Liberando al Self: el legado de Heinz Kohut [Mollon, P., 2001]

Publicado en la revista nº020

Autor: Marrone, Mario

Releasing the Self: The Healing Legacy of Heinz Kohut. Por Phil Mollon. 2001: Londres (Whurr) 

Introducción


El autor de este libro, Phil Mollon, es miembro del así llamado “Grupo Independiente” de la Sociedad Psicoanalítica Británica. Combina su practica privada como psicoanalista con su trabajo como psicólogo clínico en un hospital general del condado de Hertfordshire, Inglaterra, donde ha adquirido gran experiencia clínica en el tratamiento de patologías graves. También ha trabajado en la Clínica Tavistock de Londres. Asimismo, es miembro del “Advisory Board” del “New York Institute for Psychoanalytic Self Psychology”.  Mollon es un hombre de mediana edad, delgado, canoso, de voz apagada, con una apariencia sosegada y nada ostentoso. En sus actuaciones como ponente o miembro de mesas redondas en congresos y jornadas, habla de manera clara y concisa, manteniendo siempre una actitud modesta y tranquila.  


Mollon es un escritor prolífico y ha publicado numerosos libros.   Sus áreas de interés incluyen Heinz Kohut, la Psicología del Self, la Teoría del Apego, el trauma y las memorias traumáticas, estados mentales disociativos, trastornos en las experiencias del Self, vergüenza y, más recientemente, las neurociencias y la aplicación del método de desensibilización y reprocesamiento mediante movimientos oculares a la terapia de estados post-traumáticos.



Este libro se refiere a la obra de Heinz Kohut (1913-1981). Combina una descripción objetiva de algunos puntos importantes que caracterizan la estructura básica del pensamiento de Kohut con una evaluación de sus ideas desde el punto de vista del psicoanálisis contemporáneo.



Como es bien conocido, particularmente para los lectores de “Aperturas Psicoanalíticas”, Kohut fue una figura importante  del movimiento psicoanalítico del siglo XX, particularmente en los Estados Unidos. Siendo médico, después de dejar su Viena natal en 1938 cuando los nazis se adueñaron de Austria, inmigró a Londres (donde permaneció durante un año) y posteriormente a Chicago, donde vivió el resto de su vida. Muchos historiadores del psicoanálisis norteamericano lo describen como la figura más creativa del Instituto de Psicoanálisis de Chicago. Sin embargo, a medida que fue desarrollando y publicando sus ideas, que eran nuevas en el contexto del psicoanálisis predominante en Chicago, sus colegas lo marginaron. Kohut sufrió en Chicago el rechazo que recibió Bowlby en Londres. Sin embargo, con el paso del tiempo, sus ideas han sido reconocidas por muchos analistas y su contribución no puede ser ignorada.



Aunque Mollon no lo explica en su libro, sabemos que Kohut, antes de su marginación en el Instituto de Chicago, llegó a ser presidente de la Asociación Psicoanalítica Americana. Allí observó las maniobras que colegas respetados efectuaban al servicio de sus intereses personales. Aparentemente, esas observaciones lo llevaron a buscar una comprensión más profunda del narcisismo y de las manifestaciones en el ámbito institucional de aspectos no analizados de caracteropatías narcisistas en profesionales que se suponía habían pasado por un buen análisis, prolongado e intensivo.



Como es bien sabido, Kohut fue creador de una escuela de pensamiento psicoanalítico conocida como “Psicología del Self”, cuyo énfasis en el rol de la empatía como organizador psíquico subrayó la importancia de la función parental satisfactoria para promover el desarrollo óptimo de la personalidad y estabilidad emocional a lo largo del ciclo vital.



Kohut fue una figura paradigmática en la vida intelectual de los Estados Unidos. Durante los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, muchos psicoanalistas – un número importante de ellos, como ocurrió también en Inglaterra, eran judíos de Europa Central-dieron vida al desarrollo del pensamiento freudiano y formularon nuevas hipótesis y teorías.  Heinz Kohut adquirió una posición de liderazgo en este campo, aunque, como ya he dicho, sus ideas no fueron aceptadas de manera unánime.


Mollon explica que la obra de Kohut ilumina áreas oscuras de la vida psíquica. Kohut propone una manera de trabajar que nos ayuda a establecer un contacto productivo con pacientes que tienen una vulnerabilidad narcisista y que, bajo otro enfoque, tienden a reaccionar a las intervenciones terapéuticas de forma negativa. Un psicoanálisis que no se fundamente en una comprensión profunda del rol de la empatía y de la patología del Self, dice Mollon, nos puede llevar a provocar stress y daño en pacientes vulnerables.


Mollon nos advierte que los aportes de Kohut han sido eclipsados antes de que la comunidad psicoanalítica los haya comprendido e integrado. Esto se debe a dos tendencias que podríamos llamar “post-Kohut”. En primer lugar, algunos escritos sobre Kohut simplifican y distorsionan sus ideas, eliminando sus aspectos más sutiles y arrancándolas de sus raíces psicoanalíticas. En segundo lugar, con la emergencia en Estados Unidos de la escuela “intersubjetiva” (que se basa solo parcialmente en el pensamiento de Kohut), la contribución original de Kohut queda desdibujada.


Capítulo 1: Rabia, vergüenza y terror presimbólico.


