A propósito del concepto de "enactment"

Publicado en la revista nº004

Autor: Moreno, Enrique

 Acerca de la traducción del término enactment: la necesidad de encontrar un buen término en castellano para enactment es clara, pero no parece tener una buena traducción. “Llevar a la acción”,  “puesta en acto” (expresión introducida por Laplanche y Pontalis en 1967 en su “Diccionario de psicoanálisis”), “actuación” (no patológica), podrían ser las más adecuadas, pero no dan cuenta del concepto satisfactoriamente, sobre todo considerando que los autores en inglés lo usan como sustantivo (se produjo un enactment en la sesión), o como verbo (el paciente y el analista enacted).


Es posible que si aumenta la frecuencia de la aparición del concepto en nuestras publicaciones, la fuerza de su uso llevará a la convención de elegir una palabra en nuestro idioma. Aunque también puede ocurrir que quede para siempre el término en inglés, como tantos otros (acting out, self, insight).

Para esta reseña y comentario se usará el término original en inglés.


Respecto de su definición conceptual, como se verá en la discusión que sigue, el concepto, sin duda novedoso y sugerente para el trabajo clínico, resulta tal vez demasiado abarcativo y de límites algo imprecisos.


Desde que la idea aparece, tal vez consignada por primera vez, en el trabajo de Joseph Sandler, de 1976 “Contratransferencia y repuesta de rol” (Intern. Rev. Psychoanalysis 3 :43-47), para caracterizar cómo el paciente “arrastra” al analista a conductas que le permiten al primero actualizar una cierta relación de objeto, se empieza a considerar al enactment como un hecho inevitable en el trabajo clínico. La idea propuesta por Sandler era que si el analista respondía espontáneamente, su  repuesta al rol propuesto por el paciente era lo que permitía ver y comprender aquello que éste desplegaba como forma de vínculo en la situación analítica. De no procederse así, siempre quedarían elementos de importancia sin aclarar. Sandler proponía: respondamos al rol que el paciente induce y luego veamos de qué se trata todo esto. Por supuesto, manteniendo lo más posible la neutralidad analítica.


Cuando el paciente propone un rol y el analista no lo actúa, entonces corta un proceso de forma prematura, que no se desarrolla, y esto en cierto modo, también es una actuación del analista, de represión, de restricción, de prohibición. En realidad, haga lo que haga el analista, siempre actúa, y esta actuación está apoyada –como no- en sus propias relaciones de objeto internas, dice Sandler, y esto no puede no ser de este modo.


El concepto de enactment, viene entonces a cuestionar con fuerza la idea de un analista interpretador de una realidad que está por fuera de él, en el paciente. En todo caso es alguien que participa, actúa, y luego intenta explicar algo de lo que ha ocurrido entre los dos.


Esto que ocurre durante la sesión, puede ser de índole muy variada, pero con la característica general de que algo que se dice o se hace, y algo que se responde, ambos de forma espontánea y fuera de lo pensado, irrumpen en el marco del diálogo analítico sorprendiendo y cambiando el estilo habitual; puede ser breve o más largo, y después, al recuperarse el intercambio de siempre, debe ser comprendido como una puesta en acto de una escena cuyo argumento no ha estado en la conciencia antes de la acción, y que incumbe directamente al mundo interno del paciente, que inconscientemente ha propuesto ese encuentro y ha arrastrado al analista a jugar ese rol, en el que también está implicado, en mayor o menor medida, su propio mundo interno.


Como se verá más adelante, esto sucede en toda situación psicoterápica, y con las infinitas variedades que puedan generar el encuentro entre dos mundos internos. Como ejemplo, he seleccionado un pequeño episodio ocurrido durante un tratamiento, al que yo veo como un enactment, aunque admitiendo que puede ser considerado desde otros puntos de vista.


Se trata de una paciente en la treintena, que ha consultado no por iniciativa propia sino de un familiar psicólogo que la envía por lo que pudiera llamarse una subdepresión de años: tristeza crónica, falta de iniciativas, desgana, algo de aislamiento y desvitalización.


