aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 004 2000

Un sueño y dos paradigmas: de Freud a Bowlby

Autor: Juri, Luis

Palabras clave

Apego, Modelo pulsional, Modelo representacional, Paradigma de supervivencia, Paradigma economico, Realizacion de deseo.

En su libro "La estructura de las revoluciones científicas" (1), el epistemólogo e historiador de la ciencia Thomas Kuhn utiliza el término "paradigma" en dos sentidos principales: a) como un modelo ("paradigmático"). Serían los ejemplos estándar que se proporcionan a los estudiantes en una comunidad científica; v.g. el plano inclinado en la física; b) como una constelación de teorías, creencias, valores y técnicas que comparten los miembros de una comunidad científica. En este artículo se lo emplea en el segundo de los sentidos, y con él se hará referencia a las teorías, creencias y valores del analista que dirigen la selección significación de los datos clínicos.
Como se desprende de la definición de Kuhn, el término paradigma se encuentra en estrecha relación con la expresión "comunidad científica”: sería el conjunto de premisas y técnicas compartidas por los miembros de una comunidad de profesionales. Kuhn modificó a través de su obra la extensión del concepto, haciéndole incluir casos de agrupaciones particulares de científicos aunque no fuesen coincidentes con el resto de la comunidad. Esta conceptualización más amplia de paradigma se ajusta a la historia del pensamiento psicoanalítico. En efecto, el pequeño círculo de Freud y sus seguidores en los comienzos en Viena habrían compartido un "paradigma psicoanalítico" (2) aunque, obviamente, no eran coincidentes con el resto de la comunidad científica.

La comunidad de psicoanalistas se ha ampliado enormemente desde aquellos orígenes, y el conjunto del conocimiento se ha diversificado, de manera que es pertinente que nos planteemos la pregunta: ¿existe actualmente un "paradigma psicoanalítico"? No resulta sencillo responder a esta pregunta. Dice Kuhn: "En grado notable, los miembros de una comunidad habrán absorbido la misma literatura y extraído lecciones semejantes de ella" (4, p.319) ¿Ocurre esto dentro de la comunidad de psicoanalistas? ¿Podemos hablar de unanimidad entre sus miembros?
Es posible afirmar que la gran mayoría de los miembros de instituciones psicoanalíticas desarrollan sus ideas apoyándose en o a partir de los escritos de Sigmund Freud, que establecieron la disciplina. Aquí se cumpliría la primera parte de la aseveración de Kuhn transcripta más arriba, pero los problemas continúan. ¿Se puede decir que todos los miembros de la comunidad de psicoanalistas "han extraído lecciones semejantes de ella"? La respuesta resulta negativa. La monumental obra de Freud, variada y compleja, permite apoyarse en ella para hacer muy diferentes desarrollos. Quienes se inclinen por textos como "La interpretación de los sueños" (1900) podrán sustentar posiciones diferentes de los que se apoyen en el modelo estructural del psiquismo que presentara en "El yo y el ello" (1923). Por otra parte, autores post-freudianos, partiendo de la obra de Freud (o de sectores de ella), postulan ideas alternativas a las que Freud sostuvo en determinados textos. Las discrepancias alcanzan desde la teoría de los síntomas y el complejo de Edipo hasta la misma metapsicología, lo que también implica diferencias en las intervenciones clínicas (5-9).

En vista de las divergencias dentro de la comunidad de psicoanalistas, parece más acorde al estado actual de la disciplina adoptar una definición amplia de paradigma, como aquellos casos de "agrupaciones particulares de científicos con intereses comunes", aunque no fuesen coincidentes con el resto de la comunidad. Aceptada esta definición, que renuncia a la unanimidad, el campo del psicoanálisis se nos muestra como un paisaje de "paradigmas psicoanalíticos alternativos".

Los aspirantes a analista se van incorporando a los distintos paradigmas psicoanalíticos en un proceso paulatino de “endoculturación”. A través de los textos en vigencia (que su institución o grupo señalan como los correctos) su análisis personal, supervisiones, cursos, etc., el aprendiz irá asimilando un guión, y así "aprenderá a observar la clínica". Antes de la instrucción, probablemente desconocía ciertos términos teóricos (Edipo, deseos, identificaciones, negación, self o cualquier otro) pero luego, al haber incorporado el paradigma aprenderá a ver las cosas de ese modo; difícilmente podrá verlas de otra manera y difícilmente cambiará de guión. Con el libreto en mano, seleccionará, clasificará y dará significado a los observables clínicos, los que no serán independientes de su paradigma. Esto es lo que suele ocurrir en todas las corrientes que actualmente coexisten en psicoanálisis, al margen de su orientación y aunque el analista pueda no ser consciente de ello(A).

