Acción terapéutica y técnica analítica en Owen Renik. Crítica de su posición teórica y elaboración sobre su actuación clínica

Publicado en la revista nº036

Autor: Díaz-Benjumea, María Dolores J.

[Este artículo está basado en la presentación realizada en las Jornadas de La Cristalera de la Sociedad Forum de Psicoterapia Psicoanalítica, en Junio de 2010] 



Partiendo de un texto de Owen Renik sobre la perspectiva de la acción terapéutica desde el enfoque relacional, que el autor ilustra con un caso clínico, en este trabajo se analiza en primer lugar la posición teórica del autor señalando por un lado lo positivo de su énfasis en considerar el cambio en la vivencia subjetiva de mejoría del propio paciente para evaluar el éxito del tratamiento, y a  su vez los puntos débiles de su postura, que se interpretan como un giro hacia un objetivismo ingenuo producto de la incomodidad teórica que produce el constructivismo radical. En segundo lugar, se analiza el material clínico del autor y se ofrece una perspectiva que busca integrar los factores del cambio fruto de la interpretación y fruto del vínculo, interrelacionándose entre sí.



En una monografía de Psychoanalytic Quarterly del año 2007 dedicada a las diferentes aproximaciones psicoanalíticas acerca de cómo se produce la acción terapéutica, Owen Renik presentó un trabajo con el que representaba la aproximación relacional. Este autor se caracteriza por ser un psicoanalista relacional muy rompedor, podría llamársele un militante de la posición relacional, creador de expresiones claves en la literatura psicoanalítica como la de “la irreductible subjetividad del analista” en el encuentro con el paciente; un autor que ha argumentado largamente sobre el uso de la autorrevelación como técnica, así como sobre las actuaciones del analista dentro del vínculo terapéutico, las cuales considera tanto inevitables como además necesarias para el proceso, siempre que se produzca la reflexión posterior sobre ellas entre ambos participantes.


Mi intención en este artículo es realizar un análisis crítico del citado texto de Renik, teniendo en cuenta también las críticas presentadas por otros autores dentro de la misma monografía, especialmente la aportación de Greenberg (1997). Para ello, empezaré por resumir los planteamientos teóricos que Renik explica al principio de su artículo, donde expone la tesis que defiende, y también haré un resumen de su historia del caso de Ellen, con la cual ilustra sus propuestas. Después pasaré a exponer mi elaboración sobre su trabajo.


Resumen del texto de Renik


Renik empieza diciendo que todos los tratamientos psicoanalíticos, en el fondo, buscan lo mismo: buscan que el paciente sienta mayor bienestar de sus vidas, mayor satisfacción y menor ansiedad a través del modo que construye su experiencia. Él sostiene que las distintas escuelas en realidad no se diferencian en su concepción de la acción terapéutica, aunque unos hablan de resolver los conflictos, otros de conseguir un self más cohesivo… para el autor, en realidad todas tienen esa misma concepción de base sobre la acción terapéutica, aunque la transmitan con distintas palabras.


En lo que se refiere a la concepción relacional, que es la suya, según Renik tampoco se diferencia de las demás en cuanto a los objetivos. La única diferencia, sostiene, es que en esta concepción se pone énfasis en la epistemología del encuentro analítico. Con esto yo entiendo que algo muy valorado desde la aproximación relacional es la reflexión sobre el modo en que el psicoanalista llega a saber lo que sabe sobre el paciente, y sobre cómo valida o confirma la idea que se crea en su mente de lo que le ocurre al paciente.


Renik continua diciendo que los enfoques psicoanalíticos no relacionales, más clásicos, atribuyen al analista una autoridad en cuanto al saber sobre el paciente y por tanto dan privilegio a la voz del analista. El analista es un experto que sabe sobre la mente del paciente más que el paciente mismo. La consecuencia de esto es que los objetivos que se persiguen son propiamente psicoanalíticos, y estos reflejan lo que la teoría psicoanalítica propone como salud, lo cual lleva a una circularidad epistemológica. Quiere decir que a la hora de construirnos mentalmente la mente del paciente, el analista tiene una teoría previa y por lo tanto siempre se acaban confirmando  las teorías de las que se parte, porque se produce un sesgo por el cual el sujeto que estudia tiende a confirmar los esquemas que ya tenía y tiende a no ver lo que no está reflejado en esos esquemas. Lo que uno no concibe de antemano, no lo ve, uno sólo percibe lo que previamente forma parte del propio sistema teórico, y por tanto la teoría previa con toda probabilidad quedará confirmada, ésta es la circularidad epistemológica. El problema es que no hay un criterio relativamente objetivo por el cual pueda confirmarse o no la teoría que ha creado el psicoanalista sobre el psiquismo del  paciente. Esto es lo que, para el autor, ocurre en las aproximaciones no relacionales, sin embargo si uno parte de una visión intersubjetiva del encuentro psicoanalítico, si uno parte de que en el encuentro psicoanalítico hay dos personas con dos subjetividades que tienen dos mentes cada una con procesos conscientes y inconscientes, el psicoanalista también,  entonces necesariamente la autoridad del psicoanalista en cuanto a su saber sobre lo que le ocurre a la mente del otro ya está cuestionada porque esta mente está también guiada por sus propias motivaciones inconscientes, sus propias estructuras mentales y esquemas teóricos y todo lo que acabe concluyendo de la mente del otro va estar condicionado por su propia subjetividad.


Sostiene Renik que, contrariamente a lo anterior, es específico de la visión intersubjetiva buscar objetivos terapéuticos. Los objetivos terapéuticos no son los mismos que los objetivos psicoanalíticos, no dependen de la teoría previa, sino que se miden por el bienestar subjetivo del paciente, que es un criterio externo. Si el paciente se va sintiendo mejor  fuera, en el mundo, con respecto a los síntomas que tenía, con las dificultades de carácter que pudiera tener, si él subjetivamente siente que va a mejor, entonces podremos decir que está produciéndose acción terapéutica. Sino no ocurre así, por más que nosotros elaboremos una interpretación coherente y seductora, una narrativa elegante sobre lo que le pasa al paciente, si el paciente no siente mayor satisfacción y menor sufrimiento en su vida, no se estará produciendo acción terapéutica. Por eso dice el autor que poner como objetivo el bienestar subjetivo del paciente como criterio externo para validar la teoría que se ha construido el analista es la única manera de salir de la circularidad epistemológica. Y sostiene además que de ese modo creamos una situación experimental, que es un tanto imperfecta pero es la mejor con la que contamos, porque disponemos según él de una variable dependiente y de una variable independiente. La variable dependiente es el beneficio terapéutico estable, perdurable del paciente que se va sintiendo mejor  a lo largo del tiempo. La variable independiente es nuestra intervención. Si el paciente se va sintiendo mejor nuestra intervención es buena, si el paciente no se va sintiendo mejor, aunque nuestras intervenciones nos parezcan valiosas y estén apoyadas en la teoría, no son buenas. Éste es el planteamiento de Renik, una propuesta que podemos considerar muy fuerte, al decir que se crea una situación experimental aunque un tanto imperfecta, con variable dependiente y variable independiente.


