aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 053 2016

Imagen, más allá y afuera del psicoanálisis

Autor: González García, Ignacio

Palabras clave

Freud, Deleuze, Foucault, Psicoanalisis, Acontecimiento, Psychoanalysis, Event.


RESUMEN: El propósito de ésta investigación es mostrar la utilidad de algunos conceptos creados por Deleuze y Foucault para la mejor comprensión y aplicación Psicoanálisis. Se organiza en tres partes: a) La presentación de Sigmund Freud como Psicólogo del Acontecimiento, b) Conceptualización del «Mas allá», el «Afuera» y la Imagen del Psicoanálisis» y, c) Proponer y justificar la inclusión en la Teoría del Psicoanálisis y en su práctica de éstos conceptos elaborados en el campo de la Filosofía mostrando sus implicaciones prácticas en la función del analista.
PALABRAS CLAVE: Freud, Deleuze, Foucault, Psicoanalisis, Acontecimiento
ABSTRACT: The purpose of this research is to show the usefulness of some concepts created by Deleuze and Foucault for a better understanding of Psychoanalysis application. It is organized into three parts: a) Presentation of Sigmund Freud as a Psychologist of the Event, b ) Conceptualization of " The Beyond ", "The Outside" and the Image of Psychoanalysis "and , c ) To propose and justify inclusion into the Theory of Psychoanalysis and its practice of these concepts developed in the field of philosophy showing its practical implications in the role of analyst.
KEYWORDS: Freud, Deleuze, Foucault, Psychoanalysis, Event
I. Sigmund Freud. El psicólogo del acontecimiento
En esta primera sección desarrollaré tres cuestiones: a) La relación de S. Freud con la Filosofía, b) La noción filosófica de Acontecimiento y c) La consideración de Freud como un filósofo del acontecimiento y sus implicaciones.
La tesis hoy dominante en la bibliografía es que Sigmund Freud se alejo de la Filosofía para crear un nuevo saber, por considerar a aquella especulación. (Assoun, 1982).
En realidad el maestro vienés tuvo una relación con la Filosofía propia de un medico muy culto que ha sido, en parte, malinterpretada.En su Autobiografía (1925), Freud cuenta que el conocimiento de un ensayo de Goethe, sobre la naturaleza, le impulsó a inscribirse en la Facultad de Medicina (1873). Allí además de a los cursos reglados, asistió a clases de “iniciación filosófica” dictadas por el filósofo Franz Brentano (invierno 1874-1875), que era considerado el mejor conocedor de Aristóteles de su época y también maestro de Husserl (1859-1938). Amplió esa iniciación con estudios avanzados en el verano de 1875. Luego asistió a tres cursos sobre lógica aristotélica en el verano de 1876 e incluso redactó un ABC filosófico para iniciar a su novia Martha en la especulación filosófica.
Se ha señalado el contrate entre éste temprano interés por la Filosofía con su distanciamiento posterior e interpretado como su reacción al rechazo filosófico a su noción de Inconsciente, que debió justificar extensamente en el Apartado I de Lo inconsciente (1915) y a su voluntad de diferenciar el Psicoanálisis frente a la Filosofía.
Lou Salome (1861-1937), que mantuvo una estrecha relación con el circulo psicoanalítico, (Roldan, 2013) contó cómo había dos aspectos de la Filosofía pura, (podría ser la Metafísica) que le desagradaban.
Hablamos de sus reservas frente a la filosofía pura. Del sentimiento que él experimenta de que, en el fondo, habría que luchar contra la necesidad racional de una unidad definitiva de las cosas, porque, en primer lugar, esa necesidad proveniente de una raíz de costumbre en alto grado antropomórfica y, en segundo lugar, porque ella puede constituir un obstáculo o puede ser embarazosa en la investigación científica positiva o individual. (Andreas-Salomé, 1984, 105)
Interpreta la autora como primera causa que Freud pensaba que la búsqueda de unidad era una irracional necesidad infantil. Creo que es más cierto pensar que Freud sabía, por estudiarse en cualquier curso de Filosofía, que esa búsqueda de un principio inicial (Grundstatz) es una idea del idealismo alemán que difundió Reinhold con el razonable argumento de que cada Ciencia necesita un principio pues si tuviera dos serian dos ciencias, y que fue aplicada en esfuerzos como el de Fichte para fundamentar la Metafísica como Ciencia, esto es como sucesión ordenada de afirmaciones a partir de un principio, a imagen de las ciencias particulares como la Geometría.
Es más simple afirmar que Freud pensaba lo que dijo, que el Psicoanálisis era otra Ciencia y que no era útil buscar un principio común con otra, pues cada Metafísica, dogmatica, transcendental o idealista, cuando se desarrolla, al modo de Kant, busca el suyo.
Creo que Freud nunca renunció, porque no era necesario, como no lo es ahora a la Filosofia. La persiguió en su juventud:
Veo que tú, por el rodeo de tu ser médico, alcanzas tu primer ideal, comprender a los hombres como fisiólogo, como yo nutro en lo más secreto la esperanza de llegar por ese mismo camino a mi meta inicial, la Filosofía. Pues eso quise originalmente, cuando aún no tenía en claro para qué estaba en el mundo. (Freud, 1986)
Siendo adulto añade:
Cuando era joven me sentía muy atraído por la especulación, pero tuve el valor de apartarme de ella. (Assoun,1982,13).
