aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 019 2005 Revista Internacional de Psicoanálisis

Sostener y facilitar la regulación interactiva en parejas con historias de trauma

Autor: Feld, Barbara

Palabras clave

Autorregulacion, Conocimiento relacional implicito, Modelos internos de trabajo, Sistema diadico, Regulacion mutua, Teoria del apego, Terapia de pareja, Transmision intergeneracional del trauma, Trauma temprano.


"Holding and facilitating interactive regulation in couples with trauma histories" fue publicado originariamente en Psychoanalytic Inquiry vol. 24, No. 3, p. 420-437, 2004. Copyright 2004 de Analytic Press, Inc. Traducido y publicado con autorización de The Analytic Press, Inc.


Traducción: Marta González Baz

Revisión: Raquel Morató de Neme

En este trabajo discuto modelos teóricos de desarrollo individual en un sistema diádico y su importancia para la terapia de pareja. Estos modelos se basan en la investigación temprana en infantes, relativa al sistema diádico, creado entre el cuidador y el niño e incluye ideas sobre la autorregulación y la regulación mutua. Estas teorías, relacionadas y coincidentes en parte, también son relevantes para el uso de la terapia de pareja con personas que poseen historias de trauma temprano. Los individuos traumatizados tienden a utilizar estrategias evitativas, desorganizadas o ambivalentes de regulación del estrés, en oposición a las estrategias seguras y receptivas. Estas estrategias crean conjuntamente patrones interactivos problemáticos en sus relaciones de pareja. Por tanto, es importante establecer una atmósfera terapéutica de empatía, receptividad y confianza que facilite la capacidad de los miembros de la pareja para modificar sus patrones interactivos. Esta atmósfera terapéutica sirve a los miembros de la pareja como un modelo que aspira a promover un apego más seguro, comprensión y crecimiento.

El pensamiento psicoanalítico ha evolucionado para incluir nuevos modelos de desarrollo individual en un sistema diádico. En el pasado, la terapia individual y la de pareja seguían pistas paralelas. Al basarse más en modelos relacionales y de sistemas para comprender al individuo, algunos aspectos del pensamiento psicoanalítico y de los modelos de sistemas utilizados en el trabajo con parejas y familias se están aproximando entre sí. Estos enfoques de sistemas de apego y diádicos se centran en la autorregulación y la regulación interactiva del afecto -una perspectiva bidireccional. Por tanto, tienen una relevancia considerable a la hora de trabajar con parejas y con sus dificultades interactivas.

En este artículo, ilustro la ventaja terapéutica y conceptual de integrar la teoría del apego y de sistemas diádicos a la hora de considerar la transmisión del trauma de una generación a otra (van der Kolk, McFarlane y Weisaeth, 1996; Lyons-Ruth, 2001; Tronick, 2002). Concretamente, hablo de estas teorías relacionadas y coincidentes en parte y de su importancia para la terapia de pareja, especialmente cuando se aplican a parejas con historias familiares de trauma temprano. Además, me refiero a los conceptos de vulnerabilidad y ruptura-reparación en tanto se relacionan con el trabajo terapéutico de estas parejas.

Los resultados del trauma familiar a menudo suelen aparecer de forma inesperada y discontinua dentro de las relaciones de un individuo. Los individuos traumatizados tienden a utilizar estrategias de regulación del estrés evitativas, desorganizadas o ambivalentes (Lyons-Ruth, 2001). A causa de estos patrones desorganizados, poco coherentes, a menudo se ven envueltos en peleas, o se sienten desconectados, culpabilizantes y desconfiados (van der Kolk, 2002). El miembro de la pareja que tiene una historia de trauma familiar no se sintió seguro en su familia de origen. No posee un contexto en el cual suponer que estará seguro/a en su actual familia nuclear. Puesto que a menudo asoció amor con trauma, es posible que continúe haciéndolo. Como resultado, el individuo más necesitado de sostén se verá incapacitado de pedirlo u obtenerlo.

Propongo que uno de los objetivos de la terapia de pareja es ayudar a los miembros de la misma a que tomen conciencia y regulen mejor los aspectos interactivos, creados conjuntamente, de su relación, que incluyen el escucharse el uno al otro. Para conseguir esto, es útil que el terapeuta fomente el desarrollo de la comprensión, la accesibilidad y la receptividad de ambos componentes de la pareja. Sin embargo, cada uno tiene que comprenderse primero a sí mismo/a y aceptarse. Ayudar a que cada uno desarrolle la comprensión de sí mismo/a es especialmente difícil en parejas cuyas historias de trauma temprano son factores implícitos y ocultos que perturban su equilibrio psíquico. La terapia de pareja puede ofrecer un entorno facilitador y de sostén que promueva la expresión y exploración de los patrones relacionales de cada miembro de la pareja y de los procesos relacionales de la pareja como tal -teniendo en mente las necesidades de seguridad de cada uno de sus componentes.

Mi marco teórico y mi método de trabajo derivan de conceptos claves en la teoría del apego (Ainsworth y col., 1978; Bowlby, 1969; Main, Kaplan y Cassidy, 1985) y la teoría de sistemas diádicos (Tronick y col., 1998; Lachmann y Beebe, 2002; Sander, 2002). Hay dos conceptos vinculados entre sí, derivados de la teoría del apego, que me parecen útiles: que el individuo desarrolla modelos internos de trabajo que perduran en el tiempo, y que el individuo crece con un conocimiento relacional implícito (Lyons-Ruth, 1998). Otro concepto útil deriva de la interacción empírica cara a cara entre madre e infante (Tronick y col., 1998; Lachmann y Beebe, 2002; Sander, 2002): el individuo crece dentro de una matriz de sistemas diádicos. Winnicot (1965) también desarrolló un enfoque de sistemas similar a éste con su concepto de que no existe un bebé como tal, sino más bien una unidad madre-bebé.

