La psicología del self de sistemas evolutivos [Shane, E., 2006]

Publicado en la revista nº023

Autor: Urízar, Fernando

Reseña: Developmental systems self psychology. Estella Shane, Ph. D. International Journal of Psychoanalitic Self Psychology. Volumen 1, pag 23 – 47, number 1, 2006.







Resumen


En este artículo, Estelle Shane presenta un modelo de psicoanálisis que se construye a partir de sistemas de desarrollo de la psicología del self, elaborado junto con Morton Shane y Mary Gales en 1997 (Intimate Attachments: Toward a new self psychology). Ese modelo incorporaba aspectos de la psicología del self, de la teoría del apego, datos de la investigación de la infancia y pensamiento de sistemas no lineales. La teoría se discute junto con otras afines como: las psicologías del self relacional, teoría de sistemas intersubjetivos y con ideas sacadas de la perspectiva relacional. Se nombran y describen seis rasgos de la psicología del self de Kohut. Este artículo supone una ampliación y reformulación por parte de E. Shane del que se publicó en 1997, incluyendo los conceptos de experiencia nueva positiva y transferencia. (1)



Shane plantea que hoy en día se entiende que el psicoanálisis se influencia de múltiples tendencias, aunque piensa que muchas veces hay más paredes que puentes en el mundo de las ideas psicoanalíticas, utilizándose a veces la negación o el abandono de las ideas del otro. Precisa que si queremos avanzar debemos establecer momentos de conexión entre nosotros mismos (2). Considera, también, que un ser humano que ha sido amado y cuidado adquiere una experiencia del self consolidada a lo largo del desarrollo y una capacidad de disfrutar con los otros. Concibe el trauma como fracaso del ambiente o facilitación constitucional, impidiendo la constitución del self y la conexión del self con el otro.


 


Rasgos Característicos de la Psicología del Self


I) El self es un foco central en lo que respecta a la clínica y a la teoría. Los autores del estudio de 1997 caminaban entre diferentes teorías:


a- Kohut (1997) dice que el bebé nace al mundo como un ser completo, en un estado consolidado, únicamente en la patología el self se fragmenta y se manifiesta con expresiones disfóricas e impulsivas de ira y sexualidad, que se establecen como línea base en la teoría clásica (Fosshage, 2003).


b- Hallazgos de la investigación del desarrollo cognitivo (Bucci, 1998, 2001; Lyons Ruth, 1999), que convergen además con hallazgos de la neurociencia (Edelman, 1987, 1989, 1992; Damasio, 1994, 1999), plantean que el desarrollo normal es fragmentado, con sistemas no integrados y con procesos mentales que cursan en paralelo. Tronick y Weinberg (1997) y Stern (1998) encuentran que el conocimiento relacional implícito, el único campo disponible para el infante y que permanece a lo largo de toda la vida, es particularmente vulnerable al fraccionamiento y a la falta de integración cuando hay relaciones insuficientemente empáticas.


c- Mitchell (2000) se decanta por la idea de los múltiples selfs, como un inevitable rasgo del desarrollo normal; sirviendo el self agresivo como un ejemplo de uno de ellos.


A mi entender, Shane menciona que los autores entraban en la disquisición de si las investigaciones del desarrollo cognitivo y de las neurociencias apoyan las ideas de Kohut o de Mitchell como un interrogante, que a su vez, por sus propias argumentaciones, parece que podría afirmarse que lo que apoyan sobre todo son las ideas de Mitchell.


II) Kohut (1959, 1981a, b) introduce un modo de escucha y entendimiento en el encuadre psicoanalítico. Para referirse a esto habló de empatía, considerándolo un modo de introspección, y lo designó como una perspectiva de escucha fundamental en psicoanálisis, haciendo de la experiencia subjetiva del paciente la principal fuente de datos que definen el campo del psicoanálisis. Para Kohut, el rol de la empatía fue tan importante que incluso lo describió antes que la propia psicología del self (1959), aunque llegó a decir, poco antes de su muerte, que en realidad nunca lo había entendido (1981 a, b). Dijo que no era simpatía ni intuición ni amabilidad. Según Shane, para los autores del estudio de 1997 el modo de escucha introspectivo empático resulta central para su tarea, con la salvedad, por supuesto, de que tal percepción está siempre influenciada y mediatizada por la subjetividad del propio analista. Desde la perspectiva del constructivismo de Fosshage (2003) la narrativa que se crea en la relación analítica es creada por ambas partes. La cocreación de la narrativa es central en la teoría relacional y en gran parte de la psicología del self contemporánea. Y E. Shane afirma que es vital en los autores del artículo, que conceptualizan la relación analítica como fluida, mutua y bidireccional.


