aperturas psicoanalíticas

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revista internacional de psicoanálisis

Número 058 2018 Monográfico. El psicoanálisis en los últimos veinte años I: la teoría

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Una teoría genuinamente evolutiva sobre el disfrute sexual y sus implicaciones en la técnica psicoanalítica [Fonagy, 2008]

A genuinely developmental theory of sexual enjoyment and its implications for psychoanalytic technique

Autor: Rojas-Rocha, Carolina

Para citar este artículo

Rojas Rocha, C.(junio, 2018)   Una teoría genuinamente evolutiva sobre el disfrute sexual y sus implicaciones en la técnica psicoanalítica [Revisión del artículo “A genuinely developmental theory of sexual enjoyment and its implications for psychoanalytic technique” de P. Fonagy]Aperturas Psicoanalíticas58. Recuperado de: http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001016#contenido 

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Palabras clave

Disfrute sexual, Fonagy, Sexualidad.

Keywords

Sexual enjoyment, Fonagy, Sexuality.


 
Reseña del artículo de Peter Fonagy (2008). A genuinely developmental theory of sexual enjoyment and its implications for psychoanalytic technique. Journal of the American Psychoanalytic Association, 56(1), 11-36.
 

Fonagy contextualiza su aporte en este artículo haciendo mención a la disminución de las referencias sobre la sexualidad, basándose en un análisis computarizado de las publicaciones en psicoanálisis. Propone como hipótesis que esto puede deberse a que tanto la teoría pulsional como la de relaciones de objeto estarían limitadas para dar cuenta sobre lo “psicosexual”. Expone la necesidad de un modelo integrador de la sexualidad humana, que incluya los avances de la investigación observacional del desarrollo.

Es en el contexto de una conferencia para la Asociación Psicoanalítica Americana donde Fonagy se propone abordar la psicosexualidad, una cuestión que se desmarca del tema recurrente de su obra, la mentalización.

Para exponer sus ideas, habla de su propia experiencia clínica con un caso de un adolescente,  Dan, cuya historia le hizo reflexionar sobre el lugar teórico del sexo en nuestra profesión. En resumen, Dan era un joven de 17 años que se quejaba de su falta de actividad sexual y disfrute. Este caso hizo contactar a Fonagy con sus propias primeras experiencias sexuales. El paciente era un chico que había sido llevado al Anna Freud Centre por otros temas y parecía bastante atractivo y sensible. Fonagy narra la experiencia de su paciente al intentar dar el primer beso a una chica, la cual lo rechazó, generando en él una gran excitación. Fonagy interpreta que al penetrar a la chica con su lengua el joven paciente externalizó parte de sí mismo, le permitió trascender sus límites corporales y sentirse “dentro” de otro. Pero había algo más que tenía que ver con que su peso estaba en ella, no sólo física, sino que también psíquicamente, y esto lo llevaba a un nivel elevado de excitación, y a su vez al miedo profundo de perder los límites físicos de su mente.

Sexualidad desde las teorías de las relaciones de objeto y de la pulsión

Fonagy expone que a pesar de que, para algunos teóricos, la sexualidad es el “sello de identidad del psicoanálisis” (Fonagy, 2008, p. 14), hoy en día esto no es así. Señala que las principales teorías se centran en otros temas, en especial en las relaciones emocionales, lo que queda reflejado en la fuerte disminución del uso de términos relacionados con la sexualidad en artículos de revistas de psicoanálisis.

Para el autor, la posición teoría clásica pulsional sobre la sexualidad explica muchos fenómenos psicosexuales, pero no el deseo en sí, considerándolo como algo biológicamente dado, siendo entonces una teoría tautológica al responder que tenemos deseo sexual porque tenemos pulsión. Explica que para Freud en 1924 “la anatomía era el destino y el principio de placer aseguraba que la tensión pulsional buscaría alivio a través de descargas en presencia del objeto” (Fonagy, 2008, p. 15). Además, cuestiona que el desarrollo de los primeros cuatro años sea utilizado de forma reduccionista para explicar el desarrollo de la sexualidad en la edad adulta. Para Fonagy, los estadios del desarrollo libidinal son un mapa que explica de forma reduccionista la sexualidad adulta.

