Cuando las gotas forman un torrente. El movimiento #MeToo

Publicado en la revista nº057

Autor: Dio Bleichmar, Emilce

Para citar este artículo: Dio Bleichmar, E.. (Febrero, 2018) Cuando las gotas forman un torrente. El movimiento #MeToo. Aperturas Psicoanalíticas, 57. Recuperado de: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0001012&a=Cuando-las-gotas-forman-un-torrente---El-movimiento-MeToo

Para vincular a este artículo: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0001012&a=Cuando-las-gotas-forman-un-torrente---El-movimiento-MeToo

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Abandonar la retórica de la diferencia para apelar a lo que compartimos.

(Lilla, 2017)

Resumen

En este trabajo examino la relevancia del Movimiento #MeToo [#YoTambién] para tantas mujeres y hombres que han sufrido acoso y abuso sexuales. Se destaca que la ruptura del silencio ha alcanzado la intimidad de la consulta terapéutica y ha animando a muchas víctimas a compartir secretos guardados con culpa y vergüenza durante años. Otra de las consecuencias de gran envergadura del movimiento es que el “Yo También” no sólo ha permitido que las víctimas no se sientan aisladas, sino que ha conseguido que muchas mujeres las apoyen y defiendan en una muestra de consciencia de unidad como colectivo. La idea de la sororidad – hasta ahora presente en medios académicos - se hace realidad. Las críticas que se hacen oír desde diferentes ámbitos han sido analizadas y comprendidas como la vigencia de ideologías que mantienen la desigualdad entre los géneros.

Palabras clave: “YoTambién”, Abuso y acoso sexual, Ruptura del silencio y la impunidad, Conciencia colectiva, Sororidad

Abstract

This paper examines the importance of the #MeToo movement for women and men who have suffered sexual harrasment and abuse. The breaking of long-held silence has reached the intimate space of the consulting room, and has emboldened many victims to share secrets that have been held for years due to guilt or shame. Another important consequence of the #MeToo movement is not only that victims feel less isolated, but that many women are supporting and defending one another with a sense of collective and united consciousness. The idea of sorority –up to now, present only as an academic concept- is becoming a reality everywhere. The critiques of the movement are being understood as expressions of current ideologies that help to maintain inequality of gender.

Key Words: “#MeToo”, sexual harassment, sexual abuse, breaking the silence, impunity, collective conscience, sorority.

La historia muestra, reiteradamente, que los sentimientos de vergüenza vividos individualmente sólo pueden ser superados cuando se adquiere la conciencia colectiva que aquello que se sufrió como inferioridad es dignificado y se comprende como efecto de un sistema que se consolida gracias a la fragmentación de lo colectivo. Basta mencionar lo que significó el movimiento iniciado por Espartaco para superar el sentimiento de impotencia e indignidad que inundaba la mente de los esclavos al saber que eran un colectivo al que le habían robado su humanidad. O que la vergüenza de ser pobre fuera reemplazada por el poderoso sentimiento de pertenecer a una clase con derechos cercenados. Esto es lo que está sucediendo con el movimiento #MeToo, en términos de Marx, pasar de clase "en sí" sin conciencia a "clase para sí". Por eso decimos que cuando las gotas de las mujeres vejadas se convierten en torrente sucede algo más que la adquisición de fuerza, sucede algo que cambia a cada gota. Las gotas de la metáfora no se refieren sólo a las mujeres que se atreven a hablar de lo sucedido sino, también, al conjunto de las y los que quieren sumarse para que el torrente sea avasallador en la capacidad de cambiar mentalidades.

Este es el hallazgo de la simpleza y carga de profundidad de la expresión que identifica al movimiento #MeToo [#YoTambién]: la conciencia de la sororidad. La sororidad es definida como la relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales para lograr la igualdad [1] .

Una aclaración para los lectores de este artículo dirigido fundamentalmente al ámbito de la salud mental y a practicantes de la psicoterapia. Verán que abundan las citas publicadas en distintos periódicos y medios con comentarios y opiniones diversos, cuya lectura puede proporcionarnos enorme cantidad de información sobre la complejidad y diferencias entre hombres y mujeres en torno a cómo son vividas las experiencias sexuales y cómo son juzgadas. Abusos de todo orden han sido considerados “cosas de toda la vida”, tanto por hombres como por mujeres y nuestra “escucha” ha oído y trabajado también “toda la vida” con la normalidad de tales diferencias, entendiendo por normalidad lo que ocurre de hecho. Puede que el movimiento #MeToo tenga el valor de afinarnos “la escucha” para introducir un examen más cuidadoso de diferencias que constituyen enormes desigualdades.

El poderoso efecto mediático que ayuda a las mujeres anónimas

Los profesionales de la salud mental estamos asistiendo a una cascada de situaciones de mujeres que no tienen nombre mediático que se animan a compartir, a recordar, a comunicar el sufrimiento escondido desde tiempo atrás en torno a abusos y traumas sexuales de todos los colores.

El movimiento #MeToo había surgido con anterioridad a la denuncia de los abusos en Hollywood, pero el poder mediático -tanto de las víctimas como del periodismo serio- lo alumbró y lo ha convertido en un potentísimo lema que tenemos que valorar como el poder del activismo. Comenzó como un grito de ayuda y se ha convertido en lo que algunos medios titulan: "una nueva revolución feminista". ¿Por qué nueva? Las reivindicaciones son las mismas de siempre; una vez conseguido el sufragio igualitario y el acceso a la educación y trabajo, la igualdad real no existe y las mujeres siguen sufriendo -con enormes diferencias de acuerdo al continente- abusos y traumas. No obstante, consideramos que la fórmula "una nueva revolución " es válida ya que los cambios sociales del siglo pasado, generados por las reivindicaciones feministas se desarrollaron convenciendo y difundiendo el lema "lo privado es público" con persistencia y, al reconocerse socialmente la envergadura del cambio, se acuñó la idea de una "revolución silenciosa". Creo que en esto radica la diferencia actual: las acusaciones, reivindicaciones y alegatos han sido y siguen siendo muy ruidosos, alcanzan los titulares de primera página y con letra mayúscula y se ha logrado unir a miles de mujeres que alguna vez han sido acosadas. También ha dado credibilidad y visibilidad a las víctimas de los casos más graves.

