El efecto Lucifer. El porqué de la maldad [Zimbardo, P., 2007]

Publicado en la revista nº042

Autor: Blanco Rejas, Lucía

RESEÑA The Lucifer Effect. Philip Zimbardo.  Nueva York: Randon House (2007). Publicado en castellano: El efecto Lucifer. El porqué de la maldad (Trad. Genis Sánchez Barberan). Barcelona: Paidós (2008). 676 p


1.- Introducción a a obra


El experimento de la prisión de Stanford empezó como una demostración de los efectos que puede tener un contexto en las actuaciones de la conducta humana y la evaluación de cómo ese contexto puede influir en las personas que lo habitan. Al mismo tiempo Zimbardo, su autor, quiso ampliarlo afirmando que “todas las prisiones son metáforas materiales de la pérdida de libertad que todos sentimos de distintas maneras y por razones diferentes”. Para ello y “como psicólogos sociales queríamos entender las barreras psicológicas que crean las prisiones entre las personas” (pág. 92)


Todo el desarrollo del libro está hecho sobre un proyecto de investigación efectuado en la Universidad de Stanford, con el fin de estudiar la dinámica que actúa en la psicología de cualquier experiencia carcelaria, por ejemplo la experiencia en Abu Ghraid, Querían entender el porqué de los maltratos físicos y psicológicos realizados por la policía militar estadounidense a los prisioneros de esa cárcel iraquí.


Con la investigación pudieron comprender cómo había sido posible que unos jóvenes universitarios sin antecedentes delictivos, sin problemas emocionales o físicos, aceptables social y psicológicamente, que se habían inscrito como voluntarios para hacer un estudio de la vida en prisión, se hubieran transformado de tal manera que pudieran llegar a cometer actos escalofriantes e inconcebibles en otras situaciones y en otros contextos. Zimbardo dice: “Si colocamos a gente buena en un lugar malo ¿la persona triunfa o acaba siendo corrompida por el lugar? (pág. 45). “La línea entre el Bien y el Mal, que antes parecía impermeable, ha demostrado ser muy difusa” (pág.271)


2.- Origen de la investigación


En 1971, en Palo Alto (California) ocurrieron unos sucesos que transformaron la vida tranquila y lujosa de unos cuantos ciudadanos. Estos sucesos empezaron a poner en duda el sistema de valores que allí se iba imponiendo, y se hizo un sitio para la reflexión sobre la agresividad y la explotación comercial que se estaba viviendo. Y es que los denominados Panteras Negras proclamaron el orgullo negro y llamaron a hacer frente a las prácticas racistas. Por otra parte el movimiento para la liberación de la mujer apoyaba que ésta dejara de ser considerada como ciudadana de segunda categoría y que era lógico y lícito que ellas pudieran gozar de las mismas oportunidades. Junto a ello la guerra de Vietnam estaba dejando una sangría de muertos intolerable para algunos ciudadanos. Todo esto había ido creando una identidad colectiva entre los ciudadanos.


Es en ese momento de la historia cuando el autor, Zimbardo, profesor de la universidad de Stanford, decide efectuar un experimento para ver qué comportamiento tendrían las personas consideradas como buenas y comprobar si en determinadas condiciones se dejarían llevar por el vandalismo. Quiso, asimismo observar las diferentes conductas que tienen los ciudadanos que poseen una identidad colectiva y compararlas con las conductas de otros individuos que viven en el anonimato. Y pudo concluir que las condiciones de anonimato ambiental, cuando sentimos que los demás no nos conocen, pueden fomentar la conducta antisocial porque el sentido de la responsabilidad personal y cívica se reduce. Y estas diferentes conductas son aplicables asimismo a instituciones como la escuela, la empresa, la cárcel. El experimento se planteó como una experiencia realizada por estudiantes universitarios, sanos e inteligentes, en la que unos hacían el papel de reclusos y otros de carceleros. Se prepararon para representar sus papeles valiéndose de las experiencias que les contaron algunos reclusos a su salida de la cárcel.