Mollon inicia este capítulo con un caso clínico, una paciente de una unidad psiquiátrica hospitalaria que se queja de ansiedad, depresión e ideas paranoides. En la entrevista, la paciente describe sus síntomas y quejas con cierta ambigüedad. Hablando de su historia personal, refiere una serie de eventos de su vida penosos y problemáticos. Ha tenido un aborto espontáneo, su matrimonio se ha roto, tiene conflictos con sus padres y ha descubierto que su hijo adolescente  consume drogas. Sin embargo, la paciente se agita y enfada cuando se exploran estas áreas de su vida, calmándose cuando el medico le dice que tal vez ella siente que su mente se está desintegrando y ese sentimiento le debe dar un gran susto.


Cuando un paciente está bajo los efectos de la ansiedad de desintegración, a veces el examen del contenido de la experiencia debe ir precedido por una interpretación empática de la estructura de la misma. Alusiones a la ansiedad de fragmentación ocurren cuando la gente dice que se siente “hecha pedazos”, “hecha polvo”. Una noción similar fue enunciada por Balint (1968) usando el término “falla básica”. Esta ansiedad no es el resultado de un conflicto pulsional, de fantasías o de necesidades de relación objetal. Es una pena que Mollon no defina aquí el concepto de “estructura de experiencia”. En mi opinión, uno de los problemas con los escritos de Kohut, es que a veces parece que los términos se definen a sí mismos, por así decir. Según mi propia interpretación, Kohut utiliza la palabra estructura para diferenciarla de afectos, pulsiones y contenido (conflicto con los otros). Es difícil entender a Kohut sin haber adquirido una idea clara del significado que le da a los términos que él crea y utiliza.


El antídoto a la experiencia de fragmentación, vergüenza, rabia, terror y alienación es la respuesta empática del otro. En el niño, la preservación y restauración de la coherencia y organización del Self depende de la capacidad de sus figuras de apego para calmarlo. En terapia, la disponibilidad empática del terapeuta es esencial para lograr objetivos terapéuticos óptimos.


Capítulo 2: Discerniendo estructuras invisibles


Mollon explica que, mientras que en psicoanálisis tradicional la tendencia es interpretar el contenido inconsciente de las palabras y conductas del paciente, Kohut se interesa por buscar la carencia en la estructura psíquica. Mollon cita a otros autores para buscar puntos en común con este concepto, a pesar de lo cual, esto reafirma el hecho de que Kohut presenta una perspectiva radical al sostener que las fantasías primitivas, las imágenes arcaicas del Self y del objeto, como también los deseos y pulsiones asociados con aquellos (que constituyen el material común de las investigaciones psicoanalíticas) se podrían entender mejor como derivativos de experiencias de fragmentación o vaciamiento y como la expresión de deseos profundos de recibir respuestas empáticas.


A pesar de que por mi conocimiento personal de Phil Mollon sé que está familiarizado con la teoría del apego, uno de los puntos débiles de su libro es que no establece un vínculo entre conceptos afines de la teoría del apego y de la psicología del Self. Por ejemplo, en términos de la teoría del apego, la capacidad de las figuras parentales de proveer respuestas sensibles es crucial para el desarrollo de la personalidad y la capacidad interna de establecer estabilidad y regulación afectiva. Esta es una premisa teórica fundamental que no sólo se basa en la observación clínica sino también en la investigación empírica. De cualquier manera, en este libro, Mollon enfatiza el significado teórico y clínico de la obra de Kohut, subrayando que su posición nos permite explorar los contenidos mentales del Self en estado de desintegración y discernir las estructuras invisibles subyacentes.


El paciente, en el transcurso de la terapia, en aquellos momentos en los cuales siente que su analista le responde con empatía, experimentará un sentimiento relativo de bienestar y su funcionamiento psicológico ha de mejorar. En cambio, cuando el paciente siente que su analista falla en su función empática, podrá sentirse mal. Mollon no habla aquí de iatrogenia. Sin embargo, desde mi punto de vista, el paciente puede sentir que su analista falla en su función empática porque transferencialmente revive experiencias pasadas de falta de empatía por parte de sus figures de apego o porque, en realidad, el analista no está respondiendo empáticamente. Esto puede ocurrir cuando el analista tiene problemas de personalidad no resueltos o cuando trata de adaptarse a una teoría de la técnica que no privilegia la función empática. Mollon retoma este tema en el capítulo 11.


Más adelante en este capítulo, Mollon define algunos conceptos básicos de la obra de Kohut, tal como objeto del Self y establece la distinción entre este concepto y el de objeto. Mientras que en la literatura psicoanalítica el término objeto representa al otro con quien uno se relaciona o –más frecuentemente- a la representación interna del otro, el objeto del Self consiste en la experiencia interna que una persona tiene del otro. Se ha convertido en práctica actual en la psicología del Self usar la expresión “Self experience” para referirse a la experiencia que provee el objeto del Self.  Aunque Mollon no aclara el concepto con precisión, da a entender que esta experiencia tiene características específicas: ocurre cuando el otro –o sea la figura de apego– logra, a través de sus comunicaciones verbales y no verbales, calmar al sujeto. Esta experiencia cumple, para el bebé, una función clave en darle coherencia a su naciente Self. Más adelante, Mollon distingue tres variantes de los objetos del Self y los distintitos tipos de transferencias propuestos por Kohut y su colaborador y discípulo Ernest S. Wolf. Wolf (quien actualmente vive en Estados Unidos pero viaja frecuentemente a Inglaterra a dar seminarios y visitar a su hija Elizabeth, que es una analista del grupo independiente británico) ha hecho una contribución importante a la teoría del Self y al rol del analista en la reparación de las heridas del Self.


