Realidad, interacción y cambio psíquico [Coderch, J., 2012]

Publicado en la revista nº041

Autor: Codosero Medrano, Angels

Reseña: Coderch, Joan. “Realidad, Interacción y Cambio psíquico”. Ágora Relacional. Madrid. 2012. 352 p.


Coderch se ha visto impulsado a profundizar y plantear nueva cuestiones en relación al psicoanálisis relacional. El libro, como su título indica: “Realidad, Interacción y Cambio psíquico”, es una continuación de su penúltima obra “La práctica de la psicoterapia relacional”.


En el presente libro trata temas tan importantes como el abandono de Freud de la teoría traumática, para adentrarse en el reino de las fantasías endógenas, sin relación con la realidad externa. Coderch, cuestiona la interpretación que se hace del mito de Edipo, y el papel primordial que ocupa en el psicoanálisis clásico, o lo que se denomina la corriente principal del psicoanálisis, dado que provoca un divorcio fatal entre el psicoanálisis, y el mundo social y científico. Para muchos, el poner en entredicho la interpretación que Freud da de la tragedia de Edipo Rey, es como si se pusiera en entredicho el inconsciente, o mejor dicho el inconsciente dinámico, pero Coderch nos muestra que antes es la relación y luego es el conflicto y, que en todo caso, podemos hablar de inconsciente contextual.


Por este motivo, Coderch se pregunta que es esa cosa que llamamos realidad, y para ello, apela a la teoría general de los sistemas y la teoría de la complejidad, para poder comprender el mundo actual, y a los hombres y mujeres que viven en él. De igual modo que en la primera parte de esta obra citada, “La práctica de la psicoterapia relacional”, se centra en crear diálogo entre las neurociencias y el psicoanálisis; en este otro libro, pone de relieve la necesidad de crear diálogo con la antropología cultural.


Trata además temas bien conocidos, como la interacción y la intersubjetividad, vinculándolos con los recientes hallazgos en neurobiología y la observación de la relación padres-bebés, dada su gran importancia que tiene en el cambio psíquico. Además trata un tema de gran innovación, como la mentalización, y su papel en el desarrollo de la mente humana, como heredera del papel principal que hasta ahora ha ocupado el complejo de Edipo en el pensamiento psicoanalítico.


¿El amanecer del psicoanálisis o su crepúsculo?


En este primer capítulo Coderch cuestiona el abandono por parte de Freud de la teoría traumática o de la seducción, para acogerse al mundo puramente intrapsíquico, el de las fantasías inconscientes. Para muchos éste es el inicio del verdadero psicoanálisis, apoyándose en el mito de Edipo, como la verdad universal en el hombre que da explicación a las perturbaciones psíquicas; pero para Coderch, éste fue el inicio de un camino erróneo, que aparta al psicoanálisis de la realidad, y da lugar a una explosión de multiplicidad de escuelas cada vez más alejadas entre ellas.


La explicación que se da, entorno al giro copernicano que Freud realiza, cuando escribió a Fliess (carta 69), el 21 de septiembre de 1896, diciendo que no creía en sus neuróticas, son muchas. Una de las explicaciones más coherentes, y que Coderch sigue parcialmente, es la que da Leverson (1981), y se encuentra en el sentido del sueño que Freud tuvo después del funeral de su padre, que hace referencia al doble sentido del sueño: cerrar los ojos y mostrar indulgencia hacia el hijo; donde Freud cumplió el mandamiento del padre, no mirar para no comprometer las relaciones familiares. Además, para Coderch, la interpretación por parte de Freud de la obra de Sófocles, “Edipo Rey”, fue un error para el psicoanálisis, dado que tergiversa lo que es evidente, a su entender, para proteger al padre; no teniéndose en cuenta, el filicidio cometido por Layo y Yocasta, ignorando en su interpretación la realidad externa.


El abandono por parte de Freud de la teoría traumática, hizo que Ferenczi se opusiera a ello; teniendo, como señala Daurella, un punto álgido en el congreso de la A.P.I. en 1932 de Wiesbaden, donde Ferenczi presentó Confusión de lenguas entre los adultos y el niño, lo cual ocasionó una gran polémica entre ambos, que se cerró en falso por la muerte de Ferenczi en 1933. A partir de ese momento, el psicoanálisis sufre un giro, donde la mente es un sistema cerrado que evoluciona y enferma a partir de pulsiones y fantasías endógenas, sin relación alguna con la realidad externa, la cual es tan sólo el escenario en el que se manifiestan los procesos intrapsíquicos. Esto introduce al psicoanálisis en el reduccionismo de las interpretaciones.


De esta manera, el psicoanálisis, se divide en dos grandes bloques: el que apoya sus argumentos en las teorías de las dos pulsiones y el conflicto intrapsíquico pulsión/defensa, conocido por psicoanálisis tradicional o clásico, o también como la corriente principal del psicoanálisis; y el otro bloque, el psicoanálisis relacional, que considera al ser humano como esencialmente social desde su propia constitución biológica, considerando a la mente humana como el producto de la interacción bebé con el medio social, especialmente la madre, y donde la motivación principal, y la constitución de la personalidad, es la interacción continuada con el entorno social y lingüístico, en el seno del cual, cada individuo nace y se desarrolla.


