Teoría y técnica de la descolonización emocional: una introducción

Publicado en la revista nº054

Autores: Bleichmar, Hugo - Espeleta, Susana


Para citar este artículo: Bleichmar, H., Espeleta, S. (Enero 2017) Teoría y técnica de la descolonización emocional: una introducción. Aperturas Psicoanalíticas, 54. Recuperado de: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000962&a=Teoria-y-tecnica-de-la-descolonizacion-emocional-una-introduccion





Sugerimos ver el video “Colonizado por sus propias creencias” en la página web colonizacionemocional.com 


Introducción

Modelo del psiquismo en que se inscriben los procesos de colonización emocional:

La colonización emocional es el proceso por el cual alguien pasa a pensar, sentir y actuar bajo la influencia de un otro –el colonizador- que le impone su subjetividad sin que el colonizado tenga conciencia de ello, viviendo por lo tanto su estado como si fuera propio y no inoculado por el otro.También alguien puede estar colonizado desde adentro: no hay reflexión sobre sus pensamientos, sus emociones o los mandatos de su superyó, a los que tiene que obedecer para no sentir vergüenza, culpa o experimentar castigos. En vez de pensar, es pensado por sus pensamientos, arrastrado por reacciones emocionales automáticas. Ambas formas de colonización, la externa y la interna, comparten la falta de libertad, la restricción del ser.

La colonización emocional se diferencia de otros aspectos que se detallan a continuación.

1.- Es distinta de la influencia que podemos considerar normal y estructurante del psiquismo que se produce desde el comienzo de la vida, en que el otro sirve como modelo para la identificación. En la colonización emocional, tanto en la infancia como en etapas ulteriores, el colonizador ejerce un plus de violencia psíquica, no tolera ningún apartamiento de lo que cree debe ser el otro, no reconoce las necesidades ni la subjetividad del colonizado cuando estas no coinciden con las propias. El proceso de individuación –diferenciación progresiva respecto al otro- es aplastado.

La colonización emocional produce en el niño la supresión de los esbozos de diferenciación, que es el proceso que va desde la identificación hacia la individuación, caracterizado por el surgimiento de una subjetividad propia y una diferenciación progresiva con respecto al adulto. En el adulto, que es inexorablemente diferente de otro adulto, el colonizador emocional va suprimiendo esa diferencia, que en el colonizado queda como núcleos que sufren el proceso que Freud denominó Untergang –disolución, hundimiento- diferente de la represión, en que algo subsiste con fuerza en el inconsciente pugnando por emerger. En el colonizado sus deseos, sentimientos y creencias son reemplazados en lo más profundo de su ser por el colonizador, de ahí la aplicabilidad del concepto de Untergang, que describe el fenómeno de cómo algo de la subjetividad deja de tener peso. La colonización emocional también se distingue de la condición en que alguien sufre abuso en su forma de pensar, sentir o actuar, pero conservando la rebelión como protesta en su interior o, en algunos momentos, la puede expresar abiertamente. El colonizado emocional no siente la distonía con lo que se le ha impuesto. Es pensado enteramente por el otro, con lo que sus sentimientos son los del otro.

2.- La teoría de la colonización emocional es diferente de lo que se ha trabajado en la teoría de las ideologías, en que el énfasis está puesto en que un sector social adopta las creencias, las ideas, de los sectores dominantes, o una nación las ideas de otra sobre sí misma; proceso al que se describe como colonización mental (Eagleton 1991; Zizek y Abercrombie, 2012). Si hablamos de colonización emocional es para destacar que tanto en el colonizador como en el colonizado hay poderosas razones motivacionales, emocionales, relacionadas con la consolidación de estados subjetivos y con la satisfacción de múltiples motivaciones, como detallaremos más adelante. A excepción de algunos pocos autores –Jost, (2008) por ejemplo- que sí reconocen las razones subjetivas por las cuales se produce la indoctrinación ideológica, la enorme mayoría de los trabajos en teoría de las ideologías suponen una especie de asimilación de las ideologías dominantes por mera impregnación de lo circundante.

