¿El cerebro moral puede ser desapasionado? [Prinz, J.] En: The moral brain. A multidisciplinary perspective

Publicado en la revista nº053

Autor: Menor Barbero, Mónica

Libro Moral Brain. A multidisciplinary perspective. (2015) Edited by Jean Decety and Thalia Wheatley. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts London England

Capítulo 4. ¿El cerebro moral puede ser desapasionado?Autor: Jesse Prinz. En: I. La evolución de la moralidad.

Aunque no hay consenso en el ámbito filosófico,  Prinz  espera reflejar que el cerebro moral es un cerebro emocional a través de resultados comportamentales y evidencias neurocientíficas que identifican correlaciones entre el funcionamiento cerebral y los juicios morales.

El sentimentalismo, corriente filosófica iniciada en el siglo XVIII por David Hume, propone que el conocimiento deriva de la experiencia sensible, limitando el papel de la razón al realizar juicios morales dado que estos se apoyan en emociones. Considera los juicios morales como emociones (sentimientos del XVIII) que pueden o no estar precedidos por razonamientos, pero que siempre van más allá de la razón, porque la razón por sí sola no puede dictar cómo sentir.

Los juicios morales son principios activos, de naturaleza práctica que se derivan de lo adecuado (utilitarismo) y que se experimentan como una necesidad de actuar. Por el contrario la razón, es un principio inactivo, que habla de verdad y falsedad, sin fines ni propósitos, es teórica y describe cómo son las cosas. Hume niega a la razón su legitimidad para, desde el supuesto saber, prescribir el deber, dado que no se puede derivar un “debe”, lo normativo, de un “es”, lo positivo. Cuando nos referimos a la acción, la razón es esclava de la pasión. Esta idea se encuentra también en la psicología de la creencia-deseo que tiene en cuenta la interacción entre creencias y deseos que dan lugar a intenciones que nos pueden llevar a realizar determinadas acciones.

Aún teniendo en cuanta lo anterior, Hume norechaza la presencia de la razón en la vida moral y tampoco la relega a un mecanismo de racionalización posterior. Añade que dado que hacemos innumerables juicios morales no sería razonable asumir que cada uno de ellos está condicionado independientemente, por tanto, debe haber una serie de valores básicos subyacentes de los que se derivan decisiones más concretas y la razón debe ser crucial para llegar a estas conclusiones.

Papel de las emociones

Para Hume las emociones no son precursoras de los juicios morales, sino que componen nuestros juicios: cuando juzgamos que algo está mal, sentimos una emoción hacia ello. Sabemos que en la desaprobación se involucran emociones como el enfado o la rabia, la aversió-asco (disgust),  el desprecio, la culpa y la vergüenza, y que estas se relacionan con violación de normas morales en contra de personas, comunidades o la naturaleza. La aprobación ha sido menos estudiada, se cree que las alabanzas morales están asociados a admiración, gratitud, altura moral,  felicidad edificadora (uplifting happiness) y orgullo, estando todas ellas relacionadas con comportamientos prosociales.

Se ha desafiado a los sentimentalistas aduciendo que uno puede sentir rabia o asco hacia algo y al mismo tiempo no admitir que sea algo incorrecto. La propuesta de Prinz es que los juicios morales nos predisponen para sentir culpa, reproche y acusación hacia uno mismo y hacia los otros. Si un acto suscita aversión-asco-indignación (disgust) también evocará vergüenza y será tenido por moralmente incorrecto. Además, debemos distinguir nuestros respuestas morales automáticas de aquellas con las que nos identificamos, que son aquellas que queremos tener y de las que no nos sentimos avergonzados.

Emociones y el cerebro moral.

Los investigadores declaran que el razonamiento moral depende de elaborados mecanismos corticales para representar y recuperar acontecimientos, información semántica y percepciones. Sin embargo, la moralidad quedaría reducida a un concepto sin significado si se despoja de emoción y motivación.

