¿Por qué cooperamos? [Jordan, Peysakhovich, Rand]. En: The moral brain: A multidisciplinary perspective

Publicado en la revista nº053

Autor: Menor Barbero, Mónica

Libro Moral Brain. A multidisciplinary perspective. (2015) Edited by Jean Decety and Thalia Wheatley. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts London England

Capítulo 6. ¿Por qué cooperamos? Autores: Jillian Jordan, Alexander Peysakhovich, David G. Rand. En: I. La evolución de la moralidad.

¿Qué significa ser moral? Se puede responder a esta pregunta desde un punto de vista normativo (lo que debería ser) utilizado habitualmente por los filósofos, o positivo (lo que es). A través del enfoque positivo los psicólogos, entre otros, se cuestionan cómo y por qué evoluciona nuestro sentido moral: qué procesos psicológicos están vinculados con nuestros juicios morales y qué normas morales son universales. En este capítulo se examina de un modo positivo un tipo particular de comportamiento moral: el comportamiento prosocial, por el cual el individuo está dispuesto a tener un costo personal para poder beneficiar a otros.

Para estudiar por qué y cuando los individuos hacen esfuerzos por ayudar a posibles competidores a vencer y qué motiva este comportamiento prosocial, se han creado paradigmas experimentales utilizando juegos económicos, en los cuales las elecciones del individuo afectan al dinero que gana uno mismo y los otros jugadores. Uno de estos paradigmas es el “Juego de bienes públicos” (public goods game – PGG) que estudia el núcleo de la cooperación al poner de manifiesto la tensión entre los intereses individuales y colectivos. El PGG se estructura del siguiente modo: cuatro jugadores deciden cuánto dinero aportar a un proyecto común, siendo la aportación doblada o repartida de modo equitativo entre los jugadores. Bajo esta norma, si todos aportan el total de su dinero, todos duplican su dinero, de modo que la cooperación resulta productiva. Sin embargo, individualmente los sujetos pierden al contribuir, porque por cada dólar aportado se recibe la mitad, de modo que las ganancias personales se maximizan si no se contribuye en absoluto y además se siguen beneficiando (de un modo parasitario) de las contribuciones de los otros. Un segundo paradigma utilizado es el “Dilema de los prisioneros” (prisoner´s dilema – PD) en el cual dos jugadores eligen actuar orientándose de un modo social pagando para beneficiar al otro jugador, o teniendo en cuenta lo personal e individual. 

Mecanismos que facilitan la cooperación: reciprocidad directa, reciprocidad indirecta, instituciones

La cooperación entre personas ajenas es una característica distintiva de la raza humana pese a la tentación de actuar egoístamente. Los paradigmas experimentales económicos muestran que el comportamiento egoísta es beneficioso económicamente, pero omiten un elemento fundamental, que las acciones del presente tienen consecuencias futuras, haciendo más ventajoso cooperar y favoreciendo que se mantenga este comportamiento frente a la no cooperación.

Para profundizar en el estudio de los mecanismos cooperativos los autores hablan de reciprocidad directa, reciprocidad indirecta y también tienen en cuanta las instituciones. En la reciprocidad directa se producen interacciones diádicas repetidas que enseñan a cooperar teniendo en cuenta la participación cooperativa de los otros, sustentando las relaciones a largo plazo; la recompensa futura motiva a participar en el presente; se puede responder indulgentemente u olvidando la falta de cooperación puntual porque hemos aprendido que en determinados momentos las interacciones cooperativas fallan. La reciprocidad indirecta es una cooperación a mayor escala en la que la acción individual hacia otro depende del comportamiento previo de este hacia otros. En lugar de utilizar el comportamiento del compañero como una señal de su comportamiento futuro es utilizada para orientarse en lo que se debe hacer para mantener una buena reputación, favoreciendo por ello las posibilidades de recibir mayor cooperación en el futuro. La reputación influye poderosamente en el comportamiento cooperativo: en el paradigma de juego económico las participantes cooperan si están seguros de que los otros lo sabrán, más aún, el simple hecho de saberse observado aumenta la cooperación. Las normas sociales y la difamación son ejemplos de reciprocidad indirecta. Finalmente, las instituciones posibilitan la cooperación en los grupos grandes, disuadiendo los malos comportamientos y promoviendo la confianza en la cooperación de los otros.

