Intersubjetividad y dialectismo [Schwartz, H.P., 2012]

Publicado en la revista nº044

Autor: González Ruiz, Nuria

Reseña:  Intersubjectivity and dialecticism" Henry P. Schwartz. The Interntional Journal of Psychoanalysis (2012)  93: 401-425 

En este articulo, Henry P. Schwartz analiza la innovación que ha supuesto para el psicoanálisis tradicional de los Estados Unidos la aparición de la teoría de la intersubjetividad. Su innovación ha sido más en términos de técnica clínica que de conceptos teóricos ya que no hay una teoría única de la intersubjetividad, sino una variedad de escuelas de pensamiento, que aparecen con denominaciones como relacional, constructivista, intersubjetiva o interpersonal.

La escuela relacional, es un movimiento que incluye una comunidad de analístas con lazos políticos y sociales que tienen una institución y una revista. A los intersubjetivistas les falta este tipo de estructura, pero, para Schwartz, intersubjetividad resulta más adecuado como término para definir una amplia orientación teórica. Las diferencias entre intersubjetividad y relacional tienen más que ver con alianzas históricas e institucionales que con la teoría.

André Green(2002) opina que la intersubjetividad debe ser vista más como un movimiento de reforma que como una clara revisión del psicoanálisis. El psicoanálisis es, y siempre ha sido, intersubjetivo. Los conceptos teóricos intersubjetivos no son nuevos, han estado presentes en nuestra teoría psicoanalítica desde Freud, pero teorizados inadecuadamente. La división entre impulso y objeto, externo e interno, ha sido problemática a lo largo de la historia del psicoanálisis. Greencree que Freud enfatizaba el impulso y lo interno en detrimento del objeto para focalizar la atención en lo que era nuevo en su teoría.

El concepto de intersubjetividad surgió en filosofía como una respuesta al pensamiento de Descartes que buscaba explicaciones dentro de nuestra mente. Esta forma de concebir lo real, lo científico, lo comprobado y lo objetivo nos ha acompañado durante mucho tiempo. Dentro de este marco, el observador es el único que puede aislar los fenómenos, observarlos en ambientes no contaminados, con el objetivo de observar el fenómeno puro. Este fue el ideal científico y el marco en el cual surgió la teoría psicoanalítica, el mundo en el cual Freud tuvo que validar su teoría sobre el inconsciente.

Dado que las definiciones de intersubjetividad se basan en cada teórico, no en una teoría, Schwartz hace un repaso de los más destacados.

Lacan fue el primero en usar “intersubjetividad” como término técnico en 1953, en su manifiesto "Función y campo del discurso y el lenguaje en psicoanálisis". Para Lacan la   intersubjetividad es una característica del registro simbólico desde el momento en que describe una característica transindividual del lenguaje: el lenguaje va más allá de cada persona y es intersubjetivo porque conlleva reglas inconscientes de comunicación entre sujetos. El inconsciente lacaniano es producto del lenguaje, los humanos son sujetos puesto que están sujetos al lenguaje y sus leyes y la subjetividad es una consecuencia del lenguaje. En su seminario "La carta robada" (2006) nos da un ejemplo de lo subjetivo del lenguaje. Describe la estructura de tres posiciones subjetivas que están dictadas por el significante y muestra cómo los personajes de la historia homónima de E.A. Poe rotan por cada una de las ellas.

Para Lacan, alrededor de 1960, el significado de intersubjetividad cambia del registro simbólico al imaginario. La subjetividad reemplaza a la intersubjetividad como materia de interés psicoanalítico. La intersubjetividad representa la idea de semejanza, un significado del yo que busca eliminar las diferencias entre sujetos. La intersubjetividad es una relación entre egos, basada en una ilusión de espejo, lo que una persona crea para creer que es similar a otra (1998).

Este punto de vista contiene una dicotomía que encontramos repetidamente en la intersubjetividad: diferencia vs semejanza, dos vs uno, la otredad del inconsciente vs unidad de la conciencia, lo hermenéutico vs lo humanístico. Muchas de las discrepancias teóricas entre los analistas americanos residen en estas dicotomías y, también, en la controversia sobre el modelo topológico de Freud propuesto antes de desarrollar su concepto de transferencia, y que marcaba el camino del tratamiento desde lo consciente a lo inconsciente y al revés. Más tarde, con el modelo estructural, Freud no trata tanto de buscar lo que hay escondido sino de trazar las relaciones entre los distintos componentes. Lo interno se manifiesta externamente en la transferencia. Por consiguiente, los dos modelos -topológico y estructural- presentan una dicotomía que está relacionada con los otros: sea el inconsciente o la transferencia lo que guía el tratamiento.

