Daniel Paul Schreber. Doctor en psicosis [Schreber, D.P., 1985]

Publicado en la revista nº032

Autor: Bornemann Gálvez, Catalina


Reseña: Schreber, D.P. (1985) Memorias de un enfermo de nervios. Madrid: Ed. Sexto Piso (2008)


Este trabajo presenta una breve reseña de la obra “Memorias de un enfermo de nervios”, de Daniel Paul Schreber, una descripción general de su persona, su vida y su familia, un resumen de distintas aportaciones desde el campo del psicoanálisis y algunas reflexiones a las que el estudio del caso me ha llevado.



Las “memorias”


Entre 1900 y 1902, hallándose ingresado en el asilo de Sonnenstein, Daniel Paul Schreber escribió sus memorias, “Denkwurdgkeiten eines Nervenkranken” (Memorias de un enfermo nervioso); en ellas describe, con prosa cuidada y preocupado por ser riguroso, unos fenómenos que a él mismo le resultan difíciles de comprender y para los cuales, en muchas ocasiones, “tiene que usar las palabras que le dictan las voces” porque no encuentra en su idioma las palabras para designarlos.


Aunque la redacción formal del libro comenzó en 1900, Schreber escribía notas sueltas y anotaciones en libretas desde mucho antes, por lo menos desde el comienzo de su segundo ingreso, en 1894; en este material, junto con lo que le surgía en el momento de escribir se basa los 22 capítulos, 2 series de apuntes complementarios y 1 apéndice de sus “Sucesos memorables de un enfermo de los nervios”.


El principal objetivo explícito de esta obra era sustentar su petición de alta y preparar su reincorporación a la vida familiar y social, por lo que pone gran interés en explicar su concepción del ser humano y del universo de forma comprensible, lo que hace en los dos primeros capítulos, que podemos considerar como “la historia relatada”, la que ha pasado por un proceso de elaboración en el que se liman contradicciones y aspectos inaceptables de la realidad vivida.


Los siguientes capítulos son una autobiografía del periodo de su segundo internamiento, un relato de sus vivencias desde que cayó enfermo; en cierta medida su historial clínico desde el otro lado, en primera persona. La descripción minuciosa de los “fenómenos” que le atormentan, el intento de su explicación estructurando un delirio y la descripción realista y gráfica, a veces con toques de humor, de su vida como ingresado, conforman el texto. En el relato de los “Fenómenos” a los que se refiere unas veces como “Milagros”, otras como “Perturbaciones”, nos da una descripción nítida y vital de toda suerte de alucinaciones sensoriales, compulsiones, ideas obsesivas, etc., que podrían ilustrar un tratado de psicopatología y que se entretejen con la trama incompleta y mutante del delirio que se está estructurando y que está formado no solo por las ideas delirantes sino por buena parte del acervo cultural de la época, en el que se perciben claramente rastros no solo de las teorías de Kant y Laplace, a los que cita, sino también de Mendel y de la mística oriental de la reencarnación y los karmas; así mismo, el modelo de “alma” que describe coincide en muchos puntos con los modelos de funcionamiento de la mente y del sistema nervioso propuestos en su época.


Para la publicación de su obra tuvo que salvar numerosos obstáculos, muchos de ellos derivados de las suspicacias de su familia de origen; como anécdota ilustrativa: la familia Schreber, a través del marido de Anna, compró todas las copias que pudo y las hizo desaparecer.


Finalmente fue la editorial Benjamín, caracterizada por ser el punto de unión de producciones literarias espiritistas y grotescas, quién en 1903 publicó los “sucesos memorables...”; las reseñas de la época fueron en general buenas, pero sobre todo fue en los círculos psiquiátricos donde se puso de manifiesto el singular valor de la obra. Los planteamientos teológicos no fueron tomados en serio hasta 1977 en que se les comienza a considerar “... no como una caricatura sino como un intento radical hacia una nueva visión religiosa...” (Bregman, 1977- Israëls, 1989).


SCHREBER. SU VIDA. SU FAMILIA


Schreber padre, Daniel Gottlob Moritz (1808-1861), había estudiado Medicina; finalizados los estudios viajó por distintas ciudades de Alemania y Rusia como medico de cámara de un noble ruso. En otoño de 1836 volvió a Leipzig, donde se dedicó a la práctica de la medicina, a la docencia privada en la universidad y a actividades literarias.


En 1838 casó con Pauline Haase, hija de su antiguo profesor W.A. Haase, que provenía de un nivel social muy superior al de Moritz Schreber.


En 1844 se hizo cargo del Instituto de Ortopedia fundado por E.A. Carus, escribió libros sobre anatomía y fisiología humana, higiene y cultura física. Añadió principios morales a sus preceptos sobre salud física y creó un sistema educacional global para padres y educadores que incluía, además de los instrumentos que se describen en las siguientes páginas, normas cotidianas como baños fríos, privación de alimentos y otros castigos físicos. Según decía, empleaba sus métodos con sus propios hijos desde su nacimiento (una niñera fue despedida por negarse a ello) y estaba convencido de que sus ideas aplicadas a la vida cotidiana darían por resultado una raza de hombres más fuertes.


La madre de Schreber es descrita por Baumeyer como inestable, nerviosa y muy depresiva. Una de sus hijas relata así su papel en la familia: “Papá discutía todo con nuestra madre, ella tomaba parte en todas sus ideas, planes y proyectos, leía las galeradas junto con él y era su íntima y fiel compañera para todo”. Sin embargo, es difícil acoplar en este retrato idílico la figura del padre que, aun obviando el diagnostico Baumeyer, evidencia en el contenido de su obra un carácter autoritario con aspectos sádicos integrados como sistema de creencias. Inevitablemente surge la pregunta ¿desde cuándo era Pauline “inestable, nerviosa y muy depresiva”?.


Los padres de Schreber tuvieron dos hijos y tres hijas; el mayor de los hijos, tres años mayor que Daniel Paul, padecía parálisis pero no hay datos de qué tipo ni cuándo ni porqué se produjo. Es poco probable que fuera grave ya que cursó estudios de derecho y de química, se suicidó a los treinta y ocho años. De las hijas, una se casó y tuvo por lo menos un hijo. De las otras dos no se sabe casi nada, una de ellas es descrita como histérica permaneció soltera y al final “no estaba del todo bien mentalmente”. La otra, 6 años menor que Daniel Paul, parece que fue la que se ocupo de él en los últimos años.


Al propio Daniel Paul se le describe como alumno sobresaliente, bien dotado y aplicado pero a la vez nervioso, inquieto y temeroso. A los 36 años, muertos todos los varones de su familia y dependiendo de él la continuidad del apellido familiar, contrajo matrimonio con Sabine Behr, 15 años más joven, de un ambiente cultural muy diferente (hija de un director de teatro) y bien situada económicamente. No tuvieron descendencia, Frau Schreber tuvo dos abortos, y según el propio Schreber esta fue la única pena de un matrimonio por lo demás dichoso, aunque esta opinión no parece coincidir con la de la esposa, que ante la posibilidad de la salida de Schreber del hospital psiquiátrico escribe al Dr. Weber manifestándole sus dudas y preguntando angustiada “¿qué voy a hacer si se pone a gritar en la calle?”.


