aperturas psicoanalíticas

aperturas psicoanalíticas

revista internacional de psicoanálisis

Número 005 2000

El soñador y los sueños

Autor: Ipp, Hazel R.

Palabras clave

Abusos sexuales, Alcoholismo, Asociaciones espontaneas, Culpa, Relaciones significativas, Simbolismo del sueño, Sindrome alcoholico fetal, Sueños, Violencia fisica.

Ipp H.R. (2000). The Dreamer and the Dreams: Clinical Presentation
Fue publicado originariamente en Psychoanalytic Dialogues. A Journal of Relational Perspectives, vol. 10, No. 1, pp. 89-101. Copyright 2000 de Analytic Press, Inc. Traducido y publicado con autorización de The Analytic Press, Inc.

Traducción: Rosa Salanova Gª-Mauriño 
 

Se seleccionaron tres sueños de los primeros años del análisis de una mujer traumatizada de forma significativa, para demostrar su Importancia en la organización y consolidación de ciertos temas fundamentales que surgieron en el propio proceso clínico. Estos sueños se produjeron de forma cronológica pero no secuencial y se plantean en los contextos afectivos y temáticos en los que se comunicaron. Los sueños seleccionados anuncian el comienzo de una nueva fase en el desarrollo de la paciente, que con anterioridad, se hallaba envuelta en la oscuridad y la desesperación.

Bárbara, una mujer atractiva y animada de cincuenta y pocos años entro en análisis conmigo tras la hospitalización de su marido por depresión. Este episodio había disparado en ella una reacción considerable. Sintiéndose culpabilizada y aislada, entró dolorosamente en contacto con antiguos sentimientos de vergüenza, desvalorización, soledad y el terror a un abandono mayor - sentimientos de los que se había aislado durante la mayor parte de su vida adulta. Ahora se sentía inundada por el afecto y por recuerdos tempranos difíciles que estaban haciendo que se sintiera abrumada y menos funcional de lo habitual.

Bárbara, una de tres hijos, fue encajonada entre dos hermanos, Dennis, el mayor, el ?fracaso familiar? objeto de pena y sobreprotección y Michael, ?el ojito derecho de su madre? que se había convertido en el patriarca familiar tras el fallecimiento de su padre unos 18 años antes. La madre de Bárbara, una mujer extremadamente controladora, enérgica y crítica, viva al inicio del análisis, estaba combatiendo un cáncer que la había acosado durante 13 años. Murió transcurridos varios años de análisis- un fénix que continua surgiendo pero con una configuración psicológica significativamente transformada. Ambos padres eran alcohólicos. Su padre, gravemente intoxicado, se asfixió hasta morir mientras su madre miraba sin hacer nada, demasiado borracha para ayudar. Este suceso motivó que su madre resolviera finalmente su problema con el alcohol. Bárbara tiene dolorosos recuerdos de una infancia tensa, con negligencia emocional, aislamiento, dolorosas palizas del padre, en especial durante sus frecuentes ataques etílicos de furia, cuidando a su alcoholizada madre durante los estupores que la inutilizaban y esquivando los duros ataques, las críticas y el rechazo que caracterizaban sus períodos sobrios.

La familia de Bárbara era extremadamente adinerada y progresó hasta los estratos más altos de la sociedad. Bárbara siempre había sido ambivalente respecto al dinero y el tema tenía una carga emocional: ?En vez de amor, recibimos dinero?. El dinero denotaba tanto deprivación (de cuidado y afecto reales) como un enorme control. Al mismo tiempo, era una fuente de consuelo y placer en términos de las oportunidades materiales que permitía.

