Más allá de la representación

Publicado en la revista nº008

Autores: Nemirovski, Carlos - Botella, S. - Botella, C.

 

  • Libro: Más allá de la representación. Editorial Promolibro, Valencia, 1997. Autores: César y Sara Botella 

     



Este libro consta de una introducción seguida de diez capítulos*, ordenados cronológicamente con el fin, dicen los autores, “de que el lector pueda evolucionar al ritmo de los escollos que hemos ido encontrando”. Se sintetizarán las ideas centrales de cada apartado.


Introducción. ¿Qué psicoanálisis para el siglo XXI?


Esta antología parte del reconocimiento de una crisis de la teoría: la de un psicoanálisis centrado hasta ahora en el estudio de la neurosis, una concepción basada esencialmente en la teoría de la representación y en sus causalidades témporo-espaciales cuyos límites conocemos hoy en día, especialmente por quienes trabajan con pacientes borderline, en los que el psiquismo parece responder a modelos que incluyen lo no-representacional, lo fuera-del tiempo.


Señalan los autores que “más que crisis...sería justo hablar de momento evolutivo actual en tanto que continuación natural de lo que ya está inscrito en el espíritu de la teoría psicoanalítica desde sus primeros esbozos ”.


Sitúan el pensamiento de Freud en el contexto científico y cultural de fin del S.XIX y plantean que “este comienzo de siglo conmociona las certezas del hombre, tanto las que vienen del exterior por medio de sus órganos de los sentidos, sus percepciones auditivas y visuales, como las más intimas referidas a su propio pensamiento”. Ciencias blandas y duras concurren a una misma dificultad: la de pensar los desarrollos que se alejan de las causalidades témporo-espaciales. El hombre debe reconocer, señalan, “los límites de lo representacional verbal sobre el contenido mismo del pensamiento, de las fronteras que las palabras imponen al conocimiento”.


Los autores se aventuran en lo que  llaman, como Freud, las “presentaciones” del conocimiento: ....la percepción, por “el órgano de la conciencia” (Freud), una endopercepción, un procesual capaz de “presentar” a la conciencia bajo la forma de una figurabilidad y sin la mediación de representaciones verbales. Parten de experiencias clínicas: “siempre ocurría en los momentos difíciles de algún paciente que se suscitaba en nosotros una figurabilidad: una intelección más allá de las palabras que se nos imponía, que nosotros padecíamos más que conducíamos”.


Luego se preguntan: “¿Qué psicoanálisis para el siglo XXI?: el psicoanálisis se ha desarrollado hasta ahora sobre una teoría de la representación. Desde este punto de vista, lo que podía aportar ya se ha producido prácticamente. La nueva apuesta de la teoría psicoanalítica parece ser ahora la del estudio de un más allá de la representación, la de un mejor conocimiento de lo alucinatorio y de los procesos irreversibles”.


Capítulo I:  Figurabilidad y no-representación. 4 casos.


Trabajan aquí el valor económico y dinámico de la figurabilidad en el analista,  la “intensidad sensorial” de la imagen y de su utilización en la cura. En las viñetas evocan “momentos de figurabilidad” en el analista: “trabajo psíquico diurno comparable al del sueño, de recorrido regrediente que desemboca en una percepción interna cercana a la alucinación del soñante”.


En la práctica con niños autistas, constatan que “apenas surgidos los primeros signos de relación objetal, comienzan a gritar de terror  y a llamar a sus padres mientras duermen”. Hipotetizan que el ser humano comienza la investidura de las percepciones y de las representaciones de los objetos de manera frágil, fluctuando, sin distinción verdadera entre lo que es percibido del objeto y lo que es representado. La ausencia del objeto puede ser equivalente “al peligro de la pérdida de su representación, heredera de la satisfacción alucinatoria del deseo, sinónimo de desamparo”. Se trataría de un inicio de funcionamiento psíquico con intereses contradictorios y no de un clásico conflicto.


 “El riesgo de pérdida de la representación (no del objeto) provoca un verdadero vacío con efecto implosivo: el niño despierta aterrorizado, con la mirada despavorida, llamando a sus padres...sólo ha podido guardar sus investiduras de las representaciones objetales gracias... a la pesadilla: la amenaza fantasmática de la pesadilla, finalmente resulta una defensa que impide al Yo incipiente la pérdida de la representación, de la muerte psíquica.


Presentan, en este apartado, viñetas en las que puede apreciarse, descriptas especialmente, la función analítica con estos pacientes : “el analista no interpreta una fantasía frente a una pérdida, sino que proporciona al yo inundado, una imagen para llenar el boquete abierto por el traumatismo, para restablecer su continuidad psíquica”...pero, “el analista no sólo está en una situación de pérdida de su encuadre y de su herramienta, la interpretación, además, experimenta el malestar que produce lo confuso de las representaciones que el niño despierta en él, hasta verse amenazado con lo peor, la no-representación”. “Entonces, (el analista) para defenderse, podrá desinvestir su función...o al niño....o sobreinvestir su intelectualización”...


