¿Pensamiento abstracto?: el cuerpo se lo toma al pie de la letra [Angier, N.]

Publicado en la revista nº034

Autor: Martín Bayón, Daniel

Reseña: Abstract Thoughts? The Body Takes Them Literally. Publicado en Internet en http://www.nytimes.com/2010/02/02/science/02angier.html?pagewanted=1&emc=eta1  por Natalie Angier



Investigadores de la universidad de Aberdeen encontraron que cuando se pedía a la gente que se involucrara en una especie de viaje mental en el tiempo, para recordar acontecimientos pasados o para imaginar el futuro, los cuerpos de los participantes actuaban subliminalmente las metáforas acerca de cómo conceptualizamos el flujo del tiempo. De esta manera, mientras pensaban en los años pasados, los participantes se inclinaban ligeramente hacia atrás, mientras que al fantasear sobre el futuro, lo hacían hacia delante. Las desviaciones no eran tan aparentes como las de la torre de Pisa, apenas unos dos o tres milímetros en un sentido o en el otro, pero la dirección era clara. Según Lynden K. Miles, que elaboró el estudio con sus colegas Louise K. Nind y C. Neil Macrae, "Cuando hablamos acerca del tiempo, habitualmente empleamos metáforas como 'avanzo acontecimientos' [1] o 'retrocedo al pasado'. Resultó muy satisfactorio tomar un concepto abstracto como el tiempo y mostrar cómo se manifestaba en movimientos corporales".

Un nuevo estudio publicado en enero en la revista Psychological Science forma parte del campo inmensamente popular de lo que se ha dado en llamar cognición corporal, que sostiene la idea de que el cerebro no es la única parte del cuerpo con mente propia. Nils B. Jostmann, de la universidad de Amsterdam, sostiene que "la manera en la que procesamos la información no se relaciona exclusivamente con nuestro cerebro, sino con todo el cuerpo", y que " empleamos cualquier sistema disponible para obtener una conclusión y encontrar el sentido de lo que está aconteciendo". La investigación en cognición corporal ha revelado que el cuerpo se toma muy a pecho el lenguaje, y que puede ser extremadamente literal en ello. ¿Dices que avanzas acontecimientos futuros? ¡Mira, mira!, ¡mira cómo avanzo hacia adelante!

Se suele decir que una persona es cálida y amable, como opuesto a fría y distante. En un estudio reciente realizado en Yale, los investigadores dividieron a los 41 estudiantes participantes en dos grupos. A los miembros de uno de los grupos les hizo sostener una taza de café caliente, y a los del otro, una de café frío. Luego los estudiantes fueron introducidos en una sala, en la que se les pidió que evaluaran la personalidad de un individuo imaginario, basándose en unos cuantos datos. Aquellos estudiantes que sostuvieron la taza caliente fueron más proclives a juzgar al personaje ficticio como cálido y amistoso que aquellos que sujetaron la taza fría.

¿Quizás estás sintiendo el viento helado del rechazo social? Cuando los investigadores de la universidad de Toronto dieron instrucciones a un grupo de 65 estudiantes para que recordasen experiencias en las que hubieran sido aceptados socialmente o rechazados, aquellos que recordaron experiencias de rechazo percibieron la temperatura de la habitación una media de 5 grados más fría que aquellos que se vieron arropados por confortables recuerdos de aprobación.

El cuerpo encarna las abstracciones de la mejor manera que sabe: físicamente. ¿Qué es la vileza moral, una cuestión ética o una mancha en el carácter de cada cual? ¡Es el turno de las toallitas limpiadoras de Lady Macbeth!. Un estudio mostró que los participantes a los que se les pidió que se sumergieran en recuerdos de una trasgresión moral, como un adulterio o trampas en una prueba, tendían a pedir algo con lo que limpiarse después de realizado el experimento, cosa que no hacían aquellos a los que se les solicitó que recordasen alguna buena acción.

Cuando se confronta al cuerpo con una encrucijada, éste sigue los consejos del Yogi Berra y la toma. El Dr. Jostmann y sus colegas Daniel Lakens y Thomas W. Schubert exploraron el grado en el que el cuerpo confunde el peso y la importancia. Comprobaron, por ejemplo, que cuando se decía a los estudiantes que un determinado libro era obligatorio para una asignatura, tendían a encontrarlo físicamente más pesado que si se les decía que era optativo.