La muerte, la pérdida y la separación ocuparon un lugar significativo en los primeros años de Bárbara. Su madre, además de tener varios abortos, perdió un hijo a las pocas semanas de nacer. En esa época Bárbara tenía seis años. A los ocho, su tío, el único hermano de su madre, se suicidó, ocasionando vergüenza a la familia y otro retraimiento emocional de la madre, pero sin la oportunidad de llorar la muerte o procesar la pérdida. Varias de las queridas mascotas de Bárbara murieron o desaparecieron de forma misteriosa. Además, durante los primeros siete años de su vida sufrió numerosas y prolongadas hospitalizaciones a causa de un trastorno renal. Finalmente el problema se resolvió con la llegada de los antibióticos. Su ansiedad aumentó y culminó en su negativa intermitente a ir al colegio durante aproximadamente un año. Para alivio de su madre tuvo que repetir el curso - esto permitiría que Dennis, el hermano mayor con dificultades académicas, se sintiera más válido. La idea de que Bárbara debía inhibir sus habilidades y logros para minimizar los fracasos de su hermano ha sido un tema importante a lo largo de su vida y que se ha manifestado en la mayoría de sus relaciones significativas.

Después de varios episodios de abusos sexuales a manos de Dennis ? una situación que la perturbó y la dejó avergonzada, indefensa y aun más sola ? Bárbara pidió ir a un internado. Tenía 14 años. Recuerda que asistir al colegio era positivo en el sentido de que era capaz de desarrollar sus capacidades académicas y conseguir un descanso del caos familiar. Sin embargo, durante esta época su propio consumo de alcohol adquirió proporciones significativas. A los 20 era más frecuente que se encontrara ebria que sobria. Anestesiada y con una facilitación social, se lanzó a descubrir nuevos horizontes. En torno a esta época conoció y, poco después, se caso con su primer marido, Mark. Tuvieron tres hijos. Esta fue una relación muy tormentosa que con frecuencia incluía la violencia física. El alcohol la ayudó a seguir adelante, insensibilizándola al dolor de las palizas y de las flagrantes infidelidades de su marido. El aparente olvido con el que manejó el impacto del consumo de alcohol y la violencia de su infancia la persigue hasta hoy. Su hijo mayor nació con un síndrome alcohólico fetal y tiene disfunciones cognitivas significativas. Sus dificultades y los conflictos que las rodean fueron un reflejo de su lucha con Dennis, acrecentando tanto la culpa como la ira. Finalmente, cuando su hijo menor tenía unos siete años, Mark desapareció una vez más con otra mujer y Bárbara buscó la ayuda de un psiquiatra. La ayuda parece haber sido una terapia de apoyo que le permitió unirse a Alcohólicos Anónimos, desintoxicarse y dejar a su marido.

Varios años después, Bárbara conoció y se casó con su actual marido, Dan. Padre devoto de cuatro hijos, se ocupó enseguida de los suyos y les proporcionó el primer hogar cálido y seguro. A pesar de que Dan era algo ?gris? en comparación con su dinámico y seductor primer marido, esté matrimonio se mantuvo aparentemente en harmonía por un tiempo. Entonces, hace unos pocos años, cuando fracasó otra empresa más de Dan y Bárbara tuvo que sacarle del apuro por segunda vez, su resentimiento empezó a crecer y se manifestó en una falta de respeto, por no decir desprecio. La depresión de Dan se hizo lo suficientemente grave como para que su psiquiatra recomendara el ingreso en un centro especializado en trastornos afectivos. Tras varias instrucciones de cómo debía funcionar dadas en el hospital, donde se reunió con el trabajador social de Dan, Bárbara se sintió culpabilizada, cada vez más ansiosa y sola y sin poder recurrir a sus antiguas estrategias de evitación del dolor mediante la actividad y el alcohol. Para obtener la ayuda que necesitaba decidió entrar en tratamiento.

Bárbara comenzó acudiendo dos veces por semana en un tratamiento cara a cara conmigo. A pesar de la intención de asumir sus relaciones pasadas y presentes, temía los sentimientos que surgían en su interior. Se vivenciaba sin control y le preocupaba que sus formas previas de defensa parecieran menos efectivas que antes. Al principio, durante su lucha con el doloroso afecto que generaba la marea de recuerdos tempranos y posteriores y su imperiosa necesidad de distanciarse de estos con versiones anecdóticas graciosas de material claramente difícil, nuestras sesiones sufrieron muchos altibajos. Cuando se fue fortaleciendo su alianza conmigo, comenzó a observar mejor y a responder a mis interpretaciones de esta pauta de distanciamiento ante el afecto que le producía tensión. Se sentía frustrada por su dificultad para mantener de sesión a sesión, e incluso durante las sesiones individuales, las emociones que vivenciaba.

