Las dinámicas de la agresión humana [Rizzuto, A.M., Meissner, W.W., y Buie, D., 2004]

Publicado en la revista nº018

Autor: O'Ryan, Francisco

Reseña: The Dynamics of Human Aggression. (Los Dinamismos de la Agresión Humana) Autores: Ana Maria Rizzutto, W.W Meissner y Dan M. Buie. Editores Brunner-Routledge (Taylor and Francis Group) 2004. 300 páginas


Este es un libro particularmente interesante y sorprendente. Presenta el concepto de agresión desligado de la pulsión, alejado de su clásica relación con la hostilidad y la destructividad para ser planteado básicamente desde un vértice motivacional, es decir como una capacidad para vencer los obstáculos (sobre todo los psicológicos) que surgen para llegar a una determinada meta. En la parte final ilustra esta propuesta metapsicológica con análisis teórico-clínicos específicos en las fobias, el sadomasoquismo y otros cuadros clínicos que precisaré mas adelante.


En los primeros capítulos se revisan las concepciones clásicas freudianas en torno al tema. Como harán con muchos de los autores posteriores, los autores van relacionando algunos aspectos de estas teorías con la concepción motivacional que sostiene el libro. Por ejemplo, se dice que Freud estableció tres teorías de la agresión. La primera (1905) la consideraba como parte normal de la sexualidad masculina dirigida a la unión con el objeto sexual. Citando a Freud dice “La sexualidad de la mayoría de los seres humanos masculinos contiene elementos de agresividad -un deseo de subyugar; el significado biológico de esto parece residir en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual por un medio distinto al cortejo”. El sadismo sería “un componente agresivo de la pulsión sexual que se ha independizado y exagerado”.


En una segunda aproximación (1915) en Instintos y sus Vicisitudes plantea el conflicto entre los Instintos y el Yo. La supervivencia y la evitación del displacer serán los objetivos del Yo y éste odiará todo aquello que le genere displacer. Nuevamente citando a Freud: “El Yo odia, aborrece y persigue con el intento de destruir a todos los objetos que son objetos de displacer para él, sin considerar si significa la frustración de la satisfacción sexual o de la satisfacción de las necesidades de autopreservación”. Esto implicaría para los autores el rol de la agresión como instrumento para superar los obstáculos a la satisfacción libidinal o para vencer las amenazas para la autoconservación.


La tercera (1920) después de Mas Allá del Principio del Placer incluye la pulsión de muerte y sus vicisitudes.


A continuación se relacionan las dos primeras con la teoría motivacional que plantean los autores. Dicen que tanto en la primera, donde el objetivo es lograr la unión con el objeto sexual, como en la segunda, donde el objetivo es evitar el displacer y por lo tanto vencer los obstáculos que impiden la satisfacción del deseo, la agresión es una fuerza motivacional destinada a superar obstáculos. Respecto a la tercera, no comparten el concepto de pulsión de muerte y hacen algunas consideraciones a mi entender menos claras, dado lo fuertemente pulsional que es el abordaje de la agresión en este trabajo de Freud y lo casi antipulsional que es la aproximación motivacional planteada.


Esta será la tónica del libro en su revisión de autores, donde plantea el punto de vista de Klein, Hartman, Kernberg, Anna Freud, Winnicott, Kohut, etc. y los va relacionando con esta propuesta teórica o criticándolos en relación a ella.


Por ejemplo respecto a Melanie Klein dicen “Diferimos de muchas maneras con la visión de Klein sobre la agresión, con su involucración integral con el Yo, su inevitable asociación con la hostilidad y destructividad, y sus vicisitudes respecto al desarrollo y defensivas… Nuestra propuesta de la agresión como originada en motivaciones para vencer obstáculos claramente separa nuestro punto de vista de su concepción pulsional… Más aún, la motivación para vencer obstáculos deja a nuestro entender a la agresión abierta a destinos positivos y constructivos como también a los destructivos”


Esto mismo criticarán respecto a la obra de Otto Kernberg.


En relación a Anna Freud, criticando varios aspectos de su teoría, plantean que su propuesta de que la agresión sin meta por sí misma y al servicio de otras metas psíquicas, como un factor económico que genera la fuerza suficiente para que se venzan obstáculos en la búsqueda de estas otras metas, sí coincide con la propuesta efectuada.


En fin, presento solo algunos de los autores que revisan, para ilustrar el estilo del libro.


Concluye el segundo capítulo con la siguiente idea: “Vemos a la agresión, no como una pulsión ejerciendo presión para su descarga destructiva sobre la mente, sino como una capacidad de la mente -esto es una capacidad del self como agente- activada bajo condiciones propicias para enfrentar un obstáculo que interfiera con una necesidad interna o externa”.