 No se debe interpretar en este frase un alejamiento de la Filosofía sino la aceptación del enfoque de su maestro Brentrano que defendía justamente una aproximación teñida de empirismo y alejada de la pura especulación, a la que de hecho ya hacía siglos había puesto limites Kant en sus Criticas.
Quiere además crear una nueva disciplina.
Ni la filosofía especulativa ni la psicología descriptiva, ni la llamada psicología experimental, que sigue las huellas de la fisiología de los sentidos, tal como se las enseña en las escuelas, son capaces de decirles algo útil acerca de la relación entre lo corporal y lo anímico o de ponerles al alcance de la mano las claves para la comprensión de una perturbación posible en las funciones anímicas”.(Freud, 1916-1917)
Sobre ella se fundamentaría una Filosofía
En la medida en que la Filosofía se edifica sobre una Psicología, no podrá dejar de tomar en cuenta, y de la manera más generosa, los aportes que el psicoanálisis ha hecho a esta última, ni de reaccionar frente a este nuevo enriquecimiento de nuestro saber en forma parecida a lo que ya ha hecho a raíz de todos los progresos significativos de las ciencias especiales. En particular, la postulación de las actividades anímicas inconscientes obligará a la filosofía a tomar partido y, en caso de asentimiento, a modificar sus hipótesis sobre el vínculo de lo anímico con lo corporal a fin de ponerlas en correspondencia con el nuevo conocimiento.(Freud, 1913, 181)
Puede apreciarse la influencia en Freud del pensamiento de su época, el psicologismo con raíces en el pensamiento de Hume, que fundamentaba la Filosofía sobre la Psicología. La crítica más solida de aquel enfoque, que murió con su siglo, se encuentra en la obra del otro discípulo de Brentano, Edmund Husserl, el creador de la Fenomenología, que con formación de matemático, no podía concebir que verdades necesarias estuvieran fundamentadas en algo cambiante como es el hecho psicológico producido en organismos distintos y falibles.
 Freud desde el enfoque filosófico en que había sido formado no podía ni debía admitir que desde una disciplina derivada de la suya, se cuestionaran sus hallazgos empíricos, sobre el inconsciente, pieza angular de su teoría. Hacia 1925, Freud hizo un balance del papel que la especulación había tenido en sus últimos trabajos:
 “No se tenga la impresión de que en este último período de mi trabajo yo habría vuelto la espalda a la observación paciente, entregándome por entero a la especulación.[Donde leo Metafisica] Más bien me he mantenido siempre en estrecho contacto con el material analítico,[Defensa del empirismo] y nunca he dejado de elaborar temas especiales, clínicos o técnicos. Y aun donde me he distanciado de la observación, he evitado cuidadosamente aproximarme a la filosofía propiamente dicha.[De nuevo interpreto Metafisica]. Una incapacidad constitucional me ha facilitado mucho esa abstención”.
Por lo que se refiere al segundo argumento, es evidente lo acertado del argumento de Freud. En una disciplina como la Geometría, si se considera como Ciencia particular es aceptable, pero no lo es en la Física donde no se pueden aplicar los mismos principios a la Mecánica Estadística que a la Cinemática.
Su posición respetuosa, la de un clínico que se concentra en su actividad, que considera fundamentadora, no es comparable con otras, como la contenida en las primeras páginas principio de El gran diseño de Stephen Hawking donde proclama que la Filosofía ha muerto. No por lo evidente de sus motivos deja de ser curioso observar que desde la ocurrencia (Gott is tot), la muerte de Dios, que atribuyen a Nietzsche los que no han leído la La Fenomenología del Espíritu de Hegel, el interés de los escritores y los filósofos en declarar muertes, como David Lindley en “El fin de la Fisica”, Vattimo en su “adiós a la verdad, Foucault en “su muerte del hombre”, aunque de ello habrá tiempo de ocuparse en otro momento.
Desde su origen la Filosofía ha tenido dos enfoques, el transcendental y el ontológico u óntico. El primero se ocupa de de la estructura universal de cómo se presenta la realidad ante nosotros, de las condiciones que se tienen que dar para que percibamos la realidad como es.
El enfoque óntico se ocupa de la realidad como se despliega con preguntas del tipo: ¿Cómo se formó el Universo? Este es el sentido que ha sido progresivamente satisfecho por las ciencias naturales y esa es una Filosofía, pensada desde esta perspectiva, la que Freud esperaba que recogiese sus descubrimientos y frente a la que explicaba las nociones que desarrollaba, esperando aceptación de la evidencia empírica. Concluyo afirmando que S. Freud fue un clínico siempre respetuoso con la Filosofía a la que situó como disciplina fundada en la Psicología, conforme a la tesis dominante en su tiempo.
