Sexualidad y erotismo. Teorías sexuales infantiles: teoría, fantasma y fantasma inconsciente

Publicado en la revista nº002

Autor: Colombo, Eduardo


 Dès qu'il envisage l’érotisme, l’esprit humaín

se trouve devant sa difficulté fondamentale.

                                                                    Georges Bataille



Resumen: En este trabajo trataremos de mostrar las relaciones entre sexualidad y erotización, al mismo tiempo que la situación del alter en la constitución del fantasma (phantasme).

La sexualidad infantil será construida en y por el fantasma - y no la inversa -. Así la sexualidad humana se separará de todo “objeto natural”  o específico [clivage del pattern heredado (ADN) de la acción sexual finalizada], para,  apresada en la red de la escena fantasmática, librarse a la intencionalidad.  A partir de allí,  se constituirá como sexualidad desfuncionalizada, disociada de la necesidad.

La sexualidad - la pasión - del adulto [históricamente determinada, androcéntrica] aportará los contenidos erotizados de la sexualidad infantil; a su vez, el núcleo inconsciente del fantasma (fantasía inconsciente) permanecerá activo en la vida adulta como una jurisdicción con sus propios fueros, imprimiendo su coloración particular a la sexualidad de cada uno. Y se insinuará furtivamente en las teorías generales sobre la vida y el cosmos.



        En las altas montañas de Yongning, en China, viven los Na. «Hasta hoy, hombres y mujeres de esta etnia pueden tener libremente relaciones sexuales con muchas personas y cambiar de pareja a su guisa» (1).  A propósito de la procreación, los lugareños cuentan: «Hace mucho tiempo, bastaba ir a lo alto de la montaña y abrir la vagina al viento, para que las mujeres quedaran embarazadas» (2). Los hombres pasan como el viento... y es siempre difícil seguir el rastro del pájaro en el cielo, de la serpiente sobre la roca y del hombre en la mujer.


        Un paciente, primogénito, hijo de médico y médico a su vez, situaba entre los tres y los seis años, entre el nacimiento de un hermano y el de una hermana, el recuerdo [fantasma-teoría sexual] siguiente: en el momento del nacimiento – en esa época los partos se hacían en la casa –  se encerraban en una habitación la partera, su padre (el médico) y su madre, llevando con ellos una gran jeringa (clister?). Condensación de la procreación y del parto, de la vagina y del ano, de la penetración y de la expulsión. Reconstrucción del primer parto de la madre (el primero después de él) a partir de la experiencia del segundo.


        Bachelard, en Psicoanálisis del fuego, cita la teoría sexual científica del doctor Pierre-Jean Fabre [médico de Luis XIII] que creía que la simiente  «es una y semejante en todas sus partes», pero que en la matriz se divide en dos:  «Y es la parte de la simiente que se habrá retirado del lado derecho, que, siendo la parte del cuerpo más cálida y vigorosa, habrá conservado la fuerza, el vigor y el calor de la simiente que dará origen a un macho; y la otra parte, que se habrá retirado del lado izquierdo, la parte más fría del cuerpo humano, habrá recibido allí calidades frías, que habrán disminuido y debilitado el vigor de la simiente, y de allí saldrá la hembra, que, no obstante, en su origen, era varón» (3).


        Un mito, un fantasma-teoría sexual, una teoría científica, tres maneras de conocer-explicar el mundo que anudan entre sí, tal vez, un lazo oculto en la dimensión constitutiva de lo mental. ¿En qué sentido podemos decir que esas tres formas del  conocimiento  son sexuales? ¿Lo son porque hablan de sexo, de penetración, de simiente? Es decir, ¿por su contenido semántico o proposicional? ¿O porqué detrás de ellas se esconde un deseo sexual infantil y reprimido, un fantasma erotizado?


        En primer lugar, algunas palabras sobre el contenido proposicional. «Uno podría creer que todo el mundo está de acuerdo sobre el sentido de la palabra  "sexual”. Ante todo, ¿lo sexual no es lo indecente, eso de lo que no se debe hablar?,  se preguntaba Freud en 1916, pero hoy, al final del siglo, la sexualidad – o más bien el discurso sobre la sexualidad, la puesta en discurso del sexo –, se ha convertido en un lugar común, público y banal. Solo los márgenes – un cierto erotismo y la pornografía– siguen siendo "indecentes", aún cuando referirse a ellos no esté más prohibido. A pesar de ello, «el contenido de la noción de sexual no es fácil de definir»(4).  La construcción de esta noción que liga la emoción, el deseo, el acoplamiento, el placer y la reproducción, así como el reconocimiento de la diferencia de sexos – de lo mismo y de lo diferente – acompaña sin duda a la humanidad desde la hominización y la fabricación de la herramienta, a través la construcción de un orden social y de un orden simbólico (alianza, prohibición, exogamia), hasta nuestros días.


        La noción de sexual en sentido moderno es tributaria de la larga historia de su construcción, pero aún las palabras, a las que estamos tan habituados, que designan su contenido semántico son recientes. En la lengua francesa la palabra sexo es poco frecuente antes del siglo XVI; la etimología de la palabra latina, discutida, ha sido asociada a secare cortar, dividir. Sexus designa el hecho de ser macho o hembra y va siempre acompañado de los adjetivos virilis o muliebris. El adjetivo sexual es tomado tardíamente (1742) del bajo latin sexualis, de sexo femenino. El adjetivo califica corrientemente lo concerniente a las diferencias y a los comportamientos ligados al sexo (1789). Sexualidad designa en biología el carácter de lo que es sexuado (1838). La palabra tomó el sentido corriente de  vida sexual a fines del siglo XIX : la sexualidad (5). Pero es durante el primer cuarto del siglo XX, con la difusión de la teoría psicoanalítica en las ciencias humanas y por consiguiente en la cultura general, que el concepto de sexualidad adquiere la extensión actual designando una serie de excitaciones y de actividades, presentes desde la infancia, que procuran un placer independientemente del ejercicio de una función biológica y que se encuentran, en tanto componentes, juntas o aisladas, en el comportamiento erótico, conciente o inconciente, llamado normal, de los seres humanos adultos.


        Con este último párrafo no pretendemos dar una definición de la sexualidad, sino sólo un enfoque descriptivo de lo que la mayoría de nuestros contemporáneos instruidos entienden por sexual. Teniendo en cuenta que todas las tentativas de definición engendran dificultades (6), sin contar con la tendencia intrínseca a toda definición de ser un poco tautológica.


        La construcción de la noción psicoanalítica de sexualidad, su extensión más allá del deseo sexual del adulto, de la excitación de los órganos genitales, y de los comportamientos ligados a la copulación y a la reproducción ha sido una empresa difícil, ardua, y fundamental para la comprensión del psiquismo humano.