La no independencia de los observables clínicos de las premisas del analista es una característica del paradigma, que lo diferencia de la clásica noción de teoría. La teoría supone una interpretación de datos externos, en tanto paradigma implica una selección de los datos, que dejan de ser independientes, y pasan a depender de ese marco conceptual. Durante tres siglos la filosofía occidental consideró a las teorías como distintas interpretaciones de datos inmutables. En la epistemología de Kuhn, por el contrario, los datos no son fijos, cambian con los paradigmas: “... los datos no son inequívocamente estables”, dice Kuhn (11, p.191). En el pensamiento de este autor el dato deja de ser "lo dado" (datum) y pasa a ser "lo seleccionado" por el observador. De todas las operaciones posibles, un científico elige aquellas pertinentes a su paradigma, o sea, selecciona los datos(B).

Tradicionalmente se consideró que lo que cambiaba con las teorías era la interpretación de datos fijos y neutrales. Este supuesto se apoya en la distinción entre lenguaje observacional y lenguaje teórico. Se suponía la existencia de una base de datos neutros, que se diferenciaban de la interpretación (teorías) que de ellos se hacía. El pensamiento de Kuhn arremete contra esta división. No existiría una distinción entre lenguaje observacional y lenguaje teórico, pues la misma teoría contamina los datos. Es lo que se ha denominado "la carga teórica de los hechos" o "carga teórica de la observación". De acuerdo a esta tesis, las creencias y premisas del observador lo conducen hacia ciertos datos y lo alejan de otros, una selección que carga de teoría los datos. En la clínica psicoanalítica los hechos "no hablan por sí mismos", como frecuentemente se supone, son ordenados y semantizados por un paradigma, al cual obedecen (su "carga teórica").

Lo que aquí está en juego es nada menos que la objetividad del observador (el analista en nuestro caso). Las ideas de Kuhn forman parte de corrientes epistemológicas actuales que se alejan de la idea del observador objetivo y ahistórico, y se acercan a la figura del "sujeto histórico", cuyos paradigmas, textos y metáforas emergen de un contexto determinado(C).

En el presente trabajo se intenta discriminar el contexto y la "carga teórica" de la interpretación de Freud de un sueño de Juanito, estableciendo una comparación con el contexto y la "carga teórica" de Bowlby, que interpretó el mismo sueño sesenta y cinco años después. Por nuestra parte, no existe intención probatoria de las bondades de uno u otro paradigma, pero sí mostrar el accionar y los basamentos de distintos paradigmas en el campo psicoanalítico.

Un sueño de Juanito: Edipo y apego.

Efectuaremos una comparación entre el análisis de un sueño interpretado por Freud en 1908 y el análisis del mismo sueño efectuado con otra óptica por John Bowlby, en un ejercicio de lo que podría titularse: "Un sueño y dos paradigmas".

En 1908 Freud trató durante cuatro meses -a través del padre- a un niño de cinco años llamado Herbert Graf, conocido en la literatura psicoanalítica como Juanito (Hans). El niño tenía temor a que un caballo lo mordiera en la calle, miedo que fue calificado por Freud como zoofobia. En el historial clínico, publicado en 1909, consideró a Juanito un "pequeño Edipo", que quería tener a su padre alejado para poder estar solo con su "bella madre" (13, p.91). La fobia del niño fue interpretada como un temor al castigo paterno (el peligroso caballo de la historia) por los deseos incestuosos hacia su madre. En razón de sus ambivalentes sentimientos hacia su padre -ternura y hostilidad- Juanito desplazó el conflicto desde la representación del "padre" a la representación del "caballo", deslizamiento por el cual surgió el miedo a los animales, constituyéndose en síntoma.

En días anteriores a la fecha en que se manifestara por primera vez el temor a ser mordido por un caballo, Juanito se había despertado llorando y diciéndole a su madre: "Cuando dormía pensaba que tú estabas lejos y yo no tenía ninguna mamita para hacer cumplidos" (palabra que utilizaba para referirse a las caricias) (14, p. 22). Freud lo consideró un sueño de angustia, un sueño motivado por el miedo del niño a un castigo por ocultos deseos sexuales hacia la madre. De acuerdo a su opinión, el niño debía haber soñado con caricias con la madre (15, p.96). De manera que el núcleo del sueño serían los deseos incestuosos del niño, en tanto la angustia que aparecía en la superficie correspondería al temido castigo por esos deseos. El sueño de Juanito sería uno de esos ejemplos de sueños de angustia (aparente anomalía a la realización de deseos) que responderían, finalmente, a la acción de ocultos deseos.