Fosshage (2003) ha propuesto el concepto de la escucha centrada en el otro -esto es, escucha y respuesta desde la posición del otro en la díada- y, más recientemente, el concepto de la escucha centrada en el analista -escucha y respuesta desde la posición del analista-.


En el artículo elaborado por Shane, Shane y Gales, éstos realizaron su propio desarrollo trabajando con dos conceptos:


a) El “self con el otro que transforma al self”: en esta dimensión, el analista es experienciado por el paciente como provisor de funciones significativas para la vivencia del self del paciente, como son: la regulación del self, la afirmación del self, delineación del self, cohesión del self, sostenimiento del self, integración afectiva e integración del estado del self. Estas dimensiones se parecen a la experiencia del self de Kohut (1997, 1984) y a la del otro que regula el self y a la de otras experiencias que resuenan sobre el self  (Stern,1985). El analista percibe cómo el paciente se organiza en su experiencia con él mismo en un momento determinado, lo que influye en la escucha y respuesta del analista.


 Las diferencias de esta concepción del “self con el otro que transforma al self “y los conceptos de Kohut y Stern son:


-        que la naturaleza de la relacionalidad es esencialmente positiva.


-     que el analista trata de lograr un ambiente de seguridad y esperanza, incluso optimismo, aun cuando el paciente experiencia afectos negativos (disforia). Esta forma de trabajo difiere de la de Kohut en donde la frustración óptima que provee el analista facilita el crecimiento del paciente. (3)


b) El “self con el otro que comparte interpersonalmente”: cómo paciente y analista conectan en un sistema intersubjetivo que forman juntos. La diferencia esencial con Kohut radica en la visión constante de bidireccionalidad en la interacción entre analista y paciente, y la regulación interactiva en el sistema diádico como han señalado Beebe y Lachmann (2002). (4)


Dependiendo de qué sistema de los dos esté predominando, la respuesta del analista será diferente. Los dos sistemas son considerados como vías de intimidad con igual importancia en la relación analítica.


La comunicación en la dimensión del self que transforma al otro (y también en la dimensión del otro que comparte interpersonalmente) se produce, como señala Lichtenberg (2001), tanto desde la forma verbal como más allá de lo verbal, a través de la acción y de la interacción, consistente con los modelos sistémicos en los que la comunicación es vista como un proceso (Beebe y Lachmann, 2002). También coincidente con la convicción relacional de que la interpretación es acción y que la verbalización del analista llega a mas áreas que el insight (Benjamin, 2001). (5)


III) La tercera distinción se refiere al concepto de Kohut sobre la experiencia de objeto del self (selfobject). Este postulado de Kohut es la base de su teoría: la dependencia de los otros más que la independencia es un requerimiento de la persona a lo largo de toda su vida. El objeto del self provee consuelo, calma, delineación, afirmación, experiencias de reconocimiento, hacia el desarrollo, sostenimiento y reparación del self. Para la autora, la conciencia del paciente sobre el otro -incluso el otro que transforma al self- está siempre presente. Dentro de la dimensión del otro que comparte interpersonalmente, el sentido de intimidad del paciente con el analista está basado en el compartir mutuo; incluyendo lo subjetivo, intersubjetivo, compartir procedimental, y el conocimiento relacional implícito, así como otras experiencias no subjetivas de conexión del self con el otro. Todo ello puede contribuir a que el paciente se provea de una nueva experiencia positiva de humanidad compartida, mutualidad, afecto, aprecio e incluso amor, tratando de no perder de vista el foco central de favorecer el desarrollo del paciente. De la misma opinión es Suchaov (citado por Jacobs): los pacientes tratan de regular el estado afectivo de sus analistas a través de interacciones empáticas para crear un medio útil que permita alcanzar el desarrollo que necesitan. La autora trata de ir más allá y expone que condiciones del self tales como la mutua regulación, compartir intimidad interpersonal y reconocimiento mutuo en la díada, promueven desarrollos objetivos no sólo para el paciente sino también para el analista. (6)


