aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 045 2013

Recordar, fantasear, desear y sentir lo sexual en el análisis. El significado de la sexualidad en el psicoanálisis de hoy

Autor: Stark, Thomas

Palabras clave

Sexualidad, Intimidad, Identidad, Teoria de situacion, Adolescencia, Libre asociacion.


Publicado originariamente en Psyche – Z Psychoanal 67, 2013, 305–329.    www.psyche.de. Trabajo traducido y publicado en Aperturas Psicoanalíticas con autorización de la revista Psyche y del autor.

Traducción: Ana Frank García

Resumen: La primera parte es una reminiscencia de la teoría clínica temprana de Freud desde mediados de los noventa, en la que la sexualidad ha ocupado un lugar central en la comprensión de la etiología de los trastornos mentales y la estructura psíquica. Sin embargo, ya en Freud y, sin duda, en el marco del desarrollo de la psicoterapia en diferentes enfoques hasta el presente, se señala una desaparición del significado de la sexualidad para la teoría y la técnica. Se describe este desarrollo en el psicoanálisis y de una ciencia social para los psicoterapeutas psicoanalíticos basados en una búsqueda bibliográfica de la literatura psicoanalítica en idioma inglés entre los años 1920-2002. La segunda parte trata de hacerlo comprensible y parte de la tensión existente entre la norma básica de hablar sobre todas las cosas -incluyendo lo sexual- y el derecho a la intimidad. En relación a ello, se propone un bosquejo psicoanalítico diseñado para la intimidad. Por último, utilizando conceptos de la Teoría de la mente (Mind-Theory) y la Teoría de la Regulación de Ulrich Moser, se trabaja sobre la comprensión de las causas estructurales de los diferentes recuerdos, fantasías, deseos y sentimientos sexuales durante la sesión de pacientes con un trastorno temprano y de pacientes con un trastorno neurótico, así como de sus consecuencias en la terapia. Esto demuestra que la mentalización representacional y la regulación de la sexualidad hacia la psico-sexualidad en la adolescencia tiene una importancia crucial para el desarrollo y el funcionamiento mental ulteriores, independientemente de la vida sexual que el adulto lleve más tarde.

Palabras clave: sexualidad, intimidad, identidad, teoría de situación, adolescencia; libre asociación

Introducción

Desde hace varios años, algunos describen y lamentan la desaparición de la sexualidad en el psicoanálisis (Fonagy, 2008; Green, 1998; Heenen Lobo 2008; Spruiell 1997)[1]. Altmeyer, Martin y Helmut Thomä escriben en la introducción de su libro publicado en 2006 La mente reticulada. El giro intersubjetivo en el psicoanálisis: "ciertos diagnósticos temporales, con independencia de su procedencia –ya sea la psicología del desarrollo, las ciencias sociales o la medicina sexual-, comparten un núcleo fundamental: el principal problema psicológico de nuestro tiempo ya no lo constituye la sexualidad, sino la identidad" (Altmeyer y Thomä 2006, p 25). ¿Se puede sostener esta afirmación? ¿Representa la identidad una relación que está por encima o que es contraria a la sexualidad?

Después de una introducción que traza brevemente la historia de la sexualidad en el psicoanálisis, formulo la siguiente pregunta: ¿cuál es la importancia de la memoria sexual, fantasías y deseos en la terapia actual, derivadapor ejemplo, de la sexualidad postpuberal por parte del analizando y del significado de la sexualidad por parte del analista? ¿Hablan la mujer o el hombre durante la sesión de sus propios recuerdos sexuales, fantasías y deseos y de los correspondientes sentimientos asociados? Espontáneamente no suelen hablar de ello o lo consideran superficialmente de forma narrativa, porque la sexualidad de los adultos pertenece a la intimidad y en todas las condiciones socio-culturales este tema es conflictivo. Es decir, en la libre asociación por lo general la sexualidad no surge con la claridad, la especificidad, la concreción ni la imagenería propias de un incidente en el sentido psicoanalítico (Bucci, 1997, p. 188f.). Un analista que escucha con el "tercer oído” proporcionará interpretaciones que señalan las resistencias para ayudar al paciente a expresar sus ideas sexuales. Esto sólo lo podrá hacer cuando él mismo piensa en lo sexual, es decir, cuando la imagen mental que tenga del paciente sea la de un hombre adulto que de algún modo se enfrenta a diario con su sexualidad. La cuestión sobre si aparece lo sexual, depende de cuatro condiciones por parte del analista: en primer término, si él mismo piensa en lo sexual cuando el paciente no habla de ello, segundo, si lo considera importante para la terapia, en tercer lugar, si proporciona interpretaciones de la resistencia y por último, la forma en que habla de lo sexual[2].

En su tiempo Freud abarcó ampliamente la sexualidad en términos generales con buenas razones y en los Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905d) encontró la conexión íntima entre la sexualidad infantil, la perversión y la llamada sexualidad normal del adulto. Sin embargo, el uso que hace del término ha conducido hasta nuestros días a una falta de claridad en el psicoanálisis y en la comprensión del mismo a través de su medio ambiente.

Existe una gran confusión en torno a "instinto", "sexualidad infantil", "agresión", "sexualidad adulta". Ulrike May ha mostrado en sus ensayos sobre la historia del psicoanálisis las relaciones confusas que han ido surgiendo frente a estas cuestiones desde los primeros tiempos del psicoanálisis (May 2010, 2012). Movido por un afán de esclarecimiento, seguramente insuficiente, propongo a continuación una definición preliminar de los siguientes conceptos:

A) La impulsividad infantil psicoanalítica, que se manifiesta en el juego y en la imaginación de los niños y constituye el núcleo del inconsciente. Con esto me refiero no solo a la sexualidad infantil de Freud, sino también a la agresión y la destrucción pueriles. Un ejemplo: un niño de dos años y medio hace un enorme agujero en una silla de madera del comedor utilizando un destornillador y un martillo. Está emocionado y orgulloso de su trabajo.

B) La pulsión psicoanalítica: con ello me refiero al momento cuantitativo en la vida mental, que Freud introdujo en el perfil con Q o Qh y que hoy subestimamos (Freud, 1950c [1895]; Shevrin 1997). Según mi opinión, pensamos demasiado unívocamente en términos categoriales o cualitativos. A diferencia de Freud y del psicoanálisis después de 1895, defiendo como razonable una teoría monista de los instintos. Nuevos conceptos de la teoría de la información y la neurobiología teórica apuntan en la misma dirección, (Carhart-Harris & Friston 2010).

C) La sexualidad postpuberal: con ello me refiero al recuerdo sexual, fantasía, deseo y, por lo tanto, a aquello que acompaña al sentimiento sexual y al comportamiento de las personas después de la pubertad.

En la pubertad toma protagonismo el deseo sexual biológico surgido a lo largo de la evolución y sin el cuál no existiríamos. El deseo sexual biológico es un ideal con el que no nos encontramos. Siempre hallamos la sexualidad humana en su vertiente historicista. Esta es una de las conclusiones centrales de Freud. Jean Laplanche, dice al respecto: "El terreno [está] ya completamente [...]  ocupado" (Laplanche, 2006, p 136[3]), refiriéndose a que la pulsión puberal ha sido conformada ineludiblemente sobre una realidad determinada culturalmente por las tendencias pulsionales infantiles psicoanalíticas conscientes o inconscientes en sus diferentes formas. Profundizar más en estas cuestiones nos llevaría a hacer de éste un ensayo metapsicológico y lo desviaría de su trayectoria prevista.

