Los efectos de la diferencia de sexo y el estado hormonal, en la respuesta fisiológica al estrés psico-social agudo

Publicado en la revista nº032

Autor: Drucaroff, Eduardo


Reseña: The effects of sex and hormonal status on the physiological response to acute psychosocial stress by Eero Kajantiea & David I.W. Phillips, Psychoneuroendocrinology (2006), 31: 151-178




Comenzaremos esta reseña consignando los ítems de los que consta el trabajo, para que el lector interesado en ampliar la comprensión a través del original, pueda tener rápida idea de su contenido.



  1. Introducción

  2. La medición de la respuesta al estrés

  3. Las diferencias en la respuesta al estrés según el sexo y el ciclo vital


a) En la infancia y la niñez


b) Durante el período menstrual


c) Con el uso de anticonceptivos orales


d) En el embarazo y la lactancia


e) Durante la menopausia y el posible tratamiento con esteroides sexuales



  1. Los posibles mecanismos diferenciales de la respuesta al estrés según género sobre


a) el Eje Hipotálamo Pituitario Adrenal (EHPA), y su nivel de activación


b) el Sistema Nervioso Autónomo (SNA); la regulación autonómica cardiovascular y el papel de los esteroides sexuales.



  1. Beneficio evolutivo de dicha respuesta diferenciada al estrés según el sexo


El objetivo de esta reseña, siguiendo lo planteado por H. Bleichmar en el nº 1 de la revista “Aperturas Psicoanalíticas”, se inscribe en “un diálogo entre psicoanalistas y neurocientíficos en que los participantes, sin abandonar sus respectivos dominios de pertinencia, tratan de ver cómo el trabajo colaborativo permite entender mejor la complejidad del funcionamiento mental, en especial el entrelazamiento entre, por un lado, el nivel simbólico de la mente humana, marcada por los discursos, por el lenguaje, por las identificaciones, por las relaciones con los seres significativos, y, por el otro, los procesamientos cognitivos y emocionales influenciados por las estructuras neuro-hormonales… La disposición innata es sólo un componente de lo disposicional del adulto, tal como lo planteara Freud con su concepto de Series complementarias 


Los autores Eero Kajantie y David I. W. Phillips, que trabajan conjuntamente en la Universidad de Southampton (Reino Unido), postulan la diferencia en la naturaleza de la respuesta fisiológica al estrés acorde al sexo como un factor relevante para explicar, al menos en parte, algunas de las diferencias en la prevalencia de ciertas enfermedades: aquellos trastornos en los cuales se han venido observando desde hace largo tiempo, justamente, diferencias entre ambos sexos (ej. mayor susceptibilidad de los varones a las enfermedades cardiovasculares e infecciosas y de las mujeres a los trastornos autoinmunes, fibromialgia y dolor crónico).


La revisión que aquí comentamos tiene por objetivo proporcionar una descripción amplia y sistemática de los estudios de evaluación de cómo sexo y factores hormonales afectan las condiciones de respuesta al estrés fisiológico agudo del EHPA y el SNA.


Parten del sabido hecho de que las personas reaccionan a los acontecimientos estresantes de diferentes maneras, y que las diferencias en la respuesta al estrés fisiológico son importantes factores determinantes de la salud. Quienes trabajamos desde la perspectiva del psicoanálisis, estamos habituados a enfatizar que las personas reaccionan a los acontecimientos potencialmente traumatogénicos de diferentes maneras (la singularidad de la respuesta). Esto nos permite postular que lo traumático no es el acontecimiento en sí, sino la combinatoria con el modo en que ese psiquismo en particular procesa los acontecimientos.


Nos ilustran acerca de que la respuesta del sistema nervioso autónomo (SNA), en un laboratorio psico-fisiológico puede ser provocada por diferentes factores estresantes que incluyen tareas físicas, mentales y psico-sociales, mientras que la respuesta del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (EHPA) parece ser más específica ante un desafío psicosocial, que incluya la participación del yo.