Comenzamos a considerar las ventajas de aumentar la frecuencia de nuestras sesiones y de que usara el diván. Este cambio se efectuó tras la debida consideración de sus temores de no tener un contacto cara a cara y de los sentimientos de soledad, aislamiento y vulnerabilidad que pudiera experimentar.

La transición de Bárbara al diván fue relativamente suave. Las asociaciones iniciales de estar ?expuesta sobre una mesa de operaciones? y de estar en las manos de su ?dentista poco digno de confianza trabajando sobre ella desde atrás? hablaba dolorosamente de sus ansiedades y temores. Su facilidad para verbalizar estas preocupaciones ayudó a que nos mantuviéramos conectadas y, al hacerlo, su ansiedad más evidente se alivió lo suficiente como para permitirnos proseguir. Pronto se hizo evidente que prefería el diván. Se removían y toleraban de una forma sin precedente considerables recuerdos y los afectos asociados. Habló de sentirse ?más abierta? y de una nueva ?energía positiva? que estaba vivenciando y manteniendo de una forma nueva.  La esperanza se fortaleció y nuestra conexión se consolidó aún más.

Una consideración del material onírico seleccionado.

Para mantener el propósito de este proyecto he seleccionado material onírico que ilustra aspectos de mi uso y comprensión de los sueños en el proceso clínico. La selección particular se centra en ciertos temas específicos tratados en el análisis. La relación con su madre y todos los temas relacionados de rechazo, abandono, tristeza, odio, desesperación y necesidad que salpicaban sus interacciones, tanto en la realidad como en la fantasía, han sido una etapa central en el análisis de Bárbara. Estos temas continuaron en su relación con Mark. Quizá la familiaridad con esta conducta le permitió una tolerancia excesiva al abuso, tanto físico como emocional.

Estas experiencias tempranas se manifestaron en diversos aspectos transferenciales de nuestro trabajo juntas. La necesidad de conectarse y depender de mí estaban constantemente enfrentadas a su terror de que la criticaran o ridiculizaran, de ser humillada, ?abatida?, herida y, aun más importante, de ser cruelmente abandonada. A pesar de que el alcohol había tenido una función anestésica en los primeros tiempos, la actividad frenética y los vuelos ? tanto geográficos (incontables desplazamientos a distintas residencias y ciudades) como emocionales ? siguieron siendo importantes mecanismos frente a la aparición de afectos o situaciones dolorosas que podían desencadenarlos. Estos mecanismos de distanciamiento fueron evidentes pronto en el tratamiento. Podía emplear su excelente sentido del humor y habilidad social con tanta elegancia como para pillarme con la guardia baja y conseguir que me uniera felizmente a ella en el camino de la distracción y la distancia del material más difícil que teníamos a mano. Junto a esto estaban sus repentinos anuncios de inminentes vacaciones en momentos de un aumento de su vulnerabilidad relacionada con su creciente confianza y compromiso conmigo y nuestras sesiones, en especial tras verbalizar tales sentimientos. Gradualmente fuimos capaces de manejar estos sentimientos que permitieron más discusión como proceso opuesto a la actuación. Yo también tuve que perder parte del placer de dejarme arrastrar por  el encantador humor de Bárbara ? o al menos no tan completamente como para perder el foco terapéutico y ayudar a perpetuar los efectos distanciadores.

Los sueños de Bárbara reflejan una interesante progresión que corre paralela a nuestro trabajo y a las generalizaciones que comenzaron a producirse fuera de la sesión. Sus primeros sueños fueron muy constreñidos, monotemáticos, escuetos y dominados por temas de ?mudanza de una casa oscura a otra?, acompañados de sentimientos de desesperación e indefensión que le llevaban a la única solución posible ? mudarse de nuevo. Nada cambiaba, mudarse era tan inevitable como la casa oscura y severa que se veía obligada a ocupar una y otra vez. Gradualmente, con el aumento de la tolerancia al desarrollo de nuestra relación, sus sueños produjeron una nueva dimensión. A pesar de que aun incluían abundantes temas de ?mudanza?, las localizaciones asumieron cualidades radicalmente diferentes. Ahora las casas eran luminosas, aireadas, espaciosas, a la luz del sol y en entornos rodeados de agua. Surgieron los sentimientos de esperanza y posibilidad y, de forma tentativa, Bárbara articuló estos sentimientos; sus sueños comenzaron a reflejar su creciente negociación del espacio interno y externo al igual que el incipiente resurgimiento de sus fuerzas creativas, que durante tanto tiempo habían permanecido dormidas.