        ¿Cómo identificar un deseo sexual, causalmente pertinente, en comportamientos tan alejados como el chupeteo del lactante, la ternura fraterna o amistosa, la obstinación del investigador o el placer sentido en la resolución de un problema matemático? Para llegar a la solución Freud analiza tres aspectos de la vida mental : I Las "aberraciones sexuales" que  abren los Tres ensayos sobre la teoría sexual [1905] y que llevan a la conclusión siguiente : «se nos impuso la idea que la predisposición a las perversiones era la predisposición original y universal de la pulsión sexual humana, a partir de la cual se desarrollaba el comportamiento sexual normal» (7). II. La neurosis histérica : «Es precisamente gracias a la sintomatología de la histeria que hemos llegado a la concepción según la cual todos los órganos del cuerpo, además de su función normal, desempeñan también un rol sexual, erógeno, que se vuelve a veces dominante hasta el punto de trastornar el funcionamiento normal» (8).  III. La sexualidad infantil :  «El acto que consiste en chupar el seno materno se convierte en el punto de partida de toda la vida sexual (...) Es así como el seno materno forma el primer objeto del instinto sexual; y no sabría daros una idea lo suficientemente precisa de la importancia de este objeto en toda búsqueda ulterior de objetos sexuales, de la influencia profunda que él ejerce, en todas sus transformaciones y substituciones, hasta en los aspectos mas alejados de nuestra vida psíquica» (9).


        Freud escribe en un texto de 1922 que  «hubo que extender el concepto de sexual hasta englobar más allá que la tendencia a la unión de los dos sexos en el acto sexual o la provocación de sensaciones de placer determinadas a nivel de los órganos genitales» (10). Y agrega, algunas líneas después, que haber reconocido «el error de haber sobrestimado la seducción como fuente de las manifestaciones sexuales infantiles» le permitió ver «el rol extraordinariamente grande, en la vida psíquica de los neuróticos, de la actividad de la fantasía [la actividad fantasmática]» (11). (Hago notar que reconocer el error de haber sobrestimado el papel de la seducción no significa negar la existencia de la seducción; reconocer el error significa solamente subrayar la importancia del escenario fantasmático.)


        Pero, para poder extender la noción de sexual, Freud debía vencer las dificultades intrínsecas a la  «doctrina de las pulsiones»  que lo obligaba a  «buscar en lo biológico una apoyatura» (12) .

La elaboración del concepto de libido proporcionó el lazo necesario para unificar, – detrás de las formas dispares de los contenidos semánticos y de los afectos y comportamientos –, esta sexualidad desfuncionalizada (13) propia del hombre. Sin embargo, la noción de libido introduce un leve desfasaje entre el  "ser"  de la pulsión y  "su"  energía; la noción adquiere una cierta independencia semántica y es la libido la que mantiene la identidad o mas bien la ipseidad (14) de la pulsión sexual.


        En la pluma de Freud la palabra libido es utilizada originariamente [en el Manuscrito E, sin fecha, pero situado en junio 1894] con el sentido de deseo o de afecto psíquico, dónde escribe : «una tensión sexual física, llevada más allá de un cierto grado suscita la libido psíquica, que prepara el coito» (15).  Probablemente la caracterización más amplia de libido  – y por consiguiente de la extensión de la sexualidad – la podemos leer en Psicología de masas y análisis del yo [1921] : «Libido es una expresión que proviene de la doctrina de la afectividad. Llamamos así a la energía, considerada como magnitud cuantitativa – aunque por el momento no mensurable –, de esas pulsiones que se relacionan con todo aquello susceptible de ser llamado amor». El nódulo es «el amor entre los sexos teniendo como fin la unión sexuada». Pero nosotros no separamos de él el amor de sí, «el amor por los padres y por el hijo, la amistad y el amor por los seres humanos en general, así como la devoción por objetos concretos o ideas abstractas» (16).


        Sin embargo, la tentación de reducir en última instancia lo mental a lo biológico es muy marcada en Freud en la época de los Tres ensayos, que retoman muchas de las ideas ya contenidas en el Proyecto. La sexualidad infantil, desde sus primeras manifestaciones en la época del chupeteo voluptuoso del bebé,  «no conoce aún ningún objeto sexual» (17), «la  pulsión sexual infantil no manifiesta en un primer momento ninguna necesidad» (18) de objeto sexual, son frases que muestran que la sexualidad es concebida de entrada como excitación y no como deseo. Pero ya en el Proyecto [1895], la necesidad absoluta del otro rompe el solipsismo somático. Una excitación en el propio cuerpo,  una modificación interna (manifestaciones emotivas, gritos, inervaciones musculares)  sólo puede ser suprimida por una intervención exterior  «(por ejemplo suministro de comida, proximidad del objeto sexual)»  que efectúe la acción específica necesaria. El organismo humano, en esos estadios precoces, es incapaz de provocar esta acción específica sin la presencia activa del otro. Se constituye así una vía – una relación de objeto, semántica o intencional diríamos nosotros – que adquiere una «función secundaría de una extrema importancia: la comprensión mutua».  La persona que «ha ejecutado para el ser impotente la acción específica necesaria» (19) que ha permitido la experiencia de satisfacción, es también el «objeto deseado» (20). Toda la problemática de lo mental, del sobrevenir (supervenience) de lo mental, se encuentra en ese pasaje de la excitación somática – emociones, afectos – al deseo, es decir a la prefiguración mental (conciente o inconciente) de la acción finalizada que no puede constituirse – en los neoantropianos que somos nosotros –  sin la acción (intencional) del alter.


         La sexualidad infantil manifiesta ya una primera elección de objeto desprendida de la apoyatura original sobre las funciones corporales. La importancia de ese momento de la vida sexual reside en el hecho que «los resultados de la elección infantil de objeto alcanzan hasta períodos ulteriores; ya sea se conservan como tal o bien son reactivados en la época misma de la pubertad» (21).


        La  sexualidad infantil  se convierte así en un objeto de estudio privilegiado ya que ella conservará sus prerrogativas [sus fueros] ( es decir que los fantasmas infantiles seguirán invistiendo la sexualidad adulta) y, también, porque la adquisición de la palabra dará al niño la capacidad de teorizar su propia experiencia. El dominio del lenguaje instaura al sujeto dentro de un sistema signitivo, colectivo e histórico, y es a partir de allí que el niño dará un sentido (una significación) a su sexualidad que se constituirá como tal a partir de esta significación.


        En el período que va de los artículos de 1907 Las explicaciones sexuales dadas a los niños, de 1908 Las teorías sexuales infantiles, de 1905 Tres ensayos sobre la teoría sexual – la parte sobre  la investigación sexual infantil se publicó por primera vez en 1915 – y la Introducción al psicoanálisis escrita en los años 1916 y 1917,  Freud se interesa en las "teorizaciones" que hacen los niños sobre la sexualidad. El niño se vuelve «soñador y perspicaz»  cuando la próxima llegada de otro niño le hace temer por la pérdida de cuidados y de amor de sus padres, puesto que pareciera que compartiendo el amor se pierde algo. Freud piensa que «no son intereses teóricos sino intereses prácticos que ponen en marcha la actividad de investigación del niño. Pero el niño emprende el camino de un verdadero  teorizador, plantea hipótesis y trata de confirmarlas observando y haciendo preguntas. «¿Mamá, tu también tienes una cosita (hace-pipí)?» (22).