 Siguiendo la idea historicista de Thomas Kuhn de que las premisas del paradigma que guían la percepción e interpretación de los datos no pueden separarse del contexto histórico y social del observador, intentaremos examinar, brevemente, el contexto téorico dentro del cual Freud interpreta el sueño.

Freud sostenía una analogía (metáfora) entre el psiquismo y los circuitos eléctricos y sistemas hidrodinámicos , con una concepción de la energía tendiendo a degradarse, de acuerdo al segundo principio de la termodinámica. Postuló una "energía psíquica", circulante por los circuitos del psiquismo(D). Las pulsiones (trieb) serían la fuente energética interna, proveedora de estímulos endógenos, y la función del aparato consistiría en disminuirlos, o librarse de ellos, al estilo de un "escudo protector". Los deseos cumplen una importante función en esta metapsicología económico-pulsional, constituyéndose en un supuesto paradigmático central. Examinemos, ahora, más de cerca la premisa de la realización de deseo, de la cual el sueño de Juanito es una ejemplificación.

"Las producciones del inconsciente (sueño, síntoma y, por excelencia, el fantasma) constituyen realizaciones de deseo en las que este se expresa en una forma más o menos disfrazada" (16, p.366)(E). Existen pocas dudas acerca del lugar de premisa compartida y central que le cabe a la realización de deseo. Podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Porqué los deseos ocupan ese lugar exclusivo? Una afirmación de Freud en "La interpretación de los sueños" puede ser el punto de partida para algunas reflexiones. En ese texto Freud asevera que "...sólo un deseo y ninguna otra cosa, es capaz de poner en movimiento el aparato..." (17, p.588) (la negrita es mía). Esta opinión, generalizadora, debe ser leída dentro de la metapsicología económica de Freud, donde encuentra su sentido. De acuerdo a las premisas de esta metapsicología, el psiquismo se guiaría por el principio de placer, un principio energético que supone que la acumulación de excitaciones genera displacer, y su eliminación, placer. El "deseo" sería aquella corriente que se dirige desde el displacer hacia el placer, buscando la descarga de las excitaciones. Si la función del "aparato" es la extinción de los estímulos, resulta entonces lógico que sólo un deseo (que apunta a su descarga) pueda "ponerlo en movimiento"(F). En los términos utilizados ("aparato", "poner en movimiento", "descarga", etc.) se vislumbra el paradigma científico de la época, dominado por la física. Es por ello que a esta metapsicología freudiana corresponde denominarla "fisicalista"(G). La metapsicología "fisicalista" le atribuye al aparato psíquico la tarea de descarga de excitaciones, supuesto que atraviesa toda la obra de Freud (19) (20) (21) (22). Esta premisa no sólo contiene la influencia de Helmholtz, sino también la de Fechner, Meynert, Brück, y otros, y revela el interés de Freud por ubicar al psicoanálisis en el concierto científico de la época (23). El modelo del psiquismo como un aparato para lidiar con los estímulos, análogo a  los circuitos eléctricos o los sistemas hidrodinámicos, recibió las metáforas de la física de fines del siglo pasado, lo que se refleja en el vocabulario utilizado y en la visión de los síntomas y la clínica. El peso que tuvo la metapsicología económica puede apreciarse en la afirmación de Freud de que "la más importante" de las premisas para guiarnos en el mundo de los fenómenos psicológicos es que "...el sistema nervioso (y el psíquico) es un aparato cuya función consiste en librarse de los estímulos" (24). Si bien se acepta que en "Más allá del principio de placer" (25) Freud puso en tela de juicio el predominio del principio de placer, pues en la repetición de lo displacentero, resulta difícil suponer la presencia de un deseo reprimido, la realización de deseo se mantuvo firme a través de los textos freudianos. Este guión siguió imperando en la lectura de sueños, síntomas y formaciones del inconsciente, a pesar de la restricción metapsicológica de 1920 y del papel estructurante otorgado a la identificación en 1923, y de algunas notas donde le otorga al síntoma un origen identificatorio (26), y fue ratificado por Freud en "Esquema del psicoanálisis" (1938), su obra póstuma. La realización de deseo formó parte de un emergente paradigma que alteraría revolucionariamente la perspectiva tradicional sobre los sueños y síntomas. La introducción de la realización de deseo le otorgó otro sentido a los sueños (que dejarían de ser mirados como augurios del futuro o curiosas creaciones indescifrables), a los síntomas (que ya no serían vistos sólo con ánimo fenomenológico o clasificatorio), e incluso a los sucesos cotidianos(H). La realización de deseo dominó la clínica, y las conjeturas sobre un síntoma o sueño donde no interviniera un deseo no podían ser miradas sino como una muestra de ignorancia o ingenuidad, lo que es congruente con el efecto que producen los paradigmas, no existiendo razones para que esto no ocurra con la realización de deseo. La premisa de la realización de deseo "iluminó" sueños y síntomas motivados por deseos inconscientes, pero al mismo tiempo limitó la visión del observador (el analista) al señalar una frontera conceptual: sólo los deseos mueven los síntomas y sueños.