Durante su segundo ingreso, la esposa había acogido en su casa a una muchacha, huérfana de una actriz conocida suya, que más tarde Schreber adoptó. A ella y al Dr. Weber (hijo del Dr. Weber director del sanatorio Sonnenstein) debemos las descripciones más ingenuas y vitales de Schreber. El Dr. Weber, hijo, cuenta como algunas veces participaba Schreber en la comida familiar (por la descripción, da la impresión que en el sanatorio de Sonnenstein dirigido por su padre era práctica habitual que algunos ingresados participaran en ocasiones de la vida familiar) y le recuerda como conversador ingenioso y ameno, solo que en ocasiones tenía un tono especial, hacia muecas o interrumpía la comida para ir a su habitación a dar alaridos. La hija adoptiva de Schreber relata los agradables paseos en los que acompañaba a este después de su salida del sanatorio, por cierto, cifra en seis y no en dos los abortos de la Sra. Schreber.


Cronología de los principales hechos de la vida de Schreber

















































































































Año



Hechos de la vida de Schreber



Anécdotas e interrogantes



1842



Nace Daniel Paul Schreber el 25 de julio



Ver métodos pedagógicos del padre, mas adelante.



1861



Muerte de su padre



1877



Se suicida su hermano



 



1878



Contrae matrimonio.



 Por entonces ya dependía de D.P. la continuidad del apellido familiar.



1884 (otoño)



Hace campaña como candidato al Reichstag



No fue elegido



1884 (octubre)



Ingreso en la clínica Sonnenstein.



 1º ingreso, diagnostico: Hipocondría



1884 (diciembre)



Clínica psiquiátrica de Leipzig



Prof. Flechsig



1885

(junio)



Alta. Según Baumeyer



Aquí hay desacuerdo entre los datos aportados por J.Strachey y J. Numhauser, que fechan el alta a 1 de enero.



1886

(enero)



Se hace cargo de un juzgado en Leipzig



En este intervalo sueña repetidas veces que sufre una recaída y en una duermevela tiene la idea de que debía ser agradable ser una mujer en el momento del coito. Idea que con plena conciencia, rechazó.



1893

(junio)



Se le comunica su próxima designación para presidente del Tribunal de Dresden.



1893 (1 de octubre)



Se hace cargo de la presidencia del Tribunal de Apelaciones de Dresden.



1893 (21 de noviembre)



Reingreso en la clínica de Leipzig.



2º ingreso, diagnostico: Demencia paranoide. Prof. Flechsig



1894 (14 de junio)



Se le traslada al asilo de Lindenhof.



en marzo primeras alucinaciones auditivas



1894 (29 de junio)



Traslado al asilo de Sonnenstein.



 



1900-1902



Escribe sus memorias. Inicia acción judicial para su alta.



Fundamenta su demanda en la inocuidad de su insania, no en la negación de esta y cuestiona la legalidad de su internamiento.



1902



Gana el juicio en julio, es dado de alta en diciembre.



1903



Publica sus memorias.



Pasa una temporada en Leipzig, con su madre y su hermana.



1907 (mayo)



Muere su madre, a los 92 años.



 



1907 (noviembre)



El 14 enferma la esposa, él cae enfermo inmediatamente después. Ingresa en el asilo de Leipzig-Dösen



No se modifica el diagnostico anterior.



1911 (14 de abril)



Muerte de Schreber



Publicación de “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito” de S. Freud (1911)



1912 (mayo)



Muere la esposa a los 54 años



 





LA HISTORIA CLINICA DESCRITA POR SCHREBER


 “Dos veces he estado enfermo de los nervios, ambas como consecuencia de extenuación mental”. Del primer episodio (octubre 1884) nos dice, que transcurrió sin incidentes de carácter sobrenatural y que remitió totalmente en el plazo de poco más de un año.


Aunque Schreber manifiesta que sus impresiones sobre el tratamiento fueron básicamente positivas y que se sentía entonces “lleno de vivos sentimientos de gratitud hacia el profesor Flechsig”, ya se percibe en relación a éste cierta hostilidad, en el sentido de sentirse insultado en su inteligencia por la utilización con él de mentiras piadosas, como tal interpreta que Flechsig le presentara su enfermedad: ... “como una simple intoxicación por bromuro de calcio, por la que deberían exigirse responsabilidades al Consejero de Sanidad, Dr. R. de S., que le había tratado anteriormente...” y en el sentido de verse sometido, por su condición de ingresado, a frustraciones y limitaciones que, aunque intenta banalizar, se percibe que le hieren narcisísticamente. Y en cierta medida, en cuanto a relación de dependencia y sometimiento, la situación en la clínica Flechsig reproducía la de su infancia en el hogar paterno.


Schreber, prolijo en detalles, no nos da sin embargo mucha información sobre los síntomas que presentó en aquella ocasión, solo habla de “aprensiones hipocondríacas” pero la forma como las describe invita a pensar que ya se trata de un trastorno más grave de la percepción de la imagen corporal y que apuntan ya las ideas obsesivas; cito textualmente: …“podría (Flechsig) haberme liberado sin tardanza de ciertas aprensiones hipocondríacas que por aquel entonces me dominaban, en concreto de la obsesión de que estaba cada vez más flaco, con tan solo haberme permitido utilizar la balanza que se empleaba para pesar a los enfermos ...”,


Recuperado finalmente, realiza un viaje de convalecencia y vive ocho años de plena felicidad junto a su esposa, colmado de honores y con la única pena de no haber tenido hijos.


Este periodo feliz termina cuando, en junio de 1893, le comunican su nombramiento como presidente de Sala del Tribunal Supremo de Dresden. Durante esa época soñó en varias ocasiones, que recaía en la enfermedad y, en una ocasión, en duermevela, tiene la idea de que debía resultar muy placentero ser una mujer cuando se entrega en el coito. Idea que conscientemente “...habría rechazado con tal indignación que, a tenor de mis experiencias posteriores, no puedo excluir de plano la posibilidad de que hubiera en juego algún tipo de influjos exteriores...”. Como vemos apunta aquí por primera vez el tema del “placer en la entrega” asociado, según los cánones de género de la época, a la condición femenina.