        La palabra griega theôría reenvía a visión, contemplación, asombro frente a un objeto, acción de examinar. Así el niño entra en una auténtica lógica del descubrimiento y construye un corpus de conocimientos parcialmente actualizado en el curso del desarrollo. La función de la teorización infantil es la de asegurar una cierta coherencia, un acuerdo aproximativo entre un lenguaje que transmite muchos contenidos que se le escapan, un "principio de realidad" que se le impone, los deseos soportados pasivamente y en parte indecodificables de los adulto, las represiones y las prohibiciones de su cultura, y su propio deseo fantasmático que, al mismo tiempo que se construye, lo extravía. Como extravía a menudo a los adultos. Construye así una prima philosophía naturalista (23) que constituye el fundamento de su conocimiento del mundo y que se disociará en dos partes: una racional, formal y evolutiva, ligada a la adquisición de las informaciones (proceso secundario, Yo-realidad) y otra enredada por partes en la trama del fantasma de deseo (proceso primario, Yo placer), que permanece pasional y obstinada. Disociación que no excluye numerosas pasarelas.


        Entre 1907 y 1917 entonces, las teorías sexuales infantiles son descritas por Freud con ligeras variaciones y una complejidad creciente pero sobre un mismo contenido básico. En un primer momento la diferencia de géneros no crea problema, es una evidencia, sin embargo y concomitantemente aparece «la  hipótesis de un mismo órgano genital (viril) para todos los seres humanos»,  ésta es «la primera de las teorías sexuales infantiles, notable y de importantes consecuencias» (24).  En realidad, esta "primera teoría" no es el fruto de la curiosidad o de la investigación del niño, es una creencia a-reflexiva, dada como "estando ahí". Creencia que, a contrario de la diferencia de géneros, será sostenida por el fantasma no pudiendo ser confirmada por la realidad.


        La reprobación que el testimonio de los sentidos inflige a su creencia despierta la curiosidad de los niños. Sobretodo en el varoncito «ya que no puede imaginar que un ser humano esté desprovisto de un órgano al cual él atribuye un tal valor» (25). Sobre esta creencia recae el "complejo de castración" el cual, postulado también en la mujer, llevará a Freud a asignar a ese momento de la vida infantil una teoría sexual común a varones y mujeres que atribuye a la mujer un pene perdido o acortado «a causa de una castración». La preeminencia fálica asignará a la mujer «la envidia del pene» y al «individuo varón un desprecio duradero por el otro sexo» (26).


        Con el enigma: ¿de dónde vienen los niños?, «problema que está en el fondo de la pregunta de la esfinge tebana»  – Freud no se priva de recordarlo –, la concepción sádica del coito, y el lugar del cuerpo por el que se produce el parto (ano, ombligo, esternón, etc.), las investigaciones y teorías infantiles se aproximan al "principio de realidad", están menos sometidas a la represión y, por consiguiente, más accesibles a los recuerdos del adulto, salvo en lo que concierne el contenido sádico del coito que puede sobrevivir como  las "sombras de la Odisea", fuertemente cargado por la fantasía inconsciente. (Más tarde veremos por qué).


        Después de las grandes reformulaciones y recomposiciones posteriores al Más allá del principio del placer [1920], las teorías sexuales infantiles se convertirán en las teorías psicoanalíticas sobre la sexualidad.

 


Lo mental y la erotización


        Ahora debemos volver, en la línea de nuestra reflexión, a ese desfasaje fundamental de la sexualidad humana que interviene entre la excitación somática y el objeto que participa en la acción específica. Separación que nos lleva a hablar de desfuncionalización de la sexualidad.

Si consideramos la sexualidad desde el punto de vista biológico o etológico ésta se presenta como un pattern de comportamiento llamado instintual, es decir un comportamiento característico de la especie, heredado (herencia genética), con un objeto-fin (objet-but) más o menos fijo que desencadena la acción especifica en relación con un estado interno del organismo. La estructura de la acción finalizada seleccionada por selección natural en el curso de la evolución (es decir no teleológica) liga el estado orgánico interno al objeto del mundo exterior que le es específico [por ejemplo un cierto nivel hormonal (estado interno) que hace que el animal sea receptivo a un tipo de información proveniente del objeto-fin]. En el caso de la sexualidad la función de la estructura comportamental es de reducir la excitación por medio del acoplamiento con un individuo del otro sexo (27).


        Pero cuando llegamos a la sexualidad humana entramos en un terreno determinado por la utilización [por los agentes] de un sistema signitivo, semántico o intencional que es la "causa" (28) de la acción finalizada. Dicho con otras palabras: en lo mental lo que es causal en el comportamiento es la significación y no la estructura que vehiculiza la información.


        La capacidad de adquirir una lengua y de atribuir actitudes proposicionales a otros ha sido un viraje en la evolución filogenética de los sistemas biológicos. La hominización ha puesto en marcha, probablemente a lo largo del Paleolítico medio (29), un proceso semántico dependiente de la interacción social, e irreductible a la transmisión biológica (ADN). La significación es un producto del acto social (G.H.Mead) (30).


       Ahora bien, ¿cómo entra la sexualidad en la red de la significación o de la intencionalidad humana? El deseo, y el deseo sexual en particular, la libido psíquica [recordemos la frase ya citada del Manuscrito E] contendrá la fuerza, la dinámica, el movimiento inscripto en la organización del escenario fantasmático.


        Podríamos entonces postular un modelo heurístico del origen de la Psiquis en una primera relación soma/mundo, relación marcada por los estados afectivos o emociones (31) directamente observables en las modificaciones somáticas y comportamentales del ser vivo. Los estados internos del organismo han sido relacionados o correlacionados a los objetos del mundo por selección natural, correlación que constituye la estructura de la acción específica.


        Sin excesiva distorsión podemos asimilar los estados de plenitud y de tranquilidad al placer y los estados de excitación y de inquietud al displacer. Pero la experiencia de placer / displacer está ligada al objeto que la produce, que en el nivel humano de lo mental no es más el objeto de la estructura instintual, de la acción específica, sino el objeto de la construcción fantasmática.


        En el pasaje del nivel biológico al nivel semántico de las actitudes proposicionales, la sexualidad ha perdido el objeto-fin de la acción especifica, yendo a erotizar cualquier otra relación de objeto intencional o de significación.


