Contratransferencia: Una perspectiva desde Latinoamérica [De León de Bernardi, B., 2002]

Publicado en la revista nº025

Autor: Werbin, Analy

 
Reseña: Contratransferencia: Una perspectiva desde Latinoamérica. The contratransference:  a Latin American view. Autora: Beatriz de León de Bernardi En R. Michels, L. Abensour, C. Laks Eizirik, R. Rusbridger (comp.) Key Papers on Countertransference, p. 81- 116. IJP Education Section. Editorial: Karnac, London-New York, 2002

 


En este trabajo la autora, Beatriz de Leon de Bernardi,  destaca la noción de contratransferencia con el objeto de presentar una perspectiva local y cómo este concepto es comprendido desde la cultura psicoanalítica latinoamericana, en especial la rioplatense.


La autora toma como ejes principales las obras de Heinch Racker y Madeleine y Willy Baranger, planteando  que los trabajos que estos autores desarrollaron tuvieron como trasfondo el diálogo entre el pensamiento kleiniano y freudiano. Los autores referenciales de este trabajo llaman la atención de Bernardi ya que plantearon, entre los años 50 y 60 en esta región, puntos de vista que aparecen en la clínica actual más en consonancia  que hace 40 años.


Desde los años 70, la perspectiva se replantea en la comunidad psicoanalítica de la región ya que entran en diálogo y confrontación las postulaciones de J. Lacan con la teoría kleiniana. Así, la autora destaca que el pensamiento psicoanalítico cambió de paradigma central a partir de la segunda mitad del siglo XX, en particular con respecto a la teoría de las relaciones objetales. De esta manera, el sector del psicoanálisis, cuyo paradigma era la histeria, viró hacia la intersubjetividad como tal.


Las diferentes escuelas que se fueron desarrollando después de Freud, de algún modo, arman sus esquemas teóricos propios a partir de sus hallazgos clínicos. Queda fuera de esta generalización la escuela lacaniana.


El esquema rioplatense no arma un desarrollo teórico propio ya que una de sus características es utilizar diferentes esquemas. Lo que lo destaca es que tiene en cuenta un panorama global de la situación analítica donde se jerarquiza la clínica. Mientras las diferentes teorías estudian a un sujeto, el estudio de la clínica no puede dejar de lado al analista, por lo tanto se podría decir que el estudio de la clínica jerarquizado por el esquema latinoamericano es el del campo bipersonal.


El  concepto de campo clínico en psicoanálisis tiene un desarrollo propio que se podría definir como un territorio nuevo, pero con lo viejo de los dos.


En este artículo, la autora toma en primer lugar la cuestión técnica del análisis de la contratransferencia, que remite al precepto freudiano de “permeabilidad psíquica”; es decir por un lado discernir y conocer y por otro percibir. A partir de estos conceptos se podría inferir que para el trabajo analítico la indicación sería ni reprimir, ni actuar, sino pensar.


Se infiere del trabajo de la autora que la contratransferencia se podría denominar transferencia recíproca o contraidentificación proyectiva, de la cual se señala la importancia, auque parcial y restringida a una región geográfica durante la segunda mitad del siglo XX.


La autora en primera instancia toma a Heinrich Racker como referencia de los pioneros del movimiento psicoanalítico argentino. Fue el autor que formuló por primera vez que la contratransferencia puede ser un instrumento para utilizarse en la comprensión  de los procesos psicológicos del paciente (Racker, 1948). Racker se nutrió tanto de Freud como de la teoría kleiniana; tomó como punto de partida la idea freudiana de que en la contratransferencia se expresan aspectos de la neurosis infantil del analista, los que operan como resistencia al tratamiento. El aspecto más original, según la autora, se origina en las ideas de M. Klein, así diría Racker en 1958 que los descubrimientos sobre las posiciones esquizo-paranoide, depresiva y maníaca, los aportes en el conocimiento sobre la fantasía inconsciente como expresión del ello, yo y superyo, la función del instinto de muerte y los mecanismos de proyección, introyección y disociación han modificado la técnica de la interpretación… “transferencia y contratransferencia  representan una unidad dándose vida mutuamente y creando la relación interpersonal de la situación analítica” (Racker, 1977).


En el artículo son descritos por la autora los dos modos de identificación que, según Racker, se producen entre analista y paciente y que dan origen a dos formas y funciones de la contratransferencia:


-                      Contratransferencia concordante: Mecanismos de introyección y proyección permiten al analista identificarse en forma aproximada con el yo y el ello del paciente. Esta se origina en la contratransferencia positiva sublimada y está en la base del movimiento empático. Así la introyección  y proyección  en la identificación concordante se basan en la resonancia de lo externo y lo interno, en el reconocimiento de lo ajeno como propio, explica la autora.


