Analizando la diferenciación emocional: Transformando la experiencia displacentera mediante el percibir distinciones en su negatividad [Kashdan, T.B., Feldman Barret, L., McKnight, P.E.]

Publicado en la revista nº055

Autor: Dryzun, Jeanette


Para citar este artículo: Dryzun, J. (Julio 2017). Reseña de "Analizando la diferenciación emocional: Transformando la experiencia displacentera mediante el percibir distinciones en su negatividad" [Kashdan, T.B., Feldman Barret, L., McKnight, P.E.]. Aperturas Psicoanalíticas, 55. Recuperado de http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000983&a=Analizando-la-diferenciacion-emocional-Transformando-la-experiencia-displacentera-mediante-el-percibir-distinciones-en-su-negatividad

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"Unpacking emotion differentiation: Transforming Unpleasant Experience by Perceiving Distinctions in Negativity. APS (Association for Psychological Science), año 2015, vol 24(1) 10-16 -Downloaded from cdp.sagepub.com at Northeastern University. Autores: Todd B.Kashdan, Lisa Feldman Barret, and Patrick E.McKnight


Traducción del resumen del artículo original


Ser capaz de percibir y distinguir cuidadosamente la rica complejidad de las experiencias emocionales es un componente clave de las intervenciones psicológicas. Hemos revisado investigaciones en psicología clínica, social y de salud que ofrece mejor comprensión del valor adaptativo de poner sentimientos en palabras con alto grado de complejidad (diferenciación emocional o granularidad emocional) En relación con recientes investigaciones, luego de experimentar intenso distress, los individuos que experimentan sus emociones con mayor granularidad son menos propensos a recurrir a estrategias de autorregulación no adaptativas como pueden ser el juego compulsivo, alcohol, agresión, autoagresiones; estos muestran menor reactividad neuronal a rechazos, experimentan una ansiedad o depresión menos severas. Estos descubrimientos iluminan cómo las emociones negativas y las experiencias estresantes pueden ser transformadas mediante las habilidades que se adquieran a través de la diferenciación emocional. Además de que la investigación básica sugiere que la diferenciación emocional es un importante proceso de desarrollo, la evidencia sugiere que las intervenciones diseñadas para mejorar la diferenciación emocional pueden reducir problemas psicológicos e incrementar tendencias al bienestar (p. 10).


La presente reseña sigue el mismo recorrido con subtítulos del artículo original a los fines de guiar al lector en sus ideas y en las citas bibliográficas que podrá encontrar detalladas en el texto original.

Los autores comienzan refiriendo dos relatos diferentes de los tristes acontecimientos que tuvieron lugar el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York para mostrarnos las diferencias que pueden surgir entre dos formas de comprender los efectos emocionales de una única y misma situación estresante (en este caso el ataque a las Torres Gemelas). Dos personas en el mismo día respondieron muy diferentemente a la misma pregunta formulada en la calle por periodistas respecto a qué estaban sintiendo:

Persona 1: "Mi primera reacción fue terrible, triste... Pero la segunda reacción fue de rabia, porque uno no puede hacer nada con esta tristeza."

Persona 2: "Sentí un montón de sensaciones que no podía indicar. Tal vez, rabia, confusión, miedo. Me sentí realmente mal ese día de septiembre de 2001. Realmente mal."

El texto nos puntualiza que el primer relato muestra a una persona que logra describir una serie de experiencias emocionales especificas asociadas con el deseo de actuar, mientras que en el segundo relato se observa que la persona lucha para representar sus sentimientos en términos más específicos, pero sin lograrlo, queda con sensaciones generales de desagrado y malestar. Con ambos ejemplos, muestran cómo la gente transforma en palabras sus sentimientos y sensaciones de una experiencia sentida y vivida y en cuánto la manera de generar  expresividad puede dar cuenta del proceso de respuesta individual que cada una logra otorgarle  a los efectos negativos de aquello que fue un mismo acontecimiento (el ataque a las Torres) para ambas, pero no la misma experiencia emocional.