        La sexualidad como estado interno del organismo – excitación, emoción, afecto – dependiente del sistema hedonista (límbico) se integra en la psiquis humana relacionándose con un objeto indeterminado, no programado: variabilidad en cuanto a la elección del objeto (perversiones), variabilidad en las vías de aproximación al objeto (altos en el camino que se transforman en fines), desplazamientos que velan el propio  deseo sexual, sublimación. El placer se autonomiza de toda función biológica. El fantasma es el gran organizador de la sexualidad humana.


        Presa en la red de las significaciones la sexualidad encuentra las represiones, las prohibiciones, y   ve cerrarse el camino de la satisfacción. Edipo desea inconscientemente a su madre al desear la mujer de Layo. El "quantum de afecto" reprimido «se manifiesta bajo la forma de un afecto cualitativamente coloreado de una u otra manera» (32), escribe Freud. Cualitativamente coloreado, es decir bajo la forma del amor o del odio. Sin embargo, si los afectos, placer y displacer, pueden ser reconocidos como estados mentales y correlacionados con los estados bio-neuronales (del cerebro), el amor y el odio son actitudes proposicionales: "Juan ama a María", "María odia a Juan". Amar u odiar es siempre una acción dirigida hacia un objeto. Una relación intencional es una relación de significación: una relación tríadica o trina entre un signo, un  referente (otro signo) y un interpretante (concepto o  "comprensión”).


        La argumentación que desarrollamos muestra que la génesis biológica no es suficiente, yo diría que no es relevante, para comprender la sexualidad humana. Dicha sexualidad debe ser vista constituyéndose en el seno de las estructuras intersubjetivas (interaccionales) que preexisten a su emergencia en el individuo.


        El niño, en su primer contacto con las manos que lo ayudan a nacer encontrará un deseo sexual que ya está allí, culturalmente elaborado y altamente sofisticado, fuerza sorda difícil de descifrar tanto más cuanto que está emboscada detrás de muchas otras formas que las que se reconocen como "placeres del amor".


        Los contenidos cognitivos de esta sexualidad y las pasiones que ella moviliza son atributos del adulto. Sexualidad históricamente construida y desfuncionalizada, erotizada diría, si el temor de la anfibología me abandonara.


        El erotismo es la sexualidad humana liberada de todo proyecto de reproducción, de toda genitalidad obligatoria, él hace que el gozo sea independiente de toda función biológica y lo autonomiza de tal manera que todo placer, ya sea comiendo, bebiendo o trabajando hará surgir la sospecha de un erotismo oculto. Pero, si la sexualidad erótica evoca algo más que el simple deseo del otro es porque ella contiene un deseo sexual exacerbado por la muerte, atormentado por la prohibición.


        «La interdicción, escribe Bataille, da a lo que ella toca un sentido que en sí misma, la acción interdicta no tenía» (33). Cuando se dice interdicción se señala una voluntad de la cual emana la prohibición. Un sujeto y una posición de poder. Y si una acción me es prohibida yo puedo pensar que aún sin saberlo yo tendré algún deseo o algún placer en realizarla, sino, ¿porqué me estaría prohibida? Freud decía a propósito de las interdicciones: «no se ve qué necesidad habría en impedir lo que nadie desea hacer» (34).  Así, alejado por la prohibición y atraído por la transgresión, «me pregunto si, por lo contrario, no he sido solapadamente provocado!»  Sin la interdicción la acción prohibida «no tendría el fulgor maligno que seduce...» (35).


        Volvamos entonces al comportamiento interaccional que hemos llamado acción específica en el campo de la sexualidad. En las primeras relaciones soma / mundo la excitación interna será calmada  por la acción del alter que producirá la experiencia de la satisfacción y la vía neuronal encontrará el atajo alucinatorio para repetirla in absentia del objeto externo. Pero habitualmente se pasa rápidamente de la  experiencia de la satisfacción  al  objeto de la satisfacción; evitemos el error al que nos conduce este atajo.


        Entre la repetición de la experiencia de la satisfacción in absentia del objeto (satisfacción alucinatoria) y la  imagen–recuerdo  del objeto perdido (fantasma), se introduce el otro como fuente de la significación, de la intencionalidad, proceso de atribución de sentido construido históricamente en el acto social a través la invención y la utilización de signos significantes.


        Sin el otro como sujeto deseante, intencional, – y no simplemente como agente que calma el hambre – el modelo freudiano del deseo puede ser calificado de ficción o de "momento mítico" que representa  «la disyunción entre el apaciguamiento de la necesidad  y el cumplimiento del deseo, entre los dos tiempos de la experiencia real y de la revivicencia alucinatoria, entre el objeto que colma y el signo que inscribe a la vez el objeto y su ausencia: momento mítico del desdoblamiento del hambre y de la sexualidad en un punto de origen...» (36).


        Los primeros momentos, freudianos, de la constitución del deseo, tienen un "objeto de satisfacción"  desde el comienzo, pero las tendencias  de auto–conservación (alimenticias) y sexuales, no están discriminadas. Al nacer el niño trae gérmenes de actividad sexual y al mismo tiempo que se alimenta reciente una satisfacción sexual que luego busca repetir en el acto bien conocido del  "chupeteo" (37). Estamos en el terreno de la acción finalizada que es propia del bagaje heredado (genético) del comportamiento de la especie.


        Pero el onanismo del lactante – el chupeteo (la succión voluptuosa) o el frotamiento de las partes genitales, y también la retención del contenido intestinal – mostrará que hay una prima de placer obtenida más allá del cumplimiento de una función biológica,  ganancia anexa de placer  que contribuye al apaciguamiento de la tensión somática que hace nacer la necesidad (tensión producida por la necesidad) pero que se separa de ella participando, desfuncionalizada, a la creación del objeto del fantasma [el objeto imaginario del escenario fantasmático].


        La presencia activa, intencional, del otro en la constitución del fantasma está claramente reconocida por Freud cuando escribe Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci [1910] donde leemos:  «la ternura de la madre fue para él una fatalidad»  puesto que, mujer insatisfecha, puso al niño en el lugar del objeto de amor que le faltaba. Pero el «amor de la madre, prosigue Freud, por el niño que ella amamanta y cuida es algo mucho mas profundo que su afecto ulterior por el niño que crece. Es de la misma naturaleza que una relación amorosa plenamente satisfactoria, que colma no sólo todos los anhelos (deseos) anímicos sino también todas las necesidades corporales». Y aún «en la más feliz de las parejas jóvenes, el padre siente que el niño, particularmente el pequeño varón, se ha convertido en su rival, y un antagonismo, profundamente enraizado en el inconsciente, contra el preferido, encuentra allí su punto de partida» (38).


        De ese modo la excitación (el afecto) del niño encuentra el «lenguaje de la pasión» (Ferenczi) del adulto, es decir, no solamente el amor (la emoción), sino también los contenidos proposicionales que hemos llamado eróticos: la sexualidad, la interdicción y la muerte.