En los 70, los investigadores de la infancia desarrollaron un nuevo punto de vista sobre el niño, descartando la idea de que los niños no tenían la capacidad para diferenciarse del otro. La simbiosis madre-hijo dio paso a dos seres que interactuaban a diferentes niveles de conciencia. La comunicación tenía dos direcciones, no sólo desde la mente de la madre hacia el hijo, sino, también, desde un niño que piensa a la madre reconociéndola como alguien diferente a sí mismo.

La intersubjetividad comienza a aparecer en el trabajo de Colwyn Trevarthen, que la veía como innata. Se refería a la intersubjetividad como "una búsqueda deliberada de compartir experiencias sobre sucesos y cosas "(Trevarthen y Hubley, 1978, citados por Stern en 1978, p, 128)

En los años siguientes, el trabajo de Daniel Stern destaca la intersubjetividad como un aspecto central de lo que llamó "sentido subjetivo del self" ; es la capacidad, adquirida a través del desarrollo, de reconocer al otro como un centro separado de la experiencia subjetiva con el que se pueden compartir los propios estados subjetivos. La relación incluye el reconocimiento de los estados mentales subjetivos del otro, así como los de uno mismo, dice que "el niño puede sentir que otros, distintos a él, pueden tener un estado mental parecido a uno de los que ellos mismos tienen" (Stern, 1985, p,124).

También influye el trabajo sobre mentalización de Fonagy y Target y la investigación sobre el apego de Main y Lyons-Ruth.

Robert Storolowintrodujo la palabra “intersubjetividad” en el psicoanálisis americano. La interacción entre transferencia y contratransferencia dentro del tratamiento psicoanalítico se puede ver como un proceso intersubjetivo en el cual surgen dos contextos básicos repetidamente" (1978, p. 249). Desde su punto de vista, un analista experimentado puede empatizar con su paciente para percibir su mundo. Se da una interacción entre diferentes mundos intersubjetivos, entre dos subjetividades, la del observado y la del observador. Desplaza la atención desde el analizando, como un sujeto de observación, hacia la diada como objeto de estudio. Desde entonces algunos teóricos se han preocupado por una visión del marco psicoanalítico como un sistema en el que nada sucede en una persona sin producir un efecto en la otra; otros destacan la relativa independencia de cada actor en su subjetividad (Storolow, 1984, p.643).

La psicología del self es una de las fuentes principales de la intersubjetividad americana por su gran influencia en los psicoanalistas durante los años 70 y 80. Su modelo de psicopatología deriva de la relación padres-niño, no del impulso. Hablan de la necesidad de observar si el analista empatiza o no con sus pacientes, miran menos al paciente aislado y más al individuo en sus relaciones.

La psicología del self produce cambios culturales importantes al ser incluida en la Asociación Americana de Psicoanálisis (APasP), que había rechazado históricamente a los teóricos no clásicos de su organización. Este hecho abre un camino a otros teóricos, entre ellos los intersubjetivos, y les otorga mayor atención y respeto de la que hubieran tenido de no ser así.

La teoría relacional puede fecharse en 1983 con la publicación de Jay Greenberg y Stephen Mitchell de su libro "Relaciones de objeto en la teoría psicoanalítica" y con la creación del programa de postdoctorado en la Universidad de Nueva York en 1988. Greenberg y Mitchell hacen un estudio comparativo entre la teoría de objeto conceptualizada desde Freud y las aportaciones de la teoría relacional. Examinan la teoría de varios autores, entre ellos: la teoría interpersonal de Sullivan , la Kleniana, la psicología del yo de Hartmann ,también los esfuerzos para integrar la teoría de objetos y la psicología del yo por parte de Mahler, Jacobson y Kernberg , así como el modelo mixto de impulso y objeto de Kohut y Sandler.