Comenzó a tomar bromuro de sodio, y en noviembre, por recomendación médica obtiene un permiso durante el cual pensaba consultar nuevamente con Flechsig. La víspera de la consulta empeora presentando síntomas de angustia (palpitaciones, opresión e insomnio). Flechsig le habla de los avances en el campo de la psiquiatría etc., desplegando “una sobresaliente elocuencia que no dejó de producirme honda impresión...” y le prescribe unos somníferos, que toma “de acuerdo con las instrucciones secretas que le habían dado a su mujer...”. A pesar de tomar los somníferos prescritos, esa misma noche es presa de la angustia e intenta suicidarse, al día siguiente ingresa en la clínica y la enfermedad evoluciona rápidamente persistiendo el insomnio y cayendo en un estado de “...tristeza infinita...la mente....totalmente absorbida por la idea de la muerte...”.


La vida de Schreber en la Clínica de Leipzig transcurría entre las visitas de su esposa y alguna visita a su madre por Navidad. En febrero de 1894, su mujer que hasta entonces le visitaba todos los días y comía con él, viaja a Berlín; a su vuelta, Schreber ya no quiere volver a verla. Desconecta más con la realidad y se sumerge en su mundo interno.


A partir de ese momento comienzan las referencias a contactos con poderes sobrenaturales; más en concreto a la conexión nerviosa con que el profesor Flechsig hablaba a sus nervios aún sin estar presente. Comienza a tener ideas persecutorias respecto a Flechsig, comienza a tener alucinaciones auditivas y comienza a formarse el pensamiento de que hay una tendencia inherente al orden cósmico, según la cual, y en determinadas circunstancias, debe llegarse a una “eviración” (transformación en mujer) del hombre (del “visionario”) que ha iniciado un trato con los nervios (rayos) divinos de tal índole que ya no se puede suspender.


El 14 de junio de 1894 es trasladado al asilo de Lindenhof y el 29 de junio de 1894 al asilo de Sonnenstein donde permaneció hasta 1902 en que, tras una larga lucha en los tribunales, consiguió la anulación de su incapacitación, su libertad y la publicación de su obra.


EL SISTEMA DELIRANTE


Para Schreber...“El alma humana está contenida en los nervios del cuerpo....en cuya capacidad de reacción a los estímulos exteriores se fundamenta la totalidad de la vida espiritual humana. En virtud de esta capacidad los nervios experimentan vibraciones que... generan los sentimientos de agrado y desagrado, de placer y de displacer. ... Una parte de los nervios sólo está capacitada para captar impresiones sensibles (los nervios de la vista, del oído, del tacto, de la voluptuosidad y cosas de esta índole) y únicamente perciben....las sensaciones de la luz, del sonido, del frío y el calor, del hambre, del placer y el dolor, etc. Otros (los nervios del entendimiento) reciben y conservan las impresiones espirituales y, en cuanto órganos volitivos, proporcionan a todo el organismo humano el impulso.... que le permiten actuar sobre el mundo exterior”.


Como hipótesis plantea que “...todos y cada uno de los nervios del entendimiento representan la individualidad espiritual total de la persona,....en cada uno de los nervios está... inscrita la totalidad de los recuerdos...”.


El ser humano vivo es cuerpo y alma al mismo tiempo, mientras que Dios es solo nervios, que además de las cualidades de los nervios humanos, poseen la facultad de transformarse en todas las cosas posibles del mundo creado. En esta función reciben el nombre de rayos. Entre Dios y el universo de las estrellas existe una relación intima. En virtud de la luz que dimana del Sol y de las restantes estrellas, tiene Dios la capacidad de percibir todo cuanto acontece sobre la Tierra....en este sentido, puede hablarse metafóricamente del Sol y de la luz de las estrellas como de los ojos de Dios”.


Pero el autor no se atreve a asegurar el carácter de esta relación, no sabe si pueden ser considerados (el cosmos y Dios) como una misma cosa o si debe concebirse el conjunto total de los nervios de Dios como algo situado por encima y mas allá de los astros.


En el orden cósmico no alterado, Dios abandona al mundo y a sus criaturas a su propio desarrollo y no interviene directamente en el destino de los individuos ni los pueblos, ya que frecuentar a la humanidad viviente implicaría ciertos riesgos para Dios. El contacto normal de Dios con las almas de los hombres solo se producía después de la muerte, solo entonces Dios podía acercarse a los cadáveres y extraer de ellos mediante el poder de los rayos, los nervios, en los que la conciencia no se había extinguido y despertarlos a una nueva vida celeste. La nueva vida en el Más Allá es la bienaventuranza. Este proceso se realizaba mediante un examen y una purificación previa pues en el cielo solo son utilizables los nervios humanos puros. En ocasiones había que pasar por etapas intermedias,...”ya que su destino es ser incorporados al mismo Dios y convertirse finalmente, en cuanto “antesalas del cielo” en parte en cierto modo constitutiva del mismo Dios”. .....este proceso purificador está vinculado a la realización de un trabajo que provoca en las almas sensaciones desagradables, o a la permanencia incómoda, tal vez en un lugar subterráneo...”.


A estas “antesalas del cielo” se les denominaba “reinos divinos anteriores” para diferenciarlos de los “reinos divinos posteriores” donde aleteaba Dios mismo. Allí se daba una división que distinguía entre un “dios superior”, Ormuz, y un “dios inferior”, Arimán.


Pero, continúa Schreber,...”en esta “construcción maravillosa” ha aparecido en fechas recientes una grieta estrechamente vinculada a mi destino personal”...En los reinos de Dios hay una crisis, Schreber no sabe de que se trata, son acontecimientos oscuros, solo sabe que sus orígenes están muy atrás en el pasado, que los apellidos Flechsig y Schreber desempeñan un papel especial, que había habido el asesinato de un alma en el que pensaba que estaba implicado un tal Daniel Fürchtegott Flechsig, consagrado a la neurología, que vivió a finales del siglo XVIII y que pudo ser el primero que atentara contra el orden cósmico, ...a causa de un mal uso de la conexión nerviosa divina... y está convencido de que ...”por la época en que mi primera enfermedad de los nervios parecía adquirir un sesgo de muy difícil curación, alguien intento asesinar mi alma, aunque no logró su propósito”. Define este asesinato del alma como la entrega del alma de una persona a merced de otra para conseguir alguna ventaja, confiesa que no conoce mucho de la verdadera naturaleza del asesinato del alma ni de su técnica (un pasaje en el que hacía algunas especificaciones fue tachado por la censura).


Otro postulado del orden cósmico es la tendencia a transformar en mujer al hombre que mantiene contactos permanentes con los rayos. Esta idea que al principio repugna a Schreber, pasa más adelante a ser bien acogida cuando va acompañada de un papel grandioso para este hombre evirado, cuando se transforma en el elegido por Dios para procrear un género humano previamente extinguido como castigo por haberse entregado al “desenfreno voluptuoso”.


Así es, en resumen, el sistema delirante en el que encuentran explicación las experiencias de su vida y los “fenómenos” que le atormentan. En él nos muestra Schreber un delirio estructurado que deviene en personal sistema de creencias.