Estos investigadores pretendieron establecer el grado en el que la sensación de pesadez puede influir en los juicios de la gente de una forma más amplia. En una serie de experimentos, se pedía a los participantes que rellenaran una serie de cuestionarios adheridos a un portapapeles metálico con un compartimento para alojar papeles. En algunos casos el compartimento estaba vacío y pesaba 1.45 libras, y en otros se había llenado hasta un peso de 2.29 libras. Los participantes permanecían con un portapapeles lleno o vacío rellenando encuestas. En una de ellas, se les pedía estimar el valor de seis divisas extranjeras, mientras que en otra debían indicar cuanto de importante sería que el comité de adjudicación de becas de estudios para el extranjero tomara en consideración su opinión. En un tercer experimento a los participantes se les preguntaba cuanto de satisfechos estaban tanto con la ciudad de Amsterdam como con su respectivo alcalde. Pues bien, los estudiantes que sostenían los portapapeles más pesados tendían a considerar las divisas más valiosas que los que sostenían los portapapeles ligeros. Los participantes con los portapapeles pesados insistían en que los estudiantes debían "pesar" más en los asuntos financieros de la universidad. Aquellos que sostenían los portapapeles más pesados incluso eran más estrictos a la hora de considerar la conexión entre la calidad de vida de la ciudad de Amsterdam y la efectividad de su alcalde. Tal y como el Dr. Jostmann lo ve, la disposición del cuerpo a tomar en cuenta factores físicos en sus deliberaciones, aun cuando parezcan escasamente relacionados o demasiado abstractos, tiene su lógica, dado que, según refiere, "el tema de cómo el ser humano ve la gravedad es evolutivamente útil". Y añade: "algo pesado es algo que debe tomarse en consideración, dado que los asuntos pesados no pueden manipularse fácilmente, sin embargo podemos ser manipulados por asuntos pesados" [2] ...se trata de asuntos pesados en todos los sentidos del término.

El cuerpo pensante prefiere un enfoque práctico [3], y la gesticulación se ha demostrado muy útil para enseñar matemáticas a los niños. Determinados estudiantes con problemas para resolver ecuaciones del tipo de 4+5+3=__+3, por ejemplo, mejoran su rendimiento si se les enseñan los gestos adecuados, como apuntar con los dedos en V a las cifras 4 y 5 y luego señalar con el índice al espacio vacío del otro lado de la ecuación. Para aprender a rotar un objeto mentalmente, es mejor primero ensayar una pantomima. "si animas a los chicos a realizar el movimiento rotatorio con sus manos, eso ayuda a que después lo hagan en su cabeza", según manifiesta Susan Goldin-Meadow, de la universidad de Chicago, "mientras que ver a otros cómo lo hacen no es suficiente".

Podemos lamentarnos por el pasado, y el futuro es hipotético, pero mientras tanto aún puedes escuchar a tu cuerpo y agarrar el presente con las dos manos.


[1] En el artículo original se emplea "I´m looking forward to seeing you" que significa "estoy deseando verte", y literalmente expresa "estoy mirando hacia delante para verte". Esta expresión es intraducible para conservar el sentido de la metáfora.

[2] A lo largo de todo el artículo se están haciendo juegos de palabras que conectan el sentido literal y metafórico de las sensaciones descritas. En este caso juega con la polisemia de pesado, que mantiene la sinonimia con el castellano, pero los giros y expresiones en que se manifiesta esta polisemia no siempre coinciden con frase traducibles.

[3] Una vez más va a emplear un juego de palabras para introducir las siguientes observaciones relativas a gesticulación manual. En este caso, "hands-on approach" se traduce por enfoque práctico, pero literalmente sería "una aproximación manual"

Comentario

                                        Porque estamos en el mundo, estamos condenados al sentido

                                                                                                          Maurice Merleau-Ponty

 En este artículo se nos presenta de manera lúdica, y en un característico estilo divulgativo, la interesante cuestión del papel del cuerpo en la representación. De esta manera, a lo largo de distintos estudios se muestra cómo el cuerpo interviene al menos de dos maneras en la construcción de la misma.