El autor señala que como alternativa a las teorías pulsionales surgen las formulaciones de los teóricos relacionales y de las relaciones de objeto. Menciona como ejemplo a Stephen  Mitchell, que en su obra hablaba de una bidireccionalidad de los procesos biológicos e interpersonales. Sin embargo, puntualiza que estas perspectivas también pueden llegar a ser reduccionistas si limitan el papel del sexo a una “mera función social de intimidad o socialización” (Fonagy, 2008, p. 17). Fonagy explica que en estas teorías “los instintos se vuelven un vehículo de proceso de orden superior motivados por experiencias interpersonales tanto infantiles como actuales” (Fonagy, 2008) . Según Fonagy, las teorías de corte relacional habrían reemplazado la sexualidad por teorías que se centran en “las consecuencias a largo plazo de la vulnerabilidad y dependencia del infante” (Fonagy, 2008) abordándose el tema de la sexualidad casi siempre desde su papel defensivo ante patologías de orden relacional.

El autor, por su parte, expone que ninguna de las dos grandes posturas teóricas ofrece una comprensión integradora de la sexualidad, defendiendo que las teorías relacionales también son reduccionistas al no integrar en su comprensión, a pesar de su importancia, la experiencia física, sensoriomotora y su papel en la construcción de la psiquis. Para reflejar la importancia de esto, pone de ejemplo los estudios de Lakoff y Johnson (1999) que exponen que “las experiencias sensoriomotoras son la base de la conceptualización” (Fonagy, 2008, p. 17).

Señala que ha habido intentos de desarrollar teorías más integradoras (nombra a Kernberg y a Stoller) pero aún es necesario desarrollar una teoría del desarrollo de la personalidad que otorgue un papel importante a la sexualidad.

Adoptar un enfoque evolutivo de la psicosexualidad

El fenómeno Borderline

Fonagy relata cómo fue evolucionando el caso de Dan al encontrar pareja y tener la experiencia de, al sentirse excitado, no poder saber si él era él mismo o era su pareja, la experiencia de ver desdibujados su límites y sentir que eran la misma persona. En relación a este ejemplo, el autor expone que la psicosexualidad normal imitaría “una forma de patología” haciendo un paralelismo entre la sexualidad normal con la organización límite de personalidad o borderline. Fonagy señala que ambas tendrían funciones similares, en ambas experiencias la persona presentaría dificultades en la regulación emocional y en el control de impulsos, una experiencia emocional de extremos que darían un sentido de símismo similar en ambos casos. Tanto en los pacientes borderline como en experiencias sexuales se observaría una idealización de la pareja, rapidez en alcanzar la intimidad, falta de sentido de límites o difusión de identidad, necesidad de controlar al otro, incluso el dolor experimentado de forma egosintónica, además de la falta de preocupación genuina por el otro, tal como lo ejemplifica con el caso Dan.