-                      Contratransferencia complementaria: Dice Racker (1977):”Las identificaciones complementarias se producen cuando el analizando trata al analista como a un objeto interno, razón por la cual éste se siente tratado como tal, es decir se identifica con dicho objeto” (p. 235).


La autora agrega que: “La identificación complementaria del analista no está solamente determinada por las proyecciones del paciente, sino también por la reactivación de la neurosis infantil del analista” (p.84).


La descripción que hace Racker de este fenómeno es de un mecanismo de retroalimentación. Como lo expresa de León: “De esta manera la contratransferencia influye inevitablemente en el analizando reforzando sus identificaciones patológicas y perturbando el proceso de análisis… La importancia adjudicada a la contratransferencia y a las dificultades del analista llevaron a Racker a postular la necesidad del doble posicionamiento en el analista que le permita tomar como objeto de observación su propia participación.” (p. 84).


Madeleine y Willy Baranger fueron los pilares de la formación del grupo psicoanalítico en Uruguay. Proponen la idea de “campo dinámico”, inspirados en la teoría de la guestalt y en la concepción de la fantasía inconsciente. Basan sus desarrollos  en la teoría de Klein, Isaacs y Bion. Según de León, corresponde a  M. y W. Baranger haber utilizado y definido la noción de campo dinámico, lo que les permitió abordar la situación analítica como una globalidad que puede ser objeto de estudio.


Si bien la autora destaca que el abordaje de W. y M. Baranger, influenciados por la obra de Pichon Riviere y los pensadores franceses como Lagache o Merleau Ponty,  se distingue al resaltar que la tarea del analista no basta con la comprensión de la proyección de la fantasía del paciente, sino además en entender los procesos que surgen en el encuentro paciente-analista.


La fantasía inconsciente compartida es concebida como una nueva estructura. Se crea dentro de la unidad que paciente-analista constituyen en la sesión. En este interjuego intervienen las vivencias corporales del paciente y analista. Las fantasías de los movimientos corporales que aparecen en el analista pueden ser consideradas como respuesta a experiencias vivenciadas por el paciente en el presente. “Cada analista participa de la ambigüedad corporal y contesta con su propio cuerpo a la comunicación inconsciente del analizando” (Baranger, p.12).


Para de León la interpretación según los Baranger debe dirigirse al “aquí y ahora” de la relación con el analista. Para ejemplificar esta idea la autora del artículo toma una pequeña viñeta clínica de los Baranger sobre el papel de la significación de la historia infantil y la repetición en el análisis:


Un paciente consulta por su incapacidad de querer, odiar, de alegrarse o entristecerse. Durante el análisis aparecieron sucesivos traumas de su historia infantil. El analista tiene la impresión de cierta inautenticidad cuando el paciente parece lograr vivenciar situaciones emocionalmente. En determinado momento el paciente se enfrentó a una situación de fracaso profesional. Se sumió en sentimientos de desesperación que hacían temer por su vida. Así, el éxito profesional, para este paciente, era un baluarte defensivo en el que depositaba idealizaciones y aspectos omnipotentes de sí mismo. Este momento clínico, cuenta de León, muestra cómo los procesos de repetición en el análisis no son lineales y cómo un relato puede encubrir aspectos clivados que no pueden ser verbalizados y que pueden pasar desapercibidos para el analista. Sólo se perciben éstos por la vivencia contratransferencial. (p.33)


Cabe definir la noción de “baluarte defensivo” como “un refugio inconsciente del paciente que esconde poderosas fantasías de omnipotencia. La caída del mismo deja al sujeto en extremo estado de desvalidez, vulnerabilidad y desesperanza.”(p.32). Si bien en aquel momento la postura de los Baranger produjo cuestionamientos y polémicas, la autora encuentra que los mismos plantearon puntos de conflicto que tuvieron carácter innovador y precursor de desarrollos actuales. Los temas que aparecen retomados por el pensamiento contemporáneo de diferentes posiciones son: la perspectiva unipersonal versus la bipersonal del proceso, la importancia adjudicada al analista, la contratransferencia, la neutralidad, la significación de la historia infantil, la importancia de los aspectos no verbales de la comunicación inconsciente entre paciente y analista.