Cuando la seguridad del vínculo se ve amenazada, una persona responde con conductas típicas de búsqueda de apego, diseñadas durante la infancia para mantener los apegos frente a la pérdida. Bowlby (1969) llamó a esto modelos internos de trabajo. Bowlby (1980) pensó que estas interacciones recíprocas entre madre e hijo durante los primeros cinco años de vida constituyen un modelo para relaciones posteriores. Ello implica que  una persona establece conexiones y apegos según el modelo que obtuvo de los patrones de interacción de su familia de origen. Estos modelos de trabajo pueden observarse en los patrones que los miembros de la pareja establecen entre sí. Interactúan en un sistema de influencia recíproca. Los patrones arraigados en el sistema pueden ocasionar problemas a la pareja. Aunque estas conductas pueden considerarse perjudiciales en la relación presente, la persona siente inconscientemente que son necesarias para mantener el apego. Las conductas problemáticas (por ejemplo estallidos de ira, hipervigilancia, retirada) pueden ser parte del patrón. Desgraciadamente, estas respuestas confirman la percepción negativa que tiene la persona y evocan aún más la conducta de apego. La pareja se ve atrapada así en un círculo vicioso.

Estos patrones, no obstante, no son inamovibles y pueden cambiar cuando los componentes de la pareja se ven expuestos a nuevas experiencias relacionales. Por tanto, los componentes básicos del apego seguro necesitan estar disponibles en el marco terapéutico (Johnson, 1996). Esto puede ofrecer a ambos miembros la experiencia de diferentes modelos de relacionamiento así como un modelo de mayor flexibilidad en su propia receptividad.

Este modelo de apego es extremadamente útil para comprender los patrones de apego de cada individuo y sus modelos internos de trabajo. Me parece que un concepto relacionado, el conocimiento relacional implícito (Lyons-Ruth, 1998) se añade a esta teoría centrándose en el modo implícito, no simbólico, en que una persona aprendió el proceso por el cual crea conjuntamente una relación. Este concepto se centra en los patrones relacionales interactivos que afectan al modo de estar con otras personas aprendido en el contexto de la relación de un niño con los otros y comunicado mediante secuencias de acciones practicadas muy frecuentemente. La regulación mutua crea, entonces, un sistema diádico (Beebe y Lachmann, 1998, 2002; Tronick y col., 1998; Sander, 2002; Tronick, 2002). Por ejemplo, un niño aprende en el comienzo de su vida qué tipo de aproximaciones afectuosas celebra o rechaza uno de los padres. Estos modos implícitos se convierten a partir de entonces en modelos para los modos de aproximaciones afectuosas del niño hacia los otros. Los modos pueden no estar codificados simbólicamente y por tanto no ser accesibles a la atención consciente (Tronick y col., 1998; Tronick, 2002). Puesto que no son conscientes sino que se crean conjuntamente en un sistema interactivo, puede ser muy difícil acceder a ellos y modificarlos sin la intervención de otra persona ajena al sistema diádico -creando un nuevo sistema, ahora triádico.

Otra teoría relacionada y coincidente en parte, la perspectiva de sistemas diádicos, tal como se aplica a la psicoterapia a partir de la investigación de la interacción cara a cara entre el cuidador y el infante, enfatiza el proceso y los aspectos sistémicos de las interacciones diádicas (Sander, 1975, 2002; Beebe y Lachmann, 1996, 2002; Tronick y col., 1998). La investigación en infantes ilustra que los procesos básicos de interacción a nivel no verbal permanecen más o menos igual durante toda la vida. Esta perspectiva es una contribución importante para comprender los patrones diádicos de interacción y su efecto en la autorregulación y en la regulación interactiva. Este proceso relacional recíproco modela el estado de conciencia individual de cada miembro de la pareja y es modelado por éste. La construcción conjunta de patrones interactivos, de la regulación mutua y de la autorregulación, única en cada díada, es vital para este enfoque (Beebe y Lachmann, 2002). Este foco refrenda una visión totalmente bidireccional de la contribución de cada miembro de la díada a la organización de la misma. En la perspectiva bidireccional, la conducta de cada persona es predecible a partir de la del otro, no es que esté causada por ella (Tronick y col., 1998; Lachmann y Beebe, 2002; Tronick, 2002). Aunque esta perspectiva se relaciona con la interacción infante-cuidador o paciente-analista, se aplica plenamente a la interacción de pareja. Es interesante apuntar que un patrón tal como el de “persecución y esquive” (Beebe) en el cual la madre se aproxima a la cara de su bebé y éste aparta su cuerpo y su cabeza, parece muy similar al patrón marital de perseguidor-distanciador descrita por los terapeutas de pareja. En este escenario, un miembro de la pareja insiste en la interacción intensa, y el otro la esquiva y se separa mediante la televisión, los juegos de ordenador, el trabajo, etc. Es importante, por tanto, acceder al sistema creado para poder ayudar a la pareja.