El psicoanálisis tradicional ha permanecido encerrado en sí mismo, sin conexión con las ciencias y con la cultura; y sin embargo el creciente desarrollo del psicoanálisis relacional, coincide con importantes descubrimientos en el campo de la neurociencia cognitiva y lingüística, la observación de bebés y las relaciones de niños-padres. Coderch considera que para aproximar el psicoanálisis a la ciencia, Freud cayó de lleno en el error de propulsar la teoría de las fantasías inconscientes, independientes del entorno, siendo una expresión de la concepción cartesiana de la mente. Idea que, actualmente está totalmente desacreditada, especialmente por la neurobiología.


Los autores que más han combatido el cartesianismo, son los representantes de la teoría intersubjetivista que, básicamente, examinan el campo intersubjetivo, en tanto que sistema creado por el encuentro de dos subjetividades diferentemente organizadas (Stolorow, Atwood, Orange). Coderch nos sintetiza los puntos más importantes del cartesianismo:



  • El enfoque cartesiano lleva a diagnósticos categóricos, sin relación con el contexto, y sin tener en cuenta el papel del terapeuta en la propia patología.

  • El cartesianismo ha conducido a una división sujeto-objeto que ha influido en la cultura y la ciencia. Algunos intersubjetivistas piensan que existe residuos de cartesianismo en el interpersonalismo, y en el concepto de interacción.

  • Otra consecuencia del cartesianismo es la división entre interno-externo, psíquico-material, subjetivo y objetivo. Esto facilita la visión espacial de la mente, y el uso de metáforas mecanicistas como proyectar, transferir y desplazar.

  • El cartesianismo rechaza todo lo complejo y exige la lógica binaria radical: verdadero/falso, lo cual comporta reduccionismo.

  • Otro error del cartesianismo es la idea de la mente como espacio que contiene cosas, emociones, recuerdos, imágenes, sentimientos y deseos. Esta creencia ha conducido al representacionalismo, donde la mente es concebida como sustancia separada del cuerpo.


Orange es la autora que más se esfuerza en conseguir que los analistas entiendan que la distinción interno-externo, sujeto-objeto, es una metáfora engañosa. Es especialmente crítica de la concepción de la mente contenedora de ideas, representaciones, imágenes, etc. Para Coderch su crítica es acertada, y lo que subjetivamente experimentamos como imágenes o representaciones, se debe entender como un patrón característico de activación nerviosa de un conjunto de neuronas conectadas entre sí que codifican lo percibido o un acto motor. Por lo cual, no ha lugar a creer que la mente se reduce a la actividad cerebral, como afirman los neurocientíficos reduccionistas, pero Orange, según Coderch, se contradice, pues aunque acertadamente niega la existencia de la representación como cosas contenidas en la mente, debería admitir la capacidad de formar representaciones, y esto se demuestra por las aportaciones de la neuroimagen.


Coderch nos habla de la mente corporeizada dado que, no cabe duda, de que no existe una separación entre la mente y el organismo en su conjunto. El tener emociones, el pensar y el sentir, es algo en que participa todo el organismo. Damasio se basa en que el cerebro y el resto del cuerpo, constituye un organismo indisoluble, integrado mediante circuitos reguladores, bioquímicos y neuronales que mutuamente interactúan. El organismo interactúa con el ambiente como un conjunto, y los fenómenos mentales sólo pueden comprenderse cabalmente en el contexto de la interacción de un organismo con su ambiente.


Otros analistas, como los integrantes del Boston Change Process Study Group (BCPSG, 2008), ayudan a tomar conciencia de la compleja integración de nuestra mente con el resto del organismo, basándose en la vinculación entre nuestras experiencias corporales y las metáforas que esmaltan nuestro lenguaje verbal, o sea las metáforas primarias, que son formas sensoriomotoras a través de las cuales tenemos una experiencia del mundo, y de nosotros mismos, con relación a él.


Coderch, nos muestra que desde el estado actual de los conocimientos científicos, no es posible mantener la perspectiva de la mente cartesiana como independiente del organismo, ni las fantasías endógenas independientes de la realidad. El autor se pregunta si existen, o no, las fantasías endógenas, y para ello hace un breve repaso de cómo son entendidas por diferentes autores. Para Freud las fantasías inconscientes tienen dos distintos orígenes: uno es que fueron fantasías que, en un primer momento, fueron conscientes y más tarde reprimidas. Y el otro, es que las fantasías surgen del inconsciente, y ocupan el papel principal en el contenido y la estructuración de los sueños, así como en los síntomas neuróticos y psiquiátricos. La base de la metodología consistía en descubrir, a través de la inferencia, estas fantasías inconscientes, y hacerlas conscientes, y así desaparecen los síntomas. Posteriormente, puso mayor énfasis en fuentes filogenéticas, es decir en memorias heredadas y propias de la especie humana. Con todo ello, se consumó la visión psicoanalítica de una mente encerrada en sí misma, y que evoluciona independiente de la realidad, incluyendo el organismo del que forma parte. Según Coderch, desde esta perspectiva, el paciente es alguien que carece de la capacidad de ser agente de su propia vida, no forma ninguna relación con el analista dentro de la realidad, sino que se fundamenta en la transferencia, entendida en el sentido estricto y repetitivo, que abarca la totalidad de la distorsionada percepción que el paciente puede tener de su analista, cuyo sentido ignora, hasta que el analista se lo revela a través de la interpretación. Cualquier intervención o asociación es interpretada en el mismo sentido, y esto da lugar a que el paciente quede atrapado en un circulo asfixiante.