La sexualidad en la teoría clínica temprana de Freud (hacia 1895)

Freud descubrió con otros el significado de la sexualidad en los años ochenta y noventa del siglo XIX, durante el periodo en que se dedicó a la práctica neurológica y psicoterapéutica en Viena. Entorno suyo construyó su teoría clínica temprana, sobre la cual Ulrike May-Tolzmann ha trabajado de forma explícita publicando en 1996 su libro Freuds frühe klinische Theorie (1894–1896) Wiederentdeckung und Rekonstruktion (La teoría clínica temprana de Freud (1894-1896). Redescubrimiento y reconstrucción).Siguiendo a Freud en esos años, en el individuo adulto normal se produce una constante excitación sexual que más tarde se va a manifestar en forma de estimulación mental. Esta tensión libidinal solamente podrá ser resuelta a través de una "acción específica o adecuada" (Freud, 1895b, p 335).Freud incluye aquí las "relaciones sexuales con la participación de la psique" (May-Tolzmann 1996, p 31). El concepto de la acción específica forma parte de una teoría de los instintos en la que la sexualidad, como el hambre, es considerada una de las necesidades más importantes. Los trastornos de la vida sexual representan según Freud la conditio sine qua non para el desarrollo del trastorno mental[4]. En la teoría clínica inicial de Freud todas las neurosis tienen una etiología sexual, y señala dos grupos nosológicos: las neuropsicosis de defensa (Abwehrneuropsychosen), a las que pertenecen la histeria y la neurosis obsesiva, y las neurosis actuales (Aktualneurosen), entre las que se encuentran la neurosis de angustia y la neurastenia. Las neuropsicosis de defensa tienen un "mecanismo psicológico" (Freud, 1894a, p 59), a saber, una defensa en el contexto de un conflicto inconsciente. Su génesis radica en un trauma sexual infantil inconsciente (seducción), y los síntomas surgen de los deseos reprimidos, ideas y emociones, también de un proceso mental. Las neuropsicosis de defensa son tratables con psicoterapia, tal como Freud describe en «Zur Psycho-therapie der Hysterie» ("Psicoterapia de la histeria") (Freud, 1895d). La mayor y, a la vez, esperable dificultad para la asociación catártica la ve en el miedo a la "dependencia sexual" o en la transferencia de "actuaciones vergonzosas" al terapeuta (pág. 308). Las neurosis actuales no tienen "mecanismo psicológico", sino que surgen a través de un proceso somático. Su origen radica en una conducta sexual actual, consciente y perjudicial (coitus interruptus, masturbación). Una "deficiencia mental" (Freud, 1895b, p 338) impide el procesamiento psíquico de la excitación sexual somática. Las neurosis actuales no se pueden tratar con psicoterapia. Freud apunta a este tema que hoy en día está de actualidad y con el que nos encontramos habitualmente en la práctica clínica, tanto en términos de la nosología como también en lo concerniente a la estructura de regulación, principalmente nos encontramos frente a formas mixtas (Freud, 1895b, pp 339ff;. 1895d, pp 256F.). En resumen, se puede decir:

1. En la teoría clínica temprana se trata sobre la sexualidad.

2. Los síntomas se presentan cuando, o bien se rechaza el instinto sexual (conflicto) o no se procesa psíquicamente (deficiencia mental).

3. La sexualidad se entiende como un impulso biológico.

4. El principal obstáculo en la psicoterapia son las fantasías sexuales en relación con el terapeuta.

5. En la práctica clínica habitual son frecuentes las situaciones mixtas.

Continuación de la historia de la sexualidad en el psicoanálisis

En los años siguientes, Freud va desviando progresivamente su interés desde la biología hacia el psiquismo, lo que se refleja por ejemplo, en La interpretación de los sueños y en los Tres ensayos sobre la teoría sexual. A lo largo de su vida, Freud se aferra a dos de las primeras conclusiones: la distinción entre la psiconeurosis de defensa y neurosis actual y la importancia de la sexualidad. James Strachey ha añadido una serie de 34 artículos a la última edición estándar de los Tres Ensayos, (Strachey, 1953). Al mismo tiempo, Freud sucumbió a Laplanche, especialmente en la utilización del mito de Edipo como desexualización, en tanto que habló del complejo de Edipo como de una pauta sexual, pero no de la alegría y el placer sexuales (Laplanche, 2004)[5].

La historia de la psicoterapia se puede describir a grandes rasgos como la historia de los desgajamientos del psicoanálisis: la psicología analítica de Carl Gustav Jung, la psicología individual de Alfred Adler, más tarde la terapia Gestalt tiene como principal fundador a Fritz Perls, analizando de Karen Horney y supervisando de Wilhelm Reich, la psicoterapia por la palabra (Gesprächstherapie) de Carl Rogers, intensamente influenciado por Otto Rank, las terapias corporales, en cuyo inicio Wilhelm Reich jugó un papel destacado, y también el fundador de la terapia de la conducta, Aaron Beck y Albert Ellis, comenzaron como psicoanalistas.A pesar de la complejidad de esta historia, se puede entrever, aparte de otras cosas, un hilo conductor caracterizado por la exclusión de la sexualidad en la comprensión y el funcionamiento de la mente humana[6]. Además, el rechazo de la sexualidad no se limita únicamente a la creación de las nuevas orientaciones psicoterapéuticas, sino que incluso dentro de la tradición e historia psicoanalíticas se otorga cada vez menor peso a la sexualidad. Por mencionar las más significativas, están las contribuciones de Melanie Klein, Bion, Winnicott, Kohut, Mahler, representando en general la teoría de las relaciones de objeto, la psicología del desarrollo, la teoría del apego y el psicoanálisis relacional. En este punto hay un efecto de retroalimentación positiva que insta a la exclusión de la sexualidad en las sesiones: la preferencia de minimizar la importancia de la sexualidad por parte de los terapeutas y su escuela de pertenencia influye en la concepción y elaboración de las sesiones terapéuticas, así como en sus intervenciones; esto a su vez afectará a las declaraciones de los pacientes y por ende, a las publicaciones de sus analistas, cerrando así el círculo.

Un análisis de la literatura psicoanalítica en inglés entre los años 1920 y 2002 sobre la base de la PEP Archivo 1 Versión 5 (Fonagy, 2008) muestra una disminución significativa de los temas sexuales y un aumento de los no sexuales, lo que queda claramente reflejado en el diagrama (pág. 32), ilustrando el auge del concepto de transferencia-contratransferencia que, obviamente, es entendido en un sentido no sexual. Con María Target podemos asumir que la sexualidad encontró probablemente una vía de entrada más fácil a las terapias, en tanto en cuanto la relación terapéutica no se constituyese como el eje del propio trabajo terapéutico (Target 2007, p 527).

El único estudio empírico-científico hallado, que intenta dar respuesta a la pregunta sobre la importancia de la sexualidad en las terapias psicoanalíticas contemporáneas, proviene de Ofra Shalev, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y Hanoch Yemshalmi de la Universidad de Haifa (Shalev y Yemshalmi 2009). Los autores llevaron a cabo entrevistas semi-estructuradas con diez psicoterapeutas psicoanalíticos que informaron acerca de las terapias semanales. El procedimiento seguido fue el método de la Grounded Theory (la teoría asentada en los datos) que se utiliza para desarrollar una propuesta teórica a partir de datos empíricos. Se encontró que los terapeutas no concedieron gran importancia a la sexualidad. Esto es lo que los autores reportan sobre cuatro factores considerados por parte del terapeuta:

1. La idea de que la sexualidad no está en el centro de la motivación humana y que para la solución de las dificultades del paciente es más bien un aspecto secundario, o está al servicio de la defensa.

