Revue Française de Psychanalyse Tome LXIX nº 5 Décembre 2005. Spécial "Congrès des psychanalystes de langue française

Publicado en la revista nº024

Autor: Martín-Montolíu, Jaime

Reseña: ”. Mayo 2005


 


Sumario rpf ‘La sublimation’ Tome LXIX nº 5 Décembre 2005:





I-Perdre, sublimer, rapport d'Evelyne Séchaud (Ponencia: Perder, sublimar)


Françoise Coblence, Sublimer, déplacer (Sublimar, desplazar)


Laurence Kahn, La décomposition (La descomposición)


Dominique Scarfone, Sexuel aphasique et sublimation. La piste indicielle (Sexual afásico y sublimación. La pista indiciaria)


 


II -"Dès le début"... la sublimation?, rapport de Jean-Louis Baldacci (Ponencia:¿Sublimación...’desde el principio’ ?)


Jacques André, Les sublimations, finalités sans fin (Las sublimaciones, finalidades sin fin)


Jean-Luc Donnet, La voie sublimatoire et la situation analysante (La vía sublimatoria y la situación analizante)


Fernando Riolo, Le sujet et l'objet de la sublimation (El sujeto y el objeto de la sublimación)


 


III – Articulations (Articulaciones)


Viviane Chetrit-Vatine, De l'emprise à la caresse. Le temps... d'un moment sublimatoire. (Del dominio a la caricia. El tiempo… de un momento sublimatorio).


Martin Gauthier, Inspirer et accueillir la sublimation: le rôle de l'objet (Inspirar y acoger la sublimación : el papel del objeto)


Jean Guillaumin, Une pulsion nommée Sublimation... (Una pulsión llamada Sublimación)


Emmanuelle Chervet, Le "déjà sublimé”: un étayage (Lo ya sublimado: un apoyo)


Guiseppe Squitieri, Question sur la sublimation (Cuestión sobre la sublimación)


Francesco Conrotto, La sublimation : un fonctionnement psychique de base ? (La sublimación, ¿un funcionamiento psíquico de base?)


Yves Le Guellec, La sublimation, à l'horizon (La sublimación en el horizonte)


Jacques Dufour, Du principe de raison à l'au-delà des pensées (Del principio de razón al más allá de los pensamientos)


 


IV - Sublimation et création (Sublimación y creación)


Bernard Chervet, La sublimation, un don d'illusion (La sublimación, un don de ilusión)


René Roussillon, Le processus et la capacité sublimatoire (El proceso y la capacidad sublimatoria)


Guy Roger, Sublimation, création et civilisation (Sublimación, creación y civilización)


Patrick Mérot, Art corporel : le corps entre pensée sublimatoire et pensée opératoire (Arte corporal: el cuerpo entre pensamiento sublimatorio y pensamiento operatorio)


Marthe Coppel-Batsch, "Ecrire, c'est faire sortir des choses de l'oubli" (Aharon Appelfeld) (“Escribir es hacer salirlas cosas del olvido” (Aharon Appelfeld))


Béatrice Lehalle, Sublimation et crise du milieu de la vie (Sublimación y crisis de mitad de la vida)


Christian Jouvenot, Marguerite Obscur Donnadieu Duras : "Sublime, forcément sublime" (Marguerite Obscur Donnadieu Duras “Sublime, decididamente sublime”)


Martine Fabre, La "grande" sublimation du Caravage, peintre et assassin (La “gran sublimación” de Caravaggio, pintor y asesino)


Philippe Valon, La Marquise de Merteuil : l'échec d'une sublimation ? (La marquesa de Merteuil: ¿el fracaso de una sublimación?)


Georges Gachnochi, Création et sublimation chez János Bolyal (Creación y sublimación en János Bolyal)


Chantal Frère-Artinian, Sublimation de la violence et violence de la sublimation, une orientation sans fin (sublimación de la violencia y violencia de la sublimación, una orientación sin fin)


Claudette Lafond, A propos de la création (A propósito de la creación)


 


V – Perspectives (Perspectivas)


Julia Kristeva, L'impudence d'énoncer : la langue maternelle (La imprudencia de enunciar: la lengua materna)


Claude Le Guen, Position et proposition sur la sublimation (Posiciones y proposiciones sobre la sublimación)


Bernard Penot, Dès le début, avec l'autre maternal (Desde el principio, con el otro materno)


Rémi Puyuelo, Mouvement de latence et paliers sublimatoires "Jouer à faire le mort" (Movimiento de latencia y niveles sublimatorios. “Jugar a hacerse el muerto”)


Simona Argentieri, et Geni Valle Libutti, Sublimation : un concept théoriquement malaisé et cliniquement ambigú (Sublimación: un concepto teóricamente inadaptado y clínicamente ambiguo)


Henri Danon-Boileau, Sublimation à la fin ou la vieillesse de Léonard (Sublimación al final o la vejez de Leonardo)


Dominique Bourdin, De la parole à la sublimation (De la palabra a la sublimación)


Nicole Carels, Sublimations, flux et ramifications (Sublimaciones, flujos y ramificaciones)


Pierre Chauvel, Si le cuivre d'éveillé clairon (Si el cobre despierta en clarín)


Guy Lavalle, Sublimation de vie et de mort : décorporation ou excorporation ? Sublimación de vida y de muerte: ¿decorporación o excorporación?)