¿Qué es lo que se ha roto? El silencio de las mujeres y la impunidad de los abusadores que se saben seguros y respaldados por una sociedad dentro de la cual la misoginia es un tema de café: el alarde y el exhibicionismo intragénero de las capacidades para engañar a la "tontita, que está muy buena", sólo con unas palabras bonitas

En la intimidad de la consulta de tantos profesionales de la salud vemos mujeres que después de tiempo de tratar sus trastornos de ansiedad, sus estados de parálisis y pesimismo ante la vida terminan por animarse a confesar algún hecho abusivo. Cuesta mucho trabajo psicológico lograr que puedan desmontar la concepción que impera en sus mentes del supuesto pecado cometido. Siempre consideran que ellas han sido las provocadoras, o si han sufrido un asalto sexual, aunque éste no se haya consumado han quedado marcadas. Cuando digo siempre es porque se trata de una evidencia contrastada: la víctima se atormenta, se culpabiliza, se siente manchada, marcada, se encierra, guarda el secreto de lo ocurrido o de lo sentido porque la domina el pavor de las reacciones de todos. En primer lugar, ¿la van a creer? Cuanto más cercano a la familia es el perpetrador mayor es el pavor a la confesión y el descreimiento en ser escuchada y comprendida. Aún en la actualidad, cuando la comunidad científica ha documentado la realidad de los abusos intrafamiliares y cuando algunos de estos dramas llegan a hacerse públicos y se describen reacciones positivas de familiares ante la víctima, las niñas y también los chicos lo siguen ocultando.

El secreto y el ocultamiento son los indicadores del estado de indefensión psicológica y emocional de la víctima. ¿El fenómeno #MeToo modifica esta situación? No específicamente para las víctimas infantiles, pero quizá sí para las adolescentes del 2018 porque opera la carga de profundidad de la fórmula "Yo también”, expresión que tiene la virtud en su sencillez de subrayar que no están solas, o que no se crean las únicas, son muchas que saltan sobre la vergüenza y la autoculpabilización. El otro factor todavía de mayor peso del #MeToo es quemuchas otras mujeres se identifican con ellas y las defienden.Si bien hace varias décadas que mujeres de diversos sectores del feminismo se han encargado de organizar grupos, espacios y asociaciones para esclarecer, ayudar y proporcionar medios de recuperación a todo tipo de mujeres, estos esfuerzos eran considerados como un aspecto sectorial -feminista- que tampoco gozaba de credibilidad para la población en general. Ahora no es así, mujeres famosas, respetadas y admiradas -no por sus discursos feministas como, por ejemplo, Penélope Cruz hacen declaraciones que emocionan a una joven paciente que me dice exaltada: "Habla de injusticia, qué tía como me gusta". Se refiere a una entrevista en la que la actriz declara: "En el movimiento #MeToo estamos todos, hombres y mujeres, porque todos sentimos esa rabia hacia la injusticia. La iniciativa Time´s Up es maravillosa. Yo he donado porque creo que va a marcar la diferencia. Llevan 17 millones de dólares recaudados en todo el mundo, y es un apoyo no a la industria del cine, sino a cualquier industria y a hombres y mujeres -me gusta recalcar esto- que hayan sufrido acosos sexuales o abuso de poder, y que necesitan defensa y protección. Para eso hemos creado este fondo" (Belinchón, 2017).

María (vamos a nombrar así a la joven que celebra que se hable de injusticia) quiere ayudar a una amiga suya que vive hundida por el conflicto de haber "participado" en juegos sexuales con un hermano. Su amiga a partir de los 13 años pierde peso y finalmente ingresa en un programa de tratamiento hospitalario de trastornos de la alimentación, que continua hasta el día de hoy con escaso efecto terapéutico. María sabe que la anorexia de su amiga comienza cuando por la noche su hermano mayor se mete en su cama y ésta ha compartido sólo con ella la complejidad de su secreto. Los profesionales sabemos que lo que más perturba, confunde, atormenta a las mujeres -que en principio no iniciaron los contactos pero que luego los mantienen en el más absoluto secreto- es que ellas han sentido placer mezclado con temor, angustia y sometimiento. Y esto es lo inadmisible para ellas y para gran parte de las personas que se animan a saber sobre este tipo de intimidad de la víctima (esta palabra creo que no es del todo justa pero al menos expresa quien de los participantes no ha iniciado el contacto).

Volviendo a María, ante la confidencia de su amiga lo que recalca es su extrañeza ante la diferencia de reacciones y consecuencias entre los protagonistas: el hermano goza del aprecio y respeto de la familia y continúa su vida sin ningún problema, al menos no se ha desestabilizado como es el caso de su hermana, que tiene a la familia entera disgustada por su comportamiento y reacciones sin explicación. Cuando me comenta cuánto comparte las manifestaciones de Penélope Cruz me habla de la injusticia que afecta a las chicas y las mujeres como su amiga que son las que más sufren -no las famosas que al menos han sacado mejor partido- añade. "Vamos a ver si ahora con lo que sabemos se convence de que necesita otro tipo de tratamiento".

Lo que a María la emociona es el efecto más poderoso de este fenómeno: llegar a conmover la intimidad guardada bajo el telón de acero de una identidad supuestamente marcada por la humillación y el descrédito.

Breve historia del movimiento #MeToo

La activista social Tarana Burke utilizó en 2006, en la red social Myspace la expresión Me Too formando parte de una campaña para promover «empoderamiento a través de empatía» entre mujeres negras que habían experimentado abuso sexual, particularmente en las comunidades desfavorecidas. Burke ha explicado que se inspiró para utilizar la frase después de ser incapaz de responder a una chica de 13 años que le confió que había sufrido una agresión sexual. Burke más tarde deseó simplemente haberle dicho a la niña «Yo también» (“Me too movement”, s.f.).

El 15 de octubre de 2017 la actriz Alyssa Milano (“Actriz Alysa Milano inicia #MeToo”, 2017) utilizó esta frase en el marco de una campaña de concienciación animando a las mujeres a compartirsus experiencias para demostrar la naturaleza extendida del comportamiento misógino, tuiteando: «Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente hicieran un tuit con las palabras Me Too podríamos mostrar a la gente la magnitud del problema». Milano más tarde reconoció el uso anterior de la frase por Burke, escribiendo en Twitter «Me acabo de enterar de un movimiento #MeToo anterior y la historia de su origen es a partes iguales desgarradora e inspiradora». Desde entonces, el hashtag ha sido utilizado por más de 500.000 personas, entre ellas muchas celebridades y de esta expansión se hicieron eco tanto el periódico The New York Times como la revista The New Yorker en Estados Unidos.