He seleccionado para esta discusión los tres siguientes sueños, que se produjeron de forma cronológica en el análisis y que, creo, reflejan ciertos temas centrales en cuanto a la psicología de Bárbara y su evolución. No es tarea fácil seleccionar sueños que se producen a lo largo de un análisis de seis años ¿En qué sueños debería concentrarme? ¿Qué aspectos del desarrollo de Bárbara debería reivindicar? Cada elección corre el riesgo de valorar un aspecto importante por encima de otro. Sin embargo hay que hacer elecciones y, espero, que las mías capten parte de los conflictos y progresión de Bárbara.

Sueño 1

El primer sueño en el que quiero centrarme se produjo a los 15 meses de análisis. En esta época había surgido una mayor ansiedad en relación con nuestra conexión, al ser más consciente Bárbara de la cantidad de tiempo de nuestras sesiones que se dedicaba a hablar de su madre y de los parámetros de su relación. Sentía que eso reflejaba su debilidad ? una debilidad que equiparaba a la cháchara de su marido, que consideraba autocompasiva y pesimista. El recuerdo de su anterior psiquiatra que le reprendía ante cualquier esfuerzo por hablar de los ?temas de su madre? (él consideró que su tarea se debía centrar en que dejara a su primer marido) incrementó la expectativa de que yo respondería con un desdén similar. Su actitud constituyó una confirmación adicional de que sus sentimientos eran simplemente una expresión de debilidad y autoindulgencia. Su articulación de estas preocupaciones y nuestro reconocimiento de algunos de sus orígenes parecieron disminuir el poder que tenían en nuestra relación, así como permitir que llegara a ser cada vez más libre en términos de expresión de un mayor rango de afecto con menor temor de que la recriminara. Durante este periodo narró este sueño:
 

?Dan y yo estábamos en el club bailando en torno a la fuente de abajo. Yo había hecho la cena para mis amigos Sarah y Jacques ? él es un chef francés. Había hecho un gran pescado blanco y me sentía orgullosa de mis esfuerzos. Cuando nos sentamos a comer, Jacques anunció que el pez tenía el centro aun congelado. Estaba tan avergonzada. Quería retirárselo y ponerlo en el microondas y calentarlo. En vez de eso me quedé parada queriendo desaparecer ? deseando ser invisible... como me ocurría a menudo cuando era una niña.?

Las asociaciones espontáneas de Bárbara incluían recuerdos del club como un lugar importante para ella durante su adolescencia y veintipocos años. Había pasado muchas noches bailando alrededor de la fuente con diversos hombres, incluido su primer marido Mark. Habló de otro sueño que ocurrió en esta habitación de la fuente. En este sueño Mark se marchaba con una de sus amigas ? una situación que tuvo que afrontar con frecuencia en la realidad.

Asoció el gran pez blanco al catolicismo y a la devoción de Dan en este aspecto ? un tema de tensión entre ellos. Puede que la presencia de Dan en el club fuera incongruente, ofreciendo el pez blanco el gran contraste entre el self apagado de Dan y la vitalidad y potencia de Mark ? un contraste que sugerí. Bárbara pensó que el tema de la cocina lo desencadenó el que le acabara de regalar a Jacques un libro de cocina por su cumpleaños ? algo que lamentó enseguida ya que parecía un regalo absurdo para un consumado chef. A pesar de que le gusta Jacques, no le gusta el trato que da a Sarah, que trabaja duro, tiene problemas financieros y recibe muy poca ayuda de Jacques que posee incalculables  millones.