Sin embargo, este final es fruto de una larga elaboración para ir integrando con coherencia los cambios sucesivos, en contenido y forma, que se producen en sus delirios y alucinaciones, p. ej. el designio de su transformación en mujer solo al final conlleva la grandiosidad redentora, al principio esta connotado de desprecio e ignominia. Los fenómenos alucinatorios más perturbadores van adquiriendo, a lo largo de la enfermedad, formas relativamente soportables.


Esta “construcción maravillosa” que constituye el modelo de la concepción del orden cósmico de Paul Schreber, no es una trama previa sobre la que se haya ido tejiendo el delirio, sino que es dinámico, se ha ido configurando y evolucionando de forma que diera cabida y explicación a los distintos fenómenos que se presentaron en el transcurso de la enfermedad, esta trama está configurada como ya dijimos, por una miscelánea de distintas corrientes científicas, filosóficas y religiosas, organizadas con no menos coherencia que muchas otras teorías de aquella época (y algunas actuales) y es adaptativo, porque en cierta manera, da respuesta a sus interrogantes existenciales, cumple la función de organizar y explicar su perturbado mundo de percepciones y representaciones, y contribuye a integrar, aunque sea precariamente, su personalidad.


El propio Schreber se refiere a dos periodos 1894-1895 (Clínica de Flechsig, Clínica del Dr. Pierson, primer año en Sonnenstein), y de 1895 en adelante. Los describe así: ”El primero de ellos conservó, en su conjunto, el carácter grave y sagrado, a veces terrorífico...el segundo se fue deslizando cada vez más hacia los tranquilos cauces habituales (por no decir ordinarios). ... En el primer periodo los milagros tenían todavía, en parte, en lo que atañe a sus repercusiones físicas y espirituales, un aspecto terrible y amenazador, de modo que estuve noche y día sumergido bajo gravísimas aprensiones respecto de mi vida, mi virilidad y, más adelante, mi salud mental. En el segundo periodo, los milagros han ido adquiriendo –con transiciones paulatinas y no sin retrocesos- un carácter cada vez menos peligroso, por no decir incluso que ridículo y hasta pueril, aunque en parte todavía adverso”.


LOS “FENÓMENOS” EXPERIMENTADOS, REELABORACIONES DELIRANTES DEL MALTRATO


Un amplio abanico de alucinaciones sensoriales, compulsiones, ideas obsesivas etc. conforman lo que Daniel Paul Schreber nos presenta como “milagros” “perturbaciones” y “fenómenos”. Algunos de estos fenómenos pueden entenderse como elaboraciones delirantes de los métodos que su padre propuso en publicaciones e institutos educativos tendentes al desarrollo de lo que entendía como unas buenas físicas aptitudes físicas y mentales.


Referencia obligada son los milagros que producen daños a la integridad de su persona: la destrucción de distintos órganos, el estrechamiento del tórax, los que atacan los ojos o el que deforma su cabeza. A continuación algunos ejemplos y, junto a la descripción que Daniel Paul hace en sus “Memorias...”, la de los inventos pedagógicos del padre


De las “Memorias...”:  “... Uno de los milagros más horribles era el llamado milagro de la compresión del pecho... Consistía en la compresión de toda la pared del pecho, de manera que el estado de opresión causado por la falta de aliento se trasmitía a todo mi cuerpo...”.


Instrumentos “educativos” del padre de Schreber relacionados:


“Correa para los hombros”: Correa que forma un ocho cerrado en la espalda pasando por la parte delantera de los hombros donde lleva unas espirales de alambre. Presiona en la parte delantera de los hombros obligando a mantenerlos erguidos.


“Schebersche Geradhalter”: Consistía en dos barras de hierro perpendiculares que se sujetaban a la mesa del niño. La barra horizontal presionaba sobre las clavículas y la parte frontal de los hombros para impedir todo movimiento hacia delante o toda postura encorvada. Los había fijos y portátiles y se usaban tanto en las casas como en las escuelas.


“Correa para el niño que duerme”. Era una correa con tiras en forma de anillos para los hombros que pasaba por encima del pecho del niño asegurando que su cuerpo estuviera derecho y supino mientras dormía. Impedía volverse y recostarse sobre cualquiera de los lados.


De las “Memorias...”: “... Toda palabra pronunciada cerca de mí o a mí dirigida, toda acción humana que este combinada con algún ruido, como descorrer los cerrojos, accionar el picaporte etc. Esta acompañada por la sensación de un doloroso golpe dirigido a mi cabeza: la sensación de dolor es como un tirón repentino dentro de mi cabeza...”.


Instrumento “educativo” del padre relacionado: “Kopfhalter”. Consistía en una tira, que por un extremo se agarraba al pelo del niño y por el otro a su ropa interior de forma que tiraba del pelo si no se mantenía la cabeza erguida. Impedía que el niño inclinara la cabeza hacia delante o la girase a los lados.


De las “Memorias...”: “...Este era tal vez el más abominable de todos los milagros, después del milagro de la compresión del pecho... la máquina de atar la cabeza... los diablillos me comprimían la cabeza como si estuviese en un torno... lo que hacía que mi cabeza asumiera temporalmente forma de pera...”.


Instrumento “educativo” del padre relacionado: “La barbillera”. Consistía en una serie de correas que se ceñían alrededor de la cabeza, sujetándose finalmente a la barbilla.


Aunque algunos autores cuestionen que realmente Daniel Paul sufriera la aplicación de estos inventos, basándose en que Kallipädie, la obra donde Daniel Gottlob Moritz Schreber los describe fue publicada en 1858 cuando Daniel Paul contaba 16 años, hay que señalar el sorprendente parecido que las figuras dibujadas mostrando estos inventos tienen con los hijos del autor y hay que considerar también los tiempos previos de experimentación y perfeccionamiento necesarios hasta que estos ven la luz pública y se divulgan.


Lo evidente e incuestionable es la relación de similitud entre las sensaciones alucinadas por D. P. Schreber y las que se percibirían con la aplicación de los instrumentos ideados por el padre.


Relación que también podemos encontrar entre los contenidos de las alucinaciones auditivas, pensamientos obsesivos, etc. y los mensajes verbales (probables) y el sistema educativo (cierto) de su padre.


Cuando nos habla de “el lenguaje de los nervios” nos está hablando, al comienzo del delirio, de pensamiento intrusivo y alucinaciones auditivas estrechamente relacionadas con Flechsig, que, “... de alguna manera ha averiguado el modo de poner a su servicio los rayos divinos”, pudiendo de esta manera establecer contacto con él sin estar presente. Pero enseguida se complica con otros fenómenos y a partir de aquí, son ya multitudes de almas las que mantienen relación con él, aunque en su mayoría eran almas ya separadas, es decir de personas que él creía muertas. También le hablan, el sol, los pájaros, etc., y hay voces internas y externas.