IV) Las defensas que emergen en la situación analítica, son vistas, desde la psicología del self, primero como protectoras y preservadoras del self, no como esfuerzos del paciente por entorpecer el proceso terapéutico o frustrar la tarea del analista, como se conceptualizaban en la teoría clásica. En el desarrollo, tales defensas pueden ser vistas como lo mejor que el niño puede hacer en ese momento desde su particular contexto. Clínicamente, se puede traducir en que las defensas son consideradas necesarias para la estabilidad del self, a ese respecto se trabaja técnicamente desde la psicología del self clásica pensando que las defensas van a caer por su propio peso, como una fruta madura, una vez que el paciente haya experimentado un sentido de seguridad en la relación analítica. Para los autores del estudio al que se refiere Shane, a menudo se mantiene esta perspectiva, pero plantean que hay momentos con algunos pacientes o en algunas díadas en los que la interpretación de las estrategias protectoras del self pueden ser no sólo deseables sino esenciales para el desarrollo psicoanalítico ulterior del paciente. (7)


V) La agresividad, desde la psicología del self, se conceptualiza por una parte como originada desde un potencial innato pero, sobre todo, como una reacción emergente a la frustración y deprivación, no como una expresión motivacional. Por lo tanto, el foco clínico se sitúa más en el contexto en el que la agresión es evocada y experimentada, y menos en el estado del self agresivo. Desde esta perspectiva, se buscaría el contexto en el cual la agresividad es evocada. Esta forma de enfoque contrasta con la de Mitchell (1998) que afirma que el self agresivo es un self separado, con su propia historia, visión del mundo, valores e intereses, y la estrategia clínica pasa por permitir toda la expresión del self agresivo en la transferencia de tal forma que el paciente pueda alcanzar mentalmente su estado de agresividad como una importante variante de su self, no sólo visto como un self que se presenta vulnerable desde un ambiente poco empático. Mitchell considera que la agresividad del paciente debe ser confrontada, clarificada, interpretada y aceptada como una versión inextricable de su self, teniendo como objetivo una resolución en la que la agresividad se convierte en una experiencia del self inevitable y vitalizadora.


Shane refiere que para los autores del artículo de 1997, la terapéutica de la agresividad pasa por la individualización y contextualización, intentando ayudar al paciente en el manejo de la intensidad de su respuesta agresiva, empezando por entender su experiencia en el contexto y tratando de reducir cualquier acoplamiento de vergüenza y humillación en el proceso. Pero, a su vez, plantean que esta posición no siempre es posible, como es el caso de los pacientes que manifiestan agresividad explosiva (Lachmann, 1997). Ciertas actuaciones emergentes en la relación analítica con este tipo de pacientes no sólo son inevitables, sino que pueden ser los momentos de más ayuda para la terapéutica. Ofrecer la propia perspectiva al paciente acerca de la interacción entre ellos puede ser más útil que mantener un proceso empático pero estancado (por ejemplo Ehrenberg, 1992a, b, 1995; Davis, 1994; Renik, 1998 a, b). Recogiendo de Mitchell (1998) hay momentos en que lo más importante puede ser observar el contenido y no sólo el contexto. Cuando los autores hacen una elección buscan lo que parece que pueda ser más facilitador, la respuesta más óptima útil para ellos. (8)


VI) El proceso psicoanalítico es visto desde la psicología del self como que lleva junto con insight y entendimiento, un empuje y un poder de desarrollo importante. El desarrollo que se puede alcanzar según los autores, puede ser organizador del self, no lineal, sino bidireccional e impredecible.