        En el intercambio interactivo que se establece desde el comienzo, naturalmente, entre el niño y el contexto social, el adulto aparece como desviante, diría Laplanche, con respecto a una sexualidad funcional (39). El infante no puede dar un sentido global a una fantasmatización sexual que le escapa al propio adulto en su dimensión inconsciente reprimida; construye entonces escenarios cada vez más complejos y entrelazados donde la excitación sexual se organizará como núcleo deseante de una constelación objetal significativa en la que el  sujeto  encuentra su lugar como sujeto intencional. Ese núcleo deseante – que quedará como fantasía inconsciente (evolutiva) – que es como «el injerto prematuro de un amor pasional» (D.Widlöcher), se apoyará sobre lo biológico, y es entonces, en el  après-coup  de la significación, que el seno materno, inserto en un esbozo de sistema de signos, en tanto signo de la experiencia de satisfacción, se convertirá en el primer objeto sexual, «punto de partida de toda la vida sexual, ideal nunca alcanzado de toda satisfacción sexual ulterior, ideal al cual la imaginación aspira en los momentos de gran necesidad y de gran privación» (40).


        Dado que  la sexualidad infantil no tiene un objeto sexual propio  – como lo tiene por ejemplo el hambre – ya que el objeto sexual infantil es un objeto imaginario construido en el fantasma a partir del erotismo del adulto, ella puede investir cualquier sistema de "representación", y todo se vuelve erotizable. En el erotismo de la vida fantasmática la situación inicial se da vuelta: el objeto sexual está por todas partes y lo que falta es la fuente orgánica. «El fantasma no es el producto de la vida sexual infantil, él la construye» (41).


        Podríamos decir entonces que la libido no es más que la fuerza del deseo organizado e inducido por la erotización de la escena fantasmática.


        El autoerotismo expresa esa relación del fantasma al cuerpo resultado de la desfuncionalización de la sexualidad.  «El "origen" del autoerotismo, escriben Laplanche y Pontalis, sería entonces ese momento (...) en el que la sexualidad se despega de todo objeto natural [clivaje del pattern heredado de la acción finalizada agrego yo], se ve librada al fantasma y por ende se crea como sexualidad. Pero también podemos decir a la inversa, que es el fantasma el que provoca esta disyunción de la sexualidad y de la necesidad» (42).  Y las zónas erógenas asegurarán la modalidad de la descarga emocional.

 


Las teorías sexuales infantiles


        Una nota agregada por Freud en 1910 a los Tres ensayos modifica un poco su concepción del autoerotismo en función de los nuevos conocimientos aportados por el Análisis de la fobia de un varón de cinco años [1909]. Este análisis, escribe, nos ha revelado «que existe una simbólica sexual, una representación de lo sexual por medio de objetos y relaciones no sexuales, que remonta a los primeros años del dominio del lenguaje». Y también que el autoerotismo y el amor objetal no son dos fases separadas de la evolución del niño. A continuación del onanismo del bebé, que «parece desaparecer después de un corto período», adviene la segunda actividad sexual infantil, momento de la vida que deja  «las marcas más profundas (inconscientes) en la memoria de la persona, determina la evolución de su carácter si sigue sano y la sintomatología de su neurosis si se enferma después de la pubertad» (43).


        En la fase oral primitiva la identificación y la elección de objeto son difíciles de diferenciar una de otra [siempre y cuando estemos de acuerdo en decir que son dos cosas diferentes]. La identificación es un movimiento activo que va primeramente del alter hacia el ego, del adulto hacia el niño, antes de volverse un proceso interactivo e intersubjetivo de construcción de la actividad de pensar, que se desdoblará a través del fantasma en una vertiente inconsciente, la fantasía inconsciente, núcleo deseante del fantasma, y la vertiente preconsciente / consciente de reconocimiento y conocimiento del mundo. Este proceso instituye el trasfondo del contenido mental (o proposicional) de la psiquis individual insertándola en las estructuras institucionales pre-existentes.


        Ahora podemos volver a las  investigaciones sexuales infantiles.


        Parece evidente que los contenidos cognitivos de las diferentes teorías infantiles no son todos de un mismo nivel semántico o referencial.


        Ya hemos visto que en un primer momento la existencia de dos sexos [habría que decir más bien dos géneros] no crea problemas al niño pequeño, pero que él hace la hipótesis de un mismo órgano genital masculino para ambos, "la primera de las teorías sexuales infantiles". La existencia de esta teoría infantil es postulada por Freud como una creencia universal que, contradicha por la realidad, permanecerá inscripta en la fantasía inconsciente [fantasía activa en la vida inconsciente del adulto y que inducirá de varias maneras las teorías científicas y el imaginario colectivo en diferentes épocas]. Un tal postulado se revela operacional para la comprensión o interpretación del psiquismo adulto. ¿Por qué?

¿De dónde viene esta creencia? Primeramente, no es el resultado de una investigación del niño, sería más bien del orden de lo que llamaríamos una teoría intuitiva, es decir, una doctrina que supone un conocimiento inmediato y no discursivo. Es como una consecuencia lógica podríamos decir, un producto de la institución androcéntrica de lo social.


        Un mismo órgano viril para ambos sexos; lo que fue la primera teoría sexual infantil en los escritos anteriores a 1917, será visto más tarde no como una teoría infantil, resultado de una investigación, sino como el carácter principal de la organización genital infantil que la diferencia de la organización genital definitiva del adulto (44).  Esta primacía del falo es el aguijón que lleva al varoncito a la investigación, «busca en los otros  esta parte del cuerpo fácil de excitar, que se modifica y es tan rica en sensaciones», la compara con la suya. El falocentrismo del erotismo adulto es en el fantasma infantil (edípico) el motor de la curiosidad sexual.


        En el curso de sus investigaciones el niño descubre que el pene no es un bien común, primero niega los hechos antes de llegar a la conclusión de que la falta de pene es el resultado de una castración. Freud afirma que «no se puede apreciar en su justa medida la significación del complejo de castración si no se incluye su aparición en la fase de la primacía del falo» (45). Entonces, en el lugar que le corresponde en el fantasma erótico «la niña descubre su inferioridad orgánica (sic!)» (46) y  «comienza a compartir el desprecio del hombre frente a un sexo reducido de una tal manera» (47).  «La mujer reconoce el hecho de su castración» (48)  y «de allí en más es víctima de la envidia del pene» (49).