Al comenzar el delirio todas estas voces hablaban a la vez, produciendo gran confusión pero posteriormente se limitan a la repetición de frases absurdas. Sucede con las “voces interiores” lo mismo que con la idea de su eviración: a lo largo del proceso de estructuración del delirio sufren una trasformación que las hace más tolerables.


Otro fenómeno que me parece interesante considerar, es el de el llamado “milagro del aullido“, uno de los síntomas más molestos para su entorno social; pienso que el menos adaptativo y el que menor transformación experimenta a lo largo de la enfermedad.


El “milagro del aullido” responde a una coerción extrema del dios inferior Arimán, con una doble finalidad: hacerle pasar por un idiota y sofocar el ruido de las “voces interiores”. Este fenómeno, cuya dinámica no queda clara en la trama delirante, parece obedecer a un conflicto entre el dios inferior y el superior; asociado a él se encuentra la llamada de auxilio, que es la expresión de los estados de angustia que se generan “...en las partes desligadas de los nervios divinos...” cuando “...el dios superior advierte...que una vez más, no se ha alcanzado el objetivo de la anulación de la capacidad de atracción de mis nervios...” y va siempre seguida de la frase “!que calle de una vez toda esa maldita llamada de auxilio!” .


Por último consideremos el fenómeno de “la coacción a pensar”, que, en esencia, consistía en que se veía obligado a pensar sin descanso, forzado por las voces que incluso llegaban a preguntarle “¿en qué piensa Vd. ahora?” y que obligaba a Schreber, incapaz de contestar, “... a refugiarse(me) en una especie de falseamiento mental...”. Este milagro se daba generalmente mediante frases incompletas que “las almas” le decían y que él se veía obligado a completar. En el capitulo XVI nos da un listado bastante amplio de ellas, en su mayoría triviales; pero las que se encuentran distribuidas a lo largo de toda la obra, suele tener un contenido insultante o vejatorio, extraigo a título de ejemplo el dialogo mental de la página 113: ... “¿por qué no lo dice Vd. (en voz alta?)”, a lo que sigue la falsa respuesta: “porque soy un estúpido o algo parecido” o también: “porque tengo miedo del señor M.”.


Como “Las voces” y el tema de la eviración, “el sistema de las frases incompletas“, también va cambiando con el paso del tiempo, llegando finalmente a estar formadas solo por conjunciones o formas adverbiales mucho más tolerables.


LA LITERATURA ANALÍTICA


La publicación de la obra de Freud sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito” fue el detonante de gran parte de la abundante literatura posterior sobre“El caso Schreber”, convirtió este caso en un clásico del psicoanálisis y referencia obligada en los desarrollos posteriores sobre la teoría de la psicosis.


En “Observaciones psicoanalíticas…” Freud explica la enfermedad de Schreber, considerando la paranoia como defensa frente a un súbito amor homosexual hacia el Dr. Flechsig por transferencia del amor a su padre. Es decir pone en primer término la homosexualidad, nacida de la pulsión amorosa hacia el padre (o el hermano) reprimida y proyectada en el otro. Aplica, para explicar la psicosis, el mismo modelo de las neurosis.


A partir de la obra de Freud, desde las distintas escuelas y tendencias psicoanalíticas se desarrollan múltiples explicaciones para el caso Schreber.


Katan, considera que los síntomas de la enfermedad de Schreber deben ser interpretados como defensas frente a los deseos homosexuales pasivos y las alucinaciones como el resultado de cargas libidinales proyectadas.


Desde la teoría kleiniana se pone el acento en los conflictos orales primitivos y en la no superación de la posición esquizo-paranoide. Poniendo en escena la figura de la madre.


Para Fairbaim, la homosexualidad de Schreber es secundaria y defensiva, no surge del amor al padre sino del odio a la madre, la figura del padre como perseguidor se explicaría por un mecanismo de sustitución, para hacerla más tolerable. Por eso, por temida, su imagen está ausente en los delirios de Daniel Paul Schreber.


White comparte la hipótesis kleiniana y fija el origen del odio a la madre en una frustración oral exagerada, ante la prohibición paterna muy precoz del seno materno. Muestra que la imagen materna no está tan ausente como se pensaba, incluso sostiene que su representación simbólica constituye la parte esencial de las “Memorias…”


Todos ellos buscan la explicación del delirio paranoico en la vida pulsional del sujeto.


En “Introducción al narcisismo” (1914) Freud sugiere una correlación entre constitución del narcisismo y constitución del yo, que apunta a una concepción del narcisismo más como momento estructurante que como estadio de desarrollo, lo que abre nuevas posibilidades de investigación hacia la importancia del papel de la sexualidad del otro en ambos procesos y permite a Lacan introducir un elemento fundamental: el deseo del otro y el importante papel que desempeña en el desarrollo de la paranoia.


Franz Baumeyer (1955) y William Niederland (1959) investigaron intensamente las circunstancias de la vida de Daniel Paul Schreber y su familia. F. Baumeyer rastreó los informes médicos de Schreber desde el asilo de Arnsdorf (Dresden), donde se encontraban los restos del archivo del antiguo manicomio de Sonnenstein, hasta el de Leipzig-Dösen, donde encontró la mayor parte del material de su historial clínico. También realizó pesquisas para localizar a aquellas personas que podían ofrecer testimonio directo de algunos periodos de la vida de Schreber. Gracias a estos datos podemos reconstruir los hechos de su vida con bastante exactitud, e incluso intentar un pequeño bosquejo de su forma de ser, de algunas facetas de su personalidad más allá del cuadro clínico. Según Franz Baumeyer, el padre, Daniel Gottlob Moritz Schreber, sufría de manifestaciones compulsivas con impulsos asesinos[1].


William Niederland a partir del análisis de la obra del padre saca a la luz la autentica naturaleza sádica y autoritaria del socialmente exitoso, reconocido filántropo y eximio pedagogo Daniel Gottlob Moritz Schreber, señalando las sorprendentes semejanzas entre los absurdos pensamientos de Schreber y las técnicas de su padre para educar a los niños, algunas de las cuales se han visto al tratar de los “fenómenos”.


Continuando en esta línea, Morton Schatzman (1973) encuentra que varias de las peculiares experiencias de Schreber que fundamentaron el diagnostico de paranoia, pueden vincularse a procedimientos concretos del padre; que las practicas educativas del padre podrían confundir a cualquier niño y que hubiera sido difícil para un niño ver lo confuso de sus métodos.


Pone en relación la mente de un adulto considerado loco con el proceder del padre con respecto a él cuando era niño, considerando, no los hechos traumáticos que se hayan podido producir en ocasiones aisladas, sino los modelos de sucesos que se producían reiteradamente y que pueden ligarse a modelos de sucesos que el paciente experimentó repetidamente durante su enfermedad nerviosa. Considera la locura como una forma de adaptación a determinadas formas de aprendizaje.