Los cuentos forman un puente, entre el niño y el adulto que conduce la vivencia inorganizada hacia la representación.  Frente al fracaso de sus intervenciones, el analista investirá si puede, la vía alucinatoria y hará un sueño o una pesadilla, encontrando así la solución de la figurabilidad, “representando una herramienta para la progresión, incluso, la única manera de alcanzar ciertas facetas de la vida psíquica del paciente”.... En el niño de una viñeta, frente al trauma que resulta “el riesgo de desinvestidura de los objetos parentales y el motor que impulsa hacia la creación de teorías sexuales”...la impronta de la figurabilidad del analista en la interpretación, despierta en el paciente un sentimiento de evidencia: la “verdad”, es como si la viéramos”.


Capítulo II:“Solamente dentro-también afuera”.La paradoja del investimiento del objeto. El caso Olga


 “Toda cura analítica remite obligatoriamente a la dinámica de las articulaciones entre rememoración, convicción y pensamiento anímico”. El funcionamiento normal del psiquismo podrá utilizar las capacidades de pensamiento anímico en lugar de obstaculizarlas o sucumbir a su invasión (el caso del obseso). La alucinación del sueño, reliquia del pensamiento anímico, es pensamiento y percepción, ilustrando el continuum representación-percepción. Sin más, las teorías sexuales infantiles surgen tanto del pensamiento anímico como de los procesos secundarios, se apuntalan en el modelo alucinatorio y se constituyen por un trabajo de figurabilidad: dirá el niño, “es verdad, yo lo he visto”; mientras que el adulto: “si, es verdad, yo me acuerdo”.

En la evolución, lo anímico tiende a desaparecer haciéndose inconsciente, mientras que es la convicción la que permanece como un acto capital. Incluye afecto y representación, viene de adentro y provoca un impacto perceptivo, consecuentemente, recuerdos banales comportan una fuerza alucinatoria: la niña freudiana está muchas veces convencida de que ha tenido, tiene o tendrá un pene: alianza antitraumática negación-convicción. “La convicción está en el corazón de la relación del psiquismo y la realidad”.


Freud refería que: lo no-real, subjetivo, está solamente dentro; lo otro, lo real, existe también fuera. Proponen que la prueba de realidad se ejerce en una doble convicción contradictoria: el objeto existe “solamente dentro-también fuera”. “Dos movimientos psíquicos incompatibles y complementarios, testigos anímicos inconcebibles para el pensamiento secundario...de este trabajo  psíquico, parecido a una técnica mágica, surgirá el sentimiento de existir y de lo real”.


Magistralmente, nos ilustran acerca de una paciente obsesiva, aclarando que “ninguna clínica podrá pretender demostrar hipótesis teóricas y que solamente es otro medio de expresar la intuición del autor”. Ella habla para no sufrir, y al analista le tienta teorizar para no sufrir, para no enfrentar lo irrepresentable... por el “horror al vacío” del encuentro con el desamparo; sólo arriesgando “no saber” y guiándose por la aparición de cierto afecto, el analista logra acercarse, ampliando la brecha del preconciente auto-erótico que deja aparecer el desamparo de la paciente.


Capítulo III. La dinámica del doble. Un problema de técnica psiconalítica: el trabajo en doble. El caso Florián.


Durante su trabajo el analista se sirve tanto del par transferencia-contratransferencia como de un juego de investiduras narcisísticas sobre el modelo del doble que dará cuenta de los puntos de fractura (lagunas del funcionamiento mental) y que permitirá el acceso a zonas irrepresentadas del paciente (y del analista), carentes de palabras, pero abundantes en afectos e imágenes cuasi-alucinatorias.


En una sesión de un paciente neurótico, nos muestran cómo se pone en juego el desvanecimiento de la investidura objetal, de la representación del objeto, abordándolo desde la dinámica del doble que “..no se reduce a identificación, aunque fuera identificación primaria,  puede apuntalarse en ella”. En el trabajo en doble no existe identificación, en el sentido propio del término, sino una capacidad, fuera de los órganos de los sentidos, de percepción primitiva, inmediata, de otro psiquismo, comparable a la figurabilidad, a la percepción endopsíquica de un sueño”.


Distintos aspectos del doble: anímico, autoerótico, narcisístico, homosexual, son avatares de la regresión del paciente, mientras que el analista experimenta por momentos en la vía regrediente de su pensamiento, la manifestación  de la dinámica del doble, del trabajo en doble”.