El contexto de la interpretación de Freud del sueño de Juanito incluye no sólo el paisaje metapsicológico freudiano y las ideas científicas de la época, sino el momento del desarrollo de sus teorizaciones. Hasta el año 1897, Freud había sostenido la teoría traumática de las neurosis, pero Freud abandonó esta teoría (si bien no totalmente) a favor del modelo pulsional.

La historia del cambio incluye un punto liminar, la carta 69 a su amigo Fliess, del 21 de setiembre de 1897. Hasta ese año, Freud había sostenido la teoría traumática de las neurosis, donde "trauma" significaba, primordialmente, una experiencia personal, un acontecimiento en  la historia del sujeto. El trauma tuvo en una primera etapa un carácter más general, pero entre 1895 y 1897 se lo consideró, específicamente, de tipo sexual. En lo que puede considerarse el cruce fronterizo entre un paradigma y otro, Freud redactó la carta 69, que contiene la famosa frase: "Ya no creo más en mi neurótica" (27). Freud había descubierto que los traumas sexuales que le relataban sus pacientes eran un invento de sus fantasías. Los pacientes "embellecían" con falsos recuerdos su propia sexualidad infantil, o sea la encubrían. Por eso Freud no podía creerle más a su neurótica, que contaba falsas historias de abuso sexual. Freud pasó teóricamente de los "traumas sexuales infantiles" al "infantilismo de la sexualidad", o sea al descubrimiento de la sexualidad edípica. Etiológicamente, las experiencias perdieron terreno frente a las pulsiones, lo que trajo consecuencias en la clínica (I).

En la carta 71 a Fliess, Freud realizó una de las primeras referencias al complejo de Edipo: "También en mí he hallado el enamoramiento de la madre y los celos hacia el padre, y ahora lo considero un suceso universal de la niñez temprana" (28, p.307). El carácter de universalidad que Freud le atribuyó a la conflictiva edípica nunca fue desmentido, y por el contrario recibió sucesivos refuerzos, lo que debe atribuirse al carácter pulsional del modelo.

El paso de la teoría traumática de las neurosis al modelo pulsional produjo un cambio de guión (J). Así como en la primitiva teoría de las neurosis el acento se colocaba en las experiencias, en el giro de la carta 69 este acento se desplazó hacia las pulsiones endógenas. El análisis del sueño, y del historial de Juanito, fue realizado desde esta última óptica. El historial coloca el énfasis en los deseos edípicos incestuosos del niño, en tanto la influencia materna y paterna (experiencias) quedaron parcialmente veladas por esa mirada pulsional.

El reanálisis de Juanito desde Bowlby

En 1973 muere Juanito, a los 70 años de edad, y el mismo año John Bowlby publica "La separación afectiva" (31), el segundo tomo de una trilogía, donde efectúa una relectura del historial y del sueño de Juanito. Bowlby es reconocido por la formulación de una "teoría del apego" (attachment theory). En sus conceptos, "apego" significa una disposición a mantener proximidad y contacto (lazo de afecto) con una figura de carácter protector, denominada "figura de apego". Esta disposición, presente en todos los individuos, con variaciones de acuerdo a la edad, es producto de la selección natural darwiniana. En la medida que el apego contribuyó a la supervivencia de la especie (protección contra el hambre, el frío, los depredadores, etc.) fue seleccionada naturalmente. La disposición al apego no es equivalente a un instinto, sino a una preprogramación, una "tendencia a", que requiere del ambiente y de las experiencias para organizarse. El apego estaría parcialmente preprogramado, lo que lo aleja del instintivismo (todo está preprogramado) tanto como del aprendizaje totalista (todo es aprendido). La inclinación al apego es una predisposición compartida con otros mamíferos, y los evolucionistas actuales consideran que sin esta conducta de apego el ser humano no habría podido evolucionar del modo en que lo ha hecho (32-34).

