Neuromoduladores y la (in)estabilidad del conocimiento moral [Crockett, M.J. y Rini, R.A.] En: Moral Brain. A multidisciplinary perspective

Publicado en la revista nº052

Autor: Fuster Tozer, Mónica



Libro Moral Brain. A multidisciplinary perspective. (2015) Edited by Jean Decety and Thalia Wheatley. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts London England

Capítulo 13. Neuromoduladores y la (in)estabilidad del conocimiento moral.
Autoras: Molly J. Crockett y Regina A. Rini.
En: IV La neurociencia afectiva y social de la moralidad.



La cognición moral humana es maleable. Los autores plantean cómo juicios y decisiones morales están influenciados por gran variedad de factores no relevantes para el dilema moral en consideración. Cambios fisiológicos en el cerebro o en el resto del cuerpo influyen en la cognición moral. Como ejemplo las autoras aluden a un estudio (Danziger, Levav,&Avnaim-Pesso, 2011) que mostró cómo los descansos para comer algo tenían influencia directa e independiente en las decisiones de los jueces.


Uno de los mecanismos potenciales por los que factores ajenos influyen en la cognición moral es la modulación neuronal sensible al contexto que ejercen los neuromoduladores. Estos neurotransmisores y hormonas modifican la dinámica, excitabilidad y función sináptica en las neuronas. Su finalidad es preparar al organismo para interactuar óptimamente con el ambiente adaptándose al contexto. Trabajo reciente en neurociencia muestra cómo manipular la función de neuromoduladores en el laboratorio influye en la cognición moral humana (Crockett& Fehr, 2013, 2014).


Cómo los neuromoduladores dan forma a la cognición moral


Juicio moral


La autora alude al “Dilema del vagón” al que nos hemos referido en el capítulo anterior con su abordaje diferente en juicios utilitaristas basados en el resultado o deontológicos basados en los medios. Se han diseñado varios estudios randomizados con asignación de individuos a la ingesta de una droga vs. placebo para después hacer una serie de juicios morales en dilemas similares al del vagón. En el primero de estos estudios Crockett, Clark, Hauser and Robbins 2010 investigaron la acción de serotonina, implicada en el comportamiento social y favorecedora de actitudes prosociales. Utilizaron citalopram que prolonga la acción de la serotonina en la sinapsis y vieron que promovía la respuesta deontológica, reduciendo la voluntad de los sujetos en dañar a nadie. Este efecto era selectivo para escenarios personales emocionalmente relevantes y era mayor en individuos con mayor puntuación en la medida independiente de empatía.


Otros estudios han examinado el rol de norepinefrina que tiene que ver con incrementar la atención en respuesta a la excitación y al estrés (Robbins&Arnsten, 2009). Su bloqueo (Terbeck et al.2013) incrementaba la respuesta deontológica en escenarios personales, pero no lo hacía en escenarios impersonales sugiriendo que normalmente la norepinefrina facilitaría la respuesta utilitarista.


Unos pocos estudios recientes han investigado la influencia del estrés (que aumenta niveles de serotonina y noradrenalina). El estudio de  Youssef and colleagues (2012) muestra que el estrés agudo aumentaba la respuesta deontológica en problemas personales, pero no en los impersonales. Otro estudio que inducía estrés al anticipar el hecho de hablar en público encontraba incrementado el mismo efecto pero tanto en dilemas personales como impersonales (Starcke, Ludwig,&Brand, 2012).


Otra hormona que se libera en respuesta al estrés es la oxitocina. Juega un rol importante en comportamiento prosocial y durante el estrés promueve una respuesta social afiliativa del tipo “vigila y sé amistoso” (Taylor 2006). Según otro estudio su administración estimula respuesta deontológicas en dilemas personales pero sólo cuando el sujeto a ser dañado es miembro del grupo (De Dreu y colegas 2011).


La testosterona, hormona implicada en la consecución de dominancia social (Eisenegger, Haushofer,&Fehr, 2011), parece tener una tendencia opuesta a la oxitocina. Niveles basales altos de testosterona están asociados con menos respuestas deontológicas a dilemas morales (Carney&Mason, 2010) y su administración exógena disminuía también este tipo de respuestas si bien esto parecía ser específico para individuos expuestos a altos niveles de testosterona en su fase prenatal (Montoya y col 2013).


Considerando todo esto aparecen estas conclusiones:


1.    La mayoría de estudios han informado efectos neuromoduladores sobre el juicio moral de un modo selectivo a dilemas personales. Esto sugiere que la influencia de los neuromoduladores ocurre a través de canales emocionales.


2.    La mayoría de la evidencia es consistente con la idea de que el estrés inclina el juicio moral hacia un estilo deontológico estimulando la liberación de monoaminas y hormonas que parecen tener efectos sinérgicos.