3.- Breve descripción de la experiencia de Stanford


Se hizo la experiencia dentro de la misma Universidad de Stanford, para lo cual, se convirtieron algunos aposentos en cárcel por un tiempo corto. Todo fue organizado de forma adecuada: Participaron estudiantes universitarios de entre


18 y 25 años, elegidos al azar, a unos se les adjudicó el rol de carceleros y a otros el de reclusos a los que se les explicó en qué consistiría su trabajo y cuáles serían sus límites. Antes de empezar se les aplicaron a todos unos tests de preselección para comprobar que obtenían puntuaciones normales y eran aptos para realizar el experimento. Recibirían a cambio 15 dólares diarios. Se dictaron normas por las que se debían regir. Antes de comenzar, un grupo de asesores psicológicos mantuvieron una reunión con los universitarios que actuarían como carceleros para explicarles el sentido de su trabajo: objetivos, tareas, cómo mantener el orden, que no dejaran escapar a los reclusos, maneras de controlarlos sin llegar a la fuerza, que habrían de mostrar su autoridad a la vista de todos los reclusos. Tenían que provocar en éstos el estado psicológico necesario para conseguir los objetivos y plantearlo como si fueran reclusos de verdad, no como un simple experimento. A los reclusos asimismo se les dijo que serían simplemente un número, que estarían encarcelados durante un período de dos semanas y que había unos límites en cuanto a castigos, maltratos, o torturas. Se les explicó que el objetivo del experimento era el estudio de la vida en prisión, los aspectos negativos de la psicología del encarcelamiento. A todos se les comunicó que al concluir el experimento y pasado un tiempo, cuando se hubieran distanciado un poco de esa experiencia, volverían a reunirse para hacer nuevas entrevistas, analizar los resultados, contar sus experiencias, y realizar una evaluación final.


Y empezó el experimento. Se fue a buscar a cada uno de los estudiantes a su casa como si fueran apresados realmente.


A lo largo de los capítulos primeros se describen las rutinas empleadas. Los carceleros hacen recuentos diarios de presos varias veces al día y durante la noche. Al menor motivo que consideran que no se han cumplido reglas se exceden en castigos que consistirán en repetir frases una y otra vez; o en ser despertados con el estruendo de silbatos y golpes de porras en los barrotes de las celdas hediondas; o, puestos en fila de cara a la pared, o recitándoles las normas y haciendo que las repitan una y otra vez hasta que consideran que están correctamente dichas; a veces les hacen desfilar como si estuvieran en el ejército y les obligan a que deshagan totalmente las camas y que las vuelvan a hacer con la máxima precisión, y se pongan de pie junto a su cama para hacer una inspección y si no se consideran bien hechas han de hacerse y deshacerse una y otra vez. Les hacen cantar sus números… miles maneras de presionarles. Alguno, agotado por la falta de sueño y harto de tantos maltratos, se niega a hacer abdominales como se le ha dicho, lo que irá acumulando la hostilidad en su interior y, sintiéndose violento, comienza a dar empujones y a gritar. Sufrieron castigos como ir al hoyo, cantar repetidamente canciones infantiles o sin sentido, estar esposados, levantarles habiéndoles dejado dormir muy poco. En los desfiles cada recluso había de tocar con su mano el hombro del preso que estaba delante de él, yendo con el brazo extendido. Los carceleros no querían que vieran nada del mundo exterior y para eso los presos iban encadenados unos a otros por los tobillos, y llevaban la cabeza cubierta por grandes bolsas de papel.


Y esas cosas ocurrían un día y otro y otro. Cualquier error era buena ocasión para castigos, pero no había lógica en sus apreciaciones de lo correcto y lo incorrecto. Poco a poco se pudo ir viendo claramente la profunda transformación que experimentaron los estudiantes Hubo reclusos que después comentaron que se habían sentido en una situación parecida a la de los prisioneros de guerra que eran apresados y encarcelados en grupos en Abu Ghraib. Y también a lo que habían conocido acerca la situación que se tenía en tiempo de Saddam Hussein, donde se cometían torturas y asesinatos. Los estudiantes tenían unas condiciones mucho más humanas y mejores, no tenían las condiciones de las personas que habían sido encarceladas como prisioneros de guerra que al llegar se encuentran con una comunidad de reclusos en la que hay cambios de presos, unos que llegan y otros que salen. En esta experiencia eran siempre los mismos reclusos.


“La humillación de ser unos esclavos de los carceleros era lo peor” (pág. 222). En algún momento hubo que liberar a algún estudiante que tenía el papel de preso. Su desmoronamiento llegó a ser preocupante por el estado depresivo en el que cayeron debido al profundo estrés.