La primera de ellas es como órgano sensorial que participa en la percepción junto con el resto de sentidos y, al igual que éstos, puede contribuir de forma inadvertida a la elaboración de la representación final. Se trata de un equivalente a lo que sucede con otros sentidos y la función de adaptación, en la que a pesar de no ocupar un campo activo en la conciencia, el órgano sensorial sigue percibiendo, y contribuye al resultado de la integración de toda la información implicada en la representación. Es el caso de los ejemplos propuestos cuando los sujetos del estudio sostienen las tazas de café y la percepción de la temperatura afecta a la elaboración de la representación final del juicio sobre la persona valorada, o cuando sosteniendo peso inadvertidamente juzgan asuntos como más importantes o “pesados”.

La siguiente forma en la que el cuerpo interviene en la construcción de la representación de conceptos abstractos no tiene que ver exclusivamente con la función sensorial, pues implica un nivel superior de integración de información al requerir de otros órganos sensoriales o de representaciones previas. Es ésta la función que más propiamente podría denominarse cognición corporal. Se está tratando de esta función en los casos en los que se siente frío al recordar una situación desagradable, o suciedad al recordar “aspectos sucios” de cada uno. Es mediante esta función expresiva del cuerpo mediante la que la denominada cognición corporal puede contribuir de forma activa como auxiliar en la construcción de representaciones complejas, como en los casos en los que se gesticula para ayudar a integrar conceptos abstractos.

En todos los casos se plantea una interacción del cuerpo con el mundo que sorprende por su capacidad de crear sentido. Esta contribución del cuerpo a la elaboración de representaciones tiene un interés filosófico muy particular, ya que las cuestiones de la percepción y la representación y de la relación entre subjetividad y realidad objetiva han sido uno de los temas principales que han ocupado las más largas disquisiciones en el pensamiento occidental. La fenomenología de Merleau-Ponty (1908-1961) constituye, en este sentido, una interesante aproximación a estas cuestiones, dado que sus investigaciones, basadas en estudios tanto de la psicología del comportamiento como de la percepción, el psicoanálisis, el conductismo y la psicología de la gestalt, pretenden dar cuenta de esta interacción entre la percepción y la representación, tomando el cuerpo como lugar central de la reflexión, pero evitando el dualismo mente-cuerpo tan característico (y problemático) en la historia de la filosofía. En este contexto, Merleau-Ponty afirma que tanto la filosofía como la ciencia se asientan en un contacto con el mundo directo y previo a cualquier reflexión. De esta manera, entre el sujeto y el mundo se establece una relación prerreflexiva, que se pone de manifiesto en el comportamiento y que tiene un nexo privilegiado en la percepción (el cuerpo es una región dinámica de percepción sensorial orientada hacia el mundo). Esta relación prerreflexiva crea significado entre el sujeto y el objeto, de forma espontánea e inmediata, en el curso de la acción, y precisamente por ella. Es decir, el cuerpo entra en contacto con el medio y en ese contacto se configura el significado, que se objetiva en el lenguaje, de forma que la palabra se “encarna”. La consciencia llega hasta el mundo a través de los sentidos y se mezcla con él para darle sentido y forma, al tiempo que el mundo actúa sobre nosotros. El tejido que se crea en esas interacciones de ida y vuelta es lo que se denomina textura del ser, que envuelve tanto al cuerpo como al mundo.

