Harry Stack Sullivan y el análisis interpersonal [Mitchell. S.A. y Black, M.J., 2004]

Publicado en la revista nº032

Autor: Hernández León, Edgar Eduardo


Reseña: Harry Stack Sullivan y el análisis interpersonal. Stephen A. Mitchell y Margaret J. Black. Paginas: 115-149. Traducido por Roberto H. Bernet. En: Más allá de Freud, una historia del pensamiento psicoanalítico moderno. Barcelona. Herder. 2004.




La presente reseña pretende exponer de una manera clara, precisa y concisa  los principales pilares del análisis interpersonal, descrito en el tercer capitulo del libro “Más Allá de Freud” por Mitchell y Black. Para lograr este objetivo describiré el hilo conductor del presente trabajo.


En primer lugar, el lector encontrará una descripción de las principales influencias académicas y profesionales que tuvieron un impacto significativo en la obra del psiquiatra estadounidense Harry Stack Sullivan, descrito por los autores como el  creador del psicoanálisis interpersonal (aunque Sullivan consideraba su obra como perteneciente a una escuela de la psiquiatría).


Posteriormente, consideraré los principales conceptos teóricos desarrollados por la perspectiva clásica interpersonal, a saber: ansiedad, necesidad de integración, operaciones de seguridad, entre otros. También emplearé un fragmento de un caso clínico de Mitchell y Black, con el fin de explicar el proceso de desarrollo psíquico y la psicopatología desde una vertiente novedosa.


Por otro lado, señalaré las continuas comparaciones críticas que los autores realizan con la perspectiva freudiana clásica, con el fin de facilitar la comprensión de los aspectos teóricos y técnicos del análisis interpersonal, reconociendo similitudes y diferencias entre ambos modelos.


Adicionalmente, consideraré los aportes de la obra de Sullivan al tratamiento de pacientes obsesivos, incluidos en un apartado del capitulo, y luego expondré algunos de los desarrollos contemporáneos de analistas interpersonales (por ejemplo, Clara Thompson, Edgar Levenson), identificados por Mitchell y Black. Además, señalaré cómo los autores culminan el capitulo rescatando los aportes de la tradición iniciada por Sullivan, tanto en el psicoanálisis como en las diversas esferas intelectuales contemporáneas.


Para finalizar la presente reseña, desarrollaré mi impresión personal en relación a los aportes, enriquecimientos y retos del análisis interpersonal clásico y contemporáneo.


Los autores señalan, en primer lugar, algunos elementos del espíritu del tiempo que nos permiten contextualizar los desarrollos teóricos de Harry Stack Sullivan, que permitieron el surgimiento del psicoanálisis interpersonal en la década de 1920 en Estados Unidos. Sullivan (1892- 1949) nació en el norte del estado federal de Nueva York y cursó estudios de medicina en Chicago, cuya escuela pragmática tenía una fuerte influencia en la atmosfera intelectual norteamericana.


En el campo de la psiquiatría, el psicoanálisis freudiano permeaba la práctica clínica del momento, sin embargo las ideas y aproximaciones de Emil Kraeplin, en relación a la esquizofrenia, constituían el enfoque psiquiátrico tradicional dominante. La esquizofrenia era concebida como una enfermedad neurofisiológica de origen físico, cuyo valor distintivo era la desconexión con los canales regulares que permiten la vinculación con el resto de las personas.


Bajo la dirección de William Alanson White, Sullivan trabajó en el Hospital St. Elizabeth de Washington D.C. Alanson White y Adolf Meyer despertaron en Sullivan el interés por el trabajo con pacientes con sintomatología esquizofrénica. De acuerdo a Mitchell y Black, tanto la visión freudiana como las ideas derivadas del enfoque tradicional de la esquizofrenia, le resultaron inapropiadas a Sullivan durante su práctica asistencial con pacientes esquizofrénicos. Sullivan observó en la interacción con los pacientes una extrema sensibilidad y acoplamiento a la presencia de otras personas y en ciertas oportunidades dicha sensibilidad y acoplamiento se manifestaban de manera encubierta y desfigurada.


