Psicoanálisis y psicología cognitiva

Publicado en la revista nº001

Autor: Bleichmar, Hugo

Se suelen oponer la terapia cognitiva y la  psicoanalítica sin profundizar en sus puntos de coincidencia ni en sus diferencias. Sin embargo la terapia psicoanalítica ha sido, y continúa siendo, una terapia cognitiva en tanto modifica creencias, ideas. Desde el comienzo, Freud planteó que resultaba indispensable deshacer la labor de la represión para que aquello que se encontraba sujeto al procesamiento inconsciente pasase a ser objeto de lo que denominó explícitamente "corrección asociativa", es decir, una vez en la conciencia fuera contrastado con otras ideas que permitieran rectificarla. O sea, proceso en dos tiempos: levantar la represión y luego reestructuración cognitiva (contraste entre ideas), siendo esto último lo decisivo.


Mediante la interpretación, instrumento privilegiado -aunque no único- de la terapia psicoanalítica se le transmiten ideas al paciente que le permitan pensar de una manera diferente acerca de su posición de sujeto, de sus deseos, de las condiciones que lo conformaron. La reconstrucción histórica actúa porque resignifica el pasado. Nuevamente, la terapia se mantiene en el nivel cognitivo, de intercambio de ideas, para modificar las creencias del paciente. Incluso, la técnica consistente en que el terapeuta no sea el que formula las interpretaciones sino que, mediante sus preguntas, orienta al paciente hacia la revisión y cuestionamiento de sus convicciones tiene toda la estructura del denominado diálogo socrático, que la terapia cognitiva toma como su signo de identidad.



Las intervenciones analíticas denominadas "confrontaciones", en que el analista hace que el paciente capte las contradicciones entre sus juicios sobre la realidad consiste en una reestructuración cognitiva.




  • Pero si el psicoanálisis es una terapia cognitiva, ¿es sólo eso? Y, además, ¿cuáles son sus diferencias con la terapia cognitiva incluida la corriente denominada terapia cognitiva postracionalista?  Para el psicoanálisis, a diferencia de la terapia cognitiva :



La deformación cognitiva es motivada por los deseos, los conflictos y las angustias. No son simple errores del juicio, "falsas creencias" que pueden ser modificadas exclusivamente mediante el "empirismo colaborativo" propugnado por Aaron Beck (el paciente y el terapeuta, a manera de científicos interesados en la verdad, aportan pruebas y refutaciones) sino que dependen de estados afectivos deseados o evitados.


Lo inconsciente no es sólo desconocimiento sino algo de lo que no se quiere saber porque provoca displacer. Hay múltiples niveles del inconsciente no sólo en cuanto al grado de desconocimiento sino en relación a su origen, al estado de las representaciones y a la carga afectiva de las mismas. El inconsciente abordado en la terapia analítica comprende al inconsciente cognitivo pero abarca, de manera privilegiada, al que resulta de las defensas emocionales.


Los mecanismos de defensa mantienen activamente tanto el desconocimiento de la conciencia como la deformación cognitiva. Si no son abordados explícitamente determinan que, una y otra vez, el sujeto repita sus convicciones necesitadas de ser creidas y reprima, disocie, los conocimientos adquiridos en el tratamiento.


Lo anterior, se relaciona con la resistencia emocional a la reestructuración cognitiva en que transcurre el tratamiento


La transferencia (repetición con el terapeuta de viejas relaciones, o inversión de los lugares o roles que se tuvieron en esas relaciones, o actuación con el terapeuta de identidades y roles que nunca fueron vividos pero sí deseados, etc) constituyen el centro de la observación y de la experiencia emocional de cambio.


Lo que es sometido al examen no son sólo las creencias estados pasionales del paciente sino también los del terapeuta, el campo intersubjetivo que crean entre los dos, cómo los discursos y estados emocionales de uno condiciona al otro.


A diferencia de la psicología y la psicoterapia cognitiva que tienen como axioma básico "de acuerdo a cómo se piensa, así se siente", dando prioridad absoluta a la cognición, el psicoanálisis entiende la relación de una manera más compleja: cognición y afectividad se dan vida mutuamente, forman estructuras cognitivas-afectivas que se van articulando a lo largo de la vida. De acuerdo a cómo se piensa, así se siente, y también, y no en forma menos importante, así como se siente se piensa (base emocional del prejuicio). Afectividad que tiene su origen, y continua dependencia, de estructuras neurobiológicas y hormonales diferentes de las que subyacen a la cognición, como los estudios actuales en neurociencias no dejan lugar a dudas. Por algo el psicoanálisis insistió siempre en el concepto de pulsión, del papel del cuerpo biológico como componente de las estructuras. Esto coloca al psicoanálisis en una posibilidad de diálogo con las neurociencias que el punto de partida de la psicología cognitiva le impide