Para categorizar a Freud como psicólogo de «acontecimiento» deberemos definir el muy deleuziano concepto del «Acontecimiento» (Zourabichvili, 2004). Nos dirigimos ahora a la otra filosofía la pura, la propiamente dicha, la de los primeros principios, la de la Metafísica y leemos a Slavoj Zizek que en Acontecimiento desarrolla la idea de que hay tres (y solo tres) filósofos claves en la Metafísica Occidental: Platón, Descartes y Hegel. Expone que cada uno de ellos al tiempo que da luz al futuro proyecta una larga sombra, proyectada por las opiniones de quienes los niegan. Un ejemplo es Platón. Mientras que Whitehead dijo en Proceso y Realidad que «La historia de la filosofía occidental no es más que una serie de notas de pie de página a Platón» Foucault (1926-1984) dijo, con equilibrante criterio que toda la historia de la Filosofía occidental podría definirse como la historia de los rechazos a Platón. Zizek describe los colores de la sombra de éstos autores. A Platón se le oponen los marxistas, los existencialistas, los empíricos analíticos, los vitalistas y los heideggerianos con parecida energía con la que se oponen al racionalismo de Descartes los ecologistas, las feministas, los cognitivistas, los pragmáticos, los partidarios del giro lingüístico A Hegel, bestia negra de los dos últimos siglos de la Filosofía, le han atacado los marxistas, los liberales y los deconstructivistas entre otros.
Su explicación consiste en que en los tres casos estamos tratando con un Acontecimiento: «… con una intrusión traumática de Algo nuevo que sigue siendo inaceptable para la perspectiva dominante».
«Cada pensador representa un momento de locura.: la locura de ser capturado por una idea … [termino no peyorativo sino el utilizado en el Fedro para referirse al amor como encuentro con otra dimensión] Se podría decir que todas las filosofías que siguen a Platón o a Descartes o Hegel son todas intentos por contener/controlar el exceso de locura, volver a normalizarlo o reinscribirlo en el curso normal de las cosas… cada uno de ellos no sólo representa un Acontecimiento del pensamiento, sino que también son filósofos del Acontecimiento» (Zizek, 2014,75-79)
Extiendo la noción a S Freud, y le califico como el psicólogo del Acontecimiento capturado, como un nuevo Sócrates, por la locura del Inconsciente. Frente a él ayudan a que su sombra sea negra y espesa filósofos y psicólogos. Karl Popper, desde el positivismo, Grunbaum Obholzer con críticas de falsedad Kate Millet (1995) y Shulamit Firestne desde el feminismo, Mario Bunge desde la epistemología, Gustavo Bueno desde el marxismo, los conductistas en frente compacto y desde la filosofía contemporánea Ricoeur, y recientemente con especial inquina M. Onfray
El fondo de la crítica contra el Psicoanálisis, diferenciadas de las criticas ad hominem a S. Freud, algunas muy merecidas, surge de que su pensamiento, como el de Hegel supuso un Acontecimiento,algo nuevo e inaceptable para la perspectiva dominante. Salvo que se crea, yo no lo hago, que el pensamiento de Freud es el último de la Historia, el Acontecimiento de los Acontecimientos, nacimiento y muerte del Psicoanalisis, Tathandlung fichteana, es preciso comprender las condiciones que requiere el surgimiento de nuevos «Acontecimientos» y no «ocurrencias» en el Psicoanálisis. No serán los menos importantes lo que tengan base filosófica y entre ellos los que expondremos en el segundo epígrafe los conceptos de «más allá», «afuera» e «Imagen» del Psicoanálisis.
II. Él mas allá, al afuera y la imagen del psicoanálisis
En ésta segunda sección, en un primer momento recogeremos conceptos del ámbito de la filosofía y en un segundo los aplicaremos con intención práctica al psicoanálisis.
La locura y la estupidez como dimensiones
 J. Lacan, en su primera época, reflexionando sobre El más allá del principio del placer que había descrito S. Freud (1927), pensó que no sería éste el principio de realidad, en el que la satisfacción de la necesidad se produce por otros medios, sino lo simbólico, el lenguaje, gobernado por el principio de repetición. (Seminario 2; passim). Con éste enfoque cada una de las dimensiones seria un «más allá» de las otras donde la primera y más básica es la libidinal, en el ámbito del cuerpo. En La Etica del Psicoanálisis se produce un cambio y conecta lo libidinal y lo simbólico «En el proceso primario, se debe a una investidura de la huella, que el sujeto está más interesado en el placer que le da la huella que en el placer que le da el objeto real» (Miller,2008, 2014). Estas noticias nos llevan a establecer la distinción entre el «Afuera» y el «Mas alla».
El concepto de «más allá» de un algo, de un principio, de una dimensión tiene un profundo alcance. Para reflexionar sobre él, lo haremos en conexión con dos filósofos del siglo XX, buenos conocedores del Psicoanálisis.
M. Foucault, catedrático de Historia del pensamiento contemporáneo en el Collège de France (1969) fue un pensador muy original[1] cuyos estudios sobre el poder, la locura y las instituciones psiquiátricas son fundamentales. Conoció y citó apreciativamente y con continuidad a S. Freud en Introducción a “Le Rêve et l’existence” de Binswanger, en Maladie mentale et personalité, en La psychologie de 1850 a 1950 y en La recherche scientifique et la psychologie. Más adelante su adhesión amaina y en Historia de la locura, con 46 entradas referidas al pensamiento freudiano, no es ya el maestro vienes la referencia básica (Salcedo, 2011, parsim).