De esta manera, a partir de su experiencia clínica, Sullivan reformuló la concepción del desarrollo psíquico, la psicopatología, la técnica y el psicoanálisis en general, con el fin de configurar una nueva aproximación teórica que le permitiera la comprensión e intervención del sufrimiento psíquico, denominado análisis interpersonal.


En la década de 1960, según indican los autores, el psiquiatra británico R.D. Laing y  Aron Esterson, influenciados por los trabajos de Sullivan, cuestionaron la concepción tradicional de la esquizofrenia. Laing y Esterson relatan una experiencia clínica donde una joven paciente presentaba alucinaciones auditivas, sentimiento de irrealidad, inexpresividad y sensación de control del afuera (otras personas) de sus pensamientos y afectos. En una entrevista con la paciente y su familia, lo resaltante radicó en la interacción entre los padres y la paciente. En dicha interacción familiar resultó evidente para Laing y Esterson la asociación entre las ideas de referencias manifestadas por la paciente y el estilo de comunicación mostrado en la interacción familiar (gestos, guiños, señas). Al observar el comportamiento de la paciente dentro del sistema familiar, Laing y Esterson comprendieron el significado psicológico de los síntomas presentados, los cuales carecían de sentido al comprenderlos de manera individual y aislados de su entorno de origen (se invita al lector a revisar el capitulo original para encontrar información detallada).


A lo largo del capitulo, Mitchell y Black continuamente realizan comparaciones entre las concepciones teóricas y, en otras oportunidades técnicas, de las ideas originales de Sullivan y el psicoanálisis freudiano, identificando puntos de semejanzas y diferencias, explicitando de esta manera las bases del análisis interpersonal.


En este sentido, los autores hacen mención a la unidad de estudio propuesta por Sullivan, “el campo interpersonal”, es decir, las interacciones del individuo con otros, tanto actuales como pasadas, debido a la naturaleza relacional del ser humano. Por el contrario, al centrar la unidad de estudio en el individuo, dejando en segundo plano las relaciones pasadas y actuales, se corre el riesgo de descontextualizar el objeto de análisis, resultando éste incomprensible.


Al igual que en la tradición freudiana clásica, Sullivan se interesa en el pasado, entendiendo al pasado como amplios patrones interpersonales, y no como impulsos y deseos.


Otra comparación realizada por los autores se centra en la posición del psicoanalista freudiano clásico. Al plantear hipótesis dinámicas intrapsíquicas, espera en silencio a través de la asociación libre del paciente, los deseos y fantasías encubiertas para luego interpretarlas. Sullivan, al plantear hipótesis en términos de interacción, asume una posición activa preguntando directamente detalles del contexto de interacción (¿Quién es la otra persona?, ¿Qué sucedió?). Más adelante se expondrán fragmentos de casos clínicos con el fin de ejemplificar la aproximación terapéutica desde el análisis interpersonal clásico.


Una vez enfatizados aspectos del contexto académico y profesional de Harry Stack Sullivan, me propongo puntualizar las dimensiones teóricas de su obra. Los autores indican que Sullivan planteó una teoría del desarrollo psíquico, aportando una nueva comprensión del desarrollo de la personalidad y sus vicisitudes, dando pie a la génesis y configuraciones psicopatológicas.


Mitchell y Black enfatizan el papel de la ansiedad otorgado por Sullivan,  como dimensión psíquica angular en la configuración del self y en la regulación de las interacciones sociales, así como otros conceptos clave: tendencias integradoras, necesidad de satisfacción, tendencia desintegradora, operaciones de seguridad, entre otras. En conjunto, estos constituyen el bagaje teórico del análisis interpersonal (más adelante se incluyen los aportes contemporáneos que amplían dicha postura teórica).


