Los orígenes infantiles de nuestro cerebro moral [Hamlin, K.]. En: Moral Brain. A multidisplinary perspective

Publicado en la revista nº052

Autor: Nieto Martínez, Isabel

Libro: Moral Brain. A multidisciplinary perspective. (2015) Edited by Jean Decety and Thalia Wheatley. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts London England


Capítulo 7.  The infantile origins of our moral brain. Autora: J. Kiley Hamlin. En: III The development of morality.


Los orígenes infantiles de nuestro cerebro moral


En los estudios e investigaciones sobre el desarrollo de la moral en la primera infancia se parte de dos supuestos: el primero sería que la moral se adquiere o se construye enteramente después del nacimiento, cuando la naturaleza amoral de los infantes interactúa con sus experiencias. Desde este punto de vista, según la autora, los organizadores sobre los que más se ha hipotetizado serían, en primer lugar la socialización en cuanto a normas morales realizada por los cuidadores y en segundo lugar la construcción activa de las normas morales que realizan los infantes en sus relaciones sociales; la socialización y la construcción cognitiva tienen una influencia masiva en el desarrollo moral  y han dado soporte a muchas investigaciones (para una revisión Killen y Smetana, 2006, 2013).


El segundo supuesto sería la posibilidad de que los infantes, en lugar de ser pizarras en blanco en cuanto a la moral, lleguen al mundo equipados con motivaciones y /o cogniciones con contenido claramente moral, la moral tendría algunos componentes innatos.


La autora señala que en los infantes no hay mucho que, en principio, parezca moral (y mucho que parece amoral o incluso inmoral), pero lo que no se puede negar es que hay un desarrollo de la moral durante la infancia.


Con respecto a los principios que han utilizado los psicólogos del desarrollo en cuanto a la moral, Hamlin sostiene, que se ha aceptado la moral en sentido kantiano, donde la noción abstracta de los derechos universales y la justicia son primarios, sosteniendo que el componente esencial del juicio y la acción moral presupone estar consciente de las acciones propias y tener en cuenta los juicios de por qué es así (Kant,1785/1964; Kolhberg, 1969; Nucci y Turiel, 1978; Piaget, 1932; Rawls,1971). Bajo esta definición de moral se excluye el rol de los procesos emocionales, y por lo tanto, excluye a los infantes de los estudios de la moral, claramente no pueden ponderar conscientemente temas de derechos universales.


Finaliza este apartado explicando que en este capitulo va a revisar el trabajo reciente que sugiere que los infantes demuestran capacidades morales en el primer año de la vida, que no pueden ser achacables solamente a la socialización y a los procesos constructivistas.


La autora sugiere que existen evidencias en las investigaciones sobre la predisposición moral durante el primer año de la vida, comportamiento prosocial, evaluación moral y comprensión moral, antes de que las experiencias de las criaturas sean suficientes para crearlas; por lo tanto, afirma que la maduración biológica tiene un rol  en el desarrollo moral fundacional e incompleto. A continuación revisará las bases teóricas para avalar la moral nativa y las investigaciones sobre la vida moral en los bebés.


Perspectiva teórica: la moralidad evolucionada


Comienza este apartado afirmando que la perspectiva evolutiva moral sostiene que la naturaleza intensamente cooperativa de los seres humanos está en la raíz de su éxito; trabajando juntos, compartiendo recursos, cuidando cómo están los demás, y ayudando a los que están en necesidad, los humanos son más fuertes, están mas seguros, consiguen alimentarse mejor y son más inteligentes de lo que hubieran podido ser si estuvieran separados. Pagando el coste relativamente pequeño de la cooperación, los individuos tienen el potencial de ser mucho mejores a la larga.


El sistema “paga ahora, benefíciate después” es arriesgado, puede haber tramposos que se beneficien del trabajo de los demás y no aporten nada, evitar y defenderse de los individuos abusivos está en la raíz del desarrollo del juicio moral, el desarrollo moral es imprescindible para que el sistema cooperativo florezca.


En lo que queda de este artículo, la autora revisa el creciente cuerpo de evidencias y resultados que afirman que los juicios morales humanos y las acciones están construidas sobre un núcleo moral innato.


Evidencia empírica: ¿muestran los infantes predisposición hacia el comportamiento moral?


La autora comienza definiendo la empatía como la tendencia a darse cuenta y compartir los estados afectivos de los otros, se considera una pieza fundamental del comportamiento moral, llevando a los individuos a cuidar de las necesidades de los otros (Decety, 2014; de Waal, 2008; Hastings y cols., 2013).  Los psicópatas, que son el 1% de la población, nos resaltan la importancia de la empatía para promover el comportamiento prosocial e inhibir el antisocial. Varios estudios han demostrado ahora que el comienzo de las respuestas empáticas se da desde el nacimiento.


Hamlin presenta una investigación en las que a los bebés recién nacidos se les hace escuchar grabaciones del llanto de otros recién nacidos, de sonidos no humanos y de su propio llanto, los bebés lloran ante los llantos de otros recién nacidos, no lloran con sonidos no humanos y lloran significativamente menos oyendo su propio llanto (Dondi y col. 1999), llega a la conclusión de que el llanto contagioso de los recién nacidos representa una rudimentaria forma de empatía.