Por otra parte, la orientación Kleiniana nos dice que la fantasía inconsciente es el colorario mental, la representación de las pulsiones. Coderch nos muestra cómo autores dedicados a la psicología del yo, Inderbitzin y Levin (1990), han dedicado dos trabajos al estudio de la fantasía inconsciente donde, entre otras cosas, se ocupan de las diferentes técnicas, a consecuencia de las divergencias de las diferentes escuelas al conceptualizar las fantasías inconscientes; destacando el papel integrador de Sandler, y su distinción entre las fantasías inconscientes y otros contenidos inconscientes.


Coderch nos muestra, a través de la teoría general de los sistemas de Ludwing von Bertalanffy, que la teoría de las fantasías endógenas es inconciliable con los conocimientos científicos actuales. Distingue dentro de la teoría general de los sistemas, entre sistemas abiertos y cerrados. Los organismos vivos son sistemas abiertos, y como tales son complejos, y para su supervivencia precisan una continua comunicación con su entorno, en un feed-back inacabable de inputs y outputs. Y como características se distinguen la imprevisibilidad, autoorganización, autonomía, emergencia de nuevas propiedades y adaptabilidad.


Además, la perspectiva más esclarecedora sobre la fantasía inconsciente, la ofrece la teoría de la intersubjetividad, que divide el inconsciente en inconsciente pre-reflexivo, también llamado “principios organizadores” o inconsciente dinámico e inconsciente invalidado.


El inconsciente pre-reflexivo es el resultado de las experiencias emocionales que vive el niño, etapa presimbólica y preverbal, a través de las respuestas que recibe en su contexto familiar, cuando expresa sus demandas y necesidades. Estas experiencias configuran el propio self, a través de la intersubjetividad. Bowbly habla de modelos internos de trabajo, Daniel Stern de representaciones internas generalizadas, BPCSC hablan de conocimiento implícito.


De acuerdo con la teoría de la intersubjetividad, a medida que el niño madura y adquiere capacidades símbólicas y verbales, y si sus experiencias son validadas por los que le rodean, estas experiencias son articuladas progresivamente dentro del mundo consciente simbólico-verbal. Desde esta perspectiva, lo consciente se conecta con lo simbólico y lo inconsciente con lo no simbólico.


El inconsciente dinámico o reprimido, es equivalente al inconsciente freudiano, y se constituye a partir de las experiencias que el niño siente que crean conflicto con las personas que le rodean, de manera que quedan secuestradas y relegadas fuera de la conciencia. Especialmente conflictivas son aquellas experiencias que amenazan con la perdida de amor de los padres o primeros cuidadores. Aquellos aspectos de la vida subjetiva que no obtienen ninguna clase de respuesta por parte del ambiente que rodea al niño, según la teoría de la intersubjetividad, constituyen el inconsciente invalidado. Son elementos de la propia subjetividad que nunca llegan a ser reconocidos. Esto origina imágenes sensoriomotoras de las fantasías inconscientes, para dar realidad, mediante la expresión o en los enactments.


Con estos últimos autores, la fantasía inconsciente, lejos de ser un tipo de proceso que surge como expresión y representación psíquica de las pulsiones, a su vez concretización de tensiones somáticas, consideran que emergen de la experiencia emocional vivida en el contexto intersubjetivo, y como respuesta a las fallas de éste.


Según Coderch, no hay duda de que las fantasías inconscientes se originan en la más temprana relación del niño con la madre, y con el contexto en el que vive.


El contexto material y sociocultural en el que viven los seres humanos


En el segundo capítulo, Coderch, nos muestra como después de que Freud abandona la realidad del mundo que nos rodea, y el psicoanálisis se encierra en el seno de la fantasía endógena, el psicoanálisis relacional vuelve a unir los procesos mentales con la realidad material y cultural que nos envuelve, vivificante en ocasiones y traumática en otras.


Debemos tener en consideración que Freud creó el psicoanálisis en un momento histórico, en un determinado contexto social y científico, y que uno y otro, reflejaron sus propias características en la teoría, conceptos e hipótesis psicoanalíticas, e incluso en la metodología terapéutica, muy diferente de la necesidad actual de adaptar el pensamiento psicoanalítico a los constantes y acelerados conocimientos científicos, tanto de la neurociencia, como de la filosofía del lenguaje, y de los movimientos sociales, y esto hace que el pensamiento psicoanalítico se enfrente a una nueva forma de percibir la realidad. Dicho de otra forma, las ideas entorno a la realidad de Freud no son las mismas que las de hoy en día.