Los autores muestran que hay razones justificadas para proponer que las personas con habilidades para verbalizar y caracterizar sus experiencias emocionales con matices, discriminaciones y detalle (lo que los autores denominan como "granularidad " o sea discriminación grano a grano) son menos propensas a quedar abrumadas en situaciones estresantes.

Los autores puntualizan que la importancia de la diferenciación emocional consiste en un proceso complejo de habilidades mentales centradas en el trabajo sobre la distinción de subtipos de emociones:

1) El uso de etiquetas y categorías que se correspondan a emociones-palabras (emotion-word labels) a los fines de diferenciar, distinguir, discriminar lo que se siente en un determinado momento para trasmitir información acerca de la situación y posibles cursos de acción.

2) Las emociones etiquetadas o categorizadas favorecerían una mejor regulación emocional para actuar en concordancia, sea tanto para desestimar la señal recibida o, por el contrario, para tomarla más en cuenta y favorecer el curso de estrategias personales oportunas. Dan un ejemplo del afecto rabia en el contexto de una negociación difícil, considerando que la diferenciación emocional suma para la autorregulación emocional o, por el contrario, el individuo se desregula peligrando la negociación para su beneficio.

3) Si se logra un manejo balanceado de las emociones, la persona está mejor preparada para conseguir mejores resultados a partir de sus esfuerzos personales durante la situación alterada o controlar los eventos personales mentales que la afectan.

Una conclusión de sus ideas sostiene que la autorregulación emocional representa un factor esencial para el cuidado personal y cuando una persona lucha con escasos recursos para manejar la angustia intensa, muchos otros aspectos y objetivos de su vida personal, familiar, social se postergan y afectan negativamente sus condiciones de vida. En ese sentido, señalan la mayor propensión a asociaciones entre desregulación emocional y problemas con juego compulsivo, alcoholismo o agresión física.

Pensando seriamente acerca del sistema de medición

En este capítulo, los autores proponen reflexionar sobre el sistema de medición que resulte más fidedigno para ponderar la complejidad de la vida emocional desde el punto de vista neurobiológico. Consideran que una mayor especificidad y sensibilidad del sistema podría precisar una selección más variada de la serie de diferentes conceptos psicológicos que se vuelcan al campo de investigación de los relatos. Ellos consideran relevante esta precisión a los fines de comprender en mayor profundidad y detalle las habilidades del proceso de diferenciación emocional que se adquiere para distinguir cambios afectivos como experiencias emocionales diferenciadas. Los autores piensan que las técnicas más precisas de mensurabilidad determinarían mayor conocimiento de cómo se procesa la relación entre diferenciación emocional y habilidades respecto de las intervenciones psicológicas a diseñar. Para ellos la mensurabilidad todavía es un problema a resolver y muestran una tabla (pág. 12 en el artículo original)que da cuenta de ello y que expongo a continuación:

Tabla de "Terminología sobre complejidad emocional y metodología"


El texto continúa describiendo los descubrimientos de varios estudios que usaron mediciones para evaluar la diferenciación emocional como habilidad. Respecto de las técnicas de toma de las muestras refieren que las personas que narran sus experiencias deben poder recuperar recuerdos a la vez que agregar relatos y respuestas de múltiples situaciones. Se refuerza la idea de que debe realizarse un mejor estudio de mensurabilidad tras registros intensos, repetitivos y diversos de los relatos que reflejen las tendencias en los narradores, sus creencias acerca de ellos mismos en la situación que narran, más que proveer de una aguda u "objetiva" representación de una experiencia emocional momentánea. Así también, los autores se diferencian de otras posturas marcando que si la diferenciación emocional es una habilidad, "esta debe ser mensurada desde el comportamiento" (pág. 11) incluyendo las experiencias emocionales en una situación momento a momento en forma intensiva y repetida para considerar el rango longitudinal de las narraciones que permitiría observar los patrones que rigen en los reportes subjetivos momentáneos del que experimenta y narra.

