aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Número 057 2018

Presentación de un caso clínico: "Tratamiento de un paciente narcisista" (Encuentro de la Sociedad Forum de Psicoterapia Psicoanalítica del 25 de noviembre de 2017)

Autor: Kozameh, Guillermo

Palabras clave

Caso clinico, Narcisismo, Paciente narcisista.


Historia de caso
Carlos, alrededor de 55 años, fue enviado a terapia por su mujer, muchos años atrás. El motivo de consulta fue agresividad hacia terceros, violencia verbal y física, pero nunca con miembros de su familia (éstos estarían incluidos en su esfera narcisista). Y reacciones temerarias, que podían causar su detención por sus transgresiones de la ley de convivencia ciudadana.
Por ejemplo, si en la carretera un vehículo iba a mucha velocidad, Carlos, aceleraba y superaba esa velocidad haciendo piruetas con su coche para causar temor en el otro conductor. Si encontraba su coche apresado entre otros coches por el aparcamiento, rompía las ruedas, o hacía llamativas ralladuras, poniendo: “Otra vez va a aparcar donde corresponde”.
Carlos reconoce lo que son conductas trasgresoras de otros, pero no comprende su furia por mantener, de cualquier manera, la ley social.
Su familia actual consta de su mujer, que es dos años menor que él. Se casaron cuando ella tenía 16 años y Carlos 18. Él había huido de su casa, y ella pidió autorización para casarse.
Esta pareja tiene tres hijos. El mayor es un muchacho con una leve deficiencia física, que imposibilitaría su trabajo deseado para su futuro. Intervenciones quirúrgicas y certificados no del todo ciertos, conseguidos mediante la influencia de su padre, facilitaron que finalmente pudiera ingresar en su deseada profesión. La segunda hija es una mujer que se dedica a lo mismo que su padre, aspecto identificatorio del cual el padre está muy orgulloso y ha colaborado con ella en muchos contratos y relaciones. Esta hija tiene un novio muy descalificado por Carlos, ya que no reúne las condiciones sociales ni económicas que él hubiera deseado para su hija. La tercera hija nace después de casi 10 años, con respecto a los anteriores. Esta es una mujer que en el futuro se dedicará a un trabajo similar a la madre.
Carlos se describe como un padre muy afectivo, muy generoso, aspecto que lo demuestra en la compra de propiedades para sus hijos y también en hacer diligencias para ellos. Era frecuente en las sesiones que su mujer y sus hijos lo llamaban para que les hiciera trámites, o los llevara incluso a otras ciudades. Aspecto que lo trabajamos como un lugar de padre omnipotente y todo-poderoso y ciertos mecanismos reparadores con relación a su historia familiar.
Historia familiar
Su padre no es español, hizo fortuna cuando era muy joven en su país de origen, trataba siempre a sus hijos con una actitud de terrateniente y el trato a sus empleados era con afecto, pero con mucha severidad y autoridad.
Su madre española se casa cuando este hombre quiere retirarse laboralmente y vivir cómodamente en España. Los comentarios de la madre ante sus hijos eran que admiraba y quería mucho a su marido a pesar de la gran diferencia social. Ella pertenecía a una familia de abolengo.
En cuanto a los hermanos de Carlos, las tres primeras mujeres son ejecutivas laborales, una de ellas vive fuera de España y viene dos o tres veces por año para solucionar problemas legales. Después de estas tres hijas, casi 10 años más tarde, nace Carlos. Esto le hace pensar que su nacimiento puede ser similar a su hija menor. Que quizás no eran hijos buscados, pero si asumidos posteriormente con cariño.
Durante su infancia, Carlos recuerda momentos muy gratos, con una frase repetida por su padre: “las mujeres deben estudiar para no ser putas”, los varones, éste daba por hecho que se dedicarían al mundo laboral del padre.
La situación cambia y se torna muy difícil cuando Carlos comienza a ser un adolescente. No obedece las pautas, especialmente de su padre. Sale hasta tarde, dispone de bastante dinero que recibe de sus padres, bebe mucho, tiene varias novias a la vez, a veces no regresa a su casa. Usa uno de los coches sin carnet de conducir, etc.
Carlos se describe como un típico joven de la época, de inicios de la democracia española, comenta que su padre no le demuestra afecto por su carácter rebelde y porque cree que es el preferido de la madre.