Shane refiere que ella, Morton Shane y May Gales relacionaron en 1997 estos seis rasgos tratados con anterioridad desde la psicología del self con la teoría del apego. Desde esta teorización un apego seguro en la temprana infancia integra un sentido del self, con capacidades de intimidad con otros. Lyons Ruth (1999) relaciona un apego seguro con un diálogo coherente que ocurre entre dos personas. Define el diálogo coherente como verdadero, claro y colaborativo:


“El dialogo colaborativo y coherente trata de llegar a conocer la mente del otro y de tenerla en cuenta al construir y regular interacciones, tal regulación se requiere para crear el reconocimiento intersubjetivo, porque sin reconocimiento de las iniciativas o comunicaciones de una persona por parte de otra, y una regulación intersubjetiva y del self en interacción, no es posible (p. 589) “


Benjamin (2001) escribe sobre la importancia de ser reconocido por otra mente, en consonancia con la idea de Lyons Ruth de la teoría del apego con el mutuo reconocimiento. Según E. Shane, para ella y los autores del trabajo que da lugar a su revisión,  es coincidente la importancia del reconocimiento mutuo tanto en la infancia como en la relación analítica.


Ya en el artículo de 1997 se interesaron por el trauma explicado desde el abandono, abuso activo, accidentes, circunstancias de ambiente adverso o vulnerabilidad constitucional que pueden afectar al desarrollo saludable de un integrado sentido del self y capacidades para intimar con otros. En la medida en que el análisis puede facilitar un apego seguro, Shane resalta la importancia para la relación de la conexión íntima entre paciente y analista, desarrollando el conocimiento relacional implícito. Así, nuevas formas de ser pueden ser ensambladas, las barreras afectivas pueden ser eliminadas a través del dialogo construido mutuamente, y también nuevos procedimientos implícitos de “ser con los otros” con seguridad pueden suceder tanto a nivel de la acción como o a niveles simbólicos.


Volviendo al modelo de los autores de 1997, se posicionan influenciados por una sensibilidad sistémica que aplican al self y a la experiencia del self, el constructo del self cuerpo, mente, cerebro es visto desde una perspectiva de sistema no lineal, una mente personalizada, y facilita un nivel de explicación de los múltiples estados del self, concepto que consideran esencial para el trabajo con pacientes traumatizados que expresan fenómenos no conscientes, no intersubjetivos, a través del cuerpo. Cuando el self se conceptualiza como mente-cerebro-cuerpo los procesos pueden ser entendidos como conscientes, inconscientes o no conscientes; aspectos del sistema del self no lineal pueden se entendidos como reflexivo (simbólico, basado en el lenguaje), prerreflexivo (fuera de la conciencia a consecuencia de ser negado por el exterior, o no reflexivo (incapaz de alcanzar la autorreflexión, que no puede ser experienciado directamente como tal, pero que puede tener experiencia del self de afecto vital y experiencia del self en relación con el otro)


A través del caso clínico, Shane trata de mostrar que el sistema del self incluye: experiencia subjetiva, no subjetiva, y no consciente, y cómo la comunicación dentro de esta visión ampliada del self en un sistema intersubjetivo es significativamente afectada por una base corporal y una expresión procedimental.  


Historia Clínica I


El paciente es un neurocirujano altamente experto en las alteraciones del movimiento y del andar. Un día, según Shane intentaba explorar una vez más la desconfianza del paciente hacia ella que comenzó desde los primeros momentos y persistió a lo largo de( su ) nuestra relación, el paciente de repente y de manera totalmente espontánea, interrumpió su diálogo con lo que a Shane le pareció un comentario extemporáneo. Declaró suspicazmente “¿sabes tú que te tambaleas?” Cuando Shane le preguntó lo que quería decir él comentó que se había fijado varias veces al verla atravesar la habitación pero que nunca lo había mencionado antes por que le había parecido una observación sin importancia. En este momento, sin embargo, añadió, le pareció importante comentarlo. La observación de este paciente sorprendió a Shane, que se había hecho consciente de su propia inestabilidad y no podía reconocerla subjetivamente aún cuando se llamara su atención sobre ello. (9)