Quizá el club representaba el tema del dinero. Es un club para gente muy adinerada y, ciertamente, no sería un hábitat natural para Sarah. Le preocupa que Jacques deje a Sarah en la estacada ? una preocupación que encaja con sus propios temores de abandono emocional. Tras expresar estos temores añadió que quizá le había dado a Jacques el pescado congelado y a Sarah un filete en el sueño. ?Sin embargo, también tengo un montón de cosas pendientes con Sarah ? es una vieja amiga, pero hay muchas cosas que no puedo tratar con ella. Siempre me esta atacando de una forma u otra por el dinero y los gastos. A veces siento como si fuera masoquista porque muchas veces es muy dura conmigo y no puedo ser sincera con ella. En muchos aspectos parece mi madre... Tampoco puedo ser sincera con ella.?

Con anterioridad Bárbara y yo habíamos observado que la ira era extremadamente difícil para ella. Casi siempre había pasado desapercibida; en su lugar, la vivenciaba como dolor, desesperación y, principalmente, humillación. Su característica distintiva había sido un sentimiento de agotamiento ? algo diferente a cuando simplemente se sentía triste o herida. Sugerí que quizá tenía sentimientos complejos y conflictivos hacia cada personaje del sueño, que el club estaba fuertemente asociado con Mark y con recuerdos que hablaban de humillación y traición, y que quizá el pez congelado representaba un importante aspecto de su self ? de su ?congelación? de sentimientos poderosos a lo largo del tiempo, sentimientos centrados en temas de espontaneidad, sexualidad y vitalidad que eran demasiado dolorosos como para mantener conscientes, o demasiado vergonzosos como para que los expresara. Esto resonó con fuerza e hizo una asociación con un incidente que implicaba este ?proceso de congelación?. Recordó la ocasión en que su primer marido había regresado a casa, tras pasar algunos días fuera con una mujer, para informarle que la dejaba por otra mujer. Recordó como no había protestado; simplemente aisló la experiencia, congeló los sentimientos. ?No podía soportar más la terrible humillación? Emergieron diversos recuerdos con temas similares que provocaban respuestas similares.

Comprendió que su tolerancia al abuso estaba fuertemente conectada a este proceso de congelación. Afirmó:
 

?Creo que parte de mi sentimiento de abuso temprano vino de todas las hospitalizaciones cuando era pequeña ? el desvestirme, los empujones, las agujas y que me obligaran a no decir lo mucho que dolía, como me sentía... Era un hospital de adultos y no me trataron como a una niña... Estuve sola con tanta frecuencia en esa habitación... creí que mi supervivencia estaría empapada de esa soledad y de ser diferente a los otros niños... Tengo esa imagen de estar atada a la cama y todas estas personas con máscaras y uniformes blancos y manos frías... Estaba asustada. Creo que fue entonces cuando empecé a congelar mis sentimientos.?

Parece que el inicio de la ?descongelación? de algunos de estos sentimientos se produjo con la hospitalización de Dan por depresión. Este había sido un momento traumático y humillante para ella, que la inundó con todo tipo de sentimientos, muchos de los cuales derivaban de sus experiencias con Mark. Claramente estos sentimientos tenían un origen anterior. La algo confusa conciencia de esto asumió una mayor importancia a medida que recordaba los irracionales e insultantes ataques que sufría de su padre ante sus amigos de la infancia. Recordó ?congelaciones? similares como respuesta a las escenas producto del alcohol de sus padres en público que la dejaban sola, sin protección y profundamente avergonzada. Tanto ella como sus hermanos afrontaban estos episodios haciendo payasadas, mostrando ?alegría? y ?aparente normalidad? mientras en su interior se encontraba en un estado de desesperación y, con frecuencia, con el ánimo por los suelos.

