La construcción de problemáticas inconscientes desde el modelo modular

Publicado en la revista nº046

Autor: Winograd, Bruno

Presentación

Me he propuesto, en esta comunicación, reflexionar sobre la posible conexión de cuatro perspectivas conceptuales y un contexto que las contiene y fundamenta.

El contexto

Podría formularse como referido a la complejización de las problemáticas abordadas por la clínica psicoanalítica y las psicoterapias que se articulan con el psicoanálisis como disciplina referencial.

Creo posible recortar por lo menos varios factores que delimitan e influyen en tal complejización:

1)           Extensión de las problemáticas clínico-psicopatológicas más allá del modelo “neurosis”, abordado inicialmente por el método terapéutico psicoanalítico.

2)           Aparición y desarrollo de grupos, escuelas o esquemas referenciales con léxicos y sistemas conceptuales diferentes a variadas formulaciones de Freud.

3)           Cambios culturales notorios con influencias directas o indirectas sobre funcionamientos psíquicos o emocionales que constituyen los objetivos de comprensión, explicación y abordaje terapéutico de la disciplina psicoanálisis. Pueden ejemplificarse con las guerras y los exterminios, cambios básicos en las concepciones de la sexualidad humana; cambio en los valores familiares; desarrollos comunicativos múltiples con el advenimiento de la computación y sus variantes, etc.

4)           El surgimiento de modalidades psicoterapéuticas variadas, algunas sinérgicas o respaldadas en teorías psicoanalíticas, otras con diferencias de distinto grado, planteando múltiples discusiones de los límites del método y a qué se sigue llamando “psicoanálisis”. Si aceptamos la triple definición que alguna vez formulara Freud acerca de nuestra disciplina -o sea teoría sobre el psiquismo, modos de investigar fenómenos psíquicos y método del tratamiento de los síntomas neuróticos-, podríamos sostener que sigue vigente, pero debería agregarse que la expansión mencionada anteriormente afecta las estructuras, alcance y posibilidades de las tres áreas de la definición comentada.

Esto constituiría lo que denominamos el contexto; en cuanto a las perspectivas o referencias conceptuales que podrían contribuir al abordaje de tal complejidad, mencionaré las siguientes que considero de interés, aunque por supuesto no son excluyentes ni suficientes ni pretenden resolver todas las temáticas contenidas en la mencionada complejidad.

Se trata de articular aportes que han surgido en el desarrollo disciplinario y pueden resultar correlativos en los planos explicativos, comprensivos y abordajes clínicos del mencionado desarrollo y complejidad de la disciplina.

Voy a referirme entonces a:

1)           El modelo Modular-Transformacional introducido por Hugo Bleichmar, conteniendo propuestas para una diversificación motivacional conectada con reformulación de la teoría, psicopatología clínica y técnica psicoanalítica y psicoterapéutica.

2)           La complejización del concepto “inconsciente” presente, por un lado, en los aportes citados anteriormente, pero también en exámenes que realizamos en lecturas de la obra de Freud y otras perspectivas del psicoanálisis contemporáneo.

3)           La importancia y valor de la teoría de los procesos identificatorios como articuladora de las perspectivas citadas y en las concepciones del desarrollo infantil y su conexión con los problemas psicopatológicos y clínicos.

4)           Las perspectivas que tales reformulaciones (y otras no incluidas por motivo de síntesis) aportan a la extensión y posibilidades terapéuticas del método psicoanalítico y de las psicoterapias vinculadas al mismo.

Introducción

Para desarrollar las perspectivas propuestas cabe mencionar, a la manera de supuestos previos, algunas consideraciones acerca de las problemáticas subyacentes:

1)           Se pueden generar problemas en el campo clínico y psicopatológico del psicoanálisis contemporáneo cuando se sostienen a nivel explicativo sistemas motivacionales excluyentes o determinantes últimos. Estas cuestiones presentan matices múltiples que, por razones de síntesis, no podemos considerar. Pero sí cabe postular que al variar las problemáticas clínico-psicopatológicas, por un lado, y aparecer distintas escuelas con sus léxicos diferentes, también variarán las motivaciones propuestas, lo cual resulta interesante, pero también genera dos riesgos:

a)         Que las motivaciones diferentes que cada grupo propone adquieran valor causal de un determinismo básico excluyente.

b)         Que las distintas problemáticas clínicas se adscriban a tal modelo motivacional.

