Dinámicas temporales de dos formas de regulación emocional centrada en la respuesta. Consecuencias experienciales, expresivas y autonómicas [Dan-Galauser, E.S. y Gross, J.J., 2011]

Publicado en la revista nº042

Autor: Garnés-Camarena Estruch, Oscar

Reseña:  Dinámicas temporales de dos formas de regulación emocional centrada en la respuesta. Consecuencias experienciales, expresivas y autonómicas. Dan-Glauser E.S., Gross J.J (2011).  The temporal dynamics of two response-focused forms of emotion regulation: experiential, expressive, and autonomic responses. Psychophysiology, 48, 1309-1322.



El artículo reseñado examina dos modos de supresión emocional volitiva aparentemente similares: el control de la expresividad -es decir, mostrar el tipo de emoción- y el de las manifestaciones fisiológicas. Se evalúan las consecuencias afectivas inmediatas atendiendo a tres categorías: experiencia emocional, control de la expresividad y manifestaciones fisiológicas.


Los autores de este artículo se basaron en la hipótesis de que los intentos voluntarios de controlar determinadas manifestaciones fisiológicas o emocionales ejercen un efecto modulador sobre el tipo de respuesta física que se despliega tras la exposición a un estímulo afectivamente significativo. Definen estos intentos voluntarios de control como “estrategias centradas en la respuesta” o como “modulación de la respuesta”, y consideran que la atención y control selectivo de aspectos concretos de las manifestaciones emocionales tiene como consecuencia un diferente grado de control de la respuesta emocional final.


 Citando a Gross, definen la regulación emocional como “los procesos por los cuales los individuos influyen sobre qué emociones tienen, cuándo las tienen, y cómo experimentan y expresan estas emociones” (Gross, 1998).  Como ejemplos de tales modos de influir sobre la respuesta emocional, mencionan la elección que el sujeto hace respecto a qué situaciones se expone, de cómo es capaz de modificar una situación dada una vez expuesto a ella, o de cómo afrontar una situación que no se puede modificar.  Es dentro de este último apartado donde los autores han centrado su estudio.


Frente a otros artículos que evalúan la modulación de la respuesta emocional a través del control conductual (mediante la supresión de la expresión, principalmente facial), el presente trabajo se centra en el estudio de la modulación emocional a través del control de aquellas manifestaciones corporales del sistema neurovegetativo que van asociadas a un respuesta emocional (supresión fisiológica), como por ejemplo el control de la frecuencia cardíaca o respiratoria.  La diferencia entre ambos procesos (supresión expresiva y fisiológica) no sólo reside en que la primera tiene un foco de atención más global y simbólico que la segunda, sino también en el hecho de que la supresión expresiva conlleva –si es exitosa- un control secundario de las manifestaciones fisiológicas asociadas, mientras que la supresión fisiológica –si es exitosa- conlleva un control de las manifestaciones conductuales.  Es decir, se trata de una respuesta común (modificación de la respuesta emocional), a la que se llega por medio de diferentes vías.


Por tanto, uno de los objetivos del artículo reseñado fue el de comparar dos estrategias de modulación emocional que difieren en el foco de atención, analizando luego las similitudes y diferencias en cuanto al control emocional.  Concretamente se evaluaron las consecuencias afectivas inmediatas atendiendo a tres categorías: experiencia emocional, control de la expresividad y manifestaciones fisiológicas.


Emplearon para el estudio a 37 mujeres de entre 18 y 40 años de edad, las cuales fueron expuestas a 25 fotogramas con valencia emocional neutra, 75 positivos y otros 75 con carga afectiva negativa.


Se les instruyó en tres procedimientos diferentes: observar el material sin intento de regulación por parte del sujeto, regulando sólo la expresividad emocional y regulando sólo las manifestaciones fisiológicas.


La experiencia emocional fue evaluada mediante un registro continuo del estado emocional positivo o negativo que el propio sujeto experimentaba, con un margen de tiempo de cuatro segundos para cada fotograma. Se empleó una escala graduada y estandarizada (Mauss 2005).


La expresividad emocional fue evaluada mediante electromiografía (EMG) de dos músculos faciales, el corrugador supraciliar y el cigomático mayor, dos de los músculos faciales encargados de la expresividad emocional.  La selección de estos dos músculos se basó en su vinculación directa con la respuesta emocional, relación sugerida previamente por autores como Cacioppo (1986) o Vrana (1993).


Finalmente, la respuesta autonómica fue evaluada atendiendo a la presión arterial, electrocardiografía, pulso, temperatura cutánea y frecuencia respiratoria.