        El recorrido de la actividad teorizante del niño muestra claramente que él interpreta en función de esquemas de significación que están por fuera de la realidad perceptiva y de las experiencias vividas; si los acontecimientos de la vida del sujeto no se adaptan a esos esquemas que son casi, dice Freud, «como categorías filosóficas» o como «un tipo de saber difícilmente determinable, algo así como una preparación a comprender» (50), entonces el fantasma modifica o acomoda los acontecimientos mimos, y el esquema triunfa por encima de la experiencia individual. Ni la representación de la castración ni la envidia del pene son el resultado de la observación y de la comparación, son una interpretación-teoría infantil, forma o traducción fantasmática individual inducida por lo que llamamos fantasmas originarios. Esos fantasmas originarios pueden ser descritos asimilándolos a las escenas, o más bien esquemas normativos, que con su peso  transindividual y presubjetivo  organizan, après–coup, el lugar del sujeto en el imaginario erótico inconsciente. Si no son, como creía Freud, «esquemas congenitales de origen filogenético», si son segundos en la organización de la psiquis individual, son sobre todo formas o estructuras socio–simbólicas ocultas en las representaciones imaginarias colectivas que regulan la sexualidad. Es difícil delimitarlos, se los puede llamar escena primaria, seducción, interdicción del incesto y castración [y están ligados en el erotismo a los fantasmas arcaicos de la muerte].


        Así, desde el despertar de su capacidad teorizante, en los primeros pasos de su prima philosophia, el niño debe arreglárselas con el trasfondo normativo que le imponen los fantasmas originarios.


        Las otras teorías sexuales infantiles tales como la del origen (¿de dónde vienen los niños?)  y  el lugar corporal del nacimiento, son respuestas a cuestionamientos más cercanos a la realidad de los sentidos del mundo conciente o reflexivo. Pero, ninguna teoría escapa a la torsión que le impone el deseo inconsciente, al lazo que la une a la fantasía inconsciente. La interpretación sádica del coito se impone, entonces, si el núcleo deseante del fantasma está contaminado de entrada por el erotismo que conjuga el amor sexual, la interdicción y la muerte.


        El desarrollo de la sexualidad individual se instaura de manera difásica. El complejo de Edipo, al que esta ligada la eclosión sexual de los primeros años de la vida, «desaparecería en razón de su fracaso, resultado de su imposibilidad interna» (51).  Esa sexualidad es la respuesta a la  pasión  del adulto. El objeto sexual externo se le escapa al erotismo del niño, no es adecuado a su deseo. Sin embargo, las "investigaciones" despertadas por la construcción del deseo fantasmático marcan los primeros pasos de la orientación autónoma en el mundo.


        El final del complejo de Edipo y la intensificación de la represión (refoulement) introducen el período de latencia y la (relativa) amnesia infantil. El redescubrimiento del objeto sexual en la pubertad exige el abandono del "objeto incestuoso", y durante el tiempo de la latencia se habrán erigido «las formaciones reactivas de la moral, del pudor, del asco» (52). Pero, agrega Freud  en una nota de 1935, el período de latencia «no puede provocar una interrupción total de la vida sexual más que en las organizaciones culturales que han incluido en su plan una represión de la sexualidad infantil» (53). Como es el caso de nuestra cultura en la que la emergencia del erotismo históricamente construido reproduce la dominación masculina.


        La instauración en dos tiempos de la sexualidad humana permite comprender este doble origen circular que caracteriza su desfuncionalización.


        El  refoulement y la represión no impiden que los efectos de la "elección de objeto" del niño sigan siendo activos en la fase ulterior, y detrás de la ternura y los afectos deserotizados se esconderán siempre los viejos fantasmas de la sexualidad infantil.


        En la pubertad la excitación sexual se despierta pujante y enciende la concupiscencia y la pasión amorosa, pero la  elección de objeto  se realiza en primer lugar en la representancia y la vida sexual del adolescente se extiende en fantasmas que no todos están destinados a ser realizados (54).  Esos fantasmas  «se injertan en las investigaciones sexuales infantiles abandonadas en el curso de la infancia» (55), o más bien se constituyen sin perder el hilo rojo del deseo que los amarra a las fantasías inconscientes que, recordemos, son a su vez un  «injerto prematuro de un amor pasional».

En estas comarcas del pasado, en esos lugares nunca cerrados de la pre-historia individual, «aún existen los fueros» (56), privilegios que resisten a las elaboraciones cognitivas y a los afectos en lo sucesivo amarrados a creencias y deseos de la vida adulta.


        El erotismo del hombre y de la mujer está inconscientemente sometido a las antiguas prerrogativas de los escenarios del deseo infantil; hasta podríamos pensar que la activación de esas fantasías inconscientes es la condición necesaria para el goce voluptuoso. La «permanencia activa de la sexualidad infantil en la vida psíquica del adulto» no puede ser considerada como residual (57). Ella hace parte, – la práctica analítica lo muestra claramente –, de la fantasmática preconsciente o latente en el coito, y se hace manifiesta en las escenas que acompañan a la masturbación. Los fantasmas que se originan en la fase pre-genital de la sexualidad tienen una historia y una elaboración muy avanzada y se presentan diversamente cubiertos o disfrazados. A veces pueden ser rumiados o acariciados imaginariamente y violentamente rechazados si las condiciones de la realización existen. Los hay típicos como el "fantasma de fustigación" analizado por Freud (58), o bien los fantasmas que hacen intervenir tres personas en la escena del coito. Mas o menos regresivos o "perversos", o a contrario elaborados o sublimados, contienen siempre los rastros de la experiencia vivida de la relación al otro, de la  pasión  del alter.


        Así, el erotismo, expresión de la sexualidad humana desfuncionalizada, socialmente construido a lo largo de la historia, es la resultante de la sexualidad adulta metabolizada, transformada en la vida imaginaria (fantasmática) del niño, sexualidad desfuncionalizada que constituye a su vez el núcleo deseante, la fantasía inconsciente infantil, de todos los placeres de la carne, de todas las voluptuosidades del alma.


        Todo contenido proposicional (mental) del psiquismo humano puede ser erotizado, o lo ha sido ya o lo será. En primer lugar  mencionemos lo que ya lo ha sido en la infancia de cada uno: los apetitos del cuerpo, los apetitos concupiscibles de los que hablaba Aristóteles, el goce que viene del tacto, a la vez en el comer y el beber, así como en los placeres del amor, la lujuria y la gula. ¿Qué mejor ejemplo de la erotización del comer que las célebres cenas de cien ostras de Casanova con Armellina y Emilie? (59).


        El placer se desliza también sobre fantasmas más abstractos. Incluso la Muerte, no la verdadera, sino la otra, la de los vivos, se vuelve voluptuosa cuando se la alía con una idea libertina, según Donatien Alphonse François, experto en fantasmas de libertinaje.


        En segundo lugar, se puede a veces detectar en las profundidades de la especulación filosófica o científica los vestigios que quedan de las teorías sexuales infantiles de antaño. Lo más a menudo es difícil saber si esos rastros vienen de la fantasía inconsciente del investigador o del épistémè de su época, ya que, como acabamos de decir, la construcción de la sexualidad es circular o anaclítica: el adulto en el niño, el niño en el adulto.