Crearon una junta de libertad condicional para que tomara medidas disciplinarias cuando se repitiera la insubordinación, o ataques violentos, malhumor o si alguno incitaba a desobedecer a otros.


Se describen a los largo de los capítulos algunas escenas de rebeldía de reclusos, así como de las medidas tomadas por los carceleros y esto se hace de forma tan realista y cruda que se acrecienta de manera muy intensa el interés por no dejar la lectura y seguir sumergiéndose para ver lo que pasa. “Los carceleros expresaban sus verdaderos sentimientos, no se limitaban a representar el papel de carceleros” (pág. 228). Se fueron haciendo cada vez más deshumanizados y “creativos” en su forma de tratamiento a los reclusos. Y algunos de estos se fueron haciendo más sumisos. Cuando comenzó la experiencia todos parecían buenos chicos, pero con el paso de los días sucumbieron a las presiones de la situación que vivían y comenzaron a actuar unos con intensa maldad y otros con gran sometimiento y pasividad, hasta quedar únicamente 5 reclusos. “El poder de la situación donde se realizó este estudio de la naturaleza humana los había acabado atrapando por completo” (pág. 242)


Finalmente, de manera repentina y antes del tiempo previsto decidieron terminar el experimento. El detonante fue que una psicóloga, ajena a esta experiencia, que en cierta ocasión fue a observarles, sufrió una fuerte impresión ante el sufrimiento que vio que se estaba ocasionando a los estudiantes y lo comentó con el que la dirigía, diciéndole que “son chicos que están siendo deshumanizados y humillados por otros chavales que han perdido el norte moral” (pág. 238). Incluso ella notó que el mismo director de esa investigación que siempre había sido un hombre que sentía un fuerte afecto por los estudiantes y se preocupaba mucho por ellos, en esos momentos no era la persona afectuosa y sensible a las necesidades de los demás. Se confirmó con ello que los mismos organizadores habían sufrido un cambio al haber interiorizado igualmente ciertos valores destructivos. Así que los estudiantes rellenaron unos cuestionarios, les pagaron lo que estaba propuesto, y celebraron una comida de despedida. Quedaron con ellos en que volverían pasado un tiempo para ver los vídeos que habían sido seleccionados y para hablar de su experiencia con más objetividad.


4.- El final de la experiencia. La puesta en común


La puesta en común estuvo destinada a varios fines: que los participantes pudieran expresar cómo les resultó su experiencia en la investigación y dejar bien claro que lo ocurrido no había sido debido a patologías personales, ya que en las entrevistas iniciales se les eligió porque se consideró que eran chicos sanos y normales, sino que sus conductas habían estado referidas al influjo de un contexto que por ser tan atípico había precipitado las experiencias extremas tanto en los que hacían de reclusos como en los que actuaban como carceleros. La puesta en común también supondría una especie de “reeducación moral” pudiendo observar ahora, de forma más objetiva por el paso del tiempo, las actuaciones realizadas y las alternativas por las que podrían haber optado. Todos los estudiantes, tanto carceleros como reclusos, se reunieron y comentaron las emociones que les habían arrastrado y cómo teniendo todos el mismo rol habían actuado de formas muy distintas. Además, se les dio un cuestionario para que realizaran una evaluación de la experiencia, así como un breve diario con los sucesos que más recordaran durante el mes siguiente. Por ello cobrarían un plus. Posteriormente se celebraría una reunión para revisar los datos que habían reunido, ver diapositivas y vídeos.


Ninguna de las patologías que se describen en los estudiantes durante el experimento de la prisión de Stanford se había observado antes del comienzo, se desarrollaron durante el tiempo de encierro carcelario simulado.


Cuando al terminar comentaron los resultados de la experiencia, los estudiantes empezaron a contar y analizar sus impresiones, sus sentimientos, qué es lo que había ocurrido en ellos, tantos los presos como los carceleros. Algunos presos hablaron de su sentimiento de pérdida de identidad, olvidaron que se trataba de hacer una simulación, “me di cuenta de que todos estaban tan metidos en aquello que además de sufrir ellos, también hacían sufrir a los demás” (pág. 233)


Como su sueño se ve interrumpido muchas veces por la noche, llegará un momento en que los carceleros no podrán determinar el efecto que les produce a los presos el hecho de haber dormido poco, de forma que algunos llegaron a actuar en múltiples niveles mezclando lo puramente legal con los derechos de los reclusos, su tendencia, y eso a pesar de que estaba prohibida la violencia, pero los castigos a los que eran sometidos, rayan en el límite. Usaron una forma de maltrato muy sutil mediante normas y procedimientos arbitrarios.