J. Lacan y su cuestionamiento a la noción de contratransferencia


Lacan reformula las nociones de transferencia y contratransferencia y distingue las dimensiones imaginaria y simbólica de la transferencia. Así, describe de León que, según esta escuela, el aspecto simbólico se manifiesta en la insistencia de la repetición de ciertos significantes centrales. Por otro lado, las reacciones afectivas ocurridas entre paciente y analista son entendidas como manifestaciones imaginarias duales que funcionan como resistencias. Lacan asumió progresivamente una postura crítica frente al uso del término y cuestiona dos razones:


1)                 Rechaza la reducción del análisis intersubjetivo ya que reproduce según este autor, la relación dual descrita en su trabajo “El estadío del espejo”. Al centrar el trabajo analítico en la interpretación transferencial-contratransferencial, se podría llegar a sobredimensionar aspectos  regresivos del analista facilitando la inducción y la “reeducación emocional” y a favorecer las identificaciones narcisistas entre paciente y analista.


2)                 El posicionar el fenómeno de la contratransferencia en primer plano puede conducir a analista y paciente a quedar ubicados en posición simétrica.


Para Lacan, la actitud de neutralidad del analista tiene un papel central. Esta neutralidad afirma al analista en su posición simbólica asimétrica que marca el límite o la falta -castración simbólica- para sí mismo y para el analizando. Estas razones llevaron a Lacan (1958) a considerar la impropiedad conceptual del término      “contratransferencia” en la medida en que ésta facilita el enlace con la transferencia imaginaria del paciente, favoreciendo sus aspectos defensivos.



La reformulación del concepto


A partir de 1979, se encuentra en la bibliografía una autocrítica de Baranger ante los planteos teóricos de sus primeros trabajos. Lo que motivó a este autor a reformularse y a precisar el alcance  del concepto de contratransferencia fueron sobre todo sus observaciones clínicas. Según la visión de la autora de este trabajo, lo que estimuló también a Baranger fue responder a los cuestionamientos que se formulaban en esa época a partir de las nuevas ideas, tales como la importancia adjudicada por Lacan a la repetición de la historia del paciente en el análisis y la asimetría analítica.


La noción de campo que había planteado Baranger al comienzo de su obra entendía a la transferencia y a la contratransferencia como reacciones globales de analista y paciente,  como un  fenómeno omnipresente en la situación analítica.  Más tarde admite la relatividad de los fenómenos que ocurren entre paciente y analista y advierte que si toda interpretación es dirigida al aquí y ahora de la relación analista-paciente, se corre el riesgo de borrar  la importancia de la historia del paciente que es uno de los resortes del proceso analítico. En este mismo trabajo, como así también en 1983, Baranger  reafirma su acuerdo con Pichon Riviere, que concibió el proceso analítico como un proceso en espiral, donde el pasado y el presente se articulan dialécticamente en la sesión, abriendo paso al futuro.


 La autora describe también que W. Baranger (1979) restringió el término contratransferencia, a partir de su replanteo, y lo distinguió de la identificación y contraidentificación  proyectiva. Así dice:” No son en absoluto definitorios de su estructura, ni de su dinámica, y menos del trabajo que en ella se lleva a cabo” (p30). Llamó al campo analítico  “campo intersubjetivo” y no “bipersonal”, como antes, respondiendo a la crítica de Lacan.


Según Baranger: “Nos faltaba reconocer en toda su importancia el concepto de Lacan  acerca de sujeto. No se trata ni de dos cuerpos, ni de dos personas, sino de dos sujetos divididos cuya división resulta de una triangulación inicial”. Este autor, al que de León hace mención a lo largo de todo el artículo, se cuestiona también sobre las implicancias técnicas de la concepción de inconsciente. En la visión de Baranger el hecho de que una interpretación del analista alcance y modifique al conflicto inconsciente del paciente, cuestiona la hipótesis de Lacan sobre la heterogeneidad del inconsciente. Con este posicionamiento, Baranger plantea un punto problemático del pensamiento de Lacan que reaparece en el psicoanálisis actual.


La autora sostiene que el tema de la interpretación fue retomado por M. Baranger en 1992, afirmando el punto de vista dialéctico acerca de la interpretación del proceso analítico (de León de Bernardi, 1996, 1999). De esta manera M. Baranger  postula que el proceso de la interpretación no es arbitrario, sino que inserta en un contexto de trabajo previo entre analista y paciente y produce modificaciones en el analizando y en la dirección de la historia del análisis.


