Un modelo integrativo para la mentalización

Publicado en la revista nº053

Autor: Lanza Castelli, Gustavo

En la mayor parte de los trabajos que tienen como tema el constructo mentalización, o que han sido escritos desde este enfoque, es posible advertir que la capacidad de mentalizar es considerada con independencia de otros procesos psíquicos -largamente estudiados por el psicoanálisis- que tienen lugar en el funcionamiento mental normal y patológico.


Por mi parte, en tanto considero que resulta teóricamente pertinente y clínicamente útil intentar realizar una integración de la mentalización con (al menos algunos de) dichos procesos, y habiendo llevado a cabo en otras ocasiones algunos intentos en esta dirección (Lanza Castelli, 2012, 2013, 2014a, 2014b, 2015; Lanza Castelli-Bouchard, 2014), continúo ahora por este camino, desde otro punto de vista.


Por esta razón, en el presente trabajo propongo algunas consideraciones sobre un modelo integrativo en vías de elaboración, que la incluye en un contexto que también toma en consideración algunos de los procesos mencionados.


En esta ocasión consignaré algunos de ellos y los articularé con la mentalización y sus fallas, en un gráfico comentado que presento en la segunda parte de este trabajo.


En la primera parte reseño brevemente el constructo mentalización y en la tercera aplico e ilustro este modelo, para lo cual me valgo de la transcripción de dos historias de un protocolo del Test de Situaciones para la Evaluación de la Mentalización (TESEM), que analizo con cierto detalle.


La razón de ser de la utilización de este material, al modo de una viñeta clínica, radica en que en la medida en que dicho instrumento fue inicialmente diseñado para evaluar la capacidad de mentalizar, tanto las historias que se le presentan al entrevistado como las preguntas que con posterioridad se le realizan tienden a este objetivo, por lo que resulta ilustrativo de los procesos que aparecen cuando falla el mentalizar. Ésta es una de las ideas centrales del modelo integrativo al que hago referencia: que la falla en el mentalizar es correlativa de la activación de otro tipo de procesos, estudiados por el psicoanálisis, algunos de los cuales veremos a continuación.


La otra idea es que el proceso mentalizador, aun cuando no falle, es pasible de ser articulado con otros conceptos psicoanalíticos (como el concepto de patrones vinculares, por ejemplo) con los que puede combinarse de un modo fructífero y enriquecedor de la captación de la personalidad y de la problemática del paciente o entrevistado.


En lo que hace al TESEM, cabe referir que consta de 11 historias que se le presentan al entrevistado una por una. Tras la lectura de cada una de ellas, se le realizan una serie de preguntas cuyas respuestas son el material a partir del cual se extraen las conjeturas sobre las variables a las que nos estamos refiriendo (la mentalización y los procesos que aparecen ante su falla, o que la complementan).


En lo que sigue caracterizo sucintamente en qué consiste la mentalización, a continuación sintetizo el modelo que propongo, e intento ubicar el lugar de la mentalización en él. Tras ello, procedo a consignar y analizar con cierto detalle las historias mencionadas y por último llevo a cabo algunas reflexiones a modo de conclusión de este trabajo.


A) La mentalización


De un modo sumamente sintético podríamos decir que la mentalización es una capacidad que se adquiere en el curso del desarrollo, en el vínculo con las figuras de apego, y que habilita al sujeto para comprender el comportamiento propio y ajeno en términos de estados mentales.


Podemos diferenciar en ella cuatro áreas:


1) Aprehensión de la naturaleza de los estados mentales, que incluye la posibilidad de aprehender a estos últimos como eventos subjetivos (por ejemplo, como meras representaciones). Su fracaso se complementa con la reactivación de modos prementalizados de experimentar el mundo interno (equivalencia psíquica, modo “hacer de cuenta” (pretend mode), modo teleológico) (Fonagy et al., 1998; Bateman, Fonagy, 2004).


2) Construcción de un modelo de la mente ajena flexible y suficientemente complejo, que incluye la identificación de sus modos de funcionamiento y de los estados mentales que contiene, diferenciados de los propios.


En este caso, la mentalización consiste en una serie variada de operaciones psicológicas que tienen como elemento común focalizar en los estados mentales de los demás. Estas operaciones incluyen un conjunto de capacidades representacionales y de habilidades inferenciales, las cuales forman un mecanismo interpretativo especializado, dedicado a la tarea de explicar y predecir el comportamiento ajeno mediante el expediente de inferir y atribuir al sujeto de la acción determinados estados mentales intencionales que den cuenta de su conducta (Gergely, 2003; Fonagy, 2006).


 3) Construcción de un modelo de la mente propia, que permite la identificación, diferenciación y denominación de modos de funcionamiento y estados mentales propios.


En el centro de esta capacidad encontramos la afectividad mentalizada, de indudable valor clínico. Esta mentalización de la afectividad incluye tres procesos: identificación, regulación y expresión de los afectos.


De un modo muy somero podríamos decir que la identificación alude a la capacidad que posee un sujeto para identificar y denominar el afecto que experimenta, como así también para discernir los nexos que existen entre distintos afectos.


La regulación o modulación del afecto implica, en su forma básica, la modificación del mismo, sea en su duración o en su intensidad.