En el capítulo 3 presentan un caso (el cual se discute en el capítulo siguiente) que se llama “Siempre Hiero a Quien Amo -y Me gusta” para ilustrar la teoría central. Es el caso del Sr. T, portador de un “crónico estado narcisistico de excitación rabiosa”. En la detallada descripción del caso plantean que el paciente se encontraba desgarrado entre un extremo apego a su madre y un gran odio hacia ella. La sentía como una pared impenetrable, siempre ausente para el. El análisis era una permanente lucha para involucrar al analista en una pelea sádica, centrada en los esfuerzos del Sr. T por seducirla, y su permanente crítica a la analista por su incompetencia y estupidez. La actitud sistemática de la analista, muy atenta a su contratransferencia, era elegir con cuidado intervenciones que le dieran a entender al Sr. T que sin importar cuánto el la agrediera, ella no iba a ser retaliativa, sino que iba a perseverar en entenderlo. Este esfuerzo es gradualmente reconocido y creído por el paciente. Llega a reconocer, como dice el título del capítulo, que agrede a quien ama y lo disfruta y esto es entendido como un modo de forzar a la mujer a reconocerlo como superior en conocimiento y sabiduría. Esto es trabajado progresiva pero intensamente en la transferencia, en torno a una analista dispuesta a escucharlo y entenderlo sin tener que ser sometida o forzada agresivamente para ello, lo que gradualmente va reconociendo, llevando en un momento al paciente a creer estar profundamente enamorado de ella. Plantea la analista que esto era nuevo en su vida. Nunca se había enamorado de alguien. Esta experiencia le abre un proceso de cuestionamiento de por qué en sus relaciones esto no había estado, y por qué siempre ha herido a quienes más necesitaba. Se desarrolla el deseo de establecer relaciones en las cuales no tener que estar siempre peleando.


Los últimos dos años del análisis (de un total de seis) fueron dedicados a la reconstrucción de las condiciones externas e internas que contribuyeron a su ira, grandiosidad, deseos destructivos y conductas sádicas. Reconoce haber conocido en la relación con su analista una experiencia distinta a la acostumbrada.


Esta es naturalmente una síntesis y padece de los defectos que eso implica. En la discusión ilustra cómo el primer obstáculo en el desarrollo fue la inhabilidad o resistencia del objeto parental para proveer algo necesitado física y psíquicamente. Ya de adulto, en presencia de mujeres revivía la experiencia de rechazo y humillación, lo que despertaba en él afectos de ira defensivos y compensatorios. Frente a la impotencia aparecía una superioridad compensatoria. Era la única manera para él de obtener lo que necesitaba del objeto: a la fuerza. La agresión para vencer el obstáculo.


Plantea en el capítulo cuatro el marco teórico en relación al caso. En ningún momento en el análisis del caso se hace alusión a la agresión como una pulsión. El eje del proceso se centra en mirar el por qué y cómo el paciente reacciona y acciona del modo en que lo hace, enfatizando sus vicisitudes en la relación transferencial. El objetivo es irse alejando en el aquí y ahora de la interacción sado-masoquista, venciendo obstáculos en el trayecto (la transferencia sadomasoquista es considerada un obstáculo) para poder dirigir la agresión hacia propósitos mas terapéuticos (recanalizarla desde el sadomasoquismo entendido como una defensa hacia propósitos terapéuticos mas productivos). Desde el mismo vértice, la agresión del analista le permite vencer el obstáculo de entramparse en la contratransferencia y mantener su posición analítica. No se interpreta en ningún momento ni se hace referencia a pulsiones ni derivados de ella. Se apunta más bien a los aspectos motivacionales de la actitud del paciente.


La base de este enfoque considera a la agresión no simplemente como una pulsión en permanente estado de actividad o descarga biológicamente determinada sino una capacidad biológica que requiere condiciones apropiadas de estímulo para generar activación o respuesta. Su objetivo, vencer obstáculos. No son pulsiones en busca de descarga. Es un concepto motivacional donde la agresión surge desde condiciones de activación, orientada hacia una meta específica y tiene una conexión básica con los deseos, sentidos e intenciones. Solo aparecerá al surgir un obstáculo, con el objetivo de vencerlo.


En el caso del Sr. T, el interés analítico no está en la causalidad de las acciones agresivas sino en la motivación. ¿Qué obstáculos surgen afuera y en la relación transferencial que estimulan su esfuerzo para superarlo?


Cito: “El principio de agencia en este marco referencial no se centra en un set de pulsiones biológicamente predeterminadas sino en el self como una fuente de acción psíquica autónoma, autoiniciante autogenerada y autodirigida”.