En esta revisión, los autores se centran en las diferencias de respuesta del EHPA y el SNA, en el estrés psicosocial agudo, según el sexo. Nos dicen que las respuestas de ambos sistemas a diferentes problemas psico-sociales han sido objeto de una extensa investigación, aunque la del EHPA ha sido la más sistemáticamente estudiada.


A pesar de que algunas diferencias dependen del estresor utilizado, las respuestas de ambos sistemas muestran diferencias marcadas y coherentes en función del sexo, y con la fase del ciclo menstrual*, la menopausia y el embarazo: entre la pubertad y la menopausia, las mujeres adultas suelen mostrar menor respuesta autonómica y del EHPA que los hombres de la misma edad. Sin embargo, la respuesta del eje es mayor en la fase lútea, siendo los niveles de cortisol libre post-estrés comparables con los de los hombres.  


Después de la menopausia hay un aumento en la respuesta simpático-adrenal, que se atenúa con la terapia oral de reemplazo hormonal. Señalan como interesante que, como además el embarazo se asocia con una respuesta atenuada simpático-adrenal y en los sistemas del EHPA, es probable que estas diferencias por sexo en la función autonómica sean el resultado de la exposición al estrógeno que atenúa dicha respuesta.


El EHPA es, sin embargo, algo más complejo y las pruebas sugieren la influencia de otros modificadores tales como la ADH y la CBG, como desarrollaremos más adelante.


Las pronunciadas y multifacéticas diferencias en la respuesta al estrés según el sexo sugieren ser el producto de una fuerte presión evolutiva. La hipótesis planteada por los autores es que, en gran medida, ha sido impulsado por la necesidad de proteger al feto de los efectos adversos de la respuesta al estrés materno, en particular el exceso de exposición a glucocorticoides. El estudio de esta hipótesis, afirman, puede tener un impacto fundamental en la comprensión acerca de cómo la salud de los adultos se pone en juego en los primeros meses de vida y cómo se podría prevenir la enfermedad en los adultos.


Por nuestra parte haremos una apretada síntesis de una diversidad de factores que hacen a la fisiología humana, para ayudar al lector a entender la génesis de la diferente respuesta al estrés que tienen ambos sexos.


Primero hay que dividir la respuesta al estrés en dos sistemas principales disparados frecuentemente por un estímulo común: el “estímulo estresor”. Es de destacar que dichos sistemas nunca se encuentran “apagados” sino que en situaciones  normales tienen una actividad basal y de su balance surge la fina regulación que requiere el cuerpo humano.


En el EHPA el primero de sus componentes, el hipotálamo, es un núcleo gris cerebral que produce, entre otras muchas moléculas y conexiones fundamentales, dos hormonas denominadas CRH (Corticotropin-releasing hormone, hormona liberadora de corticotrofina) y AVP (Arginine Vasopresin, Vasopresina, o más comúnmente conocida como Hormona Antidiurética, ADH en inglés). Ambas hormonas son volcadas a la circulación porta hipofisaria, (cuyo descubrimiento le valió el premio Nobel a Bernardo Houssay), para actuar sobre la hipófisis (o pituitaria, principal glándula del sistema neuroendocrino) estimulando la síntesis y liberación de la ACTH (Adreno Cortico Trophic Hormone). Ésta es liberada, entonces, por la glándula hipófisis hacia la circulación sanguínea general y de esta manera llega a las glándulas suprarrenales, donde tiene efectos aumentando tanto el trofismo celular como la producción de cortisol (hormona del estrés por excelencia) y su liberación a sangre.