De acuerdo a los autores, Sullivan consideraba al recién nacido en un continuo desplazamiento entre un estado de distensión total o parcial, donde se encuentran satisfechas sus necesidades de satisfacción ( físicas, intelectuales, afectivas), y un estado de tensión que requiere respuesta por parte del cuidador para la satisfacción de distintas necesidades. También consideró que dichas necesidades de satisfacción (exploración, cuidado, contacto, alimentación) tienen una tendencia integradora, ya que facilitan el acercamiento entre el recién nacido y el cuidador, resultando satisfactorio para ambos. Mitchell y Black toman como ejemplo la relación madre-hijo en la lactancia materna, donde el hijo tiene hambre y necesita alimento (estado de tensión) y la madre tiene los pechos llenos de leche y necesita entregar el alimento. Es decir, las necesidades de satisfacción, tanto en el niño como en el adulto, manifiestan una tendencia integradora para ambas partes, ya que de la interacción resultaran satisfechas sus necesidades.


Sullivan sostiene la particular sensibilidad de los infantes a los estados afectivos de las personas que se encuentran en su entorno inmediato, en especial los cuidadores. A esta conexión Sullivan la denomino nexo empático.


Hasta este momento, lo descrito hace referencia a la naturaleza espontánea del ser humano a integrarse en sus interacciones sociales con el fin de satisfacer sus necesidades de manera complementaria. Sin embargo, Mitchell y Black se plantean la siguiente interrogante: ¿por qué tantos desencuentros y conflictos en las relaciones humanas? Para dar respuesta a esta pregunta, los autores enfatizan el papel de la ansiedad otorgado por Sullivan tanto a la configuración del self como la regulación de las relaciones interpersonales.


En este sentido, los autores diferencian la ansiedad y el temor. Por un lado, el temor proviene de la no satisfacción de alguna o algunas necesidades y funciona como una tendencia integradora, ya que el infante, mediante el llanto y/o agitación psicomotriz, hace que el cuidador genere alguna interacción que permita la disminución de la tensión, conduciéndolo a un estado de confort. En cambio, la ansiedad no presenta un foco definido, ni proviene de la insatisfacción de las necesidades, por el contrario, la ansiedad es vivida por el infante como tensión sin forma, sin foco definido y sin causa aparente y es trasmitida por el cuidador a través del nexo empático. En esta dirección, la ansiedad manifiesta una tendencia desintegradora ya que, paradójicamente, el causante de la tensión es el cuidador. Bajo estados de ansiedad el infante es incapaz de dormir y comer, al igual que le resulta difícil al adulto bajo este estado el pensamiento, el aprendizaje, la comunicación y ejecución sexual.  


Según destacan los autores, Sullivan plantea que el infante experimenta de manera pasiva sus estados psíquicos, surgiendo la primera diferenciación entre estados ansiosos y estados no ansiosos. El niño/a agrupa en las experiencias “madre buena” todas aquellas experiencias con cuidadores (no exclusivamente los padres biológicos) capaces de dar respuesta adecuada a sus necesidades de satisfacción, y agrupa en las experiencias “madre mala” a aquellos cuidadores ansiosos que le trasmiten la ansiedad a través del nexo empático.


El niño, de manera progresiva, comienza a identificar a través de diversos indicios (postura corporal, expresión facial, tono de voz) si la futura interacción se establecerá con alguien que responderá efectivamente a sus necesidades de satisfacción  (“madre buena”) o un cuidador sin capacidad de sosiego que le trasmita ansiedad (“madre mala”).


Posteriormente, mediante un lento y progresivo proceso gradual de asociación, el infante desarrolla la conciencia de que ciertas conductas propias generan ansiedad y desaprobación de los cuidadores (y en sí mismo por el nexo empático), y otras conductas o gestos evocan distensión y aprobación de los cuidadores (y en sí mismo por el nexo empático). Conductas como el tocarse los genitales pueden generar ansiedad y desaprobación por parte de los cuidadores, por lo que el niño/a asocia el tocarse los genitales con el estado psíquico de ansiedad. Por otro lado, cuando el niño permanece tranquilo, genera aprobación y tranquilidad en los cuidadores, lo que lleva al infante a asociar la tranquilidad con un estado psíquico de sosiego y paz.