En momentos muy regresivos de la relación analítica puede ponerse en riesgo la investidura del doble auto-erótico, tanto en uno como en el otro integrante de la dupla analítica quedando amenazada la propia representación de sí, el afecto se desboca sin figuración (sin ligarse), implosionando al Yo, que defendiéndose, intentará figurar una pesadilla. Coinciden con Freud, afirmando: “la no-representación sería la raíz misma de todo movimiento de deseo, formaría parte de ella”. La posibilidad de figurar, de representar (organizar la dinámica del doble auto-erótico que comprende la globalidad de la investidura de la representación de objeto en su vínculo con la investidura del Yo-cuerpo erógeno) restablecerá la alteridad.

La solución permanente contra el desamparo (no figurabilidad), no podrá ser el chupeteo del pulgar -recurso autoerótico- tampoco la investidura de un objeto transicional.


En la sesión, el Yo funciona de una manera que llaman “estado de sesión”, intermedio entre las modalidades “diurna” (tendencia a la acción) y “nocturna” (tendencia a la alucinación), colocando al analizando “cerca de una situación parecida a la de la neurosis actual” y así como la neurosis admite un núcleo actual, “existe en toda relación analítica una cierta faceta actual”.


El Yo-en-estado-de-sesión, se sirve de ambos funcionamientos. Recordando a Freud (cap. VII, Sueños) señalan que “la regresión formal facilita la tendencia a la descarga inmediata...hacia la percepción...por su proximidad al pensamiento anímico y a las alucinaciones; la regresión formal de la sesión colabora al desarrollo de lo siniestro, que comporta un desfallecimiento del doble auto-erótico”. El analizado “resolverá” el estado de sesión frenando la figurabilidad alucinatoria, con la sobreinvestidura del analista...su doble, pero que representa...un mínimo de alteridad” (narcisístico-homosexual). El analista, también puede recurrir a soluciones defensivas: investidura narcisista del analizado como doble, convicciones prefabricadas de teorías psicoanalíticas “pret-a-porter”, memoria, reinvestiduras de huellas mnémicas propias, dando un sentido de “deja connu” a la relación.


“El trabajo en doble, representa una función fundamental en todo análisis, comparable en importancia y estrechamente ligada a la de la transferencia-contratransferencia.”


Capítulo IV: Lo alucinatorio y lo negativo del trauma infantil. Aline, un psicoanálisis a cinco años


Los autores se preguntan ¿Qué posibilita que los procesos inconscientes se tornen material analítico?. Parten de la idea bioniana (sin memoria ni deseo), que implica que la atención flotante y la libre asociación no bastan para acceder al psiquismo inconsciente. Consideran la relación mística/psicoanálisis, planteando que “el estado regresivo del pensamiento en sesión....es indisociable de la existencia de una “zona” de no-representación y que ésta resulta un exceso de exitación (traumática) para el Yo. No representación aquivale a desamparo.


Citan a Freud (1932) diciendo: “el sueño no es propiamente dicho una realización de deseo, sino una tentativa de realización” y  agregan, “en cada deseo infantil reprimido hay  un elemento traumático formando parte con el mismo derecho que el principio del placer”. El carácter traumático, señalan, no proviene del contenido de un acontecimiento representable. La calidad traumática implica el carácter negativizante...con desorganización brutal (“una violenta y brusca ausencia de tópicas y dinámicas psíquicas, la ruptura de la coherencia psíquica”)...  originada en la ausencia de sentido y no en una percepción.


Lo traumático implica incapacidad de transformar, de convertir en psíquico un estado que, por esta incapacidad, deviene exceso de energía....el trauma es una fractura, un hueco en la trama de representaciones...que buscará la figurabilidad como salida.


Acceder al inconsciente, exige un mínimo de regresión formal en el analista (vía hacia lo no representable)...sin embargo, las construcciones no siempre resultan y lo no-representable estancará la cura...salvo que se produzca una verdadera regresión formal en el pensamiento del analista.


Freud atribuyó a la represión, los actos fallidos y los tratornos de memoria, pero también en ellos intervienen traumas tempranos.


Estas nuevas comprensiones, difíciles de aprehender, lleva a los autores a teorizar acerca del concepto de forclusión y el de alucinación negativa.