Coderch, considera que el psicoanálisis es una ciencia que estudia un sistema abierto, como es la persona humana, un sistema no lineal, y de extrema complejidad, imposible de aprender en su totalidad, lo que implica romper el aislamiento del psicoanálisis, y que se integre en la ciencia, especialmente en la teoría general de los sistemas, y las aportaciones de la neurociencia, ciencia cognitiva, filosofía del lenguaje, antropología, culturología y filosofía.


También destaca la aportación psicoanalista americana de Hans Loewald, de la concepción del universo como unidad indivisible, además de su anticipación a la afirmación que la mente humana se constituye a través de la interacción del sujeto con los que le rodean, y que a través de nuevas interacciones se modifica. Según Loewald, todos los elementos psíquicos estaban en un principio totalmente concentrados: dentro y fuera, self y otros, realidad y fantasía, pasado y presente. Todos estos elementos se van configurando lentamente, durante el crecimiento de cada ser humano, y se van diferenciando al mismo tiempo que persiste una vinculación incorpórea que los une. De la misma manera que el cosmológico, coincide una fuerza centrífuga que expande las diversas estructuras, y una centrípeta que los une.


Loewald considera que las dos formas de funcionamiento psíquico, proceso primario y secundario, son dos polos entre los que se mueve la mentalización humana. El proceso primario corresponde a la representación de cosa y el secundario a la representación de palabra. El vínculo entre ambas es lo que da lugar a una organización más elevada. Las ideas de Loewald, con respecto al lenguaje, siguen el mismo camino.


Para Coderch, las ideas de Loewald, permiten comprender el gran poder de las palabras, más allá de la función semántica, dado que transmiten emociones, fantasías, imágenes, con lo que se halla revestida la cosa como recuerdo de su primer estado de pertenencia a la densidad originaria. También contribuye a esta multiplicidad de significados, el hecho de que las palabras más fundamentales de cada lenguaje han sido escuchadas por primera vez y con posterioridad, en la voz de la madre, conservando el sentimiento con que se vivieron.



La mayoría de autores, nos hablan de tres etapas en el lenguaje: preverbal asimbólica, preverbal simbólica y verbal simbólica. Para Coderch existe un lenguaje primitivo interno, muy ligado a la somatosensorialidad, desde los primero tiempos de vida, y que sin él no se podría codificar y descodificar los diferentes estímulos internos y externos, distinto del lenguaje semántico e instrumental, de aparición más tardía, y que tiene la función de separación entre el que habla y el que escucha. Estas dos formas de lenguaje, el que une y separa, son propiedad del proceso primario y secundario. Para Coderch, éste fue el gran descubrimiento de Freud, y no como se cree, el del inconsciente reprimido, añadiendo que toda la teoría psicoanalítica debe ser repensada desde esta base. A diferencia de Freud, donde el proceso primario, es una forma rudimentaria, de pensar y sentir, desconectada de la realidad, irracional, y que desaparece al aparecer el proceso psíquico secundario, exceptuando en las patologías. Para el autor sigue existiendo durante toda la vida, evolucionando, y se hace más compleja con la asimilación progresiva de nuestra experiencia, y está en contacto con la realidad, aunque pertenece al inconsciente de nuestra mente, no como represión, sino como forma de expresión. Además distingue entre proceso psíquico primario arcaico y evolucionado, a diferencia de Freud, que sólo se percata del primero. Sin este proceso psíquico primario no existiría la creatividad científica, ni la artística.


Hasta ahora, Coderch nos ha hablado de densidad primaria, y indivisibilidad del universo, de lenguaje interior, de las palabras como sonidos que envuelven y anulan la separación, y de la coexistencia del proceso primario evolucionado y secundario, es porque todo ello, configura la realidad con la que nos encontramos, muy diferente de la realidad de Freud, impulsada por el positivismo que ofrece una realidad y que son los sentidos los que la captan, para reproducirla en nuestra mente en forma de representaciones exactas.


La comprensión de la mente de como se percibe la realidad se debe al descubrimiento de los diferentes sistemas de memoria. Hace referencia a dos grandes bloques: la memoria implícita, y la memoria declarativa o explicita. A lo que lleva a una conceptualización de la realidad externa, material en dos dimensiones, la explícita y la implícita.


Coderch, nos habla, a lo largo de toda su obra, del empuje del psicoanálisis relacional, debido al enriquecimiento que ha recibido de la neurociencia cognitiva, la filosofía del lenguaje, la teoría de la comunicación y la sociología; pero además hace referencia a la importancia, para el psicoanálisis, de los fundamentos más esenciales de lo que es ser hombre, y para ello, ha de crear diálogo y servirse de los conocimientos de la antropología más concretamente en una de sus ramas, la culturología. Destaca que, no sólo nos encontramos con una perspectiva de la realidad material que no es la misma que la que existía en la época de Freud, sino que también han cambiado los pacientes, y que la demanda de ayuda no es la misma, y esto es por razones culturales.


