El cerebro moral: psicopatología [Moul, C., Hawes, D. y Dadds, M.]. En: Moral Brain. A multidisciplinary perspective

Publicado en la revista nº052

Autores: López Casares, Concha - Pérez Trinchant, Irina


Libro Moral Brain. A multidisciplinary perspective. (2015) Edited by Jean Decety and Thalia Wheatley. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts London England

 


En este capítulo se exploran dos sistemas fundamentales en el comportamiento humano: el Aprendizaje y la  Atención. Los autores revisan  investigaciones que sugieren que los niños con comportamiento antisocial muestran deficiencias en estos sistemas, o más concretamente, en muestras de niños con niveles altos en rasgos de insensiblidad emocional.


Contemplar el comportamiento inmoral con las lentes del desarrollo, puede desvelar los mecanismos por los cuales, sutiles diferencias en el funcionamiento cognitivo, en interaccion con los factores ambientales, pueden con el tiempo interferir en la construcción de un comportamiento moral.


Los niños muy pequeños se guían en esencia por sus propios deseos y necesidades, sin disponer de un desarrollo cognitivo ni de una teoria de la mente que les permita comprender su existencia en relación a otros. De hecho durante la infancia es frecuente que se den comportamientos deliberadamente inmorales e intencionadamente crueles. A medida que crecen y se desarrollan sus capacidades, los infantes pueden tener en cuenta a otras personas y adaptar su comportamiento a los estándares morales y sociales. Es el fracaso en este desarrollo lo que parece caracterizar la psicopatología asociada a la disfunción moral.


Para los autores la pregunta que subyace a la etiología del comportamiento inmoral sería por qué fracasa el desarrollo evolutivo moral. ¿Qué patología infantiles están asociadas a fallas en el desarrollo y cuáles se deben a procesos emocionales y cognitivos propios de estos desórdenes?


Psicopatologías asociadas con el comportamiento inmoral


Las psicopatologías infantiles asociadas con el comportamiento inmoral son el Trastorno Negativista Desafiante (ODD) y el Trastorno de Conducta (CD). Estos trastornos son relativamente comunes (uno de cada veinte niños se aproxima al criterio diagnóstico del ODD o del CD). El Trastorno Negativista Desafiante describe un patrón de comportamientos desafiantes que puede incluir rabia, hostilidad, desobediencia, rabietas  y malevolencia. Todo ello con una frecuencia muy por encima de lo esperado  normalmente a cada edad.  El criterio para el CD incluye comportamientos antisociales y transgresiones a los  derechos de los demás tales como la violencia, la crueldad física, destrucción de la propiedad, mentiras y robo.


La impulsividad y la Desregulación Emocional


Los autores señalan que los niños diagnosticados con  (ODD) y (CD) a menudo presentan dificultades con la impulsividad y la regulación emocional, pero no  van a discutir estos aspectos en el capítulo porque no las consideran específicas del comportamiento inmoral. Van a centrarse en aquellos niños (y adultos) que parecen comprometerse en actos antisociales, no por que carezcan del control de sus impulsos, sino porque simplemente tienen el deseo de hacerlo. Es este grupo de personas en quienes van a centrar las patologías de la moralidad


Los rasgos  de insensibilidad emocional


Los niños con problemas de comportamiento antisocial, como los diagnosticados de ODD y de CD  pueden caracterizarse por rasgos de personalidad asociados con la psicopatía. Los autores destacan dos factores en la psicopatía: el primer factor se refiere a las características de la personalidad y al estilo interpersonal e  incluye disminución de culpa y  el remordimiento, manipulación de los demás, afecto superficial, un atractivo trivial y una falta de empatía. El segundo factor se refiere a los comportamientos antisociales y al estilo de vida e incluye  irresponsabilidad y comportamientos delictivos juveniles. Los rasgos del Factor 1 no siempre van acompañados de los rasgos del Factor 2.


En los niños y adolescentes las características del factor 1 se definen en el DMS-5 como insensibilidad emocional  (CU, callous-unemotional traits) y se incorporan como una especificación del diagnóstico del trastorno de conducta (CD). Los autores afirman que es pronto para saber si los rasgos CU en la infancia tienen la misma etiología y son los mismos en la infancia-adolescencia y en la edad adulta.  Sin embargo, informan, que sí se ha demostrado que altos niveles en rasgos CU es un indicador para un curso severo y crónico del comportamiento antisocial.


Frick, Ray, Thornton y Kahn (2014) revisaron  20 estudios que comparaban el resultado de los  tratamientos para jóvenes  con y sin rasgos CU, 18 de los cuales concluyen que los jóvenes con rasgos CU obtienen muy poco beneficio de los tratamientos. Parece confirmarse que los altos niveles de rasgos CU están asociados con una respuesta baja a las actuales intervenciones  para  comportamiento antisocial.


