aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 032 2009 Revista Internacional de Psicoanálisis en Internet

Un estudio del Boston Change Process Study Group

Autor: Ellman, S.J., Moskowitz, M.

Palabras clave

Cambio terapeutico, Confianza analitica, Conocimiento relacional implicito, Continuum de lo no simbolizado a lo simbolizado, Memoria declarativa, Memoria procedimental, Proceso evolutivo.


A study of the Boston Change Process Study Group fue originariamente publicado en Psychoanalytic Dialogues, 18: 812-837, 2008.

Traducción: Marta González Baz

Revisión: Raquel Morató

El Boston Change Process Study Group (BCPSG)  ha explicado consistente e incisivamente la literatura sobre desarrollo de niños en relación con una teoría del cambio en la psicoterapia y el psicoanálisis de adultos. Este artículo evalúa algunos aspectos centrales de su trabajo. Resaltamos varios temas que consideramos relevantes para las cuestiones que el BCPSG ha planteado. Como punto central apuntamos el modo en el que el BCPSG bifurca modelos teóricos. Sostenemos que este tipo de bifurcación no está justificado por los datos que citan. Tras resumir sus suposiciones, examinamos algunas de las evidencias empíricas que mencionan y defendemos que esta evidencia puede ser interpretada de diversos modos. Intentamos mostrar que la investigación de infantes que citan apoya una posición freudiana contemporánea así como la posición defendida por el BCPSG. Ofrecemos un modelo que creemos que refleja una mayor continuidad en los conceptos teóricos y clínicos. En este artículo también ofrecemos una crítica de un caso clínico del que el BCPSG ha afirmado que ilustra sus principios teórico-clínicos.

Introducción

El Boston Change Process Study Group (BCPSG)  ha explicado consistente e incisivamente la literatura sobre desarrollo de niños en relación con una teoría del cambio en la psicoterapia y el psicoanálisis de adultos. Este artículo evalúa algunos aspectos centrales de su trabajo. Resaltamos varios temas que consideramos relevantes para las cuestiones que el BCPSG ha planteado. Como punto central apuntamos el modo en el que el BCPSG bifurca modelos teóricos. Sostenemos que este tipo de bifurcación no está justificado por los datos que citan. Bajo esta luz, tras resumir sus suposiciones, examinamos algunas de las evidencias empíricas que mencionan y defendemos que esta evidencia puede ser interpretada de diversos modos. Estamos de acuerdo con el BCPSG  en que la investigación de infantes es aplicable a la teoría analítica. Intentamos mostrar que esta investigación apoya una posición freudiana contemporánea así como una posición relacional-intersubjetivista. Ofrecemos un modelo que creemos que refleja una mayor continuidad en los conceptos teóricos y clínicos. Por ejemplo, conceptualizamos etapas de simbolismo y cognición que se hallan entre lo implícito y lo explícito y entre lo simbólico y lo concreto.

Si bien el BCPSG escribe como si existiera una necesidad empírica-lógica de su razonamiento, concluimos que sus afirmaciones son exageradas. Sugerimos que la bifurcación de posiciones teóricas del grupo es un impedimento para crear nuevas síntesis teóricas. La dicotomización, en nuestra opinión,  es un problema en la teorización tanto de la posición clásica freudiana como de la del BCPSG. Aunque el BCPSG ha ofrecido alguna evidencia sugerente para sus suposiciones evolutivas, han ofrecido poca o ninguna para sus afirmaciones sobre el cambio terapéutico. Concluimos que el BCPSG ha expuesto mal otras suposiciones teóricas psicoanalíticas –concretamente la freudiana- y que estas exposiciones han dado lugar a una bifurcación innecesaria de las posiciones.

Presentamos los esbozos de un modelo clínico sensible tanto al conocimiento relacional implícito como a la fantasía inconsciente. Nuestra opinión es que existe interacción frecuente entre estos campos de experiencia y, al igual que Loewald (1960) y Tronick (2008) vemos la experiencia humana en términos de avanzar hacia la coherencia y la integración de distintos tipos y niveles de experiencia. Como último punto, revisamos un caso presentado por el BCPSG y ofrecemos una crítica de este ejemplo clínico. Nuestra postura es que al focalizar sólo en los cambios momento a momento, el analista pierde de vista el contexto en el que el paciente experimenta estos cambios.  Nuestra crítica está basada en nuestra visión del cambio terapéutico en la situación analítica. Concluimos intentando una integración de nuestra posición con alguna de la literatura reciente sobre el desarrollo.

El modelo evolutivo- conocimiento relacional implícito

El BCPSG cree que observar los procesos de cambio observados en los estudios de infantes arroja luz sobre cómo sucede el cambio en la situación del tratamiento de adultos.

“Con esto en mente, el grupo se ha propuesto explorar cómo el conocimiento del proceso evolutivo podría orientar creativamente las terapias psicoanalíticas y la comprensión del cambio en el tratamiento” (BCPSG, 2006-2008). Un principio central en la teoría del BCPSG sostiene que los modelos de funcionamiento o las estructuras relacionales, incluyendo el conocimiento relacional implícito (IRK), surgen de las interacciones diádicas de regulación mutua, perturbaciones, rupturas y reparaciones. Su teoría del cambio terapéutico corre paralela a su hipótesis evolutiva.

Para el BCPSG (2007) el IRK “es el nivel fundamental de la vida psíquica” (p. 3). El IRK es el concepto fundamental tanto evolutivamente como en la situación terapéutica. Es a lo que el BCPSG se refiere cuando el grupo escribe acerca de algo más que la interpretación en la situación terapéutica. Es en el campo del IRK donde tiene lugar el cambio terapéutico real. Los momentos de significado son marcadores de ese cambio:

Un importante aspecto subjetivo de un cambio en el conocimiento relacional implícito es que parecerá un cambio cualitativo repentino. Por esto es por lo que el “momento” es tan importante en nuestro pensamiento. El “momento” es una noción, capta la experiencia subjetiva de un cambio repentino en el conocimiento relacional implícito tanto para el analista como para el paciente. (Stern y col., 1998, pp. 5-6)

El concepto de IRK se basa en el modelo de memoria estándar de dos pistas de la psicología cognitiva: una es explícita (incluyendo la declarativa); la otra es implícita (incluyendo la procedimental). La memoria explícita es un recuerdo consciente del pasado a menudo mediante una recuperación intencionada; la memoria implícita es la influencia del pasado en el presente, que tiene lugar sin recuperación intencionada, y a menudo sin percatación consciente. El ejemplo de manual de la memoria procedimental implícita es montar en bicicleta: una vez que sabes montar en bicicleta, no tienes que pensar en ello; incluso tras años sin practicar, puedes montarte y pedalear. El BCPSG (2008) afirma:

Consideramos el conocimiento relacional implícito como una variedad de la representación procedimental. Dichas representaciones, como el saber cómo montar en bicicleta, por ejemplo, pueden no llegar nunca a codificarse simbólicamente. Aquí, sin embargo, más pertinente que el montar en bicicleta es el campo de saber cómo hacer cosas con los otros, cómo estar con ellos (“modos de estar con”, Stern, 1985). Mucho de este conocimiento relacional es también procedimental, como en el caso de saber cómo bromear, expresar afecto, hacer amigos. A saber cómo estar con el otro lo hemos denominado “conocimiento relacional implícito”. Al usar este término, queremos diferenciar el conocimiento relacional implícito de otras formas de conocimiento procedimental y enfatizar que dicho “conocimiento” es tan afectivo e interactivo como cognitivo.

