Winnicott hoy. Su presencia en la clínica actual [Liberman, A. y Abello Blanco, A., 2008]

Publicado en la revista nº032

Autor: Zukerfeld, Rubén


Reseña: Winnicott hoy. Su presencia en la clínica actual  de Ariel Liberman y Augusto Abello Blanco (compiladores). Editorial Psimática, Madrid, 2008


Publicado originariamente en la Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis (SAP) año 2008, número 11/12. Publicado en Aperturas Psicoanalíticas con autorización de la Revista.



 


He ejecutado un acto irreparable,

 he establecido un vínculo.


J. L. Borges, El tercer hombre,

en  La Cifra, 1981


 


Leer es el terrible castigo impuesto a todo el que pretende escribir. Le sustrae a uno todo lo propio, al punto que a menudo ya ni recuerdo que hay de nuevo    en lo que me propongo exponer, aunque todo ello sea nuevo.


S. Freud, carta a Fliess, 5 -12-1898


1. Es necesario aclarar – en relación a la carta freudiana- que leer este libro compilado por Ariel Liberman y Augusto Abello Blanco no constituyó para mí un castigo. Más bien resultó un placer. Pero un placer que me sustrajo de lo mío a medida que me compenetraba con los escritos de muy diversos autores que van desde el psicoanálisis francés contemporáneo post lacaniano, hasta el psicoanálisis relacional americano pasando por Ferenczi y Bowlby y por autores argentinos y españoles winnicottianos, aunque como comentaré más adelante este último término puede resultar un oximoron. Este libro es en realidad una obra de envergadura escrita por nueve argentinos (considerando que dos están en España y uno en Londres), tres españoles (teniendo en cuenta que dos son catalanes), una es inglesa, (nacida en Sudáfrica), un autor es italiano , cuatro franceses (si consideramos que uno de ellos es en realidad  neozelandesa) y cuatro norteamericanos, claramente americanos. Se puede observar entonces que estamos en presencia de un entrecruzamiento de idiomas, países y escuelas, cuyo principal nexo es la obra del pediatra y psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott. No es sencillo reseñarla y entonces apelaré a dos estrategias provisorias  que denominaré  estrategia Ben Molar y  estrategia Pirandello.


Ben Molar es un ilustre porteño, escritor, productor y traductor musical desde la década del 40. En los años 70 diseñó y produjo una famosa obra que se llamó Catorce  con el tango, donde juntó a escritores como Borges, Sábato, o Mujica Lainez, con  pintores como Alonso o Soldi  y músicos como De Caro, Piazzolla y Troilo, entre otros. Logró así articular tres artes distintas con la música popular de Buenos Aires. Parafraseándolo creo que Liberman & Abello Blanco logran hacerlo ahora con veinte autores de distintas artes que se juntan con Winnicott.


Luigi Pirandello es el famoso dramaturgo y escritor italiano, una de cuyas obras más conocidas es Seis personajes en búsqueda de un autor. Parafraseándolo nos encontramos aquí con  un libro que genera -con sus diez trabajos originales, seis ya publicados y cuatro modificados- veinte trabajos en busca de Winnicott.


De este modo los problemas que se plantean en esta obra podrían dividirse arbitrariamente en aquellos que  fueron formulados por Winnicott y que se responden con él y sus desarrollos, y  los problemas propios de los aportes de otras corrientes y de otros autores que buscan - encuentran en Winnicott  sus propios temas, tanto como punto de llegada y como punto de nueva partida.


Para sintetizar ahora la totalidad de los temas que este libro nos ofrece,  sugiero al lector tomar el índice[1] del mismo -con el que he realizado un seudo cadáver exquisito, ese juego surrealista-  y leerlo entonces de este modo que incluye los títulos de los veinte capítulos citados:


Entre la angustia y el desvalimiento  se puede encontrar una segunda oportunidad para el desarrollo, yendo del sostén a la colaboración, teniendo en cuenta tanto el valor del reconocimiento como el de la destructividad, utilizando la imaginación y el proceso de elaboración en el analista, convirtiendo el proceso psicoanalítico en un campo creador, negociando las paradojas y teniendo en cuenta a un sujeto vinculado con su(s) objeto(s). Para ello hay que considerar a Winnicott un buen compañero de viaje  de hace al menos cincuenta años, que ha tenido contactos de alma, ha recibido el legado de Ferenczi y ha sido compinche de Bowlby, ayudando a desarrollar  procedimientos no interpretativos y a pensar la interpretación como expresión de la subjetividad del analista en relación con el encuadre y la salud, creando también con sus intuiciones fundamentales una nueva teorización del psicoanálisis, permitiendo así abordar lo grave (vg. los trastornos alimentarios)  y generando como pensador vivo una corriente de aire fresco. Estas son las influencias winnicottianas.