Todos los estudios realizados utilizando neuroimágenes en los cuales está involucrado el razonamiento moral informan de actividad en estructuras cerebrales asociadas con la emoción. En uno de estos estudios se compara la falta de rectitud moral con la maldad objetiva y se asocia a regiones frontopolares, orbitofrontales (BA9, 10, 11) y al lóbulo temporal. Estas áreas también se muestran activas en estudios en los que se presentan imágenes moralmente provocativas, encontrando también actividad en la amígdala y en el cingulado posterior, áreas asociadas con emociones. También está implicado el surco temporal superior, estando esté involucrado en la cognición social. Cuando condenamos moralmente acciones que dañan intencionadamente estamos atribuyendo intenciones que comprometen estructuras cerebrales asociadas con la cognición social. Los resultados arrojados por las imágenes cerebrales sugieren que además de estas creencias, los juicios morales involucran emociones, confirmándose las predicciones de los Sentimentalistas.

Los críticos señalan que los hallazgos a través de imágenes funcionales se obtienen por correlación con una resolución temporal limitada. Añaden que aún sosteniendo que los juicios morales involucran emociones, no es posible establecer el papel que juegan estas. Los racionalistas contemplan que las emociones pueden aparecer cuando hacemos juicios morales, pero también tienden a asumir, sin verlo reflejado en el escáner cerebral, que se puede juzgar sin involucrar la emoción.

Objeciones neurocientíficas al sentimentalismo

Se exponen cuatro líneas de investigación que apuntan a la posibilidad de un juicio moral desapasionado, según Prinz ninguna es concluyente y todas encuentran emociones en los juicios morales.

Proceso dual

En el mismo año, 2001,  en el que se publicaron los estudios de neuroimagen mencionados anteriormente, Geene y sus colaboradores estudiaron la reacción de los sujetos frente a dilemas morales (DM) y no morales (DNM). En los DM debían decidir si llevar a cabo acciones cuyo resultado fuera hacer daño a una persona  al tiempo que evitaban hacer daño a un grupo. Se dividieron en temática personal (DMP): agresiones directas y físicas como arrojar a una persona delante de un vagón en marcha para evitar que el vagón choque contra cinco personas; e impersonal (DMI): agresión como efecto colateral como accionar una palanca desviando el vagón y matando a una persona, en lugar de chocar contra cinco personas si no acciona la palanca. Obtuvieron resultados comportamentales y provenientes de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para conjeturar que la toma de decisiones moral a veces está basada en emociones y otras en razonamientos.

Comportamentalmente los DMP se veían como impermisibles y se respondían pronto; llamaron deontológico al resultado mayoritario de estos dilemas, en los que estaba implícita una regla moral por la cual hacer daño a otros está mal. Por su parte, los DMI se respondían más lentamente y eran vistos como una intervención permisible; llamaron utilitario a este tipo de respuesta dónde los participantes eligen maximizar el número de personas que salvan.

Comparado los resultados de ambos dilemas morales, en los DMP hay  una mayor activación de las estructuras cerebrales asociadas a la emoción, como el cingulado posterior y el lóbulo temporal, y en los DMI se observa  actividad en el cortex dorsolateral prefrontal (dIPFC) y otras áreas asociadas con memoria de trabajo y procesos cognitivos. Interpretan estos resultados asociando los juicios morales a dos tipos de procesos: proceso emocional (es automático y propenso a errores heredados de nuestro pasado evolutivo), y un proceso racional ponderado (cool reasoning) que no se basa en instintos.

El autor del artículo afirma que las emociones aparecen en todos los estudios de juicios morales aduciendo que al comparar los resultados de los DM con los de los DNM, los DMI muestran un incremento significativo en áreas asociadas con la emoción, aunque lógicamente sea menor que en los DMP. Su segunda argumentación señala que la actividad en el dIPFC es compatible con el punto de vista sentimentalista porque su actividad puede estar asociada con un proceso racional ponderado pero al servicio de una norma moral basada en emociones facilitando el procesamiento emocional en los DMI. Además prevé ambos procesamientos, cognitivo y emocional,  siempre que se trate de una norma de ayuda.

Greene mantiene que en los DMP la norma de ayuda puede ser eliminada con la norma en contra de infringir daño. Pero hacer daño es menos evidente en los DMI dado que tirar de una palanca no es el ejemplo prototípico de matar. En esos casos la norma de ayuda entra en conflicto con la norma en contra de infringir daño, y en lugar de contemplarlo como emoción frente a razón, debemos verlo como dos normas emocionales: aprobación frente a ayuda y desaprobación frente a infringir daño. Este dilema moral ralentiza la toma de decisiones y puede explicar la actividad del dIPFC. En contra de la posición de Greene, la estimulación magnética transcraneal (TMS) del dIPFC aumenta las decisiones utilitarias, quizás dificultando prestar atención al conflicto y permitiendo que la norma de ayuda se presente como una respuesta emocional relevante. Por tanto el dIPFC entra en funcionamiento en tareas cognitivas sin implicación emocional (cool cognitive task) y también lo hace en conflictos emocionales.