Además, consideramos que el conocimiento relacional implícito opera típicamente fuera de la atención focal y la experiencia consciente, sin traducción al lenguaje. El leguaje se usa, ciertamente, al servicio del conocimiento relacional, pero los conocimientos implícitos que gobiernan las interacciones íntimas no se basan primariamente en el lenguaje y no son rutinariamente traducidos a forma simbólica. El conocimiento relacional implícito tampoco es necesariamente inconsciente en el sentido de ser excluido defensivamente de la conciencia, es decir escindido o reprimido. En cambio, es parte de nuestro procesamiento no consciente, incluyendo la “experiencia no formulada” (D.B.Stern, 1997, p. 129) que nunca ha sido puesta en palabras, nunca ha tenido que serlo o nunca podría serlo.

La teoría del BCPSG afirma que las interacciones más íntimas son gobernadas por el IRK. Estas interacciones no son traducidas en representaciones simbólicas. En ocasiones, esta hipótesis es planteada tentativamente pero, con más frecuencia, se afirma concluyentemente que este tipo de experiencia “nunca ha sido puesta en palabras, nunca ha tenido que serlo o nunca podría serlo” (p. 129). Un segundo aspecto de su posición teórica es la visión de que el IRK es el nivel más fundamental de la experiencia humana. Esto se basa en la hipótesis de “el conocimiento no basado en el lenguaje es la única forma de conocimiento en la infancia por el defecto evolutivo” (p.129). El conocimiento no basado en el lenguaje se equipara, por tanto, al conocimiento no simbólico o a las representaciones no simbolizantes.

En otro artículo, el BCPSG (2009) afirma que su postulado fundamental es que el conflicto, la defensa y la fantasía inconsciente se originan en el conocimiento implícito de interacciones vividas. Este es el nivel básico o más fundamental y los analistas que han focalizado en lo “explícito” han entendido erróneamente este nivel como el más básico. Mientras que algunos analistas ven los orígenes del conflicto en términos de producción simbólica explícita, se forja el argumento de que estos analista no han entendido que el nivel simbólico no es el más fundamental de la experiencia. Por tanto, aunque buena parte del tratamiento se entiende en términos reflexivos simbólicos, esto no refleja realmente los verdaderos procesos de cambio que se hallan en el nivel IRK. Este argumento descansa sobre el “hallazgo” o suposición de que no existen acontecimientos mentales simbólicos antes de los 18 meses de edad. De que hay dos sistemas separados, uno que implica las representaciones simbólicas y otro que implica al IRK. El primer sistema (IRK) implica la mente incorporada modelada por experiencias cruciales de los primeros momentos del desarrollo. Esto conforma el escenario para experiencias posteriores de sistema implícito. Mantienen que los “conceptos de conflicto, defensa, etc., explicados en palabras, son abstracciones útiles que surgen de la experiencia vivida del conflicto y la defensa en la interacción que se codifica en lo implícito” (2005a, p. 767). En su último artículo el BCPSG (2008) concluye:

En la situación clínica, siempre habrá múltiples intenciones y significados dentro de cualquier acto de comunicar. Consideramos tales comunicaciones improvisadas como propiedades emergentes de un proceso dinámico compuesto por tres componentes que crean una gestalt:

  1. La intención se experimenta explícitamente.
  2. Una versión reflexiva-verbal de esta experiencia implícita se basa en los conceptos mentales/corporales contenidos en el campo implícito. Este fundamento se basa en la filogenia, la ontogenia y la cultura.
  3. Existe una disyunción inevitable entre lo implícito y lo reflexivo-verbal. Esto no es una carencia ni un problema, es sólo otra propiedad de la gestalt emergente. (p. 145)

Interpretar la investigación: un interludio metodológico

El BCPSG a menudo no ofrece respaldo para sus proposiciones clave, y cuando se cita la investigación como apoyo, su interpretación es a menudo cuestionablemente tendenciosa. En muchos de sus trabajos, los autores escriben como si todos supiéramos que una determinada proposición es cierta. Siguiendo esta suposición, los autores no pierden tiempo ofreciendo una explicación. Escriben, por ejemplo, en su artículo más reciente:

Las relaciones entre los campos implícito y reflexivo-verbal se han vuelto cruciales al pensar en psicoterapia. En gran parte, esto es debido a la conciencia creciente del gran campo de conocimiento implícito tanto en la observación de infantes como en la terapia con adultos, así como a la nueva importancia otorgada a las puestas en acto, que generalmente se consideran implícitas. (BCPSG, 2008, p. 125)

Uno podría preguntar, ¿quién considera implícitas las puestas en acto? No se ofrece referencia y se nos deja suponer que si tenemos otra opinión ésta es diferente de la aplastante opinión de la mayoría de analistas. Sin embargo, habiendo editado un libro sobre puestas en acto (Ellman y Moskowitz, 1998), que incluye capítulos de la mayoría de autores prominentes en el área, creemos que ninguno de ellos consideraba que las puestas en acto fueran implícitas. Este es un ejemplo del BCPSG utilizando un tono seguro de sí mismo para mover al lector a aceptar sus afirmaciones no respaldadas. Este es el tono del informe de 2008 y, en realidad, de muchos de los trabajos que lo precedieron: existe una verdad y ésta ha sido reiterada por el BCPSG.

Lo que es más importante, cuando se cita literatura sobre investigación, se presenta de un modo que exagera su apoyo a la posición teórica del BCPSG. La evidencia se presenta como si no existieran más posibilidades interpretativas. Por ejemplo, para apoyar una de sus proposiciones más centrales –que el IRK es presimbólico- el BCPSG (2008) cita un brillante estudio de Gergely, Nadsasdy, Csibra y Biro (1995) que sugiere que existe “evidencia de que ya al año de edad los infantes preverbales pueden adoptar la posición intencional al interpretar la conducta espacial dirigida a un objetivo de un agente racional” (p. 190). En su experimento, el 73% de los infantes mostraron el tipo de conducta que se interpretó como indicadora de pensamiento intencional. Estos resultados basados en 30 sujetos eran significativos al nivel .05. Dejando a un lado las cuestiones estadísticas (múltiples tests t), es importante apuntar que el 41% de un grupo de comparación se comportó de un modo opuesto a la predicción de los experimentadores. Los autores discuten esto y sugieren que el significado de la investigación “nos parece una cuestión empírica abierta que requiere más investigación para ser resuelta” (p. 189). Es decir, los autores son tentativos en sus conclusiones.