2. La opinión de que, sobre todo, el tratamiento tiene que prestar ayuda para la superación rápida de las necesidades específicas del presente.

3. La limitación de la comprensión de la sexualidad dentro de los actos sexuales específicos y la separación entre intimidad y sexualidad.

4. La incomodidad del terapeuta y/o paciente cuando se habla de temas sexuales.

Se deja a criterio del lector juzgar hasta qué punto puede extenderse la validez de los resultados de este estudio no representativo a otras formas de terapia psicoanalítica y a otras culturas psicoanalíticas locales.

En el ensayo "¿Tiene la sexualidad algo que ver con el psicoanálisis?" publicado originalmente en 1995 dice André Green que "en general, la sexualidad ya no ocupa un puesto central ni ninguna función teórica de valor heurístico. Ya no se considera un elemento esencial en el desarrollo del niño, ni siquiera como factor determinante para la comprensión etiológica de síndromes clínicos". Y más adelante, explica: “Tras años de análisis de pacientes con trastornos narcisistas y borderline, he llegado a la conclusión opuesta. Entre tanto, ahora considero como incorrecta la asunción de que no han tenido lugar fijaciones edípicas ni genitales en el proceso que conduce a un perfil psicopático. Se me ha ido haciendo cada vez más evidente que la estructura sintomática global actuaba como una tapadera, en la cual la sexualidad jugaba aparentemente un papel subordinado o era irrelevante, como si los demás aspectos no abiertamente genitales, hubieran tenido la función de cubrir y proteger la eclosión de la enfermedad. Las fijaciones sexuales y genitales eran el secreto que, sin duda, tenían que mantener para sí mismos estos pacientes, a modo de núcleo interno de una cebolla que queda recubierto por innumerables capas. Otros, por el contrario, trataron de considerar estas causas de conflictos como irrelevantes o inexistentes. Naturalmente, esto conduce a problemas técnicos" (Green 1998, p 1175)[7].

La sexualidad postpuberal en el análisis

A nadie le gusta hablar de su sexualidad. Esto no ha cambiado desde la época de Freud. Durante la sesión analítica (a los pacientes) no les agrada recordar las experiencias sexuales de la pasada noche, no les gusta hablar de sus fantasías sexuales, ya sean sobre sí mismos o acerca del analista y no introducen con agrado sus deseos sexuales, como por ejemplo, la alegría que les produce saber que por la noche llegará su pareja a casa y que, tal vez deseen dormir con él o ella. Sienten que su vida sexual fantasmática y vivida es algo íntimo, que nada tiene que ver con el analista, en lo que, ciertamente tienen razón.

Intimidad y sesión psicoanalítica

Permítanme delinear a continuación un esbozo psicoanalítico de intimidad. A partir de la 18ª semana de gestaciónse puede observar cómo el feto se chupa el pulgar y también se puede apreciar excitación sexual genital. Parece que el feto siente una multitud de experiencias placenteras que seguramente no son independientes de la condición materna pero para las cuales todavía no tiene la posibilidad de contrastarlas con el mundo externo. La relación que los adultos mantienen con las acciones autoeróticas y, sobre todo, con la actividad autoerótica genital del lactante es contradictoria. Enseguida se sienten inseguros y entran en conflicto sobre si dejarles hacer y, en caso afirmativo durante cuánto tiempo o si distraerles de alguna forma o, incluso, prohibírselo. La succión es permitida durante un cierto tiempo, incluso fomentada para calmar al niño. El autoerotismo anal está mal visto desde el principio. Sin embargo, cuando el niño comienza a experimentar deseos de defecación, tiende a aislarse para hacer a solas su caquita (“Lumpf”) consigo mismo. Esto demuestra sin ninguna duda la necesidad primaria de intimidad. Hay un estudio acerca la evolución del juego con los genitales sobre el que informa Peter Fonagy en el artículo ya mencionado (Fonagy, 2008).

En éste se trata de analizar la evolución de madres que excitan sexualmente a sus bebés entre los tres y seis meses practicando con las niñas movimientos manuales en los genitales y produciendo en los niños una erección.Cuando las madres se centraban en otros estados de sus niños con una aproximación especular, reaccionaban a la excitación sexual de los niños desviando la mirada hacia otro lado o ignorándola. En los informes semanales sobre las interacciones madre-hijo durante el primer año, los alumnos de psicoanálisis, de terapia infantil y de psicología concluyeron, para sorpresa del autor, que no sólo no había reflejo especular de excitación sexual, sino que prácticamente no había absolutamente ninguna evidencia de excitación sexual.

Este hallazgo conduce a Fonagy y Mary Target (Target 2007) a su propia concepción de la sexualidad humana como una especie de fenómeno borderline en individuos sanos. Tal vez por razones evolutivas, en los niños pequeños apenas se especulariza la excitación sexual, por lo que ésta no podría ser representada secundariamente por el niño. No se podrá adquirir la experiencia de las percepciones sexuales como algo propio (p. 522). Los autores sugieren que el desarrollo psíquico temprano únicamente puede transcurrir en el contexto del vínculo con el adulto y de la especularización que marca los estados primitivos del niño.De esta manera surge posteriormente una teoría representacional de la mente (Theory of Mind) en los niños y en la terapia basada en la mentalización con los pacientes.

Mi razonamiento sugiere una dirección ligeramente diferente. El concepto de marcación especular* (markierte Spiegelung) (Gergely y Watson, 1996; Fonagy, Gergely, Jurist & Target 2004), que depende del vínculo y que, a su vez lo asegura, proviene de las emociones y las necesidades del niño. Éstas elaboran una interacción, son comunicaciones que están al servicio de la autoconservación y, a través de la marcación especular de los adultos, contribuyen a la construcción del self y del otro y al conocimiento del mundo en el contexto de la cultura. Mientras que las emociones, las necesidades, y el apego se pueden incluir dentro de las pulsiones de autoconservación en el sentido de Freud (Laplanche, 2007; Panksepp1998), en la vida intrauterina ya existe un placer autoerótico (véase más arriba) y/o, tras una fase de "asentamiento de las funciones vitales del organismo" (Freud, 1905d, p 83), el placer erótico se desacopla de ellas, se vuelve autoerótico (p. 123) y sigue su propio camino. Laplanche habla del "«auto»-tiempo" (Laplanche, 2011). En el estudio antes mencionado de Fonagy, yo entiendo las reacciones de los adultos como una especie de no-especularización. La actitud está presente, pero contenida y no precisamente especular, sino más bien amablemente desviada. Se deja al niño a sí mismo, sin abandonarlo si él no quiere. Mientras que en la marcación especular el adulto sabe lo que está ocurriendo en el niño al tiempo que se lo comunica, en los momentos auto-eróticos surge algo opuesto: el adulto barrunta tal vez vagamente lo que está sucediendo en el niño, pero se abstiene de interferir porque conoce su deseo de intimidad. Esta no-especularización cede al niño su “Auto-tiempo”. Creo que aquí están los inicios de la intimidad. En mi opinión, la experiencia diaria y el psicoanálisis con niños demuestran que esta no-especularización en el sentido de la marcación especular, no implica necesariamente que vaya a ir acompañada de una falta de mentalización.Más bien el niño desarrolla muy tempranamente, sobre todo en estas fases, la imaginación, que es la suya propia. Lleva a cabo su “trabajo de auto-teorización" (Laplanche, 1999, p 180; TS del traductor). Esta fantasía se diferencia idiosincráticamente del saber cultural que, adquirido a través de la marcación especular, versa sobre el mundo, los otros y el propio niño como una parte de la cultura (Csibra y Gergely 2011; Unoka y Gergely 2011), y establece su dificultad fundamental (Stark 2009).La presente retracción, que también puede ser definida como respeto, como reconocimiento de un estado en el que los adultos no tienen acceso, posibilita la intimidad de los niños de una manera segura. La retracción significa: todo esto te pertenece a tí. La presencia amistosa en la retracción significa: todo está bien. Por supuesto, en la relación de los adultos con la excitación sexual del niño pequeño se intercalan los propios conflictos no resueltos, a menudo inconscientes y ello da lugar una alteración de la participación intersubjetiva (Bråten 2011), que a su vez es motivo de un mensaje enigmático para el niño, en el sentido de Laplanche (Laplanche, 2004).Para mi razonamiento aquí es importante que en el estudio de Fonagy los adultos diferencien claramente entre una emoción del bebé que señaliza una necesidad de regulación en la interacción y una excitación sexual como expresión autoerótica que, justamente al contrario, no lo indica. La alternativa a la retracción benévola descrita no es, desde la perspectiva del bebé, una marcación especular en el sentido de Fonagy, sino algo invasivo que perturba la intimidad y que sucede demasiado a menudo, ya sea como una co-excitación que conduce al abuso sexual o como un rechazo intenso del autoerotismo o como una forma de evitación del niño.Según Reimut Reiche (1997), mientras que la estimulación traumática, ya sea por exceso o por defecto, conduce a un desarrollo perverso, las formas invasivas de rechazo y desvalorización dan lugar más bien al desarrollo de una alteración temprana. En la adolescencia exitosa -no en la colapsada- esta intimidad experimenta una vez más una intensa expansión con la separación de los adultos especularizantes.