Proponen que “existe una posibilidad normal del psiquismo de expresión alucinatoria, el sueño durante la noche, permanentemente frenada durante el día, por la necesidad de la prueba de  realidad. Esta cualidad alucinatoria no sería la consecuencia de un rechazo o de una abolición al interior, sino una capacidad regresiva del pensamiento diurno que se aproxima a la forma de “un estado primitivo del aparato psíquico donde el deseo desemboca en lo alucinatorio, y su secuela es el sueño nocturno”. Distinguen la alucinación psicótica (“abolición interior”) de la histérica (insuficiencia del trabajo de ligadura de los procesos primarios) y al fin de lo “cuasi alucinatorio”, de la que se vale el analista trabajando en zonas de no representabilidad, y la “alucinación accidental” de las personas “normales”, resultado de una regresión formal diurna impulsada al extremo y de la cual se sirve el analista para acceder a lo irrepresentado. Denominan “lo alucinatorio” a las dos últimas categorías, más cerca del polo perceptivo y del motor, que de la conciencia y del pensamiento, accesibles con una transformación previa.


Plantean el problema de los orígenes de representación y pensamiento, coincidiendo con Green en la “negativización” de la percepción como consecuencia de trauma repetidos por ausencia de objeto (pulsión de muerte que desobjetiviza). Si, “como dice Freud, la conciencia aparece en el sistema perceptivo en el lugar de las huellas mnémicas, podemos pensar que, a su vez, la memoria aparece en el lugar de lo alucinatorio”. Pudiendo, “la percepción ser considerada como una perversión de la alucinación, de allí que recuerden que “la representación no puede ser comprendida como una simple reproducción de una percepción anterior...”

Concluyen este capítulo recordando que “el determinismo y la reversibilidad psíquica tan apreciados por Freud, han perdido su absolutismo”.


Capítulo V: Las alucinaciones de “gentes normales”. Interpretación en 1ª. Tópica e interpretación en 2ª. Tópica


Exploran aquí, los límites de la interpretación clásica, basada en la resistencia respecto del pasado reprimido. La teoría freudiana de la representación “se muestra insuficiente...en el estudio de los casos límite” pero –tampoco hoy- habría una teoría que contemple integralmente los tres conceptos: representación, percepción y alucinación. Freud, en “Construcciones” introduce tres elementos: convicción (a partir de la construcción), retorno alucinatorio de un pasado no representado y el análisis como un trabajo de dos psiquismos. Los autores entienden que no se puede limitar la teoría analítica al modelo único conflicto/ mecanismos de defensa.


Un modelo interesante sería el trabajo del sueño (porque sin dejar de lado el conflicto, toma la articulación representación-percepción-alucinatorio). Las tendencias progrediente (hacia la percepción) y regrediente (hacia la alucinación) están permanente y simultáneamente presentes.


 Describen los mecanismos de las alucinaciones en pacientes no-psicóticos (alucinaciones accidentales, por regresión momentánea con conciencia de percepción falsa) y también en la psicosis. La alucinación en la psicosis “representa una barrera contra la angustia del Yo de cara al derrumbe, a un sentimiento de aniquilación, y es distinta al fenómeno del sueño”... “la pérdida de objeto, y del rol unificador de sus investiduras, provoca un caos psíquico. La desobjetivización (Green) y la desorganización consecuente, están atrapadas por la sobreinvestidura autoerótica de la palabra-cuerpo en lugar del objeto perdido. Lo alucinatorio regrediente se transforma en alteración del sentido de la realidad y se convierte en convicción delirante,  corporal y motriz. Extrañamente el delirio se desarrolla sobre la vía progrediente y perceptiva, desembocando en el sensorio-motor convertido en polo unificador, objeto unificador en lugar de representación de objeto”.

El pensamiento cuasi-alucinatorio es herramienta indispensable del analista, para abordar ciertos traumas infantiles sin acceso a la representación.


Describen dos tipos de interpretación:




  • clásica (reveladora de sentido): opera sobre la vía progrediente, el modelo es la interpretación del sueño, permanece en los sistemas de representación, sigue a los procesos primarios, opera cerca del Yo y se refiere a lo reprimido inconsciente, deviene preconsciente por conexión con las representaciones de palabras correspondientes.



  • creadora de sentido: su modelo es el trabajo del sueño, se basa en la disposición cuasi-alucinatoria del analista, es accesible por la vía de la regresión formal del pensamiento y el trabajo en doble. Más creativa que interpretativa (se crea un nuevo sentido en donde había desorganización).



Capítulo VI. La percepción: su estatus metapsicológico. Huella mnémica y huella perceptiva


Lo irrepresentable “resulta un producto cada vez más afinado de la metapsicología de la sesión y de haber tomado conciencia del papel desempeñado en la cura por los límites del aparato psíquico y sus capacidades de representación”...“son inscripciones desprovistas de cualidad como una memoria sin recuerdos...la no-representación, aún  surgiendo de un acontecimiento real (no por ello percibido)  no pasó por los órganos de los sentidos”.