El contexto científico de John Bowlby estuvo determinado más por la biología que por la física. Las ideas evolucionistas impregnan su pensamiento, y el autor adhiere a la hipótesis darwiniana de las presiones selectivas, de las cuales la predisposición al apego es una muestra (K). Sus relaciones con Julian Huxley, Robert Hinde y, especialmente, con Konrad Lorenz, lo acercaron a la etología, donde intentó reunir comprobaciones de los lazos que unen a una madre con sus crías, verificando la existencia del vínculo de apego en los animales superiores. Postularía que entre las motivaciones que unen a un hijo con su madre se encuentran no sólo el sexo y la nutrición, estudiados por Freud, sino también  el apego (L). Dada la índole protectora del apego, adquiere importancia en su teoría la angustia de separación, o sea el temor a la pérdida o alejamiento de una figura de apego. Bowlby pudo comprobar, en el triste laboratorio natural de la Inglaterra de post-guerra, los efectos nocivos de la separación de los hijos de sus padres.

Así como en la época de Freud predominó la noción de "energía", el clima de mediados de este siglo y de las décadas siguientes estuvo dominado por la idea de "información". Bowlby incorporaría al psicoanálisis las ideas de procesamiento inconsciente de información, y las aplicaría a las relaciones entre el niño y sus figuras de apego. Redefiniría la función del psiquismo como el procesamiento de información para el sostenimiento de un lazo de apego (paradigma de supervivencia) y no lo consideraría un instrumento para el control y descarga de estímulos (paradigma económico). Bowlby presenta su teoría como una alternativa a la metapsicología tradicional del psicoanálisis (Bowlby, 1988).

Bowlby consideró desafortunado el giro iniciado por Freud en la carta 69 a Fliess, debido a que desvalorizó las experiencias infantiles en el origen de las neurosis y psicosis, deslizando la etiología hacia el determinante endógeno pulsional. No debe ser ajena a esta postura el hecho de que Bowlby haya sido terapeuta familiar. La observación de las relaciones familiares le aportó el convencimiento de la poderosa influencia de las experiencias vividas por el niño. Bowlby propicia un retorno, con variantes, a la primitiva teoría de las neurosis de Freud, la teoría traumática, que tanta importancia le otorgaba a las experiencias en la génesis de los síntomas. En su conceptualización, las experiencias serían redefinidas en términos informacionales. Así como para Freud el trauma era un suceso (o sumatoria de sucesos) que provocaban un aumento de excitación que el psiquismo no podía procesar -modelo económico-, para Bowlby un suceso se definiría como una serie de informaciones que arriban al psiquismo. Las experiencias informacionales ingresan por dos vías: a) la vía episódica (lo "visto" u "oído" por un niño) y b) la vía semántica (lo que "le es dicho" por los padres a través del lenguaje). Con las informaciones arribadas al psiquismo se construirán los "modelos representacionales" -sistemas de creencias- tanto del sí mismo como de las figuras de apego (Bowlby, 1988).

No es de extrañar, entonces, que en su reexamen del historial de Juanito Bowlby utilizara un guión diferente al de Freud, y llegara a distintas conclusiones. Bowlby examina el historial, y su afirmación central es que "... antes de que surgiera en él (Juanito) el temor a los caballos, surgió en el pequeño el miedo de que su madre pudiera marcharse y abandonarlo" (35, p.310). Bowlby atribuye ese temor a las amenazas de abandono, explícitas o implícitas, efectuadas por la madre del niño. Encuentra en el texto del historial repetidas comprobaciones de estados angustiosos de Juanito vinculados con temores a la separación(M). En uno de esos ejemplos, Juanito, que había ido a la cama del padre, le dice: "Cuando no estás tengo miedo de que no vuelvas". El padre le pregunta al respecto, diciéndole si alguna vez él lo había amenazado y la respuesta del niño fue: "Tú no, pero mamita sí. Mamita me dijo que no volvería" (N) (36, p.38). El sueño que Juanito le contó a su madre ("Cuando dormía he pensado que tú estabas lejos y yo no tengo ninguna mami para hacer cumplidos") representa para Bowlby una expresión de los temores de Juanito de que su madre cumpla sus amenazas de abandono, dejándolo solo (37, p.311). Temores que serían el producto de un modelo representacional de su madre como "potencialmente abandonante" (38), construido con las amenazas verbales maternas (vía semántica) y con otras experiencias, como el distanciamiento de la madre por el nacimiento de su hermanita Hanna (vía episódica).

