Introducción. XXIX Congreso sobre Psicología Psicoanalítica del Self (Chicago, 26-29 Octubre 2006). Panel III: Evolución de las perspectivas sobre la interpretación

Publicado en la revista nº025

Autor: Riera, Ramon

 


Como es sabido por la mayoría de los lectores de Aperturas Psicoanalíticas, la psicología psicoanalítica del self es la perspectiva teórica psicoanalítica que parte de las conceptualizaciones que inició Heinz Kohut. Este enfoque teórico goza de bastante popularidad en EEUU, donde se realiza un congreso anual en el que se presentan los sucesivos desarrollos desde esta perspectiva. El primero de estos congresos se realizó en Chicago en el año 1977, cuatro años antes de que Kohut muriera. Recientemente, 25 años después de la muerte de Kohut, también en Chicago, ha tenido lugar el último de estos congresos, con el título de “25 AÑOS DEPUÉS DE KOHUT... NUEVAS GENERACIONES, NUEVAS DIRECCIONES”. El próximo congreso será en Los Angeles, y el correspondiente al año 2008 saldrá de los EEUU por primera vez en su historia, probablemente se realizará en Berlín. Poco a poco, el interés de los psicoanalistas por la Self Psychology se va extendiendo hasta áreas que hubieran sido impensables hace unos años, como por ejemplo Europa.


En este número de Aperturas Psicoanalíticas publicaremos un panel de este último congreso sobre la Interpretación. En un próximo número publicaremos un segundo panel. El panel que viene a continuación consiste en dos ponencias, a cargo de Anna Ornstein y Shelley Doctors, que estudian la evolución del concepto psicoanalítico de la interpretación desde las épocas de Kohut. Anna Ornstein y Shelley Doctors representan dos generaciones psicoanalíticas dentro del mundo de la psicología psicoanalítica del self. Anna Ornstein colaboró con Kohut en sus primeros desarrollos teóricos; de hecho participó junto con otros psicoanalistas jóvenes en el primer grupo que durante los años 70 se reunió con Kohut para discutir sus nuevas conceptualizaciones. Algunos de los casos clínicos que Kohut utilizó como ejemplo en sus libros eran pacientes de Anna Ornstein que presentaba en las mencionadas reuniones. Shelley Doctors, más joven, realizó su formación en New York, por tanto fuera de la influencia directa y personal de Kohut. En la actualidad es una autora de gran prestigio especialmente en el campo de las nuevas patologías en la adolescencia como el delicate self cutting (jóvenes que se inflingen pequeños cortes).


La self psychology es una de las orientaciones psicoanalíticas que ha enfatizado la dimensión relacional del proceso terapéutico. En concreto, la conceptualización de “la relación de selfobject (que se suele traducir como “objeto sí mismo” o “objeto del self”) describe cómo el terapeuta hace la función de cohesionar el self del paciente a través de la comprensión empática. La interpretación, desde esta perspectiva, tiene, entre otras, la función de transmitir al paciente que ha sido comprendido empáticamente, por tanto a nivel emocional (algo así como “yo al ponerme en tu lugar siento algo parecido”). Las dos autoras coinciden en que no debe considerarse la interpretación como un conocimiento objetivo que el paciente no tiene y que el analista suministra. Anna Ornstein nos dirá en su ponencia que la interpretación no es algo que se “da”, y Shelley Doctors nos dirá que “la actividad interpretativa no consiste sólo en impartir conocimiento”. Recomiendo al lector que preste atención a la deliciosa viñeta clínica de Doctors con su paciente Evelyn; en la interacción entre ambas, cuando Evelyn se queja que de nuevo “me estás interrumpiendo”, a Doctors se le escapa (es decir, emerge de manera espontánea) con un tono de desesperación “Evelyn, estoy intentando participar”. Nos dice Doctors que este “estoy intentando participar” puede ser considerado una interpretación en puesto que con el tiempo va a ayudar a iluminar el significado de su interacción, significado que a posteriori puede ser entendido como que Evelyn tenía sus poderosas razones biográficas para temer la intrusión y Doctors tenía la motivación de sentirse útil y reconocida por su paciente.


