Un modelo descriptivo explicativo de la experiencia clínica en el psicoanálisis (el psicoanálisis rioplatense)

Publicado en la revista nº012

Autor: Winograd, Bruno

En esta comunicación y por motivos de síntesis obvios, intentaré ubicarme en tres perspectivas:


En primer lugar, tomaré los aportes del psicoanálisis rioplatense descartando un nivel enumerativo o exegético, intentando hacer una síntesis de cómo funciona como modelo en mi práctica clínica, sobre todo como sistema conceptual explicativo de las vicisitudes del campo de tareas en psicoanálisis. Se trata de sostener como punto de partida (y tal vez también de llegada) que algunos desarrollos del psicoanálisis rioplatense pueden funcionar en nuestra práctica cotidiana como sistema conceptual integrable, complementario y que dé cuenta de las vicisitudes de las tareas clínicas y del intercambio entre analista y paciente no sólo en una versión histórica de nuestro desarrollo, sino (y esto sería lo interesante) en las perspectivas de las complejidades de la clínica de nuestros tiempos.


En un segundo lugar, intentaré examinar algunos de los aportes del sector que estoy mencionando y también sintéticamente conceptualizar algunos de sus fundamentos. Tercero, hacer un intento de examen crítico de algunas dificultades y limitaciones que éste y otros sectores de la producción de nuestra disciplina padecen. Me refiero a notar un cierto déficit de “universalidad” en cuanto a su aplicación y utilización, no sólo en el universo internacional, sino también en nuestros propios ámbitos culturales. En mi opinión esta dificultad puede obedecer a motivos que no son los habitualmente sostenidos, mencionando problemas de tipo sociológico, en cuanto a la desvalorización de las producciones más cercanas y propias, frente a la idealización de lo que proviene de otros espacios geográficos culturales.


También quiero señalar que, por motivos de síntesis y de limitación espacial, solamente podré recortar y resaltar el sector mencionado, al  que entiendo de  utilización instrumental, por lo cual tendré que renunciar a la inclusión de muy importantes aportes ya examinados y mencionados en distintas publicaciones, de autores como Arnaldo Raskovsky, Angel Garma, Arminda Aberastury y otros, así como de generaciones más cercanas y de la posibilidad de sistematizar sus producciones.


Para ubicar estas reflexiones en un contexto de debates actuales en el campo de nuestra disciplina, se podría mencionar que en distintas publicaciones de diferentes ámbitos geográficos, al discutirse la relación entre la clínica psicoanalítica actual, sus complejidades y los sistemas conceptuales con que el psicoanálisis las fundamenta, se formulan algunas conjeturas interesantes:


Distintos autores señalan la insuficiencia de un esquema “lineal” para explicar tanto los complejos procesos de desarrollo psíquico, como los del proceso terapéutico psicoanalítico. Se plantea a través de distintas formulaciones, que tanto el proceso del desarrollo como el terapéutico pueden ser entendidos más adecuadamente a través de metáforas que vinculan a lo que autores del campo filosófico o epistemológico llaman “la complejidad”. También se sostiene en alguno de estos aportes que el modo de funcionar un proceso terapéutico (con cierta similitud con el desarrollo psíquico) presenta vicisitudes tumultuosas, irregulares  no formuladas adecuadamente a través de una modalidad lineal o cronológica. Si bien el propio Freud a través del concepto de “resignificación” o “a posteriori” y algunas otras sinonimias, ya sostenía tal postura (que podía ejemplificarse en algunas metáforas arqueológicas sobre Roma en “Malestar de la cultura”), no podemos quitarle relevancia a este tipo de discusión y debate. Pero es justamente a través de la complejización de la clínica, la insuficiencia del modelo de la “neurosis” para dar cuenta de algunos parámetros que intentan delimitar y conceptualizar el campo de tareas analítico, que adquiere relevancia la discusión mencionada anteriormente, o sea la que sostiene que el proceso clínico es sumamente complejo y no puede ser reducido a los mismos parámetros con que se consideraba la problemática de las neurosis.


Si por otro lado examinamos o intentamos conceptualizar los aportes que mencionábamos, referidos a un sector de los psicoanalistas rioplatenses, podríamos concluir que en este ámbito conceptual particular, los procesos terapéuticos psicoanalíticos, son formulados en un contexto donde podemos hallar la “no linealidad” y la compatibilidad posible de distintas teorías relacionales, que pretenden dar cuenta de las variantes, las complejidades y las múltiples vicisitudes del campo clínico, teniendo como eje paradigmático las vicisitudes y los intercambios de la estructura relacional analista- paciente.