Existen valiosos antecedentes en psicoanálisis que muestran la influencia de la figura externa en moldear al sujeto dependiente:

1.       Ferenczi fue el primero, mediante el concepto de identificación con el agresor, en mostrar que un sujeto, bajo el estado de trauma, se amolda al otro. En las palabras de Frankel (2002, p. 101), en su detallado análisis del concepto de identificación con el agresor: “Esperando sobrevivir, sentimos y nos convertimos precisamente en lo que el atacante espera de nosotros -en nuestra conducta, percepciones, emociones, y pensamientos”.

2.       Winnicott (1960) con su concepción del falso self, describe la manera en la que el sujeto se acomoda al otro, formando una identidad que mantiene a su verdadero self en estado de latencia.

3.       Lacan con su descripción metafórica del estadio del espejo, en que el sujeto se reconoce en lo que el otro le muestra que es, y con la idea de que el deseo es el deseo del otro: se toma como si fuera deseo propio lo que es el deseo del otro, el deseo es que el otro lo desee (Écrits, 1966).

4.       Branchaft (2010) con el desarrollo que hace bajo la denominación de acomodación patológica, y las especificaciones que complementa Shelley Doctors; básicamente, el niño, por la necesidad de mantener el apego a un cuidador patológico, que no reconoce sus necesidades, se acomoda a este. Es un desarrollo, en lo esencial, parecido al de Winnicott, y la técnica del tratamiento muestra una fuerte influencia winnicottiana.

¿Qué es lo que aportaría el enfoque de la colonización emocional?

Respecto al funcionamiento de la estructura intersubjetiva, la descripción de las necesidades que tiene el colonizador de una consolidación de su self (creencias, sentimientos, valores, conductas) a través de que otro también tenga creencias, sentimientos, valores, conductas que sean iguales a las suyas. No es solo deseo de dominación, de sentirse más poderoso que el otro, de sentir que logra imponerle los propios deseos, sino que la diferencia es sentida como un cuestionamiento al propio ser. Puede estar implicada la valoración narcisista, “si mis creencias no son cuestionadas es que son las verdaderas y yo valioso por sostenerlas”. También puede ser una forma de asegurar el apego, y de contrarrestar angustias de separación y soledad; o una manera de asegurar la satisfacción sensual/sexual; o de desprenderse de sentimientos negativos mediante identificarlos proyectivamente en aquel al que se coloniza; o de regularse psicobiológicamente controlando al otro para que no resulte perturbador y hasta comparta el mismo nivel de excitación –bajo o alto- que es necesario para cada persona.

Pero hay algo que va más allá: ante todo es la búsqueda de un sentimiento global de bienestar con el propio ser, que se consigue cuando no hay un otro que resulte amenazante por ser diferente. Sentimiento que guarda similitud con el estado de bienestar del infante en fusión con la madre, en que no hay diferencia yo - no yo. El encuentro con el otro igual a uno mismo, ya sea esta semejanza fruto del azar o de haber forzado al otro a transformarse para ello, hace sentir que desaparece una realidad que en estos casos resulta perturbadora. Podemos encontrar las raíces de ello en la biología: es en el nivel animal donde lo diferente se toma como algo potencialmente peligroso.

Por parte del colonizado, el modelarse a partir del otro también satisface esa necesidad de encuentro con un semejante. Además, puede satisfacer las necesidades de ciertos sistemas motivacionales: asegura el apego, protege de la persecución y permite lo que Kohut (1971) llamó “fusión con la imago parental idealizada” fortaleciendo el narcisismo. El colonizador goza del privilegio de ser visto como figura idealizada, con lo que si el colonizado pasa a ser semejante a este, participa de su grandeza y omnipotencia. Esa es la trampa de placer narcisista a la que resulta tan difícil resistirse, por ello el colonizado busca una y otra vez ser idéntico al colonizador a través de una evitación constante del más mínimo conflicto.