Alguno comentó que él en la vida ordinaria se sentía pacifista y que esa violencia con la que actuó en el experimento no era la que él usaba normalmente. Eso ocurrió en algunos momentos con casi todos reclusos. A pesar de todo, hubo quien no había perdido su tenacidad y su espíritu. Otros comentarios eran: “Era al carcelero a quien odiaba al que dirigía la conducta, reaccionaba contra el uniforme”; “sentí que esa era la imagen que tenía de mi por eso me defendí como carcelero”; “fue entonces cuando me di cuenta de que estaba tan preso como ellos”; Todos estábamos atrapados en aquella situación tan opresiva, pero nosotros, los carceleros, tuvimos la ilusión de ser libres”.


Esto ayudó a Zimbardo a defender su tesis de la naturaleza esclavizadora que supuso aquella situación.


“...el aburrimiento y otros aspectos de la vida en prisión se pueden aprovechar para hacer que la gente se sienta desorientada. Para ello se actúa de una manera impersonal, se ordena realizar trabajos aburridos, se castiga a todos los reclusos cuando hay alguno que se porta mal, les exiges que hagan a la perfección las cosas totalmente triviales en las horas de ejercicios […] he intentado agudizar la alienación de los reclusos aplicando estas técnicas…” (p. 225).


Habían interiorizado tanto su papel que los roles que debían actuar y el ambiente creado transformaría bastante a unos y a otros hasta el punto de maltratar a los reclusos. Y podrá verse asimismo hasta qué punto dos factores como son el poder y la impotencia pueden transformar a seres humanos, y cómo la naturaleza humana puede ser enriquecida o empobrecida


Desde el punto de vista de la psicología social, se pudo estudiar el tema de las relaciones entre los reclusos y el personal penitenciario, cómo influye el sistema penitenciario como institución, la resistencia a las influencias no deseadas, las situaciones que pueden contribuir como circunstancias atenuantes a la conducta individual que lleva al maltrato, las diferencias de poder de carceleros y prisioneros en sus interacciones diarias, las primeras protestas, las pequeñas rebeliones, el cansancio, la irritación, la distorsión del tiempo, los gritos e insultos a los presos.


5.- Experiencias que tuvieron los actores de la investigación


Después del estudio, los estudiantes hicieron una reflexión de sus experiencias personales y describieron sus emociones así como la puesta en marcha de sus funciones. Se escucharon reflexiones de este estilo:


·         No saber cómo realizar el papel destinado y fijarse en los demás para actuar en una situación determinada


·         Ocultar sentimientos que pudieran ser considerados como débiles y transformarlos en conductas sádicas mediante crueldad arbitraria con los reclusos


·         Contribuir a que los reclusos perdieran su identidad y adquirieran otra nueva


·         Crear sensaciones de frustración y aburrimiento, miedo, arbitrariedad


·         Sentirse sin intimidad ni libertad de acción


·         Sentirse despojado de su individualidad


·         Los carceleros tenían todo el poder, los reclusos no tenían ninguno


·         Dificultades para seguir adelante en el experimento pensando en lo que les esperaba


·         Agresividad contenida, desafíos, enojo y confusión, miedo, debilidad, sentimientos de total indefensión


·         “Los veía como borregos y su situación no me importaba lo más mínimo… a veces estaba a punto de olvidar que los presos eran personas...” (pág. 223).


·         Algunos reclusos sufrieron trastornos graves de carácter emocional y cognitivo, y tuvieron que ser liberados antes que los demás. Los que siguieron la experiencia fue porque desarrollaron una abulia y una obediencia ciega a la autoridad.


·         Repetir muchas veces las normas y cada vez con más exigencia


·         Al principio, mientras unos se rebelaban otros se mantenían a distancia y no hacían nada tomándolo como una broma.


