temprano una relación con dos objetos: el objeto primario pecho, que en este estadio está dividido en dos partes, el pecho ideal y el perseguidor "(Segal, 2004, pp 46f.).
En otras palabras, no se llega a la escisión porque haya dos representaciones objetales conflictivas entre sí, difíciles de manejar, sino que la escisión de los objetos (reconocidos, en cierto sentido, como un todo integrado), se produce como consecuencia de dificultades internas, de la propia destructividad interior y del consiguiente deseo de evitarla o negarla.
Por otra parte, lo que se escinde no son las representaciones, sino en realidad son partes de la propia persona, del Yo, lo que que a su vez afecta a la naturaleza del Yo, porque el objeto no es ninguna persona externa ni tampoco sólo la imagen de una como tal, sino que es una parte del Yo (por ejemplo, uno mismo es su propio objeto materno). Melanie Klein aclara este punto crucial en su famoso trabajo "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides" (2000 [1946]) y escribe:
"En mi opinión, el Yo no está en condiciones de separar el objeto -interno y externo- sin que simultaneamente se lleve a cabo la correspondiente escisión en el Yo mismo. A consecuencia de ello, las fantasías y sentimientos vinculados a la condición del objeto interno, ejercen una influencia decisiva en la estructura del Yo. Cuanto mayor sea el grado de sadismo dominante durante el proceso de incorporación del objeto y cuanto más intensamente se experimente al objeto como fragmentado, mayor va a ser el peligro de que el Yo también se escinda en su relación con los fragmentos objetales internalizados "(p. 14).
Klein subraya que, para esta conexión íntima entre el objeto y el Yo, el punto de partida es una fantasía y continúa:
"Los procesos que he descrito están naturalmente integrados en la fantasía  vivencial del lactante; y los temores que activan el mecanismo de escisión,  también tienen el carácter de fantasías. Las escisiones del objeto y del Self se  desarrollan en la imaginación del niño, pero esta fantasía, sin embargo, acarrea  consecuencias muy reales, porque evoca sentimientos y relaciones (y  posteriormente, procesos de pensamiento) que, en efecto, permanecen escindidos entre sí "(ibid.).
Tal vez puede vislumbrarse que, al igual que en la escisión de las representaciones, también aquí el objeto está dividido en bueno y malo. Sin embargo, en su discusión acerca de la escisión, Klein no sólo ofrece una explicación diferente para ésta, sino que según ella, el fenómeno a explicar es otro. Lo que está en juego para Klein no son identificaciones cambiantes (las consecuencias de mantener separadas las imágenes conflictivas). Sino que, más bien, de lo que se trata es de que la escisiones agresivas del objeto y de la propia psique (mente) se manifiestan en las diferentes expresiones relacionales, del pensamiento y emocionales, y pueden ser la base de las mismas[3].
Una forma notable es el exterminio de los intereses propios, del propio pensamiento. Klein explica esto sobre la base de un caso:
"Más bien, el paciente escindió aquellas partes de sí mismo, es decir, de su Yo,  que experimenta como si fueran peligrosas y orientadas en contra del analista.  Eliminó del objeto sus impulsos destructivos y los volvió contra su propio Yo,  con el resultado de que partes del Yo dejaron de existir. En la fantasía  inconsciente, esto equivalía a la destrucción de parte de su personalidad" (p.  33f.; cursivas en el original).
Partiendo de este otro encuadre, el proceso analítico se entiende de manera diferente, tal como se describió en la forma de escisión representacional. Según Klein, el analista demanda que sus interpretaciones coincidan siempre con la dinámica de la escisión, al menos la que en la comunicación se describe como experimentada (en lugar de hacer coincidir cognitivamente las imágenes cambiantes que se describen en el contexto representacional). Quizá se puede ver que las raíces freudianas de esta visión kleiniana de la escisión no solo se remontan a la idea de Freud de que el bien es introyectado y el mal expulsado, de lo cual él estaba seguro (como ya hemos visto). Hay otras dos fuentes más que son importantes: en primer lugar, la opinión de Freud acerca de la relación entre Yo y Superyó, en la que según su concepción, queda claro en ciertos puntos, cómo la escisión del yo daña al Yo. Freud escribe:
"La sombra del objeto cayó de tal forma sobre el Yo que, solamente desde una  instancia particular, podía ser juzgado como un objeto, como el objeto  abandonado. De esta manera, la pérdida del objeto se había transformado en una pérdida del Yo, el conflicto entre el yo y la persona amada en una escisión  entre el Yo crítico y el Yo modificado a través de la identificación" (Freud, 1916-17g, p 435).