En los capítulos siguientes se revisarán los fundamentos y el marco referencial teórico en el cual se basan estos conceptos, la relación con los afectos y sus aspectos evolutivos.


En el capítulo cinco se explayan en torno a conceptos esenciales de su teoría. En la sección dedicada a los Principios Motivacionales plantean la relevancia de analizar por separado los principios de acción y sistemas motivacionales de la agresión por un lado y la causalidad por otro. Una cosa era entender la expresión de agresiones del Sr. T con su analista y otra mirar la inmediata intencionalidad de esa conducta, que era vencer los obstáculos que la situación analítica le imponía y la reticencia del analista a cumplir con lo que la transferencia demandaba -ser objeto masoquista para sus ataques sádicos- y otra cosa aún es observar las raíces biográficas y dinámicas que explican esta reacción.


Proponen una definición básica en la cual enfatizan que las motivaciones pertenecen a las condiciones de estímulo correspondientes y los contextos de significado que despiertan una reacción desde el organismo, generando las circunstancias que estimulan al organismo para responder. Estas acciones son acciones del Self como fuente de agencia, no de las pulsiones. La motivación está en la meta de la conducta, no es la fuente de la conducta. Una teoría no pulsional se preocupa de la dirección e intencionalidad de la conducta, no de la fuente energética. Ponen el ejemplo del león. Dicen que si el león que duerme bajo el sol de mediodía está bien alimentado y saciado, la gacela danzante que salta pasando por su campo visual no despertará respuesta alguna. El león sigue durmiendo. Pero cuando siente hambre, no duerme, entra a un modo predatorio y empieza a buscar ganado. Si la misma gacela cruza su campo en ese momento, está perdida. Y preguntan ¿es ésta una pulsión de hambre? ¿O es que el estado interior de hambre genera las condiciones para que la gacela danzante se transforme en un estímulo motivante que despierte la respuesta agresiva predatoria? En este sentido la motivación no pretende explicar la causalidad de la acción sino que dará cuenta de las condiciones bajo las cuales el agente es activado,  de aquellas que explican el apetito o de las que elicitan la acción, no de la acción propiamente como tal.


En este capítulo se explayarán largamente en torno al tema de los deseos, una mirada a Freud, y el énfasis en su marco teórico.


En el capítulo seis ahondará en la definición de afectos y en su planteamiento de separar los afectos concomitantes de lo que es la acción agresiva. Me detengo en el ejemplo planteado: dos personas caminando por una vereda se ven en peligro por un auto fuera de control que amenaza con matarlas. El auto obviamente es un obstáculo para su deseo de seguir viviendo y ambos saltan y se hacen a un lado. Al detenerse el vehículo, una de las dos personas cae al suelo temblando de temor. La otra se enfurece, agarra al chofer del cuello y lo golpea. La primera reacción que implica evitar el obstáculo es común a ambas, es una respuesta psico-neurobiológica rápida e instintiva. En contraste, la respuesta afectiva es muy distinta en una y otra. Esto responde a la historia de cada una de ellas, que los lleva a recorrer vías neurobiológicas distintas frente a la situación (temor en una, furia en la otra) y no se conecta con la reacción agresiva original para vencer el obstáculo. Surge en el primero un sistema motivacional desde el temor y en el segundo desde la furia. Al resumir este capítulo dicen: la rabia, furia, y una variedad de afectos negativos dirigidos contra uno o contra el analista u otros no necesitan ser analizados para entender sus fuentes motivacionales dinámicas en el presente o pasado del paciente. Sugieren un examen independiente de las motivaciones para los afectos y acciones y los obstáculos que encuentran, en contraste con otras teorías.


El capítulo siete revisa aspectos del desarrollo en relación a la agresión. Esta capacidad agresiva se plantea innata, se ilustra su manifestación en distintas etapas del desarrollo y considera especialmente a autores como Kohut, Winnicott y McDevitt


La tercera sección del libro aborda las consideraciones clínicas.


Considera en capítulos distintos la agresión en los estados fóbicos (considerando el caso de Juanito de Freud y el de Frankie de Bornstein), en la histeria masculina, en los cuadros sadomasoquistas, en personalidad borderline y finalmente en el proceso analítico (consideraciones técnicas).


Para ilustrar el abordaje de los autores vemos (capítulo 8) que su interpretación de la fobia de Juanito pasa por plantear que la agresión no está en la cualidad de sus afectos, ni en la cualidad de sus deseos eróticos u hostiles sino en el interjuego de fuerzas que se oponen. Antes de la fobia la represión estaba funcionando de un modo más o menos exitoso, pero surge la necesidad de agresión como una fuerza coadyuvante para vencer esta barrera. Surge en él también para vencer el obstáculo que significa el padre para poder satisfacer sus deseos libidinales. Esta agresión a la vez amenaza con causar la perdida del padre y se transforma en si en un obstáculo para lograr una relación segura, protectora y amorosa con él.