La forma compleja de la modulación tiene que ver con la reevaluación de los afectos, con la reinterpretación del sentido de los mismos, a través de la cual se llega a tener una mayor comprensión de la complejidad de la propia experiencia afectiva, en la medida en que se la mira en relación con los acontecimientos de la propia historia y de la experiencia personal.


Por último, la expresión de los afectos se mueve en la opción entre refrenar dicha expresión o dejarse ir.


La identificación del afecto es un prerrequisito para su expresión, y la modulación del mismo lo es para su expresión eficaz en el terreno interpersonal, que implica la expectativa de cómo dicha expresión será recibida por el partenaire, así como el deseo de ser entendido y  respondido en alguna forma (Allen, Fonagy, Bateman, 2008; Jurist, 2005)


4) Regulación emocional y conductual, que implica regular las propias emociones y ser capaz de llevar a cabo una acción mentalizada (Lanza Castelli, 2016).


B) Un modelo integrativo para la mentalización




En el modelo que ilustro con este gráfico, integro el funcionamiento de la mentalización junto con otros procesos y contenidos de la mente. Tomo como andamiaje el modelo de los patrones vinculares propuesto por  Luborsky y Crits-Christoph (1998) y por Horowitz (1997) -que en el gráfico queda representado por las flechas que unen al self y al objeto- sobre el que articulo un conjunto de procesos y contenidos que consigno en lo que sigue.


Los tres ítems que tomo como organizadores de mis comentarios, corresponden a cada uno de los tres vectores que componen el patrón vincular mencionado: deseo o expectativa del self; respuesta del objeto; reacción del self a la respuesta del objeto.


I) Sistemas motivacionales, deseo y acción del sujeto:


Según la situación interna y externa, en las más variadas situaciones de la vida se activan distintos sistemas motivacionales, según la propuesta de Bleichmar (1997). Encontramos en este aspecto una primera complementación al punto de vista de Fonagy y colaboradores, quienes sólo toman en consideración el sistema de apego (Fonagy et al., 2002).


Por mi parte, y en sintonía con Hugo Bleichmar y la mayor parte de los autores psicoanalíticos, considero de la mayor importancia teórico-clínica tomar también en consideración, además del sistema de apego, el sistema de autoconservación, el sistema sensual-sexual y el sistema narcisista (Bleichmar, Ibid), sin pretender que esta enumeración sea exhaustiva y que abarque la totalidad de las motivaciones posibles de un sujeto (Bilbao Bilbao, 2014).


Estos sistemas se expresan en el psiquismo preconsciente-consciente como deseos cualitativamente diferenciados que, por así decirlo, ingresan en él tras sortear un mecanismo de evaluación y selección inconsciente, que deja pasar algunos de ellos y deniega el acceso a otros, según lo permita, o no, la instancia crítica (Superyó en la teoría clásica).


Hay aquí toda una serie de alternativas, referidas a la claridad con la que el paciente identifica sus deseos, el temor o rechazo que le inspiran, la crítica que recae sobre ellos, etc. Estamos aquí en el territorio del conflicto intrapsíquico, típico (aunque no exclusivo) de las neurosis.


Esta instancia crítica, que en general incide en la activación de las defensas, puede ser, a su vez, mentalizada (Bouchard, Lecours, 2004), y sobre ella pueden recaer también diversas defensas (por ejemplo, la refutación o desmentida de sus juicios, como se verá en la viñeta clínica).


Una mentalización adecuada de los propios deseos permite la conexión y el registro vivencial de los mismos, mientras que las defensas impiden dicho registro. Encontramos aquí una contraposición entre mentalización y defensa.


Si incluimos ahora la dimensión interpersonal, además de la intrapsíquica considerada hasta acá, podríamos decir que junto con dichos deseos encontramos también anticipaciones -habitualmente preconscientes- respecto al modo en que el otro responderá a la exteriorización del deseo de que se trate.


En estas anticipaciones podemos diferenciar dos categorías, que si bien son claramente diferentes, pueden superponerse o combinarse en lo concreto de su accionar.


a) las anticipaciones basadas en el conocimiento del otro, de su forma de reaccionar ante la situación en la que se encuentra, o basadas en ciertas claves conductuales, en el conocimiento de cuáles son los estados mentales esperables dadas ciertas circunstancias, etc., que suponen un buen funcionamiento de la capacidad de mentalizar y permiten construir conjeturas plausibles referidas a la forma en que el otro recibirá la manifestación del deseo.


b) las anticipaciones que derivan de una serie de creencias organizadas como relaciones objetales internalizadas en la mente del sujeto, esto es, como representaciones del self y el otro en interacción (Kernberg, 1977; Horowitz, 1991), cuya aplicación a la situación de que se trate puede no tener relación con las características efectivas del otro.


Esto se debe a que el objeto interno puede ser proyectado en el otro de la interacción, con lo cual las anticipaciones se alejan del mentalizar y se moldean sobre las características de dicho objeto interno. Encontramos en este punto una contraposición entre mentalización y proyección.