A pesar de que la ?descongelación? de algunos de sus fuertes afectos comenzó con la hospitalización de Dan, muchos de estos sentimientos eran indiferenciados y se sentía invadida, asustada e inundada. A través del proceso analítico y de la creciente seguridad en nuestra relación, sus sentimientos estaban empezando a derretirse y emerger de una forma más diferenciada y centrando su atención; a pesar de que eran extremadamente dolorosos, eran menos aterradores y abrumadores. Empezó a vivenciar la rabia por lo que era con mayor comodidad, en vez de registrarla como dolor o humillación, como había sido el caso. La muerte de su madre y el subsiguiente proceso de duelo hicieron que consiguiera una perspectiva más clara del rango de afectos que habían estado congelados. Trataré esto a continuación.

Sueño 2

Este sueño se produjo pocos meses después de la muerte de su madre, aproximadamente a los dos años de análisis. Este periodo había sido particularmente difícil para ella. Su proceso de duelo se estaba viendo dificultado por algunas increíbles maquinaciones por parte de sus ?necesitados? y ?codiciosos? hermanos en relación con el patrimonio de su madre y por las implacables manipulaciones y las tácticas dirigidas a privarla de todo lo que pudieran. Su marido Dan estuvo especialmente pasivo durante esta época, encogiéndose ante el comportamiento de sus hermanos. Bárbara había estado reflexionando más a fondo sobre sus propios deseos y en como habían estado siempre ocultos para protegerla de la exposición y el ridículo, así como de su propia vivencia interna y del temor a estos intensos deseos y necesidades. Al liberar su ira en respuesta a las percepciones, cada vez más claras, de los sucesos que se arremolinaban a su alrededor, comenzó a movilizar su asertividad menos restringida por su anterior terror a la exposición y la pérdida. Como resultado fue capaz de identificar y reivindicar lo que quería para sí misma en relación con la herencia de su madre, con un sentimiento de mayor facilidad y legitimidad. Al disfrutar de su éxito con esta creciente autoafirmación ? y al haber conseguido, si no ganado, el respeto de sus hermanos y marido ? Bárbara empezó a fantasear sobre lo diferentes que podrían haber sido las cosas con su primer marido si hubiera sido entonces tan ?sólida? como empezaba a sentirse ahora. Durante este periodo narró el siguiente sueño:
 

?Estaba viajando en un lujoso tren con Mark ? parecía el tren entre Ginebra y Lausanne. Estábamos viajando juntos por todo el continente. Al principio del sueño la madre de Mark preguntaba que por qué estábamos viajando juntos. Yo sentí o dije, ?No importa? Mark era tan agradable y educado y estaba bien, como lo estaba de vez en cuando, cuando no era sexual conmigo o no intentaba conquistarme. En Colonia Mark se bajó del tren y se marchó. Se había dejado parte de su equipaje detrás y pensé que quizá no se había ido después de todo. Más tarde, a través de la niebla, le vi regresando. A medida que se acercaba vi que no era él ? era Dan. Mark se había convertido en Dan. Me sentí conmocionada y desperté gritando ?¡No me lo creo!?

Las primeras asociaciones de Bárbara de este sueño se centraron en Mark. ?El sexo no fue nunca muy bueno con él. Creo que yo necesitaba a alguien menos egotista. Tampoco me sentí nunca a salvo con él. Mark era tan parecido a mi padre con su fría y dura ira, que podía volverse violenta en cualquier momento, salvo en que era más encantador? Pero, principalmente, Bárbara le vivenciaba como egotista, explotador, distante y que la avergonzaba y no la tenía en cuenta. Comparamos esto con su experiencia a manos del hermano que abusaba sexualmente de ella. Con ambos se sentía avergonzada, ?manchada?, usada y con miedo al sexo. Por contraste, su relación sexual con Dan siempre había sido buena, libre y mutuamente satisfactoria. Entonces, ¿qué era esta nostalgia de Mark? ¿Qué aspecto de Mark la atrajo hacia él, pero requirió que se transformara en Dan al final del viaje?. Exploré la desilusión potencial de Bárbara ante esta transformación. Negaba estar desilusionada y en vez de eso afirmaba que la transformación representaba su temor de que Dan pudiera convertirse en Mark o en alguien como Mark ? lo que iniciaría de nuevo el ciclo abuso ? rechazo. Puede, pero también puede que no. Quizá la transformación representaba una represión de la vieja y seductora excitación que había sentido en presencia de Mark, incluso mayor cuando él estaba siendo ?agradable?. Necesitaría una oportuna transformación que la protegiera contra el inevitable dolor y desesperación que sentía cuando tenía relaciones sexuales con él. Como ?Doña Flora y sus dos maridos? - ¡Si simplemente pudieran fundirse!