Termina elaborando un modelo para las fobias. La agresión surgirá solamente en el punto en que una acción o estado de equilibrio que estaba siendo posible en forma fácil o fluida (intrapsíquico), es inhibido, impedido o encuentra un obstáculo. Así la agresividad de Juanito con su padre por impedirle el acceso a su madre amenazaba su relación amorosa y tierna con él. Por esto desplaza hacia el caballo la agresión para proteger la relación con el padre, y eso requiere un montante de agresión para efectuarse.


El capítulo nueve recorre tres extensos casos para ilustrar su teoría sobre el sadomasoquismo. Afirma que desde su perspectiva de la agresión, los aspectos sádicos que se evidencian en los tres casos llaman a que entre en acción la capacidad agresiva para vencer un obstáculo, específicamente aquél que suponen las inhibiciones internas masoquistas a los deseos destructivos, fantasías, etc., ilustrados en los casos. Estos deseos hostiles no serían en sí agresivos, devienen en eso en mayor o menor grado para vencer los obstáculos.


El capítulo diez -“La Agresión en un Histérico Masculino”- presenta, también extensamente, el caso de Larry, un joven tímido, que “tiembla” frente a situaciones de tener que mostrarse y con sistemáticas malas relaciones familiares e interpersonales. Es interesante cómo enfoca la dificultad del paciente no desde un exceso de agresión sino desde la falta de ella. El resumen del proceso lo plantea como una gradual progresión desde un vértice autodestructivo de la agresión hacia la posibilidad de usarla de un modo constructivo y en su propio beneficio. Es un análisis de cuatro años, cinco veces por semana en diván. De particular interés es la descripción detallada de las vicisitudes transferenciales y contratransferenciales del caso.


Ampliando las definiciones anteriores, la agresión es vista como al servicio de la superación de obstáculos intrapsíquicos, interpersonales y externos que se interponen entre una meta psíquica y su logro.


Esto plantea una visión distinta del proceso terapéutico y del objetivo terapéutico. “Es el self como agente, la persona psíquica total como fuente de acción quien es el amo de la casa psíquica”. La tarea terapéutica consistirá en acompañar al self vapuleado para llevar a cabo una exploración autónoma de motivaciones y asumir su responsabilidad en la patología, para ir venciendo de forma progresiva los obstáculos que impiden un funcionamiento psíquico satisfactorio y eficaz.


El capítulo once trata de la “Terapia Intensiva de la Agresión en un paciente Limítrofe”. Presenta el caso de Jim que responde fenomenológicamente a la definición clásica de estructura limítrofe. Centra el conflicto en torno a las dificultades del paciente en torno al manejo de la cercanía e intimidad.


En este capítulo se hace una extensa revisión y critica al concepto de Kernberg, particularmente en cuanto a su postura de la agresión en la patología limítrofe, su marco referencial Kleiniano y su apego al marco referencial de Margaret Mahler.


El último capítulo, titulado “La Agresión en el Proceso Analítico, Consideraciones técnicas” es, a mi entender, de los mejor logrados del libro.


Voy a citar del libro lo que a mi entender sintetiza lo planteado en este capítulo. Dice: “Aún mas sugeriríamos que para que ocurra cambio psíquico el paciente necesita poner en juego acciones agresivas psíquicas para vencer obstáculos internos que interfieren con sus pretendidas acciones. La reiterativa y acumulativa superación de obstáculos en análisis y la emergencia de acciones previamente inhibidas o interferidas trae, a lo largo del proceso, cambios de conducta y la emergencia de metas nuevas previamente inhibidas”


Mas adelante agregan: “La técnica analítica requiere un modo de escucha que le permita al analista conceptualizar mentalmente la naturaleza de la urgente necesidad del paciente de comunicar un particular predicamento afectivo y el vehículo narrativo que utiliza para ello.- Estos predicamentos siempre se relacionan con peligros psíquicos básicos como: aniquilación, abandono, pérdida del amor, herida o depresión narcisística, derrota edípica, miedo a la castración o destrucción por un objeto hostil maligno o miedo de ser poseído o fusionado con un objeto que sobrepasa”.


En síntesis, un libro sólido y bien fundamentado, que ilustra un enfoque marcadamente distinto en relación a los tradicionales de la agresión, piedra angular de tantas teorías en psicoanálisis y que abre interesantes espacios de discusión teórico clínicos.