Resumiendo, las teorías del apego y de sistemas que he mencionado me parecen útiles para mi trabajo como explico a continuación. La teoría del apego y la idea de los modelos internos de trabajo son muy útiles para entender a cada miembro de la pareja, su estilo de apego y los modelos internos de trabajo creados mediante las interacciones en la familia de origen. La idea del conocimiento relacional implícito añade una dimensión más inconsciente, diádica, conjunta e interactiva a mi comprensión de la pareja. La adición de un foco de sistemas diádicos ofrece al terapeuta una idea de proceso del impacto continuo e interactivo de los miembros de la pareja entre sí. En este ciclo continuo, cada uno modela al otro y es modelado por él. Como mostraré más adelante, la perspectiva de sistemas ofrece una dimensión añadida a la comprensión de la relación terapéutica (Lachmann y Beebe, 2002).

Estas teorías han evolucionado con un vocabulario diferente, y cada una de ellas se centra en diferentes aspectos de fenómenos relacionados. Estos aspectos diferentes me parecen útiles en mi concepción ampliada sobre el trabajo con parejas. Creo que es importante apuntar que un cambio en la teoría da lugar a escuchar e intervenir de forma diferente. Por ejemplo, la transferencia-contratransferencia se considera ahora como un sistema complejo que implica múltiples matrices. El terapeuta siempre está a la espera de un patrón y de las suposiciones inconscientes y el conocimiento relacional implícito que cada componente de la pareja aporta a la interacción. Estas ideas son especialmente útiles para manejar el trauma temprano puesto que éste se trae de un modo no verbal, somático e implícito. Me ayudan a sintonizar con la posibilidad de reacciones desconocidas que resurgen en momentos inesperados.

Me parece especialmente importante establecer la situación terapéutica como un área de seguridad, un entorno de sostén (Winnicott, 1965), que la pareja pueda usar como una base segura desde la cual explorar sus deseos y ser comprendido por el otro (Clulow, 2001). La capacidad del terapeuta para aceptar todos los afectos de los componentes de la pareja, especialmente los inesperados y desorganizados, contribuye a su contención y sostén. El entorno de sostén no es sólo parte de una relación global, sino que también es un elemento de la acción terapéutica. Es un agente de cambio por derecho propio puesto que proporciona una atmósfera diferente de la que existía en la familia de origen de cada componente de la pareja y puede servir como modelo para el tono emocional que pueden crear. Es importante reconocer, sin embargo, que también existe un sistema dinámico en la relación interactiva del terapeuta y la pareja, en el que el terapeuta trabaja para autorregularse y calmarse en una atmósfera de tensión y desorganización extremas. El entorno de sostén es un ideal en la mente del terapeuta. Es útil para crear un refugio seguro pero no siempre es alcanzable porque los pacientes y los terapeutas reaccionan de forma distinta desde su propia subjetividad.

A causa de la vulnerabilidad de cada miembro de la pareja, es muy probable que se produzcan problemas en la pareja y la relación terapéutica. El principio de trastorno y reparación de las interacciones procede del principio de regulación mutua (Tronick y col., 1998). Organiza las violaciones de las expectativas y los intentos consiguientes de resolver estas rupturas. La investigación con infantes indica un amplio rango de interacciones que abarcan el término trastorno -desde trastornos leves, corregidos con facilidad, hasta rupturas graves (Tronick y col., 1998; Beebe y Lachmann, 2002). La capacidad de reparar un trastorno se aprende implícitamente en los patrones de regulación de la familia de origen. Las parejas a las que me estoy refiriendo no han tenido la experiencia de reparación.

Cuando yo empiezo a trabajar con una pareja, especialmente con una en la que cada miembro tiene una historia de trauma, intento establecer una posición de escucha encaminada a facilitar en cada uno de los componentes de la pareja el sentimiento de ser atendido y comprendido. Este proceso requiere un modelado de la comunicación directa y del discurso cooperativo y coherente, tan necesarios en el ciclo reparador entre personas. Intento sintonizar con las emociones que cada uno siente profundamente y expresa, con sus comunicaciones y con los patrones que han establecido y continúan manteniendo. Lo que se espera es que los intentos del terapeuta por contener y soportar estos sentimientos comiencen a ayudar a cada miembro de la pareja a soportar sus propias emociones y las del otro. Cada uno puede sentir entonces que sus emociones de miedo, dolor, vergüenza, enfado y añoranza, por ejemplo, pueden ser expresadas sin sentir que son negadas o que son demasiado intensas como para manejarlas (Johnson, 1996). Este trabajo puede ayudar a cada uno de los componentes de la pareja a regular su aflicción de un modo diferente. Este escenario es un ideal, por supuesto, y está sujeto a perturbaciones, tal como describiré más adelante.

Lo ideal es que el focalizar en el sistema de interacción establecido entre los miembros de la pareja me ayude a permanecer fuera del ponerme de parte de uno o del otro. El sistema terapéutico triangular, incluyendo la subjetividad del terapeuta, da a los participantes una oportunidad de ampliar su gama de respuestas y de relacionarse con mayor flexibilidad. La introducción de la subjetividad del terapeuta puede proporcionar un nuevo elemento en la interacción de la pareja, ofreciéndole un espacio en el cual pensar en lugar de reaccionar. Puesto que cada uno se relaciona con diferentes personas desde aspectos individuales de sí mismo, las capacidades ampliadas de cada uno de los miembros de la pareja se ponen en acto con el terapeuta, a menudo para sorpresa del otro, proporcionando así una oportunidad de cambiar el sistema.

