Si no es igual a mí, es malo. Los infantes prefieren a quienes perjudican a los diferentes a ellos (Hamlin y col.)

Publicado en la revista nº048

Autor: Urosa, Andrei

Reseña: Not Like Me = Bad: Infants Prefer Those Who Harm Dissimilar Others. J. Kiley Hamlin, Neha Mahajan, Zoe Liberman, and  Karen Wynn. Psychological Science 24(4) 589 –594


No es igual a mí = malo: los infantes prefieren a quienes perjudican a los diferentes a ellos


En este artículo de J. Kiley Hamlin, Neha Mahajan, Zoe Liberman y Karen Wynn (de ahora adelante Hamlin y cols.) se estudió el hecho de las preferencias de los infantes hacia elementos o sujetos similares a ellos y hacia aquellos que son diferentes. En el resumen, mencionan que a los adultos tienden a gustarles individuos que son similares a ellos y que un gran número de investigaciones sugieren que incluso los infantes y los niños pequeños prefieren individuos que comparten sus atributos o gustos personales frente a aquellos que no.


En el estudio que proponen estos autores, se examinó la naturaleza y el desarrollo de las actitudes frente a aquellos similares y diferentes en la infancia. A través de dos experimentos con muestras combinadas de más de 200 participantes, se encontró que los infantes de 9 y 14 meses prefieren individuos que tratan a los similares bien, y a los diferentes deficientemente.


Se observó una tendencia del desarrollo: las respuestas de los infantes de 14 meses fueron más robustas que los de 9 meses. Estos hallazgos sugieren que la identificación con atributos personales comunes o, por el contrario, contrastantes influencian las actitudes sociales y los juicios en maneras muy poderosas, incluso en edades tempranas.


Los autores comienzan mencionando que uno de los fenómenos más confirmados en la psicología social es la relación entre la similitud y el gusto o atracción. La similitud percibida en la apariencia, las actitudes, los rasgos de personalidad y la pertenencia a un grupo lleva al establecimiento de amistad, de respuestas empáticas y de actos pro-sociales, mientras que la diferencia predice el rechazo, la evitación y la disolución de amistades.


Se dice que estos hallazgos son robustos debido a que se encuentran en muchas culturas y se hacen evidentes desde la infancia, lo cual sugiere  que es un aspecto fundamental de la interacción humana. De hecho, hallazgos recientes han indicado que el gusto es influenciado por la similitud incluso en el primer año de vida, antes de la formación de amistades e incluso antes que aparezca el lenguaje. Los infantes prefieren aquellos individuos que comparten sus preferencias en cuanto a la comida, la ropa o los juguetes frente a aquellos que han manifestado gustos o atributos diferentes.


La similitud no solo influencia con cuáles individuos las personas prefieren interactuar, sino que también afecta a un amplio rango de procesos socio-cognitivos. Las investigaciones demuestran que los individuos mantienen expectativas positivas por el comportamiento de aquellos que son similares a ellos, y los consideran confiables, justos e inteligentes. En contraste, aquellos diferentes son considerados como insuficientemente confiables, poco atentos y hasta con escasa inteligencia. Estas percepciones y asunciones pueden, a su vez, influenciar en cómo las personas evalúan a una tercera persona que interactúa con los individuos similares y diferentes, es decir, que influencia la manera en cómo percibimos a algún otro en referencia a su relación con el par diferente o similar (o como dice el viejo dicho: “los amigos de mis amigos son mis amigos –o viceversa-” y también: “dime con quién andas y te diré quién eres”). Esta percepción  llega incluso  a ser tan fuerte que predice el hecho de tener una visión positiva de aquellos que tratan mal a un individuo catalogado como distinto.


Estas evaluaciones pueden resultar de muchas tendencias (no necesariamente mutuamente excluyentes) en las cuales las personas sienten, consciente o inconscientemente, que los individuos diferentes merecen ser castigados. Las personas tienden a sentir placer en el sufrimiento de algún individuo visto como no de su agrado (o lo que los alemanes llaman shadenfraude). Alternativamente, puede ser que no les importe mucho qué le suceda a los sujetos percibidos como no de su agrado, pero pueden analizar las alianzas sociales y percibir al enemigo de su enemigo como su amigo.