En el primer caso, el funcionamiento de esta actividad anticipadora (que forma parte del mentalizar) es fundamental para dosificar el modo y la cantidad de información que se le brinda al otro, así como para llevar a cabo la regulación o eventual inhibición de la acción que se despliega en relación con él. En relaciones de alta sintonía, funciona adecuadamente en forma automática. Con Marc-André Bouchard hemos mostrado en otro lugar su importancia para la canalización y puesta en acto de los deseos, de un modo interpersonalmente satisfactorio (Lanza Castelli-Bouchard, 2014).


Cuando hay un déficit en este punto, la persona no puede anticipar cómo incidirá en al otro lo que haga o diga, y actúa impulsivamente o con poco tacto (así, por ejemplo, una entrevistada expresa: “No soy una persona introspectiva ni reflexiva. Soy absolutamente impulsiva, que puedo lastimar al decir las cosas; no por maldad, sino porque no pienso lo que el otro está recibiendo cuando tiro mis lanzas. No soy de esas personas que están pensando: ‘esto lo tengo que decir’. Tengo una amiga que me dice que tengo que controlarme y pensar antes de hablar. Pero no puedo”).


Por lo demás, cabe consignar que la acción que se lleva a cabo tiene el carácter de una inducción, en el sentido de que ciertas formas de vinculación llevan al interlocutor a comportarse de acuerdo con una serie de expectativas inconscientes específicas inconscientes del sujeto.


Esta idea fue desarrollada hace ya muchos años en el psicoanálisis rioplatense (Racker, 1959) y ha sido postulada en los últimos años por una serie de autores, entre los que podemos citar a Paul Wachtel (1977, 1978, 2008) y al grupo de trabajo del OPD (2008).


II) Respuesta/acción del objeto: En este punto es necesario aclarar que en toda una serie de casos el sujeto vive la interacción como teniendo comienzo en el otro (o es así como ocurre efectivamente), en cuyo caso no se trataría de una respuesta del objeto, sino de una acción iniciada por él; de ahí que posea en el gráfico la doble denominación. De todos modos y una vez hecha esta salvedad, considero preferible conservar el esquema tal como figura en el gráfico, siguiendo en esto a Horowitz (1991,1997), ya que resulta más abarcativo e incluye aquellas interacciones en las que es el sujeto quien las inicia, o aquél del que parte el deseo, aunque no sea claramente consciente de ello (Book, 2009).


Cuando se produce, entonces, lo que llamamos respuesta/acción del otro, vemos que dicha respuesta o acción es mediatizada por una Función Interpretativa Interpersonal (Fonagy, 2006; Bateman, Fonagy, 2004) que -como su nombre indica- interpreta la respuesta o acción del otro asignándole un significado.


Esta interpretación puede funcionar con un grado mínimo de distorsión y aprehender adecuadamente el significado de la respuesta/acción del otro en términos de estados mentales. En este caso, estamos en presencia de una mentalización exitosa, que se basa en la construcción lograda de un modelo de la mente del otro, plausible y de menor o mayor complejidad.


Pero dicha interpretación puede también estar sesgada (o comandada) por los esquemas self-objeto internos mencionados anteriormente, de modo tal que la acción del otro queda interpretada y traducida desde los propios esquemas interpretativos disfuncionales.


Estos esquemas se encuentran almacenados en la mente bajo la forma de situaciones vinculares que incluyen una representación del self, otra del objeto y un guión prototípico de interacción, que incluye el modo en que se supone que el objeto reacciona a los deseos expresados del sujeto (Horowitz, 1991, 1997), o en que actúa independientemente de éstos.


Como es habitual que dichos esquemas interpersonales se activen en circunstancias interpersonales significativas, es importante si el sujeto logra identificarlos e interrogarse por su validez, inhibiendo de esta forma su eficacia automática, lo que sucede cuando hay una buena capacidad mentalizadora (Lanza Castelli, 2013).


Por otro lado, vemos que hay una relación estrecha entre estas interpretaciones comandadas por los esquemas interpersonales y las expectativas comentadas con anterioridad (en I), la cual queda reflejada en el gráfico mediante la doble flecha que une el recuadro en el que figura la expresión “anticipación de respuesta” y aquél que contiene la expresión “Función Interpretativa Interpersonal”.


Es importante aclarar también que dicha Función Interpretativa Interpersonal actúa diferentemente e interpreta de modo también distinto, según sea el estado mental predominante, el sistema motivacional activado o el estado del self movilizado (cf. en el gráfico, recuadro inferior), lo que implica una situación diferente y un interlocutor vivido de un modo distinto (Lanza Castelli, 2014b).


Así, una persona puede interpretar el pedido de dinero que le hace su hijo adolescente como expresión de la dependencia que todavía tiene con él, desde una posición de padre-dador, con un sentimiento de ternura y una predisposición a dárselo.


Pero esa misma persona puede interpretar el pedido de dinero que le hace ese mismo día un amigo (quien todavía no le ha devuelto el último que le prestó), como expresión de una actitud abusiva y aprovechadora, desde una posición de abusado y expoliado, con un sentimiento de ira y una fuerte renuencia a prestárselo.


Este ejemplo, por demás esquemático, sólo intenta ilustrar este aspecto, tan importante. He desarrollado con cierto detalle el tema de la mentalización y la multiplicidad del self en otro trabajo (Lanza Castelli, 2014b).