El BCPSG (2005a) no es tentativo. Citando la investigación de Gergely y col., afirma con certeza que basándose en evidencia científica se ha demostrado que “el funcionamiento simbólico no está disponible hasta la mitad del segundo año” (p. 765). Para comentar esta certidumbre enfatizamos que el artículo de Gergely y col. da razones contra una visión anterior que sostenía que los niños no pueden discernir intencionalmente hasta los 3 años (Gopnik y Weillman, 1994; Perner, 1991; Wellman, 1990). Obviamente, el BCPSG acepta la conclusión de Gergely y col. de que la discriminación de la intencionalidad puede tener lugar antes de los 3 años. ¿Qué les hace estar tan seguros de que no tiene lugar ningún proceso de pensamiento no simbólico o protosimbólico antes de los 18 meses? Podemos preguntar, ¿están tan seguros como los autores que sostenían que los niños no pueden discernir intencionalmente hasta los 3 años? Dicha certeza es puesta en cuestión por el mismo estudio que ellos citan.

Al afirmar su teoría del IRK presimbólico, el grupo no sólo exagera las conclusiones de la investigación sino que ignora a aquellos cuyas opiniones difieren. A este respecto referiríamos a las ideas de Bucci (1985) sobre el símbolo no verbal como un concepto que contradice el que el lenguaje sea necesario para tener tipos de símbolos y protosímbolos. En otra parte (Moskowitz, 2008) hemos propuesto que la teoría y el lenguaje están vinculados y que la intencionalidad –un aspecto de la teoría de la mente- es una profunda estructura gramatical chomskiana. (Ver p. 822 para una discusión más amplia).

Otro ejemplo de cita selectiva es cuando usan la investigación de Sheets-Johnstone (1999) para reforzar la posición de que el movimiento guiado por estímulos que producen movimiento es profundamente presimbólico y la madre de toda cognición. El BCPSG (2008) afirma:

El trabajo de Lakoff y Johnson así como el de Sheets-Johnstone está… reparando la escisión cartesiana entre mente y cuerpo y uniéndolos de nuevo con la idea de “cognición encarnada”. Esto significa que lo corpóreo, o los conceptos cenestésicos, o la metáfora primaria se activan, por así decir. (p. 137)

Los autores que el BCPSG cita no dan mucho énfasis en el estímulo cenestésico o producido por el movimiento. Existe, sin embargo, un cuerpo de investigación que el BCPSG no cita.

Esta investigación demuestra que mientras que el estímulo cenestésico puede ser útil, no es esencial. Por ejemplo, en una serie de estudios, Taub y sus colaboradores (Taub, Ellman y Berman, 1966) demostraron que el aprendizaje en monos Rhesus infantes y adultos no depende del feedback interoceptivo, proprioceptivo ni exteroceptivo. El aprendizaje es principalmente un fenómeno central. Taub y sus asociados llevaron a cabo estos experimentos durante el primer día de vida y con algunos animales realizaron una de-aferentación intrauterina de modo que en el momento del nacimiento no tenían feedback proprioceptivo. Todos estos animales fueron capaces de aprender, y llevó poco tiempo (15 horas) enseñar a los animales a usar sus miembros en discriminaciones motoras finas. Esta investigación neuro-fisiológica fue diseñada para mostrar la cualidad central del aprendizaje y que el feedback periférico del cuerpo o del entorno era útil la mayoría de las veces pero en ocasiones inhibía el nuevo aprendizaje (Taub, 1977; Taub y col., 1966; Taub, Perrekka y Barro, 1973). El diálogo entre cuerpo y mente (yo corporal, self corporal o mente encarnada) es un diálogo que se interpreta centralmente y depende de las condiciones reforzadoras del entorno.

Un ejemplo de un reforzador que podríamos suponer crucial en el desarrollo temprano es el resultado de llevar cogido al recién nacido. Esta conducta de transporte presente en todos los primates y homínidos ofrece lo que Prescott (2001) llamó “estimulación vestibular-cerebelar y es el cordón umbilical externo –la principal estimulación sensorial en el útero- que transmite al infante una confianza básica y seguridad continuadas” (p. 228). La estimulación vestibular-cerebelar tiene lugar de forma fundamental y es un ejemplo de una de las múltiples vías para establecer la confianza en el entorno. No requiere feedback proprioceptivo. Además, el portar al bebé mostró ser efectivo para reducir el llanto y la inquietud en los infantes humanos (Hunziker y Barr, 1986). Nos parece que Prescott, un neuropsicólogo evolutivo,  ha ofrecido el concepto apropiado, la confianza básica en términos del bienestar del infante. Existen varias vías que pueden establecer esta confianza, pero el establecimiento es el factor crucial para el infante.

Perspectiva freudiana contemporánea

Aquí es donde se produce la disyuntiva entre modelos, y creemos que esta disyuntiva afecta principalmente a la visión que uno tiene de la situación clínica, pero también influye al formular y explicar la investigación evolutiva. Es decir, la línea de investigación que uno sigue dependerá del modelo teórico propio. El BCPSG defiende que el conflicto, la defensa y la fantasía inconsciente se originan en el conocimiento implícito de las interacciones vividas. Este es el nivel básico o más fundamental, y los analistas que han focalizado en lo “explícito” lo han considerado erróneamente como el más básico. La suposición es que algunos analistas sólo ven los orígenes del conflicto en términos de producciones simbólicas explícitas. Podemos entender esta lectura errónea de la obra freudiana a causa de la tradición clásica de los Estados Unidos, pero esta no era la posición de Freud (Freud, 1915a, 1915c; ver Ellman, 1991, 2008). Freud suponía que el yo o la estructura del self eran en primer lugar un yo o un self corporales. Planteó explícitamente la hipótesis (o declaró) de que las representaciones se codificaban primero como representaciones de cosas sin valor simbólico. Estas representaciones denotativas (cosa) eran inconscientes y cuando se activaban servían para proveer el ímpetu para reacciones transferenciales. Aunque no simbolizadas, eran motivadores básicos para las actividades conflictivas. Eran, en este sistema teórico, parte de las razones para las repeticiones usualmente incrustadas en las formaciones de compromiso. Estas intenciones eran parte del conflicto que implicaba pensamientos sobre el cuerpo y sobre el cuerpo en relación con otro.

Nuestra respuesta inicial al BCPSG es que mientras que la conducta conflictiva puede ser representada simbólicamente, las representaciones nucleares son no simbólicas, pero más adelante son plausibles de ser representadas en términos simbólicos (del mismo modo que se conceptualizan el nachträglichkeit y el après coup). La disyuntiva entre lo implícito y lo verbal reflexivo no es inevitable excepto cuando existe conflicto. En nuestro modelo, el conflicto que implica actividades defensivas impide que se simbolice una representación no simbólica, una de las razones para las repeticiones conflictivas. Para Brenner (1982), como ejemplo de un tipo de freudiano, el conflicto es inevitable en la vida mental. Así, la disyuntiva sería inevitable y él, por razones bastante distintas de las del BCPSG, estaría de acuerdo con el postulado de éste. Nosotros estamos en desacuerdo y decimos que si observamos la gama de experiencia humana, debe haber ocasiones en que existan estados no conflictivos; en estos estados existe la posibilidad de que lo implícito y lo verbal reflexivo se unan simétricamente en un momento dado. Nos gustaría decir que la medida de la disyuntiva se relaciona con la severidad del conflicto. Creemos que existe dicha correlación, pero la situación es más complicada de lo que indicaría una simple afirmación correlativa. Sin embargo, en este punto estamos satisfechos con la afirmación correlativa de que la severidad del conflicto predecirá la severidad de la disyuntiva.