Olivier Flournoy, La sublimation de Freud (La sublimación de Freud)


Béatrice Ithier, La fonction métaphorisante de l'interprétation comme sublimation du lien (La función metaforizante de la interpretación como sublimación del vínculo)


Pierre Decourt, Les voies de la sublimation sont-elles impénétrables ? (¿Son impenetrables las vías de la sublimación?)


Annaik Fève, Le corps sublime-t-il? (¿Sublima el cuerpo?)


Michèle Van Lysebeth-Ledent, Sublimation et perversión (Sublimación y perversión)





Introducción-guía


En el mes de Mayo del 2005 tuvo lugar en París el 65º Congreso de Psicoanalistas en Lengua Francesa en torno al concepto de sublimación.


Como es sabido, Freud va a recurrir a dicho término a lo largo de toda su obra, para intentar explicar desde un punto de vista económico y dinámico ciertos tipos de actividades sostenidas por un deseo que no apunta, de forma manifiesta, hacia un fin sexual. Su definición en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (1968):


 “Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Freud descubrió como actividades de sublimación principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados”

se acompaña del comentario acerca de una relativa incertidumbre en la formulación freudiana: sublimación como cambio en el fin del proceso pulsional, aunque también, en ocasiones, referida simultáneamente al fin y al objeto de la pulsión. Los autores señalan, además, algunas insuficiencias para poder elaborar, a partir de los trabajos de Freud, una teoría de conjunto en torno a la sublimación, aún cuando documenten algunas posibles direcciones de su pensamiento. Esto es:


1) La sublimación afectaría electivamente a las pulsiones parciales, en especial aquellas que no logran integrarse en la forma definitiva de la genitalidad (cfr. los elementos perversos de la excitación sexual).


2) Dos hipótesis en cuanto al mecanismo:


·        la teoría del apuntalamiento de las pulsiones sexuales sobre las pulsiones de autoconservación haría posible explicar la tracción (contaminación) de éstas sobre aquellas para su sublimación.


·        La introducción del concepto de narcisismo permitiría entender la transformación de una actividad sexual en una actividad sublimada (dirigidas ambas hacia objetos externos, independientes) requiriendo un tiempo intermedio: la retirada de la libido sobre el Yo, lo que haría posible su desexualización. (Dimensión narcisista del Yo)


3) La sublimación habría quedado escasamente delimitada respecto a procesos limítrofes (formación reactiva, inhibición en cuanto al fin, idealización, represión). Indeterminación también en cuanto a la forma en que interviene en el resultado del tratamiento


4) Apunte sobre la posibilidad de sublimación de las pulsiones agresivas.


Finalmente, Laplanche y Pontalis concluyen: “La ausencia de una teoría coherente de la sublimación sigue siendo una de las lagunas del pensamiento psicoanalítico”.


En lo que se refiere al Congreso, dos ponencias -que reseñamos con amplitud más abajo- a cargo de Evelyne Séchaud y Jean-Louis Baldacci respectivamente- servirían de base para la discusión:



  • La primera (Perdre, sublimer) se articula en torno a la relación del duelo y la sublimación. Su autora desarrolla la vía sublimatoria como una de las posibilidades de realización de la pulsión. La pérdida de objeto activaría los recursos de la creatividad, convirtiéndose en fuente de fantasía, representación y pensamiento. A partir de ahí…

  • La segunda ("Dès le début"... la sublimation?) –cuyo título hace referencia a la primitiva formulación freudiana según la cual “la libido se sustrae al destino de la represión sublimándose desde el principio en deseo de saber”- aborda la unidad del proceso sublimatorio a partir de las etapas iniciales -articulación de la idealización con la sexualización del pensamiento y su desexualización en la introyección del ideal del Yo- y su relación con la cura -condiciones de transformación sublimatoria de la seducción en transferencia-.


Congreso de alto nivel participativo, cuyo debate abarcó muy diversos aspectos en torno al tema de la sublimación, tal como se aprecia en las comunicaciones. Así:




  • Coblence hace hincapié en la temporalidad del proceso sublimatorio: la transformación del objeto, el vínculo entre objeto perdido y objeto de la sublimación y el papel de la reparación.




  • Kahn, en referencia al impacto sobre Freud de la crisis mundial de 1914, se pregunta dónde situar a la sublimación cuando el progreso se une a la barbarie.