Mitchell y Aron escriben: "los conceptos relacionales no proporcionan una compresión de fenómenos diferentes de aquellos explorados por el modelo de impulso/defensa, los conceptos relacionales proporcionan una comprensión alternativa del mismo fenómeno" (1999)

Greenberg y Mitchell, en un principio, utilizan el término "relacional" para referirse a la teoría de Fairnbairn y Sullivan, pero pronto se convierte en el nombre que define una escuela de pensamiento contemporánea en el programa de postdoctorado de la Universidad de Nueva York (NYU). El grupo relacional empezó en 1988 buscando una alternativa a la teoría basada en el impulso de Freud y el enfoque en las relaciones externas del grupo humanístico-interpersonal. Con "relacionales" pretenden incluir tanto las relaciones interpersonales externas como lo internalizado (Aron, 1996).

En pocos años el grupo de la universidad había crecido, fundó la revista "Psychoanalytic Dialogues" y sus ideas se extendieron desde Nueva York, representando actualmente una gran parte del psicoanálisis en Estados Unidos.

A pesar de que siguen existiendo diferencias con respecto a la teoría de las pulsiones, también incluye puntos de vista de la psicología interpersonal y de la psicología del self. No es una escuela de pensamiento único, es un grupo de diversas teorías, difícil de distinguir de otras escuelas de psicoanálisis. Aunque los impulsos son vistos como la fuente motivacional básica, es la forma en que éstos se expresan internamente o en las relaciones externas lo que es materia de análisis. No hay una teoría relacional sino "un punto de vista relacional, una forma de pensar, una sensibilidad relacional" (Ghent, 2002).

Mitchell mantuvo hasta su muerte, en 2000, un modelo libre de la teoría de las pulsiones, pero Greenberg empezó a escribir sobre la necesidad de conservar el concepto de pulsión y a criticar a los relacionales, considerandno que los une una práctica clínica, no una teoría basada en el objeto frente a la teoría de las pulsiones. Ha descrito el abordaje relacional, en su técnica clínica, como que evita una única técnica correcta, demasiado flexible a cada analista. Esta pérdida de encuadre rígido provoca una mayor atención a la contribución del analista a la transferencia, lo cual disminuye la atención a la contribución del analizando a dicha transferencia; por tanto, el analizando puede buscar solucionar su problema basándose en el comportamiento del analista más que en el de él mismo. Greenberg advierte que esta aproximación conduce al analista a comportarse como "bueno" y no como analista.

Al convertirse el foco de la relación en el "aquí y ahora”, se dificulta la deducción del conflicto desde una dinámica inconsciente del "allí y entonces".

Mitchell vio el psiquismo como una matriz relacional: los pacientes sólo podían ser entendidos dentro de ese contexto. Admitía lo innato, pero sólo como expresado y afectado por el entorno relacional.

Harris propone una discusión a los relacionales con respecto al concepto de conflicto, cree que por conflicto ellos entienden menos un problema que demanda una solución y más una dialéctica que se puede mantener, lo que implicaría que la salud tendría más que ver con la aceptación y conciencia del conflicto que con su eliminación.

Esto apunta a una diferencia importante entre tradicionales y relacionales. Las defensas y lo reprimido son reemplazados por la disociación y divisiones verticales del psiquismo. Estos analistas perciben múltiples estados del yo donde otros ven distintos niveles de conciencia y tipos de defensa.

Los relacionistas se convirtieron en un movimiento creado y formado por psicólogos, que tenían en común su oposición la Asociación Psicoanalítica Americana (ApsaP) o cualquier organización de analistas formada únicamente por médicos. La APsaP había sido la más grande asociación psicoanalítica en Estados Unidos, formada casi exclusivamente por médicos; los psicólogos que eran admitidos tenían que firmar un documento declarando que usarían su formación solo para investigación, no para trabajo clínico. En 1985 cuatro psicólogos interpusieron una demanda antimonopolio contra la APasP y dos institutos de Nueva York para impugnar su práctica elitista. Antes del juicio, la APsaP, la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y el Instituto Psicoanalítico de Nueva York (IPA) llegaron al acuerdo de permitir a los psicólogos ser miembros clínicos y candidatos

La llegada de la escuela relacional en esos mismos años, era una buena alternativa .La división 39 de Asociación Psicológica Americana sirvió como uno de los principales encuadres para las reuniones nacionales de los analistas relacionales que, dada la variedad teórica, podría ser vista como una división política más que teórica.

La corriente interpersonal ha tenido una importancia central en los orígenes de la escuela relacional y en la psiquiatría y el psicoanálisis americano.