Ejemplificando muy brevemente:

Puede realizarse una lectura de Freud considerando que el desarrollo psicosexual y su culminación (ilustrada por las polémicas sobre el modelo pulsional) es determinante última de todas las vicisitudes de la conducta humana. Tal postura puede llevar a cierto “condicionamiento” en la lectura de cualquier sintomatología en el diverso y polisémico panorama actual.

Lo mismo puede suceder en una lectura posible de la comprensión de la obra de Heinz Kohut y la Psicología del Self. Puede atribuirse cualquier problema sintomático a una vicisitud del narcisismo. En última instancia, por supuesto, se trata de ejemplos limitados y discutibles pero que resultan un punto de partida posible para la valoración del modelo modular.

En cuanto al segundo factor, la complejización del concepto inconsciente, podemos señalar como punto de partida una lectura que realizamos de la obra de Freud bastante consensuada, pero con variantes en los aportes pos freudianos.

Cabe subrayar que la lectura que proponemos tiene un matiz personal, por un lado, aunque coincide con muchos de los desarrollos de Bleichmar, por otro, pero sería difícil sostener una convergencia en las múltiples perspectivas conceptuales del psicoanálisis contemporáneo. Lo que sostenemos es que las nociones iniciales del concepto inconsciente en Freud aludían a un sector psíquico que tenía contenidos estipulados y un funcionamiento, descritos por la teoría que se constituía a través de ciertos conflictos y de operaciones específicas. En el caso planteado, la esencialmente jerarquizada la constituía el “proceso represivo”. La ampliación que proponemos mantiene algunos aspectos de la definición general de inconsciente, por de pronto el de tratarse de aspectos psíquicos fuera del de registro de la conciencia y que además tienen importancia causal determinística ya que contribuyen a motivar e influir conductas psíquicas emocionales y factuales. Pero también supone algunas variantes en la conceptualización del inconsciente y su conexión con otros sectores del sujeto, particularmente la conciencia y algunos de sus funcionamientos. Dichas variantes se postulan tanto en el origen y estructuración de los contenidos del inconsciente y también -y esto resulta particularmente relevante- en el funcionamiento global de la relación entre contenidos y dinámicas inconscientes y aspectos de la conducta del sujeto con la implicancia que estas consideraciones pueden contener en los distintos ordenes psicopatológicos. Podemos mencionar como antecedentes en esta postura algunas comunicaciones compartidas con Augusto Piccolo en publicaciones anteriores (Piccolo y Winograd, 1978-1986) y también aparecen como sistemas conceptuales marcadamente desarrollados en los estudios mencionados de Hugo Bleichmar. En efecto, en los escritos de Freud y otros autores, los distintos modos de concientizar los conflictos humanos estudiados por el psicoanálisis, estaban referidos a un tipo de funcionamiento del inconsciente y sus vínculos significativos con la conciencia, tanto en el psiquismo saludable como en la psicopatología, mediatizado por las distintas alternativas del proceso represivo. Al sostener aquí la postura de que existen otros modos de conexiones entre el inconsciente y la conciencia, que se refieren a variantes conceptuales que ya han sido formuladas, podría ser coherente la postura de que los parámetros de concientización y sus distintas variaciones, sobre todo en el campo psicopatológico y el de abordaje, necesitan ser reformulados.

Examinando la obra de Freud como un conjunto de distintos aportes e instrumentos que no resultan sencillamente homogeneizables aunque sí eventualmente articulables, podemos registrar distinto desarrollo del concepto de inconsciente tal como lo hemos sostenido en estudios publicados con Augusto Piccolo y Félix Schuster en 1976 y 2000.

