Espejos en la mente. Una clase de neuronas que reflejan el mundo exterior revelando una nueva vía para el entendimiento, la conexión y el aprendizaje humano

Publicado en la revista nº025

Autor: Sánchez Hita, Inmaculada

Reseña: Espejos en la mente. Una clase de neuronas que reflejan el mundo exterior revelando una nueva vía para el entendimiento, la conexión y el aprendizaje humano. “Mirrors in the mind. A special class of brain cells reflects the outside world, revealing a new avenue for human understanding, connecting and learning.” By Giacimo Rizzolati, Leonardo Fogassi and Vittorio Gallese. Scientific American, Volume 295 Number 5, p. 30. November 2006




“el descubrimiento de la neuronas espejo hará por la psicología lo que el ADN por la biología “


Vilayanur Ramachandran


Sumario


El artículo que nos ocupa en esta reseña aborda las investigaciones llevadas a cabo sobre las llamadas neuronas espejo (NE) del cerebro humano realizadas por Rizzolati a partir de los años 90 y que supusieron el comienzo de todo un campo de investigación sobre un sistema específico neuronal localizado en diversas áreas cerebrales que al activarse permitiría hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de otro individuo. Aunque en un principio se pensó que se trataba de la explicación fisiológica del sistema de imitación, hoy se sabe que transciende a esta funcionalidad y a la neurofisiología pura. A partir de los primeros indicios de este hallazgo, los estudios se vienen orientando hacia la validación de una hipótesis fascinante: las NE  percibirían la secuencia motora llevada a cabo por otro, pero además serían -y esto es en mi opinión de sumo interés para los profesionales que trabajamos en  psicoterapia psicoanalítica-  las responsables de la capacidad para descifrar la intención de otro, la motivación para la realización de la misma. Se activarían tanto en la ejecución como al contemplar una acción descifrando la intencionalidad asociada en un determinado contexto. Por tanto, tendrían que ver con el reconocimiento de acciones como con la interpretación de las mismas.


·     Se trata de un subgrupo nuevo de neuronas que se activan tanto al ejecutar como al observar una acción. La imitación, una de las principales formas de integración sensitivomotora en relación con las acciones de otros individuos, tendría así, su soporte biológico en el SNE (sistema de NE).


·        Las NE  codificarían además la intención y la emoción asociadas a lo que otro individuo hace. Su implicación en acciones motoras de la boca y rostro podría llevarnos al reconocimiento de su importancia en el entendimiento de estados emocionales que tan frecuentemente se transmiten a través de expresiones faciales


·        Podrían ser las responsables de la capacidad de imitar, de aprender y de la empatía al conectarnos emocionalmente con el exterior.


Estas particularidades pueden suscitarnos desde el enfoque Modular-Transformacional, desde el psicoanálisis y la psicología en general, una ampliación del conocimiento sobre el origen de la construcción psíquica. Vendría a ser la confirmación de que los distintos sistemas motivacionales, capacidades yoicas y defensas cuyo desarrollo hubiese tenido que ver con mecanismos de identificación o como resultado de lo sentido vivencialmente en la experiencia social -parte de lo que terminará por diferenciarnos como individuos irrepetibles- podrían estar condicionados también por nuestra predisposición biológica, pues esta dotación neuronal específica determinaría parcialmente la riqueza de nuestra vida en relación. Resultaría reduccionista pensar sólo en la posible implicación del SNE  en el desarrollo de  algunos aspectos de la personalidad y cuyo fin último fuese convertirnos en seres sociales al promover la heteroconservación, la empatía y, en definitiva, que un otro aparezca en el horizonte psíquico.


Si pensamos en la incorporación de funciones desde la especularización con figuras significativas en etapas tempranas, que nos permite un apego seguro porque captamos la intencionalidad con que nos cuidan, o en la posibilidad de desarrollar una adecuada autorregulación emocional y autoconservación por incorporar acciones y emociones asociadas a lo observado en las figuras significativas, o en el desarrollo del narcisismo desde la conexión emocional  que supondría poder sentir lo  que el otro siente hacia nosotros cuando interactuamos, seguro que en adelante seguiremos con interés todos los avances en la línea de investigación que el artículo nos presenta. ¿Estaremos también más cerca de entender los fundamentos para los procesos de idealización, incorporación del sentimiento de valía y del desarrollo de la futura autoestima?


Creo, en definitiva, que nos aportan una explicación más completa e integrada de lo que somos  en tanto que unidad biológica y psíquica en relación con otro, ya que la función de las NE podría quedar con el tiempo definida como el nexo entre cerebros individuales a múltiples niveles y como participantes fundamentales en el desarrollo de la personalidad.