  • Scarfone señala su naturaleza de proceso permanentemente inacabado y describe un “Eros desenfrenado” que aísla al sujeto individual en el cuerpo de la masa como simulacro paradójico del Eros verdadero.




  • André se opone a la idea de “unidad del proceso sublimatorio” y a la unidad conceptual de la sublimación en favor de una “pluralidad de sublimaciones”.




  • Donet la liga a la plasticidad de la pulsión sexual y argumenta que la vía sublimatoria es el eje virtual y central de la situación analizante.




  • Riolo desarrolla su vertiente económica, como movimiento de energía.




  • Chetrit-Vatine enfatiza su dimensión temporal, la aparición de momentos fecundos a lo largo del proceso analítico y sugiere la idea de un tiempo del otro.




  • Gauthier focaliza la participación del objeto y la transformación del lazo con el objeto primario.




  • Guillaumin argumenta que la sublimación es una pulsión primaria.




  • Chervet apunta que lo ya sublimado es símbolo del objeto del objeto.




  • Squitieri se pregunta si la sublimación se refiere a una teoría del funcionamiento psíquico o a una teoría de la cura y si se trata de un modelo descriptivo o explicativo.




  • Conrotto afirma que las sublimaciones excepcionales son producto del fracaso de las sublimaciones normales por causa de una situación traumática muy grave; y que, a menudo, ambos procesos conviven a expensas de una escisión del Yo.




  • Le Guellec se interesa por su rol en la articulación del individuo y la cultura.




  • Dufour se interroga en paralelo sobre lo que vincula y diferencia el trabajo de duelo del trabajo de sublimación, y el trabajo de análisis del trabajo de escritura.




  • Chervet postula que el trabajo creador es en sí mismo sublimación de los deseos de inmortalidad y de los de conservación de la especie.




  • Roussillon propone que la sublimación es un modo de transformación de la pulsión; y la representación, el objeto nuevo de la pulsión. Compara sublimación y realización alucinatoria del deseo. Distingue desexualización del sistema primario de la desexualización del sistema secundario.




  • Roger sostiene que las sublimaciones muestran una apertura metafórica que rompe la relación de contigüidad con el objeto.




  • Merot diferencia los procesos presentes en el arte corporal de aquellos relacionados con el pensamiento operatorio.




  • Coppel-Batsch evoca una forma peculiar de creación literaria relacionada con una pérdida fundamental a partir de la obra del escritor Aarón Appelfeld.




  • Lehalle aborda la sublimación desde la crisis de la mitad de la vida en base al texto de Abraham sobre Segantini.




  • Jouvenot plantea la hipótesis de una sublimación-creación de supervivencia relacionada con una traumatofilia a partir de los textos de Marguerite Duras.




  • Fabre analiza la pulsión sublimatoria de Caravaggio.




  • Valon resalta la cercanía entre perversión y sublimación a través del fracaso de la Marquesa de Merteuil (vgr. Las amistades peligrosas) para acceder a la sublimación y el enamoramiento.




  • Gachnochi toma como referencia los avatares vitales del matemático húngaro Janos Bolyai para mostrar como el éxito en su accionar creador parece ir en paralelo al fracaso sublimatorio en sus alcances reparadores y defensivos, específicamente desexualizantes.




  • Frère-Artinian intenta mostrar cómo la sublimación de la violencia está activa en el mismo proceso sublimatorio. Sostiene que orientando permanentemente el psiquismo por la senda de la introyección de la función paterna como apoyo de la función materna, ella lograr hacer coincidir los intereses de la libido narcisista con los de la libido objetal.




  • Lafond se ocupa de lo distintivo en el sublimar y el crear.




  • Kristeva trata del lugar que ocupa el lenguaje en la sublimación y muestra que es a través de él que la sublimación es intrínseca e inevitablemente cultural.




  • Le Guen defiende que la sublimación es un integrante esencial, universal y fundamental de la organización psíquica. El ideal del Yo, vinculado con ella, correspondería a la primera identificación con la madre en un movimiento narcisista. Es la ausencia de ésta lo que induciría el deseo de saber para poder reencontrarla.




  • Penot explora la participación del otro parental (materno) a través de la co-creación de objetos transicionales en el desarrollo de las primeras sublimaciones. Según el autor, eso será un determinante esencial de la aptitud para sublimaciones posteriores.




  • Puyuelo analiza el movimiento de latencia en tanto crisis en negativo que reorganizaría procesos defensivos y relación de objeto, y cuyos impedimentos, más ocupados en la cohesión identitaria que en la satisfacción pulsional, dificultarían procedimientos sublimatorios que dieran paso a los aprendizajes, al trabajo de la cultura y al juego.




  • Argentieri y Valle Libutti discuten el concepto de sublimación a través de un recorrido literario, considerándolo inadaptado y teóricamente ambiguo.