Es decir recapitulando, sostenemos que existe convergencia de publicaciones y aportes en algunas de las siguientes características de los procesos terapéuticos psicoanalíticos:


1- No linealidad cronológica estricta.


2- “Complejidad” como modalidad tanto del desarrollo psíquico como las vicisitudes del proceso terapéutico psicoanalítico.


3- Dicha complejidad estaría basada en vicisitudes no determinísticas, sino probabilísticas de la relación intersubjetiva que constituye su núcleo estructural fundamental, pudiendo ser examinada con diferentes modelos teóricos entre los cuales los de Freud, los de las relaciones objetales de Melanie Klein, Bion, Fairbairn,  Winnicott, Kohut y con otras posturas psicoanalíticas. En tal contexto, esas características podríamos ahora considerarlas en relación de alguno de los ejes conceptuales del sector del psicoanálisis rioplatense que proponía examinar y cuyos distintos aportes de diferentes autores, consideraba integrables, articulables y compatibles metodológica y lógicamente, postura naturalmente sujeta a discusión.


Referiré en este contexto a los siguientes sistemas conceptuales provenientes de autores rioplatenses, que de algún modo pretenden enfocar niveles de análisis no totalmente superponibles, tanto del espacio clínico como del desarrollo del proceso terapéutico psicoanalítico, así como vicisitudes relacionales del intercambio de ambos integrantes del mismo:


a- El modelo del “Proceso en Espiral” con que se ilustra la situación clínica a partir de los trabajos de Enrique Pichon Riviere. Se trata de una concepción que utiliza la metáfora de una “espiral” para diferenciarlo de un curso “lineal cronológico” (como podrían ser ubicadas las conocidas posturas de Donald Meltzer sobre el proceso). Se sostiene  en esta vertiente conceptual que durante el curso de un proceso analítico se superponen dimensiones y conflictos temporales pasados, presentes y futuros. Desde esta perspectiva se plantea también la producción (no lineal) de fenómenos regresivos y progresivos a lo largo del mencionado proceso terapéutico.


b- La noción del espacio analítico como “campo dinámico” con múltiples intervinientes en su condición y un desarrollo no conceptualizable linealmente, tal como fue introducido por Madeleine y Willy Baranger. Esta concepción que consideramos complementaria de la precedente, define a la experiencia clínica psicoanalítica sobre la base de una relación intersubjetiva que determina un “campo” bipersonal (término proviene de la teoría de la Gestalt y está conectado con otras nociones como las de Balint “Two bodies psychology” o  las concepciones de Kurt Lewin, etc.). Este campo se define por la “relación”, que resulta diferente a la suma de los sujetos individuales, produciéndose entonces  resultantes complejas, recíprocamente determinadas.


c- Los estudios de David Liberman. Esta perspectiva examina dentro del proceso psicoanalítico las modalidades del intercambio comunicativo entre ambos participantes (lenguaje, tonos, gestos, ritmos, mímica corporal). Se sostiene que si se examinan los aportes del analista y los emergentes ante los mismos producidos por el paciente, pueden registrarse a través del estudio protocolar de la producción discursiva mencionada, “transformaciones” o “detenimientos”. También se plantea desde esta perspectiva que la noción de material no puede ser unívoca, sino que dependerá de la selección que cada analista realice de lo que para el mismo resulte material significativo. También se analizan diferentes “estilos” de las intervenciones del analista, llamándose “complementarios” a los que pueden atravesar más fácilmente las barreras defensivas de los funcionamientos psicopatológicos dominantes en cada paciente y en cada momento del proceso terapéutico. Se sostiene también que cada proceso terapéutico psicoanalítico posee modalidades “propias”, producto de las características y vicisitudes de la dupla terapéutica. En versiones actuales de dichos estudios o de dichas posturas, se pone el énfasis en la “forma” y no sólo en el “contenido” interpretativo (postura iniciada por los trabajos de Luisa Alvarez de Toledo con distintas continuaciones actuales).