Lo anterior aporta evidencias de que al tener en cuenta la colonización emocional se reconoce una modalidad muy específica de entre las múltiples maneras de estar en relación, así como se proveen indicaciones acerca de cuáles son algunos de los mecanismos psicológicos en los que esta se apoya. Es una aplicación del enfoque Modular-Transformacional al destacar la multiplicidad de sistemas motivacionales descritos en este como impulsora y sostén del proceso de colonización, añadiendo además una motivación adicional a las ya descritas: la búsqueda de la consolidación del self mediante el hacer al otro idéntico a sí mismo. Es esta una motivación más global, que persigue el logro de un estado subjetivo de consolidación del self, de confirmación de un sentimiento de ser en que la disonancia con el otro cuestionaría esa experiencia y generaría una angustia, que autores como los que hablaron de angustia existencial trataron de captar, o que Kohut (1971) describió bajo el par self cohesivo versus fragmentación. La presencia del diferente pone en cuestión al ser, de ahí el intento de anular esta diferencia mediante los esfuerzos para colonizarlo y hacerlo idéntico a sí mismo. Cuanta más intranquilidad haya sobre el sentimiento de sí mismo, tanta más necesidad habrá en el encuentro con el otro de forzar creencias, sentimientos y/o actitudes específicas. Para este estado global de bienestar del self perseguido, una denominación que podría ser adecuada sería “sentimiento de unidad del self a través del encuentro con un igual”.

Características esenciales de las intervenciones descolonizadoras

Las intervenciones descolonizadoras tienen como principal objetivo favorecer que el paciente pueda captar los distintos modos en los que es colonizado, tanto desde fuera como desde dentro de su mundo psíquico. En el caso de la colonización externa, esto implica que descubra en qué momentos está siendo pensado y se le hace sentir desde afuera, y el modo en el que esto termina definiendo su personalidad Con lo que la intervención descolonizadora va orientada a desvelar los modos concretos en los que el otro, el colonizador, va marcando diferentes aspectos en la mente del colonizado: señalando rasgos de personalidad, interpretando motivaciones, suponiendo angustias, atribuyendo deseos, etc., sin tener realmente en cuenta la subjetividad de este, sus opiniones y sentimientos más genuinos. Es necesario realizar una exploración que sea sensible a los modos relacionales, a las identificaciones atribuidas no solo a través de palabras sino de conductas, a los sutiles momentos de intercambio emocional.

Este tipo de intervenciones también aspira a que el paciente adquiera consciencia en su experiencia de ser colonizado, elaborando las motivaciones y angustias que le llevan a permanecer en esa situación. Se trata de que descubra en primer lugar en qué momentos acepta sin reflexionar lo que le dicen y lo que le hacen, y que vea cómo termina erróneamente creyendo que esas ideas y esas emociones surgen de su interior o se corresponden con una realidad incuestionable, en lugar de tener en cuenta que el otro actúa conforme a sus propias necesidades, creencias o preferencias. Es importante trabajar con escenas concretas que puedan ejemplificar el modo en el que entra en confusión, cede o se transforma; de otro modo, con señalamientos genéricos del tipo “Te dejas influir por los demás” solo estaríamos atribuyendo (esta vez nosotros) una identidad, además negativa, con lo que sus efectos serían iatrogénicos.

Conforme el paciente se va familiarizando con los momentos en los que es colonizado, sus formas de reaccionar ante ello, y las consecuencias que todo esto tiene para él, las intervenciones apuntarán a esclarecer las motivaciones y angustias específicas que, en cada momento y con cada colonizador (si detectáramos más de una figura intrusiva o un estilo relacional caracterizado por la sumisión), llevan al paciente a permanecer colonizado. Para ello tendremos en cuenta los sistemas motivacionales implicados a los que nos hemos referido en la “Introducción”.

Dado que la colonización emocional no siempre proviene del exterior, debemos atender a la colonización interna; las intervenciones descolonizadoras en ese caso tienen como objetivo desvelar los impulsos y estados emocionales que gobiernan la vida del paciente, los mandatos internos que, a modo de “leyes naturales e incuestionables”, lo arrastran. En ese sentido, las intervenciones descolonizadoras exploran las identificaciones con figuras, discursos o experiencias traumáticas que se encuentran en la raíz de estos mandatos, impulsos y estados emocionales que claramente impiden el desarrollo de un self vital, auténtico y coherente.