“Últimamente, con los estudios de conceptos-límite (percepción de la falta para D. Braunschweig y M. Fain, la imago cero y el apofantismo de F. Pasche, la alucinación negativa según A. Green o nuestra no-representación) surge, en la literatura analítica, la relativización de la estabilidad de las tópicas y de su dependencia con respecto a la dirección y escala del tiempo, y la relativización de la hegemonía del contenido; todos estos conceptos nacieron de investigaciones sobre el borramiento/hundimiento de los sistemas representacionales”.


Percepción implica búsqueda del objeto antes hallado y perdido para siempre “del que no podrá recuperar más que una marca, un mensaje engañoso, un señuelo. La distancia entre lo percibido por el percipiente y el objeto no puede ser llenada, ni por la alucinación”. No se trata de un conflicto neurótico...el objeto de la satisfacción es incognoscible y quien lo busca no es verdaderamente un Sujeto: está próximo al yo-cuerpo.

Se plantean que el desvalimiento sería consecuencia de la pérdida de satisfacción alucinatoria y no de la ausencia de la acción específica.


La primera percepción sería una autopercepción (aquí pulsión, fuente y pérdida del objeto de satisfacción se confunden). De no ser ser alucinado el objeto, resultará una inscripción en negativo. Esta primera huella quedará detrás de la investiduras sexuales, ocupantes del primer plano.


Volviendo al concepto de trauma, acotan que implica carencia de representación (e intensa movilización con gran actividad alucinatoria nutriéndose del despliegue generado por la negatividad de la huella originaria y restituyéndolo transformado, transfigurado en alucinatorio o en percepción),"sin distinción posible entre las nociones de fenómeno, estructura y dinámica”...como nuestro pensamiento racional lo exige.


Capítulo VII: El principio de convergencia-coherencia. El fundamento traumático del psiquismo


Para los autores, la neurosis traumática es, en sí misma, un modelo psicopatológico,  opuesto al de la psiconeurosis, potencialmente siempre presente en el psiquismo. En ella no existe un verdadero trabajo de sueño o figurabilidad, no hay pensamientos, ni representaciones de palabra que por vía regrediente acaben en imágenes alucinatorias. Sin ser mera repetición de lo sufrido, el Yo participa activamente, tratando de convertir la huella sensorial o perceptiva en huella mnémica.


En el terror nocturno, de la viñeta de este capítulo, se manifiesta un estado traumático –sin representación- equivalente a la angustia automática. Sin contenido, lo pulsional se despliega libremente, marcando huellas negativas, vacías de contenido. Si en el lugar del negativo, llega a imponerse al Yo una percepción de los órganos de los sentidos, se reúnen las condiciones para que estalle una neurosis traumática, y el fenómeno de repetición alucinatoria se instaure. Pero si la percepción es endopsíquica, se deformará la realidad para ir desde la renegación hasta la reconstrucción delirante.


Percepción y pulsión necesitan de representación y objeto, respectivamente, siendo el Yo el encargado de abastecerlas, guiado por el principio de convergencia-coherencia como límite a la locura.

Los autores piensan “la vida psíquica como sistema abierto en evolución permanente, bajo el principio de convergencia-coherencia, que permite a un tiempo la unidad y continuidad del conjunto y la discontinuidad de las formas autónomas de las partes”.


Capítulo VIII. Introducción al procesual. Atemporalidad y simultaneidad psíquicas


Los autores rescatan el rol de la percepción para la constitución de las principales fantasías, como castración y escena primaria. Sin embargo, en nuestra disciplina, la percepción sólo ostenta un sitio marginal con respecto a la representación, aunque, recuerdan que “si la realidad de la percepción no aparece en la ontogénesis, la filogénesis se encarga de ello”. Plantean que en “Construcciones...” Freud descubre dos hechos nuevos: a)que ciertos elementos del pasado sólo pueden volver y tener acceso a la conciencia bajo la forma perceptiva-alucinatoria y b) lo que surge en la cura como convicción es en si mismo el equivalente a un acto de percepción, y en consecuencia, tiene el mismo valor económico que una auténtica rememoración.

Percepción-alucinación-representación, son inseparables en lo psíquico (mentalizar), un excedente de energía, una negatividad que, citando a Winnicott “algo que todavía no ha sido experimentado por el sujeto ha tenido lugar ya en el pasado”.


