¿Qué es un objeto "interno"?

Publicado en la revista nº013

Autor: Colombo, Eduardo

 

 “ Lo que piensa en nosotros, es nosotros mismos. No es la materia la que piensa, siente o conoce, es el hombre o el animal compuesto de materia el que piensa, siente y conoce. ”

                                                        Jean Meslier 1



 “ Se entiende por signo todo aquello que, habiendo sido aprehendido, hace conocer otra cosa. ”

                                                        Guillaume dí Ockham 2





Un “ objeto” es lo que está delante, lo que uno encara, hacia lo que uno apunta o se dirige. Puede ser una “cosa” de la naturaleza, puede ser un objetivo de la acción. Para el hombre –para los seres humanos que nosotros somos– es al menos una construcción del pensamiento.


Para comenzar tratemos de responder a la primera pregunta que nos habíamos planteado en la presentación de esta mesa redonda3: ¿Qué relación existe entre una situación biológica, “ pulsional ”, ligada a emociones primarias (patterns de acción finalizada intra-específicos) y una relación de objeto? La sexualidad y el hambre forman una pareja de añeja tradición y Freud la retoma para comenzar sus Tres ensayos sobre la teoría sexual. Pero, tanto la sexualidad como el hambre no pueden satisfacerse en el individuo singular que las siente sin un aporte del mundo exterior. Hay la necesidad, y la “cosa” o la materia que la calma. El deseo y el objeto.


El objeto sexual, por ejemplo, es entonces, “la persona de la que emana la atracción sexual” 4. La persona: materia, cuerpo, extensión, objeto real en el mundo. El uno, el sujeto, el otro, el objeto. El ego y el alter. Se establece así, dice Freud, “un vínculo de la libido con una persona determinada”, vínculo que resulta de una elección de objeto que se transformó en relación de objeto. Pero esa persona deseada, investida por la libido, amada u odiada, puede ser perdida, abandonada, incluso olvidada. Objeto de antiguos deseos que quedó en la imaginación y en la memoria: imago, representación, fantasma. A veces ese objeto puede volverse la causa de un “falso vínculo” o “falsa relación” revivida en la transferencia, como es constatado en los Estudios sobre la histeria.


Los pasos seguidos en este corto párrafo nos han hecho entrar insensiblemente en un mundo de aporías. Hoy en día hemos abandonado el dualismo cartesiano, somos monistas, no hay “espíritus animales”, cuerpos por más sutiles que sean que mueven la materia, ni “formas substanciales” o “substancias inmateriales”, esas “ absurdidades aristotélicas ” denunciadas por los filósofos materialistas, pero estamos aún mal instalados entre el alma y el cuerpo, la psiquis y el soma, lo mental y el cerebro. El objeto al que se apunta, investido por nuestros afectos, es un cuerpo de carne y hueso, pero al mismo tiempo es tratado o “traducido” como una “representación”, “una huella mnémica”, un objeto imaginario, una idea.


Desde sus primeros escritos Freud habla de los objetos del mundo exterior bajo la forma de representaciones. En el Proyecto se afirma la diferencia entre la percepción (presencia real de los objetos en el mundo) y la representación (“recuerdo” del objeto “que no existe más que en la imaginación” 5.) Pero así, dentro de esta perspectiva, la representación es una idea 6.  La teoría lockista de las ideas está implícita en la conceptualización freudiana de la representación. Habitualmente, o ingenuamente, nos representamos la representación como uno de los polos de un eje semántico en el cual un representante (psíquico: imagen mental, concepto, idea) y un representado (objeto externo, material o “real”) mantienen una relación de isomorfismo, de desdoblamiento o especular. Dicho con otras palabras, el mundo real retorna como doble, idea o imagen de la cosa en el sujeto.


En esta metafísica del espíritu se insinúan tres ilusiones del prejuicio realista: 1) “lo real asimilado a una exterioridad que gobierna desde afuera la escena mental”, 2) “el concepto asimilado a la interioridad de una imagen mental en el espíritu”, 3) “una concepción de la verdad-adecuación” 7.


En realidad lo que llamamos representación es una relación referencial o semántica de significación, que en el interior de un sistema signitivo (o simbólico) es siempre representación de otra representación, o mejor dicho, signo de otro signo.