Después de esta breve argumentación teórica, Renik ilustra su postura con el caso clínico de Ellen, en el que él aplica muy claramente lo que previamente ha sostenido.


Ellen, una mujer cerca de los cincuenta años, llega a la consulta porque está deprimida. Sus síntomas depresivos tienen que ver sobre todo, según ella, porque no ha conseguido tener una relación de pareja satisfactoria en su vida, cosa a la que aspira y desea, y porque se considera incapaz de tenerla ya que no se considera suficientemente atractiva o deseable. En su historia está el casamiento a los 21 años con Richard, un hombre más joven que ella-ella le daba clases a él en la universidad-con quien tuvo su primera relación. El matrimonio nunca se consumó, según Ellen por inmadurez de él, finalmente Richard se introdujo en el mundo de las drogas, y acabó pidiendo el divorcio. Ellen sufrió con esta experiencia. Después encuentró a Paul, que por el contrario era un amante experto y con quien tuvo su primera experiencia sexual plena. Vivieron juntos, pero él se fue mostrando cada vez más afín a juegos sexuales de dominancia y sumisión, Ellen al principio acepta sólo por agradarlo a él, hasta que finalmente acabó sintiéndose muy denigrada y herida, y él se marchó. Tras este nuevo golpe, ella sólo tiene amigas mujeres y, pensando que quizá pueda encontrar en ellas lo que no ha podido tener con los hombres, intenta una relación amorosa con una amiga con quien había llegado a ser íntima. Pero sexualmente le gustan los hombres, por lo que también abandona ese camino y se instala en la renuncia y en el refugio en la fantasía.


En su niñez, Ellen tuvo una madre hipercrítica que siempre le hacía sentir que fallaba, que no valía lo suficiente. Cuenta un episodio muy duro cuando, en el lecho de muerte de la madre, Ellen se acerca y quiere despedirse y su madre le vuelve la cara. Sobre el padre ella dice que sí cree que su padre le quería, sin embargo en todos los episodios que recuerda él ausente afectivamente, siempre detrás de su periódico, y nunca la defendió de los ataques críticos de la madre. De esta manera, Ellen va creciendo con el sentimiento de que en ella hay algo inadecuado,  algo que no está bien y que justifica que su madre le haya rechazado tanto y ese algo inadecuado es especialmente sobre su feminidad, algo que le impide conseguir un hombre como, al fin  y al cabo, su madre sí consiguió porque creó una familia pero ella no ha podido hacerlo.


Esta es la historia, ahora resumiré el tratamiento. Por mi parte, lo he distribuido en fases atendiendo a lo que Renik cuenta que va ocurriendo en el proceso, por tanto esta distribución como los epígrafes con que nombro las etapas no corresponden al autor.


Fase 1: primera hipótesis interpretativa


Renik va explorando qué razones hay para que Ellen no se libere del juicio negativo que su madre tuvo sobre ella, porque Ellen sigue pensando de sí misma lo que pensaba su madre de ella; y él va elaborando una interpretación y se la va comunicando. La interpretación es que a pesar de que Ellen criticaba a su madre en realidad permanecía en ella una idealización de su madre y esa idealización daba credibilidad a todos los juicios de su madre, a la imagen que su madre tenía de Ellen; y el mantenimiento de esta idealización estaba en función del dolor que suponía para Ellen aceptar que su madre no la quería realmente, o sea, Ellen asumía que su madre era muy narcisista, que tenía un vinculo con ella ambivalente, conflictivo, pero que en el fondo sí estaba apegada a ella, si la quería.


Lo que nos transmite Renik por tanto es que Ellen se estaba defendiendo de algo que era más doloroso para ella que el juicio negativo de su madre, más doloroso que su propio juicio negativo sobre sí misma y es el sentimiento de que su madre nunca la quiso, lo que más sufrimiento le podía causar, por eso se defiende de ello. Se deduce aquí que el análisis en esta primera etapa tendría que implicar un proceso de duelo por perder la imagen de una madre que la quería, Ellen tendría que renunciar a ella.


En medio de toda esta primera etapa el autor también trabaja las transferencias que van surgiendo, por ejemplo Ellen tiene dudas sobre la actitud de él de animarla a pensar que ella es una mujer deseable (una frase importante que después es retomada por otros comentaristas, ella siente que Renik la anima a pensar que es una mujer deseable). Ellen desconfía de los motivos que tiene él para pensar eso, quizá lo que él quiere es sentirse generoso, ayudador, pero la está poniendo a ella ante un riesgo fuerte de amarga decepción, y lo acusa de eso. Sin embargo, cuando él guarda silencio y no la anima, entonces ella siente que él es como su padre cuando se refugiaba tras el periódico, distante, poco implicado, y se siente abandonada.


Pero Renik va trabajando e interpretando estas transferencias y se va produciendo un cambio. Ellen empieza a ser más activa buscando relaciones, empieza a tener citas con hombres, y encuentra un hombre que se llama Howard, que parece bastante maduro, con quien ella está muy contenta y establece una relación muy buena. Ellen está muy feliz, y todo esto confirma para el autor que la línea de interpretación que esta siguiendo era buena, era válida. El efecto, la variable independiente está confirmando la variable dependiente.


Fase 2: impasse


Ahora algo empieza a ir mal, y durante un tiempo va mal. En la relación con Howard Ellen se siente insegura de que lo bueno pueda mantenerse, se obsesiona con que algo horrible va a ocurrir que interumpirá su felicidad. Piensa en males físicos, hipocondríacos, acude a médicos y nunca se convence de que no padece nada grave. O bien se obsesiona con dudas sobre el amor de Howard, piensa que seguramente él ha quedado traumatizado de su anterior matrimonio y nunca va a querer casarse con ella. Nunca se siente segura de que Howard la quiere, a pesar de que Howard es paciente, solicito y la reasegura siempre que ella lo necesita, pero la necesidad de reaseguramiento de ella es inagotable, nunca se tranquiliza ni con el reaseguramiento por parte del analista ni con el de Howard. Renik empieza a preocuparse de que los temores de Ellen se vayan convirtiendo en una profecía autocumplida, que finalmente Howard se canse y ella quede sola de nuevo. La conclusión de Renik  ante todo esto es que él se está perdiendo algo importante de lo que ocurre en el psiquismo de Ellen porque el proceso ya no está yendo tan bien como antes. Tiene que pensar en otra línea interpretativa.