Según Greene y colaboradores, la interpretación anterior predice respuestas neuronales para emociones positivas y negativas en los DMI, pero no se observa actividad en los centros de recompensa del cerebro, entre los cuales está el dIPFC, aunque debería verse si la norma de ayuda estuviera basada en la aprobación. Parece más posible, según la TMS, que la recompensa se situé en otro lugar del cerebro que no ha sido contemplando en el experimento de Greene. En los dos tipos de escenarios morales, DM y DNM, hay un desenlace positivo: en los DM la intervención negativa es variada (daño directo vs indirecto), pero el resultado positivo se mantiene constante, lo que significa que los correlatos neurales tienen pocas posibilidades de aparecer en el análisis de datos. Sin embargo, cuando Shenhav y Greene en 2010 cambiaron las consecuencias positivas, variando el número de vidas que podían ser salvadas, apareció la estructura clásica de recompensa en la zona ventral del cuerpo estriado (ventral striatum).

Aunque Greene admite que no se dan juicios morales en ausencia de emociones, según Prinz sugiere sin aportar pruebas, que en los DMI las emociones no son la causa de los juicios morales sino que se ven afectadas por estos. Estos datos corroboran la tesis de los sentimentalistas, por la que las emociones son componentes de los juicios morales. Por ejemplo, se vio que al inducir emociones positivas se produce un aumento de juicios en los que es bueno ayudar a la gente necesitada.

Predominio de lo racional

Greene y colaboradores publicaron en 2004 otro artículo donde argumentan que el procesamiento racional ponderado puede, en algunos casos, anular el procesamiento emocional. Se centraron en DMP difíciles como estar escondido junto a un grupo de gente y ahogar a un bebé que llora para evitar ser capturados. La mayor parte de los entrevistados tardaron un tiempo en responder, y muchos concluyeron  que se puede ahogar al niño. Los resultados del escáner mostraron activación de estructuras emocionales y también en el dIPFC,  siendo mayor la actividad de este en los casos en los que se veía permisible ahogar al bebé. Interpretaron que el razonamiento ponderado, que ellos asocian con dIPFC, puede usarse para regular una respuesta emocional (el horror de matar a un bebé) y dar un veredicto meditado que va en contra de lo que la emoción dicta. Prinz señala que esta interpretación puede no ser correcta, ya que el dIPFC no se limita a los razonamientos ponderados. Más aún, la actividad del dIPFC en decisiones utilitarias puede reflejar, en concordancia con Green y Sentimentalistas, que se requiere un razonamiento numérico. También se ha observado que en la toma de decisiones utilitaria hay una mayor actividad en las áreas 31 y 23 de Brodmann del cingulado posterior, siendo una estructura emocional, estando la BA23 asociada con culpa. Así mismo hay una actividad incrementada en el área 10 de Brodmann, asociada con recompensa computacional (reward computation). El resultado implica un incremento de la emocionalidad para aquellos que eligen matar, es decir, el razonamiento anula la deontología reclutando más que suprimiendo las emociones

Déficits emocionales

Los sentimentalistas predecirían que los déficits emocionales tendrían como resultado déficits morales, sin embargo sujetos lesionados en el cortex prefrontal ventromedial (vmPFC) pueden hacer juicios morales aunque sus lesiones alteran el procesamiento emocional, además responden igual que los grupos de control ante DMI, pero dan respuestas utilitarias ante los DMP. Esto sugiere que algunos juicios morales operan normalmente, pero otros se ven perturbados, tal y como predice la teoría del proceso dual. La presencia de juicios sin tener una respuesta emocional normal puede parecer un contraejemplo al sentimentalismo, sin embargo el autor señala que estos pacientes no carecen de emociones, sino que sufren déficits en la modulación de la emoción, de hecho, siguen buscando recompensas aunque se les confronte con consecuencias negativas. En el DMP estos pacientes son comparativamente insensibles al horror de lanzar a la persona y sin embargo están muy motivados por salvar vidas, respaldando el hecho de que las emociones de aprobación están intactas. Si estos pacientes carecieran de emociones su comportamiento sería aleatorio o inexistente. Por otro lado, tienen una historia de aprendizaje emocional antes de la lesión en el vmPFC, por lo que deben haber memorizado normas morales que no necesitan procesarse emocionalmente, es decir, pueden emitir juicios morales utilizando la memoria, pero no son capaces de articular por qué, ya que para ello necesitarían un sentido genuino de moralidad.