2. Para testear a los nueve autores que seleccioné con la estrategia Ben Molar, es decir los que están más con Winnicott, “escribiendo”, “dibujando” y “cantando” con voz propia,  comprobé que  en promedio estos nueve autores realizaron 79 citas bibliográficas de textos de Winnicott, con un promedio de 8.8 (de 0 a 22) y ellos son:


Jacques André, en el capítulo 2, sigue a Winnicott con una perspectiva crítica, describiendo como el gran analista inglés da cuenta de algo que ha tenido lugar y que no ha sido experimentado,  problematizando la clásica noción del breakdown que entiende como avería y el concepto de desvalimiento distinguiéndolo de las angustias primitivas.


En el capítulo 7, otros dos franceses, Maurice Corcos y Emmanuelle Sabouret, se ocupan del problema de los fenómenos transicionales y la diferencia entre objeto transicional y objeto fetiche, a propósito de los llamados trastornos de la conducta alimentaria, ilustrando con un caso clínico complejo e interesante.


Un cuarteto de prestigiosos analistas argentinos caracterizados como winnicotianos pertenece al sector “Ben Molar”. Pedro Menendez, en el capítulo 13, se ocupa del aporte de Winnicott a los recursos no interpretativos en el psicoanálisis, reflexionando sobre la controvertida sugestión, realizando también agudas críticas sobre ciertas cuestiones (entre ellas a la confusión entre identificación y empatía como traducción de Einfülung). A continuación, en el capítulo 14,  Carlos Nemirovsky plantea con mucha precisión los temas fundamentales de Winnicott como un autor donde no solo la pulsión es la única fuente de motivación de lo psíquico, insistiendo en la importancia de la estabilidad y constancia del encuadre, los aspectos que denomina parainterpretativos, la clínica a medida y la importancia de las nuevas ediciones. Alfredo Painceira Plot, en el capítulo 15, se ocupa de argumentar con profundidad sobre la relación entre Bergson y el  pensamiento vitalista con las reflexiones de Winnicott sobre los orígenes de la vida psíquica, y sobre la idea fundamental de intuición como forma de conocimiento de los objetos por dentro (a diferencia de la razón y el discurso que los conoce por fuera).  José Valeros, sin citar en especial ningún texto de Winnicott en el capítulo 19, se ocupa de la imaginación y de la elaboración en el analista, desarrollando un caso clínico y describiendo como los analistas rechazamos al paciente de veinte maneras distintas por falta de comprensión empática o intuitiva.


El investigador español Alejandro Ávila Espada, en el capítulo 4, desarrolla sus ideas sobre distintos niveles del proceso terapéutico tomando las propuestas de Winnicott, enfatizando la noción de segunda oportunidad para el desarrollo y nuevo comienzo, articulada con las ideas que vienen de Ferenczi y de Balint. El catalán Fransesc Sáinz Bermejo piensa en el capítulo 17 a Winnicott como un compañero de viaje junto a Joan Manuel Serrat, Miguel Hernandez y a un interesante  análisis del film Billy Elliot, quiero bailar y pregunta en la página 349 lo que Pedro Ménendez responde en la página 265 sobre la empatía.


Stuart A. Pizer es el único americano, ex-presidente de la Asociación Internacional de Psicoanálisis y Psicoterapia Relacional, que pertenece, a mi criterio, a este sector. Este autor – en el capítulo 16-  se ocupa de la noción de negociación de la paradoja en la que sostiene están construidas las teorías de Winnicott, llegando a afirmar que el análisis de adultos es un intercambio de garabatos sin lápiz ni papel. Para ilustrar la negociación presenta un caso de un paciente a quien llama Donald (lo que lo obliga  después a plantear en una nota al pie su  descubrimiento de la elección del nombre de Winnicott como producto de una propia negociación interna).