Renik explora por qué no cree ella que su fortuna vaya a durar y ella dice que no merece ser feliz porque se siente culpable. ¿Por qué se siete culpable? Ellen no dice nada concreto, sólo asocia con la rabia que siempre sintió hacia su madre, quien murió de cáncer, y dice que por su rabia ella se siente culpable de que su madre muriera. Renik no encuentra que estos remordimientos sean auténticos. Por su tono de voz, por como lo dice, él no siente que haya un autentico remordimiento sino más bien siente que constituyen una psicologización, interpretaciones que ella misma hace. Pero, sobre todo, él no se fía de ese sentimiento suyo porque esos insight no se acompañan de ninguna mejoría de los síntomas, por lo tanto, concluye que no van por buen camino, (en este caso no van por buen camino las interpretaciones de la propia Ellen) ya que no se está produciendo ningún cambio.


Seguimos con el impasse. Renik empieza a estar molesto con Ellen, a sentirse irritado, ya no le cae tan bien como antes. La ve quejita, un tanto falsa y se pregunta por qué, ya que  antes no ocurría así. Siempre se había sentido muy bien con ella. Como buen psicoanalista relacional está atento a la contratransferencia y en primer lugar se pregunta si no es por algo relacionado consigo mismo. Piensa si será porque su narcisismo como terapeuta está sintiéndose frustrado, y por eso está irritado con ella. Sin embargo, está explicación no le convence, tiene la sensación que hay algo en ella que le hace sentirse así, algo nuevo. Si alguien siente pena por si misma, dice el autor, si se queja persistentemente de sentirse culpable, es que no se siente demasiado culpable; el que se siente culpable no se queja de ello. Más bien Ellen está transmitiendo que ella no merecería sentirse culpable tal como se siente. Parece que es una necesitad narcisista la que motiva a Ellen, piensa Renik e interviene señalándoselo. Esto provoca una reacción transferencial negativa, ella se siente herida, enfadada y durante una serie de sesiones empieza siempre diciéndole que se siente tratada por él igual que su madre la trataba.


Fase 3: segunda línea de interpretación-actuación


Renik sigue en su contratransferencia sintiéndose molesto e irritado, entonces interviene con otra observación, le dice que ella nunca ha hablado de nada concreto de lo que se arrepienta; habla mucho de sus sentimientos de culpa, pero no de hechos concretos en los que ella sienta que haya hecho algo mal. Por ejemplo, dice Renik, en sus relaciones con Richard, su primer matrimonio, él era menor que ella y también debió sufrir en la relación. Renik le dice a Ellen que cree que en realidad ella está evitado encarar los momentos de su vida en que ella en realidad había hecho mal a otros.


El autor sostiene que al hacer esto se dio cuenta de dos cosas. En primer lugar estaba poniendo algo suyo, con lo cual abandonaba la neutralidad. Pone algo suyo en tanto que es su propio juicio moral el que transmite en su intervención, no es algo que ella de algún modo haya manifestado como valoración propia de su comportamiento, sino que es él quien cuestiona moralmente a Ellen. Sin embargo, es reconocida la posición del autor en contra de mantener el ideal de neutralidad para la actitud terapéutica (Renik 2002).


En segundo lugar, Renik también se da cuenta que esto llevaba una actuación por parte de él, y esto en la medida en que es una intervención que va más allá de la intención terapéutica de hacerle un bien a la paciente, porque contiene también otras motivaciones que tienen que ver con motivos propios del analista. La intervención conlleva intención terapéutica, pero también está motivada por la rabia y su rabia le lleva a decirle algo desagradable. En ese sentido esto era una interpretación y una actuación y él lo reconoce. Pero tampoco esto le causa problemas a Renik, ya que uno de sus planteamientos psicoanalíticos rompedores (Renik, 1999) es su consideración de que, si partimos de base de que el encuentro psicoanalítico se da entre dos subjetividades, todas las intervenciones del analista estarán movidas no sólo por sus intenciones conscientes y racionales sobre lo que es bueno para el paciente, sino también por motivaciones inconcientes, es lo que él expresa como “la irreductible subjetividad del analista”. Con lo cual para el autor, las actuaciones no son algo ocasional sino habitual dentro del encuentro psicoanalítico, las actuaciones del paciente pero también las del analista. Renik ha argumentado precisamente sobre la necesidad de aceptar que las actuaciones forman parte del tratamiento y contradiciendo la teoría freudiana de que se actúa para no pensar, el sostiene que en muchas ocasiones es necesario actuar para después pensar. De este modo, el tratamiento para Renik consiste en explorar las actuaciones que hayan ocurrido, posteriormente a que se hayan dado. Cuando el terapeuta siente que ha actuado, o cuando hay un impasse, o cuando el paciente se lo reprocha…la técnica es ir explorando paciente y analista qué ha ocurrido en el encuentro, cómo se ha sentido cada uno, e ir reconociendo la parte de cada uno de alguna manera. Volviendo al caso, Renik hace una actuación además de una intervención terapéutica, pero afirma que las actuaciones no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que como en toda intervención, su valoración dependerá del efecto que produzcan en el proceso terapéutico.


¿Y cual es el efecto que produce en Ellen? Hay una primera reacción en la que ella se lamenta de una manera un tanto forzada, como buscando de nuevo recuperar la simpatía del analista, sin que parezca que hay una autocrítica genuina. Pero en la siguiente sesión Ellen tiene otra actitud y trae contenidos nuevos que ha ocultado antes al analista. Cuando contó la historia de su primer matrimonio, ella ocultó que no fue Richard quien tenía problemas sexuales por su inmadurez, era ella quien tenía un vaginismo persistente que impidió que la relación se consumara, y esto produjo a él mucha frustración y le llevo a dejar los estudios y a las drogas. Entonces, por primera vez en el tratamiento, Ellen cuenta estas cosas que había ocultado y por primera vez se siente culpable por ello y acepta la responsabilidad de que en algún momento de su vida ella ha victimizado a otras personas de la misma manera que ella fue víctima de la denigración de su madre. A partir de aquí asume además otros episodios en los que también hizo que otra persona se sintiera mal, como uno con su amiga íntima, quien le dijo una vez que tenía que separarse porque Ellen era terriblemente exigente en la relación. Entonces Ellen montó en cólera, pero ahora asume que seguramente su amiga tenía razón.


A partir de esta elaboración, Ellen va cambiando, va superando sus temores y dudas, empieza a hacerse más responsable de su propia regulación emocional. La preocupación ansiosa-obsesiva sobre que todo iba a acabar mal disminuye en buena medida, y cuando aparece Ellen se hace cargo de ella. Finalmente, se plantea el final de tratamiento, y en un seguimiento posterior el analista tiene ocasión de comprobar que Ellen se casó y que su vida le va bien. Esto confirma para Renik que sus últimas intervenciones le hicieron salir del impasse y produjeron cambio, por lo que puede concluir que fueron acertadas y válidas.