Lo importante de estos estudios, más allá del futuro mejoramiento de la técnica de mensurabildad, es que muestran que las personas con más elevada capacidad de diferenciación reportan experiencias emocionales más detalladas en diferentes ocasiones y usan diferentes adjetivos para representar diferentes tipos de experiencia con emoción negativa (dentro de la categoría global de un afecto negativo, la diferenciación emocional permitiría distinguir, por ejemplo, entre rabia, nerviosismo, vergüenza, bochorno, culpa, arrepentimiento, etc.). En el otro extremo están las personas con baja capacidad de diferenciación, que aun pudiendo usar los mismos adjetivos en sus reportes, su invocación queda limitada a representaciones restringidas, planas, escasas y generales de los estados de sensación.

Señalan que el muestreo de experiencias no es la única estrategia de medida, y apuntan otras, como obtener las medidas de las experiencias sentidas en las narraciones mediante la exposición a imágenes emocionalmente provocativas estandarizadas o a situaciones sociales. Puntualizan que no alcanzaría con una sola técnica para capturar verdaderamente una realización individual espontánea de diferenciación emocional, siendo importante incorporar varias técnicas en las investigaciones con el fin de sumar datos y medidas y cotejarlos, datos que surjan de pensar aproximaciones tanto en la vida real como en situaciones simuladas.

Evidencias sobre los beneficios de la Diferenciación Emocional de lo negativo

En este apartado los autores puntualizan la potencialidad de la evidencia recogida y las hipótesis que el futuro de nuevas investigaciones podría evidenciar. Para ellos la diferenciación emocional es beneficiosa y trascendente para muchas problemáticas psicológicas en tanto es una estrategia fácilmente disponible con efecto directo sobre el bienestar tanto psicológico como social. Refieren resultados de testeo de narraciones de personas -a quienes se les pedía que respondieran sobre experiencias negativas intensas que estaban ocurriendo en su vida cotidiana así como  sobre los esfuerzos realizados para lograr autorregularse- en los cuales se observó que aquellos que eran ya propensos a distinguir emociones negativas reportaron haber usado más de 30% de estrategias para reducir emociones negativas y aumentaron sus emociones positivas durante el curso de 2 semanas. Estos resultados fueron comparados con los de personas con baja diferenciación emocional. Estos hallazgos mostraron por primera vez que los afectos negativos intensos, si se logran diferenciar en experiencias emocionales, pueden ser positivamente funcionales respecto del oportuno uso de estrategias saludables de regulación emocional y para la salud psicológica.

Los autores acentúan una diferencia en la evidencia respecto de otras hipótesis de trabajo que sostienen que la intensidad de los afectos negativos es intrínsecamente problemática. Ellos disienten en parte y refuerzan su teoría determinando que la diferencia importante a considerar radica en la especificidad por medio de la cual los sentimientos son experimentados. Plantean que el afecto (placentero o displacentero) en sí mismo y por sí mismo, no tiene objetivo ni dirección, sino por el contrario interesa dilucidar el mecanismo de transformación del mismo a través de los circuitos cerebrales. Este mecanismo de transformación determina que cuando el afecto se conceptualiza y se etiqueta, se amplía discriminadamente en lo que ellos denominan como "conocimiento emocional". Este conocimiento permite asociaciones de los afectos con un objetivo que sirve de guía al individuo en una situación específica, proveyendo al experimentador con información más rica acerca de cómo actuar mejor en ese momento y contexto. Así concluyen que la diferenciación emocional mejoraría las habilidades de regulación emocional.

Para ellos "la experiencia acoplada al proceso de su diferenciación emocional sería más relevante que la intensidad de los afectos negativos para la funcionalidad subsecuente" (pág. 12). Hacen mención a los muchos estudios que los anteceden en décadas pasadas y que relacionan entre diferenciación emocional y diferentes índices de funcionamiento psicológico saludable. Refieren que hay evidencia en este sentido para pensar que los individuos que experimentan emociones negativas diferenciadas son menos propensos a beber excesivamente cuando se combinan un acontecimiento estresante y una oportunidad de beber excesivamente, consumiendo un 40% menos de alcohol que individuos con baja diferenciación emocional. Así también, refieren que las personas más hábiles en diferenciar emociones negativas son entre 20 y 50 % menos proclives a retaliaciones negativas (asaltos verbales o físicos) contra otros que los agredieron. Correlacionan estos hallazgos conductuales con la actividad cerebral, evidenciando que los individuos que se muestran más proclives a describir y diferenciar sus sentimientos tienen menor actividad en la ínsula y en cortex cingulado anterior cuando son rechazados por un extraño en un juego de simulación. Estas regiones cerebrales son parte de la prominente red de trabajo cerebral que representa y regula la interocepción y los signos homeostáticos durante una gran variedad de fenómenos psicológicos, incluyendo emoción, afecto y dolor.