Es útil observar cómo los sucesos en el entorno de una persona pueden estimular o desenterrar una vulnerabilidad concreta en su estructura psíquica. Dado que las necesidades de apego surgen con especial intensidad durante los momentos de vulnerabilidad, es más probable que se dé una reacción de lucha-huída cuando cada miembro de la pareja se ve de nuevo sometido a un trauma (van der Kolk, 2002). Los sucesos de Nueva York del 11 de septiembre de 2001, modificaron espantosa y dramáticamente el nivel de seguridad que todos percibíamos. Nueva York se convirtió en una zona bélica, un lugar de muerte y destrucción, en el que pocos se sentían sostenidos y contenidos. Esta situación fue esclarecedora para los clínicos porque nos dimos cuenta de que las personas con traumas previos reaccionaban a estos sucesos de un modo idiosincrásico. En concreto, los sentimientos de seguridad de cada individuo traumatizado decrecieron intensamente -sentimientos que podían haber ayudado a mantener cierto equilibrio dentro del sistema de pareja traumatizada. Como resultado de su experiencia emocional temprana, a estas personas les resultaba difícil ser compasivos con las experiencias dolorosas del otro.

Para ilustrar mis ideas sobre la utilidad de la teoría del apego y de sistemas diádicos a la hora de facilitar la regulación interactiva en parejas con historias de trauma familiar temprano, presento el caso de una pareja a la que había estado viendo durante varios meses antes del 11 de septiembre y a la que continué viendo con posterioridad a esa fecha.

Rachel, de 39 años, procedía de una familia sureña acomodada. Matt, de 40, creció en una familia que tenía un pequeño negocio familiar en una población rural de Maine. Llevaban casados 8 años. Rachel y Matt tenían múltiples niveles de trauma desde su primera infancia. Ambos provenían de familias alcohólicas con padres abusivos que se mostraban lejanos o irracionales dependiendo de su consumo de alcohol. El padre de Rachel era abusador verbal y físicamente. La madre no protegía a sus hijos de la ira del  padre pero finalmente lo abandonó cuando Rachel tenía 13 años. Además, Rachel fue violada a los 16 años cuando se marchaba de un baile escolar, en un lugar supuestamente seguro. Cuando les contó a sus padres la violación, no reconocieron su experiencia. Se sintió sola y abandonada en su presencia. Este es el tipo de fenómeno que la teoría del apego considera como creador de modelos internos de trabajo.

El padre de Matt también era físicamente abusador, especialmente cuando se sentía amenazado o angustiado. La madre no intentaba proteger a sus hijos durante estos estallidos de ira. En otras ocasiones, el padre era afectuoso y amoroso. Cuando Matt tenía 9 años, unos amigos varones de la familia abusaron sexualmente de él. Dice que recuerda que cuando era niño pensaba “Olvídate del amor. Cuando dejas que alguien te quiera, acabas herido”. Esto creó un modelo interno de trabajo que teñía la experiencia que Matt tenía de sí mismo y de su interacción con otras personas.

La conducta errática de sus padres hizo que Matt y Rachel sintieran que no tenían control sobre los factores de seguridad de su entorno. El efecto de la conducta errática de sus padres perdura en su conocimiento relacional implícito y emergió en la conducta del uno hacia el otro. Rachel halló consuelo en la pintura, que le ayudaba a mantener cierto sentimiento de orden y control sobre su mundo. Cuando se graduó en el instituto se fue a Florencia, Italia, a estudiar durante tres años. Matt se refugió en el violín. Su madre tenía grandes esperanzas de que llegara a ser un concertista de violín. Su expectativa tuvo una influencia adversa y controladora, sobre él, así como un aspecto positivo de vinculación. Matt  se volvió reacio a ser controlado. Esta reacción se aumentó por su diabetes juvenil severa, que le provocaba desvanecimientos impredecibles, incluso mientras actuaba. Finalmente, esto contribuyó a que tomase la decisión de buscar otra carrera.

Las confrontaciones y los intentos de discutir cuestiones complicadas eran imposibles en las familias de ambos. Afirmaciones tales como “Eso me hiere [física o emocionalmente]” eran desestimadas. Aunque los ataques de ira del padre de Matt atemorizaban claramente a toda la familia, existían prohibiciones implícitas y explícitas de hablar de ese miedo, y nadie lo hizo nunca. Tanto para Rachel como para Matt, estas experiencias crearon modelos internos de trabajo de evitación de la comunicación relativa al miedo o a la crítica, la retaliación o la desconexión. Para ellos, el estar disociados se convirtió en un patrón. Puesto que ninguno de los dos podía esperar que los demás los protegieran, para Matt la supervivencia dependía de la retirada, y para Rachel de la falta selectiva de atención al daño y la pérdida que percibía.