Hacen un meticuloso recorrido por la obra de Freud en torno a la percepción, considerando que un de los momentos cumbre respecto al desarrollo del concepto es el de fetichismo: constituyendo un fetiche, el perverso “reconoce a su manera la falta de pene en la mujer y adjudica a la percepción de los órganos de los sentidos todo su lugar, pero, al mismo tiempo, conserva, en su percepción endopsíquica, algo de irrepresentable y aterrorizante que viene de su sexualidad infantil cuyo desenlace antitraumático es la creencia de que la mujer tiene un pene”. Retoman, la reevaluación del problema de la realidad también enfocando a las tópicas freudianas: en la 1ª. tópica “lo alucinatorio estaba reducido a aquello en lo que desembocan los procesos primarios, el sueño o bien los fenómenos patológicos y considerado solamente en tanto que simple instrumento de la realización de deseo, con la 2ª  tópica y la prioridad dada al proceso, lo alucinatorio ya no debe ser definido solamente en función del contenido del deseo; ahora puede ser tomado en consideración per se, en tanto que acto, con sus propias leyes, por eso Freud reformula su paradigma: “el sueño, dice, es una tentativa de realización de deseo”.


Si consideramos la 2ª tópica, “el analista que quiere acceder a los procesos alucinatorios y perceptivos de su paciente pasará obligatoriamente por la regresión formal del pensamiento”...


Concluyen, luego del análisis de la obra freudiana respecto a la percepción, que “el psiquismo parece estar organizado de una curiosa manera, contradictoria y complementaria. Algo real, bruto y traumático, la percepción por los órganos de los sentidos de lo que falta, de la diferencia de sexos; y, al mismo tiempo, algo endoperceptivo que lo niega y se concretiza en las teorías sexuales, como la que sustenta que la mujer tiene pene, teorías cuyo error, durante cierto tiempo, es necesario para el desarrollo normal”.... “inclusive, algo paradojal que parece ser constitutivo del psiquismo, es una causalidad en la que causa y efecto no se suceden sino que son simultáneos”...y también que: “la prueba de la realidad revela más efectos acerca de la articulación del narcisismo con la investidura del objeto, de la articulación de la representación de si con la representación de objeto, que una pretendida objetividad de la percepción sensorial”.


Capítulo IX. La unidad narcisística


Parten nuevamente de la clínica, esta vez de niños, con los que se imponen percepción: juego, dibujos, comportamiento. El analista no solamente es visible, sino palpable y  encontrándose con mayor dificultad de diferenciar actualidad/transferencia en un contexto en el cual la percepción domina sobre la representación.

Para abordar casos graves, el encuadre y la actitud analítica deberán estar al servicio de favorecer el predominio de lo creativo y no de una figuración codificada, unitaria, acabada pero finalmente estéril.


Trabajan el concepto freudiano de unificación narcisista incluyendo siempre a la pulsión “en el origen de toda comprensión de la vida psíquica”. Plantean en este punto que M.Klein y A. Freud “descentran” la pulsión (importan los objetos internos en la primera y los externos en la segunda).


“La estabilidad psíquica ya no se considera como manifestación de la estructura misma del psiquismo, sino que se tiene que recrear, reconstituir a cada instante según las condiciones económica-dinámicas que se hacen y deshacen sin cesar”. Lejos de toda idea simplificadora  sobre la organización del Yo, describen al psiquismo “en términos de simultaneidad de recorridos efectuados por la libido, en términos de intrincaciones de las vías progredientes y regredientes capaces de ir del investimiento edípico de objeto al encierro autista, de la percepción y de la representación a la alucinación del sueño. La coherencia del psiquismo hay que comprenderla como la resultante de la convergencia de las diversas causalidades actuantes en un momento dado. Sin embargo, esta tendencia convergente de la regresión representa la potencialidad de nuevas causalidades, no necesariamente previsibles de partida. Esta es la razón por la cual nos hemos visto llevados a emplear el término de causación: una causalidad donde causa y efecto no se suceden sino que son simultáneos”.


Capítulo X. El inacabamiento fundamental de todo psicoanálisis. Los procesos irreversibles


“La terminabilidad de un análisis... como resolución de un conflicto, se justificaba en tiempos de Freud por los conocimientos de la época, el espíritu positivista que reinaba entonces...” pero, Freud también habla del análisis como profesión imposible...quizá las nociones de terminado e interminable deberían ser consideradas como inapropiadas.


Se abre un campo nuevo para estudiar el post-análisis “el estudio de las transformaciones psíquicas que deben reemplazar la solución neurótica del conflicto, sin reducir estas transformaciones a la idea de flexibilización de las represiones y del superyo”.


Es clara la opinión de los autores en este sentido: “no es el objetivo del análisis recuperar la supuesta salud de un estado anterior sino instalar un proceso que contempla lo que denominan “procesos de reorganización espontáneos” y “sentidos nuevamente adquiridos”, no explicables o abarcables por el par transferencia-contratransferencia, y que se extienden por varios años luego de la terminación formal, después de liquidada la transferencia.