En un plano más general del comportamiento relacional en el entorno, los autores acentúan que las personas con buenas habilidades de diferenciación emocional se muestran más ecuánimes cuando son confrontadas con el dolor del rechazo. En el plano de los trastornos psicológicos, los autores citan problemáticas nosográficas que también podrían estar afectadas por deficiencias en la diferenciación emocional: las personas diagnosticadas con desórdenes mentales comprenden y responden en función a cómo se relacionan con sus emociones. Hallazgos de dos estudios dan soporte a esta premisa:

1) Los individuos diagnosticados con trastornos depresivos mayores no solo experimentan una angustia más intensa en sus vidas diarias por su propio estado, sino también muestran un nivel más bajo de diferenciación emocional negativa que los adultos sanos.

2) Los individuos diagnosticados con trastorno de ansiedad social pueden distinguirse de otros sin este padecimiento por su tendencia a describir y etiquetar sus emociones negativas de una manera menos especifica y más indiferenciada durante el curso de las interacciones sociales o en incidentes ocasionales de todos los días.

3) Respecto del trastorno autista, también hay estudios que reflejan la baja diferenciación emocional y esto podría relacionarse con la inhabilidad para comprender y usar palabras emocionales.

4) Otros: trastornos alimenticios, trastornos de personalidad borderline.

Los autores plantean que al analizar estos estudios en su conjunto, los mismos estarían ofreciendo una nueva comprensión en la fenomenológica de trastornos psicológicos y el rol potencial que juega la diferenciación emocional para facilitar o entorpecer la regulación emocional.

Nos advierten que puede haber muchas formas de interpretar estos hallazgos cerebrales; no obstante, refuerzan sus ideas respecto de su consistencia con el punto de vista de que la diferenciación emocional se asocia con la actividad de regulación descendente en regiones del cerebro que forman parte de los sustratos neurológicos para sentimientos negativos.

Intervenciones que apuntan a la diferenciación emocional

Este capítulo desarrolla el tema respecto a la especificidad y el tipo de intervenciones eficaces en la práctica asistencial así como también en la vida diaria social y comunitaria, definidos como recursos de aprendizaje cotidiano.

Los autores señalan que existe evidencia preliminar que demuestra la eficacia de intervenciones que apuntan a entrenar individuos para expandir su vocabulario emocional y les enseña a utilizar este vocabulario de una manera flexible y contextualizada. Citan ejemplos: los individuos con miedo a las arañas han sido entrenados en diferenciar sus emociones cuando observan una araña (pág 13): "...delante de mí hay una fea araña que es desagradable, me pone tenso y me inquieta ...", representando esta expresión los matices, detalles y variaciones que enriquecieron o expandieron la primera emoción de impacto frente a la araña. Observan que la diferenciación emocional podría favorecer la reducción de la ansiedad y del comportamiento evitativo. Comparan estos estudios con otros donde a las personas se les dieron otras estrategias, tales como explicaciones cognitivas de aseguramiento o autocalmantes o con estrategias de distracción.

Los autores consideran la comparación de este espectro de intervenciones diferenciadas y plantean su inclinación hacia las que usan la diferenciación emocional en su base en tanto proponen que ésta comprende un proceso de trabajo interno del individuo que conduce a ampliar, discriminar, matizar, flexibilizar y especificar con más detalle las cualidades emocionales que la persona experimenta inicialmente en forma indiferenciada y global. Los autores agregan que en el seguimiento de evaluación una semana después, los individuos con miedo a las arañas entrenados en diferenciación emocional sintieron una menor activación  simpaticomimética cuando eran confrontados con arañas en comparación con los individuos tratados con explicaciones cognitivas o condiciones de exposición solamente.