Los primeros vínculos que se establecen entre el recién nacido y el mundo forman parte de una relación social interactiva, recíproca aunque asimétrica, basada sobre la modulación de la emociones primarias 8 preprogramadas y de sistemas de valor 9 que resultan de la selección natural propia del comportamiento finalizado, innato. En la relación de objeto primitiva, o pregenital según Balint, “el objeto” es considerado realmente como “objeto” y no como un “partenaire cooperante”. Como decíamos en Sexualidad y erotismo, si uno considera la sexualidad – o el hambre –, “del lado biológico o etológico ella se presenta como un pattern de comportamiento llamado instintual, es decir un comportamiento orientado característico de la especie, heredado (herencia genética), con un objeto-fin más o menos fijo que pone en marcha la acción específica en relación con un estado interno del organismo. La estructura de la acción finalizada seleccionada por selección natural en el curso de la evolución (es decir no teleológica) vincula el estado orgánico interno con el objeto del mundo exterior que le es específico [por ejemplo un cierto nivel hormonal (estado interno) que hace que el animal sea receptivo a un tipo de información proveniente del objeto-fin.]” (Sex. et Érotisme p.117) En el caso del bebé la estructura de la acción finalizada que se expresa en la succión del seno, y que lleva al agente hacia su fin, es un comportamiento de los más simples por que es el elemento-blanco de la acción –la madre, el seno materno o su substituto– el que ejecuta la acción que permite que el proceso se lleve a cabo. Pero la relación o el vínculo que se establece entre la necesidad del agente y el objeto-fin del comportamiento orientado no es aun una “relación de objeto” en sentido estricto. (Es una relación real que pertenece a la categoría de la "secundaridad". Ver nota I)


En la “notas” de 1895 (Proyecto) Freud describe lo que él llama “la experiencia de satisfacción” que resumimos a continuación: “una modificación interna (manifestaciones emotivas, gritos, inervaciones musculares)” solo puede ser suprimida por una intervención exterior "(por ejemplo aporte de alimento, proximidad del objeto sexual)” que efectúe la acción específica necesaria 10. La persona que aporta el alimento y que “ha ejecutado para el ser impotente la acción específica necesaria” , que ha permitido la experiencia de satisfacción, es también “el objeto deseado” 11.  (Sex. et Érotisme, p.110)


Sin embargo, antes de convertirse en “el objeto deseado”, el alter debe ser despojado de su inmediatez factual para dejar lugar a un objeto intencional, un objeto mental. “En el presente inmediato no hay pensamiento”, escribe Peirce 12, y Freud dice que “el pensamiento no es más que el substituto del deseo alucinatorio” 13.


Entonces, cuando la necesidad interna, somática, reaparece y el “objeto” externo, real, no está presente o disponible para el niño, el modelo canónico del deseo postula su representación alucinatoria, es decir que el desequilibrio orgánico que se expresa en la necesidad pondrá nuevamente en marcha la experiencia de la satisfacción ya asociada a la excitación que es la expresión de la necesidad y “reconstituirá la situación de la primera satisfacción” 14.  Pero aquí hay que hacer notar dos cosas, primeramente que lo que está representado bajo la forma alucinatoria es una experiencia, un estado de satisfacción en el cual el objeto forma parte de la estructura global de la acción efectuada y que no es separable como percepción distinta o unidad discreta. Los datos del mundo que los sentidos recogen deben ser interpretados por el cerebro para tener sentido, para significar algo. Si buscamos por el lado de las neurociencias, por ejemplo, Francis Crick en L'hypothèse stupéfiante escribe: “la información proporcionada por vuestros ojos es ambigua. No es suficiente para permitiros interpretarla en términos de objetos en el mundo real” 15.  El sistema neuronal “debe haber recibido, o haber adquirido hipótesis integradas indicando cual es la mejor manera de interpretar los datos recibidos” 16.  Y Edelman y Tononi: “...la percepción no es lisa y llanamente el reflejo de datos inmediatos sino (que) implica una construcción o una comparación por parte del cerebro” 17.


