El psicoanálisis como recorrido

Publicado en la revista nº013

Autores: Boschan, Pedro - Borgogno, Franco


  • Libro: El psicoanálisis como recorrido, de Franco Borgogno. Madrid: Ed. Síntesis (1999)


El original enfoque con que Franco Borgogno, prestigioso analista didáctico de la Sociedad Psicoanalítica Italiana, y profesor de Psicología Clínica de la Universidad de Turín encara este libro, está centrado en la idea fundamental que el Psicoanálisis es un devenir constante, en el que cada analista busca su propio camino teórico y clínico. La incertidumbre con que nos enfrentamos cotidianamente en nuestra tarea clínica, puede inducir un aferramiento a veces rígido a las teorías como “ verdades”, con el riesgo de olvidar que a nuestras posiciones teóricas de hoy fuimos llegando, y  que el camino prosigue.


Borgogno rescata la independencia de recorrer, describiendo su propio camino, a lo largo de los últimos veinte años, mostrando su peculiar engarce entre los desarrollos de la teoría psicoanalítica y sus desarrollos personales como analista,  en una búsqueda dialógica entre las ideas de distintos autores en los que encuentra las ideas que sustentan su tarea. Ideas que, en muchos casos, han sido dejados de lado en el desarrollo general del movimiento psicoanalítico, y cuyo rescate es de gran valor para los cambios de rumbo que la cambiante realidad nos impone.


En su recorrido, denota una preocupación constante por ciertos temas, que el autor considera esenciales para nuestra práctica psicoanalítica actual: Un análisis que se adecua a las necesidades y posibilidades del analizante, la necesidad de desidealizar lo que somos y lo que hacemos en nuestra tarea, el tener muy presente los riesgos de violentar al paciente imponiéndole nuestras propias concepciones del análisis; la idea del análisis como una comunicación bipersonal, poniendo en primer plano la persona y la mente del analista. Se ocupa intensamente de la contratransferencia, correlato de privilegiar el enfoque relacional,  con  conciencia de las limitaciones que impone el contacto con el paciente. Propone sin denominarlo así una  perspectiva vincular del quehacer analítico.










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El epígrafe del capítulo 2, cita de Göethe: “Lo que has heredado de tus padres debes adquirirlo tu mismo para poseerlo”, describe acertadamente la tarea emprendida en el libro.

  Es importante señalar la estructura del texto:  si bien cada capítulo se centra en un trabajo determinado de un autor psicoanalítico considerado significativo por Borgogno en su desarrollo personal, de ninguna manera se limita a la discusión de ese trabajo: lo toma como punto de partida para desarrollar una red conceptual, relacionándolo con otras ideas del mismo o de otros pensadores, sus propias reflexiones clínicas, o consideraciones sobre tendencias en el movimiento psicoanalítico.


El recorrido comienza por los escritos tempranos de Freud; desde su relación con Charcot, (Capítulo 1), cuyo método de observación y honestidad intelectual sirven como modelo para Freud desarrollar ese ideal de conocimiento y de observación que lo acompañará en sus descubrimientos; también detectando “el negativismo”, “el odio” y “el desgano” que asaltan al observador en determinadas circunstancias frente al paciente, anticipando así la comprensión de cómo lo observado evoca respuestas afectivas en el observador que influencian su registro.


Prosigue con Un caso de curación hipnótica (1892), escrito poco conocido de la época pre-psicoanalítica de Freud, en el que enfatiza la concepción vincular en la comprensión que lleva a Freud a modificar su estrategia terapéutica, además de su temprana aprehensión de la importancia de las primeras etapas de la relación madre-recién nacido y de los procesos identificatorios.


En El caso clínico de Juanito como ensayo de técnica  Borgogno ve este escrito  como una rectificación de Freud a algunos errores por él mismo cometidos en el análisis de Dora. Señala como la “ tercera mirada” (Freud supervisor del padre de Juanito ) permite registrar y señalar las actitudes marcadamente autoritarias e impositivas de este, que “pregunta demasiado , e investiga siguiendo los propósitos suyos, en vez de dejar explayarse al pequeño . Todo ello quita transparencia y seguridad al análisis...”  Respuesta de un padre- analista más comprometido con la teoría que con el paciente; con el riesgo de desconocer los justos reclamos del “ analizante”  o forzar significaciones que necesita corroborar. Estos comentarios de Freud pueden entenderse  como la  reconsideración, incluso en forma crítica,  algunas de estas actitudes suyas particularmente evidentes por ej. en el tratamiento de Dora, señalando los riesgos que la convalidación de tales actitudes en el psicoanalista pueden tener para el tratamiento y para las instituciones psicoanalíticas.