Otros hallazgos sugieren que la diferenciación emocional podría tener un gran impacto durante las situaciones reactivas emocionales cuando la necesidad de regulación es muy grande. Se observa que el entrenamiento en la diferenciación emocional para lograr que las personas reflejen más detalles cuando describen sus afectos, produciría como consecuencia forjar opiniones morales menos influenciadas por sentimientos de disgusto ocasionales o intensos o por los juicios u opiniones adversas a su persona.

Más allá del encuadre asistencial con problemáticas psicológicas definidas, los autores señalan la relevancia de estos mecanismos en el quehacer y vivir cotidiano de la población en general. Toman el ejemplo de esto en la escuela ilustrando con evidencia los efectos del aprendizaje a través del mecanismo de diferenciación emocional. Refieren que entrenando alumnos escolares para que amplíen su conocimiento y uso de palabras emocionales, se mejoraría su conducta social en el colegio y su rendimiento académico, afectando positivamente a todo el equipo educacional. Se comprende de estas explicaciones que la diferenciación emocional es un recurso que se despliega también en la vida diaria del ser humano y que resulta ser una habilidad simple y fácil de adquirir y practicar. Advierten que esta habilidad queda opacada o soslayada con mucha frecuencia como recurso de autorregulación, aun cuando se despliega naturalmente durante la socialización mientras los padres usan palabras emocionales en sus discursos de todos los días y también mientras los terapeutas hablan a sus pacientes. Refieren que se practica pero que cuando el proceso se formaliza parece perder jerarquía como recurso natural estratégico y deviene en una simple conversación.

Los autores agregan que como los niños, los adultos también pueden ser entrenados en estas intervenciones en encuadres de laboratorio y mejorar su complejidad y conocimiento emocional. Hay evidencia acerca de que la diferenciación emocional mejora con la edad, tal vez debido a un incremento del vocabulario promovido por la propia experiencia acumulada.

Los mecanismos de la diferenciación emocional

El artículo reitera que la diferenciación emocional se relaciona con el mejoramiento de la regulación emocional y una variedad de diferentes y buenos resultados y que un uso más especifico de las palabras emocionales desempeña un cierto rol en el mejoramiento de esta diferenciación como habilidad o destreza. No obstante, resta investigar los mecanismos por los cuales las emociones emergen, el rol que desempeñan las palabras de emoción, los mecanismos que subyacen al beneficio de los efectos de promover la diferenciación así como los límites de la diferenciación emocional en cuanto al alcance de sus beneficios.

Al igual que otros autores, proponen que la diferenciación emocional depende del desarrollo de conceptos emocionales y que la ampliación del vocabulario para las variaciones de matices de las emociones se relaciona con los conceptos emocionales que la gente usa para conceptualizar sus experiencias afectivas y para transformarlas en experiencias emocionales más refinadas, distintivas y granuladas. Por lo tanto una experiencia pasajera se va construyendo en el mismo momento que sucede y al unísono con el trabajo mental de ese experimentador al categorizar las sensaciones recibidas desde el mundo y desde el cuerpo. Este proceso de categorización discriminado y ampliado crea una conceptualización de las sensaciones que se enlaza con el contexto o la situación específica, proporcionando una predicción específica para contextualizar la acción inmediata futura, hacerla más pertinente y efectiva.

En tanto el conocimiento conceptual está incorporado, también puede servir para modificar sensaciones internas desde el cuerpo y reducir la intensidad de afectos negativos, resultando efectivo en el mejoramiento de la regulación emocional. Cuando una persona tiene conocimientos emocionales rudimentarios, sea porque su vocabulario emocional es escaso o poco desarrollado (por ej., en el concepto alexitimia como se menciona en tabla antes citada) o no posee la capacidad de memoria de trabajo para usar su conocimiento de categorías, los estímulos sensoriales que recibe serán conceptualizados en una forma indiferenciada, plana, sin textura, sin los matices propios a su persona en ese momento particular en ese contexto, privándola de un conocimiento contextualizado requerido para manejar la situación en ciernes.