En segundo lugar, toda experiencia se hace en tiempo real, su tiempo propio es el presente absoluto o presente rememorado (Edelman), luego, la percepción del acontecimiento ocurre en el interior de una especie de “consciencia primaria” que no dispone de modelos del pasado y del futuro en un escena correlada. Para poder considerar al objeto como perdido la psiquis tiene que tener la posibilidad de hacer la diferencia entre la experiencia perceptiva en curso y modelos conceptuales-simbólicos. Es decir, el cerebro necesita integrar un sistema de signos externos (no biológicos) convencionales y sociales. La ruptura del tiempo presente, que el signo hace posible, permite el surgimiento de una conceptualización del pasado y “libera al individuo de la tiranía del instante presente y de los acontecimientos que ocurren en tiempo real. El presente rememorado es integrado en el marco de un pasado y de un futuro” 18.  Reconocer una “cosa” como perdida o ausente aporta la capacidad de separar la experiencia del objeto de la experiencia y por consiguiente de construir el objeto como objeto de pensamiento. El “objeto”, materia, extensión, se hace “signo”, significación, intencionalidad. Y la relación natural, real, establecida entre dos cuerpos –o dos zonas corporales, boca/seno, en este caso– es comprendida entonces como una relación intencional, semántica, de significación.



El objeto deseado no es más el objeto de la acción específica –u objeto primario del pattern heredado ligado a la relación emocional de apego–, es un signo que reenvía a la experiencia de satisfacción. [Experiencia que articula el objeto “ externo” y la experiencia emocional (afectiva)].



  A esta altura creo que es necesario precisar cual es la conceptualización –o teorización– del signo que yo adopto. Genéricamente, el signo –hablo en singular, pero el signo que porta la significación es siempre plural, no existe nunca por fuera de un sistema signitivo– “apunta esencialmente (como dice Cassirer de la representación y del concepto) a liberar lo particular, dado aquí y ahora, de su aislamiento, a relacionarlo con otra cosa, y a reunirlo con otra cosa en la unidad de un orden extensivo, en la unidad de un “sistema” 19.  Si yo digo de un ser singular, señalándolo: “esto es una rosa”, lo hago salir de su materialidad discreta para hacerlo entrar en una serie de unidades que el signo unifica, “la rosa”, o “las rosas”, en una unidad de significación. Un signo puede ser uno, discreto y discontinuo, y significar una pluralidad de elementos (por ejemplo: “el pueblo”). Guillaume díOckham da la siguiente definición del singular: “se llama singular la cosa que está fuera del espíritu, que es una y no varias, y que no es el signo de otra”. Lo que pertenece a lo mental es, entonces, siempre signo de otro signo: una relación de objeto, semántica, intencional, de significación. Pero lo fundamental en la concepción del signo es que es ternario (triadique), que el acto de significación o acto inteligible que lo constituye es un acto social que incluye necesariamente al otro como partenaire de la acción. Tanto “las teorías representacionistas de la significación que consideran como binaria (dyadique) la relación entre un signo y un objeto significado”, como la definición saussuriana, (tambien binaria), que une un concepto y una imagen acœstica (que excluye la “cosa” de la definición del signo 20), dejan escapar lo esencial de la “relación intencional, condición del signo como tal” 21.  El sujeto intencional apunta hacia el objeto con el gesto o la palabra, pero la relación entre el gesto y el objeto, por ejemplo, se establece solamente si es interpretada o comprendida como tal por aquel a quien está destinado el gesto. La interpretación del gesto (o de la palabra) reproduce la relación intencional al objeto que está contenida en el signo emitido. La relación trina está incluida en el signo mismo, y el signo puede ser entonces utilizado.


La relación que establece el signo con los “objetos” forma un sistema, un “código” socialmente instituido, y si a tal sistema lo llamamos “sistema signitivo” es para subrayar la relación signitiva de tipo circular que delimita e identifica (construye) el objeto gracias al signo que lo designa, al mismo tiempo que constituye el signo sobre esta identificación 22.


Podemos entonces decir que el objeto no está dado sino construido y construido sobre una atribución de significación. La significación en sí misma no es una entidad, es el producto de una relación, es una relación entre partes del acto social, un signo significa porque pone en relación dos elementos o más de un conjunto. El signo significante es el tercero mínimo.


Si, como lo proponemos en Sexualité et Érotisme, la sexualidad infantil es la consecuencia de la erotización de los objetos en el área mental in status nascendi del niño (lo mental semántico y no la totalidad de lo psíquico), si ella es, como dice Ferenczi, “el injerto prematuro de un amor pasional", si ella es una sexualidad desfuncionalizada (no hay un objeto sexual en sentido estricto que corresponda a una sexualidad biológica en la primera infancia), es porque los objetos son ya signos, forman parte de las actitudes proposicionales, son objetos intencionales 23.