Gilles Deleuze (1925-1995) conoció bien el Psicoanálisis. Explicó las ideas psicoanalíticas en sus clases en el Liceo de Orleans (1952-1955), siendo la primera obra en la que incluye referencias a Lacan , Lo frio y lo cruel (1967). Conoció personalmente a Lacan en 1967 en Lyon y se ocupó del debate Lagache – Lacan. Le mostró su admiración (Roudinesco, 2002, p. 45) y lo defendió con ocasión de su alejamiento de la ENS. Lacan, en la primera fase de su relación se refirió a él como “nuestro amigo”, elogió su suprema elegancia y admiró su obra. Se distanciaron cuando Deleuze desarrolló junto con el psicoanalista francés Félix Guattari una propuesta alternativa a la lacaniana, el “esquizoanálisis”, en obras como El Anti Edipo o Capitalismo y esquizofrenia y con la crítica de Deleuze a la política universitaria desarrollada por los lacanianos en la Universidad Paris VIII. En algunas ocasiones se ha interpretado su libro Anti Edipo como un libro antilacaniano, pero las notas de Guattari no lo presentan así pues indican que al principio no hubo hostilidad hacia el lacanianismo sino que la lógica de su investigación les condujo a enfatizar los peligros de una interpretación ahistórica del significante». Concretamente:
No se cuestiona el que seamos muy deudores de Lacan, una vez que hemos abandonado nociones, como la estructura, lo simbólico o el significante, que están enteramente maliciadas (mauvaises), y para las que el mismo Lacan ha conseguido siempre torcer su cabeza para mostrar su lado inverso. (Deleuze 1990, 28).
La relación entre Lacan y Deleuze ha sido muy estudiada (David-Menard, 2005, 17), (Dosse, 2007, 224-225). Coincido con G. Lambert en que sus estudios sobre otros filósofos y sus tesis son sus mejores obras: «Algunos creen que éstas son sus mejoras obras como filósofo repudiando los bizarros manifiestos que hizo con ese otro tipo» (Lambert, 2002, 10) y con la opinión de S. Zizek (Zizek, 2004, p. 21), un muy buen conocedor de Lacan, que considera el Anti Edipo su peor libro. Dicho lo anterior, sus obras en colaboración tienen elementos admirables y aplicables no compartiendo la idea J. A Miller de que «El Anti Edipo fue escrito como una especie de chiste» (Kazarian, 2009, 62). En todo caso hay pocos filósofos geniales como él que hayan conocido el Psicoanálisis suficientemente.
Los dos filósofos son grandes creadores de conceptos hasta el punto de que entienden la filosofía como el arte de su creación, aunque no se limite a ello. Muchos han encontrado fortuna: maquinas deseantes, agenciamiento, ritornello, milieu, rizoma, pliegue, como entre los lacanianos, de los que algunos han sido reconocidos, como sinthome , otros cuestionados como los topológicos y otros olvidados como lathouses. Pero ambos autores, junto con los conceptos, insisten en hay que prestar atención a una nueva forma de pensar con ellos.
Búsqueda de conceptos y de una nueva forma de pensar
G. Deleuze en Diferencia y Repetición y en ¿Qué es la Filosofía? lo describe como:
Imagen prefilosófica del pensamiento, prestada del puro elemento del sentido común» que «[ ] no consiste en que unos conceptos se refieran a otros sino a que los conceptos se refieran a una comprensión no conceptual.
Subyace la idea de que, si bien la Filosofía crece por extensión, ampliando la base de su pensar, creando y utilizando nuevos conceptos técnicos como epoché o noúmeno o culturales como redes sociales o globalización, también debe crecer en profundidad, utilizando en el análisis nuevas dimensiones pues, en caso contrario, el resultado de operar con los nuevos conceptos en los viejos planos sería un concepto más de ellos y el resultado algo más, pero más de lo mismo. Como los matemáticos saben bien, mediante combinaciones lineales, no se abandona el plano, no se abandona en ningún caso la base de que se parte.
Sigmund Freud acotó, al crear al Psicoanálisis, un campo de decibilidad. Creó una nueva forma de expresar, diseñó un nuevo régimen de enunciados para definir la psique y sus trastornos. Creo conceptos, que ocupan diccionarios, y con ellos cartografió un nuevo territorio, el del discurso del analizante, a partir de la terra incógnitade los sueños, e identificó sujetos deseantes, con conductas extravagantes, con producciones del inconsciente que el analista debía interpretar con criterios distintos a los de sus predecesores. Es útil, pero no suficiente, que el psicoanalista investigador, expanda ese campo de decibilidad con nuevos conceptos, tomados de la literatura, del arte, o de la clínica, como no es suficiente ofrecer más casos clínicos. Este crecimiento por extensión acuñando conceptos y neologismos no supone considerar erróneos los ya existentes. Como ejemplo, Deleuze explicó el momento en que F. Guattari le transmitió el de máquinas deseantes:
Sin embargo él hablaba de estructura de significante, de falo, etc. Esto era inevitable, dada la cantidad de cosas que él le debía (así como yo mismo) a Lacan. Pero me pareció que todo iría aún mejor si encontrábamos los conceptos adecuados, en lugar de servirnos de nociones que ni siquiera son del Lacan creador sino más bien de una ortodoxia que se creó a su alrededor. (Deleuze, 2005, p. 24-25).
La moderna Filosofía crece además en profundidad con nuevos elementos, como los que pertenecen al orden de los sueños, de los procesos patológicos, de las experiencias esotéricas, la ebriedad y los excesos. Abandona el plano del sentido común para recorrer una nueva dimensión a la que la denomina provocativamente estupidez. La provocación terminológica no es excesiva pues Platón llamo locura a la entrada en las dimensiones en que el ser humano se aleja de la razón y concretamente al amor, al que así califica en el Fedro.