Presentamos brevemente un aspecto de la conceptualización que Freud hizo del inconsciente. Esta conceptualización ha cambiado con los años y, en ocasiones, se ha expresado de un modo que tiene poco que ver con el concepto básico. En la conceptualización original, el inconsciente comprende representaciones cosas y represiones posteriores. Las represiones posteriores pueden ser codificadas simbólicamente y pueden representar temas similares a la representación original reprimida. Esto depende de la medida en que fracasen las operaciones defensivas. En tanto fracasan se vuelven simbólicamente codificadas y si se produce defensa contra este símbolo éste se convierte en parte de la ideación inconsciente. El concepto de Sandler (1969) de casi-inconsciente capta la idea de que los procesos defensivos no son lineales y que en diversos momentos del desarrollo uno no se defiende de las cosas con la misma intensidad. Así, un niño en edad de latencia tiene una visión distinta de diversos temas de la que tiene un adolescente cuya estructura psíquica puede padecer perturbaciones severas. Sandler afirmó que el proceso defensivo en la última fase de la infancia o en la adolescencia era la presentación inconsciente más accesible en la situación de tratamiento. El concepto de Freud implicaba la idea de que el mismo tema podía representarse en distintos niveles de conciencia pero con distintos afectos y, por tanto, ser vivido de diversos modos. Aunque Freud propuso una distinción dicotómica entre las representaciones cosa y las representaciones palabra (simbólicas), nosotros mantenemos que el movimiento de lo no simbolizado a lo simbolizado es un continuo, en oposición a una distinción dicotómica. Él suponía que la representación cosa podía ser hecha consciente al ser formulada simbólicamente o mediante el lenguaje. (Las representaciones palabra son susceptibles de lo que él llamaba representación o defensa posterior). Claramente, su visión dicotómica de las representaciones cosa versus representaciones palabra no hace justicia a la gama de actividad mental que está siendo clasificada por los psicólogos cognitivos y los investigadores del sueño (Antrobus & Bertini, 1992; Foulkes, 1985; Schwartz, Weinstein & Ellman, 1991). Varios investigadores del sueño han observado una gama de proceso de pensamiento desde el extraño, simbólico y dramático hasta el cotidiano, práctico y concreto.

Freud, al igual que el BCPSG, habló de dos sistemas. En nuestra opinión, ninguna de esas conceptualizaciones hace justicia a la gama de pasos en el proceso de simbolización. El modelo de Holt (1989) de proceso primario y secundario delinea varios procesos de pensamiento inmediatos, y las ideas de Bucci (1985) sobre el simbolismo no formulado llegan a alguno de los tipos intermedios de procesos de pensamiento que no son totalmente inconscientes, implícitos ni explícitos. En resumen, creemos que es necesaria una escala de procesos representacionales que vaya de lo inconsciente a lo implícito y a lo explícito.

Antes de discutir la relevancia clínica de nuestra posición, revisamos una del BCPSG y lo que creemos que son puntos relevantes para sus afirmaciones. El grupo (2005) afirma:

Basándonos en visiones científicas actuales del funcionamiento de la mente y el cerebro, avanzamos la opinión de que el conocimiento relacional implícito es una forma de representación distinta del conocimiento explícito basado en el lenguaje. El conocimiento relacional implícito no cambia con la adquisición del lenguaje, ni se transforma en lenguaje cuando éste llega. Es un campo separado de experiencia representada que continúa desarrollándose a lo largo de la vida, al igual que se desarrolla el conocimiento semántico explícito. (p. 763).

Existe una amplia trayectoria de literatura sobre la adquisición del lenguaje y el desarrollo de la simbolización, alguna de la cual es revisada bastante tendenciosamente por el BCPSG (2005a). Nosotros diríamos que las capacidades de representación y lenguaje, así como la formación de teoría, están incorporadas en el organismo humano y el lugar donde se trace la línea entre lo presimbólico y lo simbólico, lo prelingüístico y lo lingüístico es arbitrario en función del modelo de uno. Sin embargo, aun cuando uno adopte la que parece ser la posición del BCPSG de que el lenguaje verdadero y el juego simbólico comienzan con la capacidad de recursión demostrada mediante el lenguaje combinatorio en un momento dado al final del segundo año, no hay evidencia de una transformación repentina que bloquee el acceso simbólico-semántico a todo lo anterior. Se refuerza la afirmación de que el IRK permanece completamente intacto e intocable por el lenguaje mientras éste continúa desarrollándose en una esfera completamente separada de conocimiento. Es más, aceptarlo significaría también descartar por irrelevantes todas las ideas relativas al nachträglichkeit, el après coup, la acción diferida y las transformaciones de la memoria.

Chomsky, por ejemplo, distingue entre lenguaje y comunicación. Incluso los animales con cerebros diminutos como los insectos pueden comunicar información compleja. Una abeja puede decirle a otra donde encontrar flores abiertas. Pero la comunicación animal no es recursiva ni flexible; sus “frases” son fijas. Un proceso recursivo es uno que puede continuar de forma indefinida, un proceso que no tiene punto final. En el lenguaje, la recursión se refiere al hecho de que dos frases cualesquiera pueden combinarse, pudiendo construirse así un número infinito de sentencias gramaticales. Chomsky propuso recientemente:

Es el único componente exclusivamente humano de la facultad del lenguaje [y] … puede haber evolucionado por razones distintas del lenguaje, de ahí que estudios comparativos puedan buscar evidencia de tales cómputos fuera del campo de la comunicación (por ejemplo, número, navegación y relaciones sociales). (Hauser, Chomsky y Fitch, 2002, p. 1569).

Hemos propuesto en alguna otra parte (Moskowitz, 2008) que la teoría y el lenguaje están vinculados, ambos son recursivos y capaces de infinitas variaciones y que el que los bebés formen frases y hagan conjeturas (es decir, teorías) van mano a mano. Estas conjeturas pueden tener lugar prelingüísticamente, pero cuando el lenguaje se desarrolla (antes de los 18 meses) las conjeturas no sólo van mano a mano sino que se multiplican.

La dejadez

La dejadez, según el BCPSG (2005a):

Comprende varios aspectos interrelacionados del diálogo: intencionalidad “confusa”, impredecibilidad, improvisación, variación y redundancia… Esta dejadez emerge de la indeterminación intrínseca del proceso co-creativo entre dos mentes. La dejadez se refiere aquí a las cualidades indeterminadas, desordenadas o aproximadas del intercambio de significado entre paciente y analista. (pp. 693-694)

El concepto de dejadez implica varias cualidades que se solapan y estamos de acuerdo en que existe impredecibilidad en el intercambio entre paciente y analista, madre e infante, concretamente cuando hay nuevas creaciones. Estamos también de acuerdo en que algo parecido a la dejadez es inherente a todas las comunicaciones humanas a causa de la floja conexión entre el significante y el significado (Saussure, Lacan) y la “laxitud” inherente a la teoría (Moskowitz, 1978; Nagel, 1961), pero no estamos de acuerdo en que conduzca a la indeterminación a multitud de co-creaciones igualmente plausibles. Es difícil para nosotros comprender un “intercambio de significado entre paciente y analista” que se estructura como el lenguaje pero permanece completamente separado de lo semántico y lo explícito. Las ciencias y el psicoanálisis progresan, manifestamos, en parte a nuestra capacidad para testar nuestras co-creaciones explicativas. Una vez que algo es explícitamente afirmado, puede evaluarse si no por su veracidad al menos sí por su utilidad. Aunque pueden construirse infinitas frases, no todas tienen sentido. Estaríamos de acuerdo en que pueden construirse infinitas explicaciones, no todas son verdaderas ni útiles.