De los escritos de Paula Heimann, el autor desarrolla  los trabajos ulteriores al de  1949, que según señala, inaugura una nueva época en la historia oficial  del Psicoanálisis (ya que muchas de estas ideas sobre el uso de la contratransferencia habían sido expuestas previamente (por ej. por Ferenczi (1928); plantean un analista humanizado, ya no el “espejo” o “ el cirujano”; comienza a entenderse y aceptarse la aportación del analista al proceso analítico. La subjetividad del analista  no concierne solamente a su reacción afectiva, sino también, más en general, al uso de las teorías y los modelos de que se sirve, a las funciones que despliega al tratar de entrar en sintonía con el paciente, y a sus aptitudes personales para instaurar, gestionar, vigilar y promover las condiciones idóneas para una escucha y una comunicación eficaces.  De los escritos ulteriores de Paula Heimann, enfatiza las ideas que apuntan a ver la situación analítica como una campo compartido, lo que denomina su “ giro más Winnicottiano” a partir del ’57., alertando contra la interpretación “ demasiado saturada, demasiado brillante” como negativa para el trabajo analítico; así como sobre el riesgo de intrusión y la promoción por parte del analista de una idealización de sí mismo “colonizando” al paciente mediante su autoridad, promoviendo identificaciones ego- distónicas y de imitaciones “ como sí” (tan frecuentes en el medio analítico). Borgogno señala  que en este desarrollo de Heimann se centra en la disponibilidad del analista y sobre la respuesta emocional como medio de encuentro, anticipando los conceptos que Baranger desarrollará en sus trabajos sobre Campo Analítico.


De los escritos de Bion, se centra en Memoria del Futuro y Cogitations. Enfatiza las ideas de Bion en términos de una mente extensa y relacional, un evento interpersonal antes que intrapsíquico (el vínculo); así como la función fundamental del devenir como eje del trabajo analítico. Señala los efectos anti- bionianos de la exaltación idealizada de su obra hasta transformarla en un credo, una mística que puede llevar a un “preponderante interés y vínculo con un análisis ideal y con el grupo de referencia, en detrimento a la atención al bienestar del paciente y sus apenados y repetidos mensajes”. Asimismo toma de Bion las críticas a un abuso del concepto de envidia primaria, como “una explicación sospechosa, porque puede tratarse de una realización prematura o alucinatoria del credo asumido por el analista, y no el resultado de la experiencia lenta y progresiva de un encuentro que pueda soportar las vicisitudes obstaculizadas y obstaculizadoras  de la relación”.


El recorrido llega a Ferenczi, en cuya obra Borgogno demuestra  una profunda erudición y una gran capacidad “conectiva”: establece correlaciones con desarrollos teóricos ulteriores, señalando las implicancias teórico- técnicas  y de ideología analítica de las distintas posturas.  Se centra fundamentalmente en sus ideas sobre trauma, los sueños, la técnica analítica  y el ser del analista. Basado en “ La elasticidad de la técnica psicoanalítica (1928) señala la sorprendente modernidad clínica de la aportación de Ferenczi, al considerar el reconocimiento y la elaboración de la influencia ejercida por el propio analista sobre la evolución del proceso, el descubrimiento, la valoración y la protección de la alteridad como claves para el acercamiento del paciente a la exploración de su propio inconciente. En este sentido, resalta el tener en cuenta que las respuestas del paciente no solo nos informa sobre su “comprensión” ( insight) de lo interpretado, sino también es un comentario secreto u oculto respecto a la actitud y el funcionamiento mental del analista. Ello implica una reflexión sobre los componentes activos de las comunicaciones ( y las no- comunicaciones) del analista que son inconcientes para este y que sobrepasan las mejores intenciones de abstención y neutralidad. ideas desarrolladas en nuestro medio por Álvarez de Toledo ( 1954) y retomadas más contemporáneamente por H. Faimberg.