Cuando una persona ha elaborado conocimiento emocional y ha sido enseñada a usarlo como recurso, los signos sensoriales que recibe son conceptualizados de una manera relativamente más diferenciada y específica. Esa persona tendrá un mayor conocimiento contextualizado de esa situación, necesario para dominarla en forma oportuna y pertinente. Para los autores, estas hipótesis están sujetas a futuras comprobaciones científicas a pesar de las presentes evidencias que las justifican.

En relación al mecanismo de acción, refieren que el mecanismo exacto por el cual la mejor discriminación y granularidad emocional disminuye el impacto adverso de malestar intenso no se conoce aun.

Las personas que responden a sus experiencias sentidas con mayor diferenciación están más posibilitadas en su estado consciente y por lo tanto encuentran una alternativa más fácil para modificar o desplazar su foco atencional y mantener una estabilidad emocional.

Aun aguardando el avance de investigaciones que den soporte a estas hipótesis, los autores especulan que cuando las personas perciben sentimientos de malestar y sensaciones corporales, pueden tener dos opciones: quedar librados a que estas experiencias dominen su atención y dictaminen el comportamiento; o recurrir a su destreza y habilidad para usar diferenciadores elevados que les permitan poner una distancia óptima respecto a esas experiencias (concepto que es referido con bibliografía como defusion - expansión o autodistanciamiento). Con esta distancia psicológica, hay una mayor oportunidad para dirigir comportamientos de esfuerzo o exigencias enfocadas hacia metas de valor personal y mayor bienestar restaurando el equilibrio.

Conclusión

Los autores nos puntualizan las principales ideas de su texto:

1) La diferenciación emocional es una habilidad que resulta relevante a un amplio espectro de problemas psicológicos y trastornos.

2) Aquellos más proclives a la construcción granulada y precisa de las emociones en las experiencias están mejor preparados para manejarlas sin importar su intensidad.

3) Aquellos que experimentan sus experiencias negativas de una forma menos granulada se abruman fácilmente por el stress y son susceptibles a estrategias de regulación emocional poco saludables tales como el juego compulsivo, la bebida, trastornos alimenticios, agresiones o conductas autodestructivas.

4) Los resultados de intervenciones psicológicas sugieren que las personas pueden entrenarse para mejorar la construcción de experiencias más granuladas.

5) En el centro de estas intervenciones se halla la expansión del vocabulario emocional de la persona. Se entiende que los autores no se refieren a expansión de vocabulario como una forma culta y educada de acopio de palabras, sino a la capacidad de expresividad y accesibilidad a los matices que por medio de un rico vocabulario permiten la expresión y comunicación dando cuenta de la granularidad y distinciones inmersas en la experiencia emocional sentida. La forma a través de la cual dichas palabras emocionales son importantes para la construcción de experiencias conscientes con efectos descendientes (downstream) sobre la capacidad de regulación emocional y un funcionamiento psicológico saludable son materia de futuras investigaciones.

Comentario sobre la reseña presentada

El texto tiene méritos por su alto valor conceptual respecto del tema "afectos", el cual es fundamentado exhaustivamente por sus autores en una amplia investigación dentro del campo de la neurociencia. El artículo es breve, pero logra exponer sus ideas centrales y sus potenciales repercusiones, situándolas dentro de las corrientes innovadoras para el campo de la comprensión humana teniendo a mi criterio un alcance importante en el cruce de comprensiones interdisciplinarias sobre el tema. Su lectura nos deja con entusiasmo y curiosidad para continuar explorando gracias a la bibliografía que se brinda.