De acuerdo a los autores, Sullivan plantea que las diversas áreas de experiencia del infante adquieren distintas valencias, organizándose bajo la valencia “yo bueno” aquellas conductas generadoras de aprobación en el cuidador y un estado mental de distensión en el infante, y bajo la valencia negativa “yo malo” las experiencias generadoras de ansiedad en el niño/a y cuidador.


Según Sullivan, el niño/a no experimenta como propias todas aquellas actividades que, al ejecutarlas, evocan una intensa ansiedad en sus cuidadores (y en él mismo por el nexo empático). En este sentido, se genera en el infante una amnesia de las experiencias inmediatamente precedentes a dichas conductas, constituyendo un estado disociado y configurando el “no-yo”.


Posteriormente, el infante toma conciencia de que ciertas actividades le permiten dirigir las relaciones para el surgimiento de la “madre buena” y en menor medida de la “madre mala”, asumiendo cierto control sobre su experiencia y destino. El sistema self dirige las actividades del niño/a hacia comportamientos que reduzcan la ansiedad en sus cuidadores (y en el/ella), dejado de lado los gestos y comportamientos evocadores de ansiedad. Esto le permite adecuarse a un espacio inmediato, permeado por los rasgos caracterológicos de personalidad y ansiedad de las personas significativas, que lo lleva a limitar sus potencialidades, generando un desarrollo que se limita al perfil psíquico construido en la relación con sus padres particulares y lo que le facilita, a su vez, el tener acceso de manera amplia al “yo bueno”, excluyendo al “no-yo”.


Según los autores, Sullivan define al sistema self con un matiz conservador ya que el mismo dirige de forma selectiva la experiencia hacia lo que resulta familiar y conocido, desviando aquella experiencia novedosa generadora de ansiedad. Esta ansiedad es mantenida en un nivel mínimo, a través de los procesos denominados necesidad de seguridad. Ante la amenaza de la ansiedad, el self toma dominio del acceso a la conciencia y produce interacciones que resultaron satisfactorias en el pasado, con el fin de minimizar la misma, codificando de una forma particular las impresiones individuales de sí mismo y del resto de los involucrados en la interacción.


Mitchell y Black identifican épocas en el desarrollo donde la fuerza de las nuevas necesidades de satisfacción puede llegar a anular las viejas ansiedades con el fin de alcanzar un mayor nivel de integración interpersonal, siendo posible superar las restricciones impuestas por el self, al realizar nuevas integraciones.


Los autores señalan algunas de dichas necesidades de satisfacción emergentes: necesidad de relacionarse con pares (4-5 años), necesidad de tener amigos íntimos o único amigo (preadolescencia), intimidad emocional y necesidad de satisfacción sexual.


Por otro lado, siguiendo con las comparaciones entre el psicoanálisis freudiano clásico y el análisis interpersonal propuesto por Sullivan, los autores expresan que tanto la sexualidad como la agresión eran concebidas por Freud como intrínsicamente conflictivas y asociales. En cambio, Sullivan consideraba que las fuentes de dificultades de la agresión y la sexualidad se ubicaban en la respuesta del entorno social y no en la naturaleza intrínseca de dichos impulsos.


Para Freud, la intensidad del conflicto radica en la intensidad de las pulsiones, mientras que Sullivan plantea que la intensidad de la ansiedad de un individuo depende en proporción directa de los niveles de ansiedad de su entorno temprano.


En relación a la técnica, el analista interpersonal plantea preguntas directas, individuales, detalladas y estilizadas, con el fin de lograr el conocimiento del significado personal de las palabras que utiliza el paciente en los contextos de interacción donde estas emergen, lo que le facilita al paciente la identificación y desarrollo de conciencia de las “operaciones de seguridad” llevadas acabo por el  sistema self ante los distintos “puntos de ansiedad”. En la técnica Freudiana clásica, en su versión más estricta, el analista no plantea preguntas, emergiendo los conflictos a través de la asociación libre, para luego ser interpretados por el analista, conservando de esta manera la autonomía el paciente.