Comentarios críticos al planteamiento teórico de Renik: análisis de cuatro temas importantes implícitos en el texto


Hay cuatro temas importantes que emergen del texto de Renik sobre la acción terapéutica. Los dos primeros pueden plantearse como preguntas psicoanalíticas: 1) Qué es la acción terapéutica, 2) Cuáles son los factores que producen la acción terapéutica. Los dos últimos son preguntas epistemológicas, ya que tratan de cómo se llega al conocimiento (de la mente del paciente) y cómo validarlo: 3) Cómo podemos saber que se está produciendo acción terapéutica, y 4) Si confirmamos que se ha producido, cómo podemos saber qué intervenciones la han provocado. De estos cuatro temas el primero lo plantea el propio autor y da una respuesta que creo merece ser puesta en cuestión, otros como el segundo y el cuarto no se los plantea en absoluto y al tercero da una respuesta que considero, aunque válida, limitada.


1- ¿Qué es la acción terapéutica?


En la monografía de Psichoanalityc Quarterly cada autor expone dentro de su aproximación cómo se produce la acción terapéutica, y todos los autores reconocen que lo primero que hay que hace es especificar en qué consiste el cambio, o la acción terapéutica, para cada teoría. En general hay consenso en que cada teoría tiene unos objetivos de acuerdo a como concibe el funcionamiento del psiquismo humano.

Sin embargo Renik es el único que no piensa así, según él todos los tratamientos psicoanalíticos buscan lo mismo: que el paciente sienta mayor bienestar. Para el autor no hay diferencia entre las distintas escuelas sobre en qué consiste la acción terapéutica.


En mi opinión Renik da aquí una respuesta muy a la ligera con la cual él mismo se contradice, porque poco después sostiene que hay que diferenciar los objetivos analíticos de los objetivos terapéuticos, argumentando que los objetivos analíticos persiguen lo que la teoría del analista propone como salud y son lo que buscan todas las escuelas no relacionales, mientras que los objetivos terapéuticos, los buscados por la escuela relacional, persiguen el bienestar subjetivo del paciente. Señalo esta contradicción porque tiene relación con otras problemáticas que se plantean a continuación.


2- ¿Cuáles son los factores que producen la acción terapéutica?


Respecto a esta cuestión Renik no dice nada, puesto que en lugar de responderla desplaza el problema hacia lo que él llama “epistemología del encuentro analítico”. Considero que esto supone una carencia importante de su propuesta, y para explicar por qué citaré a uno de los comentaristas de la monografía, Ricardo Bernardi cuyo artículo está publicado en castellano (Bernardi, 2009). Este autor sostiene que debemos avanzar hacia “formular cuestiones más modestas sobre la acción terapéutica, a partir de las cuales podemos alcanzar insight mas circunscritos sobre qué funciona con qué pacientes bajo qué circunstancias, y al uso de miniteorías más limitadas”.


En nuestra época gran parte del psicoanálisis ha abandonado las grandes teorías, las grandes narrativas que nos explicaban con unos pocos elementos todo lo que ocurre en el psiquismo y cómo se puede llegar a cambiar, eso nos parece ahora ingenuo. Sin embargo, esta posición es llevada a un extremo por Renik, ya que su escrito da pié a concluir que todo intento de buscar factores de cambio generales, dentro de situaciones específicas, está destinado a alimentar la tendencia a confirmar la teoría previa del analista; parece deducirse, aunque no lo diga explícitamente, que tenemos que olvidarnos de la teoría porque ésta siempre nos lleva a la circularidad epistemológica. Pero con la postura de Renik sólo se llega al análisis del momento. Lo imposible de esta posición queda resaltado si pensamos lo que les diríamos a los jóvenes que se forman para ser psicoanalistas: “Haz lo que tengas que hacer y si se produce cambio es que está bien, sino se produce cambio la línea de intervención no es válida”. Al proponer exclusivamente centrarse en el aquí y ahora de un encuentro concreto entre psicoanalista y paciente, Renik parece abandonar la búsqueda de cierto nivel de generalización, necesario para obtener no leyes, pero sí indicadores, criterios, que puedan guiarnos hacia lo que es un buen tratamiento. Un cierto nivel de generalización que es necesario para elaborar teorías, pero él desconfía de las teorías, porque en su opinión, sólo llevan a la circularidad epistemológica. Aun admitiendo que en nuestro campo no podemos contar con leyes generales, pero sí con criterios teóricos, en el texto Renik gira hacia un extremo opuesto al que dominó en las primeras décadas del psicoanálisis.


Renik transmite un cuestionamiento de toda posición teórica porque le parece que en sí misma la posición teórica es peligrosa, al alejarnos de la realidad concreta del paciente y llevarnos por la senda de la circularidad epistemológica, la tendencia a confirmarla sin tener en cuenta los hechos. Creo que la posición de Renik es fruto de una radicalización del constructivismo, que lleva a rechazar todo esquema teórico por los peligros que éste podría conllevar. En un conocido texto de Mitchel (1996a) que fue comentado y cuestionado por Schwartz (1996), ambos autores trataban del tema del constructivismo frente al esencialismo, y Mitchel (1996b) en su defensa acudió a una metáfora de Nietzsche por la cual los esencialistas serían gente que construye castillos de arena pensando que durarán siempre (sus teorías son tomadas por verdades esenciales intrínsecas a la misma realidad que intentan explicar), frente a esto los constructivistas son críticos de los castillos de arena que nos recuerdan que están hechos de arena  que la marea se acerca. Mitchel frente a esta dicotomía aboga por la posición de Nietzche del enfoque “trágico” según el cual uno construye castillos de arena con total conocimiento de que la marea los destruirá. Creo que es una buena metáfora para traerla aquí porque hablamos de lo mismo: temiendo por el peligro de que contar con esquemas teóricos aleje al analista de la realidad vital de su paciente, Renik propone la solución de mirar sólo el resultado de nuestro trabajo. Parece con esto pensar que uno pudiera tener alguna visión “pura” de la realidad, no mediada por ningún esquema mental sobre lo que consideramos bueno o malo, saludable o patológico. Más adelante, retomaré este punto para seguir con su elaboración.


3- ¿Cómo podemos saber si se produce acción terapéutica?


Aquí es donde está expuesta la tesis del autor, lo que propone en todo su artículo: “Para mí, la experiencia del paciente de incremento de satisfacción y disminución de la angustia en la vida es el único criterio de resultado por el cual puede juzgarse el éxito del trabajo analítico”. Y dice después, que por más elegante y coherente que sea una explicación sobre cómo funciona el psiquismo, ésta no es valida si no se acompaña de mejoría.