Lleva unos tres meses de tratamiento, del que no se puede decir que haya sido de gran producción. Sólo se han podido relacionar sus sentimientos con una ruptura sentimental de hace años y,  sobre todo, con la muerte de su madre hace 10 años, y pensar en su cuadro como  un duelo crónico por esta pérdida, aunque sin descubrir elementos inconscientes ocultos en el vínculo con ella de especial significación. Sus recuerdos al respecto no son muchos ni ricos en colorido o intensidad y cada vez que aparecen llora largamente en silencio.


Desde el principio,  mi contratransferencia es fuerte en un impulso, hacia ayudarla, animándola o empujándola a vivir, a no perder oportunidades, con sentimientos de tipo paternalistas.


Una sesión,en la que la paciente está hablando, como otras veces, de la muerte de su madre en forma apagada y triste, dice, de golpe y con cierta desesperación y tono alto: "¡Pero si yo conozco gente a la que se le ha muerto un padre o una madre y lo han superado!...¿por qué fulano me manda aquí y usted encuentra que tengo que tratarme de esto?, ¿cómo seré yo de torpe que necesito ayuda para lo que otros superan solos?, ¿soy tan torpe y poco lista que necesito esto?".


Yo contesto, casi interrumpiéndola, con mezcla de impaciencia y de un modo que tiene algo de exhortación: "Si yo pensara que usted es torpe o poco capacitada le hubiera indicado alguna medicación antidepresiva y nada más. Si le he propuesto hacer una psicoterapia es porque he pensado que usted tiene condiciones para hacerlo y que merece la pena, porque podría  encontrar en esto algo que la ayudara con su tristeza y con más cosas de su vida".


Después de esto, ya no dije casi nada más, y me quedé con una sensación de algo de malestar o inquietud, tal vez por lo precipitado de lo que había dicho, o por lo que tenía de apoyo impensado, o incluso de algo de seducción de mi parte a la paciente hacia la terapia, estilo en el que no me reconocía.


En la sesión siguiente, tras el fin de semana, esto que había ocurrido cobró una significación más compleja de lo que parecía, y muy interesante para el tratamiento. La paciente comenzó la sesión  con más animación que de costumbre, diciendo lo siguiente "Lo que usted me dijo el jueves, de que yo valía para esto de la psicoterapia, me dejó asombrada, porque me parecía que lo hacía fatal, y cuando me fui, esa misma tarde me di cuenta  de que hacía mucho tiempo que no escuchaba algo así, desde que murió mi madre. Ella fue la única  persona que veía algo bueno en mí y que creía que yo era capaz de hacer cosas. Cuando acabé el COU, no tenía claro si seguir estudiando o no, ni todo el resto de mi familia tampoco, y fue ella la que me dijo que lo hiciera. Me metí en una carrera de tres años, fácil de llevar, y al cabo de seis meses viéndome estudiar poco, me dijo 'apúntate a algo mejor', y sin dejar eso, hice una filología. He recordado muchas cosas  y momentos de mi vida donde ella ha hecho ese papel conmigo. Incluso  cuando empecé a salir con algúnos chicos, con quienes yo era muy cortada, o con alguna ropa que no me animaba a llevar, un verano me hizo sacarme el carnet de conducir...".


Este pequeño episodio y los recuerdos que suscitó abrieron  la visión del intercambio clínico entre los dos, sobre todo respecto del vínculo con su madre y la transferencia, pues dejó ver muy nítidamente la escena del pasado que habíamos representado. La paciente revivió en la relación un tipo especial de vínculo y me llevó a actuar parte de él en ese rol de personaje que estimula y vitaliza sugiriendo propuestas.

Es posible que si yo hubiera contenido mi intervención espontánea, y hubiera analizado a fondo mi contratransferencia, podría haberle interpretado que ella buscaba en mí una madre estimuladora, pero creo que la actuación de la escena tuvo mayor eficacia técnica que cualquier interpretación, por más de una razón: despertó con intensidad el recuerdo y, tal vez, porque inscribió la experiencia de que ese personaje, con cuyo encuentro se  movilizaba su vitalidad no estaba perdido para siempre, podría reaparecer bajo diversas formas en el mundo real.


Este pequeño ejemplo que, a mi modo de ver, entra dentro del concepto de enactment, tendrá sin duda otras formas de verlo: podría ser considerado también como la repetición en transferencia de una antigua relación de objeto. Pero yo querría señalar que primero fue la acción, espontánea y recíproca, y luego los recuerdos que despertó en la paciente, y sólo después de todo esto vino la reflexión y la interpretación.