Es importante ayudar a esclarecer en qué momentos se dispara el “diálogo interno colonizador”, y que el paciente identifique qué lo provoca, los sistemas motivacionales implicados y la secuencia de pensamiento/sentimiento/acción automatizada. El objetivo de estas intervenciones es la toma de consciencia sobre la manera en la que el paciente tiene de hablarse y tratarse a sí mismo.

Una parte del trabajo sobre la colonización interna consiste en la modificación del superyó, favoreciendo la toma de consciencia sobre el contenido de los mandatos y sobre el modo en el que el paciente se los autoimpone[1]. No se trata de señalar al paciente si es más o menos “exigente” ya que, como veíamos antes, es una atribución negativa que le vendría de afuera, sino de que pueda ser consciente de sus diálogos internos, que pueda representarse de la manera más gráfica posible los “personajes” que entran en conflicto dentro de su cabeza, la discusión que mantienen y lo que estos ponen en juego. Frente a ese superyó impositor de “mandatos colonizadores”, necesitamos ayudarle a desarrollar un discurso personal que pueda dar la réplica y servir de sostén e inspiración en las decisiones que orientan su vida. Nuestro trabajo también implicaría explorar y ayudar a definir a nuestro paciente sus valores y motivaciones personales, contrastándolos con las motivaciones y valores que han formado parte de su educación o forman parte de su entorno.

La actitud a favorecer en el paciente para poder comenzar el proceso de descolonización sería que este se planteara algo como: “Voy a revisar mi relación, voy a ver si lo que pienso, siento y hago es algo que quiero yo, o es lo que quiere el otro, algo que fui incorporando para no tener problemas, para evitar conflictos”. O también: “Voy a revisar las creencias que tengo sobre mí mismo y sobre lo que puedo esperar de los demás y de la vida, voy a ver si lo que pienso, siento y hago es algo que quiero yo, o es lo que me han enseñado, o lo que he visto en mi entorno, o lo que en algún momento doloroso de mi vida he creído cierto e inevitable”. También es importante que el paciente se pregunte cuáles fueron las consecuencias de disentir del colonizador interno o externo: “¿Qué sucedió en las oportunidades en que pensé, sentí, hice algo que al otro/a le disgustó?”. “¿Qué sucedió en los momentos en los que pensé, sentí o hice algo que se salía de mi educación o de lo que siempre creí como única verdad?”. Las reflexiones generadas a raíz de estas preguntas tienen que estar relacionadas con la realidad concreta de nuestro paciente, a través del trabajo con escenas de su vida en lugar de ser nosotros los que le digamos que creemos que no es libre o nos centremos en las ideas que puede haber elaborado al respecto sin tener en cuenta aspectos que permanecen disociados.

Necesitamos, en muchos casos, ayudar al paciente a superar la tendencia a darse cuenta de que está colonizado para negarlo a continuación, fabricando justificaciones tranquilizantes. Señalar, cuando esto sucede, las angustias y motivaciones que le llevan a racionalizar y negar su experiencia de sometimiento, de forma que se familiarice con esta alternancia de darse cuenta/negarlo y entienda la manera en la que él mismo realiza, debido a estas angustias y motivaciones, un verdadero “autolavado de cerebro”.

Tal y cómo señalábamos, para que tenga lugar la liberación de la colonización emocional interna o externa, no es suficiente con la simple voluntad de no someterse, sino que es necesario trabajar sobre las angustias que produce la confrontación, la independencia, la pérdida del apego. Lo importante es que el insight conduzca a la acción y al cambio, por ello es necesario cuidar de que el paciente no caiga en un rol de víctima que le ancle en el sufrimiento. Este es el motivo por el que resulta crucial el trabajo sobre el self positivo y el refuerzo de los momentos en los que actúa de una manera libre y espontánea. Lo importante es que el paciente no caiga en una vergüenza paralizante por lo que le está sucediendo, que se sienta valorado como persona y que empiece a ver las oportunidades de salir de esa situación como algo factible para él. También es frecuente que haya que prepararle para la culpa que va a sentir al separarse del colonizador, o de esas creencias y estados emocionales que representaban hasta ahora algo fundamental en su vida. En consulta debemos favorecer que el paciente, además de entender el origen de esos estados, practique en los momentos en los que los está sintiendo la reafirmación, y ayudarle a que discuta abiertamente a ese otro o a esa parte de sí mismo.