Harry Stack Sulivan, con su desarrollo de la psiquiatría interpersonal, puede ser considerado como la corriente psicoanalítica más genuinamente americana, por tener en cuenta el entorno social como medio de llegar a lo intrapsíquico. Sus ideas surgen de la   filosofía tradicional americana de pragmatismo y operacionalismo. Eran ideas de "la vida experienciada, la realidad práctica, la vida como sentida y vivida" (Greenberg y Mitchell, 1983, p.82)

Inicialmente, el interpersonalismo surgió como contraargumento al punto de vista de Kraepelin sobre la esquizofrenia. Sullivan tomó las ideas de Freud para intentar dotar una base teórica al pensamiento psicótico, la esquizofrenia era el resultado de experiencias pasadas en la relación que causaban un déficit en la capacidad de relacionarse con los demás. Al desarrollar su teoría, argumentó que la teoría freudiana de las pulsiones descuidaba el significado del contexto social y cultural como fuerzas motivacionales. Buscó una teoría más cercana a lo que podía ser conscientemente observado y experienciado. Insistió en que el terapeuta nunca está en una posición objetiva y que como "participante-observador" necesita la validación del paciente para llegar a conclusiones. Terapeuta y paciente co-crean un campo propio y es en ese campo interpersonal, no en el individual, donde forman una unidad terapéutica. Aceptaba la idea del inconsciente pero apuntó a lo que puede ser puesto en palabras por el paciente más que a lo que infiere el terapeuta sin datos concretos. Dijo del incosciente que era "inmutably private"(inmutablemente privado)

A pesar del rechazo abierto por parte de la organización psicoanalítica, el interpersonalismo se iba desarrollando en los centros de enseñanza de la psiquiatría americana en un periodo en el que el psicoanálisis estaba a la cabeza. Encontró un lugar en el marco hospitalario dónde los clínicos buscaban intervenciones eficaces para los desordenes psicóticos.

Entre los más influyentes interpersonalistas estaba Harold Searles, que escribió sobre la terapia intensiva de la esquizofrenia, concretamente sobre el proceso psicótico y la contratransferencia que se daba dentro del analista. Analizó los sentimientos de amor y eróticos que surgían en él hacia sus pacientes, y creía importante hablar a sus pacientes de esos sentimientos, ya que esas experiencias emocionales se convertían en guía fundamental para la comprensión y desarrollo del proceso terapéutico.

Irvin Hoffman ha sido uno de los autores más influyentes de la intersubjetividad. Al principio trabajó con Merton Gill y, como sucedía con éste, su fuente original derivaba de la psicología del yo. El trabajo de Gill era muy cercano al de David Rappaport y se dedicó a teorizar el proceso analítico como una pura actividad de transferencia. Gill fue innovador al considerar que la transferencia era provocada por el analista y, al mismo tiempo, surgía de la historia del paciente, por tanto la interpretación de la transferencia se dirigía a la situación en el "aquí y ahora" de la diada terapéutica. Su gran aportación fue la reconceptualización de la contratransferencia como un elemento útil en el tratamiento y beneficioso para el paciente. Después de su publicación "Análisis de la transferencia "(Gill, 1982; Gill and Hoffman,1982) criticó la psicología del yo y se convirtió en defensor del interpersonalismo.

Hoffman desarrollo lo que él llamó "constructivismo social", se apoya en el interpersonalismo de Harold Searles, en Hans loewald y Heinz Racker. La comprensión solo podría surgir del esfuerzo conjunto de la diada, con el reconocimiento de que otras verdades podían surgir al trabajar con otro analista o con el mismo, en diferentes condiciones. Hizo una crítica del modelo "analista pantalla en blanco", con un analista neutro y anónimo; tenía una visión del analista siempre limitado por influencias inconscientes, que provocan sesgos que pasan inadvertidos; para él el analista nunca es capaz de proveer una comprensión objetiva del analizando o de sí mismo. Afirma que:

La participación personal del analista en el proceso tiene un continuo efecto en lo que él o ella entiende de sí misma o sí mismo y el paciente... la comprensión del analista está siempre en función de su perspectiva en ese momento... Por tanto, lo que el analista cree entender de su propia experiencia y comportamiento, además del de el paciente es siempre una conjetura. (Hoffman, 1998, p.136)

El analista debe tomar las observaciones del paciente sobre él tan en serio como sus propias observaciones sobre el paciente; es decir, como una mezcla de realidad y fantasía, donde la una no puede distinguirse del todo de la otra.