Juicios previos a la emoción

Como vimos en el apartado de proceso dual, el problema con las fMRI es que la resolución temporal no aclara si las emociones son causas, componentes o efectos de los juicios morales. Para aclararlo Yang diseñó en 2013 un experimento, utilizando EEG, un método con mejor resolución temporal, del que se desprende que los juicios morales aparecen antes de que las emociones afloren.

El diseño del experimento es el siguiente: una tarea de respuesta/no respuesta en la que tienen que elegir entre dos opciones de respuesta en un tablero o abstenerse de responder. Registrando el potencial motor, los participantes eligen entre escenarios que varían en el grado de inmoralidad y amoralidad, asco-indignación y no asco-no indignación. En la tarea de respuesta/no respuesta, hubo una primera ronda en la que se investigó el escenario moral: si la cuestión es considerada inmoral, seleccionan una palanca para calificarla como asco-indignación o no asco-no indignación; en la segunda ronda se investigó el escenario asco-indignación: sólo si la cuestión es considerada como asco-indignación presionar la palanca indicaría si el escenario es inmoral o no.

Se vio que el escenario moral se responde con mayor rapidez, lo que sugiere que los participantes emiten juicios morales antes de poder extrapolarlos a la información emocional. Curiosamente los autores que estudian el proceso dual en la orden temporal no llegan a esta conclusión, aunque las respuestas morales muestran potenciales de preparación antes que las respuestas emocionales. Su inferencia se basa en el hecho de que los juicios morales producen potenciales de preparación incluso en la tarea de no respuesta, en condiciones en las que el asco-indignación hacia innecesaria la respuesta moral. Y a la inversa, cuando el escenario moral se usa para decidir entre respuesta/no respuesta, no hay potencial motor asociado con el asco-indignación en la elección de no respuesta, indicando que la exploración moral aparece antes de que se genere ningún tipo de respuesta de asco-indignación. Si aparece primero el asco-indignación los autores suponen que se ha iniciado un potencial motor antes de que la exploración moral la suprima.

Hay otras interpretaciones: en el escenario moral para la tarea de respuesta/no respuesta, los ensayos de no respuesta incluyen elementos sin significación moral pero con variaciones en la variable asco-indignación. Como el asco-indignación es una emoción de retirada no sería esperable potenciales motores. 

En la ronda en la que se investigó el escenario asco-indignación para la tarea de respuesta, los ensayos de no respuesta incluían elementos que eran inmorales pero que no producían asco-indignación. Lo moralmente reprobable que no incluye asco-indignación suele provocar rabia, siendo esta una emoción activa y puede desatar potenciales motores incluso cuando la acción se supone que está suprimida.

Los datos temporales del estudio sugieren que los juicios morales aparecen más lentamente que las emociones. Los potenciales motores en los ensayos de no respuesta, que reflejan que algo es incorrecto pero no produce asco-indignación, aparecen únicamente después de los potenciales en los ensayos de respuesta, que registran que algo produce asco-indignación. Además los potenciales iniciales de preparación para el ensayo en el que la respuesta significa asco/indignación aparecen antes que los potenciales en los que la respuesta significa inmoralidad, sugiriendo de nuevo que la información emocional puede decidir antes que la información moral. Los sentimentalistas no hacen predicciones en relación a esto. El reclamo de que los juicios morales son emocionales no significa que dependan de evocar previamente emociones amorales. La asociación entre una acción inmoral y asco-indignación puede ser más fuerte, en algunos casos, que la asociación entre una acción y un asco determinado biológicamente, especialmente cuando se utilizan materiales verbales.

El autor concluye que el estudio de Yang pone de manifiesto el valor potencial de la utilización de EEG en el terreno de la moralidad, pero no establece la prioridad temporal de lo moral por encima de lo emocional.

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