La relación con el padre empeora notoriamente. Carlos relata escenas de franca violencia de éste con él. Látigos, ponerle la cabeza bajo el agua, golpes en la cabeza. Él no se defiende, aunque podría hacerlo físicamente. Dice que le temía mucho e imponía gran autoridad. Su recuerdo es que solo madre sale en su defensa.
Esta situación dura casi un año, Carlos tiene casi 18 años. Un día en la comida, el padre comienza a protestar y focalizar sus enfados con Carlos: vago, inepto, tonto, falto de inteligencia etc. Éste entonces se levanta, y tira al suelo a su padre, al caer, coge una silla, se la tira encima y comienza a darle patadas. El padre no se puede levantar, las hermanas corren a sus habitaciones, la madre se refugia en la cocina. Carlos se dirige al padre diciéndole: “Nunca más me vas a volver a ver”.  O tú o yo, y en eso elijo seguir con vida.
Se refugia en la casa de un profesor que le tiene mucho afecto, comienza a trabajar en cualquier trabajo. Conoce a la que será su mujer y se casa. Muy jóvenes se instalan en un apartamento que posee la familia materna. Allí va a visitarlo con frecuencia su madre y alguna vez, alguna de sus hermanas. El padre nunca asistió.
Cuando murió su padre, él se enteró por sus hermanas, pero no asistió al entierro. Cuando murió su madre sí pudo juntarse con sus hermanas en la iglesia y despedirse de ella.
Según el relato de Carlos, ya en el trabajo futuro le fue cada vez mejor por su relación muy afable y cercana con los empleados. Esta relación con sus trabajadores se mantiene en la actualidad, donde se comporta con ellos casi como amigos en cuanto a viajes y hospedajes.
Me pregunto: ¿Era una manera de suplir una familia y hermanas que él había abandonado o lo habían excluido hace mucho tiempo?
Carlos refiere NO tener amigos, excepto una secretaria, a la que después de un tiempo tuvo que despedir por razones económicas.
La relación con sus hermanas ha sido siempre muy conflictiva, por temas de herencia familiar por línea paterna. Mantienen intereses económicos en común, pero con muchos problemas de litigios, juicios, y jamás llegan a un acuerdo.
Por lo que yo pude observar en el tratamiento que duró casi seis años, Carlos con sus astucias impedía y bloqueaba cualquier entendimiento o solución que llevara a la disolución de las empresas familiares, que es el deseo incesante de todas las hermanas.
Una de las hipótesis que trabajamos fue si, además de sus cariños y rivalidades eternas entre hermanos, ¿era una manera patológica de que perdurara su familia de origen?
Continuaré con algunas sesiones e intervenciones.
Primer tiempo
Carlos entra en la consulta, y se queda mirando unos libros de mi biblioteca.
Yo me siento, espero unos minutos en silencio, y le pregunto: ¿Qué miras? (Mi pregunta va dirigida obviamente a más allá de los libros).
Carlos: Estoy mirando unos libros de arte que me gustaría tener, Chillida me gusta mucho, aunque ha tenido una familia muy jodida y les cerraron el museo.
Yo me sonrío y le pregunto: ¿Y qué más miras Carlos? ¿A quién miras?
Guillermo: Bueno… no sé miro a la gente pasar, miro a los que hacen trampas continuamente en este gobierno corrupto, miro que no puedo hacer nada con ellos. A veces miro la vida como un espectador. Anoche fuimos a ver una película con mi mujer y mi hijo, de acción, son las que me gusta
Guillermo: Mirar como espectador.
Carlos: Si, ¡soy un buen espectador y diagnosticador!
Guillermo: ¿Y qué diagnosticas?
Carlos: La locura de la gente.
Guillermo: El espectador no es el actor.
Carlos: Bueno… no seré actor de esta vida, pero yo les arreglo los problemas, mira mi mujer, mi hijo, un verdadero chofer.
Guillermo: Chofer.
Carlos: Si no fuera por mí, no irían a ninguna parte.
Guillermo: Y tú que haces mientras tanto.
Carlos: Miro cómo la gente pasa y vive.
Guillermo: Quizás desde tu retiro, mirar ha pasado a ser lo que antes era diferente por ser visto por tu trabajo tan activo.
Carlos: Es una situación de mierda, me han retirado.
Guillermo: Chofer, secretario.
Carlos: Si casi imprescindible.
Guillermo: Efectivamente ellos te necesitan mucho. ¿Quiénes prescindieron de ti?