Su idea central es la explicación del proceso de la diferenciación emocional. La conceptualiza como un mecanismo complejo inherente al funcionamiento cerebral y como la adquisición de una capacidad personal que amplía el conocimiento emocional. Todos estos procesos posibilitarían un desempeño personal y social de mayor adaptación y bienestar. La diferenciación emocional determina que las emociones deben sufrir un proceso de trabajo y transformación a los fines de producir un cambio de su estado desde formas más indiferenciadas (no granuladas) hacia formas más diferenciadas (granuladas). Este proceso produce un ensanchamiento de la comprensión y expresión de los afectos con el enriquecimiento de un vocabulario de expresión de los mismos, asociados a la experiencia que permite distinguir sus matices, facetas y diferencias. Los autores describen el fenómeno por el cual los afectos se hallan "empaquetados", o sea incluidos dentro de una unidad de un conjunto de elementos diferentes bajo una denominación global, y que son pasibles de ser diferenciados, "desempaquetándolos", a través de ir abriendo y analizando matiz a matiz, grano por grano (granularidad) la categoría general para encontrar los elementos distintivos en sus subtipos, matices o discriminaciones.

Este proceso de diferenciación emocional podría tener un alto valor de repercusión positiva y eficacia para que las intervenciones psicológicas modifiquen la respuestas en cursos y direcciones más oportunos y pertinentes para un individuo concreto en un momento y un contexto particulares. Provee de mayores recursos para comprender lo que sentimos y cambiar nuestra forma de sentir lo que se vive de una manera más costo/efectiva en términos de autorregulación emocional y el uso del pensamiento complejo a los fines del crecimiento emocional y el bienestar psicofísico. Los autores nos presentan las emociones y sus procesamientos como una especie de directorio afectivo disponible que funcionaría relacionando las emociones discriminadas con palabras y habilitando estrategias acordes a las exigencias que afrontamos en la vida: estar triste no es idéntico para uno mismo en diferentes momentos y circunstancias, ni tiene el mismo significado para todos; o sea que admite múltiples matices. La diferenciación emocional provee de una expansión del conocimiento emocional al enriquecer el vocabulario interno de identificación de los subtipos y matices implícitos en cada afecto. Su consecuencia beneficiosa es que aquellos individuos con mayor capacidad de diferenciación emocional resultan más hábiles para resolver problemáticas propias del estrés emocional al implementar estrategias de autorregulación emocional. Se desprende de la lectura del artículo un posible efecto sumatorio en la relación individuo/entorno al concebir al mundo contextualmente y holísticamente y no como integrado por objetos aislados. En este sentido encontraremos en el texto el vocablo "contexto" usado de diferentes maneras y reiteradas veces constituyendo uno de los ejes centrales en el proceso de transformación que sufren las emociones por la diferenciación emocional.

A los fines de facilitar a los lectores no avezados en el tema de este artículo, agrego en este comentario  una serie de conceptos que lo complementan. Lisa Feldman Barrett, coautora con Todd B.Kashdan y Patrick E.McKnightde este artículo reseñado, es la autora de otro texto extenso y detallado titulado "La teoría de la emoción construida: un hallazgo de inferencia sobre la interocepción y categorización[1]. En este texto la autora puntualiza que el desarrollo actual de la neurociencia se enfoca a explicar cómo funciona el cerebro y en particular ampliar el horizonte de comprensión sobre qué son las emociones y cómo funcionan, rastreando sus bases biológicas dentro de un proceso integrado por el cual el cerebro y las emociones funcionan con un modelo computarizado conocido como la "Teoría de la construcción emocional".

Así, el cerebro debe entenderse como una masiva red de trabajo que procura, produce y crece con la complejidad misma que logra para sí mismo. Desde esta explicación acerca de "qué es un cerebro y para qué sirve" dejaría de tener vigencia la idea que lo comprendía como un órgano singular o una colección de módulos mentales con funciones estáticas. Este cambio afecta profundamente la comprensión de su dinámica, de su integración con el resto del cuerpo y la funciones humanas de autorregulación así como la vigencia de explicarlo linealmente como un órgano que cumple con funciones predeterminadas. Esta nueva concepción muestra la dinámica y la alta complejidad cerebral sostenidas en múltiples propósitos, tareas y objetivos que se van modificando momento a momento de acuerdo al contexto, una red de infinitas conexiones multidireccionales que alteran las variables contextuales temporoespaciales. Otra idea importante que trae Barrett es que hoy se sostiene con evidencia que el cerebro funciona de una forma predictiva y no reactiva. Nos dice que la gran tarea humana del cerebro tanto en humanos como en animales no es encontrarles racionalidad, felicidad o percepción nítida a las cosas del mundo, sino ayudarlos a crecer, sobrevivir y reproducirse administrando eficientemente la mayor cantidad de recursos para manejar su sistema fisiológico. Es para ello que la arquitectura computarizada del cerebro logra construir un sistema conceptual que genera patrones dinámicos que sondean el ambiente interno como externo. Estos patrones permiten hacer predicciones constantes a partir de modelos conceptuales internos que el cerebro construye y usa para categorizar sensaciones que organizan un sentido discriminado y específico dirigido a encaminar la tarea central. Vemos que se incorpora a este horizonte de comprensión un vocabulario nuevo que ilumina funciones y mecanismos.