d- Al mencionar el tema diagnóstico, no podemos dejar de señalar que fue uno de los aportes que consideramos más trascendente a nuestro intento de formalizar aspectos explicativos del campo clínico del psicoanálisis, nos referimos a los trabajos de José Bleger quien arma un sistema conceptual en el cual discrimina netamente el modelo diagnóstico en el campo analítico del diagnóstico médico o psiquiátrico, o sea que lo que Bleger sostenía es que mientras que el diagnóstico médico e incluso el psiquiátrico se refieren a entidades fijas o a mecanismos, el diagnóstico en psicoanálisis se ubica evaluando estructuras, sus combinatorias y movimientos, sus contenidos, sus funcionamientos, en un contexto de la historia del sujeto y del desarrollo de sus sistemas relacionales. Cabe agregar aquí que esta visión del diagnóstico que iniciara Bleger se diferencia notoriamente de los diagnósticos caratulativos, o estáticos, o de la actitud rígidificante que a veces se le cuestionaba al empleo  del diagnóstico en general en el psicoanálisis. Evidentemente, podemos también agregar que los diagnósticos tipo DSM pueden ser útiles  en situaciones de urgencia; en tomar decisiones en ámbitos institucionales o hospitalarios, pero no son muy congruentes con la perspectiva psicoanalítica que más que buscar mecanismos evalúa complejos funcionamientos, interjuegos internos y externos de la persona.


e- Para completar la descripción de los ingredientes que habíamos propuesto, debemos agregar a las perspectivas de Pichón Riviere, M. y W. Baranger, Bleger, Liberman y Alvarez de Toledo, las contribuciones a la importancia de la participación emocional del psicoanalista en el campo clínico, que si bien fueron iniciadas por Freud han tenido un desarrollo notorio, pero polémico, en el psicoanálisis contemporáneo, en el cual los aportes de Heinrich Rocker han resultado sumamente relevantes, con su concepción de la contratransferencia como estructura de indicación y registro y también sus distintas discriminaciones de tal estructura conceptual en el campo clínico.


f- También deben agregarse los aportes de este sector del psicoanálisis rioplatense a la noción de proceso terapéutico y sus vicisitudes en el cual han resultado ejes y pioneros los trabajos de M. y W. Baranger por un lado, y los de David Liberman por el otro, así como la noción de vínculo que iniciara Enrique Pichón Riviere y que ha tenido desarrollos varios incluso en las perspectivas contemporáneas de las producciones del psicoanálisis de nuestro ámbito.


g- También debe mencionarse como central en este intento de discriminar, modelizar y armar una estructura conceptual de lo que pudiera llamarse un desarrollo teórico que de cuenta del ámbito del espacio y proceso analítico, los distintos trabajos sobre la forma interpretativa que como decíamos fueron iniciados por Alvarez de Toledo, continuados por Liberman y distintos desarrollos actuales.


h- No podemos dejar de señalar el sistema o modelo modular originado en estudios lingüísticos de   Noam Chomsky y que propone el colega Hugo Bleichmar (Argentino residente en Madrid) el cual implica cuestionar los sistemas motivacionales “unideterminísticos” (por ejemplo la teoría psicosexual), sosteniéndose la conveniencia para el psicoanálisis de considerar un psiquismo llamado  “modular”, integrado por diferentes núcleos motivacionales que han sido desarrollados y expuestos por distintas escuelas psicoanalíticas tales como el sensitivo sexual (Freud, autores franceses) el narcisista (Freud, Kohut, Kernberg, Green y otros) el del apego (Bowlby, Winnicott) el de las defensas primarias en la constitución del psiquismo (M. Klein, Bion) el que el autor llama sistemas de auto y hétero conservación, etc. Estos módulos  tendrán todos valor causal relativo pudiendo haber mayor o menor incidencia de uno o varios según la historia del desarrollo psíquico de cada sujeto, y lo que importaría en el estudio diagnóstico del campo clínico, es examinar sus múltiples articulaciones y derivados en el plano clínico que permitan estrategias variadas en el campo de abordaje.