Otro aspecto que es necesario tener en cuenta, en lo que hace a la Función Interpretativa Interpersonal, consiste en que las representaciones que derivan de los esquemas interpersonales disfuncionales mencionados, adquieren -en toda una serie de casos- pleno crédito para el sujeto. No son discernidas como meros procesos mentales sino que son considerados el vivo reflejo de la realidad misma de la reacción del otro. Encontramos aquí uno de los modos prementalizados que ha sido trabajado detalladamente por Peter Fonagy y colaboradores: el modo de equivalencia psíquica (Fonagy et al., 2002).


A su vez, en la interpretación que el sujeto hace de la respuesta del otro, podemos diferenciar dos modos de funcionamiento mental:


A) Uno es el modo egocéntrico:


En él el sujeto es autorreferente, o sea, supone que las acciones o respuestas del otro implican estados mentales o conductas que tienen que ver exclusiva o primordialmente con él, con lo cual la realidad del otro pierde “espesor” y se torna imposible advertir el conjunto de motivos propios del otro, que pueden estar en la base de dichas acciones o respuestas. Desde esta actitud autorreferencial, interpreta dichas actitudes o estados en función de los esquemas interpersonales referidos, que se forman a lo largo de la vida, en parte debido a las experiencias con las figuras significativas de la infancia (padres y hermanos).


Estas interpretaciones distorsionadoras también pueden basarse en proyecciones del propio estado de ánimo (cuando uno está con odio con alguien, fácilmente interpreta como hostiles las actitudes de ese otro), del propio impulso o emoción, o de diversos aspectos del self, como en el caso del “self ajeno”, estudiado por Bateman y Fonagy (2004).


B) Otro es el modo descentrado:


El sujeto no es en este caso autorreferente, sino que puede pensar que las actitudes o estados del otro tienen que ver, muchas veces, con cosas que le pasan al otro.


La interpretación que pueda hacer de tales actitudes o estados depende fundamentalmente del grado de conocimiento que posea de su interlocutor, de su modo de ser y reaccionar y de las circunstancias actuales que lo afectan (este conocimiento no es necesario en el modo egocéntrico, o si se lo tiene no es utilizado).


Las conjeturas o interpretaciones sobre el estado del otro y la razón de ser de su accionar pueden tener en este modo un carácter conjetural. O sea, el sujeto las considera como representaciones mentales y no como reflejos de la realidad vivencial ajena.


Podríamos ilustrar la primera alternativa (el modo egocéntrico) con el caso de una paciente que tiene reiteradas peleas con el novio por las actitudes prescindentes y distantes de éste (según la caracterización que ella hace de las mismas). Ella oscila en esos casos entre diversas interpretaciones: “no me quiere”, “dejé de gustarle”, “le gusta otra”, etc., pero no se plantea si hay algo que le esté ocurriendo a él y que tenga que ver con otros aspectos de su vida, que no la incluyen y que motiva sus conductas.


Estas atribuciones desencadenan estados emocionales (depresión y enojo) y actitudes hacia el novio (retraerse, pelearlo). Estas actitudes, a su vez, inducen en el novio actitudes complementarias que favorecen un círculo vicioso, de modo tal que muchas veces la situación termina en fuertes peleas, que comienzan por motivos no muy importantes.


III) Reacción del self a la respuesta del objeto (emoción, acción):


El tercer vector de este patrón vincular tiene que ver con la reacción del self a la respuesta/acción del otro, mediatizada -como fue dicho- por la interpretación que de ella hace la Función Interpretativa Interpersonal.


Según sea la interpretación que se lleve a cabo, así será la emoción que se desarrolle.


A su vez, en relación a esta emoción tenemos dos alternativas: o será identificada en mayor o menor grado, con lo cual habrá mayores posibilidades de regularla (Feldman Barret et al., 2001), o caerá bajo una defensa que impedirá su desarrollo, la mantendrá inconsciente, la desplazará sobre otra escena, etc.


Por último, surgirá una acción dirigida (o no) hacia el otro que puede verse inhibida por una defensa, o desplegarse sin trabas.


A su vez, esta acción tendrá variados grados de mentalización, e irá desde la acción impulsiva y descontrolada hasta la acción plenamente mentalizada (Lanza Castelli, 2016).


Otro aspecto a considerar en la acción es la medida en que se expresa en ella la vivencia del self como agente (Fonagy et al., 2002) -concepto que se solapa en parte con el de fuerza del yo del psicoanálisis (Mc Williams, 1999)- esto es, su capacidad para luchar por transformar una realidad conflictiva y displacentera en otra más acorde a los propios deseos, como contrapuesta a la actitud resignada y claudicante ante la misma situación.


Estas alternativas se relacionan a su vez con el sentimiento de autoeficacia, entendido como la confianza en la propia capacidad para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos a los efectos de lograr determinados objetivos (Frank, 2001).


Asimismo, esta acción podrá tener también un valor inductivo y ser un momento en la constitución de un círculo vicioso, o un crescendo en una relación problemática, etc.


Defensas y Controles:


Dichas operaciones pueden recaer sobre distintos puntos del circuito formado por los tres momentos del patrón vincular en juego.


I) Pueden sofocar (reprimir) un deseo, de modo tal que no llegue a ser conscientemente evaluado.