A partir de su aparición, este concepto de enactment, junto con otras ideas en las que se enfatiza lo intersubjetivo, han ido teniendo importancia creciente en las publicaciones psicoanalíticas, y dentro de ciertas corrientes muy sensibilizadas con estas concepciones, ha habido un gran crecimiento a expensas de los modelos clásicos, a veces incurriendo en  hipertrofias del propio campo conceptual debidas, probablemente, al entusiasmo ante el paradigma nuevo.


El panel y la publicación sobre él que se reseña a continuación tienen como intención la de aclarar más este campo conceptual.

 


RESEÑA DEL JOURNAL OF CLINICAL PSYCHOANALYSIS Vol. 8 Nº  1, Winter 1999

 


“El concepto de enactment. ¿Progreso o moda actual?”, es el título elegido para este panel que publica la revista.


Al comienzo, en una nota de introducción que firman los editores de la revista, se nos advierte lo siguiente :  si bien todas las disciplinas humanas están expuestas a modas y caprichos más o menos pasajeros, el psicoanálisis, por su especial ubicación en un reino intermedio entre las ciencias y las artes, está doblemente afectado: por un lado por sus propias producciones de modas,y, por el otro, por todas las novedades que surjan en cualquier campo intelectual de su entorno.


Este problema, dicen,  viene golpeando desde hace mucho tiempo el campo del saber psicoanalítico, y ha sido denunciado por diversos autores, de entre los que destacan a Edward Glover, cuyas advertencias en este aspecto se reiteran desde hace más de treinta años.

El dilema es siempre el mismo : ¿ cómo poder sustraerse a la atracción de esa especie de sugestión grupal y poder continuar con el avance  de la investigación genuina que, sin duda, se viene produciendo en todos los frentes, jerarquizando lo que es  de valor verdadero?


Esta pregunta alcanza especial importancia en los tiempos de hoy, con el advenimiento de la ola de “intersubjetividad” que invade al análisis  y por supuesto, a este tema del enactment  que nos ocupa.


La finalidad que se propone esta revista es la de extraer y destilar el valor intrínseco de los conceptos más modernos que asoman al campo psicoanalítico dentro de una perspectiva lo más balanceada y ecuánime posible.Para este propósito dispone de un conjunto de psicoanalistas, agrupados bajo el nombre de Instituto para la Formación y la Investigación del Psicoanálisis (IPTAR) que organiza una especie de panel monográfico en torno al tema en cuestión, en este caso al tan controvertido últimamente (y poco aclarado) del enactment.


La metodología de trabajo de este grupo es original e interesante por lo poco habitual: una vez encontrados los participantes, no hay trabajos presentados, sino que cuatro psicoanalistas conocedores del tema (en este caso son Judith Chused, Arnold Rothstein, Steven Ellman y  Owen Renik) preparan respuestas cortas para cuatro preguntas, también cortas, que han sido confeccionadas con anterioridad acerca de los conceptos más importantes que conciernen al enactment.: definición, efectos en el tratamiento, peligros posibles e historia.

Después de la respuesta de cada panelista, el público participa en un período de discusión de 10 minutos. La revista publica todo esto, y añade al trabajo en el panel dos comentarios escritos de Theodore Jacobs y  de Leo Rangel, y dos comunicaciones clínicas de Patrick Mahoney y Jane Buckwalter, todas sobre el tema del enactment.


Este formato pretende así cubrir lo más posible las diferentes aproximaciones al concepto, los desarrollos mayores y los conflictos que hay dentro del nuevo paradigma. Una especie de estado de la cuestión hoy.


Así planteadas, las intenciones de la publicación resultan muy prometedoras, y tal vez los resultados finales no estén a la altura productiva que las expectativas generaron, aunque hay que admitir que el tema es trabajado en intensidad y en extensión.


A modo de sinopsis adelantada se puede decir que los cuatro panelistas se encuentran muy favorablemente dispuestos a considerar el concepto de enactment como un desarrollo interesante y progresista, mientras que los tres comentarios al panel se mostraban  más cuidadosos o inclinados a la crítica de algunos aspectos del concepto.