El objetivo del tratamiento en ambas posturas teóricas es el cambio terapéutico. Dicho cambio se hace evidente con la comprensión del paciente de sus propios procesos, tal como lo plantea Freud. Por otro lado, el cambio terapéutico para Sullivan incluye tanto conceptos como percepciones, es decir, el paciente, al ampliar la conciencia en relación a sus procesos internos, también la expande en relación a sus sucesos interpersonales concretos.


Conforme a los autores, Sullivan  expone que el sistema self desarrolla ciertas  operaciones de seguridad de manera automática y éstas se encargan de reducir los denominados puntos de ansiedad.  Esta dinámica permite, por un lado, la disminución de la ansiedad a corto plazo y, por otro lado, el mantenimiento a largo plazo de la situación ansiogena. Con el fin de ejemplificar este argumento los autores se basan en el caso de un paciente llamado Fred.


Motivado por la relación mantenida con su esposa, Fred asiste a tratamiento manifestando ser incomprendido por su pareja y relata continuas discusiones. Durante el día, Fred pensaba tiernamente en relación a la misma, mostrando interés por mejorar su situación conyugal, sin embargo al regresar a casa nuevamente surgían los conflictos maritales.


El analista interpersonal le plantea a Fred preguntas específicas, puntuales, concretas e individuales que permiten explorar la relación Fred-Esposa (¿Cuándo se inició la discusión la noche anterior? ¿Qué significa tener cariño por tu esposa? ¿Desde cuándo te encuentras descontento? ¿Cuándo te percataste el cambio de actitud de tu esposa?), lo que permite desarrollar en el paciente interés por los procesos que intervienen en sus interacciones, llevándolo a ampliar paulatinamente su conciencia perceptiva.


Luego de varias semanas de análisis, Fred logra ser un observador sensible a sus interacciones e identifica una interacción esencial para la comprensión de su situación. Una tarde, Fred comentaba a su esposa los acontecimientos del día, recibiendo comentarios afectuosos de ésta. En dichos comentarios Fred halló cierto parecido con un tipo particular de respuesta característica de su madre y acto seguido descalificó a su esposa, reaccionado ésta con una crítica hacia la familia del paciente. Según Sullivan, el sistema self identifica un punto de ansiedad en la reacción de Fred ante la ternura de la esposa, activando las operaciones de seguridad (descalificación, desdén ante el comentario tierno de la esposa). La esposa, por su parte, al realizar la critica a la familia, ubica la interacción en un territorio familiar, alcanzando la denominada integración hostil.


Los sentimientos de ternura (necesidad de satisfacción) en la familia de origen de Fred eran suprimidos sistemáticamente. En su lugar, los integrantes de su familia asumían una posición crítica que otorgaba seguridad. Fred creció en una atmósfera familiar donde los miembros se agredían desde cierto confort, en un ambiente permeado de una hostilidad latente de baja intensidad. Fred manifestaba un profundo anhelo por mantener una relación donde fuera comprendido y aceptado, iniciando distintas relaciones con diversas chicas, las cuales le resultaron frustrantes. En un primer momento la relación con su esposa se presentó como prometedora, sin embargo, luego de las primeras relaciones íntimas, emergieron las discusiones y peleas, llevándolo a la búsqueda tratamiento.


Durante el análisis, Fred identifica sus puntos de vulnerabilidad (intimidad, sentimientos de ternura) y las operaciones de seguridad desarrolladas ante los mismos (colocarse en una posición de superioridad apartando a su esposa, lo que le permite ubicarse en un confortable estado de desánimo). Esta dinámica entre los puntos de vulnerabilidad y las operaciones de seguridad describe la manera en que Fred establece una interacción tierna e íntima con su esposa, que, a su vez, es evocadora de ansiedad. Ante este punto de vulnerabilidad, el paciente tiende a  pensar en los defectos de la pareja, lo cual le hace asumir una posición critica que le asegura una reducción a corto plazo de la ansiedad y un confortable estado de desánimo. Sin embargo, a largo plazo, Fred tenía que convivir con su esposa y sus defectos.