Coderch después de preguntarse qué es aquello que llamamos cultura, y hacer un repaso de lo que dicen diversos autores, nos muestra como en la antropología cultural, más concretamente en la ideacional, existe un debate que a los analistas nos interesa, en torno a la distinción entre cultura y comportamiento. Se juzga que la cultura está formada por pensamientos, ideas, valores, que se transmiten entre generaciones de manera que el comportamiento no forma parte sólo de la cultura, sino que es el resultado de ella. En la corriente ideacional, las ideas guían el comportamiento, pero no a la inversa. Otros antropólogos, como Harris, piensan que son mutuamente influyentes. Coderch como psicoanalista relacional, piensa que tanto guían las ideas como el comportamiento, y que la cultura está constituida por las ideas y el comportamiento. Considera que esta idea es interesante, no sólo para la clínica, sino para comprender la evolución del pensamiento psicoanalítico.


Coderch, también se plantea porque creamos cultura. Y su respuesta es: “creamos cultura para protegernos de la ansiedad”, por lo que la cultura es una defensa contra la ansiedad. El ser humano es biológicamente social, no busca relacionarse con la cultura, sino que la crea para relacionarse con los otros, por lo que de aquí se puede extraer una definición más acorde con las ideas psicoanalíticas: “Cultura es aquello que los seres humanos crean para poder relacionarse unos con otros”.


Coderch nos plantea el complejo diálogo entre la cultura postmoderna y el psicoanálisis, dado que aunque esta cultura es la deudora del psicoanálisis por lo que se refiere a su nacimiento, dirige ahora su onda expansiva y crítica contra él. Seguir manteniendo un psicoanálisis basado en la represión de unas supuestas pulsiones, y de conflictos intrapsíquicos como productos de las fantasías endógenas inconscientes, sin nada que ver con la realidad, no tiene sentido; de ahí que la propia postmodernidad impulsa un psicoanálisis que promueve nuevas experiencias de realidad interior en una ambiente libre, no autoritario, sino igualitario, basado en el reconocimiento de la mutua influencia, no al descubrimiento de verdades ocultas, sino al ensanchamiento de los horizontes de experiencia y al crecimiento de la actividad mental. En definitiva, un análisis acorde con la realidad científica y social, en la que vivimos, y que por obra principalmente de Mitchell, denominamos psicoanálisis relacional.


También nos comenta brevemente algunos de los rasgos culturales que hallamos con frecuencia en el consultorio como: sentimientos de vacío, falta de identidad, provisionalidad, temor a vivir algo o a alguien como valioso, necesidad de ídolos, sentimiento de riesgo.


La interacción paciente-terapeuta como fundamento del cambio psíquico


En el tercer capítulo, sostiene que el más destacado principio del psicoanálisis, sustentado por las ciencias neurobiológicas, es que todo cambio psíquico proviene de la interacción paciente-analista. Hay divergencias entre como los diferentes psicoanalistas se plantean en cómo se logra este cambio psíquico, pero de lo que no hay duda, tanto se apoyen unos en la interpretación y otros en la relación, es que todo método analítico se lleva a través de la interacción entre paciente y analista. Y esto no es algo extraño porque todo organismo vivo, desde su origen hasta su muerte, experimenta cambios que le conducen al crecimiento, desarrollo, adaptación y realización de funciones, y esto se produce mediante la interacción con el medio que le rodea y con otros organismos. Para Coderch, la concepción organísmica de la teoría general de los sistemas, de Ludwing von Bertalanffy, toma especial interés en el planteamiento del ser humano como un sistema abierto que se encuentra en un constante estado de negociación con el medio ambiente que le rodea, para mantener el equilibrio, su estabilidad, y proteger la auto-organización, en una continua interacción con el medio.


Por otra parte, Coderch nos recuerda, por más que el psicoanálisis clásico se empeñe en que todo acto se ha de excluir del proceso psicoanalítico, que no sólo los gestos y las palabras son actos, sino también los pensamientos y los sentimientos, son actos del organismo del cual forma parte la mente.


El interés por la interacción paciente-terapeuta, empezó con Freud y Ferenczi, y de manera discreta con Farbairn y Winnicott, obteniendo un gran empuje con los trabajos de Mitchell, Atwood, Storolow, Orange, Lachman, Stern y BCPSG. Además de los estudios empíricos de Bowbly, en los que se muestra una motivación primaria en busca de la presencia y cercanía de la madre, así como la ansiedad en su ausencia. Esta motivación no está condicionada por la sexualidad, la agresividad o cualquier otra necesidad, sino la de obtener protección, la seguridad de la madre. Fundamento de la teoría del apego acerca del desarrollo psíquico del niño y del hecho de la continua interacción paciente-analista. La seguridad e inseguridad en los niños se mide a través de la llamada situación extraña, prueba ideada por Mary Ainsworth en 1978. Los resultados se clasifican en cuatro categorías que resume Coderch en a) apego seguro b) apego inseguro-evitativo c) apego-inseguro c) apego desorintado-desorganizado.