3. Para testear a los nueve autores que ubiqué arbitrariamente dentro del “sector  Pirandello” (o sea los que están buscando-encontrando a Winnicott con sus propias concepciones teóricas, es decir con los “personajes teóricos” de otras escuelas psicoanalíticas), estudié también sus citas bibliográficas de los textos winnicottianos. En esta caso – como se esperaba-  fueron menos: 58 con un promedio de 6.4 (0 a 23). En este grupo he ubicado en primer lugar al trío relacionalista americano. Lewis Aron, en el capítulo 3,  contrasta la noción de mutualidad con la  de asimetría y se ocupa de la interpretación usando las tres metáforas winnicottianas: la de la espátula, donde el analista ofrece pero el paciente reconfigura y recrea, la del objeto transicional (no por la información sino por la vinculación) y la del garabato (el juego construido). Cita a Baranger y estudia  casos clínicos  de Etchegoyen, Hoffman y de él mismo, señalando la importancia de que las interpretaciones expresen la subjetividad-afectividad del analista y fomenten un proceso intersubjetivo mutuo, aunque asimétrico. Joyce Slochower, en el capítulo 18, señala las críticas de Winnicott  al modelo tradicional de interpretación y la jerarquización del ambiente de sostén analítico y de la función good enough. Asimismo plantea la crítica, de raigambre feminista,  a ese modelo asimétrico, para luego intentar integrar en un modelo relacional de sostén, entendido como sostener la ilusión de una sintonía analítica, ilusión que fomentaría la creatividad de ambas partes. Desde allí plantea su posición de  ir del sostén a la colaboración, permitiendo que el paciente conozca más al analista como persona. En el capítulo 5  Jessica Benjamín desarrolla una perspectiva intersubjetiva que ayudaría a trascender el punto de vista infantocéntrico, al preguntar como alguien que está con otro puede llegar a disfrutar por el hecho de reconocerle. Enfatiza el valor del reconocimiento como la paradoja de darse cuenta que la propia voluntad independiente depende de que otro la reconozca y que debe permanecer como una tensión constante, endémica. También destaca el valor de la agresión como creadora de la cualidad de lo externo en la medida que el otro sobreviva.


El conocido psicoanalista argentino Héctor Fiorini, en el capítulo 8, desarrolla sus originales ideas sobre el proceso psicoanalítico como campo creador, donde  luego de reseñar parámetros freudianos, kleinianos y lacanianos se ocupa especialmente de Winnicott  y su valoración de la experiencia original de vínculo que debe abrir al psiquismo al juego y a la creación, en el sentido de que no sigue un trayecto preestablecido.


En el capítulo 9 André Green discute las relaciones entre yo, self y sujeto prefiriendo este último término y enfatizando la idea de su escisión tanto en estado de normalidad como de patología, trasladando lo que Freud describió para el yo, al sujeto. Jerarquiza lo fundamental del psiquismo como escisión y complementariedad. Se ocupa de las funciones y características del objeto y plantea sus ideas acerca de la función objetalizante. Señala su noción de procesos terciarios y remarca la importancia del reconocimiento del otro y su paradoja en un interesante planteo  articulable con las ideas de una relacionalista como Benjamin.


Joyce Mc Dougall, en el capítulo 15, reseña su vida en Inglaterra donde estudia con Anna Freud y donde conoce a la persona de Winnicott y su habilidad clínica, puesta de manifiesto en  un episodio que el lector de esta obra va a disfrutar y que no contaremos aquí. Todo este capítulo es asimismo un alegato contra los fundamentalismos psicoanalíticos a uno y otro lado del Canal de la Mancha.