Otra línea explorada es la referida al trauma. Borgogno señala la complejidad del concepto de trauma de Ferenczi, al incluir las expectativas, deseos, y conflictos parentales, así como los efectos fundamentales de la desmentida impuesta en su constitución. También aparece finamente captada la idea de lo transgeneracional, (desarrollado entre nosotros por Berenstein y Puget), al señalar que “ el odio, el dolor psíquico, la herida, la culpa y los duelos no metabolizados, que están en la base de quien traumatiza, son a su vez resultados del trauma y se van transmitiendo así entre generaciones si no se hacen concientes y son convalidados afectivamente”. Rescata las advertencias de Ferenczi acerca de cuán fácil e inadvertidamente el análisis puede re-traumatizar al analizante si no se lo toma en cuenta cuidadosa y respetuosamente, por aferramiento a la teoría y a un encuadre rígido para evitar el sufrimiento y el terror que podrían suscitar en el analista una mayor disposición identificatoria para con su paciente.


El libro señala que el trauma incide sobre la subjetividad y la existencia autónoma, en base a una tergiversación de los idiomas y códigos que llega a la anulación de toda palabra que lo represente y lo compruebe, que se extiende más allá del que realiza la violencia e involucra a los demás miembros del contexto (a la manera del pacto denegativo de Kaës,  o el discurso narcisista del conjunto, de Piera Aulagnier).


En el apartado sobre Fenomenología compleja de la traumático, considera con sutileza las propuestas de Ferenczi acerca del funcionamiento mental de los padres; así retoma las ideas de Ferenczi  en el sentido que el trauma no solo resulta de situaciones o acciones puntuales, sino de expectativas, deseos o actitudes parentales, como claramente se ve en “ El niño no bienvenido y su instinto de muerte” (Ferenczi 1929). Describe la “dejadez traumática”, insensibilidad, desvalorización, no respeto a los límites; relaciona estas actitudes parentales con el “olvido” ( hoy diríamos disociación) de la niñez propia.


En el capítulo 11, examina las novedosas ideas de Ferenczi sobre el sueño y el soñar, señalando la perspectiva precursora que ve en el sueño un lugar de “ puesta en escena”, un espacio de transformación potencial no solo de la historia pasada, sino de la psicoanalítica que se va construyendo. El sueño es para Ferenczi al mismo tiempo memoria enterrada y en formación (a la manera de lo señalado por Aulagnier en el “aprendiz de historiador”); pero sobre todo, el sueño es comunicación.


El recorrido teórico lo cierra la cuidadosa lectura dialógica del Diario Clínico de Ferenczi, que relaciona con lo que Borgogno denomina “ algunos puntos neurálgicos del psicoanálisis” Señala la sinceridad, la humildad y autenticidad de este escrito, impregnado de un riguroso espíritu autoanalítico. Toca en los conceptos de “terrorismo del sufrimiento” (de tanta vigencia hoy día en nuestra sociedad)


Todo este recorrido teórico cobra otro sentido al cotejarlo con el capítulo 5, donde el autor muestra con riqueza, generosidad y sinceridad como estos conceptos teóricos son aplicados en su propio trabajo clínico. Propone la diferenciación conceptual de dos categorías de objeto interno, de acuerdo a las “ condiciones de su introyección”. Las descripciones clínicas del “ conejo enano blanco” o de Mirko, “el muchacho que se creía un burro”, nos muestran claramente como este recorrido en el que Borgogno nos propone que lo acompañemos, se integra en una actitud clínica y una “filosofía de trabajo”; da cuenta de la “ realización” de todo este trabajo conceptual, sedimentado en la tarea con el paciente.


Alguna vez he comparado el trabajo analítico con el de remontar un barrilete:  se necesita algo que vuele ligera y libremente, alguien con los pies sólidamente asentados en la tierra, y un muy buen hilo que los conecte. El magnífico libro de Borgogno abarca holgadamente estas condiciones, transmitiendo vivamente la noción de una epistemología psicoanalítica viva, en movimiento, y al servicio de nuestro compromiso clínico.

 

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