Antes de casarse, Matt y Rachel habían establecido una relación de salvadores. Rachel acudía siempre que Matt tenía un desvanecimiento y él escuchaba sus miedos siempre que se sentía amenazada en una situación determinada. Compartían una visión romántica de proporcionar al otro una seguridad total, y de tener un hijo que afirmara aún más este vínculo. Su matrimonio, sin embargo, alteró el contexto de su relación. Como resultado, hubo un cambio de sistema dentro del contexto matrimonial, y experiencias tales como la violación, que habían sido mantenidas fuera de la relación, penetraron en ella. Para Rachel, el matrimonio significaba hombres controlando a mujeres, incluyendo sexualmente, lo cual le recordaba la violación. Para Matt, el matrimonio demostraba su masculinidad pero creaba la posibilidad de ser controlado por alguien a quien amaba. Para cada uno de ellos, el matrimonio también volvió a evocar modelos internos de trabajo de patrones relacionales familiares. El contexto del matrimonio, por tanto, alteró la experiencia de relación de una que ofrecía seguridad y rescate a una de posible trauma y una batalla defensiva por el control. Aunque el sexo prematrimonial había sido bueno, Rachel respondía ahora con pánico a los encuentros sexuales y Matt respondía con ira, o con desapego, a lo que percibía como el control por parte de ella. La rabia de Matt, aunque no era física, le recordaba a Rachel su falta de seguridad, y su desapego le evocaba su total abandono. Su pánico, enfado y consiguiente retirada, como mecanismos protectores, empeoraron la situación. La respuesta de Matt fue sentirse herido, frustrado y enojado. La seguridad de su vínculo se vio amenazada, y reaccionaron con sus conductas típicas de apego de hipervigilancia y retirada. Aquí podemos ver cómo los residuos de patrones tempranos se enganchan entre sí de un modo muy tóxico.

Antes del 11 de septiembre, estábamos trabajando en el sistema marital que acabo de describir -sobre el deseo de Rachel de tener un hijo y su enfado con Matt por lo que ella percibía como una negación a este deseo (Matt había sido impotente el año anterior). El 11 de septiembre cambió el contexto de relativa seguridad de sus vidas a otro de desastre. Viven cerca de la Zona Cero y veían la zona del desastre casi a diario. Su mundo físico confirmaba ahora su terror psicológico. Evocaron ambas historias traumáticas, y Rachel se volvió sintomática (ver van der Kolk, 2002). Después del 11 de septiembre, Rachel se volvió casi fóbica con la idea de que se quedaba encerrada dentro de un túnel en un tren lento en el cual explotaría una bomba. Cuando llegaban por separado a mi consulta, Rachel solía contar, con voz acelerada, su experiencia en el tren, los cuerpos presionados contra ella, su deseo de patear y empujar a los más próximos a ella para poder crear un espacio a su alrededor y la ira y el pánico que sentía por estar en esa situación. La respuesta de Matt ante su aflicción era intentar calmarla o recurrir al humor como un modo de autorregularse. Rachel no podía confiar en Matt y tomaba su reacción como poco compasiva, lo cual aumentaba los sentimientos de miedo y aislamiento de ambos.

Al principio, mi reacción era un sentimiento ligeramente culpable por que Rachel viniera a verme a la zona residencial, a mi situación relativamente segura. Aunque todos habíamos experimentado este trauma, cada uno lo experimentamos en nuestra propia subjetividad, lo que debió afectar el sistema que habíamos creado. Me preguntaba si podría consolarlos y mantener el entorno de sostén mientras yo estuviera angustiada y la angustia de Rachel afectara la mía propia. Necesitaba auto-calmarme antes de poder ayudarlos a regular su interacción. Sin embargo, mi conocimiento de que ella esperaba no ser comprendida, como parte de su modelo interno de trabajo, orientó mis intentos de ayudarla a continuar expresando sus sentimientos y de calmarlos. Mis comentarios estaban encaminados a contener calmadamente la angustia que sentía, con una voz suave, apaciguadora. Intenté implicar a Matt en un modo comprensivo de responder a Rachel. Sin embargo, ella reaccionaba con ira cuando él empleaba el humor, y él se sentía frustrado por la falta de empatía de ella. Intenté que ambos se dieran cuenta de sus sentimientos vulnerables y de su necesidad de consuelo.

Llegamos a entender mejor lo que había implicado el pánico de Rachel cuando cogía un tren. Los trenes atestados de gente siempre evocaron en ella recuerdos corporales de su violación, pero bajo circunstancias normales tenía esas respuestas bajo control. La retraumatización del 11 de septiembre estimuló estos recuerdos y los hizo más difíciles de contener. La reacción de Matt en ese momento no le hizo estar disponible para ayudarla con estas respuestas. Su falta de apoyo (tal como ella la percibía) le provocaron un dolor mayor y reactivaron los recuerdos de la falta de receptividad de su padre. La reacción de ella enfurecía a Matt porque él deseaba conscientemente servirle de apoyo. Este aspecto de su relación fue una fuente constante de tensión entre ambos y demostró ser también un complicado dilema en la transferencia-contratransferencia. En ocasiones, yo pensaba que estaba siendo receptiva con Rachel, pero ella no lo sentía así. Este patrón me resultaba frustrante y evocaba sentimientos de no ser comprendida. En esas ocasiones, me parecía útil observar y comentar su sistema relacional desde una posición reflexiva externa a su interacción, aunque reconocía que el terapeuta siempre forma parte del sistema. (Utilizando la posición reflexiva del terapeuta como modelo, a menudo resulta útil sugerir que las emociones del compañero sean expresadas desde una posición subjetiva más que culpabilizante. Este enfoque es un modo muy efectivo de ayudar a la pareja que mantiene una relación estresante pensar acerca de sus sentimientos y a reformular todas sus respuestas. El terapeuta puede facilitar esto traduciendo las afirmaciones del compañero de modo que la comunicación se utilice para informar en lugar de manipular y para fomentar la comprensión y la conexión en lugar de la desconfianza y la desconexión).