Aunque Mollon no lo dice en su libro, sabemos que en el Instituto de Psicoanálisis de Chicago, Kohut estaba rodeado de un grupo de analistas, jóvenes entonces (John Gedo, Arnold Goldberg, Michael Basch, Paul y Anna Ornstein, Paul y Marian Tolpin y Ernest Wolf), que le dieron apoyo y contribuyeron a la difusión y desarrollo de la psicología del Self, aunque –como me informa Hugo Bleichmar-ulteriormente John Gedo desarrolló críticas a la Psicología del Self.


Uno de los aspectos interesantes del libro de Mollon, es que no se trata de una biografía de Kohut ni se limita a presentar su obra e ideas. Por el contrario, Mollon compara ideas de Kohut con las de otros autores, incluyendo algunos cuya posición Kleiniana es diametralmente opuesta a la psicología del Self. Esta manera comparativa de exponer las ideas de Kohut es enriquecedora, aunque a veces el lector tiene que luchar para separar conceptualmente las ideas de Kohut de la de otros autores.


En este capítulo, Mollon no solamente enuncia principios teóricos sino que también, como lo hace a lo largo del libro, se interesa por la aplicación directa de estos principios a la práctica del psicoanálisis, incluso usando ejemplos de casos clínicos. En el capítulo 2, explorando el significado del caso del Sr. A., un paciente de Kohut, Mollon subraya –como lo ha hecho con más detalle en otras publicaciones suyas- la importancia de reconstruir históricamente la desilusión que sufrió de niño en la relación con su padre y su madre.


En este sentido, coinciden mi posición y la de Mollon y contrastan con el énfasis en el “aquí-y-ahora” que ha tenido un modelo predominante en Gran Bretaña y zonas de influencia. Sin embargo, Mollon también recalca la necesidad del niño, en este caso el Sr. A., de idealizar al padre y las consecuencias negativas de no poder hacerlo. Desde luego, este punto conecta con el concepto de Kohut de “transferencia idealizante”, un tema del cual se ha hablado mucho en la literatura de la psicología del Self. Para explicarlo de manera simple y concisa, Kohut pensaba que el individuo, particularmente en el curso de su infancia, busca a un objeto del Self idealizado. A esa búsqueda la llama “imago parental idealizada”,  para referirse a cuando, en la infancia, el objeto del Self puede proveer esa imago, que considera necesaria para la autoestima del niño, al fusionarse con ella. Cuando en el curso del tratamiento se reactiva esa necesidad de una figura idealizada con la cual fusionarse, entonces la denomina “transferencia idealizante”.


Desde mi punto de vista, las palabras “transferencia” e “idealización” no son idóneas para reflejar las nociones que trataba de formular Kohut. Según su definición original, la idealización es un mecanismo de defensa que consiste en exagerar los aspectos positivos de una persona o situación a expensas de reconocer los aspectos negativos. Investigaciones actuales en el campo de la psicología evolutiva y los estudios del apego demuestran que lo que el niño necesita es disponibilidad, aceptación, empatía y capacidad reflexiva por parte de sus figuras de apego. Pero ¿por qué llamar a esas condiciones “idealización” y al proceso de buscarlas “transferencia”? Kohut fue un pionero y, tal vez, si hubiese vivido más años, hubiese modificado su lenguaje a la luz de las investigaciones actuales sobre desarrollo temprano. Sin embargo, no sabemos si Kohut hubiese estado abierto a esas investigaciones, que tienen lugar fuera del contexto psicoanalítico. Como lo veremos más tarde, Kohut, al igual que la mayoría de los psicoanalistas, valoraba la investigación clínica (o sea lo que se descubre en la situación analítica con el paciente) y le daba a la empatía un papel fundamental como instrumento de investigación.


Capítulo 3: Perversión, la escisión vertical  y la dimensión psicoeconómica


Kohut estableció una distinción importante entre las escisiones “horizontal” y “vertical”. En la primera, el material intrapsíquico es reprimido. En la escisión vertical, en cambio, el material intrapsíquico no es reprimido pero se ignora su significado emocional. Este proceso lleva a la coexistencia de contenidos intrapsíquicos que no se comunican mutuamente. En este sentido, el concepto de escisión vertical es una manera de definir lo que otros autores llamamos “procesos disociativos”. De hecho, Mollon se refiere más explícitamente a la disociación en capítulos posteriores.


Mollon, en este capítulo, trata de explorar una interpretación de la sexualidad atípica o perversa sobre la base de una expresión erotizada de necesidades narcisistas. Dicho así, la explicación parece simple. Sin embargo, Mollon continua desarrollando el tema con la ayuda de ejemplos clínicos. Cita a Kohut cuando éste dice que el impulso a la perversión es más irresistible que el simple deseo de satisfacción genital. El motivo por el cual esto ocurre es que la perversión constituye un intento de llenar un déficit estructural en la organización del Self.  Este punto de vista no es incompatible con la idea que Diamond y yo proponemos (Diamond y Marrone, 2003), que la conducta sexual atípica es un intento de reparar el daño ocasionado por experiencias traumáticas con las figuras de apego en la  infancia. Diamond y yo preferimos hablar de “conducta sexual atípica” y no de “perversión”, ya que esta palabra tiene una carga semántica con connotaciones moralísticas, religiosas y políticas que distorsionan el verdadero significado clínico de los fenómenos que intentamos describir y categorizar.