La naturaleza del mirroring o especularización

El autor señala que este paralelismo entre la organización borderline de personalidad y la sexualidad ayudaría a comprender el desarrollo normal de la capacidad de regulación emocional. Hace referencia al modelo formulado por él, Gergely, Mary Target y sus colegas (2002) para explicar el desarrollo de la autorregulación emocional desde la relación padre-hijo, basado en la teoría de apego y en el trabajo de Winnicott y Bion (1962), en el cual, en resumen, exponen que el papel primario de la especularización parental es vincular aspectos constitucionales no integrados de estados del self en representaciones coherentes de segundo orden de estados afectivos específicos. El niño internaliza la especularización de los afectos metabolizados en la cara de los cuidadores como el núcleo de una representación simbólica. Esto requeriría de una alta sintonía del cuidador con el bebé y, además, debe ser una “especularización marcada” (Bateman, 2016, p.32), es decir, reflejando los afectos de forma “desacoplada” (Bateman, 2016, p.32),   o sea, expresando de vuelta al bebé la emoción que el cuidador ha representado en su mente sobre la experiencia emocional del bebé, pero con “una expresión facial exagerada y/o con una vocalización particular” (Bateman, 2016). Es decir,  una distorsión en forma de exageración o con una combinación de afectos distintos a los del bebé, a través, por ejemplo del motherese  (habla materna con una entonación especial hacia el hijo) que marcaría o señalaría que ese reflejo es de la experiencia emocional perteneciente al bebé o niño, y no a la madre. Según los estudios realizados por Fonagy y su equipo, la especularización de los afectos de alta calidad por parte de cuidadores en la infancia, estaría relacionado con un funcionamiento simbólico superior en la mediana infancia. Por el contrario, cuando los sentimientos no son reflejados ni contenidos de forma eficiente, ya sea por una falta de precisión o una falta de marcaje, los estados del self se vuelven abrumadores, desorganizados, y deben ser proyectados fuera, generándose lo que en la teoría de la mentalización es llamado el alienself o “partes disociadas del self” lo que explicaría el uso tan frecuente de la identificación proyectiva en los trastornos severos de personalidad.

Especularización  y sexualidad infantil

Luego de explicar la importancia de la especularización de las emociones de los niños por parte de sus cuidadores, el autor expone que la excitación sexual, a pesar de ser una experiencia presente desde la primera infancia, no suele ser reflejada por las madres o cuidadores, como sí suelen ser otras expresiones emocionales como las sonrisas, el enfado o la tristeza. Según una encuesta que realizó él y su equipo, las madres de bebés entre 3 y 6 meses solían, en su mayoría, ignorar o mirar hacia otro lado ante la excitación sexual de sus hijos, independientemente del sexo, en una proporción mucho más elevada de lo que, por ejemplo, suelen ignorar afectos negativos. A Fonagy le llama la atención también cómo en los estudios observacionales obligatorios del entrenamiento psicoanalítico británico, los estudiantes no hacen mención del reflejo de excitación del infante y realizan muy pocas referencias sobre la excitación sexual. Ante esto reflexiona que tenemos pocas herramientas para el reflejo de la excitación sexual, la consecuencia de esto sería que la excitación sexual no alcanzaría una representación de segundo orden, ni podría generarse un sentido de propiedad de estos sentimientos, incluso al ser ignorado por los cuidadores, podría haber una intensificación de la activación. El reflejo incongruente de la excitación o la falta de este, según Fonagy, interrumpiría la coherencia del self generando “un sentido de incongruencia en relación a la experiencia del self asociado a lo psicosexual. La excitación sexual nunca puede realmente ser experimentada como propia" (Fonagy, 2008, p. 23).

La naturaleza de la exitación sexual “madura”

Para introducirnos esta cuestión hace referencia al momento en que su paciente Dan pierde la virginidad con una chica en una fiesta de disfraces. Lo más llamativo de la escena descrita por su paciente fue que en el momento de la penetración su pensamiento no estaba centrado en él, sino en ella siendo penetrada por él y que mientras estaba centrado en la excitación de ella tuvo la sensación de perder el control sobre sí mismo.

Esto lo relaciona con la idea de que la excitación sexual, al no ser reflejada y no ser integrada durante el desarrollo, en la adultez debe ser experimentada en el otro. El placer se crea en el otro para liberar al self de esa incongruencia. Lo que Dan habría encontrado excitante fue su propia fantasía de la experiencia de la chica con la que perdió su virginidad respecto de él, más que su propio placer físico.

Fonagy explica entonces en relación al papel del otro, que evolutivamente es deseable y necesario un compañero para el disfrute sexual, el placer sexual propio se experimentaría gracias a que se coloca o representa en el otro en la fantasía, lo cual desencadenaría el intenso placer del orgasmo. Hace referencia a Ruth Stein (1998a, 1998b) al explicar que el placer sexual resulta de la transposición a un estado mental que se siente como del otro, traspasando las fronteras de una existencia separada, trascendiendo lo individual. Fonagy propone que “el placer sexual quizás es experimentado al encontrar y poseer el placer del otro a través del obtener el control momentáneo de los pensamientos y sentimientos del otro, como en toda identificación proyectiva” (Fonagy, 2008, p. 25). 