He incluido el esquema hacia la intimidad para justificar que desde el inicio, lo sexual es lo que el ser humano posee para sí mismo o para desear compartirlo con un otro más adelante en un contexto exclusivo de excitación íntima conjunta. Tal vez sea una fijación al precocísimo placer autoerótico intrauterino. Sin embargo, ello no significa que no vaya a constituirse un rico mundo interior representacional. Mientras que las emociones, siempre al principio y parcialmente más tarde, son parte de una relación, lo sexual, como algo primitivamente autoerótico, se halla justamente fuera de la relación.

Ahí radica su importancia en la constitución del narcisismo. Mientras que el "auto"-tiempo, cuando es reconocido por el adulto, justifica la intimidad, el psicoanálisis agrede con la regla básica esta intimidad. Esto constituye un problema para cada paciente, a menos que esté gravemente perturbado. La regla básica estorba a su intimidad en situaciones no-sexuales, como la analítica sobre todo, y también hablar sobre lo sexual e, incluso sentir algo sexual. Así pues, cuando las personas no desean hablar de ello en el análisis, es un signo de su conocimiento implícito o de la percepción de su propia intimidad. Esto representa un problema para el analista, porque los recuerdos, las  fantasías, los deseos y las percepciones sexuales, así como hablar sobre ello, constituye una condición para el éxito del proceso analítico. De lo contrario, permanecen excluídas de la asociacón libre extensas zonas nucleares de la vida psíquica. En contraste a la regla básica, por este motivo, lo sexual plantea en cada análisis un cúmulo de dificultades y retos. Sobre todo también, porque siempre está presente. En una situación como la psicoanalítica, un encuentro a dos representa también para todo el mundo un encuentro sexual. Así como el encuentro en la oficina de correos, en el compartimiento del tren, en el remonte del telesilla, en el médico, la fisioterapia, la peluquería, en un camino solitario, en el ascensor, en el cine, etc. En tanto que una persona apenas puede elegir si al entrar en la pubertad pasa a ser una persona sexual postpuberal, igualmente tampoco podrá elegir si su análisis trata o no de sexualidad. Tan solo emerge la cuestión de cómo se va a encauzar la sexualidad postpuberal en el análisis[8].

La mentalización y la regulación de la sexualidad post-puberal en el análisis

En la forma en que se regula lo sexual en el análisis podemos identificar dos estructuras reguladoras de la psique: el signo distintivo de una de ellas es la mentalización representacional con la posibilidad del paralelismo, el de la segunda, la mentalización situacional teórica con el forzamiento a la secuencialidad. Todo el mundo se regula en ambos sentidos. Para la consulta es crucial considerar qué tipo de estructura de regulación se instala en qué contexto[9]. No se trata, por tanto, de definir categorías de personas con diferentes estructuras de regulación, sino más bien de prestar atención en qué situación analítica qué forma de mentalización y de regulación se ha activado e instalado, para sacar las consiguientes conclusiones técnicas.

La distinción entre mentalización representacional y situacional se debe en primera instancia a Josef Perner (Perner, 1991); Moser & von Zeppelin la introdujeron en el psicoanálisis (Moser & von Zeppelin 1996b) y Moser, en relación a su concepto de micromundo psicoanalítico, ha añadido el punto de vista histórico del paralelismo o simulación hacia la teoría representacional de la mente (Moser 2001). El autor ha trabajado con estos conceptos en artículos previos (Stark 2005, 2009, 2010).

En la descripción del desarrollo en la infancia de la comprensión de las funciones mentales (Teoría de la Mente, Theory of Mind), Perner diferencia la teoría representacional de la mente de la teoría situacional. El niño desarrolla la teoría situacional aproximadamente entre los dos y cuatro años. A lo largo de toda la vida permanece como una forma básica de mentalización, aunque el desarrollo exitoso a través de las posibilidades de la teoría representacional de la mente, hace que se vaya complementando y relativizando, sobre todo durante los conflictos internos y externos. A partir de los cuatro años, la teoría representacional de la mente juega un papel central junto con la teoría situacional para la maduración del desarrollo infantil de la regulación mental. Se caracteriza por la meta-representación. Perner entiende por ello la capacidad de representar la relación entre un representante y un representado, por ejemplo, entender que Mamá ama a Papá, aunque uno desee mandarle a paseo.

En el marco de la la mentalización y regulación representacional se entienden como procesos internos aquellos que incluyen o expresan una perspectiva sobre una situación (metarrepresentación). Sujeto y objeto poseen un mundo interior cerrado y acotado por un límite (sentimientos, cogniciones, motivaciones, tiempos), en el cual pueden tener lugar los procesos mentales de forma paralela e independiente a cualquier situación hallada o creada. Los deseos poseen esta estructura regulatoria como condición. Las regulaciones son posibles a través de los cambios del mundo interno virtual paralelo simulado ("acción de prueba" en Freud, 1911b, p 233).

En el contexto de la teoría situacional no hay lugar para pensar en otras perspectivas diferentes. La única realidad de una situación es la que se percibe, se siente, se imagina, se constata. Al igual que esta realidad "es", lo son la percepción, la sensación, el sentimiento, la constatación ("lo que se piensa es real y lo que es real se piensa", «what is thought is real and what is real is thought»): Target y Fonagy, 1996, p 464). En una situación de mentalización teóricamente situacional, el Self y el objeto están escasamente diferenciados desde un punto de vista racional y no poseen mundos internos cognitivo-afectivos separados, ni siquiera total o parcialmente independientes.