Kohut cuestiona la vigencia del complejo de Edipo como explicación universal de la psicopatología. En la época en que Kohut vivía en Chicago, la idea dominante era que la psicopatología se debía fundamentalmente a la falta de resolución del complejo de Edipo. Para Kohut, en cambio, el origen de la psicopatología está principalmente relacionado con la falta de resolución de las ansiedades narcisistas (ver Ferrari y Juri, 2000). Bowlby y Kohut comparten la misma opinión. Bowlby me dijo una vez en supervisión: “Cuando los psicoanalistas hablan del Edipo se refieren al miedo de ser desplazado en una relación triangular y el intento de aliarse con otro ángulo para vencer ese miedo. Esto lo vemos a veces en la clínica, pero ¿por qué debemos transformar a esa situación en algo universal y sexual? Estos miedos surgen más frecuentemente en el contexto de inseguridad de apego, cuando el sujeto no se siente suficientemente valorado y tratado con disponibilidad y empatía”.


Capítulo 4: El proceso curativo en el psicoanálisis de Kohut


En este capítulo, el autor explica cómo define Kohut al proceso terapéutico. Mollon trata de esclarecer algunos malentendidos comunes en torno a las ideas de Kohut sobre la transferencia. Recalca que Kohut nunca dijo que el analista debe ofrecer una experiencia empática y especular –o “experiencia emocional correctiva”- dejando de lado el análisis de la transferencia negativa.


Kohut nunca dejó utilizar la reconstrucción histórica como parte del análisis de la transferencia. En 1984, en “Cómo cura el análisis”, Kohut dijo que durante el proceso analítico paciente y analista exploran de manera mutuamente cooperativa el pasado traumático de aquél. Sin embargo, se puede desatar una tormenta de manera tal que la situación analítica se transforme en el pasado traumático y el analista sea percibido como el objeto del Self traumatizante del pasado. En otras palabras, todo paciente oscila entre (a) ver al analista como un objeto del Self benigno con quien puede mantener una relación productiva y (b) percibirlo como un objeto del Self traumatizante que representa a nivel transferencial aspectos negativos de las figuras parentales tempranas. Desde mi punto de vista, aquí hay dos puntos obscuros en la terminología de Kohut. El primero es que lo que aquí menciono como “a” es algo que Kohut llama transferencia de objeto del Self, mientras que otros autores pueden llamar “alianza terapéutica” o Bowlby llamaría “representación del analista como figura benigna” (comunicación personal). El segundo punto oscuro es que en general Kohut define al objeto del Self como bueno, mientras aquí habla de un “objeto del Self traumatizante”.  Mollon nota esta disonancia y sugiere que al objeto del Self traumatizante sería mejor llamarlo “anti objeto del Self”.


A continuación, Mollon trata de esclarecer algunas de estas ideas con ejemplos clínicos que Kohut presenta en algunos de sus escritos.  De ahí pasa a conceptuar cómo, desde el punto de vista de Kohut, se produce el cambio terapéutico. Si bien Kohut aceptaba la interpretación analítica como herramienta de trabajo y la elaboración de la transferencia como promotora de insight, el mecanismo fundamental de cambio, según él, es la internalización transmutante. Mollon dice que es muy importante comprender que Kohut no proponía que el analista haga algo diferente de lo que cualquier psicoanalista hace: la tarea esencial del análisis es interpretar la transferencia. Sin embargo, la comprensión del proceso y el contenido de las interpretaciones según el pensamiento de Kohut es diferente del análisis clásico.  Yo creo que la “internalización transmutadora podría definirse como el proceso de adquirir los aspectos continentes del objeto del Self, de manera que se transforme en estructuras internas autoregulatorias. Desde mi punto de vista, basado en la teoría del apego, yo diría que la “internalización transmutadora” consiste en un proceso de adquisición de mecanismos internos de regulación afectiva a través de la respuesta sensible de las figuras de apego. Me sorprende que Mollon, siendo un conocedor de la teoría del apego, no mencione los estudios sobre respuesta sensible y regulación afectiva que provienen de este campo. Sin embargo, como vamos a ver luego, en el capítulo 9 toca este tema con relación a la contribución de las neurociencias.


Capítulo 5. Empatía y los intersubjetivistas


Mollon comienza este capítulo mencionando el artículo de Kohut titulado “Introspección, empatía y psicoanálisis” (1959).  Aquí Kohut sostiene que los datos del psicoanálisis – pensamientos, deseos, sentimientos, fantasías, ansiedades- no se pueden observar en un espacio físico. Sólo están disponibles a través de la introspección y la empatía con los otros.


Kohut hizo una doble crítica. Por una lado criticó la forma en que los psicoanalistas de su época (y, yo agregaría, también en la actualidad) construían y construyen formulaciones teóricas que no están ancladas en los conocimientos a los cuales nos dan acceso la introspección y la empatía. Por ejemplo, Kohut dice que los conceptos de pulsión de vida y pulsión de muerte no surgen de una teoría psicológica basada en la introspección y la empatía. Básicamente se quejaba de que muchos analistas hacían construcciones teóricas axiomáticas sin explicar el pasaje de la observación clínica basada en la empatía a la conclusión teórica.