Explorar juntos los significados que tienen para el paciente su percepción de lo que a Shane le parecía un ligero defecto físico, abrió toda una avalancha de conexiones para el paciente, siendo la mas notoria la de que la terapeuta era poco segura y poco fiable. Lo que es más, este defecto le transmitía un sentido de que Shane era errática, incluso traicionera, alguien a quien había que considerar con precaución y por supuesto alguien de quien desconfiar. Tomando este ligero y tembloroso movimiento como una comunicación real de la naturaleza poco fiable, poco segura, de Shane, el paciente la observaba con duda y suspicacia, derramando algo de luz sobre el penetrante problema de su desconfianza, nacida de toda una vida de experiencia en su mundo vigilante.


Una pregunta que se plantea es cuándo una experiencia particular en la díada es conceptualizada como de aparición en la conciencia de material previo inconsciente o cuándo se ve que empieza la aparición de material emergente nuevo, coconstruido. Esta perspectiva es coherente con la experiencia no formulada de Stern (1997), que emerge desde la díada.


En la concepción freudiana (1923) del inconsciente dinámico, la mentalización es continua y las aparentes discontinuidades están relacionadas únicamente con lo latente, reprimido de la conciencia. Este concepto es insostenible desde la idea de la emergencia de algo nuevo, sorpresivo y no previsible. Shane menciona que Galatzer – Levy (1995), desde la perspectiva de pensamiento de sistemas dinámicos no lineales, plantea que el terapeuta que es capaz de utilizar ambas rutas de entendimiento, la de hacer consciente lo inconsciente y además la de la emergencia de la experiencia no formulada, se puede enriquecer teórica y clínicamente. Lyons Ruth también participa de la utilización de estas dos rutas.


Desde la perspectiva no lineal, qué es útil en la díada o qué es impuesto puede cambiar respondiendo a dónde está el desarrollo del paciente y dónde el del analista en el sistema intersubjetivo creado entre ellos en ese momento. Los patrones científicos o comunitarios, así como los ideales e ideas teóricas, juegan un papel en la frontera no lineal que se establece en el marco de la relación paciente – analista, siendo el proceso terapéutico particular para cada par. En la psicología del self un foco clínico primario para el desarrollo, estabilización y mantenimiento del self es la consolidación de una experiencia del self cohesiva. Para Shane, la cohesión del self es mejor entendida desde un nivel fenomenológico como una experiencia subjetiva de totalidad e integración, un sentido de bienestar. Es diferente de la concepción de Kohut de la cohesión del self como un concepto explicativo, y está más cerca de la de Bromberg quien habla de la cohesión del self “como un self que son muchos”. Desde esta perspectiva, plantea la existencia de múltiples estados de la organización del self; con sus propios motivos, historias, estados de ánimo y afectos. Estos estados se sienten más o menos estables, son más o menos alcanzables, y están más o menos coexistentes y conversantes entre sí, dependiendo del grado en que los aspectos disociados se mantienen accesibles o inaccesibles uno con el otro. Margaret Black plantea:


“dentro de un desarrollo más normal, una persona se retira de un estado del self y cambia por otro mientras todavía mantiene un sentido de la experiencia pasada que enriquece el nuevo foco, o persiste simplemente en el pasado, proveyendo una conciencia de dimensionalidad personal. Los selfs estructurados disociativamente, por el contrario, operan como realidades en competición, cada uno con su propia constelación imaginaria del otro y el self, y un estado afectivo predominante”.


Desde la perspectiva de Shane, un self saludable es aquel que posee la capacidad de poder experienciar un sentido de totalidad y al mismo tiempo de manifestar múltiples estados del self, más o menos accesibles para la persona, o más o menos disociados. Esta teorización es coherente con la teoría relacional en general y con Bromberg (1996), Black, y Stern (1997, 2002).


Shane conceptualiza un estado del self, al igual que Barbara Fajardo (2000), en términos sistémicos como un patrón estable, recurrente, de acción y experiencia, percibido o bien subjetivamente o intersubjetivamente, siendo evocado y tomando forma como conducta no verbal y como narrativa verbalizada. Un estado del self es siempre coconstruido, aunque asimétricamente, en el sistema intersubjetivo paciente – analista.