  • Danon-Boileau estudia las modificaciones impuestas a la sublimación por la vejez.




  • Bourdin reflexiona sobre las condiciones necesarias a la sublimación, búsqueda de reconocimiento en y por la palabra en la situación analítica.




  • Carels hace un repaso desde lo tópico, lo económico y lo dinámico, indisolublemente ligados en el trabajo de los límites.




  • Chauvel realiza algunas puntualizaciones sobre las relaciones entre desarrollo del lenguaje y sublimaciones comunes o excepcionales, con base en la obra de Rimbaud.




  • Lavallée propone diferenciar las sublimaciones de vida (decorporante) y las sublimaciones de muerte (excorporante) dando dos ejemplos clínicos.




  • Flournoy aprecia que la sublimación es al mismo tiempo proceso metapsicológico de transformación de la pulsión y objeto-meta de valor que no se puede observar en sesión más que a través de un precursor: el goce por lo dicho. Apunta también que ya no está ligada, como parece en Freud, con la pulsión de muerte.




  • Ithier incide en el procedimiento de metaforización como piedra angular de la interpretación de la transferencia, vector de simbolización y de sublimación del vínculo.




  • Decour considera a la sublimación como un escollo en el pensamiento psicoanalítico. Sea por su naturaleza, sea por su destino, su formulación permanecería inconclusa en la base de la obra freudiana.




  • Feve describe a un tipo de paciente que se analiza largos años, cuya dificultad de acceder a la representación de un traumatismo vivido en la infancia produce somatizaciones o ausencias, para el cual la elaboración de los “accidentes del proceso” puede dar paso a la sublimación.




  • Van Lysebeth-Ledent, por último, toma como base el sueño de un analizante en sus dos modalidades funcionales (sublimatoria y perversa) para plantear sorprendentes interrogantes acerca de sus similitudes, si bien algunos aspectos –posición respecto a Superyó, sexualización- difieren radicalmente.




 


Reseñas


I- Ponencia de Evelyne Séchaud: Perdre, sublimer (Perder, sublimar)


Según Séchaud, una aproximación fenomenológica muy cercana a lo experiencial asociaría duelo y sublimación, e incluiría a las capacidades creativas. Algo que ocurre (una muerte real o simbólica) provoca una herida y suscita una reacción dinámica. El trayecto del duelo a la sublimación iría de la pasivización provocada por el acontecimiento a la movilización actuada en otro campo. Sin embargo, en un análisis de mayor profundidad, hacia niveles psíquicos más íntimos y complejos, perder y sublimar podrían ser simbolizados en el interjuego de las pulsiones y los objetos: con ocasión de la cura analítica, al conjugar pasado recompuesto y presente transferencial, las transformaciones intrapsíquicas podrán ser representadas en clave de dialéctica intersubjetiva. El duelo provoca una crisis autoorganizativa en el aparato psíquico, una ruptura del equilibrio previo que acaba modificando las relaciones consigo mismo y con el entorno.


La pérdida no se limita nunca a la experiencia actual, dice la autora. Entra en resonancia con todas las pérdidas anteriores: muertes, renuncias, rupturas, separaciones…, con sus variadas cicatrices y trazos, sea en la misma creación del aparato psíquico, sea en su formación y diferenciación de instancias. Y no sólo por adición sucesiva, sino también y sobre todo por los efectos de après- coup (resignificación): movimiento interno propicio a un nuevo reparto de investiduras, de simbolizaciones y cambios estructurales, donde la sublimación puede encontrar plaza…. Pero también la “desublimación”. El presente de la pérdida que actualiza el pasado anticipa también el porvenir del sujeto (su propia muerte y el cortejo de pérdidas que la preceden en el envejecimiento y la traición del cuerpo respecto a la intemporalidad de los deseos). Como en toda crisis se producirá, pues, una desestabilización que afecta a todas las instancias; al Yo y a su investidura del objeto perdido, así como también a la confianza narcisista. A su vez, la pérdida de objeto será fuente de excitación: por la liberación de la libido, hasta entonces atada al objeto, y debido a la coexcitación libidinal suscitada por la propia herida. Esta exacerbación de la libido, dice la autora, ha sido largo tiempo negada al duelo normal y atribuida a la manía, a pesar de la reiterada observación de Abraham, quien escribiría en 1924:


 Se observa que el sujeto en duelo, a medida que logra desprender su libido del difunto, experimenta deseos sexuales acrecentados. Bajo una forma sublimada, se tratará de un deseo de iniciativa, de una ampliación de sus intereses intelectuales”.


Deseos libidinales cargados de culpabilidad, frecuentemente reprimidos por incompatibles con la pena y el dolor. ¿Manifestación maniaca discreta, efecto del triunfo del yo (como señalara Melanie Klein), tentativa última por cumplir mágicamente los deseos no realizados con el objeto?