Este camino le permitió a Fred desarrollar conciencia de la facilidad con la que escapaba de situaciones de intimidad y ternura con su esposa, resolviendo que al colocarse en dichos puntos (intimidad) aumentaba tanto la ansiedad a corto plazo como la posibilidad a largo plazo de construir nuevas interacciones que transformaran la infelicidad marital (el material clínico presentado es reducido, parcial, ya que la presente reseña busca otros objetivos, invitando al lector a la fuente original donde encontrara mayor información).


De acuerdo a los autores, Sullivan, además de iniciar su teorización a partir del trabajo asistencial con pacientes que presentaba sintomatología esquizofrénica, introdujo una nueva manera de pensar, comprender y aproximarse a pacientes obsesivos. Plantea que este tipo de pacientes presenta un profundo sentimiento de humillación y sufrimiento derivado de relaciones pasadas, particularmente relaciones familiares caracterizadas, por una parte, por expresión de cariño y, por otra, por brutalidad física y/o afectiva; ante dichos castigos y humillaciones, los familiares del paciente obsesivo relataban que eran para su propio cuidado y bienestar. La dinámica anteriormente descrita es  generadora de confusión y desconcierto,  lo que lleva a la  estructuración de operaciones de seguridad (como por ejemplo el ser tacaños, competitivos, quisquillosos, atascados en el detalle) en las interacciones actuales, eliminando, de esta manera, la potencial amenaza que representan los otros para el sentimiento de seguridad del paciente obsesivo.


Mitchell y Black enfatizan que el papel del analista interpersonal en el proceso analítico radica en  incrementar  en el paciente la conciencia sobre sus modalidades de interacción interpersonal. Sullivan resaltaba la reproducción del patrón de interacción interpersonal del paciente con el analista, señalando la potencia de la relación analítica, cuya fuente de información posee gran valor terapéutico ya que permite develar la dimensión limitante de las operaciones caracterológicas de seguridad (se remite al lector a revisar en el capítulo el apartado “Enfoque de Sullivan sobre los pacientes obsesivos”, donde podrá encontrar un caso clínico en que se detalla la reproducción del patrón interpersonal del paciente en la relación con el analista, y el valor terapéutico del mismo).


Los autores señalan una visión alternativa en la comprensión de pacientes obsesivos, derivada de la perspectiva intrapsiquica del psicoanálisis freudiano. En dicha visión, se coloca el principal interés en el mundo interno del paciente y plantean dos hipótesis explicativas. La primera indica que el control extremo ejercido sobre sí y el entorno obedecen a un profundo deseo de obtener y/o mantener poder sobre los otros. La segunda hipótesis señala que las actitudes de deferencia y obsequiosidad son comprendidas como esfuerzos defensivos ante deseos de poder, por lo que la energía psíquica se encuentra en una lucha de fuerzas internas, lo que implica una reducción significativa de las posibilidades de llevar una vida satisfactoria.



Mitchell y Black, en el último apartado del capitulo, señalan desarrollos teóricos y técnicos de algunos analistas interpersonales contemporáneos (Clara Thompson, Edgar Levenson).


Clara Thompson (1893-1958), reconocida por los autores como la figura con más responsabilidad en el psicoanálisis interpersonal contemporáneo, se formó en análisis clásico en el New York Psychoanalytic Institute y fue analizada por Sandor Ferenczi. Los desarrollos teóricos de Thompson se encuentran influidos por tres vertientes principales: por un lado, el énfasis de Ferenczi en la importancia  de las relaciones pasadas y actuales, así como el genuino interés y profundo afecto por el paciente; por otro lado, encontramos el análisis interpersonal de Sullivan; y la tercera influencia hace referencia a la nueva visión existencial de la naturaleza humana aportada por Erich Fromm (1900-1980).


Desde la tradición interpersonal clásica hasta la práctica contemporánea, los autores señalan dos desarrollos que reflejan la influencia del pensamiento de Fromm. En relación al primer desarrollo, tanto los analistas interpersonales contemporáneos como muchos analistas freudianos contemporáneos se centran en el aquí y en el ahora, en el presente, dejando en un segundo plano al pasado y accediendo a éste con el fin de comprender la manera en que el paciente configura su actitud de vida en el presente. Al introducir el concepto de carácter, Thompson enfatiza como área de acción la manera en que el paciente integraba relaciones con otros, incluida la relación terapéutica.