Transferencia


En acuerdo con Stolorow (1994), Atwood (1992), Orange (1997), Shane define la transferencia como: “La actividad organizada de ambos paciente y analista dentro de la experiencia analítica, haciendo de la intersubjetividad el campo de análisis”. Esta organización aparece como dos dimensiones alternativas dentro del sistema intersubjetivo que emerge entre paciente y analista, como presente y pasado.


Shane y sus colaboradores describían en 1997 la transferencia en el trauma como “una experiencia inflexible y especialmente fijada de transferencia que se ve emerger a partir del trauma severo”. En ese modelo aislado, rígido, los estados del self afectivamente todopoderosos, organizados como patrones disociados, secuestrados del self con el otro, organizados por las relaciones pasadas dolorosas y perturbadoras y dolorosas, se activan en la actual conexión con el analista. En esencia esta área concreta de transferencia es la experiencia de un self atrapado en el tiempo, con el analista atrapado en ese mismo lapso de tiempo. (10)


En contraposición al trauma, señalan la “experiencia nueva positiva” como aquellos momentos de la relación analítica en los que el paciente expresa con sentimientos que algo le ha pasado que no le había pasado nunca, un sentimiento de totalidad y bienestar o un momento de confortable y conexión segura con el analista como otro íntimo. Como plantea el desarrollo cognitivo para el que cognición es esencialmente recognición, en la cual la nueva experiencia automáticamente reorganiza la vieja; o como plantea Stern (2004) que las experiencias del presente reorganizan las del pasado de una manera no lineal. Estos momentos están caracterizados por sentimientos de novedad, frescura, exclusividad. Estos estados pueden suponer un conocimiento relacional aumentado, cambios de estado del self


 


Historia Clínica II


Un paciente que estaba en psicoterapia con una frecuencia de dos veces por semana durante muchos años había sufrido en su infancia traumas físicos y emocionales severos y había experienciado en su matrimonio incidentes extraordinarios de engaño, que confirmaban fuertemente su sentido de que no estaba seguro ni era saludable en la conexión con el otro en este mundo. Él habló con la terapeuta un día con considerable emoción acerca de un nuevo sentimiento relativo al hecho de estar con Shane en su consulta, “yo sentí que había encontrado algo contigo que no había sabido nunca que necesitaba, esto es como ir a casa, ir a una casa que necesitabas pero que no sabía que necesitaba hasta que la he encontrado, he encontrado una casa contigo, he encontrado lo que necesitaba pero no sabía que lo necesitaba”. El paciente entonces dijo, recordando a Rilke (1984) en Cartas a un joven poeta: “la sed es la prueba más segura del agua”. El quería decir, aparentemente, que su sed le demostró a él, antes que él hubiera descubierto actualmente su realidad, que el agua realmente existía, y que al descubrir el agua, su sed finalmente tenía un sentido para él. Este es un ejemplo de experiencia nueva positiva. Shane y sus coautores, en un principio, no consideraron este concepto como transferencia, pero posteriormente lo han incluido como una experiencia dentro del desarrollo de la transferencia, que coincide con la idea de Bollas (1996) de lo sabido no pensado, que son deseos sentidos y conocidos de manera no verbal pero que permanecían sin ser reflejadas hasta que se actuaban en conexión con el por ejemplo “yo –sed “, como dijo el paciente, “la prueba más segura del agua “. (11)


Finalmente conectan la experiencia nueva positiva con la película Pasaje a la India de E.M. Foster (1924). 



 


COMENTARIOS: (numerados a lo largo del artículo)


1 - El artículo da una idea general de la forma en la que se sitúan Shane y sus coautores de 1997 dentro de un marco de la psicología del self contemporánea, donde se muestran abiertos a establecer puentes con otras corrientes teóricas relacionistas, teoría del apego, teorías de la investigación de la infancia, neurociencias, teoría sistémica etc. La plasticidad que buscan en su tarea así como el intento integrador son dignos de destacar. Remarcaría sobre todo la forma de trabajo mutuo con el paciente y el deseo de mantener una sintonía afectiva positiva.