Esta continuidad entre el medio, el cuerpo volcado a través de la percepción y la representación, esta “textura del ser”, es quizás lo que se evidencia en las experiencias referidas en el texto, sea en su variedad más perceptiva o más cognitiva, pero que demuestran en todo caso, un “sentido encarnado” o al menos, un cuerpo que contribuye a la elaboración del significado. Esta continuidad es manifiesta también desde la perspectiva de la investigación en neurociencias, dado que la plasticidad neuronal puede ser considerada un prototipo del sustrato anatomo-fisiológico del cuerpo cambiante en función de la percepción, al tiempo que permite conceptualizar una interacción sujeto-mundo en esta continuidad que Merleau-Pony denomina la textura del ser. Esta plasticidad neuronal implica una modificación constante en el cuerpo en función de los cambios del entorno que implica readaptaciones perceptivas. En este sentido E.R. Kandel (en “Neurociencia”, en “Psiquiatría, psicoanálisis y la nueva biología de la mente”) describe ejemplos asombrosos de plasticidad neuronal en este intercambio con el entorno, como es el aprendizaje perceptivo, que supone “una mejora con la práctica de la capacidad de discriminar aspectos sensoriales” que implica cambios en la organización de la corteza somatosensorial en función de la actividad del sujeto, de manera que “los cambios representacionales se producen durante la vida (…) para adaptarse a nuevos requerimientos conductuales o perceptivos”, y seguramente afectan a la neurogénesis, a cambios en la estructura neuronal y a la eficacia sináptica.

Pero la continuidad mundo-sujeto es también de ida y vuelta. De la misma manera que el mundo cambia “estructuralmente” el cuerpo a través de la percepción y la representación, éstas cambian el mundo que el cuerpo habita continuamente. Para Merleau-Ponty, ese tejido continuo al que nos referíamos, esa configuración resultante, es similar a una obra de arte. El arte es una de las formas de configurar significados prerreflexivos del mundo, y lo propio del arte es dar un sentido que antes no existía en la interacción del cuerpo con el mundo. Sólo si hay significado hay mundo. No es casualidad, por lo tanto, que este filósofo inspirara diversos movimientos de las llamadas neovanguardias desde los años 60, tales como el minimalismo y su ruptura con las categorías tradicionales pintura/escultura en una búsqueda de la interacción perceptiva con la obra-mundo, o el llamado campo expandido para la percepción y la interacción que supuso el land-art y otras formas de arte conceptual de los 70 que rompían también con el fijismo de otras categorías como escultura/arquitectura. Si se crean campos expandidos para la experiencia, estos nuevos campos deben evidentemente acabar por provocar cambios en la plasticidad neuronal y en las representaciones concomitantes que a su vez conducirán a la creación de nuevos entornos perceptivos. Esta es básicamente la tesis del filósofo nominalista norteamericano Nelson Goodman (1906-1998), para quien las diferentes manifestaciones artísticas son maneras de hacer mundos,  y el arte en general es valioso por su capacidad para crear nuevas formas de comprensión del mundo, que acaban por transformarlo. La filosofía, la ciencia y el arte en general están permanentemente ocupados en la elaboración de representaciones cada vez más sofisticadas que puedan dar cuenta de una experiencia cada vez más compleja que evidentemente tiene al cuerpo como lugar central. En este contexto de complejidad creciente, las representaciones del tiempo y del espacio también son cada vez más abstractas. ¿Hacia dónde se inclinaría el cuerpo de alguien a quien se le hiciera pensar no en el pasado ni en el futuro, sino en una ucronía? ¿Qué temperatura subjetiva percibiría el cuerpo de un sujeto participante en un experimento al que se le hiciera imaginarse en una heterotopia foucaultiana o en un no-lugar de Marc Augé? ¿Cuántos giros de mano hacen falta para concebir un sentido rizomático deleuziano? ¿Cuánto pesan las cosas en la hiperrealidad de Baudrillard o en la realidad “superflat” de Takashi Murakami?

Llegados a este punto, y dado el entorno de recepción de este trabajo, es inevitable establecer paralelismos y relaciones con la psicoterapia. ¿No es la psicoterapia una relación prerreflexiva en el sentido merleau-pontyniano del término? ¿Y no se crea en ella un tejido identificable con la textura del ser? En todo caso es evidente que el objetivo de la misma será aprovechar la plasticidad neuronal posible con una finalidad terapéutica, y en el trabajo se intentarán desarrollar aspectos similares al aprendizaje perceptivo relativo a diferentes cuestiones, así como la adquisición de una especie de campo expandido para la percepción. Por todo esto, la psicoterapia parece que al final también pretende establecerse como una manera más de hacer mundos. Una inquietante cuestión, sin embargo, es si el terapeuta es capaz de conceptualizar un mundo contemporáneo tan cambiante. Seguro que su cuerpo ya lo está intentando.