Carlos: Creo que nadie. En el banco han necesitado mi dinero, mis suegros sin mi estarían en un geriátrico.
Guillermo: Para algunos somos imprescindibles.
Carlos: ¿Te refieres a mi familia? Yo dejé de existir para ellos, pero no me importa en absoluto, no es el caso.
Pausa.
Carlos: Te voy a traer una foto de pequeño, allí estamos toda la familia, es invierno y todos tenemos abrigos muy caros, pero yo parezco el hijo del chofer de mi padre.
Guillermo: Bueno ahora eres chofer pero sin uniforme.
Nos reímos.
Mi intención fue subrayar algunos significantes, que nos permitieran abordar:
A) Su pasividad laboral forzada
B) Su pulsión escópica: curiosidad ver, pero llevar la vida de otros no la vida propia, me acordé en ese momento de la película: “La vida de otros”.
C) El tema de la exclusión familiar, quizás como él comenta en otras sesiones: su lugar en la familia no era el de un hijo con un espacio psíquico apropiado y esperado, pero ¿le cuesta mucho aceptar que en la adolescencia irrumpió en él una agresión y trasgresión de las normas de su padre?
D) En los trastornos narcisistas es frecuente la autopercepción de ser imprescindible para los demás, sin su Yo el otro no existe, y si existe es como una extensión narcisista.
E) También son frecuentes fantasías de omnipotencia infantil, como compensación de una historia familiar novelada de haber sufrido humillaciones y exclusiones. Es decir sus padres no le dieron todo la satisfacción gozosa que el narcisista hubiera deseado.
Segundo tiempo
Carlos me había comentado en una sesión de la fragilidad de mi puerta y su cierre fácil de violentar. El hacía frecuentemente alusiones críticas a mi consulta: cristales, calefacción, seguridad de la misma, etc. Algunas veces pudimos trabajar sus propias fragilidades y temores a intrusión de personas, clientes y sus hermanas. Sus rasgos paranoides eran fuertes, y para mí era muy difícil trabajar solo sobre la proyección de sus fantasías.
En ese tiempo de cuestionamientos de la consulta, ocurrió algo muy sorprendente: un día, a la hora de la sesión de Carlos, entro a la consulta, y Carlos está instalado en el diván. Por supuesto que me sorprende mucho, pero me doy cuenta, por mi reacción, que en una parte de mí, ¿esperaba esta intrusión?
Me sonrío y le digo: ¿Qué tal? ¿Pasabas por aquí y dijiste subo a darle un saludo a Guillermo?
Se sonríe y le digo que trate de pensar en lo que ha ocurrido.
Carlos: Es para que veas que no son fantasías mías, te puede ocurrir…
Guillermo: Ok, ya veo que me pueden ocurrir: más realista y práctico imposible.
Carlos: Te dije que cambies la cerradura, que no es segura, pueden entrar a robarte.
Guillermo: ¿Robarme?
Carlos: Mejor prevenir. (Silencio mío largo)
Guillermo: ¿Robar?
Carlos: Yo te he contado, que hace un tiempo fui con mi secretaria al estudio de abogado que defiende a mis hermanas, y saqué una serie de papeles. Fue por defensa propia, este abogado es un ladrón.
Guillermo: El que roba a un ladrón tiene mil días de perdón, ¿y quién te defiende a ti?
(Carlos ha cambiado tres veces de abogado porque, según él, son ineficaces. Un tema que ha reiterado en las sesiones es que si bien él solo terminó bachillerato, ha estudiado mucho sobre leyes. Esto es probable que sea asi porque en muchas reuniones ha cuestionado a abogados y el termina ganando)
Guillermo: De todas maneras, aunque con fallos hay una cerradura, un espacio privado y tú pasas de él. ¡Gracias por la demostración! Pero no aceptas que hay normas aunque imperfectas, y tu placer es transgredirlas continuamente.
Carlos: (Se sonríe) ¿No recuerdas las normas que teníamos que cumplir de niños?, ¡hasta la tortura!
Guillermo: Si, claro que recuerdo tu sufrimiento, pero algo podemos hacer con negociar las pautas que no son torturas y no crear tus propias leyes.
(Esto abre “nuevamente” el aspecto de su padre que castigaba a los hijos pero especialmente a él, su sufrimiento pasivo, y sus planes de matarlo en el futuro. Las fantasías parricidas son con veneno de uso en agricultura).