·         El gusto de algunos por la sensación de dominio


·         Hambre y falta de descanso dan paso al pensamiento de tramar una revuelta


·         Solidaridad entre reclusos


·         Los carceleros usan tareas arbitrarias y sin sentido como instrumentos de poder


·         Personas normalmente tranquilas confesaron que ante un trato discriminatorio y cruel mostraron su violencia y su rebelión. Con ello sintieron fortalecido su ego al conocer cuál es su reacción ante una situación violenta.


·         El tiempo y la opresión como inventores de sistemas de resolución de problemas degradantes.


·         Los carceleros cambiaron de vez en cuando entre ellos su rol de bueno por el de malo que se habían adjudicado y viceversa


·         Los reclusos se atacaron unos a otros en lugar de apoyarse


·         Confusión mental, inestabilidad grave en algún recluso ante tanta disciplina y exigencias. Sobre todo en personas con personalidades excesivamente sensibles que ante tanto estrés les impulsaban a reaccionar también excesivamente a las condiciones de la prisión;


·         El poder de las fuerzas situacionales sobre la disposición previa de los reclusos les había superado. Es lo que estaban estudiando en el experimento


·         Los carceleros que se habían situado como líderes al principio aparecerán después como menos agresivos que otros. Estos últimos son más agresivos en sus modales, verbalmente, en los castigos, en provocaciones, actúan con más maldad. Hay quienes se muestran más pasivos e intervienen menos en ejercer el control, y quienes tienen más deseos de poder, de ser considerados como los jefes de turno, los hay más creativos en los ejercicios de castigo.


·         “Me di cuenta de que mis emociones eran mucho más fuertes de lo que pensaba... si estar en una prisión se parece a lo que he pasado aquí, no veo cómo puede ayudar eso a nadie”. (pág. 232)


A pesar de las mejores condiciones de la “prisión de Stanford”, ésta se convertiría en escenario de maltratos semejantes a los cometidos en otras prisiones. Al principio los carceleros sentían culpa por las humillaciones y degradaciones que infligían a los reclusos: algunos obedecían sin rechistar, lo que enfadaba a otros que los veían como sometidos; empezaron a sentir hambre, a tener castigos cada vez más arbitrarios y con mayor creatividad en la maldad, los carceleros para reforzar su controles se burlaban despiadadamente de los reclusos, hubo luchas de poder entre los carceleros, competencia por la jerarquía, alianzas en pares o tríos con el consiguiente recelo de los otros.


Después de terminar el experimento, Zimbardo describe así su sentimiento:


“...en aquel momento prometí solemnemente dedicar todo el poder que pudiera tener en favor del bien y en contra del mal, impulsar lo mejor que hay en la gente, trabajar para liberarla de sus prisiones autoimpuestas…” (pág. 249)


6.- Las tesis del autor


Varias son las tesis que se plantea empíricamente y que defiende Zimbardo a lo largo del libro tras llevar a cabo su investigación


1)    Observar cómo cambia la gente en una prisión donde el único poder lo tienen los carceleros. ¿Puede ser inducida una persona buena a obrar mal? ¿Qué podemos hacer cada uno? ¿Hay un héroe dentro de cada uno de nosotros?


2)    La influencia del ambiente en la dinámica de la conducta humana. El autor viene a concluir que “el poder sutil pero penetrante de una multitud de variables situacionales puede imponerse a la voluntad de resistirse a esta influencia” (pág. 19). “El impacto potencialmente tóxico de la maldad de ciertos sistemas y situaciones para hacer que unas personas buenas se comporten de manera patológica ajena a su forma de ser.” (pág. 271)


3)    El estudio de la psicología del mal. La transformación del carácter por la situación. Define Zambardo:


a.     “La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice, o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sintético para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre” (pag. 26)


4)    ¿Qué conocemos de nosotros, de nuestras vulnerabilidades?:


a)    ¿sabemos cuál es el límite de lo que podríamos llegar a ser o llegar a hacer en circunstancias especiales, en situaciones límite, en defensa propia, donde nuestros hábitos y normas adquiridas no le valen a nuestro yo?. “Cuando crees que conoces a alguien, te das cuenta de que, en el fondo, no conoces más que el pequeño fragmento de su naturaleza interior que has vislumbrado tras unos breves contactos directos o indirectos”. (pág.. 235)


b)    ¿Cómo influyen los roles que nos han sido asignados, no sólo en la familia, sino también en el trabajo, en las amistades?


c)    ¿Cómo intentamos entender un acontecimiento inesperado?


d)    ¿Creemos que en el género humano hay “factores internos” que nos hacen ser buenos o malos?


e)    ¿Somos conscientes, conocemos cuál y cuánta es la influencia del poder social en nosotros, hasta qué punto estamos a merced de factores como una situación concreta, un momento determinado, la multitud, en la determinación de nuestros sentimientos y de nuestros actos?