M´Uzan, señala Séchaud, describe también en el moribundo, al acercarse la muerte, esa misma expansión movilizando todos los niveles de la organización libidinal, genital e infantil. La desligazón pulsional constituye un momento crítico cuya evolución es incierta. O bien el sujeto se involucra en un movimiento de duelo que aboca a una reintricación pulsional, o bien se inmoviliza en la melancolía, en virtud de un superyó devenido en mero cultivo de la pulsión de muerte. Renunciar al objeto, por doloroso que fuera, no significaría renunciar a la posibilidad de nuevas investiduras reclamadas por una libido exacerbada. La vía sublimatoria propondría una salida, a la vez, a la pulsión libidinal y a la pulsión destructiva, rencontrando el objeto perdido bajo otra forma (aceptable, incluso valorizada).


Así, siguiendo a Green (1993), la sublimación permitiría a una actividad el acceso al estatuto de objeto, incluso ser considerada una posesión del yo a través de la función objetalizante:


que puede hacer advenir al rango de objeto lo que no posee ninguna de las cualidades, propiedades y atributos del objeto, a condición de que una sóla de las características se mantenga en el trabajo psíquico realizado: la investidura significativa (…) Este proceso de objetalización no se limita a cambios sustentados sobre formaciones tan organizadas como el yo, sino que puede concernir a modos de actividad psíquica, de manera tal que, al límite, es la investidura misma lo que es objetalizado”.


Por el contrario, la melancolía sería una de las formas, quizás la más grave, de fracaso del duelo. El melancólico no llega a “matar al muerto”, rehusa a perder el objeto. Lo guarda embalsamado, después de haberlo incorporado, en una inmovilización mortífera para el Yo, reducido a tumba. La desintricación sería mantenida, según Séchaud, en provecho de la pulsión de muerte, del desinvestimento no sólo de los objetos, sino también de las posibilidades de investidura.


Considerar la sublimación como resultado de una función objetalizante, puesta en marcha por el proceso de duelo, permitiría de un lado conjugar pulsión y objeto - ampliando la categoría de los objetos- y, por otro, superar el dilema de la desexualización. Hasta 1922, la sublimación para Freud trata de un destino de la pulsión sexual que ha abandonado su meta sexual específica desde el inicio, como en la ternura o la amistad. A partir de “El Yo y el Ello” (1922) la cuestión de la desexualización se complica. Green lo formula como una sustracción de las propiedades de la pulsión sexual y no una modificación de la pulsión sexual en su propia naturaleza. La sublimación, todavía ligada a lo sexual en su origen, sufre una desexualización en favor de la narcisización de la libido. Y añade Séchaud: con ocasión del duelo, la parte de la pulsión libidinal que va a ser devuelta a la sublimación quizás sea precisamente la que se transforma rápidamente en el movimiento de reobjetalización ya que la sublimación que sigue a la pérdida está orientada hacia el objeto perdido, al cual espera reencontrar en parte bajo otra forma. La pulsión sexual se confrontaría así al antagonismo de la pulsión de muerte por el hecho mismo de la desligazón, pero esta confrontación no descalifica a la pulsión sexual. La sublimación intentaría transformar la destructividad interna religándose a elementos sexuales parciales, aunque esa ligadura al nuevo objeto de la sublimación fuera variable e inestable.


La crisis de duelo tiene también repercusiones sobre el Yo:


·        El primer tiempo es el de la renuncia. Se acompaña de un movimiento de retirada del mundo, y de un repliegue narcisista contra el que se opone la sublimación. Libido narcisista que se resexualiza, según la autora, en el encuentro con el objeto sublimado. Ese tiempo es también el de la idealización del objeto perdido. El objeto sustitutivo hereda esa idealización con el fin de protegerlo contra el retorno de la destructividad. El movimiento de objetalización que da impulso a la sublimación idealiza a su vez al propio proceso de sublimación.


·        El segundo tiempo es el de la reconciliación con el objeto a través de las identificaciones que inscriben en el Yo las reliquias de los objetos desinvestidos. De este proceso surgirá una neo-creación: el superyó.


Al igual que en Mecánica, prosigue Séchaud, la definición de trabajo asocia la fuerza y el movimiento, los dos caracteres específicos y esenciales de la pulsión sexual. Sus otros componentes, meta y objeto, son vicarios, como atestigua la sublimación.


El trabajo del análisis es a la vez trabajo de duelo y de sublimación, y se sustenta sobre fragmentos que la transferencia utiliza. El trabajo de duelo es un trabajo de descomposición, de despiece, de fragmentación. Cada fragmento, por parcial que sea, conserva al objeto perdido y alimenta la ilusión de la posibilidad de su reencuentro. La lenta elaboración del duelo abre las posibilidades de nuevos lazos asociativos a partir de los recuerdos conscientes y recrea una parte de lo vivido dándole un nuevo sentido.