Cada uno de los panelistas ve el enactment como un fenómeno por completo inevitable, ninguno de ellos habló peyorativamente de él, y todos lo consideraron como una consecuencia de la intersubjetividad, que es un componente esencial del trabajo en psicoanálisis.


1ª Pregunta  : Definiciones


Defina  enactment. En su definición señale la diferencia con acting out, acting in, y acción contratransferencial.


En las repuestas se hace notorio el contraste entre la frecuencia con que aparece el concepto en múltiples trabajos de los últimos quince años , y las diferencias conceptuales que muchos analistas tienen acerca del término. Las variaciones son de rango tan amplio, que se hace difícil encontrar unos pocos elementos comunes para su definición. Tal vez el único posible sea el de una acción que ocurre  en la situación analítica y que puede estar a cargo de ambos o de uno u otro de los dos participantes.


No obstante, la mayor parte de las opiniones – teniendo en cuenta la ola de intersubjetividad que sacude el psicoanálisis – se inclinan por definirlo como un fenómeno de tipo acting recíproco.


Desde el punto de vista de su definición, la evolución del paradigma habría sido así: en el pasado el enactment era pensado en términos de una sola persona que ponía en acción eventos o experiencias de su pasado que no podían ser recordados en forma consciente. Memoria en acción. Visto así, el término era usado casi como sinónimo de repetición.


Hoy, el concepto está más ligado a lo intersubjetivo, y la definición se amplía. Por ejemplo, para  Chused, ocurre un enactment cuando el intento del paciente de hacer real una fantasía sobre el analista estimula algún tipo de elemento reprimido de éste que lo lleva a responder inadvertidamente en  función de esa percepción del paciente. Sería una interacción simbólica entre los dos, pero hay que tener en cuenta que no hay ningún vínculo mágico de comunicación entre dos inconscientes ya que la razón por la que el analista participa en el enactment puede no tener nada que ver con la fantasía que ha motivado el comportamiento del paciente.


En cuanto a sus diferencias con los conceptos de acting out  acting in son muchas. Rothstein dice que estos estos conceptos tienen mucha menos utilidad que la que tenían en el pasado, porque reflejan un modo de pensar pasado de moda en el que el modelo de la mente que se tenía era el topográfico y, por consiguiente, se  sobrevaloraba la  comunicación verbal.


2ª Pregunta. Efectos terapéuticos

 ¿Es el enactment algo crucial para la eficacia del análisis? ¿En qué modifica sus ideas sobre el tratamiento? Las nuevas ideas que trae,  ¿necesitan una nueva teoría de la acción terapéutica?


Renik responde : el enactment es inevitable, es una presencia continua en la clínica, y como no hay ninguna elección a este hecho preguntarse si importa o no  para el proceso analítico es irrelevante,ya que su relación con él, al ser permanente, cubre todas las alternativas posibles.

Algunos enactment contribuyen mucho al éxito del tratamiento, otros interfieren su marcha, y algunos ocurren  pero no afectan al análisis.


Un concepto muy repetido en las repuestas es el de que es de gran importancia cambiar la idea de la teoría analítica clásica que consideraba que una  buena técnica es impersonal y que cualquier enactment contratransferencial del analista es  mala técnica y debe ser evitado. El enactment está siempre y no distingue  una técnica buena de una mala, puede ser una u otra.


Chused : Es un fenómeno imposible de eludir en el análisis si el analista está  comprometido afectivamente con él. Y si este compromiso no está presente, no hay verdadero análisis. El enactment está presente en todo intercambio humano. En el tratamiento tienen una importancia que es muy variable, según el tipo de que se trate, hay intercambios clínicos durante el proceso que son de gran beneficio para el paciente, y en los que, sin embargo, la contribución del enactment es insignificante o no existe. Por ejemplo, la escucha empática tiene alto efecto terapéutico y no es  para nada un fenómeno como el que nos ocupa hoy.

Un enactment es de valor en un análisis cuando se llega a su comprensión, pero esta comprensión sólo aparece cuando el paciente o el analista y se preguntan (uno u otro) acerca de lo que cada uno ha hecho.

¿Cuándo un analista se da cuenta de que está teniendo lugar un enactment?. Solo si tiene un estándar de comportamiento técnico y ve que ha sido transgredido. Es un elemento que irrumpe en el trabajo y sorprende.