Cualquiera que sea la causa principal, las preferencias de las personas por los individuos que son similares a ellas pueden sostener los sesgos que contribuyen a la hostilidad intergrupal y al conflicto. Los autores sostienen que la historia está llena de ejemplos de humanos apoyando activamente -o simplemente ignorando- la violencia dirigida a individuos que difieren de ellos mismos, y estas actitudes y comportamientos negativos son muy difíciles de eliminar.


En la investigación presente, Hamlin y cols. investigaron las consecuencias sociales y la significancia asociada por una preferencia por la similitud, preguntándose cómo los infantes reaccionan ante personajes que ayudan o lastiman a otros que son similares o distintos a ellos. Como los adultos, los infantes generalmente prefieren individuos que ayudan a terceros; sin embargo, también como los adultos, los infantes hacen evaluaciones que son influenciadas por más que una simple regla heurística de: “si ayuda es bueno”. Más específicamente, los infantes prefieren aquellos que tratan mal a individuos que previamente le han hecho daño a otros (incluso sobre aquellos que tratan bien a individuos previamente dañinos) lo que sugiere que las evaluaciones sociales de los infantes están basadas en (a) las acciones de ayuda o de daño de los individuos y (b) los sentimientos personales del infante hacia el blanco de dichas acciones.


Los estudios de estos autores examinaron si los infantes tienen en cuenta la semejanza que un elemento tiene con ellos en el momento de evaluar los actos pro-sociales o antisociales hacia ese mismo elemento, es decir, cómo evalúan los infantes la similitud entre ellos y otra persona en relación con los actos que se cometen con esta misma persona, ya sean positivos o negativos. Los investigadores se valieron de dos experimentos para llegar a las conclusiones planteadas al principio.


Experimento 1: La preferencia por los individuos que ayudan versus individuos dañinos en interacciones con sujetos similares y diferentes


Participantes y procedimiento


Participaron 36 infantes de 9 meses y 16 de 14 meses (dos de los de 9 meses y cuatro de los de 14 fueron excluidos de las conclusiones finales debido a errores muestrales o de procedimiento). Los infantes se sentaron en el regazo de sus padres a través de las cuatro fases de estudio:


1) Durante esta primera fase se determinaron las preferencias de los niños por galletas versus guisantes dándoles a elegir entre ambas comidas.


2) Durante la fase 2, el experimentador 1 (quien había precisado las preferencias de los infantes en la fase 1) realizó una breve obra de teatro con marionetas, en la cual dos marionetas con forma de conejo mostraron sus propias preferencias de comida. Para hacerlo, cada uno de los muñecos “probaba” por turnos cada comida y exclamaba “mmm ¡qué sabroso! ¡Me gusta (y decía el nombre de la comida)!” hacia un tipo de comida, y hacia el otro exclamaba “ewww qué asco! No me gusta (y decía el nombre de la comida)!”. El muñeco similar siempre prefería la misma comida que el infante, y el muñeco diferente siempre prefería el otro tipo de comida.


3) Durante la fase 3, los infantes vieron un show de marionetas adicional, en el cual tanto el muñeco que había mostrado igual gusto, como el diferente eran manejados por un segundo experimentador (ciego a los primeros resultados de la primera fase). Durante cada show de marionetas, la marioneta “objetivo” botaba en repetidas ocasiones una pelota y luego, accidentalmente, se le escapaba. La pelota entonces rebotaba hacia una de dos marionetas con forma de perro en las esquinas del escenario. Alternándose, el muñeco perro ayudador le devolvía la pelota al primer muñeco, mientras que el perjudicador cogía la pelota y salía corriendo con ella. Se les permitía a los infantes observar el desenlace de cada evento hasta que dejaran de mirar por 2 segundos, o hasta que hubiesen pasado 30 segundos.


4) Finalmente, en la fase 4, el primer experimentador presentó a los infantes los muñecos ayudante y perjudicante; el primer experimentador no conocía la identidad del ayudador ni del perjudicador. Cada elección del infante por el ayudador frente al perjudicador estaba determinada por el muñeco que había contactado visualmente por primera vez.


Resultados y discusión


Los investigadores usaron pruebas estadísticas de tipo t de student, reportados bajo los estadísticos p. Se encontró que el 69% de los infantes de 14 meses y el 53% de los bebés de 9 meses eligieron las galletas; el 31% de los infantes de 14 meses y el 47% de los de 9 meses eligieron guisantes.