Renik reconoce las limitaciones de su propuesta. Un paciente sumiso, cómplice, puede decir que se encuentra bien por una especie de sugestión, aunque en realidad no haya cambiado nada y si preguntamos a alguna de las personas significativas de su vida-lo cual no solemos poder hacer-quizá nos diría que no ha cambiado nada importante en él. Y también el caso contrario, en la transferencia un  paciente pude ser oposicionista y no reconocer cambios reales que sí están ocurriendo. Dice Renik que aunque existen estos riesgos, a pesar de todo podemos pensar que el juicio del paciente sobre el beneficio terapéutico se debe más que nada a factores externos a la relación, a cómo le va en su vida aparte de estas influencias de la relación de tratamiento.


Personalmente me gusta la propuesta de Renik, siempre que se le dé el valor limitado de reconocer un aspecto empírico de nuestro trabajo que ha sido desatendido antes. Es cierto que los terapeutas de mi generación y anteriores hemos vivido muchos años de negación en los medios psicoanalíticos del interés que pueden tener las pruebas de realidad, hemos oído en muchas ocasiones negar la necesidad y la obligación que tenemos de demostrar ante el resto de las comunidades psicológicas y clínicas que los tratamientos que hacemos son válidos. Que ahora se estén haciendo validaciones empíricas sobre resultados de tratamientos psicoanalítico, es una prueba que lo que dice Renik tiene mucho fundamento, y en esta línea me uno a la propuesta de Renik de enfatizar, valorar, la experiencia subjetiva del paciente-yo añadiría la de sus familiares y/o allegados. Incluso teniendo en cuenta las limitaciones expuestas de que el paciente puede estar sesgado en su opinión de cómo le va por oposicionismo, o bien por sumisión, sin embargo nosotros mismos tenemos también muchas limitaciones de la misma índole. Nuestro criterio también está sesgado, queremos confirmar nuestra teoría por motivos narcisistas, de identidad y también de afiliación, queremos mantener al paciente por motivos económicos. Creo que nuestros sesgos son incluso más peligrosos que los del paciente, teniendo en cuenta que hay sesgo siempre. En este contexto es que valoro la propuesta de Renik de enfatizar la necesidad de una valoración empírica de nuestro trabajo, si bien no está exenta de problemas, algunos de los cuales él mismo nos recuerda.


4- Si confirmamos que el cambio se ha producido, ¿Cómo podemos llegar a saber qué intervenciones lo han provocado?


Sostiene Renik que el análisis puede verse como una situación experimental, un tanto imperfecta, con una variable dependiente y una variable independiente. Curiosamente parece no caer en la cuenta lo que tantas veces ocurre en la práctica clínica, cuando a un paciente le va bien y uno mismo se pregunta a qué se ha debido el cambio. Uno sabe que ha intervenido, pero hay otras miles de cosas que hemos hecho aunque uno no es consciente de cuales son. En ocasiones si preguntamos al paciente qué cree que le ha ayudado a estar mejor, puede decirnos: “aquello que me dijiste aquel día fue muy importante para mí…” refiriéndose a algo que una dijo casualmente, o que ni siquiera recuerda... Efectivamente, lo que hacemos en un proceso psicoterapéutico es mucho más que lo que conscientemente queremos hacer. Incluso admitiendo que es cierto que el paciente está mejor, hay muchos factores que pueden haber causado su mejoría y Renik muestra cierta ceguera al plantear que esto es una situación experimental y una variable lleva automáticamente a confirmar lo otra. No existen variables bajo control experimental en la clínica, y aun considerando que el autor no hace su propuesta con un sentido del todo literal, sino algo metafórico, creo que es una propuesta ingenua.


Vemos en su descripción del caso que Renik ofrece su versión como si se tratará de un hecho objetivo, “Ella resolvió sus problemas porque yo intervine de este modo” y no se plantea que puede haber otras versiones sobre qué hizo cambiar a su paciente. Sin embargo, su explicación será siempre, como toda explicación, una que forme parte de un determinado enfoque o perspectiva teórica sobre la cura. Veamos por tanto cuál es la teoría de la cura que está implícita en el caso clínico presentado por el autor.


Según su descripción del caso lo que produce la acción terapéutica desde la perspectiva de Renik es:



1) Por un lado, la concordancia del contenido de sus interpretaciones con la realidad del psiquismo preexistente en la paciente, al que sus interpretaciones se fueron ajustando progresivamente.


2) El aumento del conocimiento de la paciente sobre sí misma, sobre su funcionamiento psíquico, a través de las interpretaciones del analista.


Se nos aparece aquí una visión plenamente clásica, freudiana, y es curioso como un autor tan implicado con el enfoque relacional manifiesta una visión así. Por supuesto no estoy sosteniendo que no sea una perspectiva válida, pero aun siendo verdad, no puede constituir toda la explicación del cambio. Hay dos puntos llamativos en la posición de Renik frente a este tema. Por un lado es que el autor sostiene su explicación como una verdad incuestionable, no como una versión de la realidad, manifestando con ello una actitud cercana al realismo ingenuo propio de los orígenes del psicoanálisis. Por otro lado, lo más llamativo en este caso es que precisamente un autor que se inscribe en la línea relacional del psicoanálisis, en un momento en que más que nunca se da valor al poder de cambio que tienen los factores relacionales inconscientes, frente a la hegemonía de la interpretación como técnica causante de cambio terapéutico, que era lo que se contemplaba en los enfoques clásicos psicoanalíticos, no de ningún peso a lo que haya podido ocurrir a nivel procedimental en la relación terapéutica para que se produjeran los cambios en la paciente. Sólo encuentro a esto una explicación, el constructivismo radical, llevado a las últimas consecuencias, tomado como única dimensión en su vertiente deconstructiva, produce inevitablemente, por la profunda incomodidad teórica que supone, un giro hacia su propia negación, hacia un abrazo inconsciente y disfrazado de un nuevo objetivismo. Es una postura imposible, y acarrea el riesgo de quedar atrapado en el mismo enemigo del que pretendía escapar.


A continuación acudiré al comentario que Jay Greenberg sobre el texto de Renik para ver otra versión completamente distinta de los factores que causaron el cambio en la paciente.


Versión de Jay Greenberg del proceso de Renik con Ellen


Jay Greenberg (2007), uno de los comentaristas, es también un reconocido autor relacional, y ofrece en la citada monografía una respuesta en mi opinión muy sugerente e interesante al trabajo de Renik. Él plantea otra posible narrativa sobre lo que ha ocurrido en el tratamiento, dice que la narrativa de Renik es ésta pero “siempre hay más de un modo de contar una historia”. Entones en la nueva narrativa, en la historia que cuenta Greenberg sobre lo que ha ocurrido en el tratamiento, abandona lo que es el campo de la interpretación consciente y se dirige a aquello que ha ocurrido a nivel relacional, analizándolo. Resumo a continuación la versión de Greenberg.