Por supuesto, no es la única fuente de información sobre el paciente, (o sobre nosotros), como no el es único tipo de vínculo con él, ni el único vehículo para el cambio. Tal vez tenga una mayor importancia en el tratamiento de niños y adolescentes, con mayor presencia de comunicación no verbal, que en el de adultos, donde comparte jerarquía con los sueños, los recuerdos, las asociaciones, etc.


Para Ellman, el enactment suele ocurrir cuando, por cualquier razón, hay un período del tratamiento en el que empieza a resentirse la verdad analítica, o cuando la transferencia deviene demasiado intensa como para que la pareja analítica la pueda contener dentro del campo de los términos simbólicos, y comienza a hacerse demasiado real.


Rothstein denuncia el hecho de que si bien la acción es parte de toda comunicación humana, los analistas favorecen y aprecian en sus tratamientos las formas de comunicación verbal, prefiriendo pacientes de estas características, que son más parecidos a sus analistas, y aquellos más dados a las formas de comunicación de acción les resultan más desagradables porque suelen ser con frecuencia  desafiantes, obstinados o simplemente perturbadores para el analista.


3ª Pregunta. Peligros.

¿Ve ud. al enactment como potencial peligro para la marcha del tratamiento? ¿Bajo que circunstancias?¿Ve algún peligro en asumir que es útil para el análisis?


Responde Chused: el peligro viene por lo que pueda llegar a ocurrir si no es reconocido o tolerado por uno u otro. Hay que recordar siempre que la comprensión de un enactment por parte del paciente está determinada por su propia realidad psíquica, por cómo percibe el comportamiento de su analista y no por  el entendimiento que éste tenga del enactment producido, ni por la forma en que lo explique, de modo que aunque el terapeuta interprete las determinantes del hecho producido, el riesgo está en que el paciente pueda no tolerarlo, y hasta  dejar el tratamiento a causa de él..

El enactment difiere de las otras producciones del proceso clínico en que incluye como ninguna la contribución del inconsciente del analista, y esto lo hace más difícil.


Rothstein responde toda la pregunta con una sola frase, que probablemente sea la síntesis  de todas las repuestas de este punto:  “El enactment es tanto más potencialmente peligroso cuanto más pobremente comprendido”.


4ª Pregunta. Historia

Si muchos analistas coinciden en que es un elemento de gran frecuencia e importancia en la situación analítica, ¿porqué se tardó tanto en reconocer esto?. ¿ Por qué desde el trabajo de Sandler de 1976, sobre   “ Repuesta de rol “,  que sin duda abrió el tema, el enactment ha estado ausente o poco desarrollado? ¿ Piensa ud.. que el concepto ha estado pensado y desarrollado bajos otros nombres o se le ha dado poca importancia?


Respuesta de Ellman : Considerando la bibliografía desde 1980,  creo que está llena de lo que  llamaría enactments inducidos en el analista, y es sorprendente que no haya mucha más mención a esto,( o por lo menos a acciones de la contratransferencia del analista). Esta ausencia tiene origen, en mi opinión, en una mitología del psicoanálisis, que consiste en la idea de que si el analista tiene reacciones hacia sus pacientes, es por que no está bien, o completamente analizado él mismo.

Esto ha llevado a que los analistas se avergonzaran de sus reacciones espontáneas frente a los pacientes, y tambien a que con no poca frecuencia, colocaran esta vergüenza en los pacientes a los que estaban analizando, declarándolos a veces inanalizables.


Rothstein : El problema histórico está en que en la teoría clásica, desde Freud,  el pensamiento en general ha estado sobrevalorado y la acción ha sido  vista desde la teoría topográfica como un sustituto de recordar, pensar o analizar, y considerada  como más “primitiva” que el pensamiento, y como una resistencia al análisis y a la asociación libre. Por lo tanto, las conductas de acción, (acting out o in ), tenían implicaciones peyorativas.

Solo en los últimos veinte años, cuando estos términos empiezan a ser reemplazados por el de enactment, es cuando se los comienza a considerar como una forma más de comunicación analítica, dejando de ser vistos como estancamientos en el desarrollo, o como una psicopatología específica, para entrar, como cualquier experiencia humana, a formar parte de todas las etapas del desarrollo, como un factor más de maduración.