Las distintas acciones del cortisol son de una diversidad extrema y escapan al objetivo de este texto, pero es de notar que en líneas generales es el responsable de los efectos a largo plazo que se le atribuyen al estrés crónico. De todos modos, al igual que con su molécula precursora más famosa, el colesterol, no cabe demonizar a elementos orgánicos que han ayudado a la especie humana a evolucionar desde la bacteria hasta lo que es hoy. Niveles de cortisol extremadamente bajos -y, sobre todo, no adaptables a las diferentes situaciones- son incompatibles con la vida. También podemos  mencionar que se postula que niveles demasiado bajos de colesterol, como los que se promueven actualmente mediante algunas medicaciones, son causantes de depresión.


El segundo de los dos sistemas que se enunciaron  previamente es el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), encargado de controlar ciertas variables biológicas como por ejemplo la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. Está formado por dos componentes principales, uno de ellos es el sistema simpático, que actúa aumentando las frecuencias cardíaca y respiratoria, así como la presión arterial; sería el encargado de llevar a los diferentes órganos del cuerpo el mensaje del estrés agudo, (el alerta, la preparación para la lucha). Tiene su contrapartida en el sistema parasimpático que realiza las acciones opuestas.


En una excesiva simplificación, el SNA se encarga de causar los efectos agudos del estrés, mientras que el EHPA media los efectos a mediano y largo plazo.


Pasemos ahora a un comentario más detallado del contenido del trabajo.


2. La medición de la respuesta de estrés


La evaluación de la respuesta al estrés requiere de un estresante reproducible que sea lo suficientemente intenso como para producir una respuesta detectable, pero lo suficientemente moderado como para revelar las diferencias entre los individuos. Este requisito es más fácil de cumplir en un laboratorio que en las condiciones de vida normales. Sin embargo, para que tenga sentido, un laboratorio de estrés debe tener cierta semejanza con los acontecimientos estresantes en la vida cotidiana.


Dos tipos de estresores son comúnmente utilizados: tareas psico-sociales como hablar en público, la realización de tareas matemáticas u otras, durante un tiempo determinado, y pruebas fisiológicas tales como resistencia al frío, administración de un almuerzo rico en proteínas, o pruebas de ejercicios físicos. Aunque el foco de la revisión está en las respuestas al estrés psicosocial, se resumen brevemente los más comunes desafíos fisiológicos utilizados. Algunas pueden ser caracterizadas por una intensa estimulación del EHPA, mientras que el efecto de otras pueden limitarse al SNA.


De los diversos estresores psico-sociales, la respuesta fisiológica al hablar en público, posiblemente, ha sido la más ampliamente estudiada. La estimulación del EHPA más consistente parece ser producido por la Prueba de Estrés Social Trier (TSST), en que el sujeto está enfrente de un público de  dos o tres personas y una grabadora de video y dispone de 5 minutos para hablar de sus capacidades personales; esto es seguido por una tarea aritmética mental. En la maximización de la activación del EHPA actúan como elementos clave un específico involucramiento yoico (ego involvement) y un juicio social evaluativo ejercido por otros. En esta revisión la TSST se considera superior a otros estresores.


Describen a continuación distintas pruebas que alternativamente estimulan uno, otro, o ambos sistemas estudiados. Puede ser de interés para el lector conocerlas y por lo tanto las resumiremos.


·         Algunas situaciones de la vida real son consideradas lo suficientemente reproducibles como para servir de estresores estandarizados.


a) Un examen, con características estresantes, da lugar a la estimulación de ambos sistemas.


b) La respuesta del EHPA al despertar (awakening) es relativamente robusta y reproducible, y muestra una interesante heredabilidad del 40%. Es de notar que la respuesta al despertar, aunque mayor en personas madrugadoras, fue encontrada independiente del sexo y la fase menstrual.


·         Algunos escenarios de pruebas de hipótesis, tales como


c) una pareja marital conflictiva asistiéndose mutuamente en tareas realizadas en conjunto, han tratado de combinar el realismo de una situación de la vida cotidiana con las posibilidades de observación en un laboratorio.