El autor señala que esta experiencia de excitación sexual evoluciona. A medida que pasa el tiempo la experiencia del otro se iría reintegrando, como en una especie de continuación de un proceso de especularización, hasta que la experiencia se integra y da paso a la familiaridad, detrás del cual estaría en realidad la integración de la propia experiencia sexual. Fonagy explica que esto, evidentemente se ve reflejado en una disminución de la libido al pasar los años con determinada pareja, aunque, según explica, partes no integradas del self, o incluso la nostalgia por la intensidad inicial de la experiencia sexual pueden llevar a la búsqueda de otra pareja.

Psicosexualidad normal e inadecuada

En base a esta perspectiva evolutiva, Fonagy propone cuales serían los requisitos para el desarrollo de una experiencia sexual satisfactoria, exponiendo cuatro aspectos necesarios:

  1. Experiencia de seguridad – historia de apego: la sensación de seguridad ante el otro debe estar presente para poder abrir la mente a la proyección del otro. Esta sensación de seguridad se vería determinada por la experiencia de apego temprana. La crianza segura, entonada y mentalizadora facilitaría el desarrollo de un contexto interpersonal propicio para este tipo de intersubjetividad.
  2. Un sentido sólido de los límites del yo físico: Dado que estos límites se desdibujan temporalmente en la excitación sexual con el otro, es importante que exista la confianza y seguridad de que esto se pueda restablecer. Fonagy argumenta que es posible que sea en este punto donde las terapias no analíticas, más físicas, como las de Masters y Johnson, actúan al centrarse en fortalecer el yo físico.
  3. Reciprocidad: Explica que es la clave. Si la excitación sexual se genera a través de la posesión de los sentimientos y las ideas que se han originado en el yo pero que conscientemente sólo son reconocidos como del otro, el deseo genuino en ambos lados es esencial, al menos la apariencia de mutualidad en el acto físico, que no necesariamente implicaría mutualidad en los estados mentales. Como ejemplo señala que, el cerrar los ojos en el placer sexual es quizás una forma de mantener la fantasía de fusión con la otra mente, evitando ver en la expresión facial del otro señales contradictorias con esta fantasía.
  4. Integración de la bisexualidad para el desarrollo de una heterosexualidad completa. 

En relación al desarrollo de una relación de apego fuerte con la pareja, Fonagy expone que es muy posible que la experiencia de reintegración de aspectos proyectados del self, luego de haber sido vividos y aceptados por el otro, llevarían al desarrollo de una sensación de unión, pertenencia y gratitud. Este proceso, según explica, podría ser vivido de forma diferente entre hombres y mujeres, debido a que a los hombres les puede costar más reintegrar aspectos feminizados del self. Esto sin embargo, no sucede, como es evidente, en todas las parejas, donde no siempre hay una re-internalización o reintegración de lo proyectado, por lo cual no se resolvería la tensión sexual. En estos casos surgiría, por ejemplo, la necesidad de mantener al otro cerca físicamente y bajo control para asegurarse de que se puede mantener la externalización, viviendo por ende, de forma catastrófica las separaciones, por lo cual se mantendría un dominio físico o emocional del otro, como ocurriría en los casos de violencia doméstica.

El autor expone que la causa del fallo en la re-internalización de lo proyectado sería debido al tipo de contenido de lo que se externaliza o a la incapacidad del receptor para metabolizar la experiencia proyectada por el otro.

Fonagy señala que habría tres características clínicas comunes de las perversiones sexuales:

  1. Elevada presión o urgencia por la gratificación y la experiencia de satisfacción mayor de lo normal, reflejando el carácter extremo de lo que se experimenta dentro del yo y necesita ser externalizado en otra mente.
  2. Mantenimiento de altos niveles de excitación sexual a largo plazo, aparentemente sin habituación a la excitación.
  3. Ausencia de un vínculo genuino que si se desarrollaría en una sexualidad normal.