Rachel y Matt mostraban un patrón oscilante de ataque enojado y retirada en momentos de estrés emocional. Para resultar de ayuda, yo tenía que ser capaz de elucidar cada uno de sus intentos de manejar sus sentimientos de vulnerabilidad y vergüenza. Una de las formas en que lo hacía era, por ejemplo, traduciendo el humor de Matt, su retirada, sus gestos de enfado, etc., como un modo de regular sus sentimientos de vulnerabilidad y necesidad, y traduciendo el pánico y el enfado de Rachel como un modo de regular esos sentimientos. Como en el ejemplo que acabo de presentar, cuando Rachel y Matt comprenden las necesidades del otro, sus patrones de respuesta enojada disminuyen. Saber que el afecto negativo que perciben en el otro es resultado de cada una de sus reacciones ante una amenaza a la relación ayuda a descifrar el proceso de las mismas.  La respuesta enojada de Rachel es su intento de insistir en que él cambie su conducta humorística o de retirada y la ayude a sentirse menos aislada y sola. La retirada enojada y evitativa de Matt es su intento de protegerse de la crítica de ella, a la que él responde como a una validación de sus sentimientos de ser poco digno de amor. Mi orientación aquí es centrarme primero en la inseguridad, anhelos y miedo a la pérdida de conexión de cada uno de ellos. Luego me centro en el modo en el que todo esto da como resultado patrones de interacción que mantienen y organizan las respuestas del otro en un ciclo de influencia recíproca. Mi descripción de sus interacciones observables y del sistema que mantienen a menudo los ayuda a ver cómo cada una de sus conductas refuerza las respuestas del otro en un continuo “circuito de retroalimentación”.

Intento atender a la comunicación no verbal de cada uno de ellos basada en su conocimiento relacional implícito. La experiencia no verbal se basa en patrones profundos que permanecen fuera de la conciencia y que se crean a partir de las experiencias de apego tempranas. La comunicación no verbal es por tanto un aspecto importante de la expresión emocional de cada persona y de la interacción emocional del otro miembro de la pareja.  Esto incluye su orientación física de aproximación o alejamiento hacia el otro y la congruencia de su afecto con sus expresiones verbales y faciales. Las parejas que funcionan adecuadamente generalmente están coordinadas para turnarse y orientarse en una danza mutuamente regulada. Las parejas con dificultades interactivas también están mutuamente reguladas, pero con un sistema más caótico e interruptor. La expresión facial transmite estados emocionales a ambos componentes de la pareja y se asocia con patrones de despertar psicológico (Beebe y Lachmann, 1998). Los miembros de la pareja son sensibles a la mirada del otro y responden a ella correspondiéndola y especularizándola. En algunas parejas, se evita la mirada del otro de un modo mutuamente regulado, con el resultado de sentimientos de abandono. En otras, uno de los componentes o ambos son muy vigilantes respecto a los afectos expresados por el otro.

Matt tiene un rostro muy expresivo y no es consciente de la emoción que expresa o de su impacto sobre Rachel, quien observa vigilante la emoción en los otros. A veces, durante una sesión, Rachel reaccionaba a lo que ella percibía como el enfado de él hacia ella. En estas ocasiones, yo también percibí las expresiones faciales de Matt, y me resultó útil preguntarle si se daba cuenta de la expresión de su rostro. Generalmente no se daba cuenta. (Yo le) Me preguntaba qué percepción tenía en ese momento de su propia expresión. Esto lo ayudó a tomar contacto con su propia reacción interna y a hablar luego sobre la misma. Este modo de trabajar con el afecto es útil sólo cuando la relación terapéutica se percibe como segura. Es posible que esta intervención pudiera tomarse como crítica o avergonzante y pudiera socavar el sentimiento de seguridad de la persona. Por tanto, es importante ser consciente de la continua necesidad de seguridad en la relación terapéutica.

El trabajo relativo a la familia de origen es especialmente importante con las parejas traumatizadas porque ayuda a cada uno de los miembros a comprender su respuesta al otro desde la perspectiva de su pasado relacional y de los patrones implícitos y modelos internos de trabajo que cada uno había establecido. Durante esta exploración, queda claro que los episodios que tuvieron lugar en cada una de sus familias de origen fueron generalmente mucho más graves de lo que son en la relación de pareja, pero se responde ante éstos como si fueran iguales a los primeros. La reacción implícita de los componentes de la pareja provoca entonces la escalada de la interacción negativa y, a veces, tiene como resultado la duplicación de las escenas de cada una de las familias de origen. Establezco activamente los paralelos entre los patrones de los miembros de la pareja y los patrones de sus familias de origen. Así pueden incrementar la comprensión de sus interacciones y comenzar a hacerlas decrecer. Hablo sobre los contextos y los ambientes en que vivieron como el aire que respiraron, y de que es comprensible que reaccionen como lo están haciendo. Aquí, el uso del pensamiento de los sistemas diádicos orienta y modifica la técnica contribuyendo a una comprensión de los patrones y procesos de interacción y su transmisión intergeneracional. Esta comprensión ayuda al terapeuta a crear una atmósfera en la cual la pareja pueda pensar sobre estos patrones y comenzar a interrumpirlos en su propia relación.