La evidencia muestra que existe un fuerte componente genético tanto en los rasgos CU (Viding, Jones, Paul, Moffitt & Plomin, 2008) como en los rasgos de personalidad psicopática (Beaver, Barnes, May & Schwartz, 2011). La investigación ha identificado un número de sistemas neuroquímicos en la etiología de la psicopatía, incluyendo el sistema serotoninérgico y el sistema oxitocinérgico. Se han asociado a psicopatía y  rasgos CU,  las anormalidades en el funcionamiento de regiones específicas tales como la amígdala y el córtex prefrontal ventromedial (véase Blair, para una revisión).


Como la investigación sugiere  que los rasgos  CU y los rasgos psicopáticos tienen correlatos genéticos similares son a menudo considerados como análogos en el desarrollo de la psicopatía.


El desarrollo de los rasgos de insensibilidad emocional


Los autores se preguntan por qué algunos niños desarrollan rasgos CU. ¿Qué les hace convertirse en vengativos, manipuladores y supuestamente fríos emocionalmente? Los comportamientos básicamente se aprenden durante la infancia por cualquiera de las formas de aprendizaje, por imitación, porque se lo enseña un adulto, les reprenden o elogian. Un comportamiento se fija  asociando un hecho a su resultado. Es la asociación entre el comportamiento del niño  y la reacción de los demás lo que permite un aprendizaje o un cambio consistente del  comportamiento. Asumiendo que el niño disfruta siendo elogiado y le disgusta ser reprendido y que se siente mal cuando otras personas se enfadan o se molestan con él, el niño adaptará su comportamiento para maximizar el elogio y minimizar el castigo.


El segundo proceso que es fundamental en el cambio de comportamiento es la atención. Sin la apropiada asignación de la atención las señales sociales se pierden y los componentes específicos que asociarían esas señales con el comportamiento pueden no llegar a constituirse.


Los niños con problemas de comportamiento antisocial y altos niveles en rasgos CU no se caracterizan por un retraso en el desarrollo ( Allen, Briskman, Humayun, Dadds & Scott, 2013). De forma similar, los adultos psicópatas no se caracterizan  por tener dificultades en el aprendizaje o puntuaciones en el  CI por debajo de la media.


A pesar de esto tanto los adultos con niveles altos de en rasgos de personalidad psicopática como los niños con niveles altos en rasgos CU han mostrado tener deficiencias particulares en el aprendizaje asociativo y los procesos atencionales que apuntan hacia una base neural para el desarrollo de la psicopatía (véase Moul, Killcross & Dadds, 2012 para una revisión). 


Déficits en el aprendizaje asociativo


Los individuos con altos niveles en rasgos de personalidad psicopática no muestran deficiencias en formar una asociación, es decir, son capaces de aprender que una respuesta a cierto estímulo trae una consecuencia en particular. La deficiencia en el aprendizaje asociativo del psicópata es muy sutil.


Los resultados empíricos han demostrado consistentemente que,  en una variedad de tareas, los psicópatas tienen más dificultades en actualizar sus respuestas como resultado de una consecuencia cambiante asociada al estímulo. Por ejemplo, en tareas de evitación pasiva se ha demostrado que las personas con un alto nivel de rasgos psicopáticos continuarán seleccionando el estímulo (en lugar de no seleccionarlo) cuando dicho estímulo estaba  originalmente emparejado con una consecuencia positiva, pero  después fue  emparejado con una consecuencia punitiva ( Newman, Patterson, Howland & Nichols, 1990).


Los autores citan a Budhani, Richell & Blair, (2006), para ilustrar que los psicópatas tiene una deficiencia análoga cuando dos estímulos  (por ejemplo: un botón rojo y un botón amarillo) se presionan simultáneamente. En estos paradigmas de “la respuesta invertida” un botón está asociado con una recompensa (ganar puntos) mientras que el otro botón está asociado a un pérdida o castigo (perder puntos). Tanto los psicópatas como los no-psicópatas aprenden rápidamente al comienzo del experimento a presionar el botón de recompensa y no presionar el botón de castigo. En el típico paradigma de la respuesta invertida, en un momento durante la tarea, las consecuencias asociadas a cada botón se intercambian de manera que el botón de recompensa se convierte en castigo. Los no-psicópatas aprenden rápido a alterar sus respuestas como corresponde, pero los psicópatas tardan significativamente más en cambiar apropiadamente su respuesta una vez que los botones se han invertido para el castigo y recompensa.