Kernberg cree que el analista puede alcanzar una posición objetiva; sin embargo Hoffman, aun aceptando el valor de intentar mantener esa posición objetiva, piensa que es fundamental que el analista sepa que no lo conseguirá.

Hoffman defendió la autorrevelación, permitiendo al analizando acceso ocasional a los pensamientos y sentimientos del analista, así se podría conseguir una mayor profundidad en la comprensión del paciente y una mayor confianza en la fortaleza del analista. Al demostrar que los rituales del análisis podían ser cuestionados, el analista también estaría modelando el potencial del analizado para poner en cuestión sus propias autodefiniciones.

Para Hoffman, no hay una regla en relación a mantener el anonimato u optar por la revelación. Cree que hay más de una forma de ver las cosas y más de una forma correcta de hacerlo, dejando claro que es importante que el analista mantenga habitualmente una presencia neutra e idealizable. Cada intervención se decide en el momento, basada en una mezcla de insight analítico, respeto de los rituales y una reacción emocional espontánea.

Jessica Benjamin fundamenta sus ideas en Hegel, Winnicott y los investigadores de la infancia. De Hegel toma su dialéctica del amo y el esclavo, cuya relación no es sólo la del sometimiento, sino también la del reconocimiento. El amo es tal porque el esclavo lo reconoce como amo y el esclavo lo es desde el momento en el que el amo le asigna el papel de esclavo. Es decir, el reconocimiento externo es tan necesario como las relaciones objetivas de la sociedad. El gran descubrimiento de Hegel es la conciencia de deseo, el hombre como deseante: "lo que deseo es el deseo del otro", deseo que el otro me reconozca y el deseo del otro es que yo haga lo mismo, que le reconozca.

Ella destaca la interacción entre el niño y la madre, donde piensa que se origina el reconocimiento y la diferenciación. Toma como base el concepto de Winnicot de "destrucción simbólica del objeto". Winnicott (1992) plantea que entre las relaciones de objeto y la capacidad de usar objetos existe un proceso madurativo. El reconocimiento del otro se logra a partir de un proceso paradójico en el que el objeto tiene que ser “destruido” dentro de nosotros para que sepamos que ha sobrevivido fuera, así podremos reconocerlo como no sometido a nuestro control.

En el desarrollo, el niño logra percibir a la madre como alguien con sus propios deseos, más que como un objeto para satisfacer sus propias necesidades. A lo largo del tiempo, la relación madre-bebé cambia desde el egocentrismo a la intersubjetividad. El otro ha de ser reconocido como sujeto a fin de que el self pueda experimentar, en su presencia, la propia subjetividad.

Jessica Benjamin mantiene como algo que no se resuelve la tensión entre dos tendencias contradictorias: la fantasía de omnipotencia por un lado y, por otro, la aceptación de la autonomía y el poder de los otros. Lo importante aquí es la diferenciación, no la semejanza.

Los objetos son representaciones y pueden ser manipulados para satisfacer deseos, pero los sujetos existen en la realidad: Benjamin reconoce una alternancia entre fantasía y realidad, lo intrapsquico y lo intersubjetivo. Enfatizar una sobre otra, perdería lo que es central en el ser humano, la tensión dinámica que da cada uno de su significado "es en ese contraste de la fantasía de destrucción cuando la realidad de sobrevivir es tan satisfactoria y autentica" (Benjamin, 1995, p.41)

Odgen y su concepto del "tercero analítico”, es fundamental en la intersubjetividad. Llama tercero analítico al espacio intersubjetivo que es creado en la transferencia-contratransferencia de cualquier análisis. Es la relación como sujeto, pero sólo puede ser accesible vía reverie (ensueño) o por sensaciones corporales. Trae la fenomenología de " corporalidad" de Merleau-Ponty al psicoanálisis. El cuerpo como condición permanente de la existencia, constituyente de apertura perceptiva al mundo y corporalidad de la consciencia. Ogden destaca la cualidad creativa del proceso analítico. Cada análisis es único para la pareja analítica: "es responsabilidad del analista reinventar el psicoanálisis para cada paciente y continuar reinventando durante el curso del análisis". El análisis depende de la habilidad de cada participante para mantener viva la relación.