Sería bueno que cuando conozcamos diversas formas de mal en otros puntos del planeta (estafas financieras de altos cargos, maltratos, intimidaciones, abuso sexual, tráfico de drogas, violaciones, asesinatos, secuestros, torturas, planificaciones efectuadas por hombres sin participación o siendo ésta escasa por parte de las mujeres, actos de crueldad para quebrar la voluntad del individuo, sistemas de exterminio en los campos de prisioneros nazis, terrorismo suicida..., nos preguntáramos ¿yo también lo haría sometido a técnicas de terror que han sido diseñadas especial y cuidadosamente para ello? ¿Es una cualidad” que sólo se da en algunas personas y no en otras: Hitler, Pol Pot, Saddam Hussein, Stalin?


5)    Los sistemas de poder.


“Los Sistemas son como motores: ponen en marcha situaciones que crean contextos conductuales, unos contextos que influyen en la actuación de quienes se hallan bajo su control” “...la situación (se refiere a la experiencia, nota mía) hizo salir lo peor de muchos de aquellos estudiantes transformando a unos en autores de maldades y a otros en víctimas patológicas…” Y afectaron también al mismo director de la prisión y que al tiempo era investigador de la experiencia porque “toda mi vida me opuse al concepto mismo de la figura de autoridad: el hombre dominante, autoritario, con un status elevado. Y yo encarné esa abstracción” (pág. 250 - 251).


Zimbardo explica que hay un paralelismo entre los procesos psicológicos dinámicos y las fuerzas situacionales, y los sistemas sociales.


Ante una conducta compleja, además de la disposición y la situación, no se puede obviar el sistema: condiciones de trabajo insostenibles, no ejercer los responsables unos métodos de supervisión sistemáticos, toma de decisiones adecuadas, intereses estratégicos en los puestos de mando, jerarquías de dominio sobre la base de influencias y formas de comunicación y propaganda hostil, sembrar miedo en la opinión pública...


Todo ello son construcciones psicológicas que se implantan en la psique humana y llegan a presentar a ciertos seres humanos de forma deshumanizada y despreciable, transformando a unos en enemigos de otros y llegando al absurdo de que personas pacíficas actúen con otros de forma irracional y los consideren seres peligrosos frente a sus ideas y valores. Ejemplos de esto son la justificación del genocidio de Darfur, las políticas de los gobiernos de los jemeres rojos en Camboya, de Saddam Hussein, de Mao Zedong, de Stalin en Rusia, las matanzas de turcos a armenios, de hutus y tutsis en Ruanda, la violación de mujeres chinas por soldados japoneses en Ranking, la influencia que supuso en los jóvenes alemanes la maquinaria propagandística de Hitler[1].


6)    El autor describe en este libro su tesis de que cualquiera de nosotros puede volverse malvado y acabar actuando de forma escalofriante, y nos lleva a pensar que el ser humano, bajo presión, abandona su humanidad y cumple órdenes de forma irreflexiva, viendo a otros como seres deshumanizados. De sobra sabemos que el hecho de que un hombre mate a otro se ha dado a lo largo de la historia, aun siendo amigo, vecino o conocido[2].


7)    Se explica en el libro la teoría de Bandura sobre la desconexión moral, deshumanizando a posibles víctimas. “Nuestra capacidad de conectar y desconectar selectivamente nuestros principios morales […] explica por qué la gente puede ser cruel en un momento y compasiva en el siguiente” (pág.. 43)


8)    Factores como las experiencias sociales infantiles, el sometimiento al grupo y la obediencia al líder en la adolescencia para supervivir y sentirse perteneciente al mismo, pueden ser determinantes en gran parte del resultado de las conductas adultas. Dice el autor que nos preguntemos:¿sería yo capaz de actuar con maldad?”