A la empatía solidaria de las mujeres entre ellas se suman medios de difusión con garantías de seriedad

El pasado mes de Octubre, el periódico The New York Times (Kantor y Twohey, 2017) y la revista The New Yorker (Farrow, 2017) -dos publicaciones reconocidas por su larga trayectoria de seriedad periodística- revelaron que decenas de mujeres aspirantes a ser alguien en el celuloide habían sufrido acoso y agresiones sexuales, un cúmulo de abusos que son las que han sido cometidos durante décadas y silenciados a golpe de talonario señalaban como culpable al todopoderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein. Esta noticia podría haber quedado en el olvido, no sería la primera vez que mujeres que denuncian públicamente el acoso sexual sufrido por parte de un hombre poderoso, éste apenas sale con un rasguño. Pero no fue así esta vez: Harvey Weinstein fue destituido de su empresa tras la publicación, y lo que empezó como la historia de siempre desencadenó que miles de mujeres abrazaran el movimiento #MeToo, la mecha que prende un hito histórico en la vida de las mujeres.

Operaron dos factores mediáticos de primera magnitud: un gigante de Hollywood desenmascarado por mujeres de Hollywood o sea por figuras conocidas en el mundo entero. Ellas se han animado a enfrentar el poder. En un momento en que el periodismo serio se halla acosado, tanto por las redes sociales donde circulan opiniones que se confunden con información, como por el periodismo que hace eco a las "fake news", dos gigantes mediáticos se alzan para respaldar la denuncia de las mujeres. Esta denuncia va teniendo otro destino que un simple rasguño[2].

Alcance del impacto mediático

La frase fue utilizada más de 200.000 veces el 15 de octubre y tuiteada más de 500.000 veces el 16 de octubre. En Facebook, el hashtag fue utilizado por más de 4.7 millones de personas en 12 millones de entradas durante las primeras 24 horas. La plataforma informó que el 45% de los usuarios en los Estados Unidos tenían un amigo que había realizado una publicación usando el término. A partir del #MeToo se crearon hashtags locales alternativos en otros países[3].            

La directora ganadora de un Oscar, Kathryn Bigelow, aplaudió el movimiento: “La democratización de la divulgación de la información por fin puede ir más rápido que los intentos de un magnate de los medios por enterrarla” (Rutenberg, Abrams y Ryzik, 2017), escribió en un correo electrónico. ¿Podemos esperar que no se trate sólo de ganarle tiempo a la reacción que los poderosos pondrán en marcha en sus medios o quizá este fenómeno sea un punto de partida para que la vergüenza cambie de bando?

El sentimiento de vergüenza confundido con la culpa

Un hecho que se repite en los procesos de recuperación de mujeres que han sufrido abuso o acoso sexual es que manifiestan sentirse culpables, aun recordando sucesos de la infancia, este es el sentimiento del que hablan.

El sentimiento de culpa está claramente descripto en la teoría psicoanalítica como el reconocimiento de haber herido o haber causado daño a otro. Es decir, que el sujeto asume haber realizado de alguna manera una acción destructiva hacia otro. Un interrogante que siempre surge ante los casos de abusos en la infancia o adolescencia es ¿cuál es el daño que la niña/o ha ejercido sobre el adulto? Sin embargo, es impactante para clínicos y forenses cómo esta experiencia se repite: la víctima se halla sumida en un pozo de culpa, no así el perpetrador. También se halla registrado el escaso valor transformador que las penas –incluso de cárcel- tienen para los perpetradores o la indiferencia que éstos muestran en programas terapéuticos, donde no se registra real arrepentimiento ni culpa (para una información más detallada, ver Medina, 2012).

A su vez, en los casos de acoso que han pasado a la opinión pública es llamativa la diferencia constatada entre el trastorno emocional y la grave perturbación de la vida de la víctima y el escaso o nulo cambio en la vida del hombre, comprobándose la ausencia de arrepentimiento o culpa en él.

Otra de las ventajas del movimiento #MeToo es que nos ayuda a iluminar estas situaciones. Vamos brevemente un caso en el que coinciden acoso sexual y laboral como es el de Nevenka Fernández, exconcejal de Hacienda de Ponferrada quien se anima a denunciar las continuadas agresiones físicas y psíquicas que sufrió por su jefe, alcalde de la localidad, con el silencio cómplice y la actitud condenatoria hacia ella de sus compañeros y colaboradores de trabajo, como si ella fuese la culpable de sufrirlas.

El "Caso Nevenka".El 29 de mayo de 2002 Ismael Álvarez dimite de los cargos de alcalde y procurador en las Cortes Autonómicas debido a lo que se conoció como "Caso Nevenka".

El 26 de marzo de 2001 la concejal de su propio grupo Nevenka Fernández presentó una querella contra él por acoso sexual, que termina resolviendo el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León el 29 de mayo de 2002, condenando al acusado a una multa de nueve meses a razón de 24 € por cada día (es decir, 6.480 €) más una indemnización de 12.000 €.

Durante el juicio, el fiscal sometió a la exconcejal a un duro interrogatorio: "¡Usted no es la empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos!", llegó a espetar. Finalmente, fue apartado del caso.

En noviembre de 2003, el Tribunal Supremo rebajó la multa a 2.160 € al eliminar la agravante de abuso de superioridad, al considerar que no hay relación jerárquica entre un alcalde y una concejala. El recurso de amparo presentado por Ismael Álvarez ante el Tribunal Constitucional fue rechazado (27 de enero de 2005). Ismael Álvarez abandonó la alcaldía pero formó un partido independiente que apoyó la investidura de otro miembro de su partido, que negó en el juicio la existencia del delito.

El escritor Juan José Millás publicó en 2004 el libro Hay algo que no es como me dicensobre el caso de Nevenka Fernández destacando que lo que hizo la joven al revelar su caso fue evidenciar la doble moral de la sociedad en la que vivía. Rechazada por unos y por otros, con una atención mediática más interesada en los aspectos superficiales del caso, la joven alcanzó un grado de soledad terrible. No produjo escándalo que la víctima hubiera tenido que exiliarse mientras que el verdugo leía el pregón de las fiestas de su pueblo.

¿Cuál es el poderoso aporte del movimiento #MeToo? Se inicia la posibilidad que las mujeres no tengan que exiliarse, o sea esconderse y huir, para que la sociedad o los medios interesados no las culpabilicen, y algunos medios comienzan a reaccionar ante la superficialidad de las noticias y la abdicación de su papel de guía crítica y responsabilidad. Dan crédito a las mujeres que acusan a personajes de prestigio y poder en sus esferas -como fue el caso del alcalde de Ponferrada- sin sospechar de sus intenciones o sea sin culpabilizarlas. Esta es la gran diferencia que permite a tantas mujeres romper el silencio devastador de "la supuesta culpa". En realidad, el silencio lo que permite es mantener la doble moral, proteger al acosador y, por el contrario, generar todo tipo de consecuencias negativas en la víctima.