Otra fuente notable para Klein en su visión sobre la escisión es la la última teoría freudiana sobre las pulsiones. La influencia constantemente activa de los instintos de vida y muerte es la que estimula y hace inevitable la escisión interior, no siendo sólo una consecuencia de debilidad del Yo y de influencias externas. En un apéndice de su trabajo, "Algunas notas sobre los mecanismos esquizoides" (2000 [1946]) Klein explica incluso, cómo construye a partir de Freud. Ella comenta aquí el caso Schreber, un paciente que, según Freud. escinde la imagen de su padre. (En las investigaciones actuales sobre el tema de la escisión, estas consideraciones son casi totalmente ignoradas.)
En primer lugar, Klein se interesa con las causas internas de la escisión, escribiendo:
"[...] yo sostengo [sostendría] que la fragmentación del alma de Flechsig en una  multitud de almas no debería ser entendida solamente como la escisión del  objeto, sino que también se manifiesta en ella la proyección vivencial de  Schreber de escisión de su propio Yo. En este punto, quisiera recordar  simplemente la relación existente entre ciertos procesos disociativos e  introyectivos. Por lo tanto, ello nos lleva a la conclusión final de que Dios y Flechsig representan también partes del self de Schreber"(p. 38).
Parte de la teoría freudiana tardía sobre los instintos de vida y muerte y continúa:
"El mecanismo por el cual una parte del Yo destruye a otras partes y aquello que  subyace, en mi opinión, en la fantasía de "catástrofe mundial", (la incursión de  Dios en las almas de Flechsig), sugiere un predominio del impulso destructivo sobre el libidinal. [...] Cuando el Yo y los objetos internalizados son percibidos como rotos en añicos,  el lactante experimenta una catástrofe interna que implica,  a su vez, al mundo exterior y es proyectada sobre éste"(p. 39f.).
Nos quedaría mucho por decir acerca de este asunto, pero ahora tenemos que regresar a la cuestión sobre lo que se puede aprender de una distinción entre estas cuatro concepciones de la escisión.
La importancia de los cuatro conceptualizaciones de la escisión
A pesar de que la escisión es un concepto familiar para nosotros, que se aplica cotidianamente en psicoanálisis, su significado no es tan evidente como se cree habitualmente, según he tratado de demostrar. Se refiere a fenómenos diferentes y es apoyada por diferentes concepciones psicodinámicas. Para resumir muy brevemente: Hay una forma disociativa de la escisión, que como consecuencia de un trauma, implica la separación de personalidades enteras y que, en cierta medida, permanece accesible a la conciencia; por otro lado está la escisión como una forma de renegación en donde la conciencia se separa de una realidad preocupante o de su significado para evitar las restricciones impuestas a causa de la represión; a continuación, habría dos formas adicionales de escisión del objeto en Bueno y Malo - una, en la que en el centro se situaría la debilidad del yo y los determinantes externos y otra, en que la escisión de la psique (mente) sería como un acto destructivo primigenio para que lo Bueno pueda permanecer protegido de la destructividad de la pulsión de muerte.