Propone un cambio de modelo para la mejor comprensión, no solo del caso Schreber, sino de las esquizofrenias y psicosis en general. Modelo que se centraría la atención más en el contexto que en el sujeto. “…Muchos investigadores ven en las personas consideradas como esquizofrénicas unas víctimas de sucesos cuyo origen está en su interior. No ven en su condición una respuesta a la conducta que observa con respecto a ellas la gente que las rodea […] A mucha gente le confunde la conducta de personas consideradas como esquizofrénicas. Sin embargo, si conocieran en profundidad...a las personas que componen las familias de dicha gente, podrían encontrarlas no menos desconcertantes que la llamada criatura psicótica...” [2]


El mismo Freud 26 años después de publicar “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito”, apunta en este sentido en “Construcciones en psicoanálisis” (1937), (refiriéndose a los delirios): “su esencia es que no solo hay método en la locura […] sino también un fragmento de verdad histórica”.


Las aportaciones del grupo de Palo Alto con las nociones de double bind y comunicación paradójica y sus efectos patógenos cuando aparecen en el marco de la interacción, así como el importante papel de la persistencia de ese tipo de comunicaciones para que adquieran efectos patógenos, apoyan la perspectiva de Schatzman. 


Un intento (mas) de análisis


¿Cómo podríamos reinterpretar el “caso Schreber” hoy, un siglo después de que éste escribiera sus memorias?


La explicación freudiana: Paranoia como defensa frente a un súbito amor homosexual hacia el Dr. Flechsig por transferencia del amor a su padre, hoy es difícilmente sostenible.


Aunque señaló acertadamente el elemento narcisista que aparece en la temática delirante de su eviración, ligada al destino glorioso de recrear a la humanidad, de la misma forma que la secuencia asociativa Dios-Flechsig-Padre y la ambivalencia rebeldía-veneración en relación a esta figura, que se encuentran claramente reflejadas en el texto de Schreber. Encuentro que la atribución de los afectos de amor y admiración al Padre negados por su carácter homosexual es un poco aventurada, y en este sentido, quiero llamar la atención hacia algunos elementos que apuntan a la dominancia de otros afectos en relación a su padre.


Si analizamos el nombre del implicado en el antiguo asesinato de un alma “...un tal Daniel Fürchtegott Flechsig, dedicado a la neurología...” , observamos un fenómeno de condensación y desplazamiento, que sintetizan en un nombre el pasado, el presente y las características, en este caso temibles, de una situación; me explico, el padre de Paul Schreber se llamaba Daniel Gottlob Moritz. Ahora bien, si tomamos en cuenta el significado de estos nombres (Gottlob = Alabanza de Dios y Fürchtegott = Temor de Dios), podemos interpretar el nombre de Daniel Fürchtegott Flechsig como referencia a una situación característica tanto en el pasado con el padre como en el presente con el médico y lo que caracteriza esta situación es el TEMOR. Pienso que con el nombre Daniel Fürchtegott Flechsig designa tanto a su padre, como al Dr. Flechsig, y que lo relevante es que ambos se encuentran en una posición de dominio frente a Paul Schreber, el padre frente al niño, el médico frente al enfermo.


La descripción que hace del asesinato del alma coincide con el concepto de identificación con el agresor de Ferenczi y, a través de los “fenómenos” se expresan más elementos que apuntan también en esta dirección: el contenido de las “voces”, que, o bien no tienen sentido, o bien son insultantes, ¿no estarán reflejando la vivencia infantil de estar siendo continuamente juzgado, en un entorno relacional dominado por las descalificaciones y la amenaza? cuándo en estos diálogos mentales con las voces Paul Schreber contesta porque tengo miedo del señor M. ¿no estará simplemente reconociendo y expresando el sentimiento predominante en la relación con su padre?.


Cuándo, en su delirio, Schreber se ve obligado por las voces “... a refugiarse en una especie de falseamiento mental...”. ¿No nos estará hablando de la formación de un falso self, típico de las situaciones traumáticas continuadas?


Pienso, como Paul Baker (2000) que las llamadas alucinaciones auditivas de los pacientes psiquiátricos tienen en realidad plena significación y cobran sentido en el contexto de sus vidas y en el contexto también de la forma en que las han afrontado.


Paul Schreber deja claro a lo largo de su obra el convencimiento de que es víctima en una situación en la que se ha alterado el orden natural del universo, intentando el asesinato de su alma, y que el culpable es el propio Dios; es decir, se identifica como víctima en una situación de trauma continuado en la que el agresor es Dios (padre) “...En mi caso la iniquidad moral corresponde a Dios al situarse fuera del Orden del Mundo por el que Él mismo tiene que guiarse...”.


El sentimiento predominante no sería así el amor sino el miedo.


Pero sobre todo porque se basa en la apreciación errónea por parte Freud de las condiciones reales en que discurrió la infancia de Schreber, y que, desde mi punto de vista, determinaron lo fundamental de su patología: El fracaso en la estructuración de su identidad y el desarrollo de un falso self como consecuencia del sistema educativo paterno, basado en prácticas tremendamente traumatizantes.


Esta hipótesis encaja mejor con la maltratada infancia de Schreber y las dificultades que suponen la identificación con un padre amenazante y realmente peligroso en la intimidad familiar, pero brillante y valorado en el entorno social.


Analizando este sistema, vemos que se basaba en el maltrato sistematizado, castigando no solo las conductas no aceptadas por el sistema ideológico del padre, sino hasta los actos reflejos. Pongo un ejemplo: imaginemos al niño Daniel Paul, estudiando en su pupitre con un “Kopfhalter” puesto, se abre una puerta, la respuesta automática, refleja, es la de orientación hacia el estimulo, es decir, mirar hacia la puerta, hacia la fuente del ruido. Concomitante a esta acción un tirón de pelos, un estimulo aversivo, eso día si día no, alternando con las otras prácticas educativas del padre, como por ejemplo, los baños fríos desde la infancia más temprana.


Esta situación de violencia sistemática, semejante a la de tortura, se ve agravada por el hecho de que se da en el contexto familiar, es ejercida por el propio padre con el consentimiento o la colaboración de la madre y presentada como “educación”.


Pero a diferencia de la situación de tortura, en la que el adulto torturado puede mantener su identidad en tanto se reconozca como víctima, al niño víctima de abusos en el hogar no le queda esta posibilidad, ni tan siquiera la de expresar su dolor.


En semejante situación, en que las experiencias interrelacionales de cuidados y reconocimiento necesarias para generar las seguridades básicas y la autoestima se ven sustituidas por experiencias que provocan dolor, miedo e impotencia. En un contexto relacional de doble vinculo masivo, en el que el daño es producido por el adulto del que el niño depende y en nombre del amor paterno, probablemente acompañado por mensajes verbales paradójicos “es por tu bien...” “porque te queremos, te maltratamos...” etc. (podemos suponer, que el padre, que defendía esa forma de educar como excelente, así lo verbalizara a su familia), construir la propia identidad es como intentar componer un cuadro con piezas de distintos puzzles.