Bowlby no interpreta el sueño como una realización de deseos reprimidos, sino como expresión del miedo inconsciente del niño a ser abandonado. Es un temor, y no un deseo, lo que mueve la producción onírica.  Sería un temor, y no un deseo sexual, lo que impulsaría a Juanito al contacto con su madre (O). La deducción de Bowlby resulta coherente con su edificio conceptual; detrás de esa interpretación se encuentran las nociones de apego, ansiedad de separación, influencia de las experiencias familiares, modelos de representacionales, etc. La lectura del sueño es la expresión clínica de un paradigma alternativo(P).

Intentaremos colocar, en un esquema comparativo, las interpretaciones del sueño de Juanito efectuadas por Freud y por Bowlby, y los paradigmas que las sustentan.
 

Freud
Sueño de angustia
Sueño como realización de deseos (sexuales)
Edipo
Angustia de castración
Factor predominante endógeno (pulsiones)
Paradigma económico-pulsional 
Bowlby
Sueño de angustia
Sueño como temor a que se concrete un abandono
Apego
Angustia de separación
Factor predominante exógeno (amenazas maternas)
Paradigma de supervivencia

Como es obvio, los esquemas son reduccionistas, sirven a la discriminación conceptual (una anatomía de los paradigmas) pero no cubren  la complejidad de ciertas teorías. Así, Freud también incluye en sus teorizaciones el desamparo (hilflosigkeit) y la "angustia señal" ante la ausencia del objeto; y Bowlby, por su parte, también toma en cuenta la realización de deseo. Por ello el esquema anterior debe ser tomado sólo como una guía para la delimitación de los paradigmas de ambos autores, que muestra la influencia del observador sobre lo observado, pero alejado de todo espíritu simplificador.

Existe un punto teórico de encuentro entre los paradigmas de ambos autores y es en la Addenda a "Inhibición, síntoma y angustia" (39). Freud se encontraba revisando sus puntos de vista sobre la angustia y las relaciones madre-hijo, revisiones que a su juicio "... desbaratan muchos conceptos establecidos ..." como le escribió a Oscar Pfister en enero de ese año (40, p.44). Freud sostuvo en "Inhibición, síntoma y angustia" que la angustia del niño provenía del peligro de la pérdida de objeto. (41, p.158), reelaborando la teoría de la angustia, al considerarla una señal de peligro. En su primera teoría la angustia surgía de la tensión libidinal no controlada, en tanto aquí se  la vincula con el estado de desvalimiento psíquico y biológico del infante (hilflosigkeit) y se le otorga una función relacional. La angustia señal estaría al servicio del sostenimiento del vínculo, al dar un aviso de alarma ante el peligro de pérdida. Si bien es cierto que en esa obra Freud mantiene el esquema de base de los principios económicos (la situación de peligro para el bebé son las magnitudes de excitación que él no podría dominar, peligro que luego se desplaza hacia la pérdida de objeto), el desencadenamiento de la señal no queda subordinada necesariamente a factores económicos ya que puede funcionar como "símbolo mnémico", anticipatorio de una situación que se teme y que se trata de evitar.

John Bowlby encuentra afinidades con el Freud de "Inhibición, síntoma y angustia", por el valor que en ese texto le otorga a la ansiedad de separación, lo que armoniza con la importancia que ésta posee en sus teorías sobre el apego. La ansiedad de separación sería para Bowlby una disposición básica (no secundaria) adquirida en el curso de la evolución y compartida con otras especies, y sirve a los fines de sostener un lazo protector. La disposición hacia esa ansiedad torna entendible el poderoso efecto de ciertas experiencias de la infancia, que la desencadenan: separaciones, abandonos, rechazos, y (como fue señalado en el reexamen del historial de Juanito) las amenazas parentales.

El Freud que en 1926 revisaba sus teorías presenta mayores coincidencias con la visión de Bowlby de los síntomas y sueños de Juanito que aquel que redactó el historial en 1909.
 

Notas del autor

(A) Paul Ricoeur, que sostiene la posición hermenéutica, afirma que el psicoanálisis es un método de interpretación; el psicoanalista trabajaría con "relatos" y no con "hechos". Su objeto propio serían los "efectos de sentido" de síntomas, sueños, delirios, etc. (10). La postura hermenéutica no le quita al analista su carácter de usuario de paradigmas, como se desprende de la perspectiva de Kuhn. El "efecto de sentido" de los sueños o síntomas sólo puede originarse en las premisas del que escucha (su guión) sin las cuales esos símbolos sólo tendrían un carácter confuso o ininteligible, como puede experimentar un observador no entrenado ante los jeroglíficos egipcios.