A lo que me estoy refiriendo -y tendré que ser lo mas conciso por motivos de síntesis- es que no todas las situaciones implican expulsión de la conciencia, sino que se trata de modalidades psíquicas que no alcanzan a expresarse en el plano conciente y se desarrollan fuera de él, sin que esté mediatizado por el mecanismo de expulsión de la misma. Es decir, que desde esa perspectiva se trataría de procesos inconscientes pero no necesariamente “reprimidos”. Esta perspectiva conceptual -que, en mi opinión, alude a operaciones inconscientes que producen efectos en el plano de los sufrimientos del psiquismo sin responder a la modalidad de la neurosis y su funcionamiento específico de represión- tiene un desarrollo más contundente y preciso en lo que se llama la segunda tópica freudiana, surgida a partir de 1923 del trabajo del “yo y el ello”. Allí lo que se podría llamar sistema inconsciente ya no pertenece exclusivamente a lo “reprimido”, sino que parte de las estructuras valorativas interdictivas que Freud propone en “El yo y el ello”, a saber el “superyó” como estructura interdictiva y valorativa y la estructura mediatizadora llamada “yo” que, en este caso, tiene también un contenido funcional diferente a otras acepciones del concepto del “yo”.

Es decir, lo que pretendo enfatizar en esta lectura de la obra de Freud en los distintos autores ejemplificables por Hugo Bleichmar y en trabajos que hemos realizado, es que construir una conceptualización del inconsciente que tenga en cuenta la complejización que mencionamos introductoriamente y que resulte operativa para la explicación de las distintas problemáticas clínico psicopatológicas, implican necesariamente ampliar el modelo inicial de un espacio con representaciones pulsionales para incluir en él, además de la misma, lo que podríamos llamar representaciones valorativas, los ideales, la representación de distintas experiencias relacionales o vinculares, etc. Sólo cabe agregar que desde este contexto, cuando examinamos las distintas variantes de lo que puede llamarse inconsciente en el psicoanálisis contemporáneo, tendríamos que incluir en su producción, además del proceso “represivo” de la primer época que no queda excluido, una serie de modalidades entre las cuales en esta comunicación se pretende enfatizar el aporte de los procesos identificatorios que será el punto siguiente a examinar en esta perspectiva.

Los procesos identificatorios

Las teorías de los procesos identificatorios iniciada por Freud ya desde sus primeros trabajos, remiten a la influencia fundamental de las conexiones entre el sujeto y sus personajes significativos, que van instalándose en la estructura interna del psiquismo y que son tratados por Freud desde esta perspectiva con alguna diferenciación entre los trabajos que anteceden a “Introducción al narcisismo” y los que continúan este trabajo. Los primeros están presentes en los primeros desarrollos enfatizados en “La interpretación de los sueños” y con algunas explicaciones de los síntomas en el “Caso Dora”, refieren a un proceso relacional en el cual algún rasgo de un aspecto de un sistema vincular con el cual el sujeto está conectado, es instalado en el propio sujeto de un modo transitorio aunque forme parte de su síntoma. Esto puede ser ejemplificado en algunos síntomas de Dora y en algunas consideraciones de “La interpretación de los sueños”. Por una necesidad de síntesis mencionada, solo plantearé que este modo de conceptualizar el proceso identificatorio varía notoriamente con lo que sostiene a partir de “Introducción al narcisismo”, “Duelo y melancolía” y “Psicología de las masas”, donde ya se trata de un proceso relacional mucho mas constante y que influye no solamente un aspecto sintomático sino que también la estructura interna del sujeto. Es decir, que en estos últimos grupos de trabajo, el proceso identificatorio es entendido como proceso central en el desarrollo emocional del sujeto y que predica acerca de los rasgos, modalidades y funcionamientos de los personajes significativos que se instalan como tales y la relación con los mismos en la estructura interna del sujeto. O sea, que el proceso identificatorio forma parte central del desarrollo del sujeto psíquico dentro de la matriz intersubjetiva que es la que el psicoanálisis considera fundamental para tal experiencia procesal.