En este contexto, podríamos preguntar ¿estamos mejor con un modelo como la noción de indeterminación de Heisenberg o con la conceptualización de complementariedad de Bohr? Así podemos ver el mundo (y las interacciones diádicas) como impredecibles y sólo estadísticamente comprensibles, o podemos verlo en términos de explicaciones interrelacionadas, algunas de las cuales son más firmes y ofrecen cierto grado de predictibilidad, y otras en las que tenemos que adoptar una perspectiva indeterminista.

La situación de tratamiento: una visión freudiana contemporánea

En primer lugar deberíamos reiterar que la transferencia es una repetición basada en una formación de compromiso estimulada por las representaciones inconscientes. Estas representaciones inconscientes son en su origen representaciones denotativas pero la tarea en el análisis es transformarlas en representaciones que puedan hacer conexiones. Vincular, en el sentido de Bion del término, es traducir elementos denotativos (beta)  en elementos connotativos (alpha). Los elementos denotativos no pueden vincular, sólo repiten tendencias o se combinan con elementos que permiten una repetición. A pesar de que consideramos los análisis como co-construidos, para que sean verdaderamente efectivos debe existir espacio transicional suficiente como para permitir el juego patológico (Steingart, 1983).

En un volumen que pretende resumir las ideas freudianas contemporáneas sobre la técnica psicoanalítica, hemos (Ellman y col., 1998) descrito tres tipos diferentes de analistas freudianos. La más próxima a la tradición clásica americana es la teoría estructural de Brenner. Las ideas de Brenner han evolucionado a una teoría racionalizada que tiene sus raíces en una posición que él y Arlow han mantenido como derivada de las ideas de Freud sobre la técnica y la centralidad del complejo de Edipo. Paul Grey y sus asociados (Busch, Goldberger) han construido una teoría del análisis de la defensa derivada de El yo y los mecanismos de defensa, de Anna Freud (1971). Esta última posición está representada por una amalgama de analistas a los que originalmente hemos denominado freudianos del self y el objeto (SAO). Este nombre derivó del volumen de Edith Jacobson (1964) donde inicia un cambio en algunos conceptos freudianos fundamentales y claramente construye un vínculo teórico con Winnicott y otros teóricos del grupo de relaciones de objeto. El grupo del SAO está claramente influenciado por Loewald, Stone y Jacobson de la tradición freudiana y Winnicott, Kohut y Klein (en la forma de Bion) como analistas considerados ajenos a la tradición freudiana. Claramente, nuestra definición de este grupo será idiosincrática y fragmentaria pero está presente como una voz a ser incluida como ilustración del tipo de síntesis que puede ser posible entre posiciones.

Nuestra opinión es que en algunos de los conceptos que presentamos estamos tratando con aspectos del IRK y las manifestaciones en la situación terapéutica. No esperamos que el BCPSG esté de acuerdo con nuestras interpretaciones, pero queremos dejar claro que estamos intentando construir un modelo que será inclusivo de un continuum  de representaciones según progrese el tratamiento.

El cambio y el comienzo del tratamiento

Los analistas del SAO (desde Loewald, 1960 a Grunes, 1984, y Bach, 2006) han acentuado la importancia de la relación terapéutica como un factor central para facilitar el cambio en la situación terapéutica. El analista debe ser capaz de sentir la angustia, la confusión y el pánico psíquico que siente el paciente y de comunicarlo, de modo que se convierta en una experiencia analítica compartida. En nuestra opinión, la capacidad del analista para facilitar esta interpenetración afectiva es el aspecto crucial del comienzo de un tratamiento analítico; tiene  que suceder de forma sustancial, antes de que puedan utilizarse los esfuerzos interpretativos.

De un modo similar, Tronick (2008) escribía acerca de los sutiles cambios de emociones que son mucho más complejos que los que implica el BCPSG:

Creo que las emociones cambian. Se vuelven más matizadas y sutiles, más ricas y texturizadas. También emergen otras nuevas –vergüenza, culpa, amor íntimo… Los procesos diádicos cambian en emociones y generan otras nuevas… Estos procesos diádicos también pueden estar más desordenados que los significados emocionales autoorganizados porque cada individuo trae sus propios significados a un intercambio generador de significado, permitiendo la co-creación de un nuevo significado emocional entre ambos. (En prensa)

Si uno observa el par analítico desde fuera del campo analítico, la díada siempre está envuelta en un interjuego mutuo que podría describirse como un campo relacional. Sin embargo, desde dentro del par analítico, el comienzo del tratamiento a menudo se vive como una comunicación unipersonal. El analista es receptivo a la necesidad del paciente de llenar la habitación con su propio mundo. El analista ayuda a contener este mundo de modo que ambas partes pueden vivirlo de forma significativa, gradual y, en cierto modo, independiente. El objetivo, al principio del tratamiento, es establecer lo que hemos denominado confianza analítica (Ellman, 1991, 1997, 1998, 2007). Ésta no es una condición preanalítica sino, más bien, parte de todas las fases del análisis.

El fortalecimiento de la confianza que permite al analista ser incluido en el mundo del analizando da lugar gradualmente a dos resultados interrelacionados aparentemente paradójicos: ambos miembros de la díada se van sintiendo más cómodos con el otro así como más a gusto manteniendo perspectivas separadas. Si esta separación puede ser tolerada, es el nacimiento (o el fortalecimiento) de una representación reflexiva del self dentro de la situación analítica. Esto permite al par analítico tolerar una comprensión interpretativa de un conflicto que puede ser ofrecido por ambos. Una interpretación de un conflicto alude a un (hipotético) aspecto defendido de la psique del paciente; como consecuencia, la relación, en cierta medida, sufre una ruptura. El analista es ahora percibido como un individuo separado y como tal debe ser evacuado del sentido de self del paciente y no puede seguir siendo un objeto del self. Si el paciente es capaz de utilizar la intervención, se desarrolla un nuevo aspecto de la confianza analítica: la visión del otro se digna a ser útil y no una amenaza para la organización defensiva del paciente.

Siguiendo a Freedman (1994) y a O’Shaugnessy (1999) vemos el tratamiento en términos de ciclos de transferencia en los que cada nuevo ciclo implica al menos una renovación parcial de la confianza analítica. La confianza es bidireccional y la confianza del analista en el paciente implica ayudar o permanecer a un lado mientras el paciente encuentra su propia voz y construye la realidad a su modo idiosincrático. Así, la realidad se vive y se construye, al igual que la relación analítica. Sin embargo, los conflictos y el self verdadero del paciente se consideran principalmente contenidos dentro del paciente. Cómo se construya la interacción depende del par analítico concreto, pero creemos que existe un self verdadero que no es una construcción. Es más bien un aspecto de lo que va a ser el paciente .