Una mujer, Ellen, busca terapia porque siente que no es atractiva para los hombres y encuentra en Renik un hombre que sí la ve atractiva. Renik está “animando a Ellen a apegarse a él de un modo que le permita abrazar su visión de ella”. Dice Greenberg que Renik se ofrece como objeto bueno al considerar que si ella no se siente deseable, atractiva es por lo que introyectó de su madre, y contribuye así a una escisión entre el objeto bueno (él) y el objeto malo (la madre). Esto anima a Ellen a explorar en el mundo y encuentra una pareja, Howard. Pero para ella seguir con Howard supone separarse de Renik y nada es tan bueno como lo que siente con él en el tratamiento, porque él es el objeto bueno idealizado. Dice Greenberg que Ellen  “descubre que vivir en el mundo amenaza su apego al nuevo objeto igual que hacerlo una vez amenazó su apego con su madre”


Entonces ante esta amenaza Ellen hace una regresión, para no curarse y seguir en el vínculo con Renik, Ellen “se clava” a su analista como antes lo hizo con su madre, volviéndose  quejosa e hipocondríaca.


En ese momento, surge la contratransferencia de Renik. Dice Greenberg: no es el primer analista que tras ofrecerse él mismo como objeto bueno frente a un objeto malo (que podría ser la pareja, un anterior analista o, como en este caso, la madre), después sufre las consecuencias viviendo como acoso el apego abrumador del paciente, y pasa a experimentar rechazo. Renik ya no ve a Ellen tan deseable, y muestra su irritación y su crítica. “deja saber a su paciente que su deseabilidad no es incondicional”.


Con esto, Renik ya no es para Ellen un objeto tan bueno, y esa decepción, que ha debido ser poderosa, es la que la hace crecer (otro supuesto clásico del psicoanálisis, señala Greenberg, que la frustración hace crecer), porque entonces Ellen se arriesga a separarse de Renik, que ya no es tan incondicional, ya no es tan maravilloso lo que tiene con él,  y se vuelca en la relación con su novio, más terrenal


Tenemos ahora una versión completamente diferente, no habla nada de interpretaciones, solamente de la relación. Greenberg sostiene que ha construido una versión en la cual lo que cura es la relación emocional y que es equiparable a lo que clásicamente se ha llamado “cura de transferencia”, pero sin las connotaciones negativas que esta expresión acarrea, ya que es algo muy tenido en cuenta en el psicoanálisis contemporáneo el conocimiento relacional implícito y todo lo que ocurre en la relación a nivel inconsciente.


Y, lo más importante es la afirmación de Greenberg de que esta nueva versión no es más verdadera que la de Renik, es simplemente otra versión ya que no podemos perder de vista algo irreductible a la tarea psicoanalítica, que siempre hay muchos modos de contar una historia, algo que se le ha pasado por alto a Renik. Cito a Greenberg, textualmente “Incluso antes de que aceptáramos… el pluralismo estábamos comprometidos con el concepto de sobredeterminación y la idea de que ninguna perspectiva puede nunca explicar adecuadamente fenómenos complejos” El peligro, continúa, es la simplificación y el reduccionismo, sobre todo cuando estamos perdiendo la seguridad de las verdades sagradas con las que antes se contaban.


Efectivamente, en la misma línea podemos citar a dos autores Bleichmar (1997) y Mitchell (1997) que en el mismo año, cada uno en distintos trabajos, nos alertan de no caer en ver como opuestas la relación versus la interpretación como factores de cambio. Aquí hemos visto dos versiones, una basada sólo en la interpretación y otra sólo en la relación, no caigamos en pensar que son contradictorias. Afirma Bleichmar que la interpretación también es relación porque coloca al paciente con respecto analista en una determinada posición.


Teniendo en cuenta lo anterior, pienso que en la investigación sobre la técnica es interesante explorar no sólo cuáles son los factores que producen el cambio, y el peso de cada uno de ellos, sino también qué tipo de cambio produce cada uno y, sobre todo, cómo se interrelacionan entre sí estos factores para producir el cambio. A continuación elaboraré una hipótesis sobre cómo se interrelacionan entre sí lo relacional con lo interpretativo en este ejemplo de caso que Renik nos ofrece.


Interrelacionando lo vincular y lo interpretativo. Tercera versión del proceso de Renik con Ellen


Bleichmar (2004) propuso el concepto de “peso motivacional de una intervención”, que es el balance entre los distintos sistemas motivacionales que interactúan y dan una dirección determinada al procesamiento psíquico.


Para que la intervención produzca cambio, sostiene, es necesario que sea aceptable para el paciente de acuerdo con sus motivaciones prevalentes. Esto es común a la interpretación y a la relación. En cuanto a la interpretación, ninguna idea o creencia, consciente o inconsciente, será reemplazada por otra si la segunda no posee valor motivacional que la haga más poderosa. En cuanto a la relación, ningún vínculo es transformador si no ofrece algo al sujeto que tenga más peso motivacional que su forma habitual de actuar o relacionarse.



Teniendo como base el planteamiento anterior, intentaré-ya sabemos que es muy fácil siempre que analizamos retroactivamente un trabajo psicoterapéutico-hacer una tercera versión de lo que ocurrió en el proceso terapéutico de Ellen y Renik, intentando relacionar las dos explicaciones que tenemos por separado.


Primer tiempo


Ellen acude a Renik, que en su contratransferencia-entendida en un sentido amplio, como la manera en que el analista desde su subjetividad vive a la paciente- la ve como una mujer atractiva. Y esto pone las bases para que la primera línea de interpretación tenga efecto. Ellen pudo asumir el proceso de hacer el duelo por la pérdida de su imagen de una madre que la quería y aceptar que no fue así, porque podía sostenerse en un vínculo fuerte con una persona por la que sí se sentía valorada y estimada. Precisamente porque la relación se estableció de esta manera puede hacer el uso de la interpretación, de lo contrario seguramente no habría habido un peso motivacional suficiente. Renik funcionó aquí como objeto transicional.



En esta fase observamos la influencia en la díada terapéutica en el sentido de Renik hacia Ellen. El aporte emocional, más la interpretación que produce dolor lleva a un cómputo en Ellen que hace posible el cambio, aunque sea doloroso.


Segundo tiempo


Ellen se vuelve quejosa, se instala en el victimismo y esto molesta e irrita a Renik. Estas emociones provocan que éste puede empezar a verla como alguien que también tiene un lado malo, y así elaborar una interpretación que no sólo la afirma y la valida, sino que también la cuestiona. Ahora analizamos a Renik porque desde nuestro punto de vista podemos ver lo que ocurre en las dos personas de la díada. El terapeuta necesitó vivir en sí mismo determinado estado de Ellen para poder ampliar su imagen de ella, más allá de la tendencia que parece tener Renik a ver el lado bueno del otro, a proveer empatía y afirmación. Uno puede presuponer que es una tendencia prevalente en Renik, y que para romper esta tendencia necesitó vivir en su piel esos estados diferentes de ella.