Los sentimientos no son los sentimientos de uno de los involucrados que se expresan tras su procesamiento interno, sino que forman parte de la situación. No hay un tiempo definido, sino sólo la situación presente actual. Las regulaciones son posibles a través de cambios en la situación teórica situacional o mediante una ruptura de la situación y la creación de una nueva. Los cambios dentro de la situación actual consisten ora en cambios en el sujeto, en el objeto o en la interacción (por ejemplo, ataque, retirada, control, sometimiento, comunicación, reducción de la toma de conciencia, procesos de disipación). Las regulaciones a través de la ruptura de la situación actual y la creación de una nueva surgen cuando los sentimientos sobrepasan por exceso o por defecto los parámetros afectivos de la regulación. Según la teoría situacional, la regulación es concreta y secuencial (véase también Moser 2009).

Cuando se ha creado la instancia de una mentalización y regulación representacional, la relación entre los principios fundamentales y la sexualidad resulta muy diferente a si lo que se ha creado es una mentalización y regulación teorético-situacional. En el primer caso surge una resistencia inconsciente o un rechazo deliberado a hablar de algo íntimo sexual que le ocurre a uno en ese momento. La gente aprende con el tiempo que esto es valioso para el progreso del análisis, y lo toma en consideración.Tienen la capacidad de reconocer el trabajo analítico en equipo como tal y de contribuir a ello, incluso aún cuando no les resulte fácil. A menudo les ayuda darse cuenta de que están hablando sobre todo para sí mismos, como en la vida diaria y no tanto a la otra persona. Pueden disociar la situación no-sexual propia del trabajo en equipo analítico de situaciones sexuales imaginarias, así como de los recuerdos sexuales, fantasías, deseos y sentimientos, ya estén relacionados consigo mismo y/o con personas de fuera de la situación analítica o consigo mismo y/o con el analista dentro de la situación analítica. Las incursiones sexuales, de por sí, no transforman la situación en sexual, habida cuenta de la capacidad paralela de mentalización y regulación representacional que mantiene disociadas la situación sexual y la no sexual, incluso aunque se produzcan sensaciones sexuales. Por lo tanto, desde el punto de vista del principio fundamental, a estas personas les resulta posible hablar de todo, incluso de sus fantasías sexuales. La mayoría de los conceptos psicoanalíticos, tales como asociación libre, resistencia, represión y contra-catexis (Gegenbesetzung), conflicto, identificación, transferencia, interpretación, etc., tienen una funcionalidad representacional para la condición previa. Lo mismo se aplica a la introspección y al aprendizaje psicoanalítico (Moser 2001).

Una vez creada la instancia de una mentalización y regulación teorético-situacional, es imposible introducir en el análisis lo sexual consciente e inconsciente y hablar de ello. Porque la mentalización teorétrico-situacional significa que sólo existe una única situación que, en nuestro caso, es sexual. Esto no puede llegar a suceder bajo ningún concepto, ya que significaría el derrumbamiento de la terapia. Así pues, lo sexual, por muy obvio que sea, tiene que permanecer necesariamente bloqueado. Mantener este bloqueo es posible gracias a la regulación secuencial tal y como corresponde a este tipo de regulación: no existe ningún paralelismo o simultaneidad de las partes consciente e inconsciente, sino sólo una secuencia de situaciones. Es sabido a partir de los niños pequeños, que pueden deshacerse de forma rápida y segura de la ansiedad que provoca una imagen en un libro dando simplemente la vuelta a la página o poniéndose las manos en la cara.

Se pueden observar dos tipos de situaciones de mentalización teorétrico-situacional (Stark 2005). Una de ellas -la SIT1- es la previa al inicio de la sesión analítica. El paciente se encuentra solo la sala de espera y aguardando al analista. Esta situación es la de mayor compulsión sexual.Para el paciente consiste en la cognición absoluta de una mezcla poco diferenciada de vergüenza, sentimientos de persecución, deseos sexuales, sensaciones y temores, impotencia, humillación, confusión y excitación ante la inminente reunión. Es, tal como señalan todos los pacientes, "demasiado". Además, la situación de la sala de espera se acompaña de inquietud y de una sensación de situación teóricamente persecutoria. Es decir, la coyuntura es la de una situación persecutoria en la que el paciente se encuentra impotente. Los acontecimientos descritos se regulan a menudo gracias a la disminución de la propia implicación y se desarrollan totalmente en un segundo plano. Con la aparición del analista se intensifican durante un momento la confusión, la emoción, la impotencia, y el sentimiento persecutorio hasta que finalmente se relajan con el saludo y la entrada en la consulta. En la sala de espera se crea así un auto-estado que es idéntico al de la condición situacional. Los sentimientos no son sentimientos ni fantasías que tengo en una circunstancia profesional tranquila, sino que son un todo en uno, en el sentido de la teoría situacional (Moser 2009). Es una situación de fuertes emociones y reacciones somáticas y con poca diferenciación cognitiva entre los polos sujeto y objeto. El analista es un elemento excitador ya desde antes de su aparición y, con su entrada pasa a ser también un perseguidor, el analizado es el excitado y el perseguido. Con el saludo y el camino hacia la consulta se interrumpe la situación descrita de la sala de espera. Entiendo tal interrupción como una regulación en el sentido de la teoría de los sueños de Moser & Zeppelin (1996a).

En la consulta se crea una segunda mentalización y regulación teorétrico-situacional, la situación de consulta o SIT2. Tiene la función de estabilizar la interrupción de la amenazante SIT1 que tuvo lugar a través del saludo y la entrada y evitar a toda costa la irrupción de la SIT1 en la consulta. El paciente revierte la díada polar concretista de la sala de espera: se desplaza a una posición de control omnipotente, estando el analista impotente, indefenso, entregado y bloqueado frente a la impulsividad mediante sus conocimientos. El analizando se aferra a esta posición. En el ámbito de la teoría situacional no tiene otra alternativa. El instinto sexual de la primera situación permanece bloqueado fuera del análisis. La situación en la consulta no sirve para el trabajo analítico sino en primera instancia, para el control frente a la situación en la sala de espera. Con la aparición de la sexualidad en la relación terapéutica, vence la regulación descrita en un subgrupo de pacientes en que la supremacía y la partes representacionales mentalizantes y regulatorias quedan anuladas. Esto se traduce en una paralización del análisis.

El significado del desarrollo del adolescente

El trabajo analítico sobre la situación insoportable de la sala de espera en personas con una mentalización y regulación teorétrico-situacional reveló otro hallazgo sorprendente (Stark 2010): la situación de la sala de espera resulta así de vergonzosa, emocionante y persecutoria, porque trae a la memoria la reminiscencia de un derrumbamiento del desarrollo adolescente, en el que el analizando experimentó una vergüenza devastadora desde la perspectiva teorético-situacional. No quiere recordarlo a ningún precio, porque recordar no significaría recordar, sino mucho peor, sería la repetición teorétrico-situacional de aquel terrible fracaso. En la adolescencia, el analizando fracasó en lo que para el desarrollo de la identidad psicosexual adulta es esencial, la mentalización representacional de su nueva sexualidad biológica. No le quedó otra salida más que una regulación teorética-situacional que, incluso ya desde la adolescencia pero sobre todo más tarde a lo largo de la vida adulta, acarrea terribles consecuencias. Con la exclusión de la enmarañada situación teorético-situacional de sala de espera fuera del análisis, permanece excluída del análisis la impulsividad, tal como sucedió en el desarrollo durante la adolescencia. En la consulta, tan solo se introduce como una rígida perversión sadomasoquista de la relación analítica, acerca de la cual me referí en otra parte (Stark 2010).