Una vez el paciente ha alcanzado una mayor consciencia de sí mismo, de los momentos en los que es colonizado desde dentro o desde fuera, de la secuencia experiencial que esto provoca y de las motivaciones y angustias personales implicadas en ello, podemos explorar las motivaciones del colonizador externo.

Deseamos subrayar que el foco terapéutico es la liberación de la colonización interna o externa, algo que conviene explicitar desde el inicio de la terapia y que formará parte del contrato terapéutico[2]. Detrás de cada una de nuestras intervenciones, ya sean descolonizadoras o interpretaciones clásicas, debemos sostener mentalmente una imagen o un concepto que represente al paciente libre de toda colonización. En ese sentido, se vuelve necesario explorar y tener en cuenta las fortalezas y virtudes de este, y procurar por lo tanto que emerja ese self positivo víctima de la colonización. Para ello reforzaremos los momentos, tanto dentro como fuera de sesión, en los que el paciente se muestra autónomo, crítico o diferente. Simultáneamente necesitaremos crear junto a él estrategias concretas de liberación adaptadas a sus posibilidades. En unos casos implicaran exclusivamente un acto interno, simbólico, pero en otros puede ser necesario orientar para la acción concreta y efectiva. Como sabemos, el cambio puede provenir tanto de la elaboración interna como de la experiencia de acción en el mundo.

Las intervenciones descolonizadoras aspiran a movilizar al paciente, con lo que deben caracterizarse por un lenguaje evocador, asociado a vivencias y personas reales e importantes para este. Un lenguaje que toma prestadas palabras del paciente y palabras de aquellas intervenciones que han resultado especialmente movilizadoras. Por otro lado, son intervenciones que pretenden hacer pensar, sentir, actuar de modo que sea el paciente el que vaya definiendo su realidad. En ese sentido, necesitamos priorizar que el paciente tenga un papel activo en su terapia.

Condiciones necesarias para las intervenciones descolonizadoras

Las intervenciones descolonizadoras no son siempre las intervenciones adecuadas aun existiendo un claro caso de colonización emocional, como cualquier otra intervención tienen su “quién” y su “cuándo”. Un paciente con muchos déficits, o en estado de confusión, o de enorme angustia, desregulado emocionalmente, así como un paciente con rasgos borderline necesita sentir que está con una figura fuerte y protectora, no alguien que le plantea preguntas y relativiza su propio discurso. Las intervenciones descolonizadoras apuntan al cambio frente al colonizador externo e interno, con lo que el paciente debe contar con suficientes recursos para llevarlo a cabo.

Vemos entonces que las intervenciones descolonizadoras deben aplicarse a ciertos tipos de pacientes, pero también en ciertas fases del tratamiento. Momentos en los que el proceso puede avanzar, en los que está establecida la confianza básica y la colaboración con el analista. Como sabemos esto puede producirse de forma inmediata o ser el primer foco a abordar en el tratamiento. De cualquier modo para facilitar la creación de una alianza de trabajo es recomendable dedicar las primeras sesiones a explicitar el foco.

El insight no es el cambio, el saber que se está colonizado no cambia de por sí, si se tiene miedo, o necesidades emocionales importantes, mientras esto no se supere no se podrá salir de ese estado. En ese sentido es relevante:

·         Trabajar las condiciones emocionales que mantienen la colonización: miedo a ser atacado si se disiente, necesidades de apego, necesidades reales o imaginarias de supervivencia en que el otro/a es el que asegura la supervivencia, o el otro/a es el que sostiene el narcisismo, o la satisfacción erótica.

·         Recuperar la memoria concreta de momentos en que se rebeló, cuestionó al colonizador o simplemente se pensó: “¿Por qué tengo que hacer esto?”