Los datos obtenidos fueron comparados inicialmente entre los grupos de ‘no regulación’ y ‘regulación’. Luego se evaluó la diferencia dentro del grupo 'regulación’, comparando los subgrupos ‘control de la expresividad’ y  ‘control de las manifestaciones fisiológicas’.


 Los resultados mostraron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos de supresión emocional frente al grupo de no supresión, sugiriendo con ello que ambas modalidades de control emocional muestran efectos sobre las manifestaciones fisiológicas y expresivas asociadas a la visualización de imágenes con carga afectiva. Sin embargo, apenas se hallaron diferencias entre ambos tipos de regulación (expresividad vs fisiológica), mostrando con ello un efecto supresor común, independiente del  modo de regulación empleado.  La diferencia encontrada entre ambos tipos de regulación fue respecto a las manifestaciones fisiológicas asociadas a imágenes de valencia positiva, siendo la magnitud del efecto  mayor para la regulación fisiológica que para la expresiva.


Las escasas diferencias halladas en el estudio entre ambos modos de supresión, orientaron a los autores a plantearse modelos explicativos sobre este solapamiento entre ambas formas de supresión. Según los resultados obtenidos,  el nivel de expresividad facial durante el ejercicio de supresión fisiológica se redujo al mínimo,  aun no siendo este el objetivo principal. Y a la inversa: los intentos de controlar las reacciones expresivas conllevó también un efecto modulador de la frecuencia respiratoria, sin que ésta fuera aparentemente el objetivo. Los autores sugieren que tal solapamiento de efectos puede deberse al hecho de que controlar ambas respuestas (fisiológicas y expresivas) es entendido por los sujetos participantes de un modo muy similar, y por tanto sus intentos de control emocional son ejecutados cognitivamente de una forma parecida, independiente del modelo de supresión seleccionado. Otra posible lectura de estos resultados, expuesta en el texto original, sugiere que ambos procedimientos están mutuamente influenciados y regulados, y que por tanto no pueden ejecutarse de un modo independiente.  Sin embargo, dado que la regulación de ambos procesos compete a vías neurales distintas, también resulta razonable plantear que ambos procesos son independientes y que su interrelación y regulación sucede en un paso posterior, mediante una secuencia aún por descubrir.


Comentario


El artículo de Dan Glauser y Gross pertenece al tipo de trabajos que estudian la psicofisiología cognitiva. Mediante el empleo de variables objetivables como las mencionadas se pretende delinear los procesos  neurales subyacentes a determinados aspectos de la conducta humana. El presente trabajo se centra en el control ejecutivo de dos grupos de manifestaciones emocionales que surgen tras la exposición a estímulos visuales con carga afectiva: expresividad mímica y manifestaciones fisiológicas.


Dado que se ha visto en otros estudios previos que la expresividad facial se asocia con el nivel de emocionalidad experimentado conscientemente por el sujeto (Cacioppo 1983; Vrana 1993), se empleó como indicador la actividad de dos músculos faciales fácilmente monitorizables. El empleo de la EMG como procedimiento neurofisiológico permite establecer secuencias temporales con intervalos de tiempo muy estrechos, frente a otros procedimientos más lentos como la neuroimagen. De este modo se puede estudiar la secuencia temporal de algunos procesos afectivos con un nivel de incertidumbre menor, pues a medida que los intervalos de tiempo de estudio son menores, menor resulta el solapamiento con funciones de otras estructuras y, por tanto, menor el nivel de interferencia de otros procesos. Los resultados de este trabajo muestran que la supresión voluntaria de determinadas manifestaciones emocionales puede ser ejecutada muy tempranamente a nivel periférico, tan sólo unos pocos cientos de milisegundos tras la visualización de las imágenes (para el control de la expresividad), o unos pocos segundos para la regulación autonómica.  


Sin embargo, los efectos estudiados en este trabajo (control de dos músculos faciales, control de la frecuencia cardíaca o respiratoria) en tan breve lapso de tiempo, resultan ser elementos aislados del complejo entramado de respuestas que conforman los procesos afectivos y cognitivos. ¿Cómo se articulan estos indicadores con el procesamiento de otros aspectos de la secuencia emocional? ¿Qué sucede mientras en otras estructuras del cerebro, implicadas también en la regulación emocional? ¿Se modifican las variables estudiadas a medida que se hace más compleja la interacción entre diferentes procesos? 


Un modelo teórico que estudia el cerebro desde la perspectiva de las redes neuronales propone   que “la alta especificidad de las respuestas neuronales son [erróneamente]  interpretadas como sustratos bien localizados de funciones cognitivas y perceptivas complejas” (Sporns, 2011). Frente al posicionamiento localizacionista, el modelo de redes basado en la conectividad funcional  cree poder obtener una visión más completa de la interacción estructura-función de las áreas cerebrales si se atiende al funcionamiento escalonado de las redes, a las interacciones de sus partes, y al modelo organizativo final. 