El segundo desarrollo se encuentra en íntima relación con el anterior y hace referencia a uno de los temas más controversiales en psicoanálisis: la contratransferencia. Los autores enfatizan la inexistencia de la neutralidad afectiva propuesta por la tradición Freudiana y la interpersonal clásica. El analista y el paciente reproducirán los patrones internos de interacción estables y consistentes del paciente y durante el proceso analítico el analista, al identificar patrones de interacción en otras relaciones, empleara sus reacciones contratasferenciales con el fin de formular hipótesis que le permitan comprender la estructuración de la relación analítica.


Edgar Levenson, al igual que Thompson, es considerado por los autores uno de los teóricos interpersonales contemporáneos de mayor influencia. Levenson introduce el término transferencia isomorfica para describir la repetición estable y consistente de los patrones de interacción  del paciente en las distintas áreas de su vida, tanto en el pasado como el presente y en la relación analítica.


Levenson plantea que esta actitud activa-interactiva del analista permite asumir una posición distinta en la situación analítica, ya que al participar y reflexionar sobre dicha participación en la relación, el analista obtiene mayor claridad de la dinámica analista-paciente, originando una alternativa de aproximación distinta. Es decir, algunos aspectos de la reflexión son empleados para señalar y confrontar al paciente con su parte correspondiente en la interacción; otras dimensiones le permitirán al analista develar de manera sensata y transparente su experiencia en el proceso.


Los autores enfatizan la participación otorgada por la perspectiva interpersonal al analista en el proceso analítico, siendo éste un aspecto generador de gran controversia en cuanto a las implicaciones técnicas y de alternativas clínicas dentro del campo del psicoanálisis.


Mitchell y Black finalizan el capitulo reconociendo en la obra de Sullivan el inicio e iluminación de un nuevo ámbito de estudio, entendimiento y comprensión de lo humano tanto en el psicoanálisis como en la cultura intelectual contemporánea. En esta última la influencia de la obra de Sullivan se refleja en las distintas áreas de la filosofía, la literatura y la teoría critica social ya que las mismas, al explorar y articular la subjetividad y la experiencia, se nutren de la visión múltiple, descentrada y contextualizada del self.


 


Impresión Personal


Luego de exponer los principales ejes angulares del análisis interpersonal contemporáneo y clásico, me dispongo a señalar los aportes, enriquecimientos y los retos que me resultan significativos dentro de este paradigma. Lejos de ser la única aproximación y mucho menos la que posea mayor validez, simplemente ésta es una impresión dentro de muchas posibles e igualmente válida que el resto.


El primer aspecto a destacar en la obra de Sullivan responde al surgimiento de este nuevo paradigma con todas sus implicaciones derivadas, en cuanto a visión de hombre, visión de ciencia y subsiguientes desarrollos teóricos y técnicos.


Considero relevante mencionar que Sullivan (al igual que otros teóricos en el psicoanálisis), al contrastar su práctica clínica con los paradigmas del momento, percató lo limitante que le resultaban estos últimos en la comprensión de los pacientes, decidiendo de esta manera salir de la comodidad y seguridad otorgada por lo establecido, permitiéndose crear una  aproximación novedosa y distinta a pesar de las resistencias del sistema ante este nuevo movimiento generador de cambio.


En íntima relación con lo anterior, en el análisis interpersonal subyace una imagen distinta de la naturaleza humana, es decir, una visión de hombre cuya tendencia natural y espontánea es la búsqueda de la integración mutua y complementaria con el fin de satisfacer recíprocamente sus necesidades. De esta visión de hombre se deriva una nueva concepción del desarrollo psicopatológico, que permite comprender la génesis, estructuración y dinámica del mismo.


La visión interpersonal, al colocar el énfasis en la estructura relacional y en la dinámica de la relación enmarcada en un sistema, aporta lo referente al sentido del síntoma y su significado psicológico y psicodinámico dentro de las relaciones interpersonales  pasadas y actuales.