3.    La mayoría de estos estudios se han llevado a cabo con muestras pequeñas. Pocos han sido replicados y la mayoría emplea la misma pequeña serie de dilemas morales que en si misma tiene también sus limitaciones (Christensen & Gomila 2012). Hace falta más trabajo para repetir estos hallazgos y ampliarlos a un espectro más amplio de dilemas morales.


La toma de decisión moral


Los autores presentan estudios con paradigmas conductuales para medir comportamientos éticamente relevantes como la agresión, generosidad y cooperación.


Estudios sobre agresividad han medido la intensidad de estímulo agresivo devuelto al oponente que agredía con pérdidas monetarias, shocks eléctricos o sonidos intensos. La depleción de niveles de serotonina y triptófano en estos casos  incrementaba la agresión (Bjork, Dougherty, Moeller,&Swann, 2000; Cleare&Bond, 1995; Crockett et al., 2013; Crockett, Clark, Tabibnia, Lieberman, &Robbins, 2008; Dougherty, Bjork, Marsh,&Moeller, 1999; Marsh, Dougherty, Moeller, Swann,&Spiga, 2002; Moeller et al., 1996; Pihl et al., 1995). Decrecía en cambio con fenfluramina (Cherek, &Lane, 1999), aumento de triptófano (Marsh et al., 2002) y con administración de inhibidores de la recaptación de serotonina (Berman, McCloskey, Fanning, Schumacher,&Coccaro, 2009; Crockett et al., 2010), todos ellos aumentando los niveles de serotonina.


La generosidad ha sido medida en juegos en que los sujetos tenían oportunidad de donar una cantidad económica a otra persona o causa solidaria. La generosidad aumentaba con el agente liberador de serotonina MDMA (Hysek et al., 2013) . La administración de testosterona incrementaba la generosidad sólo cuando el sujeto tenía la opción de penalizar sugiriendo un papel de la testosterona sobre la estrategia social (Eisenegger, Naef, Snozzi, Heinrichs& Fehr, 2010). Estimular la neurotransmisión de dopamina con L-DOPA hacía decrecer la generosidad (Pedroni, Eisseneger, Hartmann, Fischbacher&Knoch, 2014). La oxitocina en cambio no parece tener efecto en la decisión de donar dinero o no, en cambio aquellos que la recibían donaban mayor cantidad con respecto a placebo (Chang, Barter, Ebitz, Watson &Platt, 2012). La generosidad está aumentada tras estrés agudo en un estudio entre miembros del mismo grupo, en cambio parece reducirlo cuando se trata de beneficiar a otros externos al grupo (Vinkers et al., 2013).


La cooperación social ha sido estudiada con el “dilema de prisioneros” o el “juego de bienes públicos”. En ellos las opciones resultan en beneficios para todo el grupo o bien beneficios para uno mismo en función de la cooperación. Estimular la función de serotonina con citalopram aumenta la cooperación (Tse, &Bond, 2002) mientras que disminuir el precursor de serotonina triptófano la disminuye (Wood, Rilling, Sanfey, Bhagwagar, &Rogers, 2006). La administración de testosterona aumenta la cooperación (Van Honk, Montoya, Bos, van Vugt,&Terburg, 2012). Mientras que la oxitocina aumenta la cooperación (Rilling et al., 2012), aunque en algunos estudios los efectos de oxitocina interactúan con otras variables individuales como la evitación de vínculo (De Dreu, 2012), además de favorecer selectivamente la cooperación con otros de la familia o con miembros del mismo grupo (Declerck, Boone, &Edmonds, 2013; De Dreu et al, 2010).


De estos hallazgos parece claro concluir que serotonina y oxitocina promueven la toma de decisiones prosocial, incluso con efectos sinérgicos (Dölen, Darvishzadeh, Huang,&Malenka, 2013). Aún no hay datos suficientes para los efectos de testosterona, estrés y dopamina para llegar a conclusiones firmes. Además parece que los efectos de neuromoduladores en la toma de decisiones son muy sensibles a cambios en el contexto y según rasgos de personalidad individuales. Aún hace falta trabajo para desgranar la naturaleza de estas interacciones.


Discusión: implicaciones normativas


En opinión de los autores si los neuromoduladores tienen que ver en la moralidad y pueden tener un empleo práctico para modificarla aparecen cuestiones normativas que deberían ser abordadas por científicos, políticos y gente con conciencia moral: ¿Quién decide qué neuromoduladores emplear? Podrían elegir los propios sujetos pero si esto les inclina moralmente en un sentido u otro entonces concierne decisiones interpersonales con importantes implicaciones para otras personas.


Otra cuestión es la implicación de los neuromoduladores en la comprensión de la moralidad por sí misma. Hemos visto como nuestro juicio y toma de decisiones moral es contingente y maleable. Podemos cambiar de respuesta moral según los acontecimientos y la neuroquímica más de los que nos gustaría a la mayoría de nosotros. Podemos plantearnos la búsqueda de un estado neuroquímico neutral… Pero ¿quién decide qué es “lo neutral”? plantean.


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