Por otra parte, criticaba a los autores que importan al psicoanálisis ideas, conocimientos y teorías de campos foráneos a la observación clínica. En este sentido, las ideas de Kohut difieren de las de Bowlby, ya que Bowlby incluía la investigación empírica (particularmente en el campo de la psicología evolutiva) como fuente de datos para el psicoanálisis. Sin embargo, Kohut no criticaba a Bowlby, a quien no parecía conocer.  Mencionaba, en cambio, a Spitz y Mahler.  Algunos analistas como André Green han llegado al extremo de decir que el intento de incorporar al psicoanálisis datos aportados por otras disciplinas, como lo propuso Bowlby, es un acto de perversión del psicoanálisis. En otras palabras, es ampliamente conocido que Green considera que la investigación en psicología evolutiva pertenece a un campo tan diferente del psicoanálisis que no se justifica tratar de relacionarlos. Sin embargo, sabemos también que Joseph Lichtenberg, emergiendo del campo de la Psicología del Self, ha trabajado en la búsqueda de puntos de enriquecimiento mutuo entre investigación empírica y psicoanálisis.


Acto seguido, Mollon hace un estudio comparativo entre la psicología del Self y la escuela intersubjetivista de Storolow y asociados. Esta escuela se basa en la idea de que los fenómenos clínicos observados por los psicoanalistas siempre tienen lugar en el contexto de dos personas (analista y analizando), cada uno con su patrón subjetivo de organización e interpretación de su experiencia. Si bien la escuela intersubjetivista fue históricamente un desprendimiento de la psicología del Self, también le hace críticas a esta última. Mollon hace un análisis medido de esta temática y utiliza ejemplos clínicos para clarificar algunos de los puntos en cuestión.


Luego, Mollon trata de situar a Kohut en el campo de las tendencias intersubjetiva, relacional e intrapsiquica en psicoanálisis.  Mollon no cae en simplificaciones rápidas. Afirma, además, que Kohut no sacrificaba la complejidad de las ideas en aras de formulaciones tendenciosas. Acto seguido, Mollon aclara que la palabra “intersubjetivo” tiene multiplicidad de significados. (1)


Sabemos que el concepto de “escuela intersubjetiva” se usa dentro de este movimiento exclusivamente para referirse al grupo de Stolorow, Atwood y Orange, como etiqueta que los define. Otra cosa es patrocinar un enfoque intersubjetivo, en lo que están Renik y otros autores. Mollon trata de ubicar a Kohut históricamente en el contexto de un movimiento que sitúa al individuo como parte de un contexto relacional, sin el cual no es posible entenderlo. Entre los autores que han definido este campo menciona brevemente a Sandor Ferenczi, Erich Fromm, Harry Stack Sullivan, Clara Thompson, Ronald Fairbairn , Harry Guntrip, Donald Winnicott y otros.


Mollon aclara que hay algunas versiones de intersubjetivismo en psicoanálisis, de las cuales Renik es un ejemplo, que sostienen que la neutralidad analítica y la búsqueda de la verdad objetiva son ilusorias. Esta posición ha alarmado a quienes temen que esa posición lleve al analista a hacer actuaciones de la contratransferencia, ser demasiado transparente en sus comunicaciones personales al paciente y, en general, a una ruptura con la posición tradicional de abstinencia, aun cuando a menudo todos reconocemos que la abstinencia sea relativa.


Capítulo 6: Kohut y el objeto interno


En este capítulo, Mollon dice que el Objeto del Self se relaciona con un “otro” a quien funcionalmente se vive como parte del Self. Es una experiencia que el bebé y el individuo a lo largo de su ciclo vital buscan y necesitan. Si bien el objeto del Self es vivido como parte del Self, por definición no existe dentro del Self. A través del proceso de internalización transmutadora se adquieren, por así decir, las funciones del objeto del Self.


A partir de ese punto, Mollon compara el concepto de objeto del Self con el concepto de objeto interno, tal como aparece en las obras de Bion, Bollas, Brandchaft, Fairbairn, Fonagy, Klein, Modell, Anne-Marie y Joseph Sandler y otros autores. En este capítulo, Mollon también explora otros tópicos, como por ejemplo la relación entre empatía e identificación proyectiva, el pánico al cambio psíquico y los fenómenos transferenciales desde el punto de vista de Kohut.  Como siempre, Mollon hace gala de su erudición y claridad de pensamiento. El lector ha de encontrar en estas páginas referencias muy útiles.


Como dice Mollon, Kohut no definió explícitamente a los “objetos internos”, mas allá de vincular al concepto con el superyó. En cambio puso énfasis en la internalización de funciones, a las que él llamó “estructura”. Desde este punto de vista, para Kohut el proceso analítico no consiste fundamentalmente en elucidar los objetos internos en el sentido Kleiniano, o en la exploración del mundo representacional del paciente sino en el proceso de adquirir estructuras o funciones ausentes.