¿Por qué la psicosexualidad es vital para entender la vida mental?

Para Fonagy, la cualidad de la experiencia sexual, es decir, su residencia en la parte alienígena del yo, el vivirla de forma simultánea como algo poseído y como no propio, la volvería útil como vía para defendernos de la experiencia de conflictos. Señala que siendo la escisión una condición inherente de lo psicosexual, se puede llegar a la conclusión errónea de que la psicosexualidad en sí es un problema. Sin embargo, Fonagy expone que más bien, dada estas características, los conflictos se expresarían a través de la “metáfora sexual”. Esto hace que la psicosexualidad sea un aspecto importante a tener en cuenta en la comprensión de los pacientes. Fonagy señala que “a medida que lo psicosexual expresa y no disfraza la relación, a menudo el único camino genuino para comprender los problemas relacionales es a través de la experiencia psicosexual” (Fonagy, 2008, p. 28).

Para ejemplificar la importancia técnica de no descartar el material psicosexual en el trabajo psicoterapéutico, Fonagy vuelve al caso Dan exponiendo cómo sus fuertes conflictos de separación-individuación se relacionaban con sus experiencias y fantasías sexuales. En este caso, la psicosexualidad habría permitido a su paciente disociarse y negar los conflictos que tenía con su madre.

Psicosexualidad y relación analítica

El autor introduce este tema haciendo referencia a su propia experiencia, utilizando el ejemplo del caso Dan relata una escena con el paciente, en la cual vivió un boqueo contratransferencial al verse activadas sus propias ansiedades sexuales no tratadas con anterioridad, ante la exposición del paciente de sus “sentimientos de conquista sexual”. Según explica Fonagy, esto lo llevó a identificarse con una mujer sometida y a no poder dar espacio en su mente a la excitación del paciente sintiéndose a la deriva.

Explica cómo en un principio, la sexualidad en el psicoanálisis apareció en el terreno de la transferencia, vista como una reactivación de los deseos sexuales hacia el padre del sexo opuesto.  Más tarde, explica que Freud comprendió que las experiencias sexuales intensas en el análisis eran una actuación, fruto de la incapacidad de poder pensar en relación a dichas experiencias.

Para Fonagy es llamativo el descenso del abordaje de la psicosexualidad en el psicoanálisis en el mismo momento en que la transferencia pasa a ser el foco de esta disciplina. Cree que estos dos fenómenos están en relación debido a que, para los analistas, era más fácil abordar los temas sexuales cuando se entendía que su papel era neutral, pero no así una vez que se asume la relevancia de la transferencia y de la relación terapéutica, donde el analista no podía verse separado de la situación clínica y pasaba a ser un ser “real”.

El autor explica la relevancia de comprender que el afecto entre paciente y analista son una realidad de la situación analítica, “se establece un modo de comprensión interpersonal intersubjetiva en el que la experiencia de emoción raramente ocurre solo intrasubjetivamente” (Fonagy, 2008, p. 31). Afirma que se ha demostrado en base a estudios de neuroimagen que la activación del sistema de apego interfiere en la capacidad de pensar, dando paso a un funcionamiento pre-mentalizador, concreto, teleológico o disociado, siendo incompatibles la intensa activación emocional con la mentalización. Es así como el estar involucrados emocionalmente reduciría nuestra capacidad de autorregulación y de abstracción. Señala entonces que el trabajar en la transferencia inevitablemente activaría los sentimientos de apego y una mayor espontaneidad, aumentando la reacción contratransferencial. Señala que a pesar de ser necesario este modo de comunicación entre analista y paciente para conseguir un cambio genuino, también hay que ser conscientes de que esto puede llevar al terapeuta a modos de funcionamiento no mentalizadores, que potencialmente pueden bloquear la capacidad de mentalizar y reflejar de forma adecuada al paciente su excitación (tal como pasa primariamente en la relación con los cuidadores), incluso pudiendo pasar dichas experiencias por alto.