        Un etnólogo contemporáneo describe de la manera siguiente el nacimiento de un pequeño guayaki:  «... la mujer levanta al niño, arrancándolo así a la tierra dónde se lo había dejado yacer: metáfora silenciosa de este otro lazo que el hombre ha cortado, hace pocos instantes, con su cuchillo de bambú. La mujer libera al niño de la tierra, el hombre lo libera de su madre» (60).  Interpretación metafórica de los lugares respectivos de la mujer y del hombre, de la futura libertad del niño... ¿Cuánto hay aquí de mito guayaki, de fantasía infantil del investigador, de épistémè occidental?


        Un mismo órgano genital masculino para ambos sexos es, se lo puede constatar, una "teoría sexual infantil"  que tiene graves consecuencias. Una vez establecida la jerarquía de los sexos, y situada la libido dominandi del lado masculino, un solo sexo "viril", virtuoso, ha sido la norma, el patrón, el modelo. La mujer, reducida, acortada, disminuida será, como dice el Diccionario (Littré), la compañera del hombre. Galeno [129 – hacia 200] escribe:  «Todas las partes del hombre se encuentran también en la mujer. La única diferencia, y hay que recordarlo en todo el razonamiento, es que las partes de la mujer son internas y las del hombre externas, a partir de la región llamada periné» (61).  Por ello, «el hombre es más perfecto que la mujer»  y por consiguiente,  «la mujer debe tener los testículos más pequeños y más imperfectos».  Ambroise Paré piensa aún así, pero en su época, mediados del siglo XVI, los sucesores de Vesalio en Padua, primero Realdo Colombo, luego Gabrielle Fallopia (Falopio) "descubren" el clítoris. El gran anatomista Realdo Colombo, al que se le debe la primera descripción de la circulación pulmonar (la "pequeña circulación") hecha en la misma época que Servet (62) cree haber sido también el primero en haber descrito «el lugar del placer femenino»  y en darle un nombre: dulzura de Venus (dulcedo amoris). Es como un pene, «si lo tocáis – Colombo habla más como clínico que como anatomista – lo veréis volverse un poco mas duro y oblongo al punto que uno diría una especie de miembro viril» (63).


        Freud también veía un "pene" en la mujer, o si se prefiere, en la organización genital infantil femenina, que después de 1920 describe no como una teoría infantil, sino como una  realidad psicológica  o una realidad a secas.  «La vida sexuada de la mujer se divide regularmente en dos fases, y la primera tiene un carácter masculino» (64), leemos en La sexualidad femenina. La «función del clítoris viril prosigue» (65) ulteriormente hasta el momento en que «la  mujer reconoce el hecho de su castración y por ende la superioridad del hombre y su propia inferioridad, pero también se rebela» (66). La niña, «al ver  un órgano genital masculino aprende su propia deficiencia» y «la esperanza de tener un día un órgano genital como ese persiste obstinadamente y el deseo sobrevive a la esperanza» (67).


        El imaginario colectivo de una sociedad androcéntrica organizada  en torno a la lógica inconsciente de la primacía del falo hace que su erotismo conserve los antiguos privilegios (fueros) de la dominación masculina y que la creencia de los hombres y de las mujeres mantenga la ilusión de un sexo privilegiado.

 


Notas y Bibliografía


1 Cai Hua: Une société sans père ni mari. Les Na de Chine. Puf, Paris, 1997. p. 14

2  Ibid., p. 95

3 Fabre, Jean-Pierre: L’Abrégé des secrets chimiques. Paris, 1636, p.374. Citado por Gastón Bachelard: El psicoanálisis del fuego, Ed. Schapire, Buenos aíres, 1953, p.88. J.P.Fabre [1588-1658] hizo sus estudios de medicina en la Facultad de Montpellier y desarrolló una filosofia de la naturaleza inspirada en Paracelso; se hizo célebre como especialista de la peste y ocupó el cargo de médico particular de Luis XIII.

Tradicionalmente, después de los pitagóricos, el costado derecho es asociado a lo masculino (y cálido, y perfecto, e impar) y el costado izquierdo a lo femenino (y frío, e imperfecto y par).

4 Freud, Sigmund: Introductión à la psychanalyse.[1916-1917]. P.B.Payot, Paris, 1961. §20. La vie sexuelle de l'homme, p.283. Nota : Las referencias de las obras de Freud están en francés y han sido traducidas por el autor.

5  Le Robert: Dictionnaire historique de la langue française. Paris, 1994.

6 Freud, Sigmund: Introduction à la psychanalyse. Op.cit., p.283.

7 Freud, Sigmund: Trois essais sur la théorie sexuelle. Gallimard, Paris, 1987. p. 179.

8 Freud, Sigmund: Introduction à la psychanalyse. Op. Cit., p.288

9 Freud, Sigmund: Ibid., p.294

10 Freud, Sigmund:  Psychanalyse  et  Théorie de la libido . Oeuvres complètes. Vol.XVI. P.U.F., Paris, 1991. P.193.

11 Ibid. [El error de apreciación está reconocido explicitamente desde 1905, cf. por ejemplo: Mes vues sur le rôle  de la sexualité dans l'étiologie des névroses.]

12 Ibid., p.208

13 Desfunciónalizar: neologismo construido con el prefijo des- que significa la acción de sacar, de retirar o de deshacer. Desfuncionalizar, entonces, significa sacarle la función primaria (etiológica o natural) al sistema, mecanismo o relación de referencia. (Ver más allá en el texto)

14 Si se desea profundizar esta problemática cf. P.Ricoeur : diferencia entre la mismidad [identidad-idem] y la ipseidad [identidad-ipsé]. Soi-même comme un autre. Seuil, Paris, 1990

15 Freud, Sigmund: La naissance de la psychanalyse. P.U.F., 1979. p.83

16 Freud, Sigmund: Œuvres complètes. Op. Cit., Vol.XVI, p.29.

17 Freud, Sigmund: Trois essais sur la théorie sexuelle. Op. cit.,p.106

18 Ibid., p.119.

19 Freud, Sigmund: Esquisse dune psychologie scientifique. In La naissance de la psychanalyse, op.cit., pp. 336-337.

20 Ibid., p.376.

21 Freud, Sigmund: Trois essaís sur la théorie sexuelle. Op. cit., p.131

22 Freud, Sigmund: Les explicatións sexuelles données aux enfants [1907]. La vie sexuelle. PUF, Paris, 1969, p.10.

23 Primera filosofia en el sentido de primera ciencia, o como decía Hobbes  fundamento de todas las otras  susceptibles de ser tratadas segun los procedimientos de la razón natural, más bien que en el sentido de las Meditaciónes de Descartes. Cf. Zarka : L'Etant et la représentation - Hobbes, Descartes -. In : Philosophie et politique à l'âge classique. PUF, Paris, 1998.