Cada ciclo de transferencia comienza un aspecto nuevo de una relación de objeto en la que la confianza es reforzada desde dos direcciones diferentes. Inicialmente, el analista entra en el mundo del paciente y cuando se halla y se tolera una separación natural cada miembro del par comienza a verbalizar sus opiniones acerca de la relación. Ser capaz de utilizar al otro es, en nuestra mente, un aspecto crucial de los beneficios del insight en la situación analítica.

Es importante decir unas palabras acerca de la interpretación, de la que hemos dicho que cumple dos funciones distintas en la situación terapéutica. La confianza analítica permite al analista decir algo que podría parecer discordante al paciente y que permite al par analítico sobrevivir. La interpretación es un comentario sobre un aspecto defensivo del funcionamiento del paciente. La interpretación se refiere a algo no consciente, algo que si fuera consciente sería opuesta y causaría normalmente enfado o angustia.

Si una interpretación tiene éxito da lugar a nuevos insights y nuevas vías de vínculos asociativos. El beneficio de una interpretación exitosa permite al paciente confiar en otro, aun cuando el otro tenga una opinión que difiere de sus creencias conscientes. Esta confianza sólo se desarrolla si el analista puede permitir que el paciente haga la interpretación por sí mismo. En muchos sentidos, es una forma de destrucción del objeto (Winnicott, 1971). El analista (o el paciente) se pierde (en términos de experiencia del paciente; luego el par se encuentra nuevamente). La interpretación, así, da lugar frecuentemente a un nuevo ciclo de transferencia puesto que el analista es vivido como un nuevo objeto.

Según progresa el análisis, el analizando es cada vez más su propio analista, y en este sentido el análisis es más completamente suyo. Con el paso de cada ciclo, la capacidad para llorar y reconocer la pérdida es un componente principal de la capacidad de pasar de un ciclo a otro. Si bien hablamos de los ciclos de transferencia, este cambio es, a menudo, sutil pero si no es percibido por el analista puede dar lugar a puestas en acto mutuas (Ellman, 1999).

Antes de discutir el caso del BCPSG (2005b) deseamos concordar con la idea de que en cada ciclo hay una gran cantidad de dejadez, y ciertamente tanto paciente como analista son muchas veces confusos. Sin embargo, en cada ciclo debería haber una aclaración de algún aspecto de la transferencia que diera lugar a un nuevo aspecto del mundo del paciente. Suponemos que cuando la confianza se está desarrollando, el paciente es cada vez más capaz de construir al analista en términos de su mundo interior. Esto, por supuesto, es siempre una interacción, pero el arte del análisis reside en ayudar al paciente a crear su mundo de una manera tan completa como sea posible. Así, en nuestra opinión, el comienzo de cada ciclo de transferencia puede entenderse en términos de IRK, pero según progresa la transferencia, las representaciones de objeto del paciente ocupan el escenario central. El analista tiene que ser capaz de tolerar que el paciente cree la mayoría de la narrativa analítica.

El caso: un análisis

Hasta este momento, hemos repasado aspectos del proceso terapéutico tal como los ve el BCPSG. La dejadez y la intencionalidad confusa son procesos que operan en la situación terapéutica cuando la pareja terapéutica está co-creando en sus interacciones. Puesto que el grupo está utilizando lo que denomina un sistema dinámico no lineal, existe una impredecibilidad inherente a las interacciones diádicas. Hubiéramos querido repasar la ilustración clínica en más detalle, pero el espacio no nos lo permite. Tenemos que conformarnos con ofrecer el resumen de los autores y un ejemplo del proceso que han presentado. Relatan (2005):

Mostraremos a lo que nos referimos por dejadez en el proceso co-creado cuando sucede a nivel local, movimiento relacional a movimiento relacional. Ilustraremos el proceso de intencionalidad confusa, con su necesidad asociada de variabilidad y redundancia. También comentaremos cómo estos aspectos de la dejadez son intrínsecos a la creación de significado compartido. (p. 702)

He aquí el resumen de la historia clínica que presentan: la paciente había acudido en busca de análisis cuatro años antes por pensamientos recurrentes de suicidio como única forma de hacerse valer en las secuelas de una historia de abuso sexual familiar. La sesión del lunes que se describe siguió a una sesión extra el viernes anterior, propuesta por el analista al haber sentido mayor angustia en la paciente durante la última sesión programada. En la sesión extra, el analista sugirió que la paciente podía haberse sentido obligada a acudir, pero ésta no había estado de acuerdo.

En la sesión del lunes, la paciente contó dos sueños que había tenido desde la sesión extra. Juntos, paciente y analista usaron esos sueños para entrar en un territorio que era nuevo para ambos. En el primer sueño, que había tenido lugar la noche del viernes, la paciente estaba en una sesión de terapia de grupo que le recordó un grupo de abuso sexual al que en realidad había acudido. Ese grupo la había perturbado porque, enfatizando su victimización, la hizo sentir peor, no mejor. El segundo sueño había tenido lugar la noche antes, el domingo, y contenía en cierto modo material cómico en el que las imperfecciones del analista lo hacían parecer más humano y falible, no alguien con control total sobre su propia vida.

Aquí la paciente sentía que el analista era –contrariamente a sus nociones previas- mucho más como ella. Al día siguiente, la paciente comenzó la sesión sentándose en lugar de tumbándose y dijo que, curiosamente, sentía que tenía una agenda propia. De hecho, más tarde en la sesión comenzó, por primera vez, a hablar de terminación de un modo que “les pareció realista y fiable a ambos”.

En primer lugar, desde nuestro punto de vista, el elefante en la habitación nunca se discute realmente. Es decir, ¿qué hizo que el analista se sintiera lo suficientemente ansioso como para pedirle a la paciente que viniera a una sesión adicional?  La paciente viene a sesión el lunes y comienza a hablar de un sueño en el que está presente el analista. Ha tenido dos sueños, y los recuerda a ambos (uno del viernes y otro del domingo). Nos parece que recordar dos sueños no representa indeterminación; más bien muestra que la paciente está pensando activamente sobre lo que pasó el viernes. Está claro que el analista estaba lo suficientemente preocupado el jueves como para llamar a la paciente y concertar una sesión extra. Es más, la paciente entra y quiere sentarse en lugar de tumbarse. En la transcripción que se nos ofrece, esto no se discute. Algo ha disgustando tanto a la paciente como al analista y no hay confianza suficiente como para discutir lo que ha sido angustiante. El disgusto se muestra por los dos cambios en la situación de tratamiento: el analista concierta una sesión adicional y la paciente entra en la sesión y quiere sentarse. No se discute ninguno de estos cambios.

La sesión comienza con la paciente hablándole al analista de dos sueños. Dice: “el sueño que tuve la noche pasada me dejó muy conectada a Vd.… no sé, más cercana a Vd., que me decía que no era perfecto”.