Resumiendo y con la clara noción de que la necesidad de síntesis nos obliga a una enorme “contracción” en nuestra comunicación, señalaremos que la construcción de un sistema explicativo del campo clínico basado en aportes de autores rioplatenses, debería incluir como venimos sosteniendo los modelos de la teoría vincular y del proceso en espiral de Pichón Riviere como conceptualización diacrónica o desarrollo temporal del campo y proceso terapéutico; necesitaría contener la teoría del campo dinámico de los Baranger, implicando un corte más transversal sincrónico ubicado en las vicisitudes y las producciones de la pareja terapéutica; un aporte de la teoría de los indicadores clínicos del material discursivo de David Liberman, agregándole la importancia de las estructuras complementarias y la forma interpretativa (junto al contenido) que iniciara Alvarez de Toledo; y la de los indicadores diagnósticos de las estructuras clínicas de Bleger; las exploraciones del espacio interno del analista funcionando como indicio y decodificación iniciado por Racker y continuado por colegas como Cesio y otros; el modelo modular como sistema explicativo polimotivacional de Hugo Bleichmar, nos permitirían una formalización laxa y abierta de teorías sobre campo clínico. Por supuesto que este planteo supone o presupone que se considera que las propuestas incluyen sistemas conceptuales metodológicamente compatibles y complementarios en sus estructuras básicas, postura naturalmente como ya lo veníamos insistiendo sujeta a la discusión crítica.


Habiendo enfatizado los aspectos descriptivos en una síntesis muy extrema, y sostenido como fundamento metodológico su compatibilidad y posibilidad de articulación con un campo clínico complejo y variado como resulta el de las distintas problemáticas psicopatológicas que el psicoanálisis enfrenta actualmente, intentaré considerar otros de los puntos de mi propuesta en el sentido de reflexionar acerca de algunas características del psicoanálisis rioplatense, en cuanto a las dificultades que presenta un alcance más universal y su posibilidad de funcionar como instrumento conceptual en una mayor extensión en el campo de psicoanálisis contemporáneo. Señalaba anteriormente que no me detendré en los argumentos de tipo sociológico, (en cuanto al rechazo de las culturas propias y la idealización de las exteriores), postura no descartable, pero que no es la que me resulta de mayor interés examinar. Desde mi perspectiva, si se admitiera muy esquemáticamente que en el panorama del psicoanálisis contemporáneo se pueden ubicar distintas modalidades en los grandes creadores (que en última instancia han sido los que han contribuido a impulsar nuevos aportes y perspectivas en el campo de nuestra disciplina) podrían formularse muy esquemáticamente tres modalidades:


1) Inventores de alta coherencia interior en los cuales podríamos ubicar a Melanie Klein, Lacan,  Kohut, o los autores de la “Ego Psychology”.


2) En otros casos podríamos mencionar sistemas conceptuales menos organizados en una congruencia interior muy marcada, (o sea más laxos con un grado de formalización menor), pero que también han permitido y permiten múltiples desarrollos como podrían ser los de Winnicott, de Piera Aulagnier, de Bion y de algunos otros autores .


3) Autores y creadores que compaginan léxicos variados al armar su propio esquema y entre los cuales podríamos ubicar a Otto Kernberg, Andre Green, los alemanes Thoma y Kachele y otros, pero entre los cuales también creemos se pueden incluir con mucha congruencia los autores Argentinos y Uruguayos mencionados, como Pichón Riviere, los Baranger, Liberman, Bleger, Racker y otros. Si aceptamos esta muy esquemática sistematización, cabe reflexionar acerca de algunas estrategias teórico clínicas de  pensadores que podríamos, con fines de síntesis ilustrativa, ubicar en la línea Pichón Riviere (aunque también contienen aportes de Luisa Alvarez de Toledo, de Racker y otros continuadores que examinaron la teoría de la contatransferencia). En este contexto se podría señalar:


1- Se trata de una línea conceptual donde se desarrollan teorías globales pero más cercanas a la experiencia clínica y con una notoria menor saturación metapsicológica (no efectuamos esta consideración como un juicio de valor, sino intentando captar su estructura conceptual).


2- En el armado de su sistema conceptual pueden compaginarse producciones de distintos esquemas referenciales.


3- Observando la utilización y la instrumentación de dichos esquemas en la práctica clínica, es poco común que funcionen como esquema único de coherencia, sino que más bien presentan porosidad y laxitud y pueden incluso articularse con esquemas diferentes. No es poco habitual que colegas de generaciones más antiguas y más recientes puedan incluso señalar al conocer algunos de estos trabajos, que los estaban utilizando sin tener clara conciencia de cómo los habían incorporado a su arsenal teórico clínico.