Sintetizando, la teoría de los procesos identificatorios remite a la influencia fundamental de las relaciones entre el sujeto y sus personajes significativos, que se establecen en la configuración interna del psiquismo y que influenciarán, por un lado, el desarrollo infantil y, también, la producción de múltiples y variadas problemáticas que estarán fuera de la conciencia del sujeto, con lo cual establecemos una conexión muy significativa entre la complejización del inconsciente que habíamos mencionado en el apartado anterior, por un lado, y esa perspectiva de los procesos identificatorios que tendría un valor causal sumamente relevante, tanto en lo que decíamos antes en el desarrollo infantil del sujeto como en la producción de alternativas fuera de la conciencia del mismo.

Perspectivas psicopatológicas y de abordaje

De acuerdo a las tres posturas sostenidas anteriormente, a saber: variantes motivacionales que descarten la motivación única, central o primaria, por un lado; variantes de perspectivas inconscientes mas allá del modelo y proceso de la represión; y, tercero, la importancia de los procesos identificatorios en la estructuración del desarrollo psíquico y emocional, por un lado y de los distintos conflictos que puedan resultar fuera de la conciencia del sujeto, por el otro, se conectan relevantemente con las complejidades clínicas por un lado, con las múltiples alternativas psicopatológicas que esa nueva visión de las problemáticas contemporáneas implica y, también, con las distintas variantes de abordaje que hacen que autores de ámbitos muy diferentes planteen que la clínica y el método psicoanalítico y psicoterapéuticos actuales, además de ser un campo de aplicación de los modelos teóricos como puede ocurrir con los primeros momentos del desarrollo disciplinario, se transforman en un campo de tal grado de complejidad y variantes que puede funcionar metodológicamente como el ámbito desde el cual reformular permanentemente los modelos explicativos y las bases teóricas, tanto del psicoanálisis como de las psicoterapias que de algún modo se articulan con el mismo. O sea, que las variantes motivacionales, las de alternativa de problemáticas inconscientes y las de los procesos identificatorios que contribuyen a las mismas, supondrán que en el abordaje de problemáticas clínicas se instale lo que se llamó perspectiva de la singularidad en el sentido de que cada proceso clínico tendrá sus propias leyes de funcionamiento, basado en cómo se combinan esos factores y que se esté empezando a pensar mucho más en lo que algunos autores llaman modelo de medida para cada experiencia clínica. También surgirá la noción de estrategias en cada proceso terapéutico que permitan combinar las problemáticas motivacionales, los procesos identificatorios y las variantes de conflictos inconscientes, con este proceso clínico en particular.

Desarrollo de la comunicación

Entiendo que el análisis efectuado en la presentación e introducción ya mencionadas pretende confluir en algunas cuestiones sugeridas por el título de la comunicación. Básicamente, que en la medida que las posibilidades motivacionales que sugiere el modelo modular que citaré muy esquemática y brevemente implicarán si aceptamos esas perspectivas, distintas posibilidades identificatorias por un lado y distintas producciones inconscientes correlativas que justamente resultan el eje de la presente comunicación.

Algunas consideraciones más específicas sobre el modelo modular

Básicamente puede sostenerse que la obra de Bleichmar presenta una continuidad entre distintos textos, conteniendo aspectos variados de la teoría de la práctica psicoanalítica. Principalmente entendemos que existe una secuencia complementaria entre cuatro de dichos textos, a saber: “La depresión”, “El narcisismo”, “Angustia y fantasma” y el último, “Avances en psicoterapia psicoanalítica”, más otros trabajos aislados, donde se plantea explícitamente el sistema que intentamos describir que, por supuesto, se hará esquemática y muy sintéticamente pues la amplitud y las variadas perspectivas exigirían una exégesis totalmente incongruente con los objetivos de la presente comunicación.