La "allostasis" es un proceso dinámico que buscar restablecer balances y actúa predictivamente valiéndose de conceptos como signos predictivos a los fines de generar regulaciones y balances costo/efectivos.

La "categoría" explica que un grupo de acontecimientos o propósitos están tratados como similares porque todos están al servicio de una meta particular en un contexto dado.

Un "concepto" se explica como un grupo de representaciones que se corresponden a esos sucesos o propósitos y en lenguaje cerebral es un grupo de patrones distribuidos de actividad a través de una población de neuronas. El cerebro necesita construir conceptos para ensamblar grupos de predicción seleccionando las opciones de acción mejores para cada momento. Las categorías existirían en el mundo y los conceptos existirían en el cerebro, pero aun así en muchas ocasiones las distinciones entre ambos pueden ser borrosas.

La "interocepción" es definida como la forma de representar un medio interno (internal millieum) al sistema mismo. Cualquier cosa que regula un sistema debe contener en sí misma un modelo interno de ese sistema para funcionar. Para que el cerebro cumpla su función de regulación, el sistema mismo debe producir un modelo interno del mundo que habita para poder actuar en ese mundo. Las neuronas no están ni funcionan aisladas sino muy al contrario, en múltiples redes interconectadas. Así también la teoría de que el cerebro funciona empujado por estímulos queda perimida a la luz de este nuevo paradigma en tanto el cerebro funciona con predicciones. Estas serían simulaciones encarnadas en experiencias sensorio-motoras que quedan al servicio de la allostasis siendo las interocepciones su núcleo principal en tanto construyen un modelo interno que activamente infiere y examina al funcionar como señales y signos de valor predictivo. Las "simulaciones" deben ser pensadas como representaciones del pasado -memorias- a la vez que como representaciones del futuro -prospecciones- que usan la imaginación, el deambular mental y los sueños diurnos para enriquecerse.

La dimensión de comprensión y perspectiva que tienen estos nuevos hallazgos y comprensiones del funcionamiento psíquico quedan plasmados en lo que Barret propone como la teoría de la construcción emocional: se evidencia cómo las emociones adquieren proporción y densidad por discriminación, "diferenciación emocional" jugando un rol central en la regulación emocional vía "la construcción de las mismas" a través de un constante flujo de la información cerebral. Esto señala que las categorías emocionales no son esencias nítidas y determinadas desde su sensación. Tanto la teoría de la construcción emocional como la diferenciación emocional sostienen que la emoción no es una ficción humana, que es "real" pero que esta realidad depende de su perceptor y que para comprender la naturaleza de las emociones es ineludible incluir el contexto, o sea, preguntas y cuestiones acerca del perceptor.

La autora es contundente al precisar que desde el marco de la neurociencia las emociones son construcciones del mundo y no reacciones al mundo, abordaje y comprensión que acerca los campos de evidencia para otras ciencias tales como la lingüística, la antropología y la psicología. Estas investigaciones conllevan el abandono del esencialismo como meta final del estudio de las cosas, acercándose a las teorías de la complejidad, del caos, compartiendo los constructos y hallazgos empíricos de la neuroconstrucción, el constructivismo racional, psicológico y social y abriendo una interesante perspectiva con conceptualizaciones para el campo de la salud mental y en consonancia con teorizaciones psicoanalíticas sobre los conceptos acuñados como la mentalización y la tramitación de los afectos.