Este apoyo ha sido fundamental para la reacción colectiva. En un primer momento, los implicadosHarvey Weinsten y Kevin Spacey solicitaron el ingreso en una clínica de tratamiento para la adicción sexual y esta noticia generó la esperanza de una verdadera transformación en las relaciones de poder: que quien tiene la sartén por el mango admita su abuso, reconozca el daño causado e intente evitar repetirlo. No obstante, Weinsten desmiente públicamente las acusaciones de la actriz Rose McGowan y, para defenderse de todas las acusaciones que ha recibido contrata al abogado Benjamin Brafman (McKinley, 2017), quien defendió en el pasado al exdirector del FMI, Dominique Strauss-Kahn[4].

Estos días se han recordado las palabras de Simone de Beauvoir (1949/2004) en las que afirmaba que el agresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos.

Ni es la primera vez ni será la última, lo realmente importante, y espero que imparable, es que se rompió el silencio y los propios oprimidos pueden hablar superando la rabia y la vergüenza que les quita la palabra.

Es hora de que se entienda, por fin, que el acoso sexual es una manifestación de poder, que el acosador no es un ligón simpático e inofensivo, ni un seductor compulsivo, sino un depredador sexual que marca el territorio y demuestra su poderío, que no está dispuesto a aceptar un “no” por respuesta y sabe que cuenta con la complicidad de la manada. No seduce. La seducción es un juego entre dos iguales. El acosador agrede, pisotea los derechos de su víctima y colecciona sus “conquistas” como trofeos de caza.

El estruendo mediático respalda al feminismo del #MeToo

El suplemento anual de la revista Time elige como "Persona del año" 2017 al movimiento #MeToo ylo explican de este modo: "Las personas que han roto su silencio sobre el abuso y el acoso sexual pertenecen a todas las razas, todas las clases de ingresos, todas las profesiones y prácticamente todos los rincones del mundo. Su ira colectiva ha provocado resultados inmediatos e impactantes. Por su influencia en 2017, son la persona del año de Time". Eligen para ilustrar la portada los retratos de varias de las denunciantes quienes señalaron con nombre y apellido a los acosadores. El editor en jefe de la revista Edward Felsenthal destacó: "Este es el movimiento social más rápido que hemos visto en décadas y empezó con actos individuales de coraje por parte de cientos de mujeres -y algunos hombres también- que salieron a contar sus propias historias" (Felsenthal, 2017).

Más allá del estruendo mediático

Lo que insisto en subrayar es que lo que se ha desencadenado a partir de las denuncias y el ruido mediático es algo que hasta hace poco sólo se escuchaba en la intimidad de las consultas después de un trabajo terapéutico de cierta profundidad y tiempo. Últimamente muchas mujeres silenciadas por su vergüenza, inmovilizadas por el terror a las consecuencias de comunicar algún acontecimiento o situación de abuso, convencidas de su "culpabilidad" empiezan a animarse a compartir su secreto. Muchas veces un secreto de algo que ellas mismas no terminan de entender del todo pero que las ha perturbado, alterado. ¿Se trata de mujeres solas, sin pareja, sin vida sexual? No es así; se trata en muchos casos de mujeres casadas, con hijos, que viven la sexualidad sin verdadero deseo ni placer. Este es el verdadero daño, la marca que se ha inscripto en el cuerpo: quieren desear, envidian en silencio a las nuevas generaciones que se han visto beneficiadas por el empuje feminista para una práctica sexual sin culpa ni persecución y algo dentro de ellas se opone a esto. A su vez también esconden su frigidez, eso también las avergüenza.

Madres e hijas, por lo general comparten y se sienten unidas en torno al cuidado. Las madres son explícitas en todo tipo de experiencias que ayuden a sus hijas con las tareas u obligaciones propias de su rol. El placer sexual y su optimización no es una cuestión de mujeres. ¿Llegará el movimiento #MeToo a conmover a mujeres ahogadas por "la culpa", a sentir el soplo de oxígeno que aporta la compañía de otras mujeres que no son potencialmente peligrosas de culpabilizarlas, sino aliadas en reivindicar las trampas de la desigualdad de género?

Desigualdad sobre todo en la resonancia social, en el juicio de los otros. Hay indicios del desdibujamiento de la vergüenza. En cualquier conversación de café últimamente hay mujeres que comparten lo que les ha sucedido en su vida aun con familiares directos. Es posible que esta toma de conciencia, esta denuncia colectiva por parte de la sociedad, comience a frenar la incomodidad de las mujeres “amables” que no quieren crear malestar, y aguantan escuchar y sonreír ante chistes de corte fuertemente misógino. El efecto #MeToo, ¿llega a modificar pensamientos o sentimientos en los acosadores? Se verá.

Los profesionales de la salud tenemos que sumarnos no a las denuncias, no se trata de una caza de brujas, sino de dar respaldo a quienes se han sentido "víctimas culpables".

Las investigaciones sobre incesto y en abuso han puesto de manifiesto la complejidad de la experiencia para la víctima. El inicial desconcierto y la confusión ante la experiencia de alguien que supuestamente la quiere o la protege y exige de ella/o él complacencia sexual, se va transformado en un hondo y sordo sentimiento de rabia y traición que queda silenciado y censurado. El que abusa pareciera invisible, ya que los demás se callan y no intervienen. Mayor desconcierto y confusión para la víctima que comienza a pensar y sentir que es muy reprobable, sucio, en lo que está participando porque su cuerpo tiene una fisiología que se activa y la víctima siente placer aunque el deseo no haya sido el activador, sino la caricia en los genitales. Toda la tensión, el estado de alerta permanente de la mujer –la voz interna sádica y autodenigradora- están destinados a evitar relajarse para que no salga de ella lo que siente como perverso, y a castigarse por lo que ella puede haber "provocado".

Muchas niñas, especialmente al comenzar los cambios corporales de la pubertad, pueden haberse sorprendido al descubrir la mirada sexual de un adulto sobre sus cuerpos y darle a esa mirada el significado adecuado; eso las atrapa y confunde porque si bien es el adulto quien activamente inicia la experiencia, la niña puede sentirse estimulada. La manera que tiene la niña de codificar la experiencia está mediada por las creencias sociales imperantes sobre los ideales de género de las mujeres y la idea de la provocación se instala. La confusión del término, concepto y concepción sobre "la mujer provocadora"- y en el caso de la niña queda claro- es que lo que "provoca" la mirada de deseo del hombre son los atributos corporales de la niña o de la mujer, no su deliberada seducción:

La mirada seductora masculina cae sobre el cuerpo en desarrollo de la niña y conlleva una cierta intensidad que tiene un significado sexual tanto para el adulto como para la niña, aunque de diferentes modos y en distinto grado. La mirada sexual establece un espacio intersubjetivo que silencioso y secreto en el sentido de que el intercambio no va más allá del acto de mirar. La mriada sexual del adulto, sin embargo, implanta en la mente de la niña un significado del que ella será consciente a partir de ahora, un significado vinculado a su cuerpo como carne en sí mismo: su cuerpo, aun vestido, tiene el poder de provocar una mirada que la contemple en su desnudez (Dio Bleichmar, 1995, p. 335).