·         Crear un vínculo terapéutico caracterizado por la libertad y el valor de la diferencia. Destacar y valorar las ocasiones en las que el paciente duda sobre lo que le dijo el terapeuta o da señales de desacuerdo, estar atentos a cuándo no es una resistencia sino un momento de progreso: “Acabas de tener un momento en que dejaste salir al (Roberto, María…) que defendía su pensamiento, sus sentimientos, en que luchaste para ser tú mismo, que pudiste estar en desacuerdo”.

Algunos ejemplos de intervención

·         “¿Te parece que por las ganas de estar con X, o porque es alguien que te asusta, o porque necesitas… [la razón que en cada paciente se vea como pertinente], entonces lo que él /ella te dice, lo que opina, puede influir para que lo aceptes sin ver si encaja con lo que sientes?”

·         “Si esto no te lo hubiera dicho X, si te lo hubiera dicho cualquier otra persona, ¿cambiaría algo en tu manera de ver esa opinión?, ¿cómo te sientes cuando piensas diferente o igual a X?, ¿te sientes inclinada por algún motivo a darle la razón o a quitársela de antemano?”

·         “¿Podría ser que para no tener un conflicto con X (tu pareja, el grupo al que perteneces, etc.) para sentir el placer de que te acepten, eso puede influir para que, poco a poco, termines pensando igual que él/ella/ellos?”

Colonización externa: la sobreprotección

El colonizador no es necesariamente un ser malvado y manipulador, puede ser alguien que con sus mejores intenciones pretende proteger y ayudar a la persona colonizada. Es alguien que ejerce un control extremo en la mente del otro para satisfacer algún sistema motivacional específico, lo cual incluye la heteroconservación –cuidado del otro-. Es decir, que la necesidad de cuidar al otro lo lleva a colonizarlo. Estas figuras “protectoras” suelen racionalizar su actuación basándose en las necesidades del colonizado o en el buen fin que persiguen.

·         “X te aconsejó esto, es alguien que admiras y su opinión es importante para ti, pero ¿te identificas con X?, ¿cuáles dirías que son sus deseos, sus gustos, sus prioridades?... ¿Y cuáles son las tuyas? Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué decides?, ¿crees que su consejo es la mejor opción para ti o se te ocurre alguna otra? O ¿cómo adaptarías el consejo de X a ti misma?”

·         “¿Qué crees que le está pasando a X cuando te aconseja así?, ¿qué le está preocupando?, ¿qué dirías que le daría miedo que te sucediera?, ¿qué ilusiones crees que ha puesto en ti?, ¿de dónde pueden nacer esos temores y esas ilusiones?, ¿cuáles de sus experiencias vitales han podido llevar a X a pensar y sentir así? Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué decides?, ¿crees que su consejo es la mejor opción para ti o se te ocurre alguna otra? O ¿cómo adaptarías el consejo de X a ti misma?”

·         “X considera que lo que sería mejor para ti es eso, ¿qué idea crees que X tiene de ti?, ¿qué fortalezas y qué debilidades dirías tú que X cree que tienes?, ¿te identificas al 100% con la idea que se ha formado de ti o crees que hay algo que se le escapa, que no conoce, que no ve? Teniendo esto en cuenta, ¿cómo valoras ahora su opinión?, ¿qué le contestarías si estuviera aquí?”

Colonización interna: el pensamiento dogmático

El objetivo es que el paciente se haga consciente del código bajo el que interpreta la realidad, que conozca sus características y limitaciones, que asimile que es un punto de vista parcial asociado a sus experiencias vitales. El código paranoide, hipocondríaco, narcisista, o los sentimientos de culpa, pueden ser muy resistentes al cambio por sus características dogmáticas. El mayor peligro es que el paciente se sienta acusado, por ello hay que tener un especial cuidado en que entienda su origen, y que acepte el hecho de que hasta ahora no ha podido verlo de otra manera, ya que esa visión se forjó de acuerdo a cómo las figuras significativas o ciertas experiencias traumáticas le fueron construyendo un cristal desde el que capta la realidad.