Ahora estamos viendo la dirección de influencia de Ellen sobre Renik. La actitud quejosa y exigente de Ellen lleva a una desilusión y frustración el analista, lo que a su vez lleva a él a cambiar a una imagen de Ellen no idealizada, y esto a cambiar su línea de interpretación. No estoy queriendo decir que lo único que llevó al analista a cambiar su línea de interpretación fue su estado emocional en el vínculo, esto, como bien alerta Renik, fue la parte actuadora de la intervención, pero también hay una parte consciente, de analista relacional responsable, que se preocupa por la efectividad del proceso.


Sin embargo, analizando aquí lo que hay de actuación, podemos pensar que cuando las motivaciones del analista a mantener su actitud (a sentirse ayudador y generoso, a recibir reconocimiento de otro necesitado…) bajaron en intensidad, entonces él pudo pensar en otras interpretaciones, las cuales, no olvidemos, eran sobre una realidad que ya conocía antes. Quiero decir que no había ninguna nueva información, él ya sabía, ya había escuchado la historia con su pareja primera y sabía que Richard tenía 17 años que ella tenía 21, etc.  Pero parece que no se le había ocurrido antes, el juicio crítico y la posibilidad de pensar aquí que ella victimizó al otro no se le ocurre hasta que vive en su piel este aspecto de ella. Como la paciente, Renik necesita también que su peso motivacional se deslice hacia otra dirección para poder tener una interpretación interna distinta de Ellen y poder después transmitírsela a ella.


Tercer tiempo


La nueva interpretación de Renik da a Ellen una visión de sí misma diferente, la coloca en un lugar desde el cual no es para él la mujer atractiva y deseable de antes y él a su vez no es para ella un dador incondicional. Esto cambia el balance motivacional de la paciente, desde preferir estar mal y aferrarse a la relación terapéutica, que es una relación ideal, hacia hacer el duelo por ella y volcarse en la de fuera, renunciando así a un ideal de relación incondicional y protectora. Por eso puede utilizar la nueva línea interpretativa más confrontadora.



De modo que, tal como lo veo, para Ellen este paso no constituye únicamente en renunciar al vínculo con Renik (renunciar a una relación ideal), sino en renunciar a un ideal de relación. Es algo que vemos que ocurre con frecuencia en personas traumatizadas, o que han vivido en un pasado con vínculos infantiles muy poco proveedores, en la mente se representa todo lo que uno no pudo tener y debería haber tenido, lo que han tenido otros, lo que uno tiene que conseguir, y hay una idealización de todo eso, se crea la visión de un paraíso donde existe lo que en la vida de uno ha estado ausente, pero ese paraíso existe sólo como posibilidad ideal. En nuestro caso, se trata tanto de la seguridad incondicional de que el otro va a estar ahí siempre y del modo que Ellen necesita, como de la sensación de protección contra cualquier mal, incluidas las enfermedades y la muerte. Ellen no siente que Howard le de esa seguridad, pero ella pensaba que sí la tenía con Renik y que podía conseguirla en una relación real completa. Como Renik cambia y ya no se ofrece como objeto bueno, ella se ve motivada a hacer el duelo no ya por el vínculo con el analista sino por su ideal de relación maravillosa que la salve de todo peligro (de abandono, de muerte, de pérdida).



En este tercer tiempo de nuevo nos centramos en la dirección causal de Renik hacia Ellen. El cambio de su actitud de aceptación incondicional produce la ruptura de la creencia matriz en un ideal de relación proveedora. En este paso vemos además que reacciones emocionales y acciones no plenamente conscientes en el vínculo, producen un cambio en el orden de las creencias matrices pasionales (Bleichmar, 1997) de la paciente, o sea cambios a nivel cognitivo-afectivos, no estrictamente procedimentales. Es importante que nos detengamos aquí porque, si esto ha sucedido, sería una muestra de cómo lo vivido en un nivel procedimental por el paciente a través de una vivencia en el vinculo se traduce en un cambio a nivel no sólo procedimental, sino cognitivo, declarativo, aunque inconsciente. Sería una muestra de cómo diferentes tipos de intervenciones producen resultados en diferentes modalidades de organización psíquica, no pensemos por tanto que lo vincular produce cambios en el saber procedimental relacional y lo interpretativo cambia los esquemas cognitivo-afectivos, sino que los tipos de intervenciones-causas y de cambios-efectos se cruzan.


Renik ha funcionado en definitiva como un objeto transicional necesario, paso intermedio para poder hacer el duelo por la relación ideal y así poder aceptar una realidad  “imperfecta”. Proceso que no pudo hacer en el vínculo con su madre porque éste era inseguro y poco proveedor, provocando que se instalara en el anhelo de lo que nunca tuvo, y que fue idealizado. 


Conclusiones finales (con atención a la circularidad epistémológica)


A través de la historia clínica que Renik describe, se muestran algunas características por las que uno puede imaginar qué tipo de terapeuta es. Se nos aparece, a través de cómo le vemos trabajar en el tratamiento con Ellen, la imagen de un analista que tiene:


-          Un pensamiento psicoanalítico más clásico de lo que él parece pensar. Por su búsqueda de la objetividad y sobre todo por su planteamiento exclusivo del mecanismo de la cura como aumento del conocimiento de uno mismo haciendo consciente lo inconsciente por medio de la interpretación, parece que el autor tiene automatismos de psicoanalista clásico más allá de los planteamientos conscientes que teóricamente abraza.


-          Una sensibilidad (no rígida, no exclusiva,) de psicólogo del self. Renik parece tener una sensibilidad de psicólogo del self en el sentido de que lo primero que le sale es una tendencia a validar, empatizar, confirmar. No es una actitud monocorde; porque también podría ser un psicólogo del self rígido, incluso recalcitrante, imaginemos que cuando ella empezó con las dudas él pensara que la paciente estaba muy traumatizada y necesitaba más tiempo de validación y de sostén. Con el tiempo, quizá Howard se hubiera cansado de la persistente queja y exigencia implacable de Ellen, y esto volvería a llevar a la interpretación de ver a Howard en la posición del objeto malo y el analista en la del objeto bueno. La situación podría haber eternizado y la terapia convertirse, como ocurre no raramente, en un proceso interminable. Sin embargo no ocurre así, Renik tiene capacidad de cambiar de registro.


-          Una “militancia” relacional. La que consciente ejerce a través de sus aportaciones teóricas. El hecho de que sea sólo una parte de su identidad de psicoanalista y no toda la que existe no la hace menos sincera, ni menos valiosa, sino todo lo contrario.