Analista: Ajá. Paciente: Um

Analista: “En realidad pensó en llamarme el sábado para hablarme de ese otro sueño” (p. 722)

El comentario del BCPSG es que esta es la primera sorpresa, el analista cambiando de tema puesto que el primer sueño contenía más implicaciones transferenciales. Nosotros diríamos que no sabemos dónde está el material transferencial; de hecho, el primer sueño puede contener el material transferencial más importante con el analista (como el grupo) diciendo a la paciente que en cierto modo está enferma. Mientras que esta es una posible interpretación, para nosotros el aspecto más importante de esta intervención es que el analista no permitía a la paciente un espacio apropiado; intervino antes de que ella pudiera continuar. Esto no es impredecible; parece una señal de la angustia del analista.

La paciente, sin embargo, hace lo que puede para mantener un sentimiento positivo del analista. Sin embargo, en nuestra interpretación, está sintiendo que éste también puede perturbarse y no ser capaz de manejar (contener) la perturbación de ella.  Su sentimiento hacia el analista nunca surge del todo, pero se transforma durante el fin de semana del analista que siente que ella está enferma (el analista hace una aparición en el primer sueño como terapeuta de su grupo anterior) a la paciente sintiendo que existe alguna enfermedad en el analista. Está haciendo lo que puede con el sentimiento de estar perdida en el análisis. El analista siente esto y pasa de ser monosilábico a preguntar por qué quería llamarlo el sábado. La paciente recurre a su primer sueño y comienza a hablar sobre su confusión, pero –antes de que pueda hablar de sus sentimientos- el analista la interrumpe y le ofrece una interpretación parcial, aunque tentativa, del sueño. Aquí, de nuevo, diríamos que el analista está ansioso y no puede permitir que la paciente hable gradualmente de sus sentimientos y pensamientos.

Vayamos a un momento ligeramente posterior a la secuencia que hemos esbozado. La paciente comienza a hablar del primer sueño. Cuenta que “sintió que había como un hilo de conciencia que había fluido al sueño”.

Analista: Sí.

Paciente: No sé… es como algo que ya había pasado antes, o algo así. Estar soñando [con el terapeuta de grupo] y sentir ese tipo de presión.

Analista: Sí.

Paciente: …es a lo que no llego bien; eso creo.

Analista: [Interrumpiendo, pensamos nosotros] La presión está ahí, ¿verdad? Aquí entramos en el tema de la coerción, hacer que uno haga algo. Y, en este sueño, Vd. está siendo realmente presionada para decir algo más. Y me pregunto cómo… cómo se conectaba con el hecho de que hubiéramos tenido una sesión extra el viernes (p. 723).

Aquí uno podría decir que la sesión es co-creada. Pero nosotros sostendríamos que la sesión es creada por la puesta en acto del analista y por las intervenciones intrusivas del mismo en las que parece incapaz de darle a la paciente el tiempo que necesita para crear su propio espacio y ver gradualmente qué la está molestando.

¿Se entiende esta sesión hasta aquí en términos de intenciones confusas? (Para el BCPSG, ésta es una propiedad de la relación en evolución como sistema dinámico, no las intenciones de un individuo en el sentido usual). Si no supiéramos nada de la sesión más que el comienzo y las condiciones precedentes del fin de semana, diríamos que el analista está ansioso y, hasta donde podemos decir, es incapaz de contener la angustia en el consultorio. Sugeriríamos que el analista intentase sentarse y escuchar y a veces facilitar el discurso de la paciente sobre sus sentimientos durante los últimos días. La paciente parece determinada a hablar sobre cómo se siente: siente que el primer sueño tiene algo que ver con su sentimiento de que tiene que estar a la altura, venir con el material adecuado. Gradualmente, conecta el sueño con venir al tratamiento y hablar de su parte enferma. Entonces vuelve al segundo sueño y cuenta que la hizo sentir más fuerte. “Me hizo sentir más igual a Vd.…”

Tras decir esto, guarda silencio durante 83 segundos.

Interrumpiendo el silencio, el analista dice: “¿Ha pasado algo en estos últimos días?”

El analista se aleja de la experiencia de la paciente, que queda sellada en la prolongada pausa. Desde nuestro punto de vista, el analista podía haber preguntado qué había en la mente de la paciente, y no haber introducido un momento de alejamiento del momento (no importa lo leve que pueda parece el movimiento). Tras la pregunta el analista, la paciente dice de diversos modos que se siente más igual al analista.

En lo que queda de sesión, la paciente explora sus sentimientos conflictivos  de igualdad y de aceptación. No quiere tumbarse en el diván y esto se entiende en términos del nuevo sentido de agencia de la paciente. Aquí tenemos que echar un vistazo general a lo que sabemos de la paciente. Es descrita como alguien que ha padecido un historial de abuso sexual familiar. También se dice que acude a tratamiento con ideaciones suicidas. Ahora, tras este fin de semana y la sesión del lunes existe lo que se denominó una discusión realista de la terminación tanto por la paciente como por el analista. Esto nos parece llamativo y sólo podemos pensar en este acontecimiento como parte de una miniserie de puestas en acto no analizadas. Hemos visto muchos pacientes que han padecido abuso sexual (dentro y fuera del análisis). Estos pacientes suelen ser extremadamente susceptibles de padecer abuso en el tratamiento, y en nuestra mente el primer sueño de la paciente es un sueño de abuso en el que ella es ridiculizada por su grupo (analista). No queremos decir que el analista estuviera intentando ridiculizarla, para nada, más bien suponemos que la paciente está experimentando un cambio en los límites del tratamiento (el analista pidió una sesión extra) y, cuando siente este cambio, le resulta perturbador. Obviamente, había algo más que era previamente perturbador o algo sobre lo que suponemos que el análisis no había llamado la atención. También deberíamos dejar claro que el contenido manifiesto del sueño del que ella siente que la hace retroceder en el tiempo (tal vez podamos usar la palabra regresar) puede tener numerosos significados, significados que no somos capaces de averiguar razonablemente sin saber más de los pensamientos y sentimientos de la paciente. Nuestra opinión es que frecuentemente, cuando la paciente está llegando a algo, el analista se inmiscuye y –en lugar de ofrecerle más espacio a la paciente- cierra el espacio y la fuerza a interactuar. En nuestra opinión, es extremadamente improbable que tras esta serie de acontecimientos descritos, paciente y analista puedan hablar razonablemente de terminación. Más bien parece que hablar de terminación es una puesta en acto, un modo que ambos tienen de alejarse de los acontecimientos perturbadores de la situación analítica.

Volvamos a las ideas de intenciones confusas, impredecibilidad y co-creación. Aquí nos parece que si lo miramos desde una macroperspectiva, el caso sigue un tipo de predicción obvia. Un par analítico en donde cada uno se preocupa del otro, tiene una puesta en acto mutua (altamente probable con una paciente que ha sufrido abusos) y para evitar ciertos sentimientos horrorosos, el tratamiento termina. Cómo termina –de un modo amistoso- sería difícil de predecir, pero la terminación temprana es una predicción de alta probabilidad en casos de abuso. En nuestra experiencia, este tipo de caso, si es exitoso, dura un periodo prolongado y tiene varias crisis de confianza antes de que la terminación sea posible.