4- Por las razones mencionadas es difícil que estos sistemas conceptuales funcionen como originadores de “discipulismo”, tal vez por esa modalidad de cierta porosidad, de no estar saturados metapsicológicamente e incluso por posibilitar usos variados de esquemas teóricos. Pero no podemos dejar de señalar que el diagnosticar claramente los sistemas conceptuales con los que se fundamenta el campo clínico, implicaría una cierta tarea metodológica de discriminación y decantación que no es fácil de realizar, pues si coincidimos en que el campo clínico psicoanalítico contemporáneo no permite consideraciones de precisión acerca de un material significativo singular, ni de una estructura singular donde existe correspondencia estructura psicopatológica- persona, sino que se caracteriza por una complejidad en donde las combinatorias y las variantes del campo desbordan los modelos teóricos que lo puedan explicar aisladamente, esta postura es fuertemente compatible con las propuestas de Liberman, con las de Pichón Riviere, con las de los Baranger, con las de Bleger e incluso contemporáneamente con las de Hugo Bleichmar. En este sentido podríamos conjeturar que el problema de la falta de desarrollo y sobre todo difusión de estos modelos rioplatenses, puede obedecer a motivos distintos a los sociológicos o a la colonización cultural: En primer lugar, a lo que aludíamos señalando que los distintos modelos permiten poca identidad discipulista. Segundo a una cierta necesidad de aproximación metodológica o epistemológica frente a la complejidad del campo clínico que exige construir este tipo de herramientas, poder articular en una discusión crítica cual es la coherencia o la incoherencia de las distintas conexiones y de los distintos esquemas referenciales y que  también podrían implicar un cierto acercamiento a la conceptualización de  una base empírica en psicoanálisis, no unívoca, no fácilmente reducible, pero posible de construir y conceptualizar a través del intercambio discursivo y las vicisitudes transformacionales que el mismo expresa en los procesos de intercambio entre los aportes de ambos participantes. Si aceptamos entonces que el campo clínico implica una estructura témporo espacial compleja conteniendo elementos linguísticos, extralinguísticos, paralinguísticos, la sistematización sumamente congruente y absoluta resulta extremadamente difícil; esto también lo hemos registrado en las discusiones sobre lenguaje y psicoanálisis que no han sido muy abundantes en la historia de nuestra disciplina, pero que cada vez que se realizan muestran justamente la complejidad del campo y la dificultad de armar consensos, aunque también abriendo posibilidades promisorias en la discusión de los mismos como sucedió en el Congreso reciente de la APU en Montevideo. Desde esa perspectiva, la dificultad  metodológica mencionada, cierta falta de atractivo y de coherencia y homogeneidad  del esquema, la necesidad de estudios interdisciplinarios para conceptualizar indicadores de cambio, detenimiento y finalización que ya iniciara Liberman, la importante jerarquización de la relación intersujetiva “pareja analítica”como  uno de los determinantes centrales del destino del proceso terapéutico (que de ningún modo supone prescindir de las teorías o de los niveles metapsicológicos, sino de articularlos a través de  un status muy peculiar de conexión con las complejidades clínicas y de la necesidad de una discusión crítica permanente donde desaparecen ciertos “poseedores de certeza apriorística”, “supervisores” que enseñan “cual” es la línea a seguir, etc. ) podrían  permitir explicar cierta dificultad que podríamos llamar provisoriamente (aunque no del todo exactamente) como “resistencial”, a considerar el estudio y el aporte del modelo del psicoanálisis rioplatense. Insisto que desde este examen se propone un predominio de dificultades metodológicas de articulación, de relativización del absolutismo explicativo, que pueden incidir para que un enfoque articulado de las distintas producciones rioplatenses a través de un procesamiento crítico de su mayor o menor valor, no es el más frecuente ni en nuestro medio, ni en otros ámbitos de nuestra disciplina. De ningún modo podríamos señalar que no se valore a los maestros (homenaje absolutamente merecido) con  reconocimientos formales, pero que muchas veces no van acompañados de una integración y articulación de las nociones que han aportado, de un procesamiento teórico clínico y metodológico, que es el que de algún modo se pretende introducir, aunque de ningún modo monopolizar, pero si sostener que la posibilidad de abrir una discusión en este campo nos puede permitir nuevos acercamientos y modos de fundamentar y hacer desarrollar justamente el campo y el proceso psicoanalítico de nuestros tiempos, tan impregnado de nuevas variantes, de influencias socioculturales que aveces desconciertan al operador clínico, de cuestionamientos a la disciplina (muchas veces rechazados a priori) sin discriminar si se trata de críticas de interés que permitan reformulación o cuando hay descalificaciones por desconocimiento o rechazo cultural. En este contexto retomar, reformular y reexaminar este tan interesante conjunto de propuestas, nos parece que  mucho más que obedecer a motivos “localistas” o de defensas de la propia identidad cultural, sería un aporte para nuestra disciplina, nuestros colegas, y ¿por qué no? también para nosotros mismos.