Cabe destacar que no hubo relación entre las inclinaciones por uno u otro tipo de comida por parte de los infantes y su preferencia por los ayudadores o perjudicadores de los “objetivos” iguales o diferentes. A través de ambos grupos de edad, las preferencias de los infantes por el ayudador versus el perjudicador se diferenciaron dependiendo de si el objetivo era parecido o diferente a los propios infantes (prueba de Fisher de 14 meses p=0,0002; para los de 9 meses p = 0,003).


Los infantes que vieron interacciones que involucraban al muñeco conejo igual a ellos, prefirieron el muñeco perro ayudador sobre el muñeco perro perjudicador (100% de los bebés de 14 meses, 75% de los bebés de 9 meses) mientras que los infantes que vieron interacciones que involucraban el muñeco conejo diferente prefirieron al muñeco perro perjudicador sobre el muñeco perro ayudador (100% y 81% de los bebés de 14 y 9 meses respectivamente). No se encontraron efectos de la edad dentro de la condición de objetivo similar ni de objetivo diferente; sin embargo, a través de las dos condiciones, los bebés de 14 meses fueron más propensos a mostrar los efectos predeterminados.


Los resultados de estos investigadores sugieren que la conexión entre similitud y gusto es fuerte incluso en el primer año de vida: tanto los bebés de 9 como de 14 meses evaluaron las mismas acciones de forma distinta dependiendo de si eran dirigidas hacia un individuo con gustos similares a los de los infantes o hacia uno con gustos diferentes.


Es de resaltar que hay distintos patrones de evaluación de la situación que pueden subyacer a las elecciones de los infantes en el experimento 1: a los infantes les pueden desagradar las personas que ayudan a los diferentes, agradar las personas que perjudican a los otros diferentes o ambos; puede ser también que les agraden las personas que ayudan a los otros iguales, o desagradar personas que lastiman a los iguales o ambos.


Es también posible que distintos patrones de preferencias gobiernen las elecciones de los infantes a los 9 y a los 14 meses de edad. En cuanto a la diferencia de las tendencias en las edades, se podría decir que las evaluaciones que hacen los infantes más jóvenes (de 9 meses) son simplemente menos robustas o concisas de acuerdo a lo observado en el experimento 1.


Ya con los resultados de este experimento, los investigadores se plantearon entonces cómo sería la elección ahora hacia un personaje neutral, en vez de que sea ayudante o perjudicante


En consecuencia, en el experimento 2 los autores evaluaron las actitudes absolutas, en vez de relativas (100% de los casos frente a un porcentaje menor en los segundos), hacia los personajes ayudadores y perjudicadores en cada condición contrastando estos personajes con un individuo neutral.


Experimento 2: Preferencias por individuos ayudadores versus neutrales y por individuos perjudicadores versus neutrales en interacciones con personajes iguales y diferentes


Participantes y procedimientos


Sesenta y cuatro bebés de 9 meses y el mismo número de 14 meses fueron incluidos en la muestra final (fueron descartados 9 y 28 sujetos de cada muestra inicial debido a errores muestrales).


Como en el experimento 1, los bebés de 9 y 14 meses indicaron su preferencia por una comida en la fase 1, para luego ver las predilecciones en cuanto a la comida de las marionetas conejo en la fase 2. Luego, antes del comienzo de la fase 3, los infantes observaron un evento neutral en el cual una marioneta saltaba arriba y abajo en el escenario pero no había actos “sociales”. Entonces, durante la fase 3, dos nuevas marionetas alternaban entre ayudar y lastimar tanto a la marioneta con gusto similar al infante como a la distinta, tal como en el experimento 1. Finalmente, en la fase 4, los infantes escogían entre la marioneta neutral y la ayudadora, o la neutral y la perjudicadora; estas escogencias fueron usadas para determinar las actitudes de los infantes frente a las marionetas ayudadoras o perjudicadoras en relación a una marioneta neutral (para tomar como índice de línea base a las preferencias)


Resultados y discusión


Los resultados para el experimento 2 son los siguientes: 63% de los infantes de 14 meses y 75% de los de 9 meses prefirieron las galletas frente a los guisantes. Como en el experimento 1, las elecciones de comida de los infantes no influenciaron sus preferencias hacia los ayudadores o perjudicadores de objetivos iguales o diferentes.