Renik : Los psicoanalistas han sido implícitamente motivados para no reconocer el enactment, y para no consignarlo en sus trabajos; es lo único que explica el silencio de años sobre el tema.

Desde siempre ha flotado entre los analistas la ilusión (y la ambición) de que para el buen trabajo psicoanalítico, el enactment  sea suprimido o reducido a niveles imperceptibles, tanto en el paciente como en el terapeuta, porque cualquier conducta espontánea de acción podía meter el proceso dentro de una vía de  sugestión o de influencia sobre el paciente. Los religiosos, los charlatanes y los hipnotizadores sugestionan a sus clientes, los analistas no.


Chused relaciona el problema con los orígenes del psicoanálisis, por lo menos en EEUU, donde los analistas eran en su mayoría, emigrantes europeos, que escapaban de la guerra y la persecución en Europa También psiquiatras americanos, que de una u otra forma se habían visto inmersos en la 2ª guerra, en el frente, o en los hospitales. Para todos ellos, el análisis podía ser la solución, no sólo a los problemas neuróticos, sino a los dramas sociales, como la guerra y la violencia.

La respuesta  de Chused es testimonial, porque la generación ésta,  de la que nos habla con descripciones muy vívidas,  es la de su padre, también analista, y la de todo su grupo, de la que él mismo fue testigo durante su infancia  y que sin duda formó parte de su biografía y análisis personal.


COMENTARIOS AL PANEL


La selección de los comentaristas está hecha con toda intención. Ellos son Theodore Jacobs y Leo Rangell.

En el caso de Jacobs se trata, sin duda, del reconocimiento al hecho de que fuera él, en 1986, quien acuñó el término y lo usó por primera vez. Rangell ha sido elegido buscando la controversia que pueda dar  la opinión más conservadora de un analista ortodoxo  de larguísima experiencia.


Jacobs ha venido ocupándose del tema desde ese trabajo de 1986.  Como es lógico, se muestra entusiasmado con el panel al que encontró notable y de gran valor en el entendimiento del concepto y, sobre todo, de la difusión de los cambios que a su alrededor están ocurriendo en el psicoanálisis en los últimos 15 años.

Para él la gran diferencia consiste “en el cambio de perspectiva que trae mirar al analista como participante activo del proceso, cuya personalidad afecta y es afectada por lo que ocurre en la hora de tratamiento”.

Esta interacción de mentes lleva a que se produzcan enactments a ambos lados del diván, lo que aporta una fresca oportunidad de comprensión del mundo interno del paciente y una ampliación grande del campo de visión del psicoanalista, que empieza a considerar la dimensión intersubjetiva del análisis,en los complejos canales de comunicación paciente-analista, en las interacciones transferencia-contratransferencia y, sobre todo, en los comportamientos no verbales de todo tipo, que son la expresión de mensajes inconscientes regulares entre ambos.

De modo que para este comentarista, la introducción del concepto es favorable en su totalidad para el psicoanálisis, al que le trae incuestionable progreso. No obstante, propone líneas de desarrollo para entrar en la materia de la especifidad del tema y trabajarlo más a fondo.


Una de estas líneas, propone Jacobs, es la de considerar  las diferentes clases de enactments que pueden tener lugar en la situación clínica. Se opone así a Renik y a Owen, que minimizan las diferencias y ven como enactment a casi todos los fenómenos entre paciente y analista. Para él, si bien es cierto que toda conducta del paciente o del analista tiene su origen en actividad mental inconsciente, y puede ser vista  como la puesta en acción de aquella, esta generalización vacía de contenido al concepto, pues si enactment es todo, entonces no es nada.

Propone entonces una restricción del término, y llamar enactment a acciones específicas que estén directamente originadas en la matriz de la relación transferencia-contratransferencia  franca y que son distintas de muchos otros comportamientos de ambos participantes, por estar ligadas a experiencias psicológicas particulares de la infancia o de la adolescencia.


Jacobs ve diferentes y variadas clases de enactments, algunos de ellos operan facilitando el trabajo psicoanalítico, otros funcionan como repuestas automáticas de necesidades o de ansiedades de los pacientes, y los hay que constituyen directamente impedimentos al análisis.