Esta necesidad de ser reconocida (lo que Bacal denominó la “necesidad de selfobject del analista”, véase el capítulo XII del libro reseñado en Aperturas Psicoanalíticas nº2) es lo que también es mencionado por Ornstein al hablar de su fracaso con la paciente Sra T.: “Al no ser capaz de sentirme efectiva, no ser re-asegurada como una analista competente, perdí el genuino interés en sus apuros”. Como contraste, Ornstein nos narra otra viñeta, en este caso de la Sra M, que a mi parecer es uno de los más bellos ejemplos de la sensibilidad psicoanalítica que ayuda al paciente a poder tolerar sentimientos extremos de devastación, que en el caso de la Sra. M disparaban deseos suicidas. La Sra. M (una paciente que se había auto-diagnosticado una “Enfermedad por déficit de amor”) presencia casualmente como Anna Ornstein recibe a su hijo en el aeropuerto con besos y abrazos. La escena dispara una rabia y celos que la Sra. M no puede manejar, se quiere morir. Y ahora viene lo importante: Ornstein, lejos de “interpretarle” que confunde la relación terapéutica con la relación materno-filial (!) o un conflicto de rivalidad fraterna (!), le interpreta que si ella (Anna) intentaba ponerse en su lugar (de la Sra. M) imaginaba que “tendría un sentimiento de traición”. He aquí un magnífico ejemplo de cómo el analista hace la función de un selfobject gemelar, es decir le comunica al paciente un sentimiento de afinidad: yo en tu lugar sentiría parecido. Y luego Ornstein se ocupará con intensidad de que la Sra. M pueda vivir sus sentimientos de envidia como legítimos, y le expresará de una manera explícita que le preocuparía que (la Sra. M) no se sintiera “con derecho a desear que yo la amara igual que a mis hijos”. Afortunadamente, en el momento de este incidente, la relación entre Ornstein y la Sra. M era ya suficientemente potente como para que la Sra. M se atreviera a ir a la sesión posterior al encuentro del aeropuerto (Ornstein también le expresa explícitamente que “sabiendo que se sentía como se estaba sintiendo, yo estaba contenta que hubiera venido a verme, que no debió ser fácil para ella”. El lector de “Aperturas Psicoanalíticas” puede encontrar un ejemplo contrario en el comentario que Rosa Velasco le hace a Donna Orange (Aperturas Psicoanalíticas nº 20): Velasco nos habla de una paciente adulta que de niña había interrumpido su terapia infantil después de observar fortuitamente como su terapeuta de entonces jugaba con su hijo en el parque.


Al hilo de estas viñetas, comentaré para terminar que las dos autoras coinciden en que actualmente los analistas nos centramos menos en el contenido de las interpretaciones, y en cambio nos ocupamos más en investigar las sutilidades de la comunicación (a menudo más allá de lo verbal explícito). De esta manera conectan con el “algo más que la interpretación” del Grupo de Boston para el Estudio del Cambio Psíquico” (véase la reseña de Rómulo Aguillaume en Aperturas Psicoanalíticas nº 2) y con las nuevas aportaciones de los nuevos descubrimientos sobre los sistemas de memoria (véase el artículo de Hugo Bleichmar en Aperturas Psicoanalíticas nº 9)


Quiero agradecer al equipo de colegas que han colaborado en la traducción de las ponencias de los Panels del Congreso de Chicago: Roberto Arendar (Buenos Aires), Susana Ávila y Alejandro Ávila (Madrid), Matías Fernández (Santiago de Chile),  Concepció Garriga (Barcelona), Antonio Giménez Plaza (Barcelona), Núria Mata (Barcelona), Conxita Vidal (Barcelona)         

 

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