Los resultados con los infantes de 14 meses reprodujeron y ampliaron los del experimento 1. En la condición de los objetivos similares, los bebés de 14 meses prefirieron personajes que ayudaron más a las marionetas con gustos similares y evitaron a los que aquellos que fueron más dañinos. Concretamente, los infantes prefirieron el personaje que ayudaba antes que al personaje neutral (75%) y a su vez preferían la marioneta neutral antes que a la que realizaba algún tipo de daño al similar (69%).


En la condición de los objetivos diferentes, los bebés de 14 meses mostraron la tendencia opuesta: prefirieron a los personajes que eran más dañinos para los objetivos diferentes, y evitaron aquellos que brindaban más ayuda al diferente (en el 88% de los casos). Más específicamente, 15 de los 16 de los bebés de 14 meses en la condición de objetivo diferente prefirieron al personaje perjudicante sobre el personaje neutral y 13 de los 16 prefirieron el personaje neutral sobre el personaje ayudador. Aunque las preferencias de los patrones de los infantes de 14 meses aparecieron de una forma más fuerte en las condiciones de los objetivos distintos que en las de los objetivos similares (mayor proporción de elección del “perjudicador al diferente” frente al “ayudador del igual”, estas diferencias no fueron significativas tanto dentro como entre las condiciones de ayudador o perjudicador).


En contraste con los bebés de 14 meses, los de 9 meses no prefirieron significativamente a personajes que ayudasen más a otros iguales o personajes que fuesen más dañinos a otros diferentes. Los infantes que eligieron entre un personaje ayudante y uno neutral, en la condición de objetivo similar al que elige, se decantaron ampliamente por el ayudante (75% de los casos, y única diferencia estadísticamente significativa en cuanto a los bebés de 9 meses) no existiendo así diferencias en cuanto a la situación de objetivo diferente y marionetas neutrales o ayudadoras.


La diferencia de edad entre los infantes en los patrones de respuesta de los mismos fue a su vez significativa, lo que sugiere que los infantes de 14 meses con gran probabilidad realizaron patrones de evaluación que los bebés de 9 meses no realizaron.


Conclusión general y discusión


En suma, los hallazgos encontrados en este estudio sugieren que a los bebés humanos les gustan aquellos que son similares a ellos y muestran desagrado por aquellos que son diferentes, un patrón que empieza a emerger en el primer año de vida y está fuertemente presente en el segundo. Tanto los individuos de 9 como los de 14 meses prefieren a aquellos que lastiman o dañan de alguna manera a aquellos terceros que son distintos al propio infante. A los 14 meses de edad, estas evaluaciones son lo suficientemente fuertes como para permitir a los infantes distinguir entre personajes que ayudan o perjudican y aquellos otros que son neutrales.


Hamlin y cols. apuntan que las similitudes y diferencias en los patrones observados en las preferencias de estos dos grupos de edad sugieren que las evaluaciones de los infantes pueden ser relativamente estables en cuanto a forma a través del desarrollo temprano, pero pueden ser llegar a ser cada vez más dúctiles y flexibles, quizás debido a que se incrementan las habilidades perceptivas generales como el procesamiento ejecutivo de la información o habilidades específicas mentales como la teoría de la mente. En particular, los autores encontraron que no hay evidencia de que los infantes cambien en cuanto a que les gusten siempre los individuos que ayudan independientemente de la condición del objetivo de dicha ayuda, y muestren patrones más matizados de preferencia hacia los ayudantes de otros iguales y diferentes. Sin embargo, sí es posible que este cambio ocurra antes de los 9 meses de edad (lo cual pudiera ser investigado en futuras investigaciones).


Otra cuestión importante encontrada es que, en ambos experimentos, ayudantes y perjudicantes fueron escogidos en tasas iguales. Este patrón sugiere que en vez de evaluar ciertos comportamientos como inherentemente buenos o malos, los infantes crean evaluaciones sociales tempranas que son fundamentalmente influidas por la opinión que tengan de los objetivos (si éstos son iguales o diferentes al infante que realiza la evaluación).