Los autores toman un ejemplo de la vida real, imaginando que un niño con niveles altos en rasgos CU está haciendo reir a sus amigos imitando cómicamente a un compañero de clase. Tal vez cuando el niño hace su primera imitación, el compañero del que se está burlando lo encuentra gracioso y se ríe  junto con todos los demás de la clase. Después de un tiempo, sin embargo, el compañero empieza a sentirse avergonzado y se molesta ante esta continua imitación. Otro niño podría rápidamente percatarse de esto y parar la imitación para evitar los sentimientos de su compañero, pero el niño con altos niveles en rasgos CU es insensible para cambiar la respuesta (la respuesta del compañero de clase ha cambiado de la risa a la tristeza) de modo que continúa avergonzando a su compañero frente a todos sus amigos. Se convierte, aunque inadvertidamente, en un intimidador.


Déficits en la asignación de la atención


La asignación de la atención juega también un papel importante en el aprendizaje. Se ha demostrado que tanto los adultos con altos niveles en rasgos psicopáticos como los niños con altos niveles en rasgos CU tienen déficits atencionales. Como pasaba con las deficiencias en el aprendizaje asociativo, en los psicópatas estos problemas en la asignación de la atención son específicos. Por ejemplo, uno de los hallazgos más fiables en la investigación psicopática es que tienen una respuesta reducida al  condicionamiento por  miedo.


Sobresalto potenciado por el miedo


Por lo general, si un estímulo neutro (un tono) se  empareja consistentemente con un estímulo aversivo (un ruido fuerte) el estímulo neutro se convierte en predictivo del estímulo aversivo.


De esta manera cuando se presenta el estímulo neutro, el animal anticipa que  la señal aversiva vendrá después y espera con temor. Se ha demostrado de manera fiable que los psicópatas fracasan en mostrar la respuesta de alarma   potenciada por el miedo (Newman, Curtin, Bertsch & Baskin-Sommers, 2010), a pesar de que reaccionan normalmente ante respuestas incondicionadas por el miedo (Birbaumer et al., 2005).


Curiosamente se ha demostrado recientemente que este déficit en la respuesta condicionada por el miedo de los psicópatas está moderada por la atención. Los autores citan a Newman et al., (2010) que demostraron cómo bajo condiciones en las que a los participantes se les instruye para atender a aspectos no-predictivos del estímulo, los adultos psicópatas exhibieron una respuesta condicionada al miedo reducida, lo cual replica los anteriores hallazgos. Sin embargo, cuando a los participantes se les pedía que atendieran específicamente a las características del estímulo relevantes al miedo, el déficit de los psicópatas en la respuesta condicionada al miedo se normalizaba. Los psicópatas eran capaces de identificar qué característica del estímulo era predictiva. Por lo tanto, la manipulación servía únicamente para dirigir la atención y no alteraba su conocimiento de las relaciones entre los estímulos.


Reconocimiento de la emoción


Se ha demostrado también que la asignación de la atención es importante en el reconocimiento preciso de la emoción. Los adultos psicópatas y los niños con niveles altos en rasgos CU tiene déficits en el reconocimiento de la emoción, más concretamente en el reconocimiento del miedo (véase March & Blair, 2008,  para una revisión del meta-análisis) .


El miedo es la principal emoción cuyo significado se advierte solo por la expresión de los ojos. Los ojos abiertos de miedo son una clave en el rostro temeroso. De  hecho, existe un argumento evolutivo que explica por qué los ojos son una clave en la expresión de miedo. La expresión de miedo es mucho más que un retrato de la emoción; es también un método muy eficaz de comunicación. Si alguien expresa miedo es posible que exista una amenaza importante en el entorno. De esta manera la expresión de miedo comunica información que podría ser importante para nuestra supervivencia tiempo atrás en la evolución de nuestra especie.


Se ha podido mostrar que los psicópatas y los niños con puntuaciones altas en rasgos CU exhiben un déficit en la capacidad en identificar correctamente rostro de miedo aunque su atención se dirija hacia la zona de los ojos del rostro temeroso. Cuando los chicos con problemas de comportamiento antisocial y  con altos niveles de rasgos CU se les dice sencillamente que atiendan a la parte de los ojos de esos rostros, el déficit en el reconocimiento del miedo desaparece (Dadds et al., 2006). Es posible que este déficit específico en el reconocimiento del miedo sea un indicador de un déficit más profundo en la asignación de la atención a las señales sociales relevantes. De  hecho, se ha comprobado que lo chicos con altos niveles en rasgos CU y con problemas antisociales tienen poco contacto visual con sus madres en comparación con los niños con problemas antisociales pero sin niveles altos en rasgos CU (Dadds et al., 2012).


La falta de atención a las señales sociales relevantes impacta en la capacidad del niño para formar asociaciones entre su comportamiento y  las consecuencias que este tiene en los demás y le hace más difícil aprender cuando se hace necesario modificar comportamientos antisociales.