Señalaba que existe una continuidad conceptual y nuevos aportes en cada uno de estos textos que puede leerse como un complemento o un desarrollo del anterior. Mientras en la depresión, Bleichmar analiza distintos aspectos de esta problemática psicopatológica y clínica, en el “narcisismo” extiende las problemáticas que ya se habían planteado en la depresión a una serie de fenómenos vinculados con esta temática introducida por Freud y por otros autores postfreudianos y que es desarrollada tanto en sus aspectos teóricos como en sus modos de inscribirse en el psiquismo, en sus consecuencias psicopatológicas y en algunas propuestas de abordaje.

El texto siguiente, “Angustia y fantasma” tiene como uno de sus ejes un replanteo de la estructura del inconsciente en el psicoanálisis, tratando de instrumentar dicha concepción del inconsciente acorde con los problemas psicopatológicos clínicos que el psicoanálisis ha tenido que ir enfrentando y también conectándolo con distintos aportes postfreudianos, alguno de los cuales no han permitido o no han propuesto una reformulación en el sistema de inconsciente como funcionamiento mental, cosa que sí intenta Bleichmar planteando el funcionamiento del inconsciente que ya habían sido iniciado en el narcisismo y que es formulado más extensa y detalladamente en “Angustia y fantasma”.

Básicamente, plantea que los funcionamientos inconscientes no resultan solamente consecuentes al proceso represivo y a las estructuras funcionales vinculadas a él, sino que se propone una compleja organización que también contiene sistemas generales llamados creencias matrices que, a través de sus combinatorias con elementos más particularizados, permiten concebir un complejísimo funcionamiento que pretende dar cuenta de distintos fenómenos clínicos.

En “Avances en psicoterapia psicoanalítica” es donde se formula explícitamente la propuesta de un sistema modular para definir la estructura de la mente inconsciente. En este sistema modular confluyen distintos núcleos motivacionales que, según Bleichmar, no deberían tener un determinismo o causalidad única, sino que presentarían posibilidades causales cada uno de ellos, si bien articulados entre sí y combinándose con distintas experiencias, tanto en el desarrollo psíquico como en la relación del sujeto con los personajes significativos y en el propio dinamismo de lo inconsciente a través de las múltiples experiencias vitales que un sujeto afronta en su curso existencial.

Estos sistemas modulares, basados en propuestas del campo de la lingüística, son conectados por Bleichmar resaltando una propuesta básicamente congruente con el sistema conceptual freudiano que también incorpora aportes postfreudianos, en la cual los distintos núcleos motivacionales, llamados módulos, tendrían valor explicativo en problemáticas específicas del psiquismo humano y se construirían en el vínculo del sujeto con sus personajes significativos. Hay que enfatizar que para Bleichmar la presencia de los objetos significativos y la realidad exterior tienen un fuertísimo valor explicativo causal, siguiendo la tradición que en el psicoanálisis pudieron haber planteado Balint, Kohut o Winnicott, sin por ello descuidar la importancia de las combinatorias internas; pero, para Bleichmar, el peso de la influencia de los objetos significativos como determinante del funcionamiento de los múltiples matices inconscientes del sujeto y, sobre todo, un énfasis muy particular en los procesos identificatorios, tal como ya fueron planteados por Freud a partir de la introducción al narcisismo, marcan el contexto en que se ubican los distintos núcleos motivacionales o módulos que él propone.