Carlos: Sin embargo nadie puede decir nada con respecto a mi familia, jamás les he levantado la mano, ni un grito.
Guillermo: Bueno… a tu familia no…, pero a tu padre era una manera de herirlo fuertemente.
Carlos: Si me he vengado con otras personas es por su ilegalidad. No soporto la gente que no respeta a las leyes.
Guillermo: ¡Vaya si lo sé!... pero tú no esperas a un mediador que las haga cumplir. Tú eres una ley superior y total. Robin Hood y el Zorro no son solo cuentos infantiles… Tú encarnas y haces tu propia  ley.
Fueron varias sesiones donde tratamos el tema de ser el la Ley y no someterse a ella alegando fallas e injusticias. Sin hablar con este término, pero su máscara de justiciero esconde a su temor a reconocer sus pérdidas, renuncias, castraciones.
Creo que lo que ocurrió con su entrada intempestiva a mi consulta tuvo las características de un acto, no un acting. Como lo diferencia Lacan: en el acting hay una falla en el analista, y el paciente realiza este acting para demostrarle su falla. En el acto hay algo predeterminado, y preparado. Aunque en ambos hay un déficit simbólico.
Tercer tiempo
En el transcurso de la terapia, Carlos ha evolucionado bastante bien. Lo percibo menos agresivo con los que él entiende como transgresores de la Ley, puede pensar más. Esto favorece que haya aumentado su simbolización y conectar su historia pasada con momentos de su historia presente. Yo no podría hablar de un circuito completo analítico, entendido esto como una renuncia de su omnipotencia infantil, y especialmente acercarse a sus fantasías constitutivas y poder tomar otro lugar en sus relaciones sociales y poder mostrar sus carencias y recibir ayuda.
Tuvo una intervención hepática y cardíaca, que favoreció que se acercara más a sus fallas y subjetivar algo de ellas. (Desde lo Real, el cuerpo, hacia lo Simbólico).
Construyó, él con obreros, una casa en el norte de España; la casa está construida con la posibilidad de cuatro viviendas completas, con diferentes entradas. Esto lo hizo pensando en sus hijos y él y su mujer. Me mostró fotos al respecto. Solo tienen en común las entradas, un jardín posterior y un garaje a compartir.
Lo que ocurre es que los hijos se reúnen poco para lo que él quisiera. Su hijo varón se ha casado y han tenido una hija.
Entra y me comenta:
Carlos: No vendré la semana siguiente porque me voy al norte. Me llevo a mi niña, estaré solo con ella unos días.
Guillermo: ¿Es la primera vez que vas con tu nieta de canguro?
Carlos: Es mi perra, tú la conoces, va atada en un arnés cumpliendo todas las normas, en semejante jardín puede estar a su aire, aquí vive en un piso aunque la sacamos a pasear en Madrid.
Guillermo: ¿Qué te gustaría hacer allí?
Carlos: Bueno… terminar de sembrar, es una lástima que vaya solo.
Guillermo: Solo pero con planes y la “nieta”.
Carlos: Desde que terminamos la casa, creo que hemos estado toda la familia solamente unas navidades, el resto del año imposible juntarnos. Hace poco tuvimos una fuerte discusión, ya que mi hijo quiere alquilar su parte para el mes de verano y con ese dinero irse con su familia a otra parte de veraneo… ¿Para eso he construido una casa de familia? Finalmente será una casa de alquiler.
Guillermo: Quizás no sea incompatible: familiar y alquiler.
 Carlos: Es imposible. Yo no me veo con una familia de extranjeros que viva al lado mío y compartiendo el patio.
Guillermo: Es doloroso cuando los hijos crecen y tienen sus propios planes, ¡pero también te he escuchado muy orgulloso de sus logros! Es cierto que la ausencia de ellos muestra más la soledad y tus dificultades.
Carlos: Va mi mujer con amigas, yo no les hago ni caso, es otro mundo para mí.
Guillermo: Otro mundo.
Carlos: A los muertos hay que enterrarlos, vamos siempre al cementerio de la familia de mi mujer. Nunca se me ocurriría ir a ver a mí padres. ¿Qué será de ellos?
Guillermo: No lo sé de tus padres… pero has encontrado otros padres/suegros   cuidados por ti hasta su final.
Carlos: La familia de mi mujer decía que era por interés y que les había sacado dinero. Mi mujer sabe que no he tocado nada de la herencia de ellos.