En una sesión, Matt y Rachel estaban discutiendo sobre la falta de atención de él hacia ella y los sentimientos de Rachel de la falta de sintonía de Matt. En medio de su acusación, casi como de pasada,  también dijo que sabía que ella no era interesante, y él se enfureció. Yo detuve la interacción para desenmarañar los hilos de la discusión. En su familia de origen, el rol de Rachel era el de una persona artista pero poco interesante, relegada a un segundo plano respecto a su madre. Ella lo aceptaba en un cierto nivel, pero le molestaba y se enfurecía en cualquier ocasión en que podía ser posible esta situación. Como he dicho antes, Matt provenía de una familia muy belicosa, y aprendió a no sintonizar con la gente.  Desdichadamente, se desconectaba de Rachel y no sintonizaba con ella aun cuando ella no parecía estar atacándolo, sino cuando él se sentía amenazado por alguna razón que a ella no le resultaba obvia. Cuando él se retraía, ella se sentía poco interesante -uno de sus modelos internos de trabajo. Desenmarañar estos hilos y explorarlos luego con la pareja parecía ayudarlos a comenzar a entenderse mejor entre sí y a mejorar sus patrones recíprocos de interacción. Este ejemplo ilustra cómo la teoría del apego y los conceptos de modelos internos de trabajo y conocimiento relacional implícito son tan útiles para que el terapeuta profundice en la comprensión de las interacciones reiterativas en una pareja.

La relación de transferencia-contratransferencia se crea y regula mutuamente y se basa en  los patrones relacionales que a menudo son implícitos. Algunas parejas son capaces de colaborar conmigo para crear un lugar seguro en el que puedan exponer su vulnerabilidad con la esperanza de  ser comprendidos y contenidos. Mi capacidad para sintonizarme con ellos se convierte en parte de esta creación conjunta.  A las parejas con historias traumáticas les resulta más difícil establecer este tipo de alianza terapéutica, puesto que parte del conocimiento relacional implícito de cada uno es anticipar el peligro. El consultorio del terapeuta, por tanto, puede vivenciarse también como un lugar peligroso. Lo que un terapeuta puede ofrecer como un comentario supuestamente útil y comprensivo puede ser tomado como lo contrario. Además, lo que para uno de los miembros de la pareja es útil, puede no serlo para el otro.

Una de las implicaciones del pensamiento de sistemas es que el terapeuta tiene que prestar atención a múltiples sistemas: al de la pareja, a los sistemas terapéuticos (el terapeuta con la pareja, el terapeuta con cada miembro de la misma), y al consciente e inconsciente de cada persona en cada una de las díadas. Aunque es imposible sintonizar conscientemente con todos estos sistemas al mismo tiempo, el terapeuta generalmente puede sintonizar con ellos periféricamente. Si se abandona la atención a un aspecto, como sucede en el ejemplo que voy a describir, la terapia podría tener problemas. Como he dicho anteriormente, cada miembro de la pareja puede experimentar las respuestas del terapeuta a su manera. A veces, la posición empática del terapeuta hacia uno de ellos puede herir los sentimientos del otro, provocando una perturbación en la relación terapéutica.  Un ejemplo muy frustrante de esto tuvo lugar al principio del tratamiento con Matt y Rachel y ha vuelto a rondarlo ocasionalmente desde entonces. Rachel estaba hablando de su miedo a tener problemas de infertilidad a causa de la impotencia de Matt durante el año anterior. Según la percepción de éste, los intentos compulsivos e insistentes de Rachel por quedarse embarazada habían provocado su evitación del sexo y la impotencia posterior. El modo que Rachel tenía de organizar su mundo estimulaba los sentimientos de humillación y sólo le permitía pensar que era poco interesante y atractiva. A él le resultaba difícil descartar estas suposiciones reasegurándola, porque la convicción de Rachel era intransigente. La discusión de su interacción recíproca no era útil en esta situación. Intenté trabajar con los intentos de autorregulación de cada uno de ellos. La posición de Rachel, sin embargo, estaba cargada de una intensa angustia y se había vuelto controladora e inflexible. Intenté trabajar con la respuesta de enojo y retirada de Matt, puesto que el control era algo que a él le resultaba problemático. Sin embargo, su impotencia persistió.

Me sentí presionada para encontrar alguna solución que permitiera a Rachel quedarse embarazada al tiempo que trabajaba en los problemas de su relación. Como resultado de la presión que estaba sintiendo, perdí la conexión con ellos y mi foco usual centrado en el sistema. Exploré otros modos en los que podían intentar quedarse embarazados. (Los había estado viendo en sesiones conjuntas con una sesión ocasional individual para ayudarles a establecer y fortalecer una base segura para la relación terapéutica). En una sesión individual programada, Matt habló sobre su culpa por su impotencia  y su creciente comprensión del dolor que Rachel estaba sintiendo por no quedarse embarazada. Yo traje la idea de una terapia sexual individual con él, pero en ese momento él no estaba preparado. Además, en mi necesidad de resultar de ayuda, le planteé cómo se sentiría recurriendo a la inseminación artificial. (No respondió como si se sintiera señalado pero, por supuesto, existía esta posibilidad). Esa tarde, Matt le planteó a Rachel la inseminación artificial en un intento, dijo, de mostrarle cierta comprensión hacia la presión que estaba sintiendo por quedarse embarazada. Ella se enfadó con Matt pero no mostró ningún enfado hacia mí. Continuó viniendo a las sesiones, pero muchas veces llegaba tarde y con excusas sobre el horario de los trenes. Su evitación del enfado se reflejaba en la evitación hacia mí y hacia Matt.