Aplicando esta idea al artículo reseñado, cabría plantearse la necesidad de contrastar estos resultados con los obtenidos en estudios paralelos centrados en otras áreas anatómicas o funcionales implicadas en la regulación emocional, como el sistema límbico, las cortezas prefrontales o los ganglios basales.


Otra de las limitaciones del estudio reseñado se basa en la selección de imágenes con carga afectiva limitada. Según los autores del artículo, “dado que las imágenes altamente negativas desencadenan un efecto techo en la percepción de la experiencia emocional, no se usaron para el estudio imágenes extremadamente negativas” (pag.1311). Y tampoco las de contenido sexual. ¿Qué implicaciones tiene esta selección de cara a establecer correspondencias con la clínica terapéutica? Precisamente se están excluyendo aquellos estímulos que por su intensidad pueden desbordar los mecanismos compensatorios que regulan el equilibrio emocional de algunos sujetos, como por ejemplo aquellos que presentan ansiedad o trastorno de estrés postraumático.


Las imágenes seleccionadas se corresponden con categorías amplias: positivas, negativas o neutras. La falta de concreción de las diferentes categorías emocionales en las que se englobaron las imágenes es una limitación del estudio reconocida por los autores. ¿Tendría el mismo efecto neurofisiológico la exposición a diversas imágenes con valencia negativa, pero con temáticas diferentes? Si se hallaran diferencias, ¿a qué serían debidas? En este punto cabe preguntarse por el efecto de la subjetividad como condicionante o sesgo en este tipo de estudios. Mediante escalas de percepción cognitivas se trata de minimizar este efecto, para poder comparar los resultados de una muestra formada por diferentes individuos.  Así, se emplean escalas como la del artículo reseñado (Mauss et al, 2005). Los resultados obtenidos se estandarizan en una escala de -100 (muy negativo) a +100 (muy positivo). Pero, ¿se controla así completamente la variabilidad que aporta la subjetividad? La cuestión se complica aún más cuando consideramos los efectos de las dinámicas inconscientes. Aquellos pacientes que muestran fenómenos como represión o disociación, difícilmente van a ponderar en la escala cognitiva (nivel explícito) un afecto acorde con el experimentado a un nivel procedimental (implícito).  ¿Significa esto que el tipo de diseño experimental propuesto por Glausser y Gross sólo es válido para sujetos sanos? De ser así, cabría plantarse nuevos diseños experimentales que contemplaran estos posibles factores de confusión.


Por otra parte, la selección de la muestra fue reducida a un colectivo del cual no se pueden establecer inferencias poblacionales: sujetos sanos, estudiantes, mujeres, de entre 18 y 40 años.  ¿Cómo afectaría a los resultados variables como la edad, sexo, o grupo poblacional? Siguiendo en esta misma línea, también cabría preguntarse sobre los resultados que se obtendrían si la vía estimulada fuera la auditiva y no la visual. ¿Serían los resultados coherentes entre ambas formas de estimulación?


Todas estas cuestiones ponen de relieve la enorme complejidad que conlleva la investigación en psicofisiología. Con todo, Glauser y Gross han aportado con este trabajo nueva información sobre la dinámica temporal de dos aspectos muy concretos de la regulación emocional.  La consecución de diseños experimentales complementarios, con diferentes objetivos y metodologías, servirá para establecer futuras hipótesis sobre las dinámicas e interacciones de las diferentes redes neuronales implicadas en la regulación emocional. 



Bibliografía


Cacioppo, J.T., Petty, R.E., Losch, M.E., Kim, H.S. (1986). Electromyographic activity over facial muscle regions can differentiate the valence and intensity of affective reactions. Journal of Personality and Social Psychology, 50, 260-268.  


Dan-Glauser E.S., Gross J.J (2011).  The temporal dynamics of two response-focused forms of emotion regulation: experiential, expressive, and autonomic responses. Psychophysiology, 48, 1309-1322.


Gross, J. (1998). The emerging field of emotion regulation: an integrative review. Review of General Psychology, 2, 271-299.


Mauss, I.B., Levenson, R.W., McCarter, L., Wilhelm, F.H., Gross, J. (2005). The tie that binds? Coherence among emotion experience, behavior, and physiology. Emotion, 5, 175-190.


Sporns, O. (2011). Networks of the brain. Cambridge, Massachussetts: MIT Press.


Vrana, S.R. (1993). The psychophysiology of disgust: differentiating negative emotional contexts with facial EMG. Psychophysiology, 30, 279-286.