Buscando la extensión en profundidad del Psicoanálisis investigaremos los conceptos señalados: Imagen del pensamiento e Imagen del Psicoanálisis; Afuera y Mas allá del Psicoanálisis. Para ello es obligado el camino de recoger, en un primer momento los conceptos en el ámbito de la Filosofía y hacerlos prácticos en un segundo momento en la Psicología.
Imagen del pensamiento e Imagen del Psicoanálisis
Gilles Deleuze elaboró el sintagma “Imagen del pensamiento” con el que calificó a la «Filosofía que impide que las personas piensen» (Deleuze, 1980, 17).
 Utilizando la «I» mayúscula destaca la unicidad en sus manifestaciones, que describió en el capítulo III de Diferencia y Repetición y que son: la buena voluntad de pensar, el sentido común, el reconocimiento; el uso de los cuatro fundamentos de la representación: lo mismo, lo semejante, lo análogo y lo opuesto, la verdad entendida como contraria al error, la consideración de la proposición como designación y no como sentido, la concepción de los problemas calcados de las soluciones y la subordinación del aprender a un saber preexistente.
Con tanta justicia como dureza critica ese modo de pensar, sustentado en la lógica cartesiana del reconocimiento, que seapoya a su vez en lo claro y lo distinto. Esta bienintencionada forma de razonar es paralizadora y está paralizada por carecer de una de las dos alas que necesita para levantar el vuelo (Deleuze, 1990, 139). Propone, como alternativa, pensar «autrement», sustentándonos en otra lógica, «extrema y sin racionalidad» (Deleuze, 1996, p. 117), basada en un pensamiento sin imagen: «… liberado de la Imagen y de los postulados» (Deleuze, 2002, 205). Esta segunda lógica es representada en la metáfora del segundo ala del pensamiento.
Para comprender la naturaleza de esta Imagen rechazada propongo pensar en el concepto, utilizado por los gramáticos de genitivo epexegético o explicativo como el usado por quien se refiere al «tonto de su marido» sin intención de afirmar que éste sea propietario de un tonto. Aunque Deleuze no lo expone así, el problema de la «Imagen» del pensamiento, como la del «tonto» del marido, es que explicita que el pensamiento es meramente imagen.
En nuestra disciplina, la Imagen del Psicoanálisis habla de un pensamiento convertido en mera «imagen», sin dignidad ontológica, que calca problemas donde Freud o Klein o Kohut encontraron soluciones y que en vez construir sobre los fundamentos, se subordina a un saber preexistente
Creo que un ejemplo de «Imagen de Psicología» fue la del conductismo puro donde Watson pensó que: «el sujeto hablante era una especie de superficie sobre la cual se acumulaba de a poco la información que luego éste combinaba” (Chomsky, 1976, 18). Situados en un plano así, aplicando el sentido común a las conductas observables, cualquier cambio de punto de vista consiste meramente en un desplazamiento hacia otro punto de vista, con el que se observaran las mismas u otras conductas, pero nada más, del mismo modo que dar vueltas alrededor de una persona nos permite ver su espalda pero no su hígado, por más vueltas que se den.
Para superar las limitaciones que impone a la visión confinarse en un plano hay que desplazarnos hacia su afuera en un movimiento con dos momentos: el llamado provocativamente de la estupidez o de la locura, mediante el que nos desplazamos en una nueva dirección y un segundo por el que se construye un nuevo régimen de decibilidad con lo visto.
Es un movimiento en dos tiempos, como el propio del comentarista o el del intérprete, que en su enunciado hace olvidar al primer autor, para, en un segundo momento, retornar con pretensión de desvelamiento. Es un movimiento acontecimental, que genera sombras pues la labor del salto, como la del intérprete, sitúa en el lugar del posible enojo al autor que parece no supo explicarse y al lector que parece no supo entenderlo.
Abandonamos momentáneamente ésta inevitablemente confusa discusión topológica y sus metáforas de plano y dimensión para retornar a ella con más claridad después de haber mostrado otros conceptos. Abandonemos el plano de la Imagen, de la superficie, del espejo donde se refleja una verdad reconocida. Viajaremos al mas alla, al afuera y quizás al afuera del más allá.
El «Afuera» y el «Más allá» del Psicoanálisis
Michel Foucault reclama también «una [nueva] forma de pensamiento... el pensamiento del afuera». Realizó el movimiento que hemos descrito, con sus dos momentos. Abandonó temporalmente la Filosofía para dirigirse al plano literario para encontrar la palabra de autores como Blanchot (Canavera, 2015,. 431), Sade, Hölderlin, Artaud o Bataille, que han referido sus experiencias, para luego retornar a la Filosofía. Su viaje no es el desplazamiento a un más allá de una marca o de una frontera. No puede ser descrito con términos derivados de trans o de ultra o de über, como hizo el último Rilke al emplear los términos übergestiegen, überschreuten o übersteigen para indicar lo superado o rebasado. Con mejor voluntad que claridad los profesores franceses nos señalan que el afuera, el más allá no designa lo lejano, sino el «entredós» mismo, «constitutivo de todo estrato», el lugar donde lo pensable y lo impensable se vuel­ven «indiscernibles», (Deleuze, 1987, 25). No es un lugar lejano sino el lugar de un «juego de fuerzas» (Deleuze, 1987, 116), el lugar del puro devenir. Para el marino el más allá de la vela es el del viento cambiante que tensa sus velas. Para el clínico el más allá del obsesivo es el juego de fuerzas que le asalta.