2 - Desde mi experiencia profesional subjetiva considero que hay múltiples puentes que se pueden tender entre las distintas corrientes psicoterápicas, tendencia ésta que, aunque enriquecedora, no está exenta de un gran esfuerzo de integración. Por ejemplo, en la historia del psicoanálisis, creo que se han tratado de estudiar sobre todo los casos clínicos y desde ahí se ha inferido el funcionamiento mental general. Queda por aplicar un proceso de características inversas, como sería, a partir del estudio del desarrollo de la infancia o de las investigaciones de las neurociencias, qué elementos podrían utilizarse en la clínica psicoterapéutica. Otra investigación que creo posible sería el estudio de las herramientas que se han empleado en las diferentes culturas a lo largo de la evolución, durante generaciones, aplicadas dentro de la relación padres - hijos y de ahí su trasvase a la clínica psicoterapéutica. Emilce Dio Bleichmar (2005) afirma, refiriendose a Stern: “insiste en que la madre está ayudando a crear algo que implica cambiar el otro proporcionándole algo que antes no tenía o consolidándole si ya estaba presente” (p. 72). También percibo que al igual que a un paciente le puede parecer que una interpretación le aporta algo y a otro puede parecerle amenazante, en el mundo de los psicoterapeutas, ocurre el mismo fenómeno: mientras a uno una nueva idea le puede parecer amenazante, otro la puede vivir como enriquecedora. [ver Dio Bleichmar, E. (2005). Manual de psicoterapia de la relación entre padres e hijos, Barcelona, editorial Paidós  Ibérica].


3 - Los autores hablan de buscar una experiencia positiva, de seguridad, esperanza, incluso optimismo, aun en momentos difíciles del paciente. Se distancian en esta modalidad de la línea de Kohut, dando un paso más en la implicación emocional. A mí, personalmente, me recuerda mucho a un modelo de relación padres – hijos y, desde otra asociación, a lo que se planteaba clásicamente acerca de que los terapeutas jóvenes, por su entusiasmo, podían tener buenos resultados terapéuticos. Ferenczi (1932) afirmaba “sin simpatía no hay curación” [ver Ferenczi, S. (1932) Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Buenos Aires, Amorrortu (1997) pp. 176 y 267].


4 – El concepto del “self con el otro que comparte interpersonalmente” lo podemos ver ya de manera incipiente en el Ferenczi de 1932 cuando escribe: “En aquel momento dije que en el primer encuentro entre seres humanos se entra en un intercambio de emociones no sólo conscientes, sino también inconscientes” (p. 135). Como ha ocurrido en otras disciplinas, ha habido aperturas que en algún momento alguien pudo crear, panel que no se hayan prodigado más no es evidencia de que necesariamente fueran caminos erróneos. [Ver Ferenczi, S. (1932) Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Buenos Aires, Amorrortu (1997), p. 135].


5 - Los autores dentro del modelo de escucha y entendimiento del encuadre psicoanalítico trabajan con dos conceptos:


-         El self con el otro que transforma al self: la influencia que el analista ejerce sobre el paciente.


-         El self con el otro que comparte interpersonalmente.


Yo creo que podríamos añadir la influencia que el paciente ejerce sobre el analista, que puede parecer que de alguna manera también lo dejan entrever aunque no lo expliciten.