El motor de dicha represión se encuentra muchas veces en ciertas evaluaciones y/o creencias inconscientes relacionadas con ese deseo o impulso, como así también en la eficacia de la instancia crítica (lo que en la teoría clásica se conoce como Superyó).


Un control consciente o preconsciente, en cambio, ayuda a encauzar el impulso de modo tal que alcance su satisfacción de un modo interpersonalmente satisfactorio, para lo cual es menester la puesta en juego de la mentalización (Lanza Castelli, Bouchard, 2014), en cuyo caso tiene lugar una acción mentalizada (Lanza Castelli, 2016).


II) También la Función Interpretativa Interpersonal puede estar infiltrada por las defensas, especialmente por proyecciones. De igual forma, hay otras defensas que recaen sobre la función misma y producen una inhibición de su funcionamiento (como cuando hay un blanco o un vacío mental), así como la refutación de un juicio que versa sobre la realidad, como es el caso de la desmentida.


De igual forma, hay defensas que recaen sobre el superyó, como se verá en la viñeta clínica.


III) Por último, las defensas pueden recaer sobre la emoción, con lo que ésta queda sofocada, morigerada, transformada, desplazada, o sufre un proceso de resomatización (Mc Dougall, 1986, Krystal, 1988).


Todo este sistema suele funcionar de modo automático, incluida la regulación emocional.  


Estados mentales, imagen y sentimiento de sí, identificación, roles:


Este punto tiene la mayor importancia en el modelo que propongo, ya que las perturbaciones en la imagen y en el sentimiento de sí, son uno de los elementos centrales que caracterizan a las patologías narcisistas y fronterizas.


Así lo entiende Fonagy, quien habla de 5 niveles en la constitución del self como agente: físico, social, teleológico, intencional y representacional (Fonagy et al. 2002) y estima que la formación de un self ajeno y su posterior identificación proyectiva son claves en la patología borderline (Bateman, Fonagy, 2004). En estos pacientes se encuentran diversos déficits en la agencia del self, así como perturbaciones en la constitución misma del self psicológico. Este último se forma mediante la introyección de la representación que la madre (o su sustituto) se forma del hijo como un ser con estados mentales, lo que constituye la base para que éste pueda llegar a mentalizar (Fonagy, Target, 1997; Fonagy et al. 1998).


Desde el punto de vista psicoanalítico son muchos los autores que se han ocupado de este tema (Rosenfeld, 1964, Kohut, 1971, Kernberg, 1975, Green, 1983, entre otros).


No obstante las diferencias que encontramos entre sus diversos puntos de vista, podríamos decir que es habitual que consideren a los pacientes narcisistas como aquellos que poseen un self grandioso, junto a una exagerada centralización en sí mismos, falta de interés en los demás y de empatía con ellos, actitudes denigratorias y búsqueda constante de admiración. Todo ello suele funcionar como una defensa contra sentimientos profundos de autodesvalorización y minusvalía (Kernberg, 1975).


Los pacientes fronterizos, por su parte, se caracterizan por un fuerte menoscabo en el sentimiento de estima de sí y en la autoimagen (en ocasiones revestido por autoidealizaciones compensatorias que no suelen tener la estabilidad y rigidez que adquieren en las personalidades  narcisistas), que lleva al sujeto a sentirse “poca cosa”, “vacío”, “inexistente”, etc. (Kernberg, 1975, Green, 1983).


En los fronterizos graves encontramos vivencias de disolución del yo unidas a angustias impensables (Little, 1990), que buscan neutralizarse a través de diversos medios, como la adicción a un otro, que actúa como sostén, en el sentido de Winnicott (1960).


Como es fácil colegir, el tema es demasiado amplio como para ser abordado en este trabajo, por lo que sólo queda indicada su importancia y su lugar en el modelo que propongo.


En lo que hace a los estados mentales, podríamos decir que mediante el uso de esta expresión se hace posible articular y agrupar, en un único término englobante, un cierto número de sentimientos, conductas, actitudes, etc. del paciente, que constituyen para él una experiencia unitaria y recurrente.


Por lo demás, la experiencia clínica y la bibliografía al respecto (Horowitz, 1987; Putnam, 1988), permiten caracterizar a estos estados diciendo que son organizaciones del self discretas (esto es, acotadas y diferenciables entre sí), que no poseen un contenido único, sino que comprenden un conjunto complejo y organizado de variables, entre las que encontramos las siguientes: a) grado de acceso a la memoria de los recuerdos; b) afectos presentes en cada estado; c) atención y cognición (que incluye los temas de pensamientos dominantes en cada estado); d) regulación conductual y fisiológica; e) expresiones faciales, posturales, prosódicas, etc.


Las identificaciones en juego pueden ser primarias (relacionadas con la constitución misma del self), o secundarias, relacionadas, por ejemplo, con la identidad sexual (Freud, 1923).


Los roles, por último, consisten en patrones de relación interpersonal o repertorios de conducta que el sujeto incorpora en el proceso de aprendizaje interpersonal. Se expresan en la conducta manifiesta y suelen organizarse en pares complementarios, como por ejemplo: “sometedor-sometido”; “perseguidor-perseguido”; “verdugo-víctima”; “amo-esclavo”, etc. (Ryle, 1985).