Otras investigaciones muestran que la preocupación empática está claramente dirigida a los otros. Los bebés de 8 a 16 meses se preocupan más del malestar de los otros que del propio malestar (Roth – Hanania y col, 2011). A los 18 meses muestran  preocupación por los otros cuando han sido dañados aunque no muestren signos de malestar, sugiriendo que la preocupación empática por los otros puede estar motivada solamente por la comprensión de cómo se siente uno cuando es víctima de comportamiento antisocial (Vaish, Carpenter y Tomasello, 2009).  Alrededor de la misma época los infantes se enrolan en comportamientos reconfortantes hacia los otros (Svletova y col. 2010; Zahn –Waxler y cols (1992), estas conductas prosociales se correlacionan con los niveles de preocupación por los otros infantes. Se ha descubierto recientemente que el fallo en mostrar preocupación empática entre los 6 y 14 meses está asociado con niveles altos de comportamiento antisocial en la mitad de la infancia y en la adolescencia (Rhee y col., 2013)


La autora afirma que hay que ser cuidadoso en no meter en un solo constructo todo el comportamiento prosocial (Dunfield y col. 2011). A los 12 meses los infantes son buenos comunicadores proporcionando ayuda, pueden señalar el lugar donde se encuentra algo que el otro está buscando (Liszkowski y col. 2008). De los 14 a los 18 meses ayudan en pequeñas tareas domésticas (Reingold, 1982) . En el segundo año de la vida los infantes desean a menudo compartir recursos, cuando se les sugiere y algunas veces hasta los dan espontáneamente (Rheingold y col., 1976).


¿Por qué son los infantes prosociales?


Hamlin comienza diciendo que aunque una variedad de comportamientos prosociales emerge en el comienzo de la vida, se piensa que los procesos de socialización y las experiencias los refuerzan. Sin embargo hay un número creciente de investigaciones empíricas que demuestran que las motivaciones que guían  el comportamiento prosocial son más bien intrínsecas que extrínsecas. Los infantes a los 24 meses se muestran igualmente dispuestos a ayudar a un otro  desconocido que se encuentra en estado de necesidad , tanto si están sus padres delante, como si no lo están(Warneken y Tomasello, 2013). Las criaturas a las que se les refuerza y recompensa el comportamiento de ayuda a los 20 meses, muestran menos actitudes de ayuda en el futuro, que los que no han sido reforzados (Warneken y Tomasello, 2008), la autora concluye que la reducción en el comportamiento de ayuda que se da después del reforzamiento es una de las señas de identidad de los actos intrínsecamente motivados (Lepper y cols., 1973).


La autora concluye el apartado afirmando que en sus investigaciones, replicando investigaciones anteriores, con infantes de diferentes culturas, ha encontrado que se confirma la hipótesis de que el comportamiento temprano prosocial está intrínsecamente motivado.


Evidencia empírica: ¿muestran los infantes predisposición hacia los juicios morales?


Según Hamlin, uno de los puntos clave de los juicios morales es que hay evaluaciones: identificar un acto como inmoral implica que uno encuentra éste negativo de alguna manera, así como identificarlo como moral implica que lo encontremos positivo. En segundo lugar hay que tener en cuenta que aunque seamos capaces de juzgar nuestras propias acciones en términos morales, la quintaesencia del juicio moral es que el evaluador no esté involucrado en recibir beneficios, riesgos o perjuicios la acción que se está juzgando.


Desde este paradigma las primeras investigaciones que presenta la autora plantean la hipótesis de si los infantes detectan la diferencia entre los actos prosociales positivos y los actos antisociales negativos entre terceros.


Premack y Premack (1997) realizan una investigación en la que presentan a infantes de 12 meses unos círculos grises, sin cara ni sonido que realizan actos prosociales (ayudar a otro a conseguir una meta, acariciarle) y antisociales (entorpecer o impedir al otro la consecución de un logro, golpearle), el objetivo de no tener cara ni sonido es que los bebés juzgaran la acción en sí misma. A los infantes les mostraban una acción con una valencia predeterminada diez veces, así se habituaban o se aburrían de esas imágenes. Los resultados indicaron  que las criaturas  respondían igual ante los actos prosociales, como a los antisociales, sugiriendo que los actos prosociales no les resultaban familiares, y los antisociales no les resultaban sorprendentes. Después de la habituación se les presentó tres veces actos agresivos de golpear, los resultados indicaron que su respuesta y  atención si estaba influenciada según la valencia de lo que habían visto en la habituación.


La autora presenta dos investigaciones más (Kuhlmeier y cols. 2003; y otra de los mismos autores que no está publicada) que replican estos hallazgos confirmándolos, y afirma que estos estudios iniciales muestran que los infantes de 9 a 12 meses interpretan la valencia social de un evento entre terceras partes, y esta interpretación influye en su atención en las acciones subsecuentes que realizan estos otros.