Por lo tanto, sitúo en la adolescencia la razón de la importancia central de la sexualidad postpuberal, tanto para la salud mental del adulto como para el desarrollo del análisis. En la pubertad, el niño se enfrenta a su sexualidad biológica de una forma más o menos instintiva y en mayor o menor grado con una estructura edípica, esto es, con una cierta mentalización y regulación representacional, de la que no habrá escape. Esto tiene prioridad evolutiva. El ímpetu real de la pubertad impacta en la psique del niño. El nuevo estado sexual "es" una situación en términos de la teoría situacional. Trabajando en ello, la psique infantil se transforma en adulta adquiriendo intimidad y una identidad psicosexual adulta. ¿Puede transformar el jóven representacionalmente la sexualidad dando lugar a memorias sexuales, fantasías, deseos, sentimientos y valores -en este caso, el concepto de psicosexualidad adquiere un nuevo y claro significado- o los regula teorético-situacionalmente, lo que va a acompañarse de toda una gama de grave psicopatología de la adolescencia? El significado de la sexualidad se halla, entre otras cosas, en que a través de ella tiene lugar en la adolescencia la expansión masiva del funcionamiento representacional o se malogra con efectos devastadores -síntomas y conductas desadaptativas-. Cuando la sexualidad en la adolescencia sigue una mentalización y regulación teorético-situacional –a lo que yo llamo la posición masturbatoria (Stark 2005)-, teniendo en cuenta la omnipresencia de la sexualidad post-puberal, las consecuencias para todo el psiquismo son de gran alcance en la vida adulta. Para las personas de mentalización y regulación teorético-situacional, la sexualidad ubicua se convierte en un constante perseguidor, contra el que se defienden a través de la arrogancia, omnisciencia, sarcasmo, resignación y pesimismo y que les insta a una variedad de actuaciones con tintes agresivos que pueden causar daños considerables en su vida. La mentalización y la regulación teorética-situacional se irá expandiendo a muchos ámbitos de la vida o a muchas situaciones, dificultando especialmente las relaciones y los encuentros estrechos.Surge un trastorno temprano o trastorno límite de la personalidad. Por tanto, el trabajo sobre la sexualidad resulta fundamental en el psicoanálisis, independientemente de cómo viva su sexualidad el paciente adulto. Existen muchas personas que no mantienen relaciones sexuales o que sólo lo hacen ocasionalmente y hay una gran variedad de estilos de vida sexuales.Por otra parte, el matrimonio se concibe como deseo de muchos jóvenes y como una forma de vida de muchos adultos. Independientemente de si una persona vive de forma sexualmente intensa en pareja (Kernberg, 1994, 2011) o solo y tal vez sin experiencias sexuales, se desarrolla por lo general la capacidad de pensamiento representacional, lo cual tiene gran importancia para su funcionamiento psíquico, esencialmente, para la capacidad de mentalizar representacionalmente la sexualidad como psicosexualidad. Aunque a las personas con una identidad psicosexual integrada les resulta más fácil vivir en una relación íntima de amor, no se trata aquí en primera instancia de esto, sino de la función de la psicosexualidad más allá de la forma de vida actual, sin la cual la vida psíquica queda intensamente restringida en amplitud y profundidad. Para el análisis es fundamental trabajar en esta linea. [10]

La exclusión del análisis de la sexualidad actual del adulto y la del adolescente también bloquea el acceso a la impulsividad psicoanalítica infantil, es decir, a las fantasías y los juegos inconscientes del niño configurados a lo largo de la vida, y por ende, a la escena primaria, a los miedos genitales tempranos y a la bisexualidad. La adolescencia exitosa y el análisis exitoso significan siempre una renovada discrepancia con éstos en un formato representacional. Con el fracaso del desarrollo del adolescente se pierde el acceso mentalizante repesentacional a la impulsividad del niño o no es posible si los trastornos del desarrollo infantil han impedido una estructura edípica.La intimidad del mundo interior idiosincrásico fantasmagórico queda dañada. Si durante la sesión analítica de una persona con un trastorno temprano es factible transformar la detención del bloqueo concretista de la impulsividad en una mentalización representacional, se produce una compleja interacción en el proceso analítico entre las huellas de los impulsos psicoanalíticos del niño, el cataclismo de la adolescencia, la sexualidad actual y la transferencia.

Para el analista, estos pensamientos significan que no sólo se tiene que ceñir al principio fundamental, sino igualmente tiene que pensar en la mentalización y regulación teorético-situacional de la sexualidad, si no aparece en las intervenciones. Habla, por tanto, en primer lugar sobre la sexualidad y trabaja contra ella con la resistencia concretista descrita. En otra parte he discutido acerca de las consideraciones técnicas de estas reflexiones (Stark 2010).

Mentalización y regulación teorético-situacional y la desaparición de la sexualidad fuera del psicoanálisis

En las consideraciones previas he descrito la desaparición de la sexualidad del psicoanálisis en dos contextos: en la literatura psicoanalítica y en la clínica. Por otra parte, a partir de la búsqueda bibliográfica podemos deducir de Fonagy, que en el mismo período de tiempo en que se produjo una disminución de los temas sexuales, se aprecia un claro incremento de la frecuencia del tema de la transferencia y la contratransferencia. Esto nos lleva a la conclusión de que la transferencia y la contratransferencia se conciben más bien en un sentido no sexual.Este hallazgo es consistente con una situación teorético-situacional en la sesión, como lo he descrito anteriormente. Lo que caracteriza el encuentro entre el analista y el analizando es la ausencia de la sexualidad en la consulta. Esta ausencia se interpreta a menudo como una expresión de problemas narcisistas y de identidad. Esto quiere decir que se piensa que existen, por así decirlo, problemas previos más profundos que obligan a trabajar sobre la agresión y la seguridad, para dar más adelante espacio a la sexualidad como fruto de este trabajo. Sin embargo, el que esto suceda realmente no es tan claro.

La idea presentada aquí es diferente: la constelación de relaciones en la consulta, donde no aparece la sexualidad, es una díada en el marco de una mentalización teorético-situacional y la consiguiente regulación secuencial, que está al servicio de la exclusión de la sexualidad del trabajo analítico. La experiencia clínica, el estudio de Shalev y Yemshalmi y la literatura de Fonagy prueban que lo hacen en un grado tan perfecto, que la sexualidad desaparece del psicoanálisis porque allí los analistas no se topan con ella ni la buscan en contra de la resistencia del paciente.Esto no quiere decir que no sean ciertas las observaciones que indican una elevada incidencia de problemas de identidad. Sin embargo, la conclusión de Altmeyer y Thomä es cuestionable, como mencioné aquí en sustitución de la corriente psicoanalítica principal donde el problema de la identidad se habría abierto paso en el lugar del sexual. Más bien surge la idea de que las situaciones son más complicadas, o sea, que para que el funcionamiento psíquico sea confiable, es necesaria la mentalización representacional desde la sexualidad hasta la psicosexualidad en la edad adulta como requisito previo.La mentalización de la sexualidad adulta hacia la psicosexualidad en los trastornos tempranos tiene como condición previa el trabajo con el derrumbamiento adolescente. La capacidad psíquica obtenida de este modo permite la profundización y la ampliación de la asociación libre, del pensamiento imaginativo y así, el acceso al inconsciente instintivo psicoanalítico infantil y por ejemplo, a la comprensión de los sueños.

Sin este paso previo el proceso analítico queda atrapado en una aclaración de aquí-y-ahora de los contenidos cercanos a la consciencia que, a los efectos de la regulación secuencial, no pueden ser entendidos como resistencia sino que se interpretan demasiado a menudo como condiciones genéticas o como relacionados con un trauma. Esto crea una connivencia analítica que lleva a la exclusión de la sexualidad, lo que finalmente queda reflejado en las publicaciones sobre la teoría y la técnica[11].Las díadas teorético-situacionales no permiten el surgimiento de la identidad psico-sexual, sino que promueven la difusión de la identidad. La sexualidad como vía para el encuentro o la recuperación de la felicidad con el objeto en la creatividad o en una relación íntima y para la ampliación y profundización del pensamiento, se queda en el camino.