Estas cuatro concepciones no sólo difieren en muchos aspectos, sino que tampoco se apoyan las unas en las otras (por ejemplo, los conceptos de Kernberg sobre lo representacional no constituyen ningún desarrollo del pensamiento de Freud acerca de la negación). Lo esperable de tal desarrollo sólo crearía confusión (lo que, según mi consideración, caracteriza a la literatura contemporánea sobre este tema). De hecho, los procesos de desarrollo respectivos difieren significativamente. Como hemos visto, Ferenczi y Kohut recurren a la visión de Freud en sus deliberaciones acerca de una escisión disociativa, las ideas de Freud sobre la escisión del objeto se siguen desarrollando aún más en los modelos de Kernberg Klein. Y aunque hay algunas similitudes entre estos dos modelos y en ciertos círculos, a menudo se mencionan en la misma frase, difieren fundamentalmente entre sí.
El hecho de poder comprender estas diferentes conceptualizaciones de la escisión puede ayudar, por supuesto, a aclarar su teoría y práctica. Si tomamos conciencia de la variedad de formas en que los procesos de escisión pueden ser contemplados y explicados, seremos capaces de escuchar analíticamente con mayor precisión, nuestras interpretaciones ganarán en profundidad y cada vez serán más diferenciadas y más concretas: Tal vez entonces, podamos prestar mayor atención a si el paciente reniega la realidad de un deseo para poder evitar la represión o si destruye algo en sí, para proteger el objeto. ¿Descansa la ceguera del paciente -que parece ser una consecuencia de la escisión-, sobre la simultaneidad de la percepción y la renegación o es porque realmente el paciente no se percata de una parte de ella? Y en tal caso, ¿esta parte que ya no está presente, es porque el paciente (disociativamente) se ha trasladado a otra personalidad (escisión traumática)? ¿O es el resultado de su propia destructividad interna? Etcétera.
La ampliación de nuestro conocimiento acerca de las diversas conceptualizaciones de la escisión lograda de esta manera, invita a la reflexión sobre cuestiones fundamentales de la naturaleza humana. Un concepto como éste, que abarca tantos fenómenos diferentes no hubiera sobrevivido, no proporcionaría estas oportunidades; ya que otros términos lo habrían reemplazado. El término sobrevive y es convincente, porque en mi opinión -aunque quizás no estemos de acuerdo con la cuestión sobre qué es lo escindido y por qué lo es y cómo se manifiesta- a pesar de todo, engloba algo básico que intuitivamente reconocemos: una fragmentación fundamental, una desunión y ruptura de la persona.
Freud siempre se ha preocupado por la fragmentación humana y muchos de sus modelos de análisis intentan ponerlo en palabras –cuando habla, por ejemplo, de la tensión entre la pulsión del Yo y el instinto sexual, entre los sistemas conscientes e inconscientes y entre la estructura del Yo, del Ello y del Superyó-. Sin embargo, todos estos modelos parecen crear una cierta armonía propia, una especie de equilibrio en el seno de la tensión. En su obra "La dificultad del psicoanálisis" (1917a) Freud sostiene su célebre discurso sobre la arrogante renegación con la que el Yo reacciona frente a todo aquello que está fuera de la conciencia. Compara al Yo con un gobernante absolutista que sólo se interesa por "la información de sus más altos funcionaios" sin „descender hasta el pueblo, para escuchar su voz“ (p. 11). Más adelante exhorta al Yo: "Adéntrate en tí, en tus profundidades y aprende a conocerte" (ibid.). Son fuertes consideraciones que muestran la disarmonía fundamental del ser humano, aunque tal vez uno pueda reconocer que, incluso aquí, se postula una armonía implícita. El Yo al que se refiere Freud está claramente definido y es uniforme, y lo mismo pasa con su tarea acerca de lo desconocido.
Pero existe un sentimiento más amplio y fundamental acerca de la fragmentación que encontramos en nuestros pacientes y en nosotros mismos, que no se aborda en estas reflexiones. Y en este punto entra en juego mi consideración sobre el concepto "escisión". Yo opino que "escisión" es lo que, en cierta medida, marca este trastorno, la falta de un "Yo" al que uno se puede dirigir o la apariencia, por así decirlo, de que hay más de uno. No es sólo que "el Yo no es amo en su propia casa" (Freud, 1917a, p 11), sino que no queda claro ni quién es el "Yo" ni donde está su casa. En el intento de describir y de explicar este estado de fragmentación, las diferentes conceptualizaciones señalan hacia el punto central de esta situación y nos desafían a poner en claro nuestra posición sobre este tema[4].