Es decir, en el caso de Daniel Paul Schreber se dan todas las características de lo que Barudy (1998) denomina violencia ideológica en el seno de la familia y en la patología posterior de Schreber podemos ver reflejadas las consecuencias.


En el nivel somático podemos apreciar como el dolor queda inscrito en el cuerpo expresándose posteriormente como alucinaciones sensoriales. Tal como se describe en paginas anteriores la relación de semejanza entre las sensaciones físicas causadas por los “instrumentos educativos” utilizados por Schreber padre y las sensaciones posteriores, descritas por el propio Schreber y que conformaban sus alucinaciones sensitivas, me parece tan clara que podemos permitirnos decir que las primeras aportan la “materia prima” de las segundas, es decir que el contenido de las alucinaciones que atormentaban al hijo tenían su origen en sensaciones físicas reales vividas durante su infancia.


La concepción modular de la memoria, lo que podríamos considerar sus distintos registros: memoria emocional, la no declarativa, la procedimental…, la huella mnemica inscrita en el cuerpo, que hoy se investigan desde distintas disciplinas, podrá dar cuenta de cómo y porque medios, una experiencia traumática o una sensación dolorosa del pasado, es revivida posteriormente produciendo el fenómeno de las alucinaciones sensoriales.


Otros daños descritos por Barudy como ansiedad crónica, trastorno de la imagen corporal, desesperanza, autodestrucción y trastorno de la identidad son claramente apreciables a través de los datos biográficos y del desarrollo de su enfermedad. Por ejemplo, cuando se nos describe a Schreber como estudiante bueno y aplicado pero a la vez temeroso e inquieto ¿no se está describiendo la conducta ansiosa de un niño que intenta adaptarse a un medio amenazador desarrollando un falso self? ¿no hay en el fondo de las ideas hipocondríacas que le llevan al primer ingreso, (por ejemplo, cuando se quejaba de que padecía reblandecimiento cerebral) lo mismo que en algunos contenidos delirantes (“...lo que hacía que mi cabeza asumiera temporalmente forma de pera...”) un trastorno de la imagen corporal?. La desesperanza y autodestrucción se evidencian en los intentos de suicidio.


Y si reconocemos que la idea persecutoria en principio está basada en una percepción buena, no delirante, de la realidad ya que realmente su padre le persiguió y el mensaje le trasmitía era por una parte verbal: “tienes que ser así” pero por otra parte, desde su práctica y desde su propia patología, lo que le comunicaba era “tienes que no ser”, ¿ese tener que “no ser” para poder ser, que Schreber asumió para sobrevivir?, ¿no define el mayor trastorno posible de la identidad?.


Desde esta perspectiva la idea delirante de un complot para asesinar su alma no resulta tan delirante, más si tenemos en cuenta que probablemente en la clínica del Dr. Flechsig se utilizara la castración como medida terapéutica, lo mismo que las duchas frías y otras prácticas habituales de la época; por lo que, 23 años después de la muerte de su padre, su ingreso en esta pudo suponer una experiencia de retraumatización.


La evolución desde una idea persecutoria según la cual Dios-Padre-Flechsig pretendía su castración para una vez convertida en mujer, humillarla y entregarla a la prostitución, hasta la aceptación, finalmente, de su emasculación mediante un proceso de metamorfosis con el fin de ser la mujer de dios y cumplir un designio sagrado (“ es pues mi deber ofrecer a los rayos divinos la voluptuosidad y el goce que esos rayos buscan en mi cuerpo”) puede interpretarse como un intento de desarrollar una defensa masoquista, capaz, por una parte de aplacar al dios perseguidor del delirio por otra de transformar en “voluptuosa”, placentera, una experiencia dolorosa, satisfaciendo también las necesidades narcisistas, con un contenido de grandiosidad compensatorio.


Uno puede preguntarse como tardan tanto en aparecer las manifestaciones psicóticas, 44 años si tomamos como referencia su segundo ingreso y eludimos lo que la “hipocondría” del primero podía estar tapando.


Si observamos el curso de la enfermedad vemos una secuencia de acontecimientos que apoyan la hipótesis de que el caso Schreber puede ser explicado mejor desde un modelo de situación traumática - estrés postraumático – retraumatización que desde el freudiano de brusca aparición de un impulso homosexual – culpa – delirio persecutorio.


De su infancia y juventud tenemos el testimonio de profesores que le describen como alumno sobresaliente, bien dotado y aplicado, pero a la vez nervioso, inquieto y temeroso. Esta descripción nos permite suponer que su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el temor; temor, probablemente, al castigo físico, pero también temor a la humillación, al “no valer”, a las críticas y descalificaciones continuas de un padre autoritario que generan en el niño un sentimiento de persecución.


Como él mismo nos dice, las dos crisis que le llevan a ingresar se producen por “extenuación mental”.


La primera, ligada al fracaso cuando se presenta a las elecciones, conlleva una herida narcisista y se manifiesta con una grave crisis de hipocondría. El pasaje del derrumbe narcisista a la crisis hipocondríaca sucede según describe H. Bleichmar en el capitulo V de Angustia y fantasma.


La segunda se produce cuando se instala en Dresde y toma posesión del cargo de Presidente del Tribunal Superior. En esta ocasión, a los factores que precipitaron su anterior crisis se unen nuevos factores de riesgo, derivados tanto de la experiencia previa como de una situación social en la que carece de un mínimo sostén grupal. Dibujándola a grandes rasgos su situación en ese momento sería la siguiente:


Laboralmente es el superior de cinco jueces, todos mayores que él y más familiarizados con el trabajo que debía realizar; socialmente se encuentra aislado, lejos de la casa familiar de su madre


Su nivel de autoexigencia es muy grande, él mismo dice: “... movido por la ambición personal, aunque también en beneficio del cargo, quise ganarme.... en virtud de la indiscutible calidad de mis actuaciones, un sólido prestigio entre mis colegas...”.


Se nos ponen de manifiesto dos de los factores que sin duda determinan la crisis posterior:


1.            Alto nivel de autoexigencias y convencimiento de fracaso, de desastre, determinado por las experiencias anteriores y probablemente por la palabra del padre, que, como otro significativo, le doto de expectativas y deseos narcisistas grandiosos, junto con una imagen de sí mismo como de incapaz.


2.            Aislamiento social, no cuenta con parientes ni conocidos y solo en una ocasión son invitados a una velada, y, nos dice, que fue esta la única ocasión en que consiguió dormir mucho mejor.


No es de extrañar, en estas condiciones, que en el plazo de pocas semanas comenzara a presentar trastornos del sueño en forma de insomnio casi total, ni que, en semejante estado, se agudizara la percepción de pequeños crujidos. Nos está describiendo un estado de hiperalerta. El temor a un nuevo fracaso y una nueva herida narcisista están preparando la crisis que comienza, como la primera, con síntomas de angustia.