Recapitulación

En sus ensayos iniciales de alrededor de 1895 Freud pone de relieve una conexión entre la sexualidad (que él entiende como un impulso biológico), la nosología (neuropsicosis de defensa y neurosis actuales (Abwehrneuropsychosen und Aktualneurosen), la estructura (conflicto de defensa inconsciente -unbewusster Abwehrkonflikt- y "deficiencia mental"), el tratamiento (psicoterapia o asesoramiento psicológico) y, el que a su juicio es el mayor problema en la psicoterapia de aquella época (la transferencia de las representaciones sexuales sobre el terapeuta).Al tiempo que las psicoterapias no psicoanalíticas eran rechazadas como consecuencia de este razonamiento, la teoría y la práctica del psicoanálisis se iban diferenciando y separándose de esta argumentación hasta la complicada actualidad psicoanalítica. Con ello, la realidad psíquica inconsciente se situaba en el centro de cualquier diferencia (Nissen, 2012). En la técnica, se buscaban cada vez más y se siguen buscando en primera instancia, las dificultades para acceder a los componentes mentales no simbolizados aunque dinámicamente eficaces, que no aparecen en la asociación libre. Sobre todo, se buscan en el hundimiento de la relación terapéutica.La intensa preocupación por el tema de la transferencia y la contratransferencia en un sentido amplio de los términos, da cuenta de ello. La investigación empírica de la psicoterapia psicodinámica, confirmando esta evolución, aporta más evidencia sobre la trascendencia que tiene el perfeccionamiento de la capacidad de negociar en el mundo psíquico con uno mismo para el resultado terapéutico (Bateman y Fonagy, 2008, 2009, Fischer-Kern et al . 2010, Høglend et al 2008, 2011, Leuzinger-Bohleber et al 2001 Levy et al 2006).Este desarrollo va de la mano de una desaparición de la sexualidad de la teoría y la práctica del psicoanálisis (intervenciones e interpretaciones). Tanto los informes clínicos que muestran el refinamiento de del trabajo en la relación terapéutica, como los métodos de medición empíricos de las ciencias sociales (derivados de la teoría del apego y de la de la “Teoría de la mente”Mind-Theorie) dan poca o ninguna cabida al recuerdo, fantasía, deseo y sentimiento sexual. Mientras que la literatura epidemiológica de los últimos años apunta principalmente a la alta tasa de remisiones y a la baja tasa de recaídas en relación con la psicopatología de los trastornos de la personalidad, la disertación sobre los problemas de estancamiento terapéutico ocupa espacio en la literatura psicoanalítica. Gunderson et al. (2011) dan razón de una posición mediadora significativa confirmando la asociación de la alta tasa de remisiones y la baja tasa de recaídas con la psicopatología, pero al mismo tiempo, hacen hincapié en que estos resultados alentadores no guardan en modo alguno relación con un mejor funcionamiento social. En los 10 años de seguimiento sobre el trastorno límite de la personalidad, los síntomas psicopatológicos resultaron estar sólo débilmente correlacionados con "el desarrollo de una vida satisfactoria y productiva" (»proved to be only weakly associated with the development of satisfactory and productive lives«) (S. 835).

La tesis que aquí se presenta pone en primer lugar de manifiesto que la exclusión de la sexualidad post-puberal en la terapia, en el marco de una mentalización y regulación teorética-situacional, no aporta al tratamiento ninguna variable significativa para una "vida satisfactoria y productiva", independientemente de cuál sea la práctica sexual actual y, en segundo lugar, que este bloqueo es el resultado de un dilema concretista de tipo “o esto o aquello” (Kris 1977) entre la sexualidad y la relación terapéutica: cuanto más peso tiene la relación terapéutica en el tratamiento, más radicalmente se excluye la sexualidad en la conclusión teorético-situacional, y cuanto antes surge la conversación sobre la sexualidad, antes se rompe la relación terapéutica.Este dilema se plantea en el contexto del derrumbamiento del desarrollo adolescente en vez de la capacidad de mentalización y regulación representacional de la sexualidad hacia la psico-sexualidad. El resultado no sólo conduce a la detención o ruptura de la terapia, sino que como consecuencia de la limitación de la mentalización y la regulación representacional, también queda dañada la vida de fuera, sobre todo en la relación con uno mismo y en las relaciones estrechas íntimas.

Contacto: Dr. med. Thomas Stark, Mockentobel 3, 8400 Winterthur, Schweiz.

E-Mail: etstark@gmx.ch

 

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Summary

Sexual remembrance, fantasy, desire, and response in analysis: The significance of sexuality in present-day psychoanalysis. – The first part of the article recalls Freud’s early clinical theory from the mid 1890s in which sexuality was accorded crucial significance in understanding the etiology of psychological disorders and psychic structure.

But both in Freud’s work and even more so in the subsequent divergent evolution of psychotherapy up to the present, sexuality has progressively forfeited this significance, both in theory and in analytic technique. The article describes this development with reference to a bibliographic investigation of psychoanalytic literature in English from 1920 to 2002 and a sociological study of psychoanalytic psychotherapists. The second part of the article attempts to make this understandable by proceeding from the tension between the Basic Rule (talk about everything in analysis, including sexuality) and the need for intimacy. For this purpose the author provides a psychoanalytic outline of intimacy. Subsequently the author draws upon concepts from the Theory of Mind and Ulrich Moser’s regulation theory to delineate the structural difference in the understanding of sexual remembrance, fantasy, desire, and response in sessions involving patients with an Early Disorder and in sessions with neurotic patients, indicating the therapeutic consequences of these different understandings. It transpires that representational mentalization and the regulation of sexuality to psychosexuality in adolescence are crucially important for the individual’s entire psychic development and functioning, regardless of the love life the adult leads in later years.

Keywords: sexuality; intimacy; identity; situation theory; adolescence; free association

Résumé

Mémoire, fantasme, désir et ressenti sexuel dans l’analyse. À propos de la signification de la sexualité dans la psychanalyse aujourd’hui. – La première partie remet en mémoire la jeune théorie clinique freudienne du milieu des années 90 pour laquelle la sexualité jouait un rôle central pour la compréhension de l’étiologie des troubles psychiques et de la structure psychique. Cependant dés Freud, et encore bien plus dans le cadre de l’éclatement poursuivi jusqu’aujourd’hui de la psychothérapie dans des démarches très diverses, on assiste à un effacement de la signification de la sexualité que ce soit pour la théorie ou la technique. Un examen de la littérature psychanalytique entre 1920 et 2001 ainsi qu’une étude sociologique sur les thérapeutes psychanalytiques de langue anglaise illustrent cette évolution de la psychanalyse. La seconde partie se propose d’expliquer cette évolution et pose comme prémice le rapport de tension entre la règle fondamentale, parler de tout, donc y compris de sexualité, et le désir d’intimité. L’auteur esquisse un schéma psychanalytique sur l’intimité. Enfin, les concepts de la theory of mind et de la théorie de la régulation d’Ulrich Moser à l’appui, il met en évidence la compréhension structurellement diverse de la mémoire, du fantasme, du désir et du ressenti sexuels dans les séances de patients présentant un trouble précoce et les séances de patients avec un trouble névrotique ainsi que les conséquences thérapeutiques qui en découlent. Il en ressort que la représentation mentale et la régulation de la sexualité en sexualité psychique à l’adolescence joue un rôle déterminant pour l’ensemble du développement et fonctionnement psychique ultérieur, indépendamment de la vie sexuelle à l’âge adulte.