Efectivamente, en su trabajo con Ellen vemos a Renik como un psicoanalista multidimensional, un psicoanalista más complejo de lo que él mismo parece ser consciente. Y esto aparentemente no va en detrimento de su trabajo sino todo lo contrario, diríamos que la multidimensionalidad del autor contribuyó al éxito del trabajo con Ellen. Si intentamos extraer una miniteoría de este estudio, aun a riesgo de ser demasiado ambiciosos, tendríamos dos puntos:


1- Un modelo de psicoanalista multidimensional es buen objetivo a perseguir. Y quizá sea lo máximo que podamos conseguir, ser multidimensionales, no regirnos sólo por una única perspectiva teórica sino por el contrario tener esquemas múltiples que, coherentemente integrados, nos sirvan de guía.



Ahora bien, al llegar a este punto me doy cuenta de que es algo que yo ya pensaba antes de todo este trabajo. Efectivamente, es característico del enfoque Modular-Transformacional en el que me inscribo la valoración de contar con esquemas teóricos y a la vez actitudes personales múltiples y complejas, porque eso posibilita la persecución del objetivo de la especificidad para con los diferentes pacientes y los distintos momentos de un mismo paciente en el tratamiento. (Díaz-Benjumea, 2010). De este modo, se manifiesta aquí la circularidad epistemológica de la que Renik alerta, porque he confirmado mis esquemas previos. Sin embargo, creo que en cierta medida es algo ineludible, y me tranquiliza recordar los conceptos de Piaget de asimilación y acomodación. Siempre que cuando asimilamos información nueva, además tengamos la suficiente flexibilidad para que nuestro esquema previo se modifique algo, seguiremos adelante.


La idea de multidimensionalidad que aquí aparece, además de incluir el poseer esquemas teóricos múltiples que coherentemente integrados que den lugar a un modo de trabajar suficientemente rico como para ajustarse a la especificidad de cada paciente, tiene el matiz nuevo de enfatizar que no es sólo una multidimensionalidad consciente y voluntaria. Ha resultado aquí la multidimensionalidad del analista como una característica de personalidad, un modo de “versatilidad emocional”, la capacidad de sentir muchos registros emocionales y relacionales (por ejemplo, la capacidad de enfadarse, además de la contener estados displacenteros del otro; o la capacidad de sentirse plena y conscientemente halagado en el narcisismo, y también la de poder sentirse disminuido; o la de sentirse protector y con tendencia a la directividad, además de poder desear liberarse y relajar el vínculo…) Puede relacionarse con lo que describen Caligor, Kernberg y Clarkin (2007) sobre la personalidad no rígida, que puede tener múltiples configuraciones de relaciones objetales suficientemente integradas y organizadas, que aportan un sentido del self estable, en el que diferentes aspectos de la experiencia se activan fluidamente en diferentes situaciones y estados emocionales, tolerando el conflicto y las emociones displacenteras.


2- También para los analistas hay un timing, sería la conclusión que se continúa de la anterior elaboración. Hay un momento en el proceso terapéutico en que el analista puede captar determinados aspectos de la personalidad del paciente y debido a ello puede vivirlo de otra manera en la relación, y a partir empiezan a ocurrírsele nuevas interpretaciones. Este momento viene condicionado no sólo por su propia actitud analítica, sino por el estado activado del paciente, y por las propias motivaciones inconscientes del analista que se activan en la interacción. Algo que cambia en la relación hace que el peso motivacional que impulsa hacia mantener ciertos esquemas teóricos, y/o específicas tendencias relacionales de actuación, cambie hacia otras posturas que sin duda están en su registro de posibilidades, pero necesitan que algo ocurra a nivel vincular para que se activen. En este sentido el timing del analista depende de sus propias respuestas relacionales a lo que va ocurriendo, tal como hemos visto que puede haber ocurrido según esta última versión del caso clínico que Renik nos ofrece. El timing del analista, como el del paciente, depende procesos inconscientes que pueden hacerse parcialmente conscientes en la tarea analítica continua de autorreflexión, pero nunca llegarán a serlo por completo. Finalmente, el éxito de la terapia vendrá dado entre otras cosas, por el ajuste entre el timing del analista con el timing del paciente, o sea con los momentos en los que el paciente está dispuesto y motivado a desplazarse desde los patrones de comportamiento maladaptativos a otros nuevos.


Referencias


Bernardi, R. El concepto de acción terapéutica hoy: luces y sombras del pluralismo. Aperturas psicoanaliticas, nº 31, 2009.


Bleichmar, H. Making conscious the unconscious in order to modify unconscious processing: some mechanisms of therapeutic change, International Journal of Psycho-Analysis, 85: 1379-1400, 2004.


Bleichmar, H. Avances en psicoterapia psicoanalítica, Barcelona: Paidós, 1997.


Caligor, M., Kernberg, O. y Clarkin, J. Handbook of Dynamik Psychotherapy for Higher Level Personality Pathology, Washintong D.C.: American Psichiatric Publishing, Inc., 2007.


Díaz-Benjumea, M.D.J. La relación terapeuta-paciente desde el enfoque Modular-Transformacional de psicoterapia psicoanalítica, APRA (Revista en Internet de la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina), www.revistadeapra.org, año III, nº 1, 2010.


Greenberg, J. Terapeutic Action: Convergence without Consensus, The Psychoanalytic Quarterly, New York: Henry F. Smith editor, vol. LXXVI, 2007.


Mitchell, S. Influence and autonomy in psychoanalysis, Hillsdale, N.Y.: The Analytic Press, 1997.


Mitchell, S. Gender and Sexual Orientation in de Age of Postmodernism: the Plight of te Perplexed Clinician, Gender and Psichoanalysis, 1:45-73, 1996a.


Mitchell, S. Constructions of Gender and Sexuality, Sandcastles on the Shore: a Response to Mayer and Schwartz, Gender and Psichoanalyisis, 1:261-269, 1996b.


Renik, O. Analytic Interaction: Conceptualizing Tecnique in Light of the Analyst´Irreductible Subjetivity (1993), Relational Psychoanalysis. The Emergence of a Tradition, Vol. 14, (edited by S. Mitchell and L, Aron), N.York: The Analytic Press, 1999.


Renik, O. Intersubjectivity, Therapeutic Action and Analytic Tecnique, The Psychoanalytic Quarterly, New York: Henry F. Smith editor, vol. LXXVI, 2007.


Renik, O. Los riesgos de la neutralidad, Aperturas Psicoanalíticas, nº 10, 2002.


Schwartz, D. Questioning the Social Construction of Gender and Sexual Orientation,  Gender and Psichoanalysis, 1:249-260, 1996.