Aclaran luego dos vectores psíquicos: “por un lado regresibilidad, alucinatorio e irreversibilidad, forman un movimiento con vínculos simultáneos e inestables, fuera del tiempo; por otro lado, en lo opuesto, progresibilidad, representabilidad y reversibilidad constituyen un movimiento con vínculos estables insertados en una sucebilidad temporal”.


Los segundos, corresponden a las descripciones de la 1ª. tópica, son inherentes a las neurosis, y aparecen y desaparecen casi idénticos en el tiempo. Los irreversibles, estarán en el origen de las causas que dan al psiquismo la posibilidad de crear nuevas causalidades inexistentes en el inicio. La figurabilidad permitirá la inteligibilidad de los nuevos vínculos provenientes de campos tan heterogéneos capaces de revelar alguna cosa existente ya, pero hasta ese momento irrepresentable, una creación a encontrar...


Ambos procesos se complementan en el post-análisis y si todo marcha bien, hacen del momento traumático el estímulo para la evolución que da acceso a una nueva coherencia psíquica.


“En el post-análisis, es el procesual irreversible, transformacional, lo que debe tomar el relevo de la psiconeurosis como modalidad de organización del psiquismo”.


Comentarios


En este recorrido cronológico, los Botella presentan su texto invocando una crisis en el psicoanálisis...en aquel psicoanálisis paradigmático en cuanto a la figurabilidad, limitado al conflicto neurótico, excluyente de patologías hoy cada vez más frecuentes, marcadas profundamente por disociaciones, más que por represiones. Como un modo de afrontar esta crisis, ellos aportan un caudal de valiosos conocimientos teóricos e intervenciones terapéuticas, que serán imprescindibles para un analista que hoy quiera dar respuestas a las patologías del narcisismo.


En este recorrido, que no es sólo temporal, sino también en profundidad y complejidad, los autores nos guían a traves de la obra de Freud desde una posición tan necesaria como poco frecuente en  la literatura de nuestra disciplina, que combina  crítica y madurez, resultando incisivos pero respetuosos, sin acatar ni  rebelarse estérilmente. Esta postura en la ciencia, este modelo de aproximación a los que nos preceden, justifica de por sí este escrito.  Recorren regredientemente la cuerda de lo aprendido, para replantearlo, reflexionar y cuestionar lo que Freud nos enseña.


Los autores tienen el valor de plantear hipótesis respecto a los orígenes del psiquismo a partir de material clínico, que como ellos dicen, “no demuestra la verdad”, pero nos convence como una construcción provisoria suficientemente evocativa para hacernos repensar los casos de nuestra propia consulta.


Por el recorrido del pensamiento no pueden ser encasillados en “escuela” alguna, aunque se valen de elementos aportados por diversos autores, aún con pensamientos disímiles: por un lado Ferenczi y Winnicott, por  otro Lacan y Bion. Pero, sin duda, se inscriben en una línea del psicoanálisis actual, de particular desarrollo en Francia: cuestiones acerca de la percepción/realidad, lo alucinatorio y lo negativo son abordadas por Anzieu, Fine, Kaes, Lavallee, Couvreur, Green, Duparc, y han ocupando a analistas y psicosomatistas franceses desde comienzos de la década pasada. Partiendo de ésta temática, incursionan  acerca de los orígenes del sujeto en tanto percipiente y capaz de construir una realidad. Esta manera de proceder en la investigación dentro del psicoanálisis es la de los grandes maestros: a partir de un cuestionamiento o un replanteo, hipotetizan acerca de los orígenes psiquicos del sujeto.


Reconociendo los límites de aquello que puede ser representado -las fronteras que las palabras imponen al conocimiento convencional- desarrollan extensamente el problema del doble, otorgándole un papel primordial en la posición del analista para el tratamiento de aspectos del psiquismo que se encuentran “más allá de la representación”. La regresión del paciente y también la del analista permitirá (si en ambos no se imponen defensas como la de vínculo con un doble narcisista, convicciones, memoria, etc.)  un “estado de sesión”, crucial, que posibilitará el acceso a las situaciones más profundas inconcientes, aquellas que constituyen el núcleo actual, traumático, irrepresentable. El analista, si se permite su propia regresión sin miedo, podrá acceder a sus cuasi-alucinaciones, como en los claros ejemplos clínicos que ilustran casi todos los capítulos de este libro. Justamente respecto a la regresión, ¡que interesante resultaría una discusión entre los autores y las posturas disímiles de Balint (recordemos la “regresión maligna”) y Winnicott (la regresión como instrumento fundamental para hallar el verdadero self).