Aproximación psicológica a la cooperación e hipótesis de los heurísticos sociales

Si la cooperación tiene beneficios, la evolución y el comportamiento racional lo favorecerán. Los autores plantean que los heurísticos sociales permiten aproximaciones explicativas de corto alcance que estudian las motivaciones, emociones y cogniciones que tratan de explicar cómo la gente coopera; y aproximaciones explicativas de largo alcance que ponen el acento en los beneficios a largo plazo para explicar por qué la gente coopera o por qué funcionan como lo hacen los procesos psicológicos de cercanía, que hacen ventajoso a largo plazo cooperar con nuestros amigos y por ese motivo nos importan, siendo la empatía uno de los más destacados.

La hipotesis de los heurísticos sociales (HHS) describe un proceso dual para dar cuenta del comportamiento cooperativo motivado intrínsecamente. La decisión de cooperar resulta del interjuego entre dos tipos de procesos psicológicos: el rápido, automático, intuitivo y afectivo, siendo el otro lento, controlado y deliberado. La HHS sugiere que las estrategias exitosas se automatizan por defecto, y por tanto, si la cooperación genera beneficios a largo plazo se desarrollarán preferencias prosociales y se tendrá en cuenta a los otros de un modo genuino. Estos heurísticos se trasladarán a otros escenarios, por lo que los individuos que frecuentan ambientes en los que la cooperación es fructífera, tenderán a tener un comportamiento prosocial aunque no obtengan beneficios en el presente. Por tanto, las reglas que gobiernan las interacciones con otros influencian el tipo de heurístico de cooperación que se adopte.

Se ha observado que internalizamos de un modo predeterminado e intuitivo estrategias comportamentales ventajosas, de modo que los mecanismos que promueven la cooperación nos llevan automáticamente a cooperar, incluso en situaciones que quedan fuera del alcance de estos mecanismos. Si a los participantes del PGG se les sometía a condiciones que favorecían la toma de decisiones intuitiva eran más cooperativos que aquellos en los que se inducía una toma de decisiones deliberada. Esta cooperación irracional es esencial para el éxito de la civilización humana y es un componente clave de la moralidad. Los autores aportan un dato más, perjudicando la función del área prefrontal lateral del cortex derecho, que está asociada con el control y la deliberación, favorece que se realicen transferencias económicas unilaterales y que se entienda cooperativamente el juego del PD.

Se ha observado que los incentivos extrínsecos pueden anular o debilitar los incentivos intrínsecos. Este hallazgo contradice los datos que muestran que las motivaciones intrinsecas para el comportamiento cooperativo surgen de incentivos extrínsecos que hacen ventajosa la cooperación. En un clásico estudio centrado en socavar los incentivos extrínsecos, los niños pierden interés en pintar con rotuladores cuando se les pide hacerlo a cambio de un “premio de buen jugador”, esta pérdida de interés también ocurre en escenarios donde se plantean dilemas sociales. Los autores concilian estos resultados contradictorios teniendo en cuenta la naturaleza de los incentivos. Por ejemplo, incentivos económicos explícitos anulan las motivaciones intrínsecas, mientras que incentivos implícitos honorables fomenta la motivación intrínseca. Entienden que sería práctico desarrollar y entender cómo aplicar incentivos para crear culturas de cooperación con normas prosociales internalizadas.

Otra cuestión plateada es cómo la gente responde a la cooperación y al egoísmo con comportamientos como la reciprocidad y el mantenimiento de las normas, porque sabemos que al ocasionar consecuencias adicionales por violar las normas cooperativas se posibilita el mantenimiento de sociedades cooperativas. Los individuos no sólo se comportan cooperativamente, sino que también controlan el comportamiento cooperativo de los otros: aunque haya un coste personal se premia al cooperador y se castiga a los que no lo hacen cuando el comportamiento tiene un efecto directo sobre el sujeto, y también cuando el efecto es sobre terceras personas.

¿Por qué los sujetos participan en comportamientos sancionados? Las datos sugieren que el castigo en segunda persona o vicario (second-party punishment) es una respuesta automática e intuitiva al trato injusto. Podemos pensar que es una estrategia ventajosa porque detiene futuras explotaciones. Pero, ¿por qué una tercera persona observadora se involucraría para sancionar un comportamiento egoísta cuando no ha sido personalmente dañado? Los autores ven necesario una mayor comprensión de los mecanismos de corto y largo alcance que expliquen el cumplimiento de las normas en tercera persona.

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