En cuanto al trabajo de creación, indica Séchaud, Didier Anzieu (1981) ya enunció cinco fases. Cada una de estas fases del trabajo creador comporta su dinámica, su economía y su resistencia específica:


1.    Recogimiento. Consiste en “dejarse producir, en el momento oportuno de una crisis interior…, una disociación o una regresión del Yo, parcial, brusca y profunda: es el estado de recogimiento”. Se trataría pues de una regresión del Yo, esencialmente formal y tópica. Regrediencia del pensamiento (relacionada con los fenómenos alucinatorios tan frecuentes en los duelos: p. ej., ‘aparición’ del difunto) que permite encontrar nuevas figuras a los objetos perdidos. {Cesar y Sara Botella sostienen que la regrediencia puede constituir una modalidad de trabajo del analista que facilita la figurabilidad y la tendencia alucinatoria permitiendo acoger la moción pulsional para transformarla en representación de deseo}.


2.  Reactivación pulsional. “El Yo extrae de ese estado regresivo un material inconsciente, reprimido o rechazado, o incluso nunca movilizado, sobre el cual el pensamiento preconsciente, hasta entonces cortocircuitado, retoma sus derechos y ejerce su actividad de simbolización”. Crear deviene una necesidad para descargar una tensión fantasmática, un exceso de representaciones inconscientes y preconscientes que provienen de tres fuentes: un equipamiento pulsional innato unido a técnicas para provocar o mantener la recarga, y, finalmente, la estimulación precoz por la madre del espíritu o del cuerpo que favorecido los auto-erotismos (reencontramos lo que Freud escribió acerca de Leonardo). El material así recopilado en la conciencia puede ser bien representaciones, bien estados afectivos que favorecen una rememoración afectiva. Ésta puede ser inhibida por la vergüenza y la culpa: la duda introduce la destructividad de la pulsión de muerte.


3.   Institución de un código para darle forma. “Eligiendo un código que va a organizar la obra ya en proyecto, el creador reintroduce el Superyó en el circuito del trabajo psíquico de la creación. El Superyó es, en efecto, el lugar psíquico originario del código, sea éste ético o lógico. (…)El Superyó es el introductor del orden simbólico del cual el lenguaje constituye el prototipo”. El conflicto se va a situar entonces para el creador entre el Superyó/ideal del yo y el Yo ideal, entre el Superyó que exige orden y restricción, y las reivindicaciones narcisísticas y grandiosas del Yo ideal.


4.      Composición propiamente dicha. Está regida por procesos secundarios. En esta fase, el conflicto entre Superyó e ideal del Yo se jugará principalmente en el trabajo de estilo.


5.  La última fase es la de la producción hacia fuera, donde se activarán las angustias de separación y las críticas y ataques de la destructividad interna.


Perder y sublimar son dos procesos completamente individuales, prosigue Séchaud. Pero, al mismo tiempo, están sujetos a la cultura en una relación recíproca. La dimensión cultural se plasma en los ritos que acompañan a la muerte y en el proceso y los frutos de la sublimación. Elaborando la segunda tópica, Freud hizo entrar al Otro en el aparato psíquico bajo forma de Superyó, de los ideales y de un Superyó cultural articulado con el Superyó individual. Esta nueva figura introyectada sale, por lo esencial, de un proceso de duelo (duelo logrado, cumplido, que es el único que permite el proceso de identificación). El Superyó aparece pues como una neo-creación que Freud no dudará en considerar como sublimación de las investiduras hacia los objetos de los cuales el sujeto ha debido hacer el duelo. Perder, sublimar, identificarse… participan en el proceso de constitución de ese Superyó, que recibe en herencia al Superyó de los padres y a los ideales de la cultura; transmisión que reafirma su filiación. Las identificaciones paternas desplazadas sobre otras figuras dan también al creador una filiación en el dominio que ha elegido. El reconocimiento de la filiación hace al sentimiento de pertenencia, pero la verdadera identidad se constituye en un movimiento de oposición.


El trabajo de la cultura, afirma Séchaud, rige el trabajo de la sublimación. La cultura impone al individuo desviar una parte de su libido sobre objetos sublimatorios; de vuelta, esos nuevos objetos -científicos, artísticos, ideológicos- contribuyen al enriquecimiento cultural. El proceso sublimatorio se sitúa en el antagonismo propio al interfaz entre proceso individual y proceso cultural. La transformación del antagonismo en interferencia dinámica es lo que se pone en juego. El psicoanálisis aspira a permitir pensar todo el fondo pulsional que constituye al individuo y la cultura; el trabajo de cultura que cumple procede del análisis no de los valores superiores prometidos por la sublimación, sino de las figuras íntimas de la barbarie: el apetito caníbal, el deseo de asesinato, el incesto, las apetencias sádicas y masoquistas, la ambivalencia… Son esas posiciones subjetivas singulares y comunes, individuales y políticas, las que el trabajo analítico saca de su actividad clandestina.