Entre estos distintos conceptos encontramos solapamientos e interconexiones, más o menos acentuadas según el autor de que se trate.


C) Ilustración clínica:


En lo que sigue, transcribo dos historias del TESEM, con sus correspondientes preguntas y respuestas, con el objetivo de ilustrar algunos de los ítems del modelo propuesto.


Entrevistada Clara, 45 años. Divorciada, con dos hijos. 


Historia 2 del TESEM.


Usted ha comenzado una relación amorosa con hombre que le importa mucho y que acaba de romper un largo noviazgo.


Al poco tiempo nota que él se pone por momentos más distante y menos expresivo, aunque después vuelve a estar más afectuoso. Usted no le cuestiona su actitud.


Esto sigue así durante un tiempo hasta que él, bruscamente, le plantea terminar la relación.


a) ¿qué sentimientos le surgen ante la decisión de él?


Que me forreó, mal, que es desconsiderado hacia el otro, muy egoísta, un reverendo pelotudo.


b) ¿qué pensamientos le surgen ante la decisión de él?


No hablarle nunca más. Pensar por qué me pasó, entender qué me pasó. Perdonarlo de última y aceptar la situación.


c) ¿qué es lo que usted hace ante la decisión de él?


No le hablo nunca más.


d) ¿por qué motivos usted hace lo que hace?


Porque sería lastimarme (qué cosa?) seguir en un vínculo donde el otro me deja, o me gusta o estoy enamorada.


e) ¿A qué atribuye la forma de actuar de él?


A una inmadurez total, un egoísmo más grande que toda su cabeza. Una incapacidad de ponerse en el lugar del otro.


f) ¿Qué supone que él sintió durante la relación y al finalizar la misma?


Supongo que debe haber querido probar si se podía sacar el otro amor de la cabeza. Un clavo saca otro clavo, es típico en el hombre, ¿no?


g) ¿Qué supone que él pensó durante la relación y al finalizar la misma?


“De alguna manera lo arreglo, veo cómo zafo”


Comentarios: en la primera respuesta la entrevistada no menciona un estado emocional, tal como se le pide, sino que despliega una serie de epítetos sobre el hombre de la historia, en los que se advierte con claridad el sentimiento de furia. Esta no referencia al propio estado afectivo (que se repite en todas las respuestas a esta primera pregunta en la casi totalidad de las historias) muestra una perturbación en la mentalización de la afectividad, esto es, un déficit en el registro y la conexión con la propia experiencia emocional, la cual se traduce en el exterior como rasgos de aquél que es objeto de la misma.


Por lo demás, el hombre es visto como intencionadamente hostil, en una actitud de “forreo” (aprovechamiento, tomarla de tonta) y categorizado como desconsiderado y egoísta. Podríamos conjeturar en este punto que Clara ha proyectado sobre el hombre de la historia un objeto interno con estas características, lo cual empieza a hablarnos de los rasgos de (al menos algunos de) los objetos que pueblan su mundo interno y muestra cómo su Función Interpretativa Interpersonal está comandada por dicha proyección.


En la respuesta a la pregunta e) (¿A qué atribuye la forma de actuar de él?) la entrevistada continúa con la enumeración de la serie de rasgos que le atribuye. Cabe agregar que -cuando hay un buen nivel mentalizador- es habitual que esta pregunta sea respondida con una inferencia plausible acerca de los motivos del protagonista de la historia, expresada en términos de estados mentales (por ej.: “A que aunque yo le gustaba y había llegado a quererme, no pudo olvidar a su antiguo amor y el sentimiento por ella terminó siendo más fuerte que el que tenía hacia mí”), lo que implica una actitud mentalizadora. Pero nada de esto  ocurre en Clara: su capacidad de mentalizar queda puesta fuera de juego y prevalece la fuerza con que el objeto interno configura al hombre que -según la historia- la ha dejado.


La respuesta a la pregunta f) muestra cómo la entrevistada se ha sentido utilizada por el otro, ya que supone que fue usada por él para sacarse al otro amor de la cabeza. Esta actitud: “utilizar”, es otro atributo del objeto interno que estamos considerando. Podemos ahora entender el “forrear” como “utilizar y descartar” desconsideradamente (cf. respuesta a pregunta g), que es la forma en que parece que la entrevistada categoriza (o interpreta) las actitudes del otro para con ella, en la medida en que la ha dejado.


A su vez, este objeto interno forma parte del patrón vincular que, como fue dicho, constituye el andamiaje de este modelo y que consta de tres elementos: deseo del sujeto-respuesta del objeto-reacción del sujeto a la respuesta del objeto.


En este caso, el deseo de la entrevistada es ser amada y la respuesta del objeto (según la interpretación que Clara hace de la misma) consiste en forrearla, utilizarla, etc. La reacción de la entrevistada a esta actitud atribuida al otro, incluye un desarrollo de afecto y una acción.


En lo que hace al desarrollo de afecto, hemos dicho ya que el sentimiento que surge en Clara -debido a la interpretación mencionada- es la furia, resultando elocuente que no aparezca el sentimiento de tristeza (habitualmente referido en esta historia). La razón de ser parece estribar en que para que tal sentimiento pueda surgir, el otro tiene que ser categorizado como valioso y merecedor del amor del sujeto, pero, como vemos no es esto lo que ocurre.