En su concepto de trauma (aquello irrepresentable, o aún, el riesgo de la pérdida de la representación) se aproximan a Winnicott. Sin coincidir totalmente, recordemos que Winnicott le decía a su amigo Rickman, que la locura es la incapacidad de encontrar a alguien que nos aguante, y este aguante –Winnicott lo plantea a menudo- no es sólo real, correspondiendo al objeto real externo, sino también metafórico (el objeto maternante sostiene al sujeto con su mente, con su preocupación o “concern”), lo cual visto desde el sujeto-bebé implica ser-sostenido-aún-en-ausencia-del-objeto. Para que este objeto, maternante, se construya, debió haber presencia real, diría Winnicott....seguramente los Botella acordarían. Inclusive cuando el maestro inglés plantea (Exploraciones Psicoanalíticas I, Paidós, pág.60) “la alucinación no constituye, en si misma una amenaza...La clave...es que debe mantenérsela para renegar de la escotomización o de la desalucinación”, resulta una nueva coincidencia que Winnicott deja allí, y los Botella desarrollan.


Reflexiones del argentino Bleger acerca de la ambigüedad son muy cercanos a estas concepciones, también las de J. McDougall al hablar de pacientes tempranamente traumatizados, las de Kohut y seguidores, cuando plantean las “transferencias de objeto del self” deficitarias por falta de reflexión o fracaso en la  idealización, déficit que revela por lo negativo aquello que no debió faltar. No olvidemos al Meltzer de la desmentalización y de los sujetos que no pueden acceder a la tridimensionalidad, o de los autistas, del mismo autor, en los que se encuentra con un vacío objetal ininterpretable a la manera clásica (lo dice muy gráficamente: “en estos pacientes no se puede cavar para rellenar el agujero”).


Los ejemplos clínicos resultan evocativos del H. Rosenfeld de la última época, en los que considera a  la presencia del analista y el respeto al odio del paciente,  por encima de la interpretación de la destructibilidad y la envidia.


Los ejemplos clínicos de los Botella son tan atractivos, como este de Winnicott cuando cuenta el siguiente diálogo entre su paciente –un hombre- y él, citado en Realidad y Juego (Ed. Granica, 1971, pág.102):



    -Winnicott: "Estoy escuchando a una mujer. Sé muy bien que usted es un hombre, pero yo escucho a una mujer, y hablo con ella." [Aclara luego a sus lectores]: "Deseo destacar que esto nada tiene que ver con la homosexualidad".

    -Paciente: "Si le hablase a alguien sobre esta mujer, me dirán que estoy loco".

    -Winnicott: "No se trata de que usted le haya dicho eso a nadie: soy yo quien ve a la mujer y oye hablar a una mujer, cuando lo cierto es que en mi diván hay un hombre. El loco soy yo mismo."



El trato que dan los Botella al inconsciente (que nunca aparece homogéneo) resulta cercano al que H. Bleichmar plantea en su concepción modular, ya que la particular manera del registro de lo traumático es un aspecto del funcionamiento psíquico discernible de otros modos en el mismo sujeto e integrable con otros enfoques precitados.


En un trabajo anterior que publicara en esta misma revista, me he ocupado del tema de la edición (lo vivido no editado en el psiquismo, discernible de la re-edición transferencial) . Los trabajos de los Botella responden a muchos interrogantes que entonces me planteara.

 


*Los capítulos de este libro son la reproducción de artículos publicados en francés por Presses Universitaires de France y han sido revisados y recopilados por F.J.Alarcón Prieto. La correspondencia entre los capítulos y los artículos en francés es la siguiente, en orden cronológico de aparición:

1983 “Notes cliniques sur figurabilité et línterpretation”. Revue Française de Psychanalyse, n. 3 (Cap. I)

1985 “Pensée animique,conviction et momoire”. Revue Française de Psychanalyse, 1985 n. 4 (Cap. II).

1990 “La problématique de la régression formelle de la pensée et de l´hallucinatoire”. Colloque de l´ Unesco, Monographie de la Revue Française de Psychanalyse, 1990 (Cap. IV)

1992 “Le status metapsychologique de la perception et lírrepresentable”. Revue Française de  Psychanalyse, 1992, n. 2 (Cap. VII).

1994 “La dynamique du double,animique,autoerotique,narcissique: Le travail en double” Monographie de la Revue Française de Psychanalyse, 1994  (Cap. III).

1994 “Interprétation et hallucinatoire”.Bulletin interne du Groupe Lyonnais de Psychanalyse, 1994 (Cap. V).

1995 “Sur le processus analytique: du perceptif aux causalités psychiques”. Revue Française de Psychanalyse”, 1995, n. 3 (Cap. VIII).

1996 “La tendance convergente de la régression narcissique”. Revue Française de Pychosomatique, 1996, n. 9 (Cap. IX).

1997 “L´inachèvement de toute analyse”. Revue Française de Psychoanalyse, 1997, n. 4 (Cap. X).










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