La siguiente pregunta que se plantea es si los infantes evalúan los actores prosociales y antisociales, presenta una investigación de 2003 que realiza ella misma junto con Wynn y Bloom, recrea un escenario en 3D de una colina en la que unas marionetas ayudan o dificultan a otra marioneta sube la colina. Los infantes de 6 a 12 meses prefieren al ayudador frente al entorpecedor.


En otras investigaciones presentan una marioneta ayudadora, una neutra y otra entorpecedora, los bebés de entre 6 y 10 meses prefieren en la ayudadora mejor que  la neutra y la neutra mejor que la entorpecedora. Lo que sugiere que los infantes a los 6 meses evalúan acciones sociales positivas y negativas.


Presenta varios estudios más que obtienen resultados muy parecidos, con bebés desde los tres meses hasta los 24, en ninguno de estos estudios los infantes muestran unos patrones de atención diferentes entre eventos de ayuda y entorpecedores, sugiriendo que los infantes realmente evalúan precisamente porque estos patrones no son diferencialmente familiares ni esperados, lo que considera que muestra un aspecto crítico de los juicios morales.


La autora recoge las opiniones de los críticos de estas metodologías con bebés que sostienen que no se puede saber realmente por qué los infantes prefieren unas marionetas u otras. Aún así presenta una investigación de ella misma y Wynn (2012) en la que los bebés ofrecen golosinas a las marionetas que ayudan y se las quitan a los que entorpecen y presenta la de Vaish y cols (2009) en las que los infantes muestran preocupación por los que han sufrido daño, aunque éstos no muestren malestar.


Con respecto a la evaluación de actos intencionales, presenta una investigación de 2012 de ella y Le que muestra que los bebés de 10 meses prefieren a los que ayudan intencionalmente frente a los que ayudan accidentalmente, pero prefieren a aquellos que entorpecen accidentalmente frente a los que entorpecen intencionalmente.


La autora continúa señalando que una parte de la historia de la moral sería la tendencia a atenuar los actos accidentales o ignorantes y enfocar las intenciones, sin embargo, hay situaciones en las cuales los adultos evalúan positivamente los actos dañinos, cuando son significados como preventivos de futuros daños o acciones. El caso más paradigmático de este castigo ha sido, durante siglos, la ejecución pública como entretenimiento, los humanos confían tanto en los verdugos, como en las instituciones que castigan (Barclay, 2006; Maurer, 1999).


A continuación presenta una investigación de ella misma (2014) en la que evalúa si los bebés pueden valorar positivamente actos antisociales, a bebés de 5, 8 y 19 meses se les muestra dos series de interacciones con marionetas, una marioneta necesita ayuda para abrir una caja, otra marioneta le presta ayuda o le entorpece. En la segunda a las marionetas que ayudan o entorpecen se les cae un balón y otras marionetas se lo devuelven o se lo quitan, los bebés tienen que elegir entre el que devuelve el balón o el que lo quita. Los resultados de los infantes de entre 8 y 19 meses muestran unas preferencias muy marcadas dependiendo de a quién le devuelven el balón o a quién se lo quitan; prefieren a la marioneta que le devuelve el balón al que ayudó  y prefieren a la marioneta que quita el balón al que entorpeció. En cuanto a los de 5 meses muestran una preferencia consistente frente al que lo devuelve y también frente al que se lo quita al entorpecedor.


La autora señala que en los resultados de otros estudios sobre este mismo tema, se sugiere que estos procesos pueden tomar la forma de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Todos estas investigaciones muestran que la contextualización en la interpretación de los actos prosociales y antisociales se da muy tempranamente.


Para terminar este apartado se fija en investigaciones sobre la sensibilidad de los infantes frente a la equidad. Cita a  Sloane y cols. (2012) que encuentran que los infantes de 20 meses miran más tiempo a actos distributivos  desiguales, frente a los equitativos, independientemente de si los beneficiarios habían realizado trabajo desigual. Schmidt y Sommerville (2011) demostraron que bebés de 15 meses comprometidos en dar prosocialmente, también miraban más tiempo a las distribuciones desiguales, sugiriendo que hay un vínculo entre las expectativas individuales de los infantes hacia la equidad y los comportamientos prosociales. El último estudio que cita es el de Geraci y Surian (2011) que muestra que los bebés de 16 meses al igual que prefieren a los que ayudan frente a los que entorpecen, prefieren también a los que distribuyen equitativamente frente a los distribuidores injustos, proporcionando la evidencia de que los infantes tienen un componente crucial evaluativo frente a los actos distributivos de los otros.


 


Conclusiones


La autora concluye que con las interpretaciones actuales de las raíces evolutivas de los juicios y acciones morales, los infantes  muestran signos de empatía,  prosociabilidad, y evaluación sociomoral a edades y en formas que sugieren que esa experiencia, la socialización y la construcción cognitiva no solo está guiada por el desarrollo evolutivo moral, sino más bien, descansa en el desarrollo de predisposiciones morales.


Hamlin continúa aseverando que para entender adecuadamente el desarrollo moral humano hay que tener en cuenta el estado de partida y una imagen precisa de qué es lo que estimula el cambio. Estos hallazgos ayudarán en la teorización de cómo se adquiere una moral optima y también cómo se conforma una moral subóptima.


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