Capítulo 7. Impasse y Edipo: perspectivas contrastantes


El contexto psicoanalítico contra el cual Kohut escribía estaba dominado en los Estados Unidos por la psicología del yo. En este ámbito teórico el área nuclear de conflicto que determinaba la psicopatología era, casi por definición, el complejo de Edipo. Kohut cuestionaba la primacía del complejo de Edipo, diciendo que lo que a primera vista podrían parecer conflictos intensos involucrando deseos de posesión y rivalidad con relación a la pareja parental a menudo son una manifestación de carencias de objetos del Self. Sin embargo, Kohut no descartaba completamente al complejo de Edipo y establecía la distinción entre una fase edípica normal del desarrollo evolutivo y un Edipo patológico. El curso normal o patológico de esta fase está determinado por la capacidad de las figuras parentales de responder con empatía, calmar, cuidar y querer al niño.


En el Edipo patológico, no es la angustia de castración lo que predomina sino el efecto de tener un padre del sexo opuesto que actúa de manera sexualmente seductora y/o competitiva y hostil en vez de actuar con afecto, aceptación y orgullo.


Acto seguido, Mollon se ocupa de comparar el concepto de Edipo de Kohut con el Edipo kleiniano. Para ilustrar este estudio comparativo, Mollon utiliza como punto de referencia un artículo de un psicoanalista kleiniano británico que lleva como título “La centralidad del complejo de Edipo”. Desde luego, la escuela kleiniana y la psicología del Self interpretan el material clínico desde puntos de referencia muy diferentes. Los kleinianos tratan al Edipo como la totalidad de reacciones que el niño tiene con respecto a sus padres, en las cuales la proyección, la identificación proyectiva y el pasaje de la posición esquizo-paranoide a la posición depresiva juegan un rol fundamental y predominante sobre la interacción real que ocurre entre el niño y sus padres. Para Kohut, en cambio, la problemática edípica se relaciona fundamentalmente con la manera en que los padres tratan al niño, particularmente como reacción a sus impulsos agresivos y sexuales.


En este capítulo, Mollon se ocupa también del tema del impasse en terapia psicoanalítica. Mollon sugiere que, teniendo en cuenta las enseñanzas de Kohut, se podría decir que frecuentemente el impasse se debe al hecho de que el analista, anclado y preocupado por el paradigma que utiliza para entender al material clínico, pierde la posibilidad de entender al paciente y su pedido de respuesta empática. De esta manera, el analista repite la carencia de sintonía empática que el paciente tuvo en su infancia, retraumatizandolo.


Capítulo 8. Esquizofrenia y depresión: el Self fragmentado y el Self truncado.


En este capítulo, Mollon hace gala no sólo de su conocimiento de la Psicología del Self sino también de su experiencia clínica con psicóticos.


Desde la posición privilegiada de alguien que trabajó en la práctica hospitalaria y en la práctica privada, Mollon tiene  experiencia clínica y autoridad para abordar esta temática. Siguiendo a Kohut, Mollon subraya la idea de que las psicosis generalmente emergen de una situación en la cual una vulnerabilidad preexistente es agravada por traumas en las relaciones significativas del sujeto. El efecto del trauma es la angustia de fragmentación, que es una de las angustias más profundas que el sujeto puede sentir. La psicosis involucra también un intento de reconstitución delirante de las estructuras fragmentadas. Por ejemplo, una persona paranoide puede sentir alivio cuando la confusión que emana del estado interno de fragmentación se reorganiza con una certeza delirante. Mollon explica que otros autores han propuesto que la angustia de desintegración o fragmentación subyace como núcleo de las psicosis, incluyendo Jacobson, Sullivan, Grotstein y Eigen.


Durante el siglo XX poco se habló de trauma en psicoanálisis. Desde luego, algunos autores como Ferenczi -a quien Mollon solo cita en el capítulo para referirse a su contribución al concepto de la relación terapéutica como factor curativo- se ocuparon del tema. En el pasado, la diferencia entre el trauma que ocurre en el contexto de las relaciones de apego (como el maltrato infantil y el abuso sexual por parte de los padres) y el trauma que ocurre en otras situaciones (como por ejemplo ser víctima de un terremoto) no era tan claro como lo es ahora. Las teorías y estudios sobre trauma que aparecieron a final del siglo XX mayormente surgieron fuera del campo del psicoanálisis. Solamente en años recientes aparecieron trabajos sobre trauma dentro del campo del psicoanálisis, con contribuciones de Jon G. Allen, Nicola Diamond, Peter Fonagy, K. Lyons-Ruth, Phil Mollon, Valerie Sinason y las mías propias. Algunos estudios han sido asimilados por el psicoanálisis, pero no fueron formulados por profesionales que se definen como psicoanalistas, como es el caso de Giovanni Liotti y B.A. van der Kolk.


De hecho el estudio del trauma ha sido en años recientes también emprendido por psicoanalistas kleinianos, como es el caso de Caroline Garland y Ronald Britton, pero –aunque reconocen el impacto de las situaciones traumáticas- su posición está todavía muy influenciada por la idea de que la vulnerabilidad o resiliencia al trauma están determinadas por factores internos relativamente independientes de las experiencias interpersonales. En contraste, muchos estudios recientes sobre trauma vienen del campo de la teoría y los estudios del apego, donde se reconoce y subraya la importancia fundamental que las experiencias reales de interacción traumática con las figuras de apego tienen en generar vulnerabilidad y psicopatología.