Porque, en efecto, las diferentes perspectivas de la escisión difieren considerablemente, como ya hemos visto: la escisión como disociación presupone que el estado natural del hombre es el de una armonía basal. Nuestra disarmonía, nuestra indecisión sobre la pregunta de quiénes somos viene de fuera, origina un trauma, impone un mundo exterior agresivo, contra el que debemos defendernos. En el psicoanálisis actual este cabo enuentra su continuación, entre otras, en las concepciones de la psicología del self. En la escisión como renegación, nuestra falta de integridad queda retrotraída a nuestro ataque a la realidad, al deseo de eludir sus obligaciones, a la incapacidad de lograr este objetivo. La perspectiva de la escisión no representa claramente la fuente de nuestra disarmonía; se considera aquí, ante todo como una consecuencia inevitable de nuestro encuentro con el mundo exterior, lo que no significa que seamos armoniosos y que después, a causa de la violencia del trauma vaya a producirse la escisión, sino más bien, que somos demasiado débiles internamente para integrar en nosotros mismos la naturaleza ambivalente del mundo. Posteriormente, entrará en juego la escisión activa. Mientras que el dominio de este proceso esté vinculado al poder de los impulsos agresivos, a su vez estará relacionado con el nivel de frustración experimentado, de forma que, desde esta perspectiva, la escisión estará determinada en primera instancia por factores externos.
El enfoque de esta presunción parece estar precisamente de acuerdo con la idea compartida por nosotros y no sólo con su trasfondo. Pretende llegar a una comprensión objetiva y científica de este tema y, para ello utiliza el lenguaje cognitivo de "las ideas", lo que contrasta fuertemente con el enfoque que habla de una "división de la psique". De acuerdo con este enfoque, nuestro self y nuestra psique estarían separados por naturaleza, y seríamos nosotros mismos los que llevaríamos a cabo esta división. El origen de esta separación estaría en nuestra agresión interna, aunque también estaría en el de nuestro amor, en nuestro deseo de preservar al objeto bueno de la destrucción. Lo que subyace a nuestra heterogeneidad son las combinaciones de agresión y amor, la contraposición entre los instintos de muerte y de vida[5].
En la descripción de estos diferentes puntos de vista sobre la homogeneidad o heterogeneidad de la personalidad, la agresión ocupa un papel central. Si se asume que la persona está naturalmente en armonía, entonces la causa de la agresión se encuenta en el mundo exterior, por el contrario, si se postula que la heterogeneidad es parte de la vida, entonces, la agresión viene de dentro. Aunque tiene sentido, debemos ser conscientes de la complejidad de esta relación. En la literatura al respecto parece existir cierta tendencia a otorgar el protagonismo a la cuestión acerca de la fuente de la agresión, lo cual significaría que el motivo para ello estaría en la destructividad innata, en lo que Klein pone su énfasis y por lo que, exactamente, ella postula este tipo de escisión. Pero en mi opinión, la cuestión sobre cómo interpretamos la agresión, también está influida por la forma en que entendemos la homogeneidad o heterogeneidad del ser humano y en cómo percibimos la escisión. Es decir, cuanto más se piense en una psique (mente) homogénea, más dificil será aceptar la idea de que la propia psique pueda ser destruida, porque en tal caso, no habría nadie que pudiera tener esta experiencia. Cuando Freud trató de explicar que el miedo a la muerte no podía ser fuente inconsciente de ansiedad, escribió: "[Es como algo] parecido a la muerte pero sin haberse experimentado nunca" (Freud, 1926d, p 160, véase también Blass, en prensa). Pero si se contempla la mente como básicamente dividida, una parte de ella podría ser destruida, al tiempo que otra parte escindida de ella, podría tener esta experiencia simultáneamente. Entonces podría entrar en consideración la realidad de una agresión psíquica devastadora.