De deficiencias menores a la psicopatía


Los autores comienzan considerando que el desarrollo de las características del comportamiento de quienes presentan niveles altos en rasgos CU puede deberse a una falta de desarrollo, una falta en el aprendizaje de comportamientos alternativos, una falta en darse cuenta durante la infancia temprana del impacto de su comportamiento en los demás. Pueden, quizás,  manifestar una falta de comprensión de un mundo en el que parece que funcionan con normalidad cuando, de hecho, están incapacitados por un conjunto de sutiles y complejos déficits cognitivos que con el tiempo se precipitan en una personalidad recia y nociva, y en ocasiones en rasgos comportamentales.


Estos déficits, por supuesto, no provienen de la nada, más bien están en constante interacción e influenciados por el medioambiente social. El desarrollo de la psicopatía pude ejemplificarse con juego infantil del teléfono estropeado. Las diferencias cognitivas pueden causar pequeños y aparentemente insignificantes errores en la compresión que el niño tiene de su propio comportamiento y de las  interacciones sociales, pero con el tiempo van moldeando su entorno y agravan sus dificultades dando lugar a comportamientos y rasgos de personalidad que en la edad adulta pueden ser tan inmorales que resultan insondables.


La falta de empatía, característica de la psicopatía y de los niños con niveles altos en rasgos CU, ha recibido considerable atención por investigadores y clínicos,  y apunta a complejas interacciones entre los déficits cognitivos, emocionales y medioambientales. 


Como pasa con los déficits atencionales y de aprendizaje mencionados anteriormente, las dificultades con la empatía que muestran los niños con niveles altos en rasgos CU no son tan directas. Se puede considerar que la empatía tiene dos componentes: una empatía cognitiva y una empatía afectiva.


 La empatía cognitiva refiere a la capacidad de comprender como puede sentirse la otra persona en una situación dada. La empatía afectiva describe el compartir una emoción con otra persona.


 La investigación ha probado que los niños con niveles altos en rasgos CU no tiene dificultades con la empatía cognitiva pero tienen déficits con la empatía afectiva (Jones, Happé, Gilbert, Burnett & Viding, 2010). Es posible que este déficit este modulado por la falta de consciencia o por la falta de atención a los estados emocionales de los demás, y puede invertirse bajo condiciones en las que se guía al niño a prestar atención a las señales emocionales de los otros como: su expresión facial, postura corporal, y tono de voz.


La investigación en fMRI ha encontrado que los déficits en la empatía afectiva son un reflejo de una función neuronal. Los jóvenes con rasgos psicopáticos tienen menor activación en la amígdala que los sanos ante la cara de dolor que muestra una persona cuando le hacen daño,  pero no hay diferencias entre grupos en la activación de la amígdala cuando se pide a los participantes que imaginen que el dolor se les infringe a ellos mismos (Marsh et al., 2013). Estos hallazgos sugieren que la consolidación  neurológica normal del desarrollo de la empatía puede alterarse o, al menos, retrasarse evolutivamente en estos adolescentes.


Las investigaciones  nos ayudan a comprender por qué un niño con altos niveles de CU puede tener un mayor riesgo de desarrollar y mantener problemas de comportamiento antisocial y agresivo.  Estos niños pueden ser menos sensibles  al impacto, tanto emocional como físico, que su propio comportamiento tiene en los otros. La empatía, en este contexto, puede considerarse una piedra angular en el camino del desarrollo desde las funciones básicas neurales y cognitivas hasta la manifestación de los rasgos complejos de personalidad y conducta. 


Conclusiones finales


El comportamiento inmoral puede llegar a desarrollarse en base a las deficiencias de las funciones cognitivas descritas anteriormente.


Funciones básicas, tales como  el aprendizaje y la atención, son las herramientas que los psicólogos emplean para resolver los problemas de comportamiento e impulsar el desarrollo de tratamientos.


Este capítulo ha presentado una explicación posible para las psicopatologías de la inmoralidad a partir del desarrollo de los rasgos insensibles emocionales.


Cuando pensamos en las psicopatologías asociadas con el comportamiento inmoral, tendemos a imaginar la peor de las situaciones. Tendemos a ver a los psicópatas criminales como “monstruos” que son de alguna forma extraños para el resto de la raza humana. En los extremos del comportamiento inmoral se nos hace difícil imaginar el curso evolutivo de tales comportamientos, pero cuando damos un paso atrás y consideramos los procesos psicológicos básicos que están en la raíz de estos trastornos, dónde empiezan estos desordenes y cómo se pueden manifestar en la infancia, podemos concebir una aproximación no culpabilizadora sobre la que se puedan construir  intervenciones y mejorar tratamientos.


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Capítulo 14. El cerebro moral: psicopatología. Autoras: Caroline Moul, David Hawes y Mark Dadds. En: V. La inmoralidad psicopática