Una aclaración

Antes de finalizar su exposición, Fonagy aclara que su exposición teórica es guiada desde un punto de vista masculino y heterosexual, lo que no implica que todo sea aplicable del mismo modo a la sexualidad femenina u homosexual. Sí cree que son fenómenos globales el fallo en el reflejo de la excitación sexual de los cuidadores, la “calidad extraterrestre” de la sexualidad y la intersubjetividad de la excitación sexual madura que se aplicarían tanto al disfrute sexual de las mujeres como al de los hombres. Estas explicaciones además no deben obviar el hecho de que cada individuo posee su particularidad y va cambiando según va madurando.

Conclusión

En su conclusión Fonagy vuelve a enfatizar la necesidad de dejar atrás los puntos reduccionistas tanto biológicos como meramente relacionales sobre la psicosexualidad, enfatizando que aún existen resistencias en el abordaje de este tema. Esto cree que se debe a “la sexualización de nuestros conflictos y la concreción de nuestra experiencia de la sexualidad en una transferencia saturada de apego” (Fonagy, 2008, p.34). Expone que, dada la importancia de la psicosexualidad para la comprensión del conflicto, es importante volver a su estudio y darle un papel clave, sin dejar de ser conscientes de las dificultades contratransferenciales que esto conlleva, siendo coherentes con la idea de que precisamente es el psicoanálisis la disciplina que se enorgullece al estudiar lo que genera las más poderosas resistencias. Finalmente, hace un llamado a seguir “enérgicamente la revolución intelectual que los descubrimientos de Freud iniciaron hace un siglo (Fonagy (2008).

Comentario de la autora de la reseña

Fonagy en el presente artículo plantea la necesidad de seguir ahondando e incluso, volver a poner en el centro de nuestra atención y estudia la psicosexualidad, siempre de forma integradora, ofreciendo una novedosa visión del papel de la psicosexualidad en la actualidad, mediante un esfuerzo por integrarla con los avances en investigación sobre neurociencias, regulación emocional, desarrollo y mentalización.

Fonagy pone sobre la mesa un elefante que en ocasiones es difícil ver en la habitación, nos invita a pensar en cómo las resistencias de los analistas y teóricos pueden estar cerrando caminos importantes en la comprensión de la experiencia y conflictos del paciente, alertando sobre la importancia de que el analista sea consciente de sus propios procesos y emociones, de los momentos en que pierde la capacidad mentalizadora ante, por ejemplo, las experiencias psicosexuales del paciente, para intentar retomar la comprensión de los conflictos y su relación con la sexualidad del paciente, en vez de cerrar las puertas de ese camino hacia la compresión, lo cual es un reto importante para la técnica psicoanalítica.

Por otro lado, el paralelismo de la psicosexualidad adulta con los procesos de espeularización emocional de los cuidadores en la infancia, abren una nueva vía de comprensión del desarrollo de la sexualidad humana que deja estimulantes incógnitas a resolver, tanto teóricas como prácticas.

 
 

Referencias

Bateman, A. y Fonagy, P. (2016) Tratamiento basado en la mentalización para trastornos de personalidad. Bilbao, España: Desclée.

Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E. y Target, M. (2002). Affect regulation, mentalization and the development of the self. Nueva York, Estados Unidos: OtherPress.

Fonagy, P. (2008). A genuinely developmental theory of sexual enjoyment and its implications for psychoanalytic technique. Journal of the American Psychoanalytic Association, 56, 11-36.https://doi.org/10.1177/0003065107313025

Freud, S. (1924). The dissolution of the Oedipus complex. En J. Strachey (Ed. y trad.), The Standard Edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (Vol. XIX, pp. 171-180). Londres, Reino Unido: Hogarth Press.

Lakoff, G., y Johnson, M. (1999). Philosophy in the flesh: The embodied mind and its challenge to western thought. Nueva York, Estados Unidos: Basic Books.

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