Quedaría todavía mucho que decir sobre las diferentes conceptualizaciones de la escisión y espero que mi contribución sirva para estimular futuras reflexiones sobre aspectos clínicos y teóricos. En particular, las cuestiones acerca de la homegeneidad o heterogeneidad de la naturaleza humana requieren mayor exploración y una investigación abierta. Por ejemplo, nos podríamos preguntar si realmente estamos detrás de nuestras teorías acerca de la escisión o si detrás de nuestra búsqueda fundamental de la integridad no se esconde una visión unitaria del ser humano.
Asumiendo el punto de vista de una escisión inevitable por naturaleza, también podríamos preguntarnos si podríamos deducir, incluso, cuál es el momento de unidad que precede a la escisión incipiente; y si es que acaso no invocamos la existencia de un agente que intercede entre las diferentes partes del self pero, que a su vez, se identifica más con una de ellas (por ejemplo, con el instinto de vida más que con el de muerte). Para hacer frente a estos problemas y examinar nuestras propias conceptualizaciones sustentadas en la experiencia clínica, siempre tendremos la oportunidad de participar en círculos psicoanalíticos importantes, iniciados por Freud, para entender a la naturaleza y la importancia de la división humana y sus consecuencias para la práctica clínica.
Contacto:
Prof. Raquel B. Blass,
Heythrop College, Universidad de Londres,
Kensington 23 Square, Londres W8 5HN, Reino Unido.
E-mail: r.blass @ ucl.ac.uk
Traducido del Inglés por Antje Vaihingen, Gießen.
 
Bibliografía
Basch, M.F. (1983): The perception of reality and the disavowal of meaning. Annual of Psychoanalysis 11, 125–153.
Bibring, E. (1936): Zur Entwicklung und Problematik der Triebtheorie. Imago 22, 147–176.
Blass, R.B. (im Druck): On the complex, relational nature of Freud’s thinking on primary anxiety in inhibitions, symptoms, and anxiety: Differences from and ties to Klein. In: Arbiser, S. & Schneider, J. (Hg.): On Freud’s Inhibitions, Symptoms and Anxiety. London (Karnac).
Bokanowski. T. (2009): The »splitting/trauma« pairing: Ferenczi and the concept of trauma. In: Ders. & Lewkowicz, S. (Hg.), 96–110.
– & Lewkowicz S. (Hg.) (2009): On Freud’s »Splitting of the ego in the process of defence. London (Karnac).
Brenner, I. (2009): On splitting of the ego: a history of the concept. In: Bokanowski, T. & Lewkowicz S. (Hg.), 9–26.
Brook, J.A. (1992): Freud and splitting. Int Rev Psychoanal 19, 335–350.
Ferenczi, S. (1982 [1933]): Sprachverwirrung zwischen den Erwachsenen und dem Kind (Die Sprache der Zärtlichkeit und der Leidenschaft). In: Ders.: Schriften zur Psychoanalyse II. Frankfurt/M. (Fischer), 303–313.
Freud, S. (1895d) (zusammen mit J. Breuer): Studien über Hysterie. GW 1, 75–312 [ohne Breuers Beiträge], u. Nachtr., 217f., 221–310 [Breuers Beiträge].
– (1910a): Über Psychoanalyse. GW 8, 1–60.
– (1911b): Formulierungen über die zwei Prinzipien des psychischen Geschehens. GW 8, 230–238.
– (1912b): Zur Dynamik der Übertragung. GW 8, 364–374.
– (1912g): Einige Bemerkungen über den Begriff des Unbewußten in der Psychoanalyse. GW 8, 430–439.
– (1914d): Zur Geschichte der psychoanalytischen Bewegung. GW 10, 43–113. – (1915c): Triebe und Triebschicksale. GW 10, 210–232.
– (1915e): Das Unbewußte. GW 10, 264–303.
– (1916–17g): Trauer und Melancholie, GW 10, 428–446.
– (1917a): Eine Schwierigkeit der Psychoanalyse. GW 12, 3–12.