Posteriores asociaciones la llevaron a su madre, que siempre la había degradado por mostrar su atractivo y su interés por los hombres. A medida que hablaba, fue consciente de que al unirse a AA y dejar el alcohol se había trasladado a un mundo que por primera vez la diferenciaba de su madre. Coincidiendo con esta diferenciación se produjo una liberación sexual ? ?Empecé a disfrutar del sexo... como si me hubiera separado de parte de su venenoso control... separarme de mi madre me permitió tener sexo? ? una descongelación adicional de importantes ?jugos vitales?. Hizo más asociaciones con la primavera anterior ? pocos meses antes de que su madre muriera. ?Me aparté sexualmente. No quería que me tocaran. Esto continuó también una temporada después de su muerte. También dejé de cocinar para Dan?. Su madre siempre había odiado cocinar y consideramos como el alejamiento del sexo y la cocina representaba una identificación con su madre que plasmaba la fantasía inconsciente de conservar esta conexión ante la inminente su pérdida. Esto resonó en ella y, además, consideró que su problema de cuello reflejaba otra identificación con su madre, cuyo cáncer se había localizado en el cuello.
Los problemas de cuello de Bárbara empezaron aproximadamente una semana después de la muerte de su madre. También padeció un grave caso de urticaria en esta época. Recordaba haber tenido urticaria cuando era una niña y que ese había sido un periodo en el que su madre había estado a su lado de una forma inusualmente protectora y tierna. Entendimos el reciente brote de urticaria como un recuerdo del cuerpo que la conectaba con su madre más nutriente. Ahora éramos capaces de considerar su nueva  nostalgia de su madre.
De manera similar comprendimos la conexión entre enfermedad física y la legitimación de reivindicar cuidado para sí misma(e.g. Su problema de cuello movilizó finalmente a su marido para que asumiera algunas de las responsabilidades domésticas). En esta época, durante un brote de bronquitis, articuló el deseo de permanecer acurrucada en una flor de mi despacho, cómoda y calentita y lejos de todas las pruebas de fuerza.

El problema del cuello tuvo una evolución interesante. La preocupación por mayor daño del nervio llevó a su médico a sugerir cirugía. Decidió esperar un poco - una decisión inspirada en cierta forma, en su experiencia de alivio de síntomas durante nuestras sesiones, en particular cuando hablaba  Pocos meses después su neurocirujano confirmó una recuperación de sus funciones nerviosas y se cancelaron los planes de cirugía - hecho que dio una mayor validación a su profunda fe en el análisis.

Tanto la cocina como las relaciones sexuales se reanudaron poco después, y la relación de Bárbara con Dan es cada vez más profunda. Dan ha mostrado un creciente respeto hacia su desarrollo asertivo y solidez emocional - siendo el respeto una sorpresa para Bárbara, que había esperado el rechazo y abandono como respuesta a su floreciente self.

Sueño 3

A medida que Bárbara continuaba elaborando y llorando la muerte de su madre, se hizo cada vez más consciente de los atributos positivos que ésta tenía. Ahora se intercalaban entre los recuerdos de rabia y dolor algunos recuerdos cálidos del estilo y valor indomables de su madre en su franqueza - atributos que Bárbara estaba cada vez más satisfecha de poseer. Esto marcaba un gran contraste con su terror previo a ser como su ella, cuya fortaleza siempre había asociado a la negatividad y a ser un disparador inevitable del rechazo en los demás. La incipiente identificación con lo que percibía que eran mis fortalezas estaba cumpliendo una importante función en este aspecto. Sus lágrimas brotaban libremente cuando hablaba con más frecuencia de que echaba de menos a su madre, su contacto telefónico diario y los incidente importantes y divertidos que compartían en sus vidas. Fue mucho más capaz de tolerar sus lágrimas y dejó de temer que la inundaran o que la hicieran débil e inaceptable. Al mismo tiempo estaba mostrando mayor asertividad en su vida, haciéndose cargo de sus propias finanzas y tomando decisiones importantes de forma activa. Siempre había percibido que los demás necesitaban que permaneciera dócil y dependiente para asegurarles un sentimiento de fortaleza y valía y ahora el temor a las repercusiones era menor. El siguiente sueño se produjo durante este periodo, aproximadamente a los tres años de análisis:
 