Meses después, durante un estallido de ira sobre otra de las acciones de Matt que ella percibía como poco sensibles, Rachel reveló su enfado con él y conmigo. Sentía que ambos deberíamos haber entendido que se sentiría totalmente invadida por la inseminación artificial. Sin embargo, había continuado viniendo porque sentía que en el pasado yo había sintonizado con ella. Cualquier intento de investigar la posibilidad de que ella tuviera un conflicto relativo al embarazo habría fracasado en ese momento. Sin embargo, compartir mi opinión de que alguien que había sido violado podía sentirse violado de nuevo por la inseminación artificial ayudó a reparar en cierto modo mi ruptura de la empatía y le permitió a ella sentirse respondida por mí. Este incidente no se quedó ahí; continuó siendo revivido siempre que se enfadaba con Matt cuando sentía que no la entendía. La experiencia me dejó más claras las reacciones desconfiadas y vulnerables de Rachel y  la tendencia reactiva de Matt a evitar con temor el previsible enfado de ésta.  También me di cuenta, una vez más, de mi propia tendencia a evitar los sentimientos de enfado de ciertos pacientes muy vulnerables.  El reconocimiento por parte del propio terapeuta de frustraciones y fallas empáticas puede ayudar a los miembros de la pareja a ser capaces de aceptar sus propios fallos y pasos equivocados. Además, mediante el ejemplo y la posición empática del terapeuta, cada uno de ellos puede procesar su propia experiencia y construir un nuevo significado para la misma.

El cambio en la terapia se produce mediante un suceso, interacción o intervención que altera el sistema. Cada suceso altera los posteriores, y un sistema nunca vuelve a ser exactamente el mismo. Tal como se aplica en la terapia de pareja, las interacciones de una pareja pueden cambiar como resultado del procesamiento junto con el terapeuta de una experiencia difícil del tratamiento. Cuando la sesión se centra en la experiencia de un compañero y las cosas van bien, el otro puede observar y experimentar por sí mismo/a el trabajo. Cada uno entonces puede ser animado a responder de un modo diferente. La idea es que animar a uno de los miembros de la pareja a ser observador dentro del campo interactivo le permite pensar en lugar de verse presionado para reaccionar. Esto permite a esa persona entender al otro y reaccionar de un modo diferente cuando el terapeuta lo anima a ello.

Por ejemplo, Raquel relató un incidente en el cual se había sentido violentada por las preguntas intrusivas del ginecólogo y por la revelación por parte de éste de sus propios encuentros sexuales. Estaba asombrada de que Matt no hubiera respondido como ella había esperado. Él dijo que no había sintonizado con lo que ella había sentido como una recreación de su violación porque no había sido amenazada físicamente. Cuando ella volvió a enfadarse, en la sesión, él se sintió confuso por el hecho de que la discusión sobre el incidente se hubiera convertido en una discusión sobre su reacción al mismo. Aquí intervine para ayudarlos a centrarse de nuevo en la necesidad que Rachel tenía de una respuesta y en el deseo de Matt de ofrecerle una. Le sugerí a ella que hablara de lo que hubiera querido de Matt cuando le habló del incidente. Mientras hablaba fue reflexionando sobre sus propias respuestas, y dijo que no sentía que Matt estuviese “allí para ella”, y que no sabía por qué. Él había estado escuchando y le dijo que se daba cuenta de que no había tenido un hombre que se hubiera mostrado receptivo con ella cuando era pequeña, y que realmente quería servirle de apoyo. Yo dije que ambos sentían que no habían tenido la experiencia en sus familias de alguien que fuera receptivo con ellos, y que seguían demandando receptividad pero no esperaban una respuesta receptiva por parte de los otros. Les era difícil sentir cómo ser receptivo y responder a los otros. Dejaron la sesión sintiéndose más compasivos hacia los sentimientos y experiencias del otro. Sin embargo, esta habilidad para ser compasivo hacia el otro sigue siendo transitoria y necesita la ayuda de un otro receptivo para que tenga lugar. Este tipo de experiencia se acumulará en las sesiones hasta comenzar a alterar el sistema de la pareja y las percepciones que cada uno de sus componentes tiene del otro.

En conclusión, la realidad del trabajo clínico en medio de la catástrofe me permitió pensar sobre el impacto del trauma como un organizador de la experiencia. Como resultado de la dificultad para trabajar con el trauma pasado en medio de un nuevo trauma, tuve que reflexionar sobre la utilidad de elementos clave de las nuevas teorías psicoanalíticas para comprender mi trabajo terapéutico. Además, la coincidencia entre estas teorías del apego y de los sistemas diádicos junto con los conceptos de conocimiento relacional implícito y entorno de sostén me permitieron integrar una visión de la transmisión intergeneracional sistémica del trauma y un enfoque terapéutico a estos fenómenos.

Establecer una atmósfera terapéutica de seguridad facilita la capacidad de los miembros de la pareja para modificar sus patrones de interacción. Para crear esta atmósfera, el terapeuta intenta establecer un entorno de sostén que favorezca la comprensión propia y mutua  mediante el examen de los patrones de interacción implícitos establecidos al principio de la vida. Esta comprensión se aplica luego al sistema que ambos miembros de la pareja han creado conjuntamente. La atmósfera terapéutica de empatía y receptividad sirve como un modelo que pretende promover un apego más seguro, comprensión y crecimiento.

 

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