24 Freud, Sigmund: Trois essais sur la théorie sexuelle. Op. cit., p. 125.

25 Freud, Sigmund: Introduction à la psychanalyse. Op. cit., p.297.

26 Freud, Sigmund: Trois essais sur la théorie sexuelle. Op.cit., p.124 (année 1915, plus note 1920).

27 Para una discusión sobre la funcionalidad ver Joëlle Proust : Comment l'esprit vient aux bêtes. Gallimard, Paris, 1997. Chap. III, Intentionnalité, comportement orienté et fonction.

28 Utilizo las comillas para llamar la atención sobre los problemas que plantea la causalidad mental. Cf. sobre el particular: Pascal Engel, Causalité mentale et niveaux de causalité. In Revue philosophique, enero-marzo 1995. Donald Davidson, Les événements mentaux. In Actions et événements. PUF, Paris 1993. Vincent Descombes, Les doctrines du matérialisme psychique. In La denrée mentale [5]. Ed. De Minuit, Paris, 1995.

29 Cf. la tesis de Georges Guille-Esuret que sitúa el umbral de la historia de la humanidad a partir de la invención de la  "mode de débitage Levallois" [Musteriense]. Con esa forma de tallado la manera en que el nucléus es  tratado  determina la capacidad de decidir por adelantado la forma de las láminas o de las puntas que van a ser cortadas  (p.259). Durante la hominización el cerebro pasa de 600cm3 (Homo habilis) a 1300 cm3 [Homo sapiens] – durante dos millones de años – sin que el hombre sea un frénetico inventor y, de golpe, se pone a transformar el mundo mientras que su capacidad encefálica permanece imperturbable. (p. 275). Le décalage humain. Le faít social dans l'évolution. Ed. Kimé, Paris, 1994.

30 Espiritu, persona y sociedad. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1953.

31 Estados emocionales que serían del orden de las  emociones primarias  segun A.Damasio :  Las emociones primarias (es decir innatas, preprogramadas, jamesianas) dependen de circuitos neuronales pertenecientes al sistema límbico, en cuyo seno la amígdala y el cortex cingular anterior desempeñan el papel más importante.  L'erreur de Descartes. Ed. Odile Jacob, Paris, 1995. P.177.

32 Freud, Sigmund : Le refoulement. Œuvres complètes. Op. cit., Vol XIII, p.196.

33 Bataille, Georgs: Les larmes d'Eros. Pauvert, 1961 et 1981, p. 60.

34 Freud, Sigmund: Totem et tabou. P.B.Payot, 1972, p. 83.

35 Bataille, Georges: Les larmes d'Eros. Op. cit., p. 60.

36 Laplanche, Jean et Póntalis, J-B.:  Fantasme originaíre. Fantasmes des origines. Origine du fantasme. [1964]. Hachette, Paris, 1985, p. 70.

37 Freud, Sigmund: Trois essaís sur la théorie sexuelle . Op. cit., p. 181.

38 Œuvres complètes. Op. cit., Vol X, pp.142-143 [Note. La idea ya estaba presente en los Tois essaís, dónde escribe : (la madre)  hace don al niño de los sentimientos que provienen de su propia vida sexual, lo acaricia, lo besa y lo acuna, y lo toma muy claramente como substituto de un objeto sexual.  Op. cit., p.166.]

39 Laplanche, Jean: Nouveaux fondements pour la psychanalyse. PUF, Paris, 1987, p.10.

40 Freud, Sigmund: Introduction à la psychanalyse. Op. cit., p..294.

41 Widlöcher, Daniel : Eros infantile. Un malentendu. In, Le fait de l'analyse, n° 3, septembre 1997, passim.

42 Laplanche, J. et Pontalis, J.-B. : Fantasme originaire. Fantasmes des origines. Origines du fantasme. Op. cit., p.72.

43 Freud, Sigmund: Trois essais sur la théorie sexuelle. Op. cit., pp.114 y 116.

44 Freud, Sigmund: L'organisation génitale infantile [1923]. In, La vie sexuelle. PUF, Paris 1969, passim.

45 Ibid. p. 115.

46 Freud, Sigmund: Sur la sexualité féminine [1931]. In La vie sexuelle. Op. cit., p.145.

47 Freud, Sigmund: Quelques conséquences psychiques de la différence anatomique entre les sexes [1925]. Ibid,  p.128.

48 Sur la sexualité féminine. Ibid.,  p.143.

49 Différence anatomique entre les sexes [1925]. Ibid.,  p.126.

50 Freud, Sigmund: A partir de l'histoire d'une névrose infantile [1914]. In, Œeuvres complètes. Op. cit., Vol. XIII,  pp. 116-117

51 Freud, Sigmund: La disparition du complexe d'Œdipe [1925]. In, La vie sexuelle. Op. cit., p.117.

52 Freud, Sigmund:  Autoprésentatión  [1924]. In, Œuvres complètes. Op. cit, Vol.XVII,  p.84.

53  Note. Ibid.

54  Ver los Trois essais, op. cit.,  p.169.

55  Ibid., nota 3 agregada en 1920.

56 Fueros es una palabra castellana que Freud utiliza en una carta a Fliess - «en ciertas provincias aún existen fueros» - (Carta n°52 [6-12-1896] para referirse a la persistencia de leyes psicológicas que han gobernado períodos precedentes. Los  fueros  son privilegios, leyes especiales o prerrogativas feudales de las que gozaban ciertas provincias o ciertas ciudades.

57 Widlöcher, Daniel: Eros infantile. Un malentendu. Op. cit.,  p. 234.

58 Freud, Sigmund:  Un enfant est battu [1919]. In Œuvres complètes. Op. cit., vol XV.

59 Casanova: Histoire de ma vie. Editions Robert Laffont, Paris,1993. Vol.12, chap. II y III.

60 Clastres, Pierre: Chronique des indiens Guayaki. Plon, Paris, 1972,  p. 17.

61 Galien : Œuvres médicales choisies. Gallimard, Paris, 1994.Tomo I,  p.266 y más lejos p. 270 : «Por ello, por supuesto, la mujer debe tener testículos más pequeños, menos perfectos, y la simiente engendrada en ella debe ser más fría y más humeda (puesto que estas cosas provienen necesariamente de un calor insuficiente)».  (Traducción ligeramente diferente tomada de Thomas Laqueur, La fabrique du sexe. p 60)

62  Pero el libro en el que Servet había descripto la "pequeña circulación" fué echado a la hoguera  junto con su autor (Inquisición calvinista), y su descripción no fué conocida antes de 1697. Cf. Mirko D. Grmek y col. : Histoire de la pensée médicale en Occident. Seuil, Paris, 1997. Vol. 2, pp. 19 – 20.

63  Citado por Laqeur, Thomas : La fabrique du sexe. Gallimard, Paris, 1992, p. 90.

64  Freud, Sigmund: De la sexualité féminine [1931]. In, Œuvres complètes. Op. cit., vol. XIX, p. 12

65  Ibid.

66  Ibid., p. 14.

67  Ibid., p. 17.

 


Eduardo Colombo

París, enero de 1999


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