En el acto mental (el acto de pensamiento), podemos distinguir, analíticamente, un estado interno del organismo (emociones primarias, afectos que son ya híbridos afectados por los signos) y el contenido semántico (las actitudes proposicionales) que es necesariamente social y holístico 24.  Para el niño, su inserción en la red intencional de la significación exige ese “pasaje de la excitación somática –emociones, afectos– al deseo, es decir, a la prefiguración mental (consciente o inconsciente) del comportamiento finalizado, pasaje que no puede constituirse -para los neantropienses que somos- sin la acción intencional del alter.” (Sex. et Érotisme, p.110)


La modulación afectiva en la relación al otro, “el proceso de ajuste recíproco del ni–o y de su entorno”, todo lo que la teoría del apego describe como instintivo (innato) e interactivo, proporciona las bases biológicas sobre las que se construyen las relaciones de objeto que van a determinar las posiciones relativas del sujeto y del objeto, que construyen el self (el yo-self) y el mundo.


Habíamos llamado al otro “real”, objeto “externo”, y lo es si consideramos solamente la relación entre dos seres singulares, lo es en la relación dual (dyadique) de la naturaleza. Pero, como objeto intencional, como relación de objeto, cuando significa algo para alguien, la denominación de interno/externo depende del contexto de significación y de la posición del sujeto de la enunciación en el acto mental.


[El cerebro está en el cráneo pero lo mental está en el mundo. Cambiamos de dimensión cuando pasamos del nivel nomológico de la secundaridad (naturaleza) a la relación anomal (Davidson) de la terciaridad (mental). De la causalidad a la explicación.]


A partir de la interacción, de la intersubjetividad, se irán construyendo para el niño las nociones de self y de no-self, de lo que es “interno” y de lo que le es “externo”. Y es en el espacio supuesto de la integración de Sí (self), en los límites más o menos estables de la identidad (ipseidad) del sujeto que podemos asignar al objeto llamado “interno” un lugar como: 1) objeto del fantasma ; 2) objeto estructurante del yo ; 3) objeto p de las actitudes proposicionales.


Melanie Klein pensaba que un niño de tres años construye “una representación imaginaria y deformada de sus padres”, y que por consiguiente “sus relaciones ‘reales’ con sus objetos reales son ya en cierto sentido relaciones transferenciales25.  Lo que presupone que el flujo perceptivo [ver, por ejemplo, la teoría de "la selección de grupos neuronales" y la categorización perceptiva 26] del infans al organizarse no reproducirá de manera isomorfa y desdoblada el mundo, sino que lo recreará en el interior de una textura semántica que aportará la puesta en sentido propia de la noèsis, de la intelección de las cosas sensibles. Proceso que exige la presencia del elemento tercero dado por el signo. Como escribe Widlšcher: “Si existe una actividad fantasmática primaria, esta plantea inmediatamente la existencia del objeto como predicado del deseo.” (In “Amour primaire et sexualité infantile”)


Fairbairn afronta la misma problemática en otros términos: “Hay que reconocer claramente que durante el estadio oral precoz el objeto natural es el seno real de la madre independientemente de todo proceso en el cual el seno es mentalmente incorporado e instituido como objeto interno” 27.  Y también: “La internalización del objeto es una medida de defensa adoptada en los orígenes por el niño para hacer frente a su objeto original (la madre y el seno)...” 28


Así, el vínculo virtual dentro del cual el objeto intencional puede ser considerado más específicamente como un “objeto interno” es el escenario fantasmático inconsciente, o fantasía inconsciente, estructurante del erotismo infantil y que posee la tendencia intrínseca a persistir en la vida del adulto. La fantasía inconsciente, núcleo deseante del fantasma, tenderá gracias a sus ramificaciones preconscientes a colorear el reconocimiento y el conocimiento del mundo. Entonces, el movimiento activo que va en primer lugar del alter hacia el ego, del adulto hacia el niño, antes de ser la organización inconsciente del deseo del adulto mismo, será el proceso que instituye el "segundo plano" del contenido mental (o proposicional) de la psiquis individual insertándola en las estructuras institucionales pre-existentes. (Sex. et Érotisme, p. 135)


Sin embargo hay otra manera, habitual en psicoanálisis, de referirse al objeto en tanto “objeto interno” y es la de considerarlo como instancia psíquica La elaboración teórica de Duelo y melancolía en torno al “objeto perdido” considera que la existencia del objeto de amor perdido o abandonado en el mundo “continúa psíquicamente” 29.  La libido retirada del objeto “no fue desplazada sobre otro objeto, sino llevada hacia el yo.” Allí, “sirvió a instaurar una identificación del yo con el objeto abandonado” 30.


