Género y función familia. Contribuciones teórico-técnicas (Cap. 1)

Publicado en la revista nº049

Autor: Alizade, Alzira Marian (coord.)

GÉNERO Y FUNCIÓN FAMILIA. CONTRIBUCIONES TEÓRICO-TÉCNICAS


Grupo de estudio e investigación: “Sexo, Género y Psicoanálisis” de la Asociación Psicoanalítica Argentina.


Alcira Mariam Alizade (coordinadora)


Liliana Abraham de Trovarelli, Rafael Abramovici, Rosalía Alvarez, Susana De Simone de Pesce, Olga López de Illa, Blanca Manuel, Jacobo Tacus. (integrantes)


Género y función familia


Nuestro objeto de estudio, el ser humano y su mundo interno, la forma en que se vincula con otros y con la realidad circundante es un objeto cambiante y diverso, en un sentido longitudinal a lo largo de las épocas históricas y en un sentido transversal de acuerdo a la cultura y a la realidad socioeconómica en que está inserto. Hay estructuras psíquicas constantes, y otras que se transforman, algunas con más velocidad que otras.


La palabra género proviene de la gramática. Indica conjuntos de elementos que gozan de determinada propiedad (género social, género de una especie animal, etc). Fue utilizada por John Moyne, quien la extrapoló de la gramática a la medicina, en la década del 50. Con esa palabra señalaba las conductas atribuidas a varones y mujeres (gender role). Stoller, años después (1968) demarca con minucia los territorios correspondientes a sexo y género. (Burin, 1998)


Los cuerpos sexuados pueden ser ocasión de muchos géneros diferentes, el género en sí no se restringe a los dos acostumbrados. Los géneros no pueden ser verdaderos ni falsos, sino que sólo se producen como los efectos de verdad de un discurso de identidad primaria y estable.( Butler 2001)


La orientación sexual no es definida por una práctica activa sino regida por los deseos, los fantasmas y las investiduras que perduran desde la infancia sean actuados o no. El reconocimiento de la alteridad es seguido por el descubrimiento igualmente traumático de la diferencia de los sexos, que no está vinculado en primer lugar a los conflictos edípicos sino mucho antes, la diferencia en sí es fuente de angustia para ambos sexos. Dicho descubrimiento tiene un efecto de maduración diferente en uno y otro sexo, una vez que supera hasta cierto punto la angustia. En la fase edípica, con su dimensión homosexual y heterosexual, el niño se ve obligado a llegar a una conciliación con el deseo imposible de poseer a los dos progenitores, de pertenecer a los dos sexos y de encarnar los dos órganos genitales. El descubrimiento de la diferencia conduce a la representación, lentamente adquirida de la identidad de género. Sobre esta base el niño llegará a identificarse como un sujeto “masculino o femenino”, no por herencia biológica sino a través de representaciones psíquicas transmitidas por el inconciente de los dos progenitores, así como por su ambiente sociocultural.


Las sensaciones anatómicas del bebé varón y de la nena son diferentes, sus sentimientos de identidad sexual en tanto representación psíquica no son hereditarios. (Mc Dougall, 1993)


Los estudios de género distinguen al sexo biológico de los determinantes histórico-sociales que adjudican roles a cada sexo y demuestran que la cultura en todas sus dimensiones influencia y dirige parámetros oficiales de vivir en familia que son experimentados por las personas como constantes. Solo el estudio de otras disciplinas tales como la historia o la antropología permiten dirimir bajo el aspecto inmutable los cambios que se producen en todas las ideas oficialmente pensadas bajo un disfraz de libre elección del pensamiento.


La aplicación del concepto de género a las teorías psicoanalíticas hizo correr mucha tinta. Fueron examinados los basamentos ideológicos que se filtraban bajo la forma de funcionamientos generales en la teoría freudiana: la envidia al pene, la devoción a la maternidad, la fragilidad de las mujeres, el superyo laxo, la potencia masculina, entre otras ideas, fueron objeto de diferentes estudios y críticas. El género se presentaba como un cúmulo de representaciones y afectos atravesados por la cultura y sus imposiciones ideológicas y prejuicios inevitables.


Pero no se circunscribían las ideas a la psiquis individual de hombres y mujeres ni a la vida sexual sino también a la forma en que éstos se agrupaban. La familia parecía ser la célula de la sociedad y la salud mental debía acompañarse de la formación de una familia. La genitalidad lograda implicaba una relación de pareja estable. Toda mujer sana se casaba y tenía hijos.


La introducción de un pensamiento de género a la psicología familiar se hizo imprescindible.