Cuando la convicción de haber provocado domina la mente de la niña o la mujer, se establece hondamente el sentimiento de culpabilidad, que es la manera que tiene la víctima de codificar la experiencia; dicha culpabilidad está mediada por las creencias sociales imperantes sobre los ideales de género de las mujeres. El deseo mismo se vuelve peligroso para el equilibrio psíquico de la niña y la paciente adulta, por lo que se renuncia por completo a desear.

Sin embargo, esa imagen negativa atroz está asociada en algún lugar de su mente a emociones intensas de dolor, pánico, culpa, vergüenza, autodenigración. Por eso un aspecto vital del tratamiento de estas pacientes es la resignificación y liberación de su sentido de responsabilidad por el abuso, para que se restablezca la capacidad para desear y gozar de la sexualidad. Como afirma Mª Dolores J. Díaz-Benjumea:

Uno de los daños más perturbadores sufridos por la superviviente del abuso sexual infantil es el referido a la perturbación de su juicio de realidad. La paciente ha sido atacada en su confianza en sí misma, en su percepción de lo que ocurre o no, de lo que ella percibe o lo que imagina, lo que es un recuerdo y lo que es un sueño. El resultado de esto es con frecuencia la duda crónica no sólo sobre sus recuerdos de abuso, sino sobre su capacidad de percibir la realidad en general. […] Con la validación, reforzamos su seguridad en sus percepciones, o en la legitimidad de sus reacciones, porque aunque maladaptativas, a la luz de las circunstancias externas e internas en que ha vivido no han podido ser otras. El énfasis está en nuestra empatía hacia su experiencia subjetiva (Díaz-Benjumea, 2011, p. 127).

En estas historias, nada infrecuentes, hay una resistencia en el medio a asumir que la víctima necesita ser legitimada y tiene necesidad de identificar al culpable y luchar por el reconocimiento de su propia inocencia. Como mujer, se espera que ella se preocupe por los afectos de los demás a expensas de los suyos propios y si no lo hace es cuestionada. En todos sus intentos de buscar un reconocimiento a su sufrimiento y su inocencia, se sienten una y otra vez retraumatizadas, porque se encuentran con otros que demandan que ellas sacrifiquen sus propias necesidades emocionales, su propia autoestima e identidad de inocentes, a favor de la tranquilidad de los demás, incluso el abusador.

El secreto y el silencio que oprime a las víctimas -el cuidado de la familia- lo constatamos en casos en que llegan a compartir que siempre sospecharon que otras hermanas también eran abusadas. Nunca han podido compartir, entenderse ni apoyarse mutuamente.

Más allá de las denuncias: la iniciativa española que se denomina La Caja de Pandora

Surgen iniciativas que sensiblemente responden al efecto central que se desprende del movimiento Yo También complementarias y enormemente importantes como ofrecer una organización que apoye, respalde y proporcione medios de reparación y superación al universo incontable de las que aún permanecen en silencio y respaldo a las que se animan a denunciar. Su lema es seguir sumando y que sepamos que no estamos solas. No lo estábamos, ahora lo sabemos, y no lo vamos a olvidar, o sea la conciencia de la sororidad.

El #MeToo español se llama La Caja de Pandora y reúne a 3000 mujeres del mundo de las artes visuales, plásticas y algunas relacionadas con la literatura. Se comunican a través de conversaciones privadas en Facebook donde algunas confiesan abusos sexuales, tocamientos y intimidaciones y otros comportamientos de abuso de poder de género. Otras escuchan, aconsejan, cuidan. Por ahora es algo privado, pero ya avisan de que hay testimonios que señalan a una misma persona y que se están rearmando, también emocionalmente, para actuar cuando lo crean oportuno.

El grupo se formó y creció el verano de 2017 en torno al caso de Carmen Tomé, una artista que denunció por abusos a Javier Duero[5], que acudía como comisario invitado al centro alicantino de Las Cigarreras en unas jornadas artísticas ese mismo año. Allí mismo, en público y en streaming, Tomé leyó la denuncia (Tomé, s.f.) que había presentado contra él, en el que se relataban tocamientos en la lavandería del recinto. “Media hora después”, sigue el relato policial, “volvieron a encontrarse y él se disculpó: que llevaba un tiempo sin ver a su pareja y que se subía por las paredes”. El acusado lo negó todo. El caso sigue su curso. “No estará sola en el juicio”, dicen en La Caja de Pandora. Este es el objetivo para el que se han reunido revisar los hechos, dar valor a las pruebas, ya que mucha mujeres que aun poseyendo todos estos requisitos terminan abandonando la acusación, por la falta de apoyo de los que las rodean y por la fuerza de las desautorizaciones que les llueven de todos lados. Como es habitual en el ámbito de la violencia de género.

“La grandeza de este grupo es que se han recabado muchos testimonios de mujeres de todas las edades, algunos prescritos y otros no. Aunque no estén afectadas directamente, a él pertenecen también directoras de museos y comisarias, además de artistas. Y hemos hecho red por Latinoamérica”. Una enorme red, que les sorprendió en un principio; aquello corrió como la espuma. “Hay mucho dolor y casos tremebundos que directamente derivamos a consultas psiquiátricas, porque necesitan ayuda”, explica una de las organizadoras.

¿Por qué no salen a la luz como el #MeToo estadounidense en el que las actrices han roto su silencio para acusar a quienes las maltrataron? “Vamos con calma, queremos cambiar las estructuras y esta es una fase para recabar datos, confesiones, porque conocemos casos en que ellas fueron a juicio y ganaron y, a pesar de todo, tuvieron que marcharse de la universidad, por ejemplo, mientras sus agresores seguían allí. Queremos ir con calma”, insisten las organizadoras y este procedimiento se perfila como consistente y de gran envergadura porque lo importante no es sólo hacer ruido mediático, sino ir consiguiendo un pacto entre mujeres que pueda ser respetado como un movimiento que aspira a la justicia y la igualdad. Algo que hemos logrado ya es que cada día despierta alguna y se da cuenta de que estaban abusando de ella. Muchas estaban tomando una actitud combativa, pues bien, ahora no están solas”(Morán, 2018).