Desde la perspectiva de la práctica psicoanalítica, la teoría del apego juzga que el psicoanálisis no debe dirigirse al estudio de la vida intrapsíquica del individuo en estado aislado, sino que ha de centrarse en los estados mentales del analizado, expresados en el contexto de la diada analítica, y en lo más amplio de su vida social e interpersonal. Bowbly se vio totalmente rechazado y marginado del pensamiento psicoanalítico, probablemente porque dio la máxima importancia a la realidad externa, como desafío a la tesis de Freud, cuando abandona la teoría traumática, que privilegiaban la fantasía por encima de la realidad. Por su lenguaje claro y contundente, donde sus hipótesis son verificables y quedan vinculadas con otras ciencias, como la etología. Además se ha cuestionado la teoría del apego por su focalización en el desarrollo del self y en las relaciones del self con los otros.


Coderch afirma que la experiencia clínica ha demostrado, claramente, que el modelo fundamentado en el conflicto intrapsíquico pulsión/defensa y la secuencia interpretación-insight es insuficiente, y esto ha propiciado la aparición de diversas orientaciones que buscan vías más propicias para comprender al paciente y las posibilidades de cambio. Por otro lado, tanto la psicología del desarrollo, como la neurociencia, han demostrado el papel central de las experiencias relacionales en la formación y desarrollo de la personalidad, y por tanto del cambio psíquico. Todo ello ha puesto de relieve, según Mitchell, la necesidad de construir nuevas perspectivas de la acción terapéutica. Mitchell ve la insuficiencia en el modelo interpretativo porque la interpretación queda incluida en su patología, de ahí la necesidad de muchos de crear una alianza terapéutica, que debe construir el analista a través de la interpretación de la transferencia. Pero, según Mitchell, el paciente continuará escuchando las interpretaciones de la transferencia, a partir de su patología, puesto que antes no se ha creado la alianza terapéutica. Y lo mismo ocurre con el sostén y la empatía. Según ésto, la interacción falla porque el paciente la vive como una más de las antiguas y engañosas formas de relación. Por tanto, el cambio psíquico, sólo se producirá cuando el analista y el paciente encuentren una nueva vía de conexión emocional.


Coderch nos recuerda que los estudios acerca de la interacción han seguido diversas vías, y estas son muchas. Para él merece especial mención los estudios de Harlow (1959) que muestran la supremacía del impulso del apego sobre el impulso nutritivo. Así los estudios efectuados por Bowbly, y otros autores, muestran que el apego seguro, y la vinculación afectiva, son totalmente imprevisibles para su adecuado desarrollo, y su salud física y mental.


Por tanto, Coderch, considera que la teoría de la interacción se sostiene sobre cuatro postulados. El primero es la concepción del organismo como un sistema abierto. El segundo, el carácter esencialmente social del ser humano por su misma concepción biológica. El tercero, se refiere a la búsqueda innata de la presencia y cercanía del primer objeto. El cuarto se apoya en lo que llamamos mentalización. Además, añade un quinto postulado, que es el de la existencia de un inconsciente de procedimento, no reprimido, y de las pautas y las maneras de estar con el otro, y los principios organizadores. Desde el agente terapéutico, el objetivo es modificar estos procesos mentales, anclados en la memoria de procedimiento, inconsciente por naturaleza, para producir el cambio psíquico.


Cambio psíquico


En el capítulo cuarto, Coderch se pregunta qué se debe entender por cambio psíquico, cuáles deben ser los límites del cambio psíquico, y para qué se debe pretender este cambio. Para Coderch, el agente terapéutico de todo proceso psicoanalítico, es el encuentro relacional, es decir la interacción paciente-terapeuta, y este cambio ha de ser positivo, dado que si la técnica es aplicada de forma protocolizada, sin entender las necesidades emocionales del paciente, conducirá a la retraumatización, como también expone Daurella.


Profundiza en este tema, revisando las aportaciones de Ávila, como la teoría de la especificidad y su corolario práctico, la responsibidad óptima. Coderch nos recuerda que cada diada analítica es diferente, se trata por tanto de buscar la especificidad de la diada. Si hay un positivo esfuerzo de ajuste en los componentes de la diada, esta especificidad se incrementa. En estas condiciones, el terapeuta puede promover la satisfacción de las necesidades del paciente como un objeto-sí-mismo (self-objeto) más allá de la inmersión empática en el sentido Kohuntiano. La responsibidad óptima es, pues, aquella que se ajusta a lo que precisa el paciente en cada momento. De esta manera, el vínculo terapéutico, ejerce una función de objeto-sí mismo que vitaliza y que da cohesión al self-paciente. El analista no debe estar sólo atento a las necesidades específicas del paciente, sino a su propia función como otro significativo, que responde a lo que el paciente requiere para vivir esta experiencia de objeto-sí mismo. Esta expresión de las necesidades específicas del paciente y la respuesta adecuada del terapeuta, no tiene lugar en el intercambio semántico, sino en los que el grupo Boston llama nivel local. Coderch subraya la importancia del contexto contenedor que funciona como holding, facilitador de un espacio transicional entre la realidad y la fantasía, que permite al paciente jugar al libre juego de análisis para incrementar el crecimiento de su self.