·         También se sostuvo que


d) cuando un sujeto asiste a una institución hospitalaria o clínica desconocida, después del ayuno nocturno total, la medición de cortisol plasmático que se obtiene por punción venosa puede ser en realidad una forma de prueba de esfuerzo.


Sin embargo, las diferencias interindividuales en la situación de la vida real son considerablemente mayores que las obtenidas en un laboratorio.


Aparte de los estresores puramente psicosociales, se han utilizado estímulos fisiológicos específicos para evaluar las diferencias individuales en la respuesta de estrés. Estos incluyen la estimulación del eje HPA por una  comida, en  particular rica en proteínas. La glucosa o las grasas por sí solas no causan estimulación detectable del EHPA. Otros estimuladores comúnmente utilizados son: pruebas fisiológicas tales como la resistencia al frío y el ejercicio físico. Y, aunque los mecanismos siguen siendo desconocidos, una respiración única de 35% de CO2 se ha mostrado como método rápido y aparentemente seguro de estimular el EHPA. Esta vía se utiliza también para provocar ataques de pánico en situaciones de laboratorio.


3. Las diferencias de sexo en la respuesta al estrés


 Los autores plantean que un meta-análisis en 1987 concluía que había sólo un limitado apoyo a favor de las diferencias de respuesta al estrés en relación al sexo; pero una de las principales críticas de estos primeros estudios fue que las pruebas de estrés psicológico empleadas, si bien resultaban suficientes para estudiar el sistema nervioso autónomo, no lo eran como para estimular una respuesta del EHPA valedera.


Durante la última década, concluyen los autores, la situación se ha tornado mucho más clara, como resultado de la evolución de pruebas psicológicas capaces de generar respuestas adecuadas del eje HPA, por ejemplo, la TSST, anteriormente descripta. La conclusión de estos estudios, es que en el estado basal (o sea libre de estresores), las diferencias son sutiles, pero se tornan pronunciadas tras la aplicación de un estresor psicológico. En general entre la pubertad y la menopausia las respuestas autonómica y del EHPA tienden a ser más bajas en las mujeres, en comparación con los hombres de la misma edad. Y antes de la pubertad y después de la menopausia las diferencias son más pequeñas o inexistentes. Algunos estudios sugieren que hay diferencias por sexo que dependen de la naturaleza del estresante utilizado.


Es interesante destacar que los hombres presentan una mayor respuesta de cortisol en saliva en aquellas pruebas orientadas hacia la consecución de desafíos, como las matemáticas, y otras tareas, mientras que las mujeres responden más intensamente al rechazo social.


La infancia y la niñez: Pocos estudios han informado alguna diferencia en relación al sexo que aporten conclusiones.


Estado menstrual: El uso de protocolos normalizados de estrés ha traído a la luz una variación considerable, en general, con una mayor respuesta en la fase lútea (progestacional). La respuesta del cortisol salival fue claramente mayor, con niveles comparables a los de los hombres, aunque las concentraciones de ACTH, sugieren que las mujeres en la fase lútea pueden tener mayor sensibilidad suprarrenal. Un estudio con la mayoría de las mujeres en fase folicular de su ciclo mostró menores respuestas de cortisol salival, a una TSST en comparación con los hombres. En lo que respecta al SNA, no muestran ninguna relación entre la fase menstrual y la respuesta cardiovascular o de catecolaminas urinarias o plasmáticas.


El uso de anticonceptivos orales: tiene efectos claros sobre la respuesta fisiológica al estrés psicosocial. Las reacciones frente a la TSST, en mujeres que utilizan un régimen de anticonceptivos monofásicos, fue comparada con un grupo de hombres de similar edad y mujeres menstruantes en diferentes fases. Si bien las usuarias de los anticonceptivos orales tenían respuestas comparables a las no usuarias en ACTH y cortisol plasmático total, independientemente de la fase menstrual, sus valores de cortisol salival, que reflejan el cortisol libre circulante, fueron más bajos y comparables con las mujeres en fase folicular.