Merecen todo apoyo aunque habría que aclarar lo que se pretende resaltar al utilizar la denominación que alude al mito de la Caja de Pandora. El mito relata que es Pandora quien desobedece y abre la caja, en este sentido el movimiento mundial de denunciar los acosos podría entenderse como una desobediencia bienvenida, ya que guardar el secreto encubre al acosador y esta apertura de la Caja de Pandora aparece la infamia del que se aprovecha del indefenso.

Su planteamiento es ver caso por caso como lo sostenía Penélope Cruz: “Cada caso es único y merece su tiempo y una investigación” (Belinchón, o sea encontrar pruebas que justifiquen adecuadamente y legalmente una acusación. No se trata de ganar rápidamente espacio periodístico y renombre como sea, sino de defender adecuadamente a las víctimas anónimas y que se haga justicia.

Esta es también la posición que sostuvo Margareth Atwood "retener el juicio sobre la culpabilidad hasta que las sentencias estén dictadas" y sortear el riesgo de la imparcialidad o las críticas al movimiento como una “caza de brujas” (Atwood, 2018).[6]

Sororidad: reconocimiento y alianza entre mujeres

Como lo mencioné con anterioridad este término -sororidad- se refiere al hermanamiento entre mujeres que comparten no ya una amistad, o un espacio, sino una causa.

A nivel lingüístico, la palabra sigue el mismo patrón que fraternidad, cuya raíz latina es frater (hermano), pero en este caso la raíz sería soror (hermana), aludiendo así a la relación entre iguales de las personas de sexo femenino. A nivel del uso dado por las mujeres que reflexionan sobre la realidad entre los géneros se refiere a una consigna que se extiende y llama a las mujeres a unirse y apoyarse frente a una cultura donde perviven enquistadas las discriminaciones (Lagarde, 2009)[7]. La lucha individual -ya lo ha mostrado reiteradamente la historia-(Israel: Japón; no cosecha frutos. Es menester la lucha colectiva, y el primer paso es la conciencia de serlo, un colectivo con una causa común.

La sororidad emerge como alternativa a la política que impide a las mujeres la identificación positiva de género, el reconocimiento, la agregación en sintonía y la alianza. En forma muy generalizada y en forma involuntaria existe la convicción que los estereotipos y mitos dañinos en torno a las mujeres, generados en una sociedad sexista como la nuestra, son verdaderos. Siempre surge una voz femenina para condenar a una mujer maltratada –“lo provoca”, “se la busca”, “ella también le pega”, ahora se agregan las que están convencidas que siempre es la mujer la que incita a un hombre al acoso. Mujeres que necesitan definirse o sentirse distintas a las otras (“a mí no me pasa”). Desde muy pequeñas las niñas cuando tienen un conflicto con otra u otras niñas son las primeras en llamarlas “putas”. Esta reacción automática e involuntaria es lo que movimientos como el #MeToo ayudan a identificar y no sumarse a la misoginia interiorizada: oprimidas ejerciendo su propia opresión entre sí como efecto de un sistema social del que es necesario protegerse

Como lo explica tan bien Celia Amorós (1994), el pacto entre los hombres que se reconocen interlocutores y sujetos políticos ha implicado la exclusión de las mujeres, y su agenda incluye cómo organizar el mundo, definir hacia dónde vamos, así como las formas institucionales de poder masculino. Por eso, para pactar, es preciso reconocer que la cultura femenina tradicional vigente entre nosotras, no incluye conocimientos, habilidades y destrezas para agendar ni pactar.

El movimiento #MeToo ha puesto en práctica de forma espontánea una gestión de la sororidad, mujeres que se han unido en defensa de otras mujeres como lo inició Tarama Burque con mujeres negras desfavorecidas y luego las que se fueron sumando para apoyar a Rose McGorwen en su denuncia a Harvery Weinsten. No se inició como reivindicación de un grupo feminista bien armado sino a partir del hondo sentimiento de ser una igual, de compartir la humillación o la vergüenza. Una vez que el movimiento saltó al periodismo, dada la difusión y envergadura que tomó, se consideró un movimiento feminista. Lo que sí es de hecho, ya que uno de los principios del feminismo es luchar contra las desigualdades del sistema. No obstante, lo que me interesa subrayar es que es una manifestación de genuina sororidad, de reacción colectiva espontánea.

Tal es el caso de la periodista francesa Sandra Muller –asentada en New York que el 2 de Enero de 2018 contaba al periódico Le Monde que ya era hora de denunciar el ambiente malsano del cine, televisión y medios. Recordando que en Cannes se conocía a Harvey Weinstein como «el cerdo», invita a sus compatriotas a contar con nombres y detalles cuantos acosos sexuales hayan padecido en su trabajo. Muller distingue entre conductas impropias, agresiones, acoso y violación para subrayar que cualesquiera que sea la tipología y la gravedad de los actos, sus consecuencias son degradantes e igualmente perjudiciales. La periodista apela a la cultura de la publicación en bucle de la cara del agresor y a la inmediata pérdida de puestos como sanciones a las denuncias. Lamenta Muller que este proceder choque tanto en Francia.

Un asunto periodístico: Voces de la reacción al movimiento #MeToo y al Time´s Up

a)    De mujeres

Una vez iniciado el proceso de tantas mujeres –que sin ser víctimas de nada- se identificaran con otras que sí lo han sido, muy rápidamente se inicia la condena a lo que el periodismo ha calificado de nueva revolución feminista y asistimos a una serie de manifestaciones muy críticas del movimiento #MeToo.

“Creo que el surgimiento de todas estas historias es molesto y devastador”, dijo Nina Jacobson, “Pero creo que el que se haya desatado una tormenta es algo que tenía que suceder y que finalmente saca a relucir un tema que de alguna manera se dejó pasar durante muchos años” (Rutenberg et al., 2017).

En Francia, un colectivo formado por un centenar de artistas e intelectuales firmaron un manifiesto publicado por el diario Le Monde (“Nous défendons une liberté d’importuner”, 2018) denunciando el peligro del resurgimiento del “puritanismo” sexual que habría desatado el caso Weinstein.

El artículo comienza diciendo: "Nosotras defendemos la libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual". “La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”…“Es algo propio del puritanismo utilizar los argumentos de protección y emancipación de la mujer para atarnos mejor a un estatus de víctimas eternas. Afirman que “iniciativas contra el acoso como #MeToo y Time's Up infantilizan a la mujer y parten "de una moral victoriana". Agregando que “están al servicio de los enemigos de la libertad sexual, los extremistas religiosos y los peores reaccionarios"…

¿Cómo podemos entender estas reacciones desde el conjunto de mujeres que nos reconocemos como colectivo, o sea desde la sororidad?