Por el momento, el artículo nos propone un acercamiento intelectual a  las primeras evidencias de las bases biológicas que subyacen a los comportamientos sociales complejos, a las relaciones interpersonales, a lo que podríamos considerar, en mi opinión, los condicionantes biológicos para el desarrollo y estructuración de la personalidad en  la experiencia de la intersubjetividad.



Primeros trabajos observacionales y experimentales


¿Qué sucede en la mente del observador  durante una situación  de interacción entre dos individuos?


Ubiquémonos, como nos proponen los autores, ante una escena interactiva de escasa complejidad: alguien (John) observa a un otro (Mary) mientras coge una flor. Mary está sonriéndole y John intuye la intención de ofrecérsela como presente.


Hasta hace una década se habría atribuido esta percepción por parte del observador a un sofisticado proceso cognitivo capaz de elaborar la información comparando con experiencias previas y obteniendo conclusiones a partir de operaciones deductivas lógicas. Sin embargo, y pese a que así sucede cuando la conducta observada es difícil de descifrar, la facilidad y rapidez con la que entendemos una acción llevó a buscar la posible existencia de otro mecanismo que fuera más directo y no comparativo.


Así fue como, en los años 90, el grupo de investigación de Parma (L. Fadiga) describió unas células que reflejan los actos externos  en el cerebro del macaco y que se activan tanto al realizar acciones simples como al contemplar cómo se realizan las mismas, es decir, simultáneamente en ejecutor y en observador. Son las que en adelante se denominarían  Mirrors Neurons, neuronas espejo.


El estudio posterior de esta nueva clase de neuronas permitió describir  en ellas una característica que las diferencia de la reconocida  capacidad de almacenaje específico de memoria del resto de los circuitos neuronales y que consiste en la codificación de esquemas (templates) para acciones específicas. Esta propiedad permite no sólo realizar movimientos básicos sin pensar, sino comprender esos actos cuando están siendo observados sin necesidad de razonamiento explícito sobre ellos.


Para los investigadores se trata de un hallazgo que representa un importante cambio en la concepción de la manera en que entendemos la manera de entender y yo añadiría, quizás, la manera en la que podemos acceder a lo que los demás sienten. Se daría así, según el artículo, un principio de validez neurocientífica al pensamiento de los filósofos de la tradición fenomenológica, quienes ya dedujeron que uno tenia que experimentar un hecho para comprenderlo. En el ejemplo, John intuye la acción (darle la flor) porque cuando está ocurriendo delante de sus ojos, a la vez está sucediendo en su mente.



Pero ¿cómo sucede el reconocimiento instantáneo?


La experimentación con macacos, estudiando en ellos la activación neuronal de las NE en el área F5 de su corteza motora  (asociada a movimientos de la mano y boca) dependiendo de la realización de distintas acciones, permitió objetivar que los patrones de actividad neuronal asociados con la observación eran una representación real e inmediata del acto en el cerebro independientemente de quien lo estaba desarrollando.


A fin de determinar el rol de este sistema neuronal se pensó en eliminarlas pero la dispersión por áreas de corteza premotora y parietal impidió esa técnica ya que se habría producido tal déficit cognitivo que invalidaría el estudio.


Se diseñaron nuevas estrategias para determinar qué papel desempeñaban  más allá del registro visual. El grupo de investigación quería demostrar que si intervenían en el entendimiento de lo observado,  su activación tendría entonces que reflejar (captar) el sentido de la acción más que las características visuales.


Se sometió a los macacos a la experiencia de poder reconocer una determinada acción observada en una primera fase. Para sorpresa de los científicos, tanto si se repetía la acción en un segundo tiempo exponiéndolos  sólo a la percepción acústica de la acción  (en un primer grupo) como si la observación sucedía de forma discontinua (en un segundo grupo), las cadenas neuronales implicadas en el primer acto observacional seguían activándose tanto por el estímulo sonoro asociado como por representación mental  respectivamente en cada grupo.


En busca de áreas similares en humanos, se realizó un estudio en grupos de voluntarios en el hospital de San Rafael de Milán  y mediante técnicas de PET (grupo de Rizzolatti). Se localizaron de esta forma células promotoras y parietales distribuidas básicamente en  tres áreas: surco temporal superior, lóbulo parietal inferior y girus inferior frontal. La importancia de la localización anatómica del SNE  radica en que su proximidad a los sistemas frontoparietales, que soportan varias formas de integración sensitivo motora, sugiere que estén implicadas en esta función.