6 - Me sorprende favorablemente que Shane y sus coautores pudieran escribir dentro de una nueva experiencia positiva de humanidad compartida, mutualidad, afecto, aprecio e incluso “amor”; palabra que puede haber sido poco empleada como afecto positivo en el campo psicoterápico y muy a menudo puesta bajo sospecha por las líneas tradicionales del psicoanálisis. El mismo Ferenczi (1901), tan audaz en algunos aspectos, sucumbe ante el amor: “El amor debilita las defensas del organismo, deja ejercer la influencia mórbida de emociones parásitas y puede, incluso, agravar una infección ya existente”. Bleichmar (1999) plantea: “El nivel del funcionamiento emocional del analista, la intensidad afectiva y el tipo de emociones desplegadas, debe de estar determinado por el objetivo terapéutico perseguido pues la emocionabilidad del analista es una forma de intervención que ha sido negada a favor del contenido semántico de la interpretación”. Añadiría que no sólo negada sino que significada como mala práctica por parte de algunas escuelas psicoanalíticas, creando, según mi opinión, una ideología de temor hacia el mundo afectivo, como en los comienzos del psicoanálisis pudo ocurrir al descubrir Freud el fenómeno de la transferencia. [Ver: Talarn, A., Ferenczi, S. (2003) El mejor discípulo de Freud. Madrid,  Biblioteca  Nueva y Bleichmar, H. (1999) Fundamentos y aplicaciones del enfoque Modular-Transformacional. Aperturas Psicoanalíticas, 1, www.aperturas.org]


7 - El trabajo con las defensas da una idea de cómo los autores tratan de integrar la idea de la psicología del self clásica de que “pueden caer como fruta madura” con ideas más activas como la interpretación. Un tipo de defensa en el que la acción terapéutica activa podría ser más clara es en el mecanismo de la evitación. Como ejemplo, podría citar el caso del paciente Walter de Freud (1910) donde podemos ver un Freud activo, confrontativo con la realidad externa del paciente. [Ver Breger, L. (2001). Freud, el genio y sus sombras. Buenos Aires, Ediciones B].


8 - En relación al manejo de la agresividad en el ámbito terapéutico, los autores del estudio de 1997 de nuevo tratan de mostrarse flexibles en relación a lo que consideran que el paciente pueda necesitar más, trabajando el contenido o el contexto. Considero como bueno este posicionamiento integrador desde diferentes teorías para buscar una forma terapéutica que se adapte más a las necesidades propias del paciente.


9 - En la historia clínica I los autores no aclaran el análisis de la contratransferencia del terapeuta y quizás desde ahí pudiéramos posicionarnos más los lectores del artículo en cuanto a si parece que es un nueva experiencia formulada en la díada o continuidad de material previo. De cualquier forma, los autores siguen estando abiertos a estas dos rutas. La relación terapéutica parece encontrarse en una reacción terapéutica negativa clásica. La forma de trabajarla desde este concepto es diametralmente opuesta a la perspectiva tradicional. Los clásicos tenderían a interpretarla desde la resistencia del paciente y desde ahí con un posible afecto contratransferencial de fastidio por entenderla como ataque, detención de la cura, etc. Los autores tratan de comprenderla desde otra concepción de estado de ánimo contratransferencial, desde una visión interpretativa más positiva del fenómeno transferencial. Algunos autores clásicos como Rosenfeld (1975) ya empezaron a considerar otras perspectivas de cambio con respecto a la Reacción Terapéutica Negativa, valorando más la perspectiva subjetiva del paciente. A propósito del caso Eric de la Dra . U , Rosenfeld relata: “me contó , por ejemplo , que según ella él quería destruir el éxito del análisis por envidia y hacerla parecer totalmente incompetente” (p. 180). Eric vivió este tipo de interpretaciones como observaciones críticas que aumentaron su deseperanza y aislamiento, y le hicieron sentirse incapaz de poner nada en orden. [Ver Rosenfeld, H. (1990) Impasse e Interpretación. Madrid, Tecnipublicaciones.


10 - En el manejo de la transferencia, los autores están de acuerdo con la perspectiva intersubjetiva. Según mi opinión, cuando la llevan a su extremo llegan a dar demasiada importancia al momento presente con respecto al pasado de la historia del paciente. Quizás en el otro extremo del espectro transferencial colocan al trauma. En este tipo de patología trabajan la transferencia desde una concepción en la que dan mucha importancia al tiempo pasado.


11 - El caso clínico II recuerda en su evolución de transferencia positiva a la transferencia de avance descrita por Tolpin (2002), ejemplarizando lo que tratamos de conseguir a través de nuestro trabajo terapéutico. [Ver Tolpin, M (2002). Hacer  psicoanálisis del desarrollo normal: las transferencias de avance. Psychology of the self online, Progress in self psychology vol 18.]


 



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