Mots clés: sexualité; intimité; identité; théorie de la situation; adolescence; association libre

 



* Recibido el 10 , 8 , 2012.

[1] Un ejemplo de Salomonsson (2011) muestra que en el otro lado existen también reconocidos psicoanalistas que se burlan de este tema utilizando los mismos clichés que han existido desde los comienzos del psicoanálisis, como fue la Polémica anti- Freud (Kohler, 1989).

[2] Se trata de un lenguaje amable, limpio, tranquilo y claro que no contiene ningún atisbo de sexualización

[3] Esto es muy importante, especialmente para la psicología de la adolescencia, porque en el momento en que el instinto entra en juego, el terreno ya está completamente repleto de pulsión y su soporte, "ocupado" por el fantasma. De ahí la idea de un novedoso cruce entre pulsión e instinto en la pubertad "(trad. TS).

[4] Los trastornos sexuales ponen de manifiesto las causas específicas, es decir, no deben ser evitados cuando va a desarrollarse una cierta neurosis. En cualquier caso, pueden coadyuvar al desarrollo de la neurosis como momentos cuantitativos”. De igual forma se refiere a estos trastornos inespecíficos al hablar de “la civilización, la residencia en ciudades grandes, la sobrecarga en las escuelas, el sobreesfuerzo de nuestros órganos de los sentidos, la persecución acelerada de lucro, las condiciones precarias de vida, los grandes desastres, las neurotoxinas con las que nos sobrecargamos [...]” Y una vez más afirma: “Una persona sexualmente normal, sobre la que actúan ciertas situaciones nocivas no se derrumba bajo sus efectos, no desarrolla ninguna neurosis; por el contrario, cuando la influencia de las alteraciones sexuales es suficientemente intensa y prolongada no es necesaria la presencia de tales situaciones nocivas banales” (Freud, 1895g, p 345).

[5] Según Laplanche necesitamos que "tales estructuras no se asienten del lado del reprimido, sino del del represor, no del lado de la sexualidad primaria, sino del lado de aquello que al ser sometido en última instancia a una regla, es desexualizado en aras de las leyes del matrimonio, de la procreación, etc. Nada es menos sexual (en el sentido original de los Tres ensayos) que el mito de Edipo y la tragedia de Sófocles. Nada nos dice menos del goce sexual, que callar sobre la búsqueda de la excitación sexual" (Laplanche, 2004, p 911).

[6] El mismo Freud escribe en 1920 en el prefacio a la cuarta edición de los Tres ensayos: "Una vez que han remitido las mareas de la guerra, se puede observar con satisfacción que el interés por la investigación psicoanalítica se ha mantenido en buen estado en el gran mundo. Sin embargo, no todas las partes de la enseñanza han seguido el mismo destino. A algunas líneas se las otorga un reconocimiento creciente y acaparan cada vez mayor atención entre sus principales oponentes, tal es el caso de las exposiciones puramente psicológicas y de las investigaciones psicoanalíticas sobre el inconsciente, la represión, el conflicto que desemboca en enfermedad, la ganancia de la enfermedad, los mecanismos de la formación de los síntomas, entre otros. La parte de la doctrina que limita con la biología, cuya base se expone en este pequeño escrito, llama implacablemente a la oposición y cuenta incluso con personas que durante un tiempo trabajaron intensamente en el psicoanálisis y que, finalmente, la abandonaron y se abrieron paso a las nuevas ideas, que postulan una vez más la conveniencia de restringir en la vida psíquica normal y patológica el papel del momento sexual" (Freud, 1905d, p 31).

[7] Por lo tanto, bien puede suceder que tengamos que alejarnos de los puntos de vista habituales y dejar de perseguir declaraciones regresivas abiertas como las que nos presentan los pacientes con tanto empeño; sería preferible mantener un ojo puesto en lo que está sucediendo en segundo plano y preguntarnos si, en verdad, la sexualidad y la genitalidad son meros fenómenos superficiales. El problema es que tratamos a los pacientes como si fueran bebés. Las etapas anal y oral o, en otras condiciones, las posiciones depresiva y esquizo-paranoide, que son mayores y más profundas, se consideran más importantes. Debemos preguntarnos: ¿Qué es lo importante? ¿Qué tiene el mayor valor? El valor de la vida tiene que ver con todo aquello que la gente anhela: el amor, la alegría de vivir, formar partede una relación en toda su plenitud, etc . Aquí nos encontramos de nuevo enfrentados ante nuestras posturas ideológicas sobre aquello para lo que sirve el psicoanálisis. ¿Qué queremos? ¿Superar los miedos ancestrales? ¿Aquellos que recomponen los objetos que hemos destrozado en una oscura destructividad, los que nutren nuestro abismal sentimiento de culpa? ¿Satisfacer nuestras necesidades de seguridad?¿Someternos a las normas de la adaptación? ¿O estar vivos y tomar a manos llenas las diversas posibilidades que la vida nos ofrece en su variedad, a pesar de las decepciones inevitables, a pesar de las fuentes de dolor y sufrimiento?" (P. 1076). El hecho que el propio Green sucumbiera en ocasiones a esta tendencia, se puede suponer a través de su viñeta "Gabriel" en su artículo sobre la posición fóbica central (Green 2002), en la que podría imponerse una gratificación de la sexualidad considerando el tema de la publicación y los problemas de Gabriel, pero que no tiene lugar.

[*]- Por marcación especular estos autores se refieren a que el adulto, empáticamente conectado con el niño, le devuelve una versión algo modificada de lo que el niño siente. Por ejemplo, el niño se cae, llora, el adulto le dice sin angustia "¡pobrecito, cómo duele!", pero con un tono de voz que le quita dramatismo. (NdT)

[8] Este real pansexualismo reside en el hecho de que la sexualidad humana está en todas partes; en realidad no lo está de inmedito, sino que irrumpe por doquier "(Laplanche, 2006, p 111, TS del traductor)

[9] Estructuras reguladoras que se instalan en función de la necesidad de ajuste para regular una situación: 1. La regulación normal "sin defensa" dentro de una mentalización flexible representacional o situacional-teórica: no alteración de las funciones del yo, solución realista adecuada y apropiada (satisfacción). 2. Regulación en el contexto de una mentalización representacional como "defensa exitosa": polo neurótico. 3 Regulación en una situación mentalización situacional-teórica como defensa "regresiva" o "primitiva": polo borderline o trastorno temprano (véase la nota 10). (Los términos solución "sin defensa" , "defensa exitosa " y "defensa regresiva", están tomados de Moser, 1964).

[10] El término "trastorno temprano" se refiere aquí en primera instancia al tipo de regulación de los procesos mentales habitualmente preponderante en las personas afectadas, en el sentido de la mentalización y regulación teorético-situacional.

[11] En la situación de consulta - la SIT2 - surge una proximidad demasiado grande y demasiado permeable entre analizando y analista en el contexto de la dinámica descrita. Esto también se refleja en las numerosas publicaciones sobre la expresión de la identificación proyectiva, los ensueños, el campo de análisis, la relación (no sexual) y la intersubjetividad. La tendencia que se autorrefuerza fuera de la sexualidad conduce a una íntima reciprocidad de condicionamiento/ratificación de la teoría y la práctica. Este enredo entre la teoría y la práctica crea un efecto negativo y hace que el psicoanálisis no sea crítico frente a ello.