Sobre la intencionalidad


¿Aportarían además las NE un conocimiento de la intención distinguiendo acciones parecidas pero con distintos objetivos? Si fuese así, habría que reconceptualizar  el sistema motor como organizado en cadenas neuronales capaces de codificar la intencionalidad. Tres factores intervendrían, además, en la sistematización de este proceso:  la naturaleza del objeto observado, el contexto y la memoria del observador.


Ahora bien, si como nos sugiere el artículo, estuviésemos ante la constatación de que se establece este estrecho vínculo biológico entre la organización motora de las acciones  y la capacidad de entender la intencionalidad de las mismas, un vínculo entre el observador y el ejecutor, me surge de nuevo una pregunta reformulada desde nuestras áreas de interés como analistas: ¿estaríamos, pues, más cerca de comprender cómo se capta  la subjetividad de un otro?



Rizzolati et al. nos  explican que se trata de mecanismos de supervivencia como seres sociales, siendo la captación de la cualidad emocional un elemento contextual clave que delata la intencionalidad.



Aprender y  Conectar


De la misma manera que ocurre con las acciones, los humanos accedemos a tener conocimiento de las emociones del otro a través de la observación y la consecuente elaboración cognitiva que, por deducción, nos proporcionaría una conclusión lógica (aprendemos). Pero existe otro mecanismo mediatizado por el SNE y supone el mapeo directo de la información sensorial a estructuras motoras produciéndose así un estado emocional que correspondería al estado emocional del otro (conectamos).


La importante contribución de este hallazgo es de sumo interés y ya existen rigurosos ensayos que demuestran cómo los humanos pueden comprender emociones. Al menos, de eso hay evidencias respecto a las emociones negativas. Corroborados dichos ensayos  por otros autores como Tania Singuer et al. en Londres, la secuencia consistiría en una inmediata captación de emociones facilitada por el SNE (un olor desagradable o el dolor en otro) y la consiguiente activación de respuestas motoras vegetativas.



Por ahora, tales mecanismos llevados a cabo por las neuronas espejo no pueden explicar toda la capacidad cognitiva social, ni una completa argumentación neurofisiológica de las relaciones interpersonales constituidas por comportamientos sociales complejos. Sin embargo, se abre una vía de investigación respecto al papel que desempeñaría un déficit central de este sistema neuronal en el aislamiento social que caracteriza algunas patologías psiquiátricas como el autismo o la esquizofrenia. Por otro lado, la activación o estímulo de dicho sistema neuronal podría suponer un avance médico importante en la rehabilitación de pacientes con accidentes cerebrovasculares
.


G. Buccino analizó el comportamiento del SNE en el contexto del aprendizaje de habilidades cognitivamente complejas, como tocar un instrumento musical, demostrando la implicación de éste en áreas cerebrales tradicionalmente asociadas a la memoria y al movimiento consciente. Las NE supondría un puente en el proceso de aprendizaje.


Según señalan también en sus investigaciones G. Iacoboni y M. Dapretto, la presencia de las NE en el área de Broca soporta la hipótesis de que podrían resultar  precursores evolutivos de mecanismos neurológicos del lenguaje, para la conducta de imitación en etapas tempranas de la vida, y estar implicadas en el sistema neurológico de aprendizaje del comportamiento social. Los vínculos entre la imitación y la conducta social sugieren un papel clave de SNE. Cuanto mas empático tiende a ser un individuo, más trata de imitar a los otros, lo que se logra a través de incorporar expresiones faciales y posturas corporales de los demás. Por tanto, dado el papel que desempeñan las neuronas espejo en la imitación, es de suponer que deberían estar implicadas en el desarrollo de la empatía.


Aportaré, para finalizar, los trabajos realizados en la Universidad de Washington (J. Brown et al, 2005) que relacionan el SNE con un sistema de alerta que registraría el entorno advirtiendo de las situaciones de riesgo. Se facilita así que podamos ajustar nuestro comportamiento a las consecuencias del mismo antes de tomar una decisión según el nivel de peligro de cada situación. Las anomalías en esta área cerebral, que localizan en la corteza cingulada anterior de ambos hemisferios, podrían explicar el colapso en la detección de riesgos en la esquizofrenia o la necesidad imperiosa de impedirlos en los trastornos obsesivos.


 


Bibliografía


Boto, A. “Las neuronas en espejo te ponen en lugar del otro” en Entrevistas.Neurología “El pais futuro” Viernes 21 de Octubre de 2005


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En esta dirección web se pueden hallar material muy variado acerca de las neuronas espejo: http://www.ncbi.nlm.nih.gov