Las respuestas a las preguntas b), c) y d) muestran el procesamiento que hace Clara de dicha furia.


Su primera reacción consiste en una traducción de la misma en la acción de no hablarle nunca más, que parecería ser una forma de borrar al otro de su vida. Pero inmediatamente parece haber un viraje hacia sí misma, en una actitud interrogativa (o de autocuestionamiento), tras la cual aparece la actitud de perdonarlo, apareada con una actitud de resignación (aceptar la situación).


Podríamos conjeturar que este cambio tan rápido y notable (de la furia al perdón) estuvo motivado por una crítica interna, por un Superyó (según la teoría clásica) que acusaba a Clara de mala. Para refutar dicho juicio es que surge el perdón. Vemos aquí un ejemplo de una defensa contra el Superyó, que fue mencionada en la segunda parte de este trabajo.


Es interesante la secuencia que despliega en esta respuesta y llamativa la rapidez con que aparece el perdón, después de todo lo que ha dicho de él en la respuesta anterior, lo que parece ser producto de la intensidad de la crítica que recae sobre la hostilidad, la cual necesita, entonces, ser rápidamente sofocada.


Otro motivo de esta conducta (no hablarle más) parece ser la búsqueda de ahorrarse un sufrimiento (cf. respuesta a pregunta d), ya que considera que la situación es inmodificable (otras entrevistadas manifiestan, por ejemplo, que indagarían lo que ocurrió, con la intención de ver si pueden albergar esperanzas de cambio, o inclusive intentan activamente una reconquista) y que mantenerse en ella sólo la haría sufrir, por lo que la interrupción de la comunicación tiene un carácter defensivo.


Esta visión de la situación como imposible de modificar nos habla también de un menguado sentimiento de sí (no cree posible el ser querida y el luchar por el amor que siente), que le impide tener una conducta más asertiva.


En lo que hace a las defensas, vemos la puesta en juego de defensas frente a la furia, el sufrimiento y la crítica del Superyó, que conllevan la no activación de la mentalización de las emociones y de la regulación emocional basada en ella.


Transcribo ahora la siguiente historia del TESEM, junto con las preguntas y las respuestas de Clara.


3. Usted ha sido ascendida en su trabajo, motivo por el cual la han cambiado a una sección en la que tiene mayores posibilidades de progresar en la empresa.


Su nuevo jefe, que tiene buenas referencias de usted, le encarga un trabajo difícil.


Para hacerlo, necesita la información que le da una compañera de la nueva sección.


Pero esta compañera le da intencionalmente información errónea y su trabajo es mal evaluado por el jefe, por lo que éste decide que usted vuelva a la sección anterior.


Recién entonces se da cuenta que le dieron mala información.


a) ¿Qué sentimientos le surgen ante la actitud de su compañera?


Inmediatamente bronca. De todos modos hablaría con ella para ver si fue intencional, o no. Si fue intencional tendrá sus motivos, que le preguntaría cuáles son.


b) ¿Qué pensamientos le surgen ante la actitud de su compañera?


Que no todos pensamos igual, que a veces hay gente que impulsivamente hace algo con maldad. Después puede reflexionar, o no. Que hay gente que reflexiona ante un pensamiento en que podés dañar al otro, y ya sea de una forma o de la otra lo único que te queda es aceptar al otro como es.


c) ¿Qué es lo que usted hace ante la actitud de su compañera?


Hablar con ella y preguntarle por qué lo hizo


d) ¿Por qué motivos usted hace lo que hace?


Porque creo que es fundamental saber qué piensa el otro, qué le pasó, dónde esta parado. Saber si fue un error, si fue intencional y también hasta qué punto uno puede contar con esa persona, si es confiable o no.


e) ¿A qué atribuye que su compañera haya actuado como lo hizo?


Puede ser maldad, puede ser distracción, falta de interés. Puede ser bronca porque no le dieron el puesto a ella.


f) ¿Qué supone que sintió su compañera?


Si lo hizo a propósito debería estar feliz. Si se equivocó, una reflexión y tal vez pedir una disculpa


g) ¿Qué supone que pensó su compañera?


Si fue a propósito: “que se joda” Si fue sin intención: “me mandé una  macana importante. Veo cómo lo soluciono”


h) ¿Qué siente a raíz de la decisión de su jefe?


No tiene capacidad de reflexión. No se cuestiona nada, las cosas son como son y no hay un espacio de error, que quepa dentro de su razonamiento. Tiene que ser todo perfecto, no hay posibilidades de equivocarse.


i) ¿Qué piensa a raíz de la decisión de su jefe?


Es alguien con quien no tendría un vínculo íntimo.


j) ¿Qué supone que sintió su jefe para tomar la decisión de que usted vuelva a la sección anterior?


Que soy incompetente. Que se equivocó en ponerme en ese puesto porque no tenía las capacidades para cumplir los requisitos necesarios.


k) ¿Qué supone que pensó su jefe para tomar la decisión de que usted vuelva a la sección anterior?


“¿Cómo me pude equivocar así?”