Describiré a continuación lo que denomino «afuera» en el ámbito del Psicoanálisis y qué es lo que cabe encontrar allí. Afuera no es el interior lejano de algo, de la vela, pero aparece ligado a un «adentro».
Pensar es buscar ese afuera en el propio adentro, como lo impensado que está incrustado en todo pensamiento… es llegar a lo no estratificado (Deleuze, 1987, 116).
Lo no-pensado no es lo situado en un lugar separado por una frontera del pensamiento, sino que es su afuera no exterior, de modo que ese afuera está «infinitamente más lejano de aquí que cualquier mundo exterior», Coexiste, aquí, con un adentro, que es considerado en ¿Qué es la Filosofía?, con razonable simetría, situado en un lugar, «más profundo que cualquier mundo interior» (Deleuze, 1997, 62).
 S Freud encontró el Inconsciente, el afuera del «consciente», permanente devenir que lo mueve. Ahora debemos preguntarnos por el «más allá» de ese «afuera». Abandonemos las confundentes paradojas en un salto, que por ser nuestro, llamamos estupidez sin ofensa, para encontrar nuevos conceptos antes de retornar.
Fuerza:
Una acción sobre la acción, sobre acciones eventuales o actuales, futuras o presentes, un conjunto de acciones sobre acciones posibles, siendo sus categorías el facilitar o interrumpir o variar la probabilidad. Toda relación de fuerzas es relación de poder, de unas fuerzas sobre otras, siendo con ello el poder relación y no forma y por lo tanto, tampoco las relaciones de poder, relaciones de relaciones serán formas. Se puede, pues, concebir una lista, necesariamente abierta, de variables que expresan una relación de fuerzas o de poder y que constituyen acciones sobre acciones: incitar inducir, desviar o dificultar, ampliar o limitar, hacer más o menos probable. (Deleuze, 1987, 99 -100).
Retengo la importancia del concepto de fuerzas entendidas como acciones sobre acciones, que pueden ser cartografiadas con un diagrama, lo que será aplicable al diagrama de las «fuerzas»[acciones sobre acciones], existentes en la relación analítica.
Diagrama. Foucault (Deleuze, 1987, 100) aplicó el término “diagrama” al estudio de las sociedades disciplinarias y lo define como:
Presentación de las relaciones de las fuerzas propias de una formación; la distribución de los poderes de afectar y ser afectado» y también como: « una emisión, una distribución de singularidades. (Ibid., p. 102).
Retengo la importancia de un concepto útil para cartografiar o describir el «afuera», [lo impensado] entendido como lugar de las fuerzas [acciones sobre acciones].
Enunciados y proposiciones. «Foucault se inscribe en una larga tradición lógica que invoca una diferencia de naturaleza entre los enunciados y las descripciones, como por ejemplo B. Russell», (Deleuze, 1987, 109) y, por su método, aparece como un nuevo tipo de archivista, custodio y erudito del saber, que, como novedad radical frente a sus predecesores anuncia que: «ya sólo considera enunciados». Nos ofrece, como ejemplo de enunciado, la multiplicidad A,Z,E,R,T sucesión de letras que, situadas en un teclado, no son un enunciado, pero que lo es cuando se repite o escribe sobre un papel. Los enunciados son un prodigio de rareza, como las formaciones del inconsciente, como los lapsus, a diferencia de las proposiciones. P = «Sócrates es hombre» es una proposición que, apoyada en los recursos del lenguaje, «Digo que (P)» y sus evoluciones, son mucho más numerosas y potencialmente infinitas, pues el lenguaje es infinitamente productivo.
Retengo de ello la importancia de un pensamiento que se sitúa en un plano donde es más relevante el enunciado que la proposición.
Agenciamientos.
Es una multiplicidad que comporta muchos géneros heterogéneos y que establece uniones, relaciones entre ellos, a través de edades, de sexos y de reinos de diferentes de naturaleza», lo que podemos explicar de forma más comprensible, con un ejemplo, el agenciamiento hombre-caballo-estribo, perteneciente al tipo de agenciamiento hombre-animal-objeto manufacturado.
Se han establecido analogías entre las fábricas, las escuelas, los cuarteles, los hospitales y las prisiones Retengo que «La máquina del análisis» es un tipo de agenciamiento, biforme, que utiliza la escucha, a diferencia de la máquina de Charcot, que usaba la mirada.
Dispositivos y visibilidades Para Foucault el saber es un agenciamiento práctico, un dispositivo de enunciados y de visibilidades, siendo el sujeto una de sus variables, el emplazamiento o posición. La condición previa del enunciado es existe el lenguaje, el ser-lenguaje, de la misma manera que la dimensión previa a la existencia del sujeto es: «Existe el sujeto». Existen varias posiciones para un mismo enunciado, siendo la primera la del se habla, que es un murmullo anónimo.
Retengo la idea de que la relación analítica es un régimen de enunciados y visibilidades.