– (1923b): Das Ich und das Es. GW 13, 237–289.
– (1923d): Eine Teufelsneurose im siebzehnten Jahrhundert. GW 13, 317–353.
– (1924b): Neurose und Psychose. GW 13, 387–391.
– (1925h): Die Verneinung. GW 14, 11–14.
– (1926d): Hemmung, Symptom und Angst. GW 14, 111–205.
– (1927e): Fetischismus. GW 14, 311–317.
– (1939a): Der Mann Moses und die monotheistische Religion: Drei Abhandlungen. GW 16, 103–246.
– (1940a): Abriß der Psychoanalyse. GW 17, 63–138.
– (1940e): Die Ichspaltung im Abwehrvorgang. GW 17, 57–62.
Goldberg, A. (1999): Being of Two Minds: The Vertical Split in Psychoanalysis and Psychotherapy. Hillside/NJ (Analytic Press).
– (2000): Errant Selves: A Casebook of Misbehavior. Hillsdale/NJ (Analytic Press).
Kernberg, O.F. (1978 [1967]): Borderline-Persönlichkeitsstörungen. In: Ders.: Borderline- Störungen und pathologischer Narzißmus. Übers. H. Schultz. Frankfurt/M. (Suhrkamp),19–67.
– (2001). Object relations, affects, and drives: Towards a new synthesis. Psychoanal Inq 21, 604–619.
Klein, M. (2000 [1946]): Bemerkungen über einige schizoide Mechanismen. Gesammelte Schriften, Bd. 3. Stuttgart (frommann-holzboog) 2000, 7–41.
Kohut, H. (1973 [1971]): Narzißmus. Eine Theorie der psychoanalytischen Behandlung narzißtischer Persönlichkeitsstörungen. Übers. L. Rosenkötter. Frankfurt/M. (Suhrkamp).
Lustman, J. (1977): On splitting. Psychoanal Study Child 32, 119–153.
Pruyser, P.W. (1975): What splits in »splitting«? A scrutiny of the concept of splitting in psychoanalysis and psychiatry. Bull Menninger Clin 39, 1–46.
Segal, H. (2004 [1973]): Melanie Klein. Eine Einführung in ihr Werk. Übers. G. Vorkamp. Unveränd. Nachdr. Tübingen (edition diskord).
Summary
Conceptualizing splitting: On the different meanings of splitting and their implications for the understanding of the person and the analytic process. – This paper studies theconcept of splitting, pointing to the multiple uses that have been made of it and the differentmeanings ascribed to it in analytic discourse. To clarify these uses and meaningsthe paper presents four different conceptualizations of splitting that are found in contemporarypsychoanalysis, all developing from ideas originally suggested by Freud.This presentation not only allows for insight into the richness and complexity of theconcept of splitting and its theoretical and clinical implications, but also sets theground for an examination of how the different conceptualizations offer different viewsof the person, and his basic unity and disunity, which have implications for our analyticwork.
Key words: splitting; dissociation; denial; divided mind


[1] NT: Freud mantiene la expresión francesa.
[2] Es difícil clasificar a Fairbairn dentro de este sistema de referencia. Tal vez se podría decir que combina aspectos de esta concepción de la escisión con la forma disociativa de la escisión.
[3] Cabe señalar que Klein también reconoció la importancia de la escisión para la defensa y el desarrollo. De lo contrario, el miedo sería insoportable y prevalecería el caos sin que fuera posible ningún funcionamiento que presupusiera la escisión (por ejemplo, para distinguir el bien del mal, o para tomar cualquier decisión intelectual).
[4] En este contexto, sería interesante incluir las reflexiones de Lacan sobre la alienación del sujeto, pero eso nos llevaría demasiado lejos
[5] En la obra temprana de Edward Bibring "Hacia el desarrollo y la problemática de la teoría de los instintos" (1936) se encuentran algunas reflexiones interesantes acerca de la teoría original de Freud sobre los instintos, que según su opinión, resultaba imprescindible para sostener que la Psyche fundamentalmente está dividida.