·         “Eso que me acabas de decir con convicción, supongamos ahora que tú fueras una especie de “Pepito Grillo” que cuestiona, ¿qué argumentos en contrario podrías dar?”

·         “Eso que sientes que tienes que hacer, que lo ves como algo que no puedes dejar de hacer, ¿cómo se puede haber formado en ti esa convicción, ese sentimiento de obligación? ¿Cómo puede haber influido lo que tus padres u otras personas hacían, o pensaban, o decían al respecto?”

·         “¿Crees que otra persona podría ver esa cuestión de otra manera? Por ejemplo, piensa cómo lo verían algunos de tus amigos, o de compañeros de trabajo. Piensa cómo las personas que conoces, con las que estás en relación, podrían reaccionar de manera diferente a la tuya ¿Piensas que la forma en que te criaron y criaron a esas persona influye para que tú y los otros penséis de manera diferente frente a esto que me cuentas?”

·         “Imagina que hubieras tenido otros padres con otras ideas respecto a lo que me cuentas, ¿seguirías pensando igual que hasta ahora o eso hubiera influido para que tu pensamiento y lo que sientes fuera diferente?”

Si el paciente puede entender lo anterior, que debe ser trabajado progresivamente, en momentos adecuados se le puede decir:

·         “O sea, que lo que me estás diciendo es que de acuerdo a cómo lo criaron a uno, a lo que le pasó, entonces cada persona se forma una idea a la que da valor absoluto”.

Colonización interna: arrastrado por sus impulsos

En esta intervención se busca que sea la propia paciente la que tome paulatinamente contacto con las implicaciones y posibles consecuencias de sus actos, es muy importante no caer en hacer preguntas que la dirijan a sentir miedo o vergüenza, y cuidar de que sea ella la que genere su propia visión sobre esos actos que han tenido lugar al margen de su conciencia. Se trata de generar un diálogo interno entre los momentos en los que el paciente está bajo un funcionamiento automático (colonizado por sus impulsos) y un funcionamiento basado en la observación y el análisis de su propio comportamiento. El objetivo es que sea su libre conciencia, conforme a sus valores y prioridades, la que vaya adquiriendo protagonismo en su mundo interno.

·         “Hay momentos en tu vida en los que sientes que pierdes el control, que haces cosas con las que después no estás de acuerdo, que te angustian… En esos momentos es como si no fueras verdaderamente tú y algo tomara los mandos dentro de ti, una parte de ti que te empuja a hacer cosas sin darte tiempo a pensar en las consecuencias. Vamos a ver juntas la manera de conseguir que sea siempre X [el nombre del paciente] la que mande, que puedas verdaderamente decidir lo que haces y lo que no, de forma que sean tus auténticos deseos los protagonistas en tu vida”

·         “Vamos a ver juntas cómo te sentías en el momento en el que estabas haciendo X: ¿cuáles eran tus sensaciones?, ¿qué pensabas?, ¿qué creías que podía suceder?, ¿qué estabas buscando?... Y ahora, ¿qué piensas de esa escena?..., imagina que la observas de fuera, ¿qué te parece que te está pasando?, ¿qué cosas crees que podrían suceder?” Y explorar las posibles consecuencias de su conducta, tratando de dibujarlas al detalle, de modo que no se quede ni en su deseo/temor abstracto ni en lo que intuye es la respuesta que el terapeuta espera.

Colonización interna: cuando un estado emocional toma el control

Hay momentos en los que el paciente puede sentir que pierde el control sobre su mente y sus actos, son momentos en los que necesita aprender a autorregularse generando un diálogo interno con un “estado del ser” capaz de poner límites y asumir responsabilidades.

·         “¿Crees que el hecho de estar enojado, o asustado, o contento (según el caso) hace que vayas viendo lo que te sucede/cómo es X/cómo eres tú, bajo ese cristal emocional? O, en otras palabras, ¿no crees que tu estado emocional (de rabia, de alegría, de miedo, de susto) influye para que te veas a ti mismo o veas a los demás de cierta manera?”