En lo que concierne al concepto de función, éste se convierte en un articulador fundamental. Entendemos función como una operatoria lógica que vincula variables interdependientes.


Desde el comienzo el ser vivo necesita del “auxilio ajeno” ( Freud 1895 pág.362) necesario para satisfacer estímulos endógenos. Esta primera función asistencial se convierte en un elemento imprescindible para la supervivencia física y psíquica del infans.


La Función Familia se encuentra en serie con la “función auxiliar” del otro, tanto en la satisfacción como en la enseñanza y la transmisión de aquellas funciones yoicas que permiten el interjuego con los otros y la autonomía. [1]


La complejidad de lo humano desborda el buen y/o suficiente cumplimiento de una función, en este caso de la función familia. No queremos, en procura de la necesaria actualización psicosocial del fenómeno, idealizar ninguna función o concepto que pretenda dar cuenta absolutamente de la complejidad del la salud-enfermedad.


Consideramos esencial puntualizar los elementos relevantes que dan cuenta de lo que denominamos función familia y distinguir el integrante que es familia de aquel con quien simplemente se convive. Función y persona encuentran un espacio no siempre coincidente. La atribución de un rol no está forzosamente acompañada de la asunción del mismo. Bowlby (1980, 1988) describió el desarrollo de un modelo representacional que surge del interjuego entre la necesidad de cercanía del sujeto a una persona accesible y bien dispuesta y la realidad de ésta. En un primer momento se construye una representación mental de la madre o figura sustituta y posteriormente se extiende al mundo familiar, incluyendo representaciones de su entorno y del ¨sí-mismo¨. El sí-mismo implica al sujeto en interacción con cada uno de los miembros de la familia con el agregado de la imagen que los padres tienen de él, la manera en que es tratado y hablado. La puesta en marcha de las conductas de apego tiene como función proveerle una ´base segura´ desde donde extrapolar el mundo en excursiones de alejamiento y acercamiento cada vez más prolongadas. Si bien estos modelos se mantienen a través del tiempo son reafirmados o modificados relativamente por la respuesta ambiental a la búsqueda de protección.


La función familia es ejercida básicamente por los padres y miembros cercanos que educan y conviven con el niño, tanto si esta función se juega en la dimensión saludable como cuando se lleva a cabo en el dominio de la patología. Queremos rescatar el potencial de todo ser humano, en determinado momento, de libidinizar a un semejante y de ocuparse de él completando o restituyendo una función familia deficitaria. Desde esta óptica, la palabra familia se escapa de la semántica para ampliar su significado al englobar a todo no familiar (persona, institución, grupo) que produce efectos función familia en el medio ambiente.


La función familia se vincula con lo que denominamos trabajo psíquico adulto, que consiste fundamentalmente en una tarea responsable que hace de filtro entre la realidad externa y el niño. El trabajo psíquico parental adulto le presenta al niño la realidad en la medida en que éste pueda tolerarla. El adulto trabaja con miras a proteger al niño en su evolución hacia la adultez. Sostiene una mirada atenta y un cuidado bien intencionado aún a costa de sacrificios y autopostergaciones. Cierta cuota de devoción forma parte del trabajo psíquico adulto, anudando el ser a la cultura.


Con la propuesta de los términos función familia, familia interna y trabajo psíquico adulto elegimos hacer un recorte metodológico que relaciona y distingue solo ciertos componentes de la vida anímica y social.


La salud, o su quiebre, depende de múltiples componentes en interacción que abarcan desde la series complementarias hasta el modo en que las formas culturales y sus malestares determinan al sujeto y su singularidad.


Prudentemente hoy más que nunca el psicoanálisis, a la altura de la ciencia contemporánea y de la interdisciplina, deja lugar tanto a lo azaroso como a las condiciones y circunstancias de época que configuran y dan existencia al constructo sociohistórico que llamamos salud-enfermedad.


Bibliografía

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Alizade, A.M(coordinadora), Abraham de Trovarelli, L., Abramovici, R., Alvarez R., Diehl R., Lopez de Illa, O., Manuel, Blanca, De Simone De Pesce, S., Tacus, J. (1988) ¨El lugar del padre en la clínica actual¨. Presentado en el XXVI Congreso Interno y XXXVI Symposium, T I..


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[1]          En Inhibición, Síntoma y Angustia (1926) la inhibición y el síntoma son considerados perturbaciones a la “función libremente móvil del yo” (pag 144) en el decurso pulsional. Freud utiliza el concepto función en un sentido amplio y relacionado con la inhibición; pudiendo ser ésta patológica –sintomática- o no como en el duelo normal.