Coderch nos insiste en el hecho de que el psicoanálisis relacional no es un método, sino una actitud, basado en un conjunto de teorías acerca de la formación de la mente, su desarrollo y crecimiento, y las circunstancias que pueden perturbar este proceso.


Coderch, subraya que hay limitaciones en el cambio psíquico, que dependen de dos factores: el factor somático y el factor cultural. Al hablar de factores somáticos, se basa en que dada la plasticidad cerebral, que la neurociencia ha puesto de relieve, el inmaduro cerebro del recién nacido se configura a partir de los estímulos de toda índole, desde la vida extrauterina, y van incidiendo en él. Las experiencias repetidas que van dando lugar a la formación de redes neuronales específicas que codifican pautas de comportamiento, y repuestas preprogramadas que se ponen en marcha ante situaciones y estímulos, que el cerebro, en su tarea preventiva, vincula con anteriores experiencias. Esto configura las pautas o esquemas mentales, y éstas, a su vez, el conocimiento relacional implícito, que forma la base de la memoria implícita y no reprimida. Considera que esto ha sido erróneamente interpretado, por el psicoanálisis tradicional, como resistencia inconsciente del paciente que se opone al cambio.


En cuanto a los factores culturales, expone que además del determinismo genético, y el psicológico, existe un determinismo cultural, dado que todo ser humano se halla en un contexto, en el que ha nacido y se ha desarrollado, y que da una adecuada comprensión de su personalidad y de las posibles perturbaciones psíquicas.


Para Coderch, el psicoanálisis además de intentar aliviar los síntomas y posibles conflictos intrapsíquicos, ha de tener también una finalidad ética, que desarrolle aquellos valores que alejan al ser humano de la pura animalidad, más allá de las circunstancias que nos rodean.


Enlazando con todo lo dicho hasta ahora, el sentido que da al término yo, es muy distinto al que dio Freud, dado que Coderch concibe que el yo no es una estructura cosificada, sino un conjunto de funciones. Y tampoco es un yo individual, dirigido a evitar el dolor y obtener placer, guiado por el principio de realidad, sino un yo-nosotros, un yo social desde el nacimiento. Si hacemos lo mismo con el ello, y lo entendemos, en lugar de cómo una estructura cosificada que habita en un espacio físico, como un conjunto de funciones, tendencias, sentimientos y impulsos, ansiedades y fantasías arcaicas, escasamente evolucionadas que forman parte de la mente humana, y este conjunto tiene que robustecerse, siguiendo la formulación de Freud: “donde estaba el ello ha de estar el yo”, para ejercer su papel de lo que llamamos la mente. Sin caer en el error de la idealización del yo como rey absoluto de la mente humana, tan criticada por Wittgensten, ni en el individualismo propio de la postmodernidad, nos encontramos con la idea del yo-nosotros, que actualmente propugna la neurobiología y la observación bebé-padres.


Por lo que podemos ver, Coderch entiende la mente como un continuum de motivaciones, sentimientos y funciones, que van desde aquello que el hombre comparte con los animales hasta las actividades psíquicas y capacidades, siempre constitucionalmente sociales, a las que se refiere del yo. Por lo que uno de los objetivos del análisis, y de sus metas, es que el paciente interiorice las funciones analíticas y sea capaz de servirse de ellas una vez terminado el análisis. Resumiendo, el analista ha de ayudar al analizado a esforzarse para que alcance el máximo valor en tanto que persona.


Intersubjetividad, teoría de la mente y mentalización


En el quinto capítulo, Coderch nos muestra como en el campo de las investigaciones y descubrimientos de la neurobiología han manifestado, que en el cerebro humano existen disposiciones y mecanismos innatos que obligan a admitir la presencia de un sistema intersubjetivo de motivación, que ponen de relieve la intención de los bebés de sintonizar con la madre y los otros adultos. Esta actividad relacional la llamamos intersubjetividad primaria. A partir de los nueves meses, aparece la intersubjetividad secundaria en la que se presenta la capacidad de captación de intenciones del otro, y la posibilidad de una cooperación en la manipulación del objeto.


El sistema de las neuronas espejo ha proporcionado una consistencia a la ideas del psicoanálisis relacional, sobre que el ser humano es relacional por su propia constitución biológica. El sistema de neuronas espejo no sólo reproduce movimientos, expresiones faciales y lenguaje, cuando uno u otro son observados o escuchados, sino también codifica la intención del acto observado. Al escuchar a un hablante se activan en el receptor las mismas células que intervienen en la formación del emisor, pero también se activan los mismos circuitos neurales de las zonas emocionales del cerebro correspondientes a las emociones que transmite, por un lado el contenido semántico y por otro el ritmo, el tono, la prosodia, el grado de excitación, es decir el matiz emocional de las palabras escuchadas.