9)    Zimbardo plantea en el desarrollo de su obra varias concepciones sobre el origen de la respuesta a las conductas del mal:


·         El mal como algo fijo e interno o como algo mutable y externo


·         Resolución de situaciones por efecto


a)    De factores disposicionales individuales, cuando es el individuo quien decide o es llevado por caracteres personales a realizar acciones o a ser víctima de ellas


b)    Por factores causales, espaciales, circunstanciales alrededor de la realización de una conducta


Según predominen una perspectiva u otra obtendremos formas distintas de abordar y solucionar los problemas personales y sociales, así como de combatir los males empleando técnicas malvadas


10)  Piensa el autor que las conclusiones de este estudio, servirán a la psicología y a los psicólogos para tener en cuenta no sólo el poder y/o la vulnerabilidad personal, sino el poder del sistema, sus reglas y normas, implícitas o explícitas, en donde se inscribe ese poder o vulnerabilidad personal para saber conocer y poder combatir las influencias sociales no deseadas.


7.- Conclusiones


Creo que se pueden extraer varias conclusiones de la lectura de este atractivo y espléndido libro, plagado de ejemplos que refuerzan las tesis o las afirmaciones del autor y que lo convierten en un libro no sólo de entendible lectura, sino lleno de amenidad, claridad de exposiciones psicológicas, actualidad de ejemplos relaciones de ideas antiguas y actuales y muchas ganas de seguir leyendo por su amena lectura. Es así de tal manera que las humillaciones que sufrieron los reclusos en momentos tan dramáticos se describen de tal modo intensas que según se van leyendo uno las siente emocionalmente como si las hubiera vivido.


Y también se puede con concluir que eso mismo se puede trasladar a otras prisiones que nos imponemos a nosotros mismos como la timidez, los prejuicios, la vergüenza, el miedo y el poder actuar de manera consciente y crítica


Tras la lectura de este libro son varios los interrogantes que nos vienen a la mente:


¿Qué aportan las personas a una situación carcelaria y qué aporta esta situación a las personas que hallan en ella?


¿Pueden los valores, las actitudes y la personalidad de un individuo ser puestos en duda en condiciones situacionales de conflicto? No hubo maltrato físico, pero hubo un fuerte sadismo que logró perturbarlos emocionalmente en gran manera.


¿Qué procesos se dan para que personas buenas o al menos normales puedan llegar a ejecutar actos malvados? ¿Cómo ciertos factores culturales, religiosos, políticos, históricos, económicos, de obediencia a la autoridad, la pasividad frente a las amenazas, autojustificación, deshumanización, racionalización, etc., pueden ser fuente de desindividuación en contextos determinados? “El poder de la situación puede más que el poder de la persona en determinados contextos” (pág. 17) “¿Podemos aprender a ser buenos o malos con independencia de nuestra herencia genética, nuestra personalidad o nuestro legado familiar?” (pág. 28)


Al llegar al final de la lectura de este libro pienso que pueda ser probable que el autor esté influido por sus orígenes personales, por haber vivido de pequeño en un gueto, parece haber a lo largo de la lectura del libro una identificación mayor con los reclusos que con los carceleros, él quiere que los carceleros siembren en los reclusos las sensaciones que tiene una persona privada de libertad, que está rodeada de personajes que crean situaciones de temor, y todo ello para preguntarse cuáles son los procesos ambientales y sociológicos que actúan en una prisión


Zimbardo va narrando durante todo el libro con tan gran minuciosidad y de forma tal que mantiene la atención y el deseo de seguir leyendo sin parar hasta el final. Es curioso que tratándose de los hechos ocurridos a diario en una cárcel y sin más diferencia que el estilo del carcelero de turno, esté narrado de tal forma que se lea con gran avidez.


 








[1] Nota de la autora de la reseña: Yo conocí dos personas alemanas mayores, extraordinariamente buenas, que me contaron su participación en la guerra alemana, cómo siendo jóvenes fueron alentadas por la fuerza de las ideas que les transmitieron. Cuando me lo contaban, ya mayores, estaban horrorizadas de la influencia de esa propaganda que les hizo ser como en realidad no eran, que les presentó a los judíos como indeseables, como la gran amenaza y como culpables de sus problemas. Cuando les conocí puedo asegurar que eran seres muy morales, pero parece que en especiales circunstancias, esa moralidad se desconectó.


[2] Pensemos en lo que nos han transmitido nuestros mayores acerca de la Guerra Civil española, sobre todo en los rencores ocurridos en los pueblos. Nota de la autora de la reseña del libro