·         “¿Podrías dar algún ejemplo de momentos de rabia en que tu visión, tu opinión, de los demás o de tu pareja o de un amigo, cambió por el poder de ese estado emocional? ¿Esos cambios de opinión que dependen de tu estado de ánimo, no te dicen algo de cómo tus emociones influyen sobre los juicios que haces?”

·         “¿Cuál dirías tú que es el pensamiento/sensación/estado afectivo del que te quieres deshacer? Si fuera una cosa, ¿qué cosa sería? Imagínatelo, ahí la tienes… ¿qué harías con esa cosa?, ¿cómo te desharías de ella?, represéntate a ti misma deshaciéndote de ella, recréate en ello. Esto es algo que puedes practicar todas las veces que lo necesites, algo muy tuyo, muy profundo, que puedes llevar contigo y a lo que puedes recurrir siempre que lo necesites”

Previniendo la colonización del paciente por los valores y opiniones del analista

A veces hay intervenciones en las que el terapeuta desvela sus valores y opiniones personales, pues entiende que de una manera u otra el paciente los va a captar o porque decide no ocultarlos. Siendo así, lo más conveniente es que se plantee una especie de debate en el que tanto el paciente como el terapeuta sean meros participantes, habiendo por lo tanto muchas posiciones legítimas y ninguna ideal. Por su parte el paciente necesita explorar sus sentimientos hacia otras posiciones y entender el origen de las que le son familiares.

·         “¿Qué piensas acerca de lo que te dije, encaja con lo que sientes?”

·         “Lo que te digo es la forma en que yo lo veo. Tú, por supuesto, puedes verlo de otra manera”

·         “Pero esto son cosas que pienso yo, ¿qué te parece lo que te digo?, ¿tú lo ves de otra forma?... ¿Esta idea mía es solo mía o la escuchaste en algún otro lugar?, ¿y esa idea tuya de dónde crees que viene?, ¿qué crees que nos dirían tu madre o tu padre [o quien sepamos que ha sido importante en su vida] si nos escucharan?, ¿cómo crees que se sentirían?”

 

Referencias

Bleichmar, H. (1997). Avances en Psicoterapia Psicoanalítica. Paidós: Barcelona

Brandchaft, B., Doctors, S, Sorter, D. (2010). Toward an Emancipatory Psychoanalysis: Brandchaft's Intersubjective Vision. New York: Taylor & Francis.

Eagleton, T. (1991) Ideology: An Introduction. Verso Books: London/ New York

Kohut, H. (1971). The Analysis of the Self: A systematic approach to the psychoanalytic treatment of narcissistic personality disorders (1971). New York: International Universities Press. (Hay traducción al castellano: El análisis del self. Amorrortu: Buenos Aires). 

Frankel, J. (2002). Exploring Ferenczi's concept of identification with the aggressor: Its role in trauma, everyday life, and thetherapeutic relelationship. Psychoanalytic Dialogues, 12:101-139 (Traducido en Aperturas Psicoanalíticas, 2002, No. 11)

Jost, J, T., Ledgerwood, A., y Hardin, C. D. (2008). Shared reality, system justification, and the relational basis of ideological beliefs. Social and Personality Psychology Compass, 2,171-186

Lacan, J. (1966), Le stade du miroir comme formateur de la fonction du Je, telle qu'elle nous est révélée dans l'expérience psychanalytique. Écrits, Seuil: Paris.

Winnicott, D. W. (1965). Ego distortion in terms of true and false self. En: The Maturational Process and the Facilitating Environment: Studies in the Theory of Emotional Development. New York: International Universities Press, Inc: 140–157.

Zizek , S, y Abercrombie, N. (2012). Mappping Ideology. Verso Books: London/ New York.

 


El presente trabajo intenta ser un instrumento que sirva como núcleo a ser ampliado por las aportaciones teóricas y ejemplificaciones clínicas de todos aquellos que se interesen en el estudio de la colonización emocional. En este sentido, os animamos a enviar vuestras sugerencias y viñetas clínicas (de no más de 250 palabras, redactando de manera telegráfica las ideas principales) al correo foro@colonizacionemocional.com