Para Odgen, la escritura, en particular la poesía, se convierte en una parte de su intersubjetividad. Esto es expuesto en una serie de escritos sobre la relación entre escritor, texto y lector, en donde cada miembro de la diada lector-escritor debe poner su propia creatividad en la experiencia para dar vida al texto, y lo mismo sucede en el análisis (1997).

Ogden se sitúa junto a Ralph Waldo Emerson y los transcendentalistas americanos, lo que lo aleja del interpersonalismo de Sullivan. Como para Bollas, para él la intersubjetividad se manifiesta a través de la comunicación de inconsciente a inconsciente, no a través del dialogo específico sobre que ocurre entre analista y paciente.

Implicaciones clínicas

La concepción de la intersubjetividad presenta correcciones al psicoanálisis americano desde tres perspectivas diferentes: primero ,la revisión de la metapsicología psicoanalítica que, para algunos, justifica el abandono del concepto de pulsión, reemplazándolo por una idea social del psiquismo. En segundo lugar, la intersubjetividad proporciona un nuevo modelo para la técnica clínica en la que el ideal del analista distante, que interpreta con objetividad al paciente, se sustituye por una analista creativo, interactivo, que está abierto a reconocer sus aportaciones a un proceso que se construye conjuntamente. En tercer lugar, el movimiento intersubjetivo, más concretamente la escuela relacional, constituye un grupo que reclama igualdad y legitimidad dentro del resto de instituciones analíticas.

Según Schwartz, el movimiento intersubjetivo cambia la consideración del analista: éste puede cometer errores y ser subjetivo, disminuye su autoridad analítica. La idea de un analista distante se desvanece hacia un modelo de analista amable y receptivo que interactúa. Cambia la atención desde el analista hacia lo que ocurre en la relación. Se reconoce la singularidad de cada diada analítica, así como los aspectos creativos del trabajo analítico. Para los analistas relacionales e intersubjetivos no existe una sola técnica.

Carmeli y Blass (2010) describen el modelo relacional de tratamiento como aquel en el cual uno ayuda a otro a abrirse ofreciendo un ambiente más amable. Según la posición de Carmeli, los relacionistas tendrían una perspectiva humanista, mientras que la técnica tradicional se basa en un modelo hermenéutico.

Para Schwartz, la diferencia entre los intersubjetivistas y los psicoanalistas clásicos, dialéctica que se hace eco entre los psicoanalistas, puede considerarse en términos teóricos como objeto vs pulsión o en términos clínicos, como la atención dirigida a la transferencia-contratransferencia vs inconsciente. Al cambiar el foco hacia la transferencia en la diada, hay un movimiento hacia el humanismo que se aleja de lo hermenéutico.

H.P. Schwartz habla de su experiencia como analista formado en los 90, cuando la influencia de la intersubjetividad era considerable. Habla de que, bajo su guía, fue capaz de darse permiso para ser más creativo en su técnica y de ver sus beneficios, pero simultáneamente se daba cuenta de cuánto perdía en otros aspectos de su trabajo. Piensa que alentar a los analistas a estar continuamente considerando la transferencia en la relación pudo crear una especie de claustrofobia interpersonal, a la que le faltaba espacio para pensar en temas fuera de la diada y del contenido exterior manifiesto. La transferencia no es sólo sobre lo que ocurre "aquí y ahora" y el diálogo consciente entre los dos participantes, esto no cuenta la historia completa. Entonces surgió en Schwartz la necesidad de una segunda corrección, pero esta vez desde una aproximación más tradicional, de vuelta a otorgarle un papel al inconsciente.

Para Schwartz, Odgen ha destacado sobre el resto de autores presentados en este ensayo la importancia del inconsciente. El "tercero analítico" da voz a lo que es producto de la relación analítica y, al mismo tiempo, habla desde fuera de la relación. Esto ha orientado el curso del tratamiento, demandando el silencio del analista donde, de otra forma, podría haber habido diálogo.

Ante la pregunta de dónde estaríamos sin la intersubjetividad y la teoría relacional, el autor considera que estos teóricos sugieren nuevas formas de trabajar con la transferencia-contratransferencia, que acompañan a otras modalidades de su trabajo. Cree que la intersubjetividad ha traído un espíritu revolucionario a la teoría psicoanalítica y que hay espacio para ese espíritu en nuestra tarea clínica.