(B) Los analistas se comportan del mismo modo. De la totalidad del material de sus pacientes (palabras, tonos, conductas) seleccionan lo que sus premisas teóricas le indican. Los datos también cambian cuando cambian los paradigmas del analista.

(C) Psicoanalistas como Heinz Kohut, cercanos a esta posición epistemológica, se inclinan por un nuevo modo de objetividad científica "...que incluye a su vez a la subjetividad", o sea al observador y su perspectiva (12).

(D) Para profundizar el complejo tema de la "energía psíquica" puede consultarse a Gioia, T. (1996): Psicoanálisis y etología. Typos. Buenos Aires.

(E) Los paradigmas de una disciplina se encuentran en sus libros de texto, manuales y obras principales. Estos son los depositarios de las ideas que en un momento histórico comparten los miembros de una comunidad científica. Las consideraciones sobre el tema que examinamos se restringen a la teorización de Freud acerca de la realización de deseo.

(F) En 1924 en El problema económico del masoquismo, Freud revisaría el papel del principio de placer, no identificándolo con la disminución de los estímulos. El principio de placer se relacionaría con la pulsión de vida, y el principio de Nirvana sería el encargado de la extinción de los estímulos (pulsión de muerte).

(G) Según G. Klimovsky, Freud proviene de la escuela de "médicos fisicalistas", vinculados a H. Helmholtz, quienes se habían juramentado para explicar todo fenómeno de la conducta humana en términos físico-químicos (reduccionismo). Klimovsky sostiene: "...es convicción de quien esto escribe, en consonancia con otros autores, que (Freud) nunca abandonó esta creencia" (18, p.279).

(H) Los sueños de angustia, que parecían contrariar el principio de la realización de deseo (supuestas anomalías) fueron examinados por Freud, quien concluyó que en ellos también imperaban los deseos. Lo que aparecía como angustia en una parte del sueño, correspondía en otro lugar a la acción de un deseo. Así, un angustioso sueño de muerte de un familiar podría encubrir un oculto deseo del soñante (los sueños de angustia pasaron entonces a ser "pseudoanomalías").

(I) Los puntos de vista de Freud son complejos (al margen de algunas esquemáticas formulaciones) y en diferentes textos retorna, aunque en forma parcial, al factor traumático, al "núcleo de realidad" de los síntomas.

(J) Con el nuevo guión incorporado, generaciones de analistas "No le creyeron más a sus neuróticos", y se inclinaron por escuchar las historias de seducción o abuso sexual como falsas construcciones, o encubrimiento de deseos. El guión adquirió un fuerte tono normativo dentro de la comunidad psicoanalítica. En las últimas décadas, los numerosos casos comprobados de incesto y abuso sexual infantil (donde intervienen miembros de la familia) aparecen como importantes anomalías a ese paradigma (29) (30). Considerando que es usual que al abusado “no le crean” su historia, se plantea a los analistas un serio interrogante: ¿Cómo escuchar esos relatos?

(K) Si bien Freud fue evolucionista, y estuvo influido por las ideas de Charles Darwin, se inclinó por la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos, de Jean Baptiste de Lamarck, y, como ya fue dicho, en la modelización del aparato psíquico el peso determinante lo aportó la física.

(L) El apego puede organizarse en tres modalidades o pautas: apego seguro, apego ansioso y apego elusivo o desapego. El apego seguro se ve favorecido por padres con actitudes de accesibilidad y sensibilidad frente a las señales del hijo, cuando éste se encuentra triste o angustiado. El apego ansioso sería producto de conductas contradictorias de los padres -aceptaciones y rechazos- y se manifiesta por temores a la pérdida de la figura de apego y propensión al aferramiento. El desapego (detachment) sería el resultado de rechazos constantes al hijo, y se caracteriza por el deseo de vivir sin el amor o apoyo de otras personas. Algunos casos extremos de desapego corresponden a lo que se conoce como cuadros narcisistas o de falso -self (Winnicott) (Bowlby, 1988).

(M) Juanito coincide con la modalidad del apego ansioso, que presenta temores a la pérdida de la figura de apego (ansiedad de separación) y conductas de aferramiento.

(N) Freud había advertido en el historial las reiteradas amenazas maternas, pero el peso de la interpretación recayó sobre las pulsiones del niño.