En El yo y el ello, Freud dice que “...el carácter del yo es un precipitado de las catexias de objetos abandonados, (y) contiene la historia de esas elecciones de objeto” 31.  Más tarde, al final de su vida, escribe en el Esquema del psicoanálisis, que “un cambio importante se ha efectuado” al final de la primera infancia (alrededor de los 5 a–os), “una fracción del mundo exterior ha sido, al menos parcialmente, abandonada como objeto, y, por medio de la identificación, se encontró integrada en el yo, lo que significa que ella forma parte desde entonces del mundo interno.” Esta nueva instancia, el superyó, “continúa a asumir las funciones antaño reservadas a ciertas personas del mundo exterior” 32.


En realidad, una vez que el objeto intencional está integrado en el self, ya no es más un “objeto” en el sentido que le hemos dado a este término. La relación de objeto primitiva u originaria se ha transformado y ha modificado por identificación el propio sujeto. Lo que permanece es un “sentido moral”, una significación, un rasgo simbólico de la relación al otro, que puede funcionar de manera superyoica, paro que no es un objeto “real” interiorizado, ni una imago, ni un representante, porque es un “ yo-mismo ”. [Yo diría una organización de pensamiento de segundo plano (background) 33].


La distinción interno/externo es menos precisa en la definición del objeto intencional si se piensa en una variable proposicional del tipo “x sabe/cree que p” pero ese problema no podrá ser discutido en los límites de este texto. (Ver las tesis sobre el externalismo de lo mental.)


Con respecto al objeto de las actitudes proposicionales podemos razonablemente pensar que es un objeto “interno” (o más bien privado, particular, personal) en tanto forma parte de una proposición reprimida, inconsciente. Freud dice a su paciente (ver El hombre de las ratas- Diario de un análisis. Sexta sesión) que el deseo inconsciente debe ser precisamente lo contrario del deseo consciente. El padre, objeto del amor filial, es inconscientemente el objeto de un odio tenaz en tanto antiguo rival sexual.


El objeto del deseo hostil inconsciente, situacional y actual en el acto mental 34 es recuperado por la fantasía inconsciente del erotismo infantil.


A esta altura de nuestra reflexión es preciso abordar otro problema. Freud escribe en el Esquema: “Admitiendo la existencia de un aparato psíquico con extensión espacial [...] se trata de descubrir, detrás de las propiedades (las cualidades) del objeto directamente percibidas, otra cosa [...] lo que suponemos es el estado real de las cosas35. No obstante, la concepción del objeto intencional que hemos desarrollado excluye toda substancialización del inconsciente. Pensamos que hay que diferenciar el inconsciente cerebral (trivial) del inconsciente dinámico (reprimido - inconsciente semántico), pero evidentemente habrá que encontrar otra ocasión para discutir de este problema.

 


Nota del autor


“Un bebé apunta con su dedo una flor y dice “ linda”. El análisis de Peirce, [...] distingue dos elementos en este acto de lenguaje: la palabra “ linda ” es un símbolo, puesto que esa palabra debe ser utilizada y entendida como un signo para tener un poder significante. La relación de este adjetivo con la flor es una relación de intención (en este caso, la intención de describir). [Categoría de la terciaridad]


En cambio, la relación del dedo tendido hacia la flor es una relación real: el brazo estaría orientado hacia la flor aunque ese gesto no estuviera destinado a indicar el objeto al cual se aplica el adjetivo. [Categoría de la secundaridad]


Hay entonces que distinguir dos relaciones del dedo tendido hacia la flor: 1) una relación real, la cual no depende de la función significante dada o no al gesto; 2) una relación de intención, o relación intencional (intentional relation), la que el gesto adquiere cuando es entendido o comprendido (intended and understood) como un signo que nos informa sobre la identidad de la cual se habla en la proposición.” V. Descombes: Les institutions du sens. Op. cit., pp. 21-22




Bibliografía




  1. Meslier, J. (1664-1729): Anti-Fénélon. In Oeuvres de Jean Meslier. Ed. Anthropos, París, 1972, Tomo III, p.248



  2. Ockham, G. (1285-1347): Somme de logique. Primera parte. Ed. Trans-Europ-Repress, Mauvezin, 1993, pp. 6-7



  3. Texto discutido en la Mesa redonda organizada por el IV¡ Groupe el 19 de octubre de 2002. Tema: L'objet, l'amour primaire et la relation d'objet. Participantes: D. Widlšcher, J-C. Stoloff, E. Colombo.