Retorno, como segundo momento al ámbito de decibilidad del Psicoanalisis ya provisto de los conceptos obtenidos en el campo filosófico.
III. Nuevas ideas para la terapia
En esta tercera y última sección me propongo mostrar la utilidad práctica de los conceptos antes retenidos en la práctica de la terapia, sugiriendo ideas que se expresan en los siguientes puntos.
a)           La función pura del análisis consiste en afectar,
Las terapias son más identificables y mejor definibles por las funciones con las que imponen tareas o restricciones que por sus formas. En la realidad se impone la función a la apariencia y por eso el arquitecto concibe a una cariátide como columna pues su belleza no puede suplir la capacidad resistente. Destaco en el analista el poder funcional de afectar, función pura, que recibe luego las determinaciones propias de cada escuela, para imponer las relaciones de formas, que constituyen su saber.
b)           La verdad no es alcanzable en las proposiciones del analizante
Sigmund Freud pensó que una de las funciones del análisis, como la de la cariátide es sostener, era encontrar la verdad en cada paciente, creyendo, durante un tiempo, que una vez revelada la verdad oculta del síntoma, éste se desvanece. Al comprobar que no era así,
 … se lanzó a la creación de diversos conceptos: la reacción terapéutica negativa, masoquismo primordial, resistencia del ello, pulsión de muerte (Miller, 2008, 26),
Más allá de la realidad que hizo evolucionar su teoría existe una situación que Freud no desarrolló. La verdad es inalcanzable, por mera deducción desde los enunciados del analizante en el plano del sentido común. Por más erudita que sea una interpretación no alcanza la completa verdad. Para comprender la personalidad de Leonardo no es relevante la erudición del que consigue distinguir en el animal de su sueño, el buitre o cisne o milano, o como extrañamente se ha traducido en ocasiones cometa. Para encontrar la verdad no basta con deducir, con mero sentido común, en el plano de los conceptos psicoanalíticos a partir de un principio, como el del placer. Es necesario un franqueamiento, opuesto a la metonimia, al movimiento continuo y horizontal. Lacan lo subraya, con el término del que dispone en esa época, transgresión (Miller, 2008, p. 137). Como acertadamente señalo Bacon, por el silogismo no se puede alcanzar lo oculto sino mejor explicar lo que ya se sabía. Foucault ha concedido primacía a los enunciados, frente a las proposiciones, lo que en términos lacanianos supone concederla a las palabras vacías frente a las palabras plenas pensando que las proposiciones pueden ser incomprensibles o enigmáticas pero no dan acceso a lo oculto. Dan su luz, desde un punto de vista. Conocemos que los muchos seguidores de Melanie Klein coinciden en que cuantas más proposiciones interpretadas más luz.
No hay palabra vacía, todo se puede interpretar…el inconsciente no es una parte residual, no es para nada del orden del desecho, de un descarte, del orden del lapsus… no hay actividad psíquica alguna que pueda realizarse sin lazo con el inconsciente. Es decir que toda actividad psíquica y por ende toda enunciación o todo enunciado en la cura, se encuentra en alguna forma duplicado en un fantasma inconsciente (Miller, 2008, 44).
Siendo cierto que cuantos más puntos de vista se utilicen de más datos se dispone, ésta estrategia sugiere pero no muestra el afuera. Por eso los marinos para saber de dónde sopla el viento no iluminan la vela con una linterna, aunque pueda ayudar. Llamo a esta parte, necesaria y complementaria de la interpretación, minería de la proposición. Es la que pretende encontrar el oro del significante valioso en la ganga de la narración.
c)            Es necesario diferenciar en el discurso del paciente lo oculto en el discurso frente y lo que esta «más allá del discurso»
Quiero distinguir en el discurso del analizante, por una parte lo que está oculto y por otra lo que está más allá del territorio de su discurso y que puede a su vez ser definido de forma negativa o de forma positiva. El afuera del discurso puede describirse o al menos acotarse de dos formas:
·        El lugar de lo no-representable, de lo «no pensado en el pensamiento» (Deleuze, 1997, 62). La literatura sobre el pensamiento zen ofrece ejemplos:
 Sentados en zazen dejamos correr las imágenes y pensamientos que atraviesan el inconsciente como nubes por un cielo límpido. Sin oponernos, sin agarrarnos a ellas, como sombras delante de un espejo las emanaciones del inconsciente pasan, tornan y se desvanecen. Y se llega al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensar (hishiryo), pureza verdadera. (Deshimaru, T. 1974, 27).
El lacaniano encuentra natural buscar el afuera del semblante, de lo imaginario y lo simbólico, más allá de los gestos y las palabras, para llegar al lugar del goce, de las fuerzas del inconsciente, situadas afuera de la conciencia. En otras escuelas la terminología es distinta, pero en todo caso no parece extraño situarse allí, como el marino se sitúa más allá del trapo que despliega su forma, del movimiento de la nave, para sentir, afuera, el viento y las mareas, y saber que tienen el mismo límite las velas y el viento. Es un afuera inaccesible, pero que causa efectos.
·        En su fulguración, en los momentos en que «el fondo sube a la superficie, sin dejar de ser fondo» (Deleuze, 2002, 61). Para un lacaniano son los momentos donde lo simbólico atraviesa el eje de lo imaginario, pero en sus positividades, partiendo de lo actual y visible, como sucede en las tumbas que, por su mera elevación, creada para dejar hueco al cadáver, nos muestran, en su reconocible repetición lo que ya no es.