 


II- Ponencia de Jean-Louis Baldacci: "Dès le début"... la sublimation? (¿Sublimación…desde el principio”?)


¿Qué relación entre sublimación y cura? ¿Es inherente al proceso mismo? Tema delicado, recuerda Baldacci parafraseando a Freud, puesto que la sublimación no debe ser objeto de una atención particular en las sesiones, ya que se realiza por sí misma una vez analizadas las resistencias. Es más, será necesario preservar una distancia prudente entre sublimación y proceso analítico: analizar la sublimación podría hacerla desaparecer o transformarla en formación defensiva…


Por otro lado, ¿qué decir de su participación en la puesta en marcha de los procesos transferenciales a partir de la doble cara (traumática y protectora) de la seducción? El autor argumenta en torno al poder reparador de la seducción sublimatoria apoyándose en un ejemplo clínico y en los textos de M’Uzan y Donnet entre otros. Asimismo, aborda la contigüidad de sublimación y perversión citando a Chasseguet-Smirguel, y de la adicción y la creatividad apoyandose en los trabajos de Joyce McDougall.


Baldacci diferencia a las realizaciones sublimatorias de lo que se revela en la cura como proceso de investigación/autoinvestigación. Según él, Freud habría ligado la capacidad de investigación a una “sublimación desde el principio”, un deseo de saber sostenido por una pulsión capaz “de ejercerse libremente al servicio de las realizaciones artísticas”, al servicio del pensamiento y de la investigación, añade. Esto concierne particularmente a la cura, tanto más cuanto que la expresión “desde el principio” no podría reducirse en su ambigüedad a una perspectiva genética o histórica exclusiva, sino que significa también “principio de un proceso”: principio de la teoría, principio de la cura, principio de la vida.


El autor hace, pues, una opción: considerar el proceso sublimatorio en singular; la sublimación como una potencialidad inicial en el plano individual desde el principio, para correlacionarla con la riqueza del trabajo de cultura. De ese modo, sostiene, el trabajo de la cura podrá participar en el trabajo de cultura. Dicha perspectiva tendría la ventaja de referir investigación y creatividad a una raíz común, una condición inicial susceptible de explicar la complementariedad, lograda o no, de las diferentes facetas de la sublimación en el recorrido desde las teorías sexuales infantiles a las obras de arte, “innumerables sublimaciones” de las que hablara Freud en El presidente Wilson. Sin esa referencia común la sublimación se deviene un concepto inútil: epistemolofilia y creatividad se autonomizan, aun contribuyendo en su recorrido, una y otra, al trabajo de cultura. Es la opción tomada por los autores kleinianos y postkleinianos; en particular, Bion (desarrollando el eje epistemolofílico de la sublimación con el lazo k -la comprensión en el centro de la tentativa terapeútica del análisis-) y Winnicott (respecto a la dimensión de juego y creatividad). En los dos casos el concepto de sublimación desaparece.


Es verdad, prosigue Baldacci, que para Freud investigación y creatividad extienden su campo más allá de la sublimación propiamente dicha, pero concibe a ésta como participando en una y otra sin confundirse con ellas. ¿Esa intersección no señalaría precisamente una raíz común -que implica unicidad del proceso sublimatorio- a la que llega bastante tardíamente con la noción de desexualización en El Yo y el Ello? Encontramos esta cuestión en una etapa previa (“especie de sublimación”, “vía general hacia la sublimación” son sus palabras) a la sublimación propiamente dicha. Etapa que interviene en la transposición de la libido de objeto en libido narcisista, etapa necesaria a la génesis misma del Yo y que implica la introyección posible de la pulsión. Después, la sublimación propiamente dicha, que reposa sobre un Yo constituido, puede desplegarse y reforzar los complejos procesos de la búsqueda y la creatividad. Se trata pues de una etapa precoz.