Dos autores tratan la relación entre las ideas de Ferenczi y las de Winnicott. Así es que en el capítulo 6 el analista italiano Franco Borgogno se ocupa de lo que entiende como dos niños mimados (Ferenczi y Winnicott) quienes se dirigen como interlocutor principal a la madre, a una madre parcialmente ausente, y recuerda que Ferenczi decía que la familia debe adaptarse al niño y no la viceversa. Ambos comparten la idea de lo traumático registrado en la carne y ambos redescubren las teorías a través de la experiencia siguiendo la pascaliana consideración sobre las razones del corazón. Por su parte el analista español Luis Jorge Martín-Cabré, en el capítulo 11 enfatiza la importancia de Ferenczi en muchas ideas de  Winnicott,  aunque este no lo citara. Ferenczi  definió el trauma como un trasplante extraño, construyó un estilo analítico materno, usó la metáfora de la comadrona en lugar de la del cirujano para el analista, planteó la idea de algo intermedio entre sujeto y  objeto en el desarrollo del niño como antecesor del objeto transicional de  Winnicott, descubrió mecanismos precoces y estuvo entusiasmado con la idea de tratar a los niños. Finalmente en este sector de autores que buscan-encuentran a Winnicott incluimos, en el capítulo 10, al psicoanalista argentino Mario Marrone y a la analista sudafricana Judith Issrof, ambos residentes en Londres,  quienes en forma muy didáctica plantean cerca  de veinte semejanzas en historia personal, profesional y en ideas teóricas y clínicas entre Winnicott y Bowlby. Por otra parte se ocupan también de las claras diferencias entre ambos en personalidad, estilo, transmisión y actitud hacia lo científico.


 4. Además de una trabajada e inteligente compilación, Ariel Liberman y Augusto Abello Blanco escriben el primer capítulo de esta obra. Allí destacan la trayectoria de  Winnicott en el grupo independiente británico y jerarquizan la importancia de que Winnicott sea usado y encontrado, remarcando  la secuencia: relacionarse, encontrar, destruir, sobrevivir y usar en el vínculo sujeto –objeto. Señalan la importancia de esta secuencia en su trayectoria personal y profesional y critican adecuadamente las simplificaciones que se han hecho sobre el pensamiento de  Winnicott  y la idea derivada del analista “bueno”. Asimismo valorizan  la recuperación de lo ambiental desde una perspectiva interpenetrada de fantasía y realidad. Por otra parte alertan contra la locura recitante  del uso de conceptos no metabolizados en la interioridad. Y en ellos me interesa destacar la idea de una “corriente de aire fresco” que subtitula su capítulo introductorio. Abusando de  la metáfora pienso que estas corrientes son muy saludables… pero si se tiene cierto “abrigo”. Como lo sostiene la sabiduría ancestral de la madre judía, no conviene estar totalmente desnudo frente al aire fresco. Y con esto me refiero a que el mejor uso de Winnicott es encontrarlo después de hacer un cierto trayecto en las incertidumbres de la clínica y en la inconmensurabilidad de las teorías y en especial en la tensión entre ambas y no de entrada. Así se podrá sentir la frescura como un beneficio que libera de ciertos abrigos encorsetantes y dañinos. Mi trabajo es el último del libro (capítulo 20) y en él planteo que gran parte de la vida y obra winnicottiana  tiene influencia notable en el psicoanálisis actual, pero diferenciando la influencia que entiendo por referencia, de la influencia  por pertenencia que sería el retorno del encorsetamiento y que es el motivo por el que a veces decir analista winnicottiano me parece un oximoron, pues alude a una pertenencia que Winnicott hubiera probablemente rechazado. Entiendo que este es el espíritu del magnífico trabajo de Ariel y Augusto que sirve de presentación al resto de los autores y de toda la selección realizada, que el editor de esta obra, Manuel Esbert Ramírez, destaca en una nota preliminar. Como allí se señala, los compiladores han revisado todos los artículos y supervisado las traducciones (realizadas por Verónica Benvenaste Abramovich, Ana Carrazón Atienza, Peggy Gilbert, Lourdes Monterrubio Ibáñez, Ana Sanchez y Leonia Fabrini) facilitando el acceso a textos de autores no muy difundidos en castellano.


Creo finalmente que esta obra enriquece el pensamiento psicoanalítico actual y funciona casi como una base de datos complejos para aprovechar el pensamiento de un autor  contrastado con el de otros autores, de modo de generar argumentos y desalentar fundamentalismos. Tal vez en realidad todo consista sencillamente en establecer con estos textos y sus autores un vínculo, ese acto borgeano irreparable.-


                                                                              Buenos Aires, Octubre 2008.