Consideramos todas las interacciones analíticas como co-creaciones, pero lo ideal es que no sean co-creadas por igual. El analista tiene que permitir al paciente un espacio transicional para crear la mayor parte de la atmósfera analítica.  Este es el arte del análisis: ayudar a crear este espacio e inmiscuirse en ocasiones en este espacio sin arruinar su construcción. No son simplemente las interacciones momento a momento las que son cruciales. Como afirma Winnicott, la fiabilidad del analista es más importante que las interacciones. La confianza se construye con el tiempo. Hemos intentado describir las condiciones necesarias para las interpretaciones de transferencia. En otra parte hemos intentado describir las condiciones necesarias para traer puestas en acto a la situación de tratamiento y para demostrarle al paciente que uno puede tolerar los errores y conflictos propios así como sus conflictos y puestas en acto. Para ello, uno debe primero escuchar al paciente; crear o recrear espacio; y luego, si es necesario, hablar acerca de la ansiedad propia si eso es lo que causa que el analista ponga en acto un conflicto. Creemos que pocas de estas cosas tuvieron lugar en la sesión presentada. En cambio, las dos partes querían separarse en buena relación. Desde nuestro punto de vista, esto significa que deben haber existido poderosos sentimientos destructivos a los que el par analítico no podía sobrevivir. La confianza se había roto y ni analista ni analizanda podían hacerla resucitar.

Una nota más sobre el modelo evolutivo

En 1997, publicamos (Moskowitz, Monk, Kaye, y Ellman) una colección de ensayos de investigadores sobre infantes y analistas de varias perspectivas teóricas evolutivas. En aquella época, muchas analistas y académicos notables –Jerome Kagan (1996), Peter Wolff (1996) y Roy Schafer (1976) entre ellos- cuestionaron el acierto de vincular el desarrollo de niños a la psicoterapia adulta; el giro hermenéutico y narrativo cobró más aceptación. Ahora, éstas son posiciones cada vez más minoritarias. La mayoría de nosotros damos por hecho que existe una relación no trivial entre la experiencia infantil y el carácter adulto. Sin embargo, los vínculos propuestos entre las teorías del desarrollo y las teorías de la técnica, aunque tentadoras, están sin testar. En este momento, creemos, permanecen los equivalentes contratransferenciales de los modelos operativos, los modos de pensar en los mundos internos de nuestros pacientes.

Como hemos dicho, creemos que el modelo evolutivo del BCPSG no consigue abordar dos cuestiones esenciales que son centrales para la posición freudiana contemporánea.

  1. La heterogeneidad de las disposiciones biológicas. Los investigadores en neurociencia cognitiva han apuntado la importancia de tener en cuenta la heterogeneidad biológica con referencia al temperamento (Kagan, 1994), la motivación o la búsqueda (Panksepp, 1998), la pulsión (Damasio, 1995; Schore, 1994; Solms, 2000), y la estimulación endógena (Ellman, 1991). Creemos que, un modelo operativo del proceso analítica debería tener en cuenta el ser biológico de los pacientes, sus sensibilidades y tendencias a la actividad, un elemento al que Winnicott se refiere como self verdadero.
  2. El proceso de internalización activa. Si uno acepta la importancia de las disposiciones biológicas, se deduce que la teoría evolutiva que uno adopta debe explicar el modo en que esas disposiciones y su desarrollo afectan a la internalización individual del entorno social (ver Wilson, 1995). Algunos teóricos (p. ej. Freud, Piaget, Mahler, Kohut) plantean estadios madurativos secuenciales, otros (p. ej. Klein, Lacan) plantean estadios cambiantes, y algunos disposiciones estáticas pero heterogéneas (p. ej. Kagan). Al igual que la experiencia de un acontecimiento que tiene un niño será influenciada por su estadio evolutivo, la experiencia que un paciente tiene de una intervención estará influenciada por su estado.

Esperamos discutir más sobre estos temas en publicaciones futuras.

Conclusión

Consideramos los intentos del BCPSG de dicotomizar la experiencia humana entre el IRK y los campos explícitos como uno más de la larga lista de dicotomías que permanecen en el camino de las integraciones teóricas. Si bien el interjuego momento a momento es importante, también hay una estructura perdurable que se construye en un intercambio terapéutico.  El pasado en el presente es tanto continuamente manifiesto como continuamente reconsiderado.

De un modo similar, Tronick (2008) escribió:

Tomando prestado de los análisis microanalíticos de la interacción madre hijo, el BCPSG focalizó en el momento a momento como si fuera la única unidad de tiempo del proceso de cambio… Una analogía es pensar en cómo las gotas de lluvia (momento a momento) llegan a modelar un paisaje y con ese modelamiento, los senderos del paisaje (las restricciones del pasado) por los que puede fluir la lluvia se vuelven cada vez más limitados, pero a la vez y con el tiempo esos senderos continúan siendo modelados por la lluvia. La terapia opera momento a momento limitada por cómo los momentos reiterados han modelado el paisaje de los estados de conciencia, y por los efectos recíprocos continuos de los momentos y las restricciones (pp. 113-114).

En nuestro mundo teórico, el tercero analítico se refiere a la capacidad de cada parte para conocer el mundo del otro y para sentir un mundo más allá de la realidad diádica que han creado. Permitir y respetar la existencia separada del otro y su existencia con los otros es parte de la capacidad para el amor al objeto. Esto nos parece un continuo desarrollo que empieza con numerosas fuentes incluyendo el IRK, la relación de objeto temprana, fuentes endógenas y el interjuego de emociones dentro del infante y de su madre y entre ambos. En su énfasis en las interacciones momento a momento, nos parece que el BCPSG se pierde demasiado de la riqueza tanto del proceso evolutivo como del terapéutico.

Deseamos aclarar que no rechazamos el concepto de IRK. En cambio, pensamos que es un aspecto importante del desarrollo y del proceso terapéutico. Nuestra opinión es que la dirección de la teorización del BCPSG no permite que se consideren conceptos alternativos para explicar el IRK.  Así, pensamos que es una cuestión empírica el si es útil considerar lo presimbólico y lo simbólico en términos dicotómicos. Estamos de acuerdo con Mitchell (2000) cuando afirmó que la “única distinción entre las épocas evolutivas preverbal y verbal es errónea, puesto que no existe campo preverbal per se” (p. 6). Concebimos las líneas de pensamiento y representación tanto verbal como simbólica en términos continuos más que dicotómicos. Es más, más que el modelo de causación de la bola de billar que propone el BCPSG, nosotros sostenemos que un modelo multifactorial (en términos estadísticos de regresión múltiple) es preferible a la idea de una regresión al IRK (BCPSG) o una única etapa crucial del desarrollo (Analítica Clásica).

Queremos expresar nuestra admiración por el trabajo del BCPSG. Han avanzado un modelo de desarrollo y de terapia heurísticamente valioso y que apunta a aspectos de cada campo que han sido pasados por alto o escasamente desarrollados. Nuestra opinión es que existe un error primordial que recorre sus publicaciones el modo en que bifurcan el paisaje teórico. Nuestra esperanza es contribuir para subsanar esta separación.

 

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