¿Por qué hacer intervenir esa desexualización?, se pregunta Baldacci. ¿Por qué no encarar la sublimación como resultado exclusivamente del compromiso con las defensas contra-pulsionales y, en particular, la represión? Sublimación entonces se declinaría en plural: iría desde la formación reactiva a la inhibición en cuanto a meta, en privilegio de lo educacional restrictivo o bien, para las sublimaciones de excepción, de dones o avatares vitales que posibilitarían su expresión. Pero las medidas educativas más adaptadas, la genitalidad más armoniosa o las dotes más excepcionales no pueden responder ellas solas al problema planteado por la economía pulsional; problema que no concierne únicamente al destino de lo sexual, sino que interroga también a las relaciones entre lo sexual y lo no sexual. La sublimación ha de responder al destino de la dualidad pulsional, a la articulación de lo sexual con lo no sexual, a lo que hace problemática la posibilidad de satisfacción. Perturbación de la satisfacción que, según Freud, “prepara el progreso”. El pensamiento aparece unido a la organización de la sexualidad infantil, la cual no se reduce a la mera experiencia de satisfacción. A propósito de su génesis, señala el autor, Freud habla de la sexualización del pensamiento mágico ligado al objeto de satisfacción. La desexualización sublimatoria liberará a la pulsión del objeto-como-meta-directa. La libido de objeto sexual se trasforma en libido narcisista desexualizada; es decir, desplazable, no ligada exclusivamente al objeto. La desexualización servirá de soporte a la identificación, pues, aun cuando ésta lleve la marca de Eros. Esta participación de la sublimación en el narcisismo secundario y en la génesis del Yo implica considerar que actúa “desde el principio”.


A partir de aquí, Baldacci centra su propósito en mostrar la manera en que las transformaciones pulsionales inducidas por la cura desvelan estos aspectos metapsicológicos y otros clínicos suscitados por la problemática del concepto “sublimación desde el principio”. Aborda su papel en la autoinvestigación necesaria al proceso, interroga sus relaciones con la palabra y los objetos concretos a propósito de la articulación libido de objeto/libido narcisista (¿será la transferencia a través de la palabra la condición de la palabra de transferencia?, se pregunta) y, finalmente, reflexiona sobre su inclusión en un ciclo dinámico que implica al encuadre y a la respuesta del analista. La “sublimación desde el principio” participará a la vez en la creatividad y en la investigación, suscitando una investigación del mundo de los objetos a la búsqueda de tercero. Pero tendrá una etapa previa: la construcción de una sexualidad infantil encarada como actividad creadora autoerótica. Esta implica la palabra y, con ella, la sexualización del pensamiento, lo que permite no sólo la llamada del objeto de satisfacción, sino también la involucración del propio cuerpo. De modo que la desexualización sublimatoria toma en cuenta la vitalidad de la sexualidad infantil. En las sublimaciones de excepción, esa “sublimación desde el principio” es incapaz de encontrar la salida pulsional necesaria, a menos de convertirse ella misma en adictiva; es decir, de condenarse a una repetición agotadora. Son tentativas reiteradas de retomar y concluir, sin lograrlo, un proceso sublimatorio precozmente fracasado. La necesidad de reconocimiento social por la valoración o condena que les acompaña, revela el fracaso en la introyección de una referencia tercera, sumergiéndoles en el dilema castración/dependencia, origen de un círculo vicioso hecho de venganza y reparación. Así, las sublimaciones de excepción aparecen como frágiles y precarias. Y es que la “sublimación desde el inicio” no sería una sublimación establecida de una vez para siempre. Recorre todas las edades e impone la reversibilidad del juego adulto/niño; en particular, cada vez que se plantea la cuestión de la transformación de libido objetal en narcisista. En las grandes etapas de la vida, cuando entra en crisis el equilibrio objetal/ narcisístico: infancia, adolescencia, encuentro amoroso, maternidad y paternidad, envejecimiento, éxito o fracaso, duelo, enfermedad. En esos momentos en los que el equilibrio identitario está amenazado, donde la depresión, la excitación, las somatizaciones… aparecen como avatares evolutivos posibles de los autoerotismos movilizados, la transformación sublimatoria de las pulsiones puede apelar a los creadores para los cuales la cuestión se plantea, por así decirlo, de continuo y cuya genialidad ha permitido hacer de ello una representación colectiva. Ellos ayudan así a la dramatización tragicómica del trauma, a su transformación estética. La obra permite así el reencuentro transnarcisístico entre un autor y un espectador: le levanta a éste la amnesia infantil y le hace reencontrar la fuerza del principio, le transmite a aquél, mediante el entusiasmo que suscita, aquello que le faltó.


Pero eso no suele bastar, concluye Baldacci. El psicoanálisis puede ayudar a uno y a otro, autor y espectador, a la apropiación de ese encuentro; y en ese sentido puede hacer trabajo de cultura.


 


BIBLIOGRAFÍA


Abraham, K. (1924) Esquisse d’une histoire du développement de la libido fondée sur la psychanalise des troubles mentaux. Payot, Paris.


Anzieu, D. (1981) Le corps de l’oeuvre. Gallimard, Paris.


Green, A. (1993) Le travail du négative. Ed. de Minuit, Paris.


Laplanche, J., Pontalis, J.B. (1968) Vocabulaire de la Psychanalyse (2º edición). Presses Universitaires de France, Paris. Edición española (1971) Diccionario de Psicoanálisis, Ed. Labor.

 

Sponsored Links : Metro Flyer, Real Canadian Superstore Flyer, Shoppers Drug Mart Flyer, Aldi Nord Prospekt, Lidl Prospekt