(O) Sería posible expresarlo diciendo que un miedo (al abandono) ha estimulado un deseo (de apego).

(P) Este guión alternativo no excluye la realización de deseo en los sueños. Abundantes ejemplos de sueños como expresión de deseos se encuentran en el tomo dedicado por el autor a las pérdidas afectivas. Bowlby, J. (1980): La pérdida afectiva. Paidós. Buenos Aires.
 

Referencias

1. Kuhn, T. (1962): La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica. México.
2. Klimovsky, G. (1994): Las desventuras del conocimiento científico. A-Z Ediciones. Buenos Aires.
3. Klimovsky, G.: Ibid 2.
4. Kuhn, T. (1977): La tensión esencial. Fondo de Cultura Económica. México.
5. Fairbairn, R. (1952): Estudio psicoanalítico de la personalidad. Hormé. Buenos Aires.
6. Winnicott, D. (1965): Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Paidós. Buenos Aires.
7. Balint, M. (1979): La falta básica. Paidós. Barcelona.
8. Kohut, H. (1982): "Introspection, empathy and the semi-circle of mental health". International Journal of Psychoanalysis. T. 63.
9. Bowlby, J. (1988): Una base segura. Paidós. Buenos Aires.
10. Ricoeur, P. (1965): Freud: una interpretación de la cultura. Siglo XXI. México.
11. Kuhn, T.: Ibid 1.
12. Kohut, H.: Ibid 8.
13. Freud, S. (1909): "Análisis de la fobia de un niño de cinco años". Obras Completas. Tomo 10. Amorrortu. Buenos Aires.
14. Freud, S: Ibid 13.
15. Freud, S: Ibid 13.
16. Laplanche, J.B. y Pontalis, J.B. (1968): Diccionario de Psicoanálisis. Labor. Barcelona.
17. Freud, S. (1900): "La interpretación de los sueños". Obras Completas. Tomo 5. Amorrortu. Buenos Aires.
18. Klimovsky, G.: Ibid 2.
19. Freud, S. (1894): "Las neuropsicosis de defensa". Obras completas. Tomo 3. Amorrortu. Buenos Aires.
20. Freud, S. (1895) [1950]: "Proyecto de psicología". Obras Completas. Tomo 1. Amorrortu. Buenos Aires.
21. Freud, S. (1915): "Pulsiones y destinos de pulsión". Obras Completas. Tomo 14. Amorrortu. Buenos Aires.
22. Freud, S. (1920): "Más allá del principio de placer". Obras Completas. Tomo 18. Amorrortu. Buenos Aires.
23. Jones, E.: Vida y obra de S. Freud. Tomo III. Hormé. Buenos Aires. 1960.
24. Freud, S.: Ibid 21.
25. Freud, S.: Ibid 22.
26. Freud, S. (1923): "El yo y el ello". Obras Completas. Tomo 19. Amorrortu. Buenos Aires.
27. Freud, S. (1892-99) [1950]: "Fragmentos de la correspondencia con Fliess". Obras Completas. Tomo 1. Amorrortu. Buenos Aires.
28. Freud, S.: Ibid 27.
29. Bowlby, J. (1985): "El papel de la experiencia de la infancia en el trastorno cognitivo". En Cognición y psicoterapia. Paidós. Buenos Aires.
30. Hooper, C. (1992): Madres sobrevivientes al abuso sexual de sus niños. Nueva Visión. Buenos Aires.
31. Bowlby, J. (1973): La separación afectiva. Paidós. Buenos Aires.
32. Leaky, R. (1992): Nuestros orígenes. Crítica. Barcelona.
33. Sagan, C. (1992): Sombras de antepasados olvidados. Planeta. Buenos Aires.
34. Bowlby, J.: Ibid 31.
35. Bowlby, J.: Ibid 31.
36. Freud, S.: Ibid 13.
37. Bowlby, J.: Ibid 31.
38. Marrone, M. (1993): "Los modelos representacionales". En Teoría del apego y relaciones afectivas. Servicio Editorial del País Vasco. Bilbao.
39. Freud, S. (1926): "Inhibición, síntoma y angustia". Obras Completas. Tomo 20. Amorrortu. Buenos Aires.
40. Bowlby, J.: Ibid 31.
41. Freud, S.: Ibid 39.

En el presente trabajo se transcriben partes del libro del autor "El psicoanalista neutral, ¿Un mito? Psicoanálisis y paradigmas" (1999). Homo Sapiens Ediciones. Rosario. Argentina.

 

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