  4. Freud, S.: Trois essais sur la théorie sexuelle. Gallimard, París, 1987, p. 38



  5. Freud, S.: “Esquisse d’une psychologie scientifique”. In Naissance de la psychanalyse. PUF, París, 1979, p.342



  6. Ibid., p. 372



  7. Jacques, F.: “ Référence et Différence: la situation originaire de la signification. ” In Encyclopédie Philosophique Universelle. L’Univers Philosophique. PUF, París, 1989.



  8. Damasio, A. R.: L’erreur de Descartes. Ed. Odile Jacob, París, 1995, p.174.



  9. Edelman, G. M. y Tononi, G.: Comment la matiêre devient conscience. Ed. Odile Jacob, París, 2000. Ver pp. 64-65 y pp. 108-113 (“a menudo las neuronas pertenecientes a los sistemas de valor se despiertan bruscamente en cuanto algo importante o relevante para el animal se produce”). Las neuronas del locus coerelus  “desencadenan la emisión de un neuromodulador -en este caso la noradrenalina- en casi todas las áreas del cerebro” [...] “Los valores y las emociones, agradables o desagradables, están evidentemente acopladas de manera estrecha y tienen una significación central en la experiencia consciente.” pp. 111-112)



  10. Freud, S.: “ Esquisse d’une psychologie scientifique”. In La naissance de la psychanalyse, op.cit., pp. 336-337.



  11. Ibid., p. 376.



  12. Peirce, Ch. S.: Textes anticartésiens. Ed. Aubier Montaigne, París, 1984, p.109.



  13. Freud, S.: L’interprétation des rêves. PUF, París, 1971, p. 482.



  14. Ibid., p.481.



  15. Crick, F.: L’hypothèse stupéfiante. Plon, París, 1994, p. 51



  16. Ibid. p.53



  17. Edelman, G. y Tononi, G.: Comment la matiêre devient conscience. Ed. Odile Jacob, París, 2000, p. 194



  18. Edelman, G. D.: Biologie de la conscience. Ed. Odile Jacob, París, 1992, p.174



  19. Cassirer, E.: Langage et mythe. Les Ed. de Minuit, París, 1973, p.39.



  20. Ver la crítica de Emile Benveniste en: Problêmes de linguistique générale, 1. Tel, Gallimard, París, 1966, p.50



  21. Descombes, V.: La denrée mentale. Les Editions de Minuit, París, 1995. Ver  pp. 341-342



  22. Castoriadis, C.: L’institution imaginaire de la société. Ed. du Seuil, París, 1975, pp. 334 a 338



  23. Ver “Les conceptions intentionnalistes de l’esprit ”, en Les institutions du sens de V. Descombes, Les Editions de Minuit, París, 1996.



  24. Como escribe V. Descombes: cuando uno declara que los fenómenos del espíritu tienen un carácter “ holístico ”, “uno rehusa componer la vida mental con átomos de vida psíquica, como lo eran las imágenes mentales de la psicología de las asociaciones de ideas, y como lo eran también los significantes de las teorías del inconsciente estructural”. Les institutions du sens, op. cit., p.12



  25. Cita de J.-M. Petot: Melanie Klein, premiêres découvertes et premier système. 1919-1932. Dunod, París, 1979, 1 vol., p.179



  26. Edelman, G. M.: Biologie de la conscience. Op. cit. Especialmente cap. 9: Le darwinisme neuronal.



  27. Fairbairn. W., Ronald D.: Etudes psychanalytiques de la personnalité. Ed. du Monde interne, París, 1998, p.42



  28. Fairbairn, W., Ronald D.: Structure endopsychique et relation d’objet. Ed. du Monde Interne, París 1999, Vol. 1, p. 297



  29. Freud, S.: “Deuil et mélancolie”. Oeuvres complêtes. Vol.XIII. Op.cit., p.263



  30. Ibid., p. 268



  31. Freud, S.: “Le moi et le ça”. Oeuvres complêtes. Vol. XVI. Op. cit., p. 273



  32. Freud, S.: Abrégé de psychanalyse, PUF, París, 1975, p.82.



  33. Me refiero a esa red de estados intencionales, creencias y deseos, inconscientes (inconsciente reprimido y latente) que sustentan todo acto mental, y que participan en él.



  34. Ver Widlšcher, D.: Métapsychologie du sens. PUF, París, 1986, pp. 41-42-43



  35. Freud, S.: Abrégé de psychanalyse, op. cit., p. 70.


 

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