Otro punto que Jacobs quiere destacar es el hecho de que se acepta con demasiada ligereza que el enactment siempre constituye un fenómeno intersubjetivo creado conjuntamente por la pareja clínica. Si bien hay numerosos ejemplos de fenómenos de este tipo, no son la regla única, y también los hay que representan la psicología individual de uno de los dos participantes, que luego impacta en el psiquismo del otro, y provienen  de la personalidad de base uno de los dos.

Otra clase de enactments, constituiría un grupo diferente, al  que él llama “subliminales”, y que son de difícil identificación porque sólo se expresan por signos  muy débiles:  posturas del cuerpo, gestos, expresiones faciales fugaces, movimientos en el diván, tonos o inflexiones de voz, todos ellos, que pueden provenir de cualquiera de los dos actores; aunque no son obstructivos para el proceso, llevan, sin embargo mensajes  de importancia para él.


Numerosos enactments nacen de situaciones de emocionalidad interna y llevan a uno u otro de los participantes a actos espontáneos que no pueden ser contenidos, pero los hay que provienen de momentos de calma y quietud, y sólo expresan rasgos de carácter habituales. Como ejemplo se plantea que una escucha intensa del analista al paciente puede estar expresando la fantasía de ser la perfecta audiencia para un padre infantil. El analista debe estar atento a que el fenómeno se exprese ruidosamente o en silencio, manifiesto o subliminal.


Siempre dentro del mundo de  no verbal, puede abrir caminos hacia el inconsciente para ambos, y traer de allí elementos de todo tipo, experiencias infantiles tempranas, o más tardías y recientes, traducidas al  lenguaje de la acción.


Comentario de Leo Rangell:


Si esta opinión fue elegida buscando una voz conservadora y clásica, Rangell no defrauda lo que se espera de él,y se lanza en solitario, y en contra de la mayoría, a apagar los entusiasmos que el nuevo concepto genera, desde una óptica muy tradicional. Sin ningún rodeo ubica la cuestión del enactment dentro de un grupo mayor de falacias teóricas que encuentran su fuerza en fenómenos de contagio de entusiasmos y sugestiones grupales. Denuncia un grupo de desarrollos recientes que se alejan mucho de conceptos de gran peso de siempre en el psicoanálisis, como son los de realidad interna, contenidos reprimidos, agentes etiológicos, trauma psíquico, hechos clínicos, para adentrarse en una gran ambigüedad y actitud escéptica hacia la búsqueda de la verdad del paciente, contenidos inconscientes de éste, todo en  favor de centrar la importancia en el proceso analítico en sí mismo,  como algo central y casi único. Considera que en esta escena cambiante de los últimos años, paradigmas centrales para el psicoanálisis se ven desplazados por nuevos. Por ejemplo: verdad histórica por verdad narrativa, resolución del pasado por el aquí y ahora, la transferencia del paciente se equipara a la motivación del analista para descifrarla, la contratransferencia es un elemento mayor de observación que la propia neurosis de transferencia, los roles de ambos se hacen indistinguibles, y se mira con igual atención los conflictos de uno y otro.

Rangell interpreta que esto proviene de la ola de revisionismo post-moderno que sacude toda la vida intelectual y cultural. Los valores que son más altos para la democracia se aplican al intercambio clínico, así como a la ciencia y a las artes. Uno de estos valores, el de la igualdad,  se aplica en exceso, y pone en el mismo rango de importancia para la comunicación, a la acción y a la verbalización, dentro del método clínico. En interés de la igualdad, ahora ambos participantes actúan( “enact”), en vez de  uno hablar y el otro escuchar y tratar de entender.

Dice que hay otra falacia: cuando una  nueva idea es introducida, la vieja desaparece en vez de ser integradas ambas al sistema anterior y formar con él una formación de compromiso, en el sentido de Freud.

Detrás del  concepto de enactment hay, para él, una falsa dicotomía entre pensar y actuar, cuando ambos procesos  son parte de la comunicación entre paciente y analista, El enactment adquiere todo su valor en el proceso, sólo cuando está acompañado de palabras.

Queda  claro que  para Rangell, el enactment merece ser considerado  cuando representa con claridad  fantasías inconscientes, sobre todo, transferenciales.

“ La materia prima del análisis no es el  enactment, como se ha dicho aquí, sino la neurosis de transferencia del paciente”.