Coderch sugiere que los sistemas de neuronas espejo es de trascendental importancia para la comunicación y para el desarrollo de la intersubjetividad, y para el entramado socio/ cultural. Está vinculado al concepto de empatía, la capacidad de percatarnos de lo que se siente, teme o desea el otro con quien hablamos, pero para el autor el verdadero significado de la empatía no es sólo comprender cognitivamente al otro, que es a lo que se refiere la teoría de la mente, y que es en lo que se basa el psicoanálisis clásico, a través de las interpretaciones, sino en algo más, como participar en sus sentimientos, sufrir con él o con ella; o sea estar implicado con el otro.


Coderch no comparte, con muchos autores, que utilicen el término de teoría de la mente indistintamente del de mentalización, por lo que nos aclara cada uno de estos términos, dado que la mentalización tiene mayor amplitud, pues abarca las emociones y no sólo los procesos cognitivos, además de representar una manera de comprender el desarrollo de la mente a través de la interacción emocional del niño con el entorno que le rodea, fundamentalmente con la madre, y esto último es lo que falta en la teoría de la mente.


El término de la teoría de la mente suele emplearse en dos acepciones: una designa el hecho de que los seres humanos, desde la infancia, tienen la capacidad –innata o adquirida- de conocer los pensamientos, deseos y sentimientos de los otros, y predecir cuál va a ser su comportamiento. Esta teoría se explica con la teoría de que los niños poseen una teoría de la mente y esta explicación es la denominada teoría-teoría. La otra acepción concierne al conjunto de conocimientos, conceptos, hipótesis e investigaciones, los cuales forman unas teorías dirigidas a comprender y explicar los orígenes, causas, manifestaciones y desarrollo de esta capacidad para leer en la mente de los otros, es decir para poseer una teoría de la mente, propia y ajena. En su opinión, y siguiendo a Ensik y Mayer, el concepto de teoría de la mente es el primer esbozo de la mentalización.


La mentalización sería el acto de pensar sobre la mente, y Coderch desarrolla cómo entiende la mentalización diferentes autores, expongo entre todas, la de Jurist, que para mi gusto es la que más se acerca a la mentalización, y lo describe como la habilidad para entender los estados mentales propios, y de los otros, pero también manifiesta que la regulación de los afectos es la base de la mentalización, y que esta da lugar a una clase más diferenciada de afecto y a la self regulación, a lo cual denomina afectividad mentalizada.


Coderch acaba el capitulo con dos casos clínicos, que nos muestran cómo trabaja ayudando al paciente a mentalizar. Uno de los casos clínicos es el tratamiento en una situación de trauma externo y el otro sobre un paciente con un trastorno fronterizo de la personalidad. Considera la mentalización como agente terapéutico en todos sus tratamientos, pero en algunos casos, como en el de los fronterizos, lo considera el tratamiento por excelencia.


La evolución de la teoría traumática en el pensamiento psicoanalítico


El capítulo sexto, realizado por Angeles Codosero, expone que la autora entiende la teoría traumática como el estudio de los efectos de las carencias o fallas de la diada, niño-cuidador, o sea el trauma psíquico temprano, diferente al concepto de trauma entendido como acontecimiento externo al que se encuentra sometido un sujeto.


La teoría traumática ha constituido un tema fundamental para el psicoanálisis desde Freud hasta la actualidad, dado que va a desembocar en el clásico debate realidad externa/ objetiva versus mundo interno/fantasía. El concepto de trauma psíquico temprano, se ha ido desarrollando en un contexto bio-psico-social, marco de referencia para el psicoanálisis relacional.


En este capítulo, se puede observar cómo evoluciona, a través de la historia del psicoanálisis, después del giro dado por Freud a su teoría, y tras la marginación de Ferenczi, la importancia otorgada a la realidad externa y al trauma discurre un tanto invisible como río subterráneo, en el pensamiento psicoanalítico. Con posterioridad vuelve a surgir con autores como Fairbairn, Winnicott, Balint, Kohut, y Bowbly, asentando en la actualidad las bases de lo que es el psicoanálisis relacional.


Conclusión


A lo largo de todo este libro vamos viendo como Coderch asienta los fundamentos teóricos del psicoanálisis relacional. Tendemos a comparar, y a criticar, las técnicas del psicoanálisis relacional y de psicoanálisis tradicional, pero estaríamos cayendo en un grave error, dado que la técnica siempre se fundamenta en su paradigma teórico. En todo caso hemos de poder comparar, y cuestionar las diferentes teorías, y ver cuales se pueden fundamentar científicamente. A mi entender, y tal y como nos muestra Joan Coderch, es el psicoanálisis relacional, el único que se puede fundamentar científicamente, ya que no sólo se apoya en la neurociencia cognitiva, y la neurobiología, sino también en la antropología, en la etología, en la filosofía del lenguaje y en los estudios de observación de bebé-cuidador.