La parentalidad desde la perspectiva de Donald W. Winnicott (Cap. 11)

Publicado en la revista nº049

Autor: Lustgarten de Canteros, Noemí

LA PARENTALIDAD DESDE LA PERSPECTIVA DE DONALD W. WINNICOTT (Noemí Lustgarten de Canteros)


Pensar la parentalidad nos remite a la condición de pre-maturación de la cría humana, y su dependencia prolongada. El psicoanálisis, desde Freud, consideró al otro como un elemento estructurarte.


Si bien encontramos en el corpus del psicoanálisis esta temática de la dependencia, nos interesa presentar los matices y desarrollos que la cuestión de la dependencia y su relación con la parentalidad adquieren en la perspectiva de Winnicott. Su recreación de ese viejo y nuevo tema, a partir de su idea de sostenimiento, tomando la figura del acontecer entre la madre suficientemente buena y el infans.


Con Freud, la idea de inconsciente, llevada a la función parental, desmitificó una idea de parentalidad en la que el cuidado y la protección de los padres no podían entrar bajo sospecha. Sospecha de ambivalencia, de deseos reprimidos, de efectos de ternura materna excesiva. A partir de la idea de inconsciente, de los efectos del inconsciente parental en la subjetividad del hijo se abre una nueva perspectiva para la comprensión de la subjetividad.


Los tiempos van cambiando y del abuso implícito en el ejercicio de la parentalidad incuestionada del pater familia correspondiente al paradigma de la soberanía según Foucault, nos encontramos hoy con un exceso de descreimiento en el Otro solidario del cambio del paradigma de la soberanía por la biopolítica. Descreimiento que afecta también el ejercicio de la parentalidad.


El descreimiento, su incidencia actual, encuentra en Winnicott un autor que aporta una genealogía de las condiciones facilitadoras de la posibilidad de creer, de confiar y de crear, condición esencial para sentir que “la vida vale la pena de ser vivida”, y su reverso, las condiciones que conducen al descreimiento y al sentimiento de futilidad.


Con Foucault, podemos pensar los cambios en el ejercicio de la parentalidad. No es lo mismo, una parentalidad en tiempos del paradigma de la soberanía, de la ley, del modelo jurídico, del vigilar, castigar, disciplinar, que el ejercicio de esta función en tiempos de la biopolítica.


La amenaza no es castigo por desobediencia al pater, al soberano. La amenaza, es ser dejado caer, ser descartable ante la indiferencia del mercado y sus fluctuaciones, ¿Qué produce esa indiferencia desde el punto de vista subjetivo? Con Winnicott podemos pensar que esa indiferencia facilita la escisión y la desensibilización como defensa condiciones que afectan el ejercicio de la parentalidad.


La figura del acontecer entre el infans y la madre suficientemente buena es tomada como paradigma para marcar los acentos de Winnicott en relación al ejercicio de la parentalidad.


Podemos pensar que la función parental está implícita en la función de sostenimiento (holding). El sostenimiento se despliega en una dimensión temporal, entre el infans y la madre. Se inicia en la posibilidad de brindar un máximo de adaptación, satisfaciendo las necesidades del ego, en los inicios en estado de extrema inmadurez, y va produciendo una desadaptación gradual adaptativa siempre en función de la maduración relativa del infans.


Un ir y venir, que implica poder ver la vulnerabilidad brindando el apoyo del ego y poder ir viendo las nuevas señales de crecimiento como modo de ir deponiendo la adaptación. Flexibilidad que permite acompañar las progresiones y las regresiones a la dependencia inherentes al proceso de crecimiento.


Su perspectiva enfoca lo que acontece en los tránsitos, destacando de ese modo la condición de viviente en permanente devenir.


Desde esta óptica podemos pensar la parentalidad como una función en tránsito, como una función viva que rebasa toda perspectiva programática. Brindar sostenimiento no es un adiestramiento impuesto desde el otro, generador del falso self y del sentimiento de futilidad. El sostenimiento implica un ritmo presencia ausencia marcado por el ritmo del infans. Poder responder al gesto espontaneo permitiendo el despliegue del verdadero self, facilitando un crecimiento personal. Este encuentro entre la madre y el infans, entre padres e hijos requiere tiempos de desconexión de la actividad productiva, tiempos de estar, de dar lugar a la intimidad, para que pueda producirse la identificación sensible con el hijo perturbados por la hiperactividad y un estar conectado que aleja de la experiencia de estar juntos. Es necesario generar espacios de escucha para los padres que permitan registrar la naturalización de esa hiperactividad productiva y sus efectos.