La relevancia asignada por los analistas interpersonales a las relaciones actuales en el aquí y en el ahora tiene gran valor terapéutico, ya que, tal como lo señala H. Bleichmar, “la transferencia y la contratransferencia constituyen una fuente valiosa e importante de información sobre la estructura de personalidad de ambos participantes (paciente y terapeuta), y sobre la estructura de la relación establecida entre terapeuta y paciente” (Comunicación personal).


La posición activa e interactiva del analista interpersonal en la relación analítica nos introduce en una de las grandes discusiones de la historia del psicoanálisis. Desde Freud hasta la actualidad la contratransferencia [1] ha sido definida de distinta manera por distintas escuelas, lo que ha conllevado diversos manejos en el tratamiento. Los analistas interpersonales han contribuido a este debate al proponer conceptos como las transformaciones isomórficas o la posibilidad de revelación de afectos y creencias por parte del analista. Cada escuela conforme a su ideología, sus valores y preferencias, articulará argumentos que apoyen o refuten dicho planteamiento. Particularmente, pienso que el ser transparentes, sensatos, honestos y cálidos, nos permite captar la esencia del vínculo humano (relación analítica), resultando altamente beneficioso, ya que genuinamente nos sentimos comprometidos con el paciente, aspecto que tiene gran potencia transformadora en cada una de nuestras intervenciones[2].


Considero enriquecedora la integración del análisis interpersonal con otros enfoques. Por ejemplo, modelos teóricos actuales como el enfoque Modular-Transformacional[3], nos muestra la posibilidad de integrar los aportes del paradigma interpersonal con los hallazgos en neurociencias, en psicología cognitiva, la modificación de conducta y aspectos de los distintos modelos intrapsíquicos. Esta visión nos permite configurarnos una imagen amplia e integral del psiquismo, que, al partir de premisas generales y al considerar todas las dimensiones implicadas en la singularidad del caso, desarrolla técnicas específicas ante lo único, lo distinto y lo propio, lo cual permite orientarnos en nuestra practica.


Desde mi punto de vista, el paradigma interpersonal presenta distintos retos. Prefiero utilizar la palabra “reto” en lugar de “limitación”, debido que “reto” tiende a asociarse generalmente con apertura de procesos, posibilidades de desarrollo, transformación y, en líneas generales, estas asociaciones no corresponden a la palabra “limitación”, la cual tiende a vincularse con déficit, carencia. En este sentido considero que el principal reto de esta escuela se centra en la investigación, ya que  muchos de los postulados del análisis interpersonal (clásico y contemporáneo) se encuentran en un nivel exploratorio, especulativo, requiriendo de investigación que permita confirmar, refutar, ampliar y/o reestructurar dichos postulados.


De cuando en cuando recuerdo con entusiasmo una frase expresada con gran vehemencia por parte de un profesor durante mi formación de pregrado, luego de una entrevista con un paciente en la unidad de hospitalización psiquiátrica: en la supervisión grupal el profesor enfatizaba “tenemos que escuchar… pero no podemos creer en todo lo que nos dicen, ni en todo lo que leemos, tenemos que formarnos nuestro propio criterio”. Aprovecho estas palabras para invitar al lector a la fuente original de la presente reseña, para que se forme su impresión en relación a lo que nos tiene que decir el análisis interpersonal.


Bibliografía


- Bleichmar, H. (1999). Fundamentos y aplicaciones del enfoque modular-transformacional. Aperturas Psicoanalíticas, www.aperturas.org (1).


- Bleichmar, H. (2006). Hacer consciente lo inconsciente para modificar los  procesamientos inconscientes: algunos mecanismos del cambio terapéutico. Aperturas Psicoanalíticas, www.aperturas.org (22).


- Bleichmar, H. (2009) Discusión. ELIPSIS, Junio 1.


- de Celis, Mónica. (2007). Contratransferencia, pasado y presente: una revisión del concepto.Aperturas Psicoanalíticas, www.aperturas.org (25).


- Soler, Ángela. (2007). Contratransferencia.Aperturas Psicoanalíticas, www.aperturas.org (25).