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SINOPSIS


TEORIA DEL VÍNCULO Y PROCESO EN ESPIRAL (E. Pichón Riviere)




  • Complejidad no lineal de fenómenos regresivos y progresivos.



  • No se trata de un proceso ''natural''.



  • Se superponen dimensiones pasadas, presentes y futuras.



SITUACIÓN ANALÍTICA COMO CAMPO DINÁMICO ( M. y W. Baranger)

Campo intersubjetivo asimétrico


Asimetría  (del lado del analista) diferente a la implicación del paciente

* Contratransferencia

* Regresión

* Atención flotante

* Ambigüedad

* Dirección de la cura


Patología del campo

* Baluarte

* Campo perverso


DIAGNÓSTICO ESTRUCTURAL (José Bleger)


1) Diferencia con modelo médico (diagnóstico estático de cuadros)


2) Importancia de las combinatorias

           a) Organización patográfica

           b) Estructuras

           c) Indicios



* Parte neurótica

* Parte Psicótica



LA INTERIORIDAD (SUBJETIVIDAD) DEL ANALISTA COMO ÁMBITO DE INDICIOS CLÍNICOS (CONTRATRANSFERENCIA) (Racker y continuadores)


Variantes  definicionales

* Extensa

* Limitada


Modalidades relacionales (según vínculo dominante analista- paciente)

* Concordante

* Complementaria


Funcionamiento

* Ambito para decodificación cuidadosa. Necesidad de procesamiento

* Adecuación sujeta a los emergentes del paciente

 

 

 


COMUNICACIÓN, DISCURSO Y DIÁLOGO INTERSUBJETIVO (D. Liberman)


Diálogo y expresión discursiva como base empírica del psicoanálisis


Material significativo

* Lenguaje

* Elementos paraverbales (tonos, pausas, acento)

* Elementos extraverbales (mímica, cuerpo)

* Interiroridad del analista


Contextos del proceso terapéutico

* Intraclínico (contacto emocional espontáneo)

* Interclínico (estudio de protocolos con estrategias interdisciplinarias)


Instrumento terapéutico

* Complementariedad entre estructuras psicopatológicas

* Complementariedad entre estilos (forma y contenido) interpretativos y material clínico


Alternativas del proceso

* Transformaciones (conocimientos internos e históricos).

* Nuevos recursos psíquicos (funciones yoicas)

* Iatrogenia = no transformación


EL INSTRUMENTO CLÍNICO PSICOANALÍTICO (INTERPRETACIÓN Y VARIANTES)


(L. Alvarez de Toledo, D. Liberman)

* Importancia de la forma junto al contenido


(D. Liberman, J. Bleger, J. Mom, H. Bleichmar, R. Paz)

* Alternativa interpretativas según variantes psicopatológica y combinatorias singulares

 


EL MODELO MODULAR (ARTICULACIÓN DE ESQUEMAS REFERENCIALES, ALTERNATIVAS PSICOPATOLÓGICAS Y COMBINATORIAS SINGULARES) (H. Bleichmar)


* Cuestionamiento de motivación general con determinismo único.


* Motivación como módulos coexistentes con distintos grados de valor explicativo según cada sujeto.

Psiquismo como estructura modular con reglas finitas y combinatorias infinitas.


* Módulos surgidos de aportes psicoanalíticos sobre desarrollo psíquico articulados con alternativas psicopatológicas (sensitivo- sexual, narcisismo, apego, desestructuraciones y defensas primarias, etc....).

Estrategias clínico técnicas en cada sujeto singular conectando módulos dominantes, combinatorias psíquicas y alternativas del abordaje.

 

 










 


* Versión modificada del trabajo presentado en el "Congreso Argentino de Psicoanálisis" (Rosario, Mayo 2002) y en el Symposium de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis (Buenos Aires, Agosto 2002). Publicado en la Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis No. 5, 2002

 

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