Adicionalmente, las percepciones no difirieron de acuerdo a cual de las dos comidas eligió el objetivo: a los participantes que les gustaron las galletas fueron tan propicios a preferir un objetivo al que le gustaran las galletas, como los participantes que mostraron preferencia por los guisantes y que prefirieron  una marioneta que escogiera guisantes (es decir, el tipo de comida no era lo importante). Así, las evaluaciones de los infantes fueron específicamente relacionadas a las similitudes de los objetivos a ellos mismos, en vez de, por ejemplo, desearle bien a los que preferían las galletas y desearle un daño a quienes preferían los guisantes.


Estos resultados son consistentes con un campo creciente de la literatura que demuestra que los infantes prefieren individuos de categorías sociales similares, preferentemente adultos que hablan la misma lengua, o aquellos que son del mismo sexo o raza, así como los individuos de su entorno. En algunos casos, la tendencia de los infantes a atender a los individuos de categorías conocidas es consistente con sus interacciones sociales del mismo tipo. Por ejemplo, los infantes aceptan preferentemente  juguetes de personas que hablen la misma lengua (mas no necesariamente de la misma raza).


Los hallazgos obtenidos por estos investigadores demuestran que se añade un elemento más en la complejidad de la evaluación social temprana: las evaluaciones iniciales que los infantes hacen de otros como semejantes o diferentes son lo suficientemente fuertes para influenciar sus evaluaciones de terceras personas que, a su vez, ayudan o perjudican a estos otros iguales o diferentes.


Por supuesto, los adultos no consideran que aquellos que muestran diferentes preferencias por la comida merezcan malos tratos. Sin embargo, tanto adultos como niños juzgan negativamente incluso a los individuos que presenten diferencias triviales y anticipan que estos individuos se comportarán pobremente o mal en el futuro (lo cual puede hacerles “merecedores” de cierto castigo). En algunos casos, los mismos niños llevarán a cabo actos dañinos en contra de los otros diferentes, lo que sugiere que pueden ver esos actos como justificados. Similarmente, es posible que las respuestas de los infantes reflejen una percepción de los otros diferentes como merecedores de castigo o que los infantes simplemente sientan una especie de placer cuando los individuos diferentes a ellos son mal tratados.


Los autores añaden que las actitudes de los infantes pueden reflejar el sentimiento de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”: los infantes pueden interpretar que el buen trato de un individuo hacia otra persona indica que ésta le gusta, y que el mal trato a otra persona indica disgusto (un disgusto que los mismos infantes comparten cuando está dirigido hacia un otro diferente). Esto puede, a su vez, generar un sentido de afiliación basado en actitudes compartidas. De hecho, los resultados de estos experimentos sugieren que los infantes son muy sensibles a si otros individuos comparten sus gustos en cuanto a comida, por lo tanto sería sorprendente descubrir que esta sensibilidad no se amplía a si otros comparten sus gustos en cuanto a amistades.


Es importante señalar que los hallazgos de Hamlin y sus colaboradores no necesariamente apuntan a que los infantes analicen categorías sociales. En particular, sus hallazgos no necesariamente  demuestran que: a) los infantes generaran categorías de “amantes de guisantes” o “amantes de galletas” o ni siquiera “individuos como yo” e “individuos diferente a mí”; b) que los infantes asignaran a las marionetas a estas categorías; o c) que los infantes evaluaran subsecuentemente a los muñecos que ayudaron o perjudicaron a los objetivos en términos de estas categorías.


Los infantes necesitan solo evaluar a los individuos (y no a los grupos) para responder como lo hicieron. Sin embargo, dados los nexos entre las preferencias de adultos y niños por lo semejante y la psicología de grupos, es probable que la tendencia de los infantes a percibir y preferir la semejanza esté relacionada con los sesgos intergrupales. Si este es el caso, estos autores formulan que los resultados actuales sugerirían que estos sesgos en vez de ser solamente el resultado de una experiencia acumulada en un mundo social claramente dividido, son bases para pensar en una propensión innata o de desarrollo temprano a vernos agradados por aquellos que reconocemos como similares o iguales a uno mismo, y a mostrar desagrado hacia aquellos que son diferentes de nosotros. Estas tendencias, como se pudo observar en el presente estudio, ya empiezan a ser operativas en el primer año de vida.