El analista debe encontrar en los enunciados, más allá del territorio del discurso de las porposiciones, lo no representable y la fulguración pues en su límite está la verdad.
d) Es necesaria, además, una nueva lógica
La lógica del «afuera» del Psicoanálisis no puede ser la lógica del reconocimiento de la semejanza, pues ella ofrece sólo imagenes sino la lógica del las regularidades por un imaginar, situado en el lado de las relaciones y no de las esencias.
e) Es necesaria reflexión para la creación de un nuevo régimen
Italo Calvino fue el autor de Ciudades invisibles. En ésta bella novela de fantasía narra el modo en que Marco Polo, ignorante del lenguaje del Kan se expresaba.
De vuelta de las misiones a que Kublai lo destinaba, el ingenioso extranjero improvisaba una pantomima, que el soberano debería interpretar: una ciudad era designada por el salto de un pez que huía del pico del cormorán, para caer en una red, otra ciudad por un hombre desnudo que huía del fuego sin quemarse….El Gran Kan descifraba los signos, pero el nexo entre éstos y los lugares visitados era incierto (Calvino, 2013, p. 28).
El viajero veneciano se dio cuenta del problema:
No siempre las conexiones entre un elemento y otro del relato eran evidentes para el emperador; Los objetos podían querer decir cosas diferentes….una clepsidra podía significar el tiempo que pasa o ha pasado, o bien la arena, o un taller donde se fabrican clepsidras. Pero lo que hacía precioso para Kublai todo hecho o noticia referidos por su inarticulado informador era el espacio que quedaba en torno, un vacio no colmado de palabras (Calvino, 2013, p. 43).
El Kan se da cuenta del valor del espacio que queda alrededor de las proposiciones. No basta para el que sufre, aprender el lenguaje del psicoanálisis ni para el analista comprender el idioma del paciente. Marco aprendió el idioma del Kan, pero no fue suficiente:
Las palabras servían mejor que los objetos y los gestos para catalogar las cosas más importantes de cada provincia y ciudad: monumentos mercados, trajes, fauna y flora; sin embargo cuando Polo empezaba a decir cómo debía ser la vida en aquellos lugares, día por día, le faltaban las palabras….Así, para cada ciudad, …, hacia seguir un comentario mudo, alzando las manos de palma, de dorso o de canto, en movimientos rectos u oblicuos… las manos empezaron a asumir actitudes estables que correspondían cada una a un movimiento del ánimo en su alternancia y repetición (Calvino, 2013, 44).
Marco, como el paciente, como el buscador de su verdad intenta transmitir la verdad de lo vivido para que reconocida por el analista, le sea devuelta, reconocida, con un nuevo sentido. No es necesario ni le bastaría al analizante conocer la terminología psicoanalítica, los significantes adecuados.No de forma sorprendente los analistas viven la limitación en su experiencia:
Así ocurre que, movido por mi pensamiento visual, me pongo a expresar con gestos las nociones más abstractas y formales. Cuando debo enseñar en un marco restringido como el de mi seminario cerrado, a veces siento el impulso de expresar la significación de una noción mediante, además, mímicas y entonaciones. (Nasio, 2006 ,p. 21).
Del mismo modo que Charcot construyó un estrato de saber sostenido en un régimen de visibilidades y Freud uno de decibilidades, el nuevo acontecimiento reclama un nuevo régimen donde se integren las visibilidades, las facticidades que buscan la evidencia, y los patrones de la enunciabilidad.
Conclusión
Resumo las anteriores sugerencias en una conclusión con la que defiendo la necesaria inclusión de conceptos filosóficos en la práctica de la Psicología.
Cuando Heidegger habla de la tecnología, y utiliza la palabra Gestell para su esencia, que es traducida como imposición o enframing, utiliza el término no para describir un conjunto de máquinas o el cómo saber construirlas, sino una actitud hacia la realidad, siendo la tecnología el modo en que la realidad se nos desvela en la actualidad.
Con este enfoque el Psicoanálisis es más que un conjunto de saberes. Es el modo en que la realidad de lo psíquico se impone sobre el analista y enmarca su función. La Filosofia es mas que un conjunto de saberes o un amor por la sabiduría. Es un Gestell.
 En ambos casos el estudioso actúa bajo las condiciones de contorno de una imposición. La comprensión de esta realidad es liberadora, pues en el momento en que somos capaces de comprender que nos encontramos en un marco, lo derrotamos. En el entredós entre la Psicologia y la Filosofia hay que encontrar el Gestell de las disciplinas, su modo de ex_istir para imponerse para, reconociéndolos, aceptar la posición liberadora en que se encontrarán nuevos acontecimientos.
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[1] Cfr. “Algunos rencorosos dicen que es el nuevo representante de una tecnología, de una tecnocracia estructural”… “otros que es un simulador que no puede apoyarse en un texto sagrado, que apenas cita a los grandes filósofos”, pero tampoco forzado “….otros, por el contrario dicen que algo nuevo, profundamente nuevo ha nacido en la Filosofía” Deleuze, Gilles, (1986), Foucault, Les Editions de Minuit, Paris. [Foucault Trad. José Luis Vázquez Pérez, Paidos, Barcelona, 1987, p.27]