Los módulos básicos considerados por el autor serían los siguientes: por un lado, el “sistema sensual-sexual”, que está vinculado a los desarrollos de la psicosexualidad a la manera de los que fueron planteados por Freud y por muchos desarrollos postfreudianos vinculados con el placer erótico y los múltiples matices de la psicosexualidad derivando en la genitalidad adulta; por otro, el “sistema del narcisismo” al cual Bleichmar le da una mayor autonomía y no lo hace depender sólo del desarrollo psicosexual, aunque esté permanentemente articulado con éste; encontramos, también, lo que Bleichmar llama el sistema de apego que, si bien está conectado con la propuesta de Bowlby, tiene una perspectiva propia pues plantea la necesidad vincular del sujeto, el vínculo con los otros, del encuentro con los otros y enfatiza mucho la temática de la intimidad construida a través de ese encuentro. También el módulo “apego” supone necesidades relacionales que también interactúan permanentemente con los otros módulos, pudiendo influenciarlo y ser influenciado por ellos. Los otros dos módulos que propone Bleichmar son los que él llama “auto y hetero-conservación”, vinculado con las necesidades de seguridad que el sujeto tiene, pero que no son solamente de orden causal biológico sino, también, como en todas las otras perspectivas, están influenciadas por los otros significativos y su aporte al sujeto, también por la búsqueda del sujeto de sus propios aportes hacia los otros. El otro sistema se refiere a lo que llama “regulación psicobiológica” vinculada también con situaciones de equilibrio emocional, conectado con las múltiples variantes neurovegetativas que, a su vez, están conectadas con todos los otros sistemas y también permanentemente determinada e influida por la relación entre el sujeto y sus personajes significativos y los múltiples procesos identificatorios que marcan, desde esa perspectiva la estructura interna, la configuración de dichos módulos y, por lo tanto, la modalidad del funcionamiento del inconsciente en el psiquismo humano y su influencia sobre la conducta, los vínculos, los recursos y las múltiples experiencias existenciales.

Podemos enfatizar, entonces, que la introducción de este sistema conceptual abarca distintos campos del psicoanálisis como disciplina, pretendiendo dar cuenta de funcionamientos psíquicos. En primer lugar, como ya señalamos, las distintas motivaciones que no se reducen solamente a estos núcleos o sistemas básicos, sino que interactúan entre sí, se combinan con las múltiples experiencias del sujeto y, por lo tanto, tienen incidencia en el funcionamiento habitual del mundo interior del sujeto y, sobre todo, en su sistema inconsciente -de algún modo título de esta comunicación- que por supuesto implica la notoria influencia de distintas combinatorias en el desarrollo infantil humano y sus consecuencias en la línea salud-sicopatología. Uno de los objetivos de esta reformulación es lograr una complejización del concepto de inconsciente que pueda dar cuenta de la problemática compleja que la clínica y la psicopatología psicoanalítica enfrentan en los tiempos actuales. Pero así como se conectan con la estructura del inconsciente, también implican formulaciones de diagnóstico, combinatorias psicopatológicas, ya que según este modelo las combinatorias son las que van a dar cuenta de la posibilidad de un diagnóstico dinámico de la problemática clínica del psicoanálisis. Las combinatorias entre las vicisitudes de los módulos, las de los procesos identificatorios que los influyen, el interjuego entre el sujeto y los personajes significativos y con su propia dinámica interior, darán lugar a combinatorias con una modalidad de estructura psicopatológica basada en dichas combinatorias que, a su vez, estarán vinculadas con las experiencias motivacionales de las relaciones y los procesos identificatorios.

Se trata, así, de proponer una articulación entre funcionamientos inconscientes, núcleos motivacionales y estructuras psicopatológicas que están basadas en esa combinatoria, tratando de cuestionar los modelos estáticos que identifican la estructura con el sujeto. El sujeto, desde esa perspectiva, presentará -y esto es absolutamente coherente con nuestras observaciones y experiencias clínicas- mucho más énfasis en cuáles son las combinaciones, los módulos, más presentes que en una especie de unidad estructural donde se identifica estructura psicopatológica y persona.      