Nota importante: El número de bebés de 14 meses que rechazaron escoger una marioneta o estaban semidormidos o presentaban indicios de aburrimiento, fue mayor que el número de infantes de cada grupo de edad que lo hizo en el experimento 1 y el número de bebés de 9 meses que lo hizo en el experimento 2. Los autores especulan que los bebés de 14 meses en el experimento 2 pueden haber encontrado dificultades en realizar las comparaciones entre un personaje neutral y que, como resultado, algunos de estos infantes rehusaron realizar una elección. Adicionalmente, el experimento 2 fue un estudio relativamente largo, lo cual puede haber llevado a que se produjera cierto aburrimiento en este grupo de edad.


Reflexión personal de la reseña del artículo de Hamlin y cols.


Además de incluir los datos de esta investigación que aporta datos muy interesantes, he decidido realizar una breve reflexión acerca del estudio en cuestión. En primer lugar debo mencionar que es un estudio muy interesante, el cual catalogo como a medio camino entre la psicología social y evolutiva.


Durante mi carrera universitaria, nos repitieron infinidad de veces que la psicología es una ciencia. Siempre me ha parecido que los metodólogos, psicólogos experimentales y teóricos hacen mucho hincapié en esto, como si estuviesen reivindicando todo el tiempo el poder científico de las investigaciones. Afortunadamente, siempre tuve algo de inquietud por los postulados en los que se basa la teoría científica en psicología, lo cual me llevó a pensar e investigar acerca de la filosofía de la ciencia y la crítica a los sistemas psicológicos.


Para resumir, aprendí y soy de la opinión de que aunque la ciencia intente ser aséptica, imparcial y objetiva, está enmarcada en sistemas socioculturales con tendencias específicas, y los científicos no se pueden separar de su elemento observador. Entonces me pregunto, tal como he aprendido también en el master que realicé, al estar atento a las motivaciones: ¿cuál es la intención de estos investigadores?, ¿qué buscaban con este estudio? Presiento que era averiguar si existe una base para apoyar la idea de que los humanos tenemos un sistema innato (más allá de las influencias sociales de aquellos que rodean y moldean el crecimiento del infante) para detectar quiénes son parecidos a nosotros y quiénes no. Y más allá de eso, si existe una justificación para percibir cierto placer en que a los que sentimos como diferentes les ocurran desgracias, y viceversa: si se siente agrado por las personas que se perciben o sienten como similares y las cosas buenas que les suceden.


Debo decir que no me sorprenden tanto los resultados de esta investigación, parece sensato que exista algún tipo de “pack” genético que dote a los infantes de mecanismos para afianzarse a aquellos que consideran iguales y sentir rechazo ante los diferentes; sería algo así como una salvaguarda genética para los integrantes de cierto grupo social. Sí me sorprende, en cambio, que sea desde tan pequeños y que se logre manifestar tan claramente.


Opino también que vivimos en un mundo en que lo políticamente correcto se ha impuesto como una espada de Damocles para muchas sociedades. Pienso entonces que este estudio alude indirectamente a un tabú humano: el goce por el displacer ajeno (sobre todo en el caso de personas distintas a la que realiza dicha evaluación). Hay ejemplos de esto, desde los más simples y sublimados (alegrarse por la pérdida de un equipo rival en el fútbol, por ejemplo) hasta los más trágicos y psicopáticos (como el goce de los nazis al aniquilar a los judíos), por lo que el hecho en sí no es lo cuestionable, sino el cómo se manifiesta.


Muchas investigaciones científicas se proponen como objetivas y carentes de moral, ética, opinión o postura ideológica. Pero he aprendido que la neutralidad también es una postura política e ideológica, entonces, lo que reflexiono es… ¿qué aprendo de este estudio?, ¿cae en la simple anécdota curiosa del comportamiento humano o tiene una utilidad? Me decanto por esta última opción. Quizás este estudio me ayuda a comprender que hay algo innato en el disfrute por el displacer ajeno, y como tal validárselo a los pacientes que lo manifiesten con vergüenza, inundados por los mandamientos de lo políticamente correcto, que roza a su vez con los mandamientos superyoicos que pudieran llegar a ser excesivos. Me hace ser atento a este fenómeno humano y entenderlo con una mayor información, que es al final por lo que yo creo que se mueven este tipo de estudios: entender al humano. Mientras más y mejor comprendamos los fenómenos psicológicos, mayores beneficios le podremos brindar a nuestros pacientes.