Una vez más cuando los derechos de las mujeres avanzan, y se despiertan las conciencias aparecen reacciones a las mismas. Y frente a este manifiesto conviene que los profesionales de la salud mental ayudemos a distinguir los matices indispensables en las relaciones hombre-mujer, no contribuir a la confusión y que nuevamente las mujeres se asusten de la tormenta que se desata y vuelvan al secreto y al silencio.

Veamos los términos empleados en la denuncia

“…ni la galantería una agresión machista”: Definiciones del diccionario:Amabilidad y buena educación, en especial en el trato con las mujeres. Es sinónimo de cortesía, gentileza, delicadeza, atención.

El cuadro de Goya “El quitasol” (1777) es frecuentemente mencionado como una expresión de galantería masculina.

“…la seducción insistente o torpe no es un delito”. Con respecto a la seducción las definiciones tienen matices que vienen muy bien al caso.

a) Es la acción y efecto de seducir. Esto supone la capacidad de inducir a una persona a que realice una determinada acción o participe en un determinado comportamiento. Provocar la atracción de forma consciente es el objetivo de la seducción.

b) La seducción es el acto que consiste en inducir y persuadir a alguien con el fin de modificar su opinión o hacerle adoptar un determinado comportamiento o actitud. Suele emplearse sobre todo en el ámbito de lo sexual. El término puede tener una connotación positiva o negativa, según se considere mayor o menor cantidad de engaño incluido en la acción.

c) Persuadir a alguien con argucias o halagos para algo frecuentemente malo..

d) Conseguir [una persona] tener relaciones sexuales con otra. "Don Juan sedujo a doña Inés"

e) Hacer [una persona] que otra se sienta atraída o enamorada de ella utilizando los recursos necesarios para ello

Las definiciones afirman claramente que existe tanto una intencionalidad como un acción concreta para que el otro o la otra realice algo que el/la inductor inicia o desea.

Existe también la expresión:

f) su varonil porte seducía a todas las mujeres

En este caso queda claro que es una atracción sentida y despertada en las mujeres por los atributos del hombre, sin que él mueva un dedo. Pero se usa sin marcar la diferencia entre que alguien se sienta atraído/a por los atributos físicos del otro/a a que se ejerza alguna acción.

Además y esto es lo central entre hombres y mujeres los atractivos de belleza de las niñas púberes atraen a los hombres y despiertan su deseo, inclusive antes que ellas sean conscientes de poseer atractivos. Pero a este hecho también se lo considera una provocación.

Y esto es lo que tenemos que insistir las mujeres que la belleza o la gracia no es una provocación en sí, otra cosa es que se la utilice consciente y deliberadamente para hacerlo. Y en la sociedad de consumo en la que vivimos se utiliza casi sin límites. Se trata de un matiz, diferencia no fácil de establecer pero si necesaria en los historiales de mujeres que esconden y albergan sentimientos de vergüenza y se sienten culpables sin haber acudido a seducción alguna, por el sólo hecho de poseer atributos de belleza que provocan el deseo de los hombres. Cuando alguna de estas mujeres se avienen a un encuentro –ya sea un tanto forzadas o por sus propias satisfacciones de reconocerse deseadas- muchas sucumben a su propio desprecio por haber aceptado la presión del acosador.

En el manifiesto de las mujeres francesas “la seducción insistente se amplió “al derecho a importunar” –expresión que saltó a los titulares con mayúscula- y sostienen con énfasis que no es delito como lo es la violación. Habría que aclarar también con mayúsculas cuando los dos protagonistas de la secuencia o del flirteo estén de acuerdo. Cuando uno/a no quiere seguir el juego y lo expresa con miedo, timidez o manifiestamente a las claras, traspasar esa raya se llama acoso, o algo aún peor si va más allá. C. Deneuve[8] se da cuenta de la torpeza, matiza sus palabras y pide disculpas a aquellas mujeres que han sido agredidas sexualmente. Su aclaración es una muestra de sentirse una dentro de un colectivo muy diverso, de tener conciencia de género.

Otra firmante del manifiesto francés que hace sucesivas declaraciones periodísticas que confunden a muchas mujeres es la escritora Catherine Millet quien sostiene que “la mujer no es sólo un cuerpo” lo que es un grito de sororidad, y también agrega que hay que “dejar de creer que la mujer siempre es una víctima” y nos anima a meternos en la piel de los hombres que han padecido violencia sexual pero simultáneamente denuncia al movimiento #MeToo, al que tilda de “puritano”, por favorecer el regreso de la “moral victoriana”. Ella defiende “la libertad de importunar”, incluso en el sentido físico, que considera indispensable para salvaguardar la herencia de la revolución sexual.

En una entrevista (Vicente, 2018) el periodista le pregunta: ¿Pero entiende que existan mujeres que no quieran ser importunadas cuando pasean por la calle o van en metro? A lo que responde: “No. Creo que hay un margen en que el comportamiento de los demás puede desplegarse sin que sea considerado un delito. A ti te puede parecer desagradable y te puedes quejar, pero no por eso es un delito... Y, como tal, no quiero que esté regulado, ni por una moral superior ni por la ley”.

¿Por qué acentuar tanto que no es un delito –o sea no está penado por la ley- y oponerse a toda reacción ante los abusos y los acosos– un principio básico de justicia entre humanos- y no considerar la realidad del dolor, vergüenza, culpa e indefensión de tantas mujeres que no son famosas o mediáticas y sí levantarse enfáticamente a solidarizarse con los hombres?[9].

Marlene Schiappa, ministra francesa por los derechos de las mujeres, dijo a la radio France Culture refiriéndose al manifiesto: "En esa carta abierta hay cosas que son profundamente ofensivas y falsas".

Tanto las mujeres más mediáticas como las anónimas sabemos diferenciar entre acoso y seducción. De ahí que resulte necesario analizar el manifiesto de las cien intelectuales francesas, porque puede desalentar a las que lo están sufriendo y todavía no lo han denunciado, y banaliza la violencia de género.

Un principio de la sororidad es reconocer que la cultura femenina tradicional vigente entre nosotras, no incluye conocimientos, habilidades y destrezas para agendar ni pactar. Que muchas aprendemos en el estilo masculino para luego desaprenderlo al sentir cuán contradictorio es conducirnos así entre nosotras, lo estéril de ese proceder y la necesidad de construir la alianza entre las mujeres desde una posición de mutuo reconocimiento. Reconocer que existe una colonización mental que nos impregna ya que desde el mito de Adán y Eva, es la mujer la que se deja tentar por la serpiente.