Jorge Mom y los Baranger (1983) reafirmaron la importancia de la asimetría analítica. Según la lectura que hace de Leon de Bernardi,  estos autores postularon la necesidad de una dualidad de visión en el analista en sesión, lo que podría resumirse de la siguiente manera:


1)     Enfocada hacia el material asociativo y la atención flotante del analista.


2)     Cuando el analista percibe un obstáculo, enfoca su mirada hacia el conjunto que abarca el campo analítico, donde él mismo se incluye como objeto de observación. Por lo tanto, implica un trabajo de auto-observación, lo que lo lleva a tomar en cuenta la contratransferencia.



La noción de baluarte


Este concepto está estrechamente unido al concepto de campo analítico. Así Racker, cuando formula su idea de contrarresistencia (enlace entre las resistencias de paciente y analista) aclara que cuando ésta se cronifica  se constituye un baluarte en el campo analítico que es sostenido por paciente y analista. Según W. Baranger (1979), varios fenómenos pueden ser atribuibles a la formación de baluartes. Por ejemplo, el “impasse analítico”, “la reacción terapéutica negativa”, y otros.


Citando textualmente a los Baranger (Baranger y col., 1983), resaltan que baluarte es: “…una neoformación constituida alrededor de un montaje fantasmático compartido que implica zonas importantes de la historia personal de ambos participantes y que atribuye a cada uno un rol imaginario estereotipado.” (p.2). Según de León, la segunda mirada del analista le permite tomar consciencia de su parte en el proceso, sin que por esto tenga que hacer confesiones contratransferenciales. Dice la autora aún más, al poder transmitir el sentido de la fantasía inconsciente implícita entre ambos,  produce la “desimbiotización” de la pareja analista-analizando.  Asimismo, destaca que la interpretación del baluarte generará procesos de insight en el paciente y el analista recupera así la primera mirada más libre del campo analítico. De esta forma, tanto al instituir y mantener el encuadre como al interpretar, lo hace desde el registro simbólico, según la terminología lacaniana.


Esta mirada de los Baranger resalta, además, que el analista escucha y reacciona permanentemente pero mantiene su contratransferencia cohibida, lo  que no interfiere en el ejercicio de la atención flotante y, por el contrario, contribuye en el proceso de elaboración de la interpretación.


Dentro de este concepto controvertido, los autores de ese trabajo ubican dentro del mismo a “las identificaciones proyectivas del analista hacia el analizando y sus reacciones a las identificaciones de éste. Estos fenómenos son los que provocan las estructuraciones patológicas del campo, exigen una segunda mirada hacia él, y un trato interpretativo prioritario”. Se podría decir sobre el tema que ocupa este artículo que muestra la prevalencia de la teoría kleiniana.


En relación a la función de la interpretación, se encuentran diferencias al compararla con la teoría lacaniana, ya que esta última jerarquiza el valor disruptivo de la interpretación a través de las intervenciones del analista, en cambio ellos conciben a la interpretación como un proceso, como una alternancia dialéctica entre el poder disruptor de la palabra y el poder integrador que genera insight tanto en paciente como analista. Cita la autora textualmente: “El resorte del proceso analítico aparece por lo tanto como constituido por la producción de resistencias y baluartes y su correspondiente disolución interpretativa creadora de insight.” (1983 p.5).


 


Conclusiones


En este trabajo se hace una síntesis del desarrollo del pensamiento de Racker y M. y W. Baranger con respecto al concepto de contratransferencia en confrontación con diferentes marcos teóricos. Primero aparece como trasfondo el diálogo entre Freud y Klein, luego con la producción de los Baranger se introduce el diálogo entre Klein y Lacan. La noción de contratransferencia implícita en la idea de baluarte no se asimila a las nociones de Lacan sobre la transferencia simbólica e imaginaria del analista. Como diría Liberman (1970): “son nociones que se insertan en marcos referenciales diferentes, incluyen hipótesis de distinto nivel de abstracción”.


De León termina este artículo con la conclusión  siguiente: “la mayor diferencia entre las dos perspectivas es que en la visión de Lacan la contratransferencia es un camino equivocado para el analista. En cambio, tanto para Racker como para los Baranger, la contratransferencia es un instrumento, si bien problemático, que conduce a la comprensión de la conflictiva inconsciente del paciente”.  La autora plantea la necesidad de  desarrollar una confrontación más sistemática que compare los resultados de las implicancias técnicas-teóricas de los enfoques aquí estudiados.


NOTA: Para la bibliografía se remite al original.

 

Sponsored Links : No Frills Flyer, Food Basics Flyer, Valu-Mart Flyer, Rexall Flyer, IGA Flyer