“Así es que, entonces, opino que no es que tema del enactment haya sido descuidado ni subestimado en los trabajos de los últimos 20 años, es que no había nada a considerar, ya que la verdadera cuestión es que esos idiosincráticos momentos del análisis, específicos de ciertas situaciones clínicas han sido suficientemente consignados  y trabajados, solo que bajo otros nombres.”

 Rangell, airado con la ola que desde la post-modernidad invade el psicoanálisis, se pregunta  y fustiga implacablemente esta combinación de conceptos, de la cual el enactment es una parte y que está queriendo cambiar todo el cuerpo de teoría del psicoanálisis, que modifica tanto el rol del analista que la patognomónica neurosis de transferencia deja de ser la figura central, que la vida emocional del analista se equipara en el tratamiento a la neurosis del paciente, que bajo criterios de igualdad, desaparece la relación única que el paciente tiene con su analista y que se confunde a estudiantes y analistas con una multitud de teorías que en su mayoría se pueden definir como la hipertrofia de una pequeña parte hasta convertirla en el todo.


ALGUNOS COMENTARIOS FINALES SOBRE EL PANEL


 Durante el desarrollo de todo este trabajo en torno al enactment, es evidente que se ha logrado debatir con mucha libertad y revisar un considerable y variado número de componentes y ángulos del paradigma que se trataba, alguno de ellos, de forma incisiva, lo que produce un resultado estimulante. Se echa en falta, no obstante, el considerar algunos aspectos del tema de importancia considerable, que al parecer no han tenido cabida, o interés. La cuestión de la naturaleza misma de lo que es actuado en el enactmen parece estar algo ausente durante el panel, o, tal vez, de forma natural, parece darse por sentado en la mayor parte de las intervenciones que lo que se pone en acción durante un enactment es siempre del orden de un tipo de fantasías inconscientes con un alto grado de organización, con toda la complejidad de la representación de pensamientos inconscientes que han sido reprimidos. Desde este punto de vista, lo que es actuado en el enactment, entraría sin diferencias en el concepto clásico de una repetición de lo reprimido, que se hace en transferencia, con la particularidad de que se produce en el encuentro intersubjetivo con el analista.


Recientemente se han producido ciertos desarrollos que amplían la comprensión sobre la complejidad del inconsciente, por ejemplo la idea expuesta por H. Bleichmar en su libro "Avances en Psicoterapia Psicoanalítica", donde se destaca que junto a lo que es secundariamente inconsciente, por haber estado en la conciencia y haber sido relegado, hay otros elementos constituyentes del inconsciente (inconsciente original) que tienen eficacia y que no han pasado nunca por la conciencia, del tipo, por ejemplo de acciones cargadas de afecto que el otro ha trasmitido al sujeto y que sin duda se inscriben sin que ni uno ni otro las haya tenido nunca en la conciencia, constituyendo elementos de carácter o reacciones automáticas. Estas nuevas ideas nos permiten pensar en el enactment desde una dimensión muy interesante pues podría ser la vía para alcanzar estos reductos del inconsciente, de difícil acceso por el camino habitual de la asociación libre y la interpretación.


En otro desarrollo similar, C. Bollas destaca  ciertos elementos inconscientes que no pueden ser recordados en forma cognitiva, sino solamente en forma existencial (lo que él llama “lo sabido no pensado”), y que deberían entrar en el proceso analítico. ¿Podría ser el enactment un instrumento de acceso y comprensión para ellos?


Cuando un niño está inmerso en una experiencia familiar que le es incomprensible, entonces no logrará organizar dicha experiencia en fantasías o recuerdos que le ayuden, y la inscribirá bajo un  un “estado propio” determinado por ella, en forma de talantes o modos de ser no transformados que estarán a la espera de ser vistos -¿en el enactment?-, para ser pensados o bien transformados en retoños simbólicos, u olvidados.


A diferencia del inconsciente reprimido de siempre, que alberga contenidos, estas experiencias quedaríán como parte  del  inconsciente que,  más que contenidos, constituirían formas, idiomas del yo, como trozos de memorias procedimentales, no cognitivas, que sólo devienen en visibles en las conductas automáticas, no verbales. Es en relación con este tipo de producciones de la clínica donde la pregunta por el enactment como recurso a la posible detección, investigación y acaso tramitación parece promisoria.

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