Otro de los objetivos de la propuesta de este sistema conceptual es conectarlo con los modelos de abordaje de la técnica psicoanalítica donde se propone una necesidad de enfoques singulares como ya fue señalado, pero coherente con los predominios motivacionales, con los de combinatorias, con los de sistemas defensivos y de manejos de ansiedad de cada sujeto en singular y también de cómo van a incidir los procesos identificatorios con sus personajes significativos en sus funcionamientos psicopatológicos pero también en sus recursos productivos. También cabe resaltar que para este modelo hay un énfasis en cuál va a ser el funcionamiento del analista o del psicoterapeuta en el campo clínico, que tendrá que ser acorde con la necesidad de modificación de los sistemas motivacionales más alterados o más interferidos psicopatológicamente y donde la actitud -no solamente en cuanto a los contenidos semánticos interpretativos, sino a la posición emocional y la importancia de las formas en el abordaje y la actitud del terapeuta- va a ser crucial en la posibilidad de modificación y de cambio. En este sistema se cuestiona la neutralidad o la distancia emocional, no la neutralidad ética, planteándose la participación emocional del analista congruente con cada combinatoria predominante, que contraste con los sistemas etiológicos causantes del sufrimiento y las perturbaciones psicopatológicas, en el sentido que en esta perspectiva el analista o el psicoterapeuta tendrán que presentar modalidades fuertemente contrastantes con los aspectos más deteriorantes de los personajes significativos. O sea, que no solamente se preconiza una estrategia basada en los contenidos conflictivos a enfatizar en cuanto a su decodificación inconsciente o la problemática de la semántica y significaciones inconscientes; la forma y la presencia y la participación afectiva del analista, necesitada de complementar su búsqueda de contenidos, también van a resultar cruciales en la posibilidad de cambio o en las alternativas iatrogénicas que, según este modelo, son muy claras cuando se repiten sutil o groseramente ciertos modelos que, en lugar de posibilitar los cambios, perpetúan alguna sintomatología por parciales concordancias con ciertas modalidades de los personajes significativos que pueden ser, ya sea de introducir culpa o minimizar la propia participación o generar distancias que no son congruentes con la posibilidad de transformación en el psiquismo. En ese sentido, enfatizamos que se trata de una propuesta conceptual que abarca todos los territorios de la teoría, la psicopatología, la clínica psicoanalítica y psicoterapéutica y su abordaje y que nos parece una muy interesante posibilidad para examinar nuevas alternativas teórico-clínico-técnicas del psicoanálisis y de la psicoterapia psicoanalítica en el mundo actual y también para permitir que en distintos esquemas postfreudianos, introducidos crítica y parcialmente y examinando cómo han contribuido a cada uno de los módulos que este sistema plantea, lo cual supone una posibilidad de articulación crítica operativa instrumental de muchos de dichos aportes a un sistema que, sin pretender un eclecticismo ni una sumatoria absoluta, permita un procesamiento crítico de complementariedades instrumentales posibles.

Desde esta perspectiva, creemos que hay un aporte interesante a nuestra compleja, difícil y variada clínica actual; por una parte, las distintas estrategias psicoterapéuticas que tienen al psicoanálisis como referente necesitarán enfocar en la singularidad de cada problemática clínica; por otra, en un sentido más abarcativo, puede constituir una respuesta a las críticas al psicoanálisis, sobre todo contenidas en el “libro negro” y sus continuadores, que parten del supuesto de considerarlo una especie de disciplina estática desde las primeras obras de Freud y no contempla para nada sus múltiples variaciones, desarrollos, aportes críticos, discusiones internas que, de algún modo, no tratan de armar una especie de defensa corporativa, pero sí de señalar que si de discutir el psicoanálisis se trata, no podría estar ausente esta notoria complejización en la clínica contemporánea.

Solamente como curiosidad al margen cabe decir que algunos de los principales coordinadores de lo que se llamó el “libro negro o la muerte del psicoanálisis”, señalan como excepción el hecho de que esta muerte, decadencia, etc. sucede en muchos ámbitos menos en Francia y en la Argentina. Creo que esta observación es interesante porque justamente son ámbitos donde se ha desarrollado mucho la investigación sobre la complejidad clínica.