No obstante la falta de sororidad, las autoras y firmantes francesas han destapado un debate que existe: la superación de las desigualdades entre los géneros no puede hacerse linchando al varón, renunciando a las conquistas de cuerpo y sexo, anulando las artes como catarsis, sometiendo la libertad creadora a las censuras más reaccionarias. No todos los hombres son depredadores sexuales ni acosadores laborales, pero es necesario acentuar que el acoso sexual es entendido jurídicamente como “la imposición de contacto sexual en el contexto de una relación de desigual poder” (MacKinnon, 1979).

Subrayando las disfunciones del movimiento y no sus aciertos, ¿no se arriesgan a hundir esa toma de conciencia sobre la violencia sexual y los abusos de poder, que su propio manifiesto considera “necesaria”?

b)   De hombres

Peligro del resurgimiento del puritanismo ha sido el lema iniciado por el manifiesto francés al que se han sumado hombres que gozan del éxito artístico y mediático como Woody Allen, quien expresa que no quiere que la investigación a Weinstein por acoso sexual lleve a " una atmósfera de caza de brujas, donde cualquier hombre que guiñe el ojo a una mujer en la oficina tenga que llamar a un abogado” (“Woody Allen sobre el escándalo Weinstein”, 2017). A su vez el director austríaco Haneke afirma “Este nuevo puritanismo que odia a los hombres que viene a raíz del movimiento #MeToo me preocupa” (“Michael Hanecke contra el ‘MeToo’”, 2018). En España Javier Marías alerta contra “la barra libre” y escribe "Cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia" dice Marías, "la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros" (Marías, 2018). 

Es difícil no sorprenderse ante estas reacciones de hombres talentosos. ¿Qué los motiva a expresarse acentuando lo que es, efectivamente es un riesgo, pero que nunca han reaccionado o denunciado el acoso o la violencia sexual que sufren las mujeres del medio? Sus manifestaciones que son un éxito para el periodismo e ilustran ejemplarmente el pacto masculino, la fraternidad.

Soledad Gallego Díaz así lo ha entendido y sus palabras lo explican claramente:

Si el movimiento contra el acoso sexual que ha comenzado a reclamar voz en el espacio público resiste los ataques, puede marcar la historia del feminismo…La historiadora Mary Beard ha documentado hasta qué punto los hombres creen que son ellos quienes deben hablar en el espacio público, y otro estudio titulado Silent Sex, asegura que hace falta que haya cuatro mujeres por cada hombre para que se conserve un cierto equilibrio en el espacio común. Es famoso el estudio que demostró la escandalosa cantidad de veces que Sonia Sotomayor , miembro del Tribunal Supremo de Estados Unidos era interrumpida por sus colegas…Como ocurre siempre con las reivindicaciones feministas nada será fácil. Hace tiempo que existe en el llamado Internet profundo una red, Manosphere que reúne grupos de hombres que se sienten víctimas de la nueva presencia femenina y que denuncian lo que ellos llaman la pérdida de valor cultural de lo “masculino (Gallego-Díaz, 2017).

c)    De otros hombres

No obstante, también podemos documentar otras manifestaciones de hombres del medio artístico como es el caso de Robert Redford que dio inicio al Festival de Cine de Sundance diciendo “El movimiento #MeToo es un punto de inflexión para Hollywood. Ahora, el papel de los hombres es escuchar" (Munker, 2018).

O la introducción de un código de conducta en Silicon Valley a partir de un asistente virtual llamado Spot con el que hablar si se está experimentando acoso laboral o situaciones sexistas, o si se es testigo de ello. Nació bajo la premisa de poder denunciar de manera anónima y sin miedo a represalias o temor a que los hechos no trasciendan (Jímenez Cano, 2018).

Los actores Terry Crews y James Van Der Beek respondieron al hashtag con sus experiencias propias de acoso y abuso, mientras otros respondieron reconociendo comportamientos pasados contra mujeres, creando el hashtag «HowIWillChange» («Cómo voy a cambiar»).

A modo de coda

Hombres y mujeres del campo de la salud mental podemos, trabajando juntos, interrogando a los que se escandalizan o se asustan de las reacciones al movimiento #MeToo, reconducirlos a lo que es verdaderamente importante: que los abusos y acosos continúan siendo tan desigualmente considerados y valorados. Cuando “escuchemos” quejas y relatos de nuestros pacientes podemos aguzar la escucha hacia un planteamiento de mayor sensibilidad y empatía en aquellos que tienen miedo a las denuncias o hacia identificaciones inconscientes con grados diversos de dominación que temen perder. La teoría sobre la colonización emocional agrega un elemento relevante para poner de manifiesto la transmisión intergeneracional de la ideología de dominación a través de la intersubjetividad familiar. “Las intervenciones descolonizadoras tienen como principal objetivo favorecer que el paciente pueda captar los distintos modos en los que es colonizado, tanto desde fuera como desde dentro de su mundo psíquico” (Bleichmar y Espeleta, 2017).

A su vez, cuando las que sólo se quejan pueden sentirse estimuladas a hacer algo distinto al simple lamento, pueden encontrar un modelo que las anime a vislumbrar algún otro camino o, al menos, saber que no están solas. Esto tiene que ser más y más explícito en nuestro trabajo clínico, no existe actualmente ninguna meta más ambiciosa que el logro de la igualdad.

Referencias

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Bibliografía complementaria

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[4] En 2011 Dominique Strauss-Kahn fue acusado de violación por una limpiadora del hotel Sofitel de Nueva York. La mujer declaró que el economista la había agredido sexualmente en la suite del hotel en la que este se alojaba. Posteriormente, el Ministerio Público de Nueva York presentó cargos contra él y se desencadenó una importante crisis en el Fondo Monetario Internacional (FMI) que conllevó a su desprestigio y posterior dimisión al frente del organismo. Además de este escándalo sexual, el político fue acusado de participar en una red de prostitución que, según distintos medios franceses, habría comenzado a investigarse en 2011. Anne Sinclair, quien había sido su esposa desde 1991, no aguantó todos estos escándalos y se divorció del político en septiembre de 2012 (poco tiempo después de que saliera a la luz el escándalo de Nueva York). No obstante, esto no deprimió a Strauss-Kahn, quien encontró un importante apoyo en Myriam L'Aouffir, con quien comenzó una relación de cuatro años que ha terminado en boda (9/10/ 2017).