En esta etapa de la enfermedad, todavía no atribuye estos ruidos a causas sobrenaturales, sino que piensa que se trata de algún ratón. Es más adelante, estando ya ingresado y a medida que va estructurando el delirio, cuando los incorpora a éste como “fenómenos sobrenaturales dirigidos a él con la intención de impedirle el sueño”.


Institucionalizado, aislado de su familia, insomne, no tardan en producirse crisis de agitación y sucede un episodio que él relata así: “Hacia la cuarta o quinta noche.....en plena noche, dos enfermeros me arrancaron del lecho y me trasladaron a una celda dormitorio para dementes (furiosos). Ya sin eso me hallaba yo en un grado de excitación extrema.... que aquel suceso, cuyas razones desconocía, elevaron a un nivel máximo. El trayecto pasaba por la sala de billar, y como yo ignoraba lo que pretendían hacer conmigo, consideré mí deber resistirme, de modo que sin más prenda que un camisón, me enzarce en una pelea con los dos enfermeros, en el curso de la cual intenté aferrarme al billar, aunque finalmente fui reducido y conducido a la mencionada celda”.


Que posteriormente Flechsig negara este episodio y lo atribuyera a su fantasía contribuyó a aumentar la desconfianza de Schreber hacia él. Puede ser que estos hechos sucedieran posteriormente, en Lindenhof o en Sonnenstein y que Schreber, en estado de confusión equivoque fechas y lugares, pero también es posible que la versión de Schreber sea la cierta. Lo que sí es cierto es que, inmediatamente tras su segundo ingreso Schreber manifiesta claramente sus suspicacias hacia Flechsig y que Flechsig acelera su traslado a otra clínica.


LOS SISTEMAS MOTIVACIONALES


Como el propio Schreber declara, con esta obra pretendía apoyar el recurso interpuesto ante el Tribunal Supremo de Dresden para revocar la sentencia de incapacidad emitida por el Tribunal de Primera Instancia dos años antes. Resulta interesante que Schreber iniciara las acciones encaminadas a revocar su incapacitación a raíz de desacuerdos con su esposa sobre la administración que esta hacía de sus bienes, en concreto cuando se le restringe el consumo de algunos objetos (cuerdas de piano, papel...) que utilizaba durante su internamiento.


También, a medida que avanzaba el escrito comenzó a fraguarse la idea de hacerlo público, tanto porque veía la necesidad de “...dar a las personas que formaran mi entorno inmediato una idea, al menos aproximada, de mis concepciones religiosas, para que, aunque no lleguen a comprender enteramente algunas aparentes anomalías de mi conducta, tengan al menos algún indicio de la necesidad que me empuja a un comportamiento tan singular...” como porque pensaba, como así ha sido, que aportaría datos de interés en futuras investigaciones científicas. Es evidente que estos motivos señalan hacia los aspectos narcisistas de su personalidad, a la necesidad de reparar un sistema narcisista dañado; pero otros aspectos, menos evidentes, apuntan directamente al sistema de autoconservación, porque, tras los motivos explícitos, se percibe también en la obra de Schreber una dramática necesidad interna de encontrar explicación a los hechos que experimenta y de organizarlos de forma que tengan sentido y a la vez doten de este su historia personal.


Algo parecido a la contratransferencia


No pretendo equiparar la actitud con que nos acercamos a una obra literaria al proceso de transferencia-contratransferencia pero si me voy a permitir un cierto paralelismo ya que, tanto las referencias y conocimientos previos como las impresiones y las distintas emociones que su lectura nos suscita, van a determinar lo que extraigamos de ella como más significativo.


Mi primer conocimiento del “caso Schreber” fue a través de la obra de Morton Schatzman “El asesinato del alma. La persecución del niño en la familia autoritaria”, después leí la obra de Freud y más adelante, la de Baumeyer. Cuando finalmente accedí a “los sucesos memorables de un enfermo de los nervios” había nacido ya en mi una corriente de simpatía hacia la triste persona de su autor; también, un cierto reproche hacia Freud porque consideraba que en su obra lo trataba injustamente. Esta consideración se basaba, no en la falta de interés de Freud por el entorno de Schreber y sus circunstancias reales o en cualquier otra crítica que se pueda hacer a su propuesta de interpretación del caso, sino en un cierto matiz de animadversión que creí advertir en la introducción, cuando se justifica ante la posible reacción de Schreber remedando los argumentos de éste en la misma situación frente a Flechsig, francamente me pareció ruin.


Este efecto “contratransferencial” también lo experimenté, aunque en sentido contrario. Comencé a leer “los sucesos...” con el entendimiento nublado por la simpatía, y, según avanzaba en la exposición axiomática del sistema de creencias de Schreber más coherente lo encontraba y, reflexionando que en la actualidad muchas personas consideradas apenas extravagantes y otras consideradas “normales”, sostienen sistemas de creencias similares en cuyo telón de fondo se adivinan sombras arquetípicas, llegué a la página 31, donde Schreber me puso en mi sitio, aclarándome que todas estas teorías eran incuestionables pues provienen directamente de Dios, ya que “...desde hace ya varios años, el sol me habla con lenguaje humano...”.


A MODO DE EPÍLOGO


Tras recuperar su libertad, Schreber volvió a hacer una vida casi normal; paseaba con su hija adoptiva y sus sobrinos y visitaba a su madre regularmente. Para hacernos una idea más exacta de cómo se encontraba respecto a su enfermedad, citaré tres detalles que me parecen significativos: Su hija adoptiva, en una entrevista con Niederland, dice que recibió de Schreber cuidados maternales que no había recibido de su propia madre; para el cumpleaños de su esposa en 1907 Schreber le escribió unos cálidos versos en los que no falta la referencia a los años de su enfermedad, y en este periodo incluso se hizo construir una nueva casa en Dresden supervisando personalmente las obras. Cinco años más tarde muere su madre y se producen conflictos familiares por la herencia, cuando en estas circunstancias su esposa sufre un infarto, él vuelve a sus temores y es ingresado en el asilo de Leipzig-Dösen donde fallece en 1911. Entre sus pertenencias se encontraron hojas sueltas en las que, con dificultad, se pueden reconocer algunas palabras: ...sincero....justo....inocente...eternamente maldito..., pero que en su mayor parte son grafismos indescifrables.


     


Bibliografía


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[1] Baumeyer se basa en una nota que encontró entre los papeles de la historia clínica de D.P. Schreber. Posiblemente fuera información aportada por algún miembro de la familia  tiempo después del fallecimiento de Schreber padre.




[2]  Morton Schatzman, “El asesinato del alma. La persecución del niño en la   familia autoritaria. Ed. Siglo XXI