Ante la indefensión de la inmadurez, Winnicott propone el valor de la omnipotencia. En los inicios la experiencia de ilusión, velo amoroso del estado de inmadurez. Experiencia de hallar-crear el objeto, de la capacidad de responder a su gesto espontaneo, que depende del modo en que la madre le presenta el objeto, del tino, del tacto en establecer el contacto. Esta experiencia se continúa con la desilusión adaptativa, un ir deponiendo la omnipotencia, pasando por su primera “posesión-no yo”, nombre del objeto transicional, y por último la diferenciación yo - no yo y la posibilidad de constitución de un cuerpo propio efecto del proceso de constitución subjetiva.


Destaca la diferencia entre el valor de frustrar y los fallos del sostenimiento que llevan a un “dejar caer”.


Winnicott alude a la madre que falla por no fallar. El fallar, el frustrar oportuno, en este sentido introduce discontinuidad, registro de diferencia entre el infans y la madre. Permite experimentar que la frustración tiene un límite. Se abre un espacio entre madre e hijo que, si se basa en la confiabilidad de la madre, permite que esa separación se constituya en un espacio de “separación y unión”, uno de los nombres de ese tercer espacio psíquico, espacio transicional, espacio de juego, espacio entre lo puramente subjetivo y lo puramente objetivo, inicio de la capacidad de jugar y entretenerse dada la confiabilidad en la madre.


La adquisición de la transicionalidad, del jugar, ese tercer espacio psíquico, esa zona de descanso frente a la ardua tarea de aceptación de la realidad y su carácter de imprevisible, depende de la confiabilidad de la madre.


Para que se constituya es necesario que la madre tenga una mirada que acepte la paradoja o sea que no interrumpa el jugar enfrentando al infans a discriminar fantasía de realidad. Esa mirada es la que permite brindar la experiencia de hallar-crear el objeto, y es la mirada de los padres que les permite saber para qué el hijo ya es grande y para qué es pequeño.


Los fallos que acontecen en este período de inicio de la separación y de registro de la dependencia de los cuidados parentales son una nueva prueba de la confiabilidad en el ejercicio de la función parental. Winnicott los llama fallos por deprivación. Se dan ante la pérdida súbita de los buenos cuidados. La deprivación, o conducta antisocial, engloba una serie de síntomas: robos, enuresis, raptos de agresividad, y sobre todo lo que llama valor de molestia. Los interpreta como un llamado tendiente a recuperar el sostén arrebatado.| Ese llamado contiene esperanza El manejo de este tipo de situaciones es un gran desafío para los adultos responsables, desafío al que es deseable sobrevivir.


Sobrevivir implica estar, crear un marco firme que impida los efectos de destructividad y sobre todo no responder de modo retaliativo. No responder con retroacción o abandono ante los embates de agresividad. Este manejo surge de una posición subjetiva que puede responder con firmeza, puede sancionar, pero no abandona, no inculpa, no incrimina, no reprocha, sigue estando sin cambios.


La supervivencia, de los padres se pone en juego en diferentes momentos del crecimiento del hijo, en todos aquellos momentos en que es necesario, una separación estructurante. La instauración del yo soy, el tránsito adolescente, donde se destaca el valor de asumir la responsabilidad de confrontar como modo de brindar sostenimiento y cuidado


Propusimos tomar la figura de la madre suficientemente buena como paradigma para pensar la posición subjetiva que propone Winnicott en el ejercicio de la función parental.


Se destaca que en su obra habita la lógica paradojal. Lógica acorde a la condición de ser viviente atravesado por la dimensión temporal, Esta posición atravesada por la capacidad de aceptar la paradoja, llevada al ejercicio de la función parental, le otorga flexibilidad y firmeza. La legalidad, el límite, no se impone como freno frente a un caos peligroso. Si se cambia la perspectiva, si no se piensa en términos de caos y cosmos, los padres ejercen una función que tiene la responsabilidad de encausar.


Pensar en encausar implica brindar un marco, un referente, (ideal del yo en Freud), un sostén identificatorio a partir del cual se puede constituir y desarrollar un nuevo ser humano.


Si la posición subjetiva de los padres concibe el limite como mero castigo frente a la trasgresión, no tiene los mismos efectos que si el limite a veces acompañado de sanción se ejerce desde una posición que lo considera cuidado necesario frente a la inmadurez y su natural desconocimiento de las consecuencias de la falta de cuidado adecuado. Es necesario que el adulto asuma la responsabilidad de ir poniendo oportunamente un tope a la omnipotencia del deseo, modo de ir encausando la construcción de una legalidad que cuida en tanto prepara para la vida y sus topes inexorables, que impide lo que no es posible para habilitar las reales posibilidades en cada etapa de la vida.


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