?Estábamos todo un grupo de amigos y familiares flotando sobre colchonetas en este hermoso río. Recordaba a algunos de nuestros mejores tiempos cuando éramos jóvenes y pasábamos los veranos en el lago con mucha gente alrededor. Estaba en una colchoneta con mi madre... me sentía muy incómoda... no podía estirar las piernas o encontrar mi propia posición. No me sentía enfadada con ella... sólo sentía que tenía que hacer algo diferente. Mi madre era bastante distante, pero agradable. Era una versión más joven de sí misma... no la persona frágil de los últimos años. Sentí la necesidad de liberarme y encontrar mi propia independencia pero de una forma suave esta vez. Miré alrededor y  te vi flotando en tu propia colchoneta separada del grupo. Me sonreíste y fue tranquilizador. Encontré mi propia colchoneta y continué flotando río abajo, al lado de mi madre, juntas pero separadas. Era muy pacífico.?

Bárbara se sintió muy excitada por este sueño y afirmaba que los aspectos simbólicos hablaban por sí mismos. De hecho lo hacían. Habló de sentirse más libre del control maligno de su madre de formas que le permitían permanecer conectada a su madre en el interior con mayor comodidad. Habló más de su creciente liberación del control financiero y emocional de sus hermanos - una liberación que se estaba produciendo con mucha menos ansiedad ante las represalias, incluidos el rechazo y/o abandono. Se preguntaba si simplemente había transferido toda su dependencia a mí, ya que parecía necesitar verme en mi propia colchoneta para perseguir lo que sabía que necesitaba hacer - es decir, encontrar su propia colchoneta. Sin embargo su vivencia de esta diferenciación parecía bastante diferente. No necesitaba salir volando o utilizar otras medidas extremas para asegurar la separación o ?independencia?. Al renegociar suavemente su posición, podía asumir un lugar más individualizado, manteniendo la conexión que tanto quería y necesitaba. Expresó profunda pena de que esto no hubiera sido posible durante la vida de su madre y habló de lo mucho que había ansiado siempre un vínculo estrecho y fiable con una madre nutriente que pudiera disfrutar de ella y celebrarla.

Bárbara prosiguió hasta articular sus sentimientos de mayor comodidad en relación con su dependencia de mí. Dijo que se sentía mucho más segura y menos asustada de que yo la abandonara o derribara por sus logros. Ella sentía que yo disfrutaba de sus logros y que estaba casi preparada para confiar en que mi placer no produjera una envidia destructiva. Afirmó que su confianza en mi le estaba permitiendo tener más confianza en sí misma, intentar cosas nuevas, sentirse menos asustada y depender menos de la aprobación y desaprobación de los demás. Se preguntaba cómo podría haber sido la vida si hubiera tenido a una madre que hubiera podido ayudar a que estos desarrollos se produjeran de manera natural. Habló de esto con una tristeza tranquila en vez de que el afecto, crudo e intensamente doloroso, que había salpicado antes la explicación de sus privaciones.

En su deleite con este sueño y los sentimientos que generó, Bárbara fue capaz de aprehender gran parte de la esencia de su proceso en análisis: ?Es gracioso. Tengo esta imagen... la primera vez que vi este diván en su despacho pensé en un ataúd... y aquí estoy tumbada, sintiéndome más viva que nunca.? Sugerí que los ataúdes habían sido una presencia prominente últimamente (a la muerte de su madre le siguieron en rápida sucesión varias muertes familiares más) y que su duelo había permitido liberar aspectos importantes de su self ? revitalizarlo por así decirlo. Esto resonó con fuerza como ilustró con su respuesta: ?¡Me siento como el fénix renaciendo de las cenizas!?

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