Comentarios: en la respuesta a la pregunta a) vemos que en este caso Clara identifica el sentimiento de “bronca” (mentalización de la afectividad), pero inmediatamente recurre a una defensa extrema consistente en escotomizar o desmentir una parte de la historia, que dice que la compañera le ha dado información errónea “intencionalmente”. Al borrar esa expresión, se abre la posibilidad de que esa conducta se haya debido a un error (cf. respuesta a pregunta a), a distracción o falta de interés (cf. respuesta a pregunta e), con lo cual se morigera la hostilidad.


Pero aún aceptando que dicha acción haya sido intencional, sofoca su “bronca”, se plantea que la compañera tendrá sus motivos y le pregunta por ellos (cf. respuesta a pregunta a).


Otra defensa contra este afecto es la intelectualización que evidencia en la respuesta a la pregunta b). Dicha defensa incluye la generalización y el hablar en abstracto, posiblemente como una forma de poner distancia con esa situación específica y con la “bronca” que le ha despertado.


Concluye sus consideraciones con una actitud resignada y pasiva: “lo único que te queda es aceptar al otro como es”.


En estas respuestas tiene poco lugar la puesta en juego del mentalizar, que aparece brevemente en la respuesta a la pregunta a) y en la respuesta a la pregunta e), cuando dice que si la compañera actuó como lo hizo “puede ser  bronca porque no le dieron el puesto a ella”.


Vemos entonces cómo la mentalización y la defensa se oponen  entre sí, pero no se excluyen, ya que pueden coexistir en una misma frase.


Así, en la respuesta a la pregunta a), la percatación de la “bronca” es contradicha por la ya mencionada desmentida de la expresión “intencionalmente”, mientras que en la respuesta a la pregunta e) la mentalización y la defensa encarnan, respectivamente, los términos de una duda de cuño obsesivo.


En lo que hace a la configuración del objeto, vemos que éste varía según Clara suponga que la acción fue, o no, intencional. O, dicho de otra forma, varía en función de que prime la desmentida de dicha expresión, o que se le dé lugar.


En el primer caso, el objeto aparece como capaz de reflexionar y de reparar (pedir disculpas y solucionarlo), mientras que en el segundo el objeto aparece como totalmente “malo”, sin atisbos de culpa por la acción cometida, antes bien, sintiéndose feliz y pensando de Clara “que se joda”.


En este último caso la respuesta no parece guiada por una inferencia plausible acerca de los sentimientos y pensamientos ajenos en el contexto de la historia (mentalización), sino que parecen reflejar la proyección de un “objeto malo interno”.  


Por lo demás, podríamos preguntarnos si este objeto proyectado no es un doble de la misma entrevistada, cuya hostilidad tal vez tenga estas características y de ahí su necesidad de sofocarla -o de erigir defensas contra ella- en todo momento.


En la respuesta a la pregunta h) vemos nuevamente una falla en la identificación de sus estados emocionales (falla en la mentalización de la afectividad) y su sustitución por una serie de pensamientos en los que el jefe aparece como alguien incapaz de pensar, cuestionarse o admitir un error, a la vez que para él todo tiene que ser perfecto. Esta caracterización parece exceder lo que sería una inferencia plausible basada en el contenido de la historia (mentalización) y parece hablarnos entonces de la proyección de otro objeto interno con esas características, con lo cual seguimos avanzando en el conocimiento del mundo interno de Clara.


Hemos visto, por consiguiente, que las fallas en el mentalizar pueden ser correlativas de la proyección de un objeto interno y de la puesta en juego de diversas defensas contra los afectos. Asimismo, hemos incluido al objeto interno proyectado en un patrón vincular, ya que es en el interior de dichos patrones donde tiene lugar tanto el mentalizar como procesos de la índole de la proyección.


Si quisiéramos sintetizar lo consignado hasta aquí, podríamos decir que hemos incluido en el modelo los conceptos de: sistemas motivacionales (que contrapusimos al sistema único de apego planteado por Fonagy y colaboradores), Superyó, defensas, patrones vinculares, objetos internos, estados mentales y del self, imagen y sentimiento de sí, por el lado del psicoanálisis.


Considero que la articulación de estos conceptos con los más propios de la teoría de la mentalización (Función Interpretativa Interpersonal, mentalización de la afectividad, regulación emocional, agencia del self, modos prementalizados, self ajeno, etc.) permite la construcción de un modelo capaz de aprehender un mayor número de fenómenos clínicos y de proporcionar, por tanto, mejores y más variados recursos para el abordaje psicoterapéutico.


En lo que hace al uso de este modelo, podría decirse que puede servir como una guía para organizar el relato de los pacientes, explorar los elementos faltantes o implícitos y advertir las fallas en la mentalización, así como el tipo de esquemas o creencias que se activan, el sistema motivacional en juego, el estado mental activado, el modo en que se interpreta la respuesta/acción del otro, la emoción que despierta, la forma en que se la procesa, los patrones vinculares, las defensas predominantes, etc.


El problema que presenta el paciente puede ubicarse en alguno o varios de estos puntos del circuito, y sobre él se focalizará el trabajo clínico, el cual hará uso, en cada caso, de recursos y estrategias de abordaje diferenciadas y determinadas por el foco de que se trate.


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