Aunque Mollon no lo dice con claridad en este capítulo, es obvio que Kohut fue un pionero en el campo de los estudios del trauma desde el psicoanálisis, pero no vivió lo suficiente como para aprovechar estudios recientes. Adjudicarle a Kohut más de lo que nos ofreció es, a mi parecer, “estirarlo demasiado”. Sin embargo, Mollon está al tanto de todos estos nuevos desarrollos. Desde luego, como ya veremos, en el capítulo 10 de este libro Mollon vuelve a tratar este tema. Es obvio que aquí Mollon trata de centrarse en Kohut y sus aportes pioneros. Mollon también vincula el trauma con la disociación, como era de esperar, ya que hoy sabemos que los procesos disociativos son consecuencia de experiencias traumáticas dentro de las relaciones de apego, particularmente durante el proceso temprano de desarrollo evolutivo. De hecho, Mollon sugiere, en otros escritos, que las psicosis pueden constituir una forma de psicopatología basada en la disociación.


Mollon no sugiere que la psicoterapia psicoanalítica constituya una cura para psicosis como la esquizofrenia, ya que en esta hay componentes biológicos y neurológicos que la psicoterapia no puede abordar. Sin embargo, una aproximación orientada por la psicología del Self puede ayudar al paciente a expresar y elaborar vivencias subjetivas, buscar maneras de coexistir con sus dificultades, relacionarse mejor con los otros, mitigar el miedo a la pérdida de control, regular los impulsos agresivos, revivir el deseo sexual, manejar la vergüenza, aceptar mejor la realidad, etc. Para explicar el proceso terapéutico, Mollon expone detalladamente uno de sus casos clínicos.


Acto seguido, Mollon pasa a hablar de depresión. Revisa algunos trabajos claves para comprender el tema, incluyendo la obra de Arieti y Bemporad, Hugo Bleichmar y Winnicott. También ilustra el tema con casos clínicos que él ha tratado. Resumiendo al máximo un conjunto complejo de ideas, podríamos decir que Mollon concluye que la depresión se relaciona con el sentimiento de tener un Self truncado, un Self que no ha sido nutrido y que ha quedado escondido bajo el caparazón defensivo de lo que Winnicott llamó Self falso. En este contexto, uno de los objetivos de la terapia es facilitar la comprensión de los orígenes y contenidos de un Self construido sobre la base de imágenes, deseos, expectativas y humillaciones promovidas por el ambiente temprano. La persona deprimida siente que los objetos del Self le negaron las condiciones necesarias para realizar su potencial, con lo cual emerge también un sentimiento profundo de rabia. La rabia inunda la representación del otro y de uno mismo. La psiquis queda dividida en un Self verdadero y un Self falso. El Self falso provee una estructura interna de carácter tiránico y un sentido de identidad impuesta. La tendencia al suicidio puede representar el deseo de matar al Self falso.


Capitulo 9. Neurobiología evolutiva y la relación de objeto del Self


En este capítulo, Mollon explora la relación entre psicología del Self y las neurociencias. Inevitablemente, es en este capítulo donde Mollon relaciona ambos temas con la obra de A. Schore y la teoría del apego. Esta descripción incluye también referencias a los trabajos del famoso “Grupo de Estudio sobre Proceso de Cambio de Boston”, incluyendo la obra de D. Stern y E. Tronick.


En este capítulo, Mollon se aparta de la obra y terminología de Kohut, aprovechando la oportunidad para presentar de manera sintética la importancia que tienen las neurociencias para comprender la relación entre experiencias interpersonales tempranas de apego, el desarrollo de estructuras cerebrales y el desarrollo de la personalidad. El mensaje que Mollon nos trasmite es básicamente que las respuestas empáticas de los objetos del Self contribuyen al desarrollo óptimo de la estructura y funcionamiento cerebral.


Capítulo 10. Perspectivas sobre el trauma infantil desde la psicología del Self.


En este capítulo, Mollon aprovecha la oportunidad para expandirse sobre el tema del trauma infantil y sus efectos sobre el desarrollo de la personalidad y procesos disociativos. Aclara que Kohut no escribió mucho sobre pacientes que sufrieron trauma infantil grave o abuso. Kohut dijo que todas las personas son frágiles de alguna manera; la cuestión es donde está el punto de ruptura. La mayoría de sus ilustraciones clínicas se refieren a pacientes cuyos traumas infantiles, a pesar de haber tenido efectos importantes sobre el desarrollo de la personalidad, en su apariencia exterior no eran tan dramáticos como el maltrato severo. Sin embargo, dice Mollon, las observaciones de Kohut con respecto a la estructura y desarrollo del Self, las líneas de desarrollo del narcisismo y el rol crucial que juegan los objetos del Self se pueden aplicar a las circunstancias en las cuales el trauma fue extremo y repetido.


El abuso de un niño por parte de un proveedor de cuidados provoca una reversión profunda de las condiciones que la función del objeto del Self debe proveer para el desarrollo normal. Aquí Mollon retoma el tema que comenzó a desarrollar en el capítulo 8 y se explaya sobre la disociación, las perturbaciones de la regulación afectiva, las distorsiones de la maduración narcisista y los disturbios de la sexualidad como respuesta al trauma. Le dedica también una sección al daño que el abuso sexual ocasiona a la experiencia del Self, incluyendo los mecanismos de defensa que tiende a facilitar.


Mi experiencia clínica indica que las conductas sexuales deviantes son a menudo intentos reparatorios de un Self traumatizado. Por este motivo me alegra que Mollon se ocupe también de esta temática en los capítulos 3 y 10.


Capítulo 11. Más reflexiones sobre la cura psicoanalítica


En este capítulo, Mollon pone el énfasis en el rol de la empatía en la cura psicoanalítica. La empatía tiene funciones múltiples, calma, aumenta el sentimiento de estar conectado con los otros y facilita la regulación afectiva. Paciente y analista crean conjuntamente un espacio compartido para pensar, un “espacio global” en el cual se pueden “publicar” las experiencias emocionales. Como parte del proceso terapéutico, en condiciones óptimas el paciente se libera gradualmente de los “anti-objetos del Self”. Esta liberación permite crear un espacio mental libre que promueve el desarrollo de las capacidades del paciente de sentir empatía, desarrollar ideales y ambiciones equilibradas, usar el sentido de humor y promover el sentido de iniciativa personal.


El trabajo psicoanalítico implica también ayudar al paciente a definir su identidad más allá de identidades impuestas. La esencia de la identidad impuesta es que una persona implícitamente le dice a otra: “Te voy a ver y te voy a definir a mi modo; de esta manera voy a ignorar completamente tu propia experiencia y quién y cómo eres. Además te voy a forzar a que te definas y te sientas de acuerdo a la definición que yo he elegido.”


Mollon dice que este tipo de mecanismo puede verse a menudo en política y en instituciones, incluyendo las asociaciones psicoanalíticas. Yo agregaría que también es común en la manera disfuncional en la que algunos padres tratan a sus hijos, en el acoso laboral (“bullying” o “mobbing”) en el acoso escolar y en el acoso dentro de la pareja. Mollon dice que un fenómeno relacionado con la imposición de identidad aparece en las guerras religiosas, en las guerras frías entre ideologías políticas contrapuestas y en los debates científicos en los cuales posiciones teóricas opuestas generan intentos de exclusión. La obra de Kohut, dice Mollon, entre muchas cosas, implica también un intento de corregir el “imperialismo cognitivo”.


Llevando este concepto al plano de la técnica analítica, Mollon encuentra cierto punto de coincidencia entre Bion y Kohut. Al no imponer una teoría, una memoria, una creencia o un deseo, el analista se abre a los movimientos espontáneos del paciente. Kohut reconoce que el psicoanalista necesita inevitablemente la teoría como marco referencial para su trabajo, pero la imposición de teorías por encima de la comprensión empática y el diálogo reflexivo impide el progreso terapéutico. La utilización y cambio de paradigmas psicoanalíticos es un tema que Luis Juri (1996) explora con lucidez. Por su parte, el psicoanalista británico independiente Patrick Casement ha hecho referencia en sus libros a las implicaciones clínicas negativas de la utilización rígida de paradigmas, proponiendo que el analista se abra a “aprender del paciente”. A los efectos de que el paciente pueda desarrollar su potencial auténtico, creativo, espontáneo y autónomo, el analista debe protegerlo del “imperialismo cognitivo”. Por otra parte, en este capítulo, Mollon hace una referencia relativamente breve a la comprensión del proceso terapéutico desde las neurociencias.


Comentarios finales


El libro termina con un breve apéndice que contiene notas bibliográficas sobre Kohut.


Hace unos años, el grupo de psicoanalistas independientes de la Sociedad Psicoanalítica Británica organizó una serie de jornadas anuales de intercambio de ideas con analistas de Chicago orientados por la Psicología del Self. Como resultado de este intercambio, en estas reuniones se definió de alguna manera la identidad de ambos grupos. Mientras los colegas norteamericanos parecían tener una identidad profesional claramente definida por las ideas y el legado de Kohut, el grupo de psicoanalistas independientes británicos mantenía una actitud de apertura hacia la Psicología del Self, pero también de autonomía e independencia teórica. Mollon, siendo un psicoanalista británico independiente, sigue esta tradición, dedicado su libro a estudiar la obra de Kohut y su legado, pero sin perder perspectiva de otros aportes y paradigmas importantes.


Mario Marrone


Londres, Junio de 2005



NOTAS


(1) Si se me permite la digresión, apartándome por un momento de la reseña sobre el libro de Mollon, la multiplicidad de significados de la palabra “intersubjetivo” es un tema que Diamond y yo (2003) analizamos en detalle. Nosotros decimos que hay tres conceptos distintos de intersubjetividad. Uno es el concepto filosófico: en pocas palabras, no se puede entender al ser humano aislado de su contexto interpersonal e intersubjetivo. El segundo deriva de la psicología evolutiva, particularmente de los trabajos de Colwyn Trevarthen, que se centran en el dialogo no-verbal e intersubjetivo entre madre y bebé en las primeras etapas del desarrollo evolutivo. El tercero nace en el campo del psicoanálisis y se refiere a la escuela de Stolorow y colegas.




BIBLIOGRAFÍA


Diamond, N. y Marrone M. (2004) Attachment and Intersubjectivity. London: Whurr.


Juri, L. (1999) El Psicoanalista Neutral ¿Un Mito? Rosario: Homo Sapiens Ediciones.


Juri, L. J. y Ferrari, L. (2000) ¿Rivalidad edípica o cooperación intergeneracional? : del Edipo de Freud al Ulises de Kohut. Aperturas Psicoanalíticas. No. 5.


Kohut, H. (1984) Como Cura el Psicoanálisis. Buenos Aires: Piados.


Mollon, P. (2001) Releasing the Self: The Healing Legacy of Heinz Kohut. Londres: Whurr.

 

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