Según los autores no hay muchos estudios que hayan evaluado el efecto de los anticonceptivos orales en la respuesta del sistema nervioso autónomo al estrés psicosocial.


Embarazo y lactancia: Durante el embarazo, hay cambios importantes en la fisiología del EHPA. La abundante producción de CRH por los tejidos intrauterinos da lugar a un aumento exponencial en los niveles plasmáticos. La secreción ACTH pituitaria materna y el aumento de los niveles de ACTH en plasma son paralelos a la hipertrofia suprarrenal y un aumento de los niveles de cortisol total plasmático.


De la misma manera, el SNA sufre alteraciones significativas durante el embarazo, que se caracterizan por aumento de actividad simpática y reducción de la función parasimpática.


Interesantes datos basados en el seguimiento de las mujeres que estuvieron expuestas a un terremoto durante el embarazo, sugieren que los efectos psicológicos y las consecuencias fisiológicas del estrés grave son diferentes según la etapa del embarazo. Este estudio demostró que el efecto del terremoto fue más estresante cuando se produjo durante el primer trimestre del embarazo, y que el efecto sobre la descendencia (medido por la reducción de la duración de gestación) se fue disminuyendo en los dos últimos trimestres del embarazo.


La menopausia y el tratamiento con esteroides sexuales: La menopausia y la terapia de reemplazo hormonal posmenopáusica son, además del ciclo menstrual, evidentes experimentos naturales para estudiar los efectos hormonales sobre la respuesta al estrés medioambiental. Las mujeres posmenopáusicas tienden a mostrar mayores efectos cardiovasculares, en particular las respuestas de la presión arterial, mientras que las conclusiones relativas al EHPA son algo inconsistentes. En muchos casos, el aumento de respuesta al estrés se ve, a una edad similar, en hombres en quienes el descenso en las concentraciones de esteroides sexuales es más gradual.


Rastreando por franja de edades, los autores nos aportan datos de grupos de 60 a 70 años de edad en los que se observó que no hay diferencia de género, en las respuestas del cortisol salival al dar un discurso, mientras que en 40 a 59 años de edad los hombres tienen una mayor respuesta.


Conclusión: El estudio de la respuesta a las pruebas, y sus cambios después del uso de la terapia de reemplazo hormonal, ofrece la oportunidad de evaluar el papel de estrógeno sobre la respuesta al estrés en mujeres posmenopáusicas. Sin embargo, los efectos agudos en la respuesta al estrés de los estrógenos administrados, parece ser compleja. El resultado parece depender de los niveles hormonales basales, la naturaleza de los estresantes y, posiblemente, de los efectos a lo largo de la vida, de la exposición intrauterina a los esteroides sexuales.


4. Posibles mecanismos diferenciales de la respuesta al estrés según género


- Eje Hipotálamo Hipófiso Adrenal (EHPA): Opinan los autores que tal vez lo más cercano al estrés fisiológico de la vida diaria sean las pruebas que utilizan estímulos psicológicos, como el hablar en público. Los trabajos que han aplicado dicha metodología han mostrado consistentemente la existencia de una diferencia entre sexos en cuanto a la respuesta al estrés psicológico. Se ha postulado que la secreción de cortisol se mantiene en niveles similares en ambos sexos gracias a una doble disociación entre la secreción de ACTH, que es mayor en el hombre, y la sensibilidad hacia ella que tiene la glándula suprarrenal en la mujer, que al ser mayor equipara la menor cantidad de ACTH disponible, produciendo más cortisol para alcanzar en definitiva el mismo nivel del hombre.


Otro factor que podría influir para esta equiparación sería la Hormona Anti-Diurética (ADH), que tendría un papel mucho más marcado en la secreción de cortisol en mujeres y sería más sensible que la ACTH a estímulos estresores físicos.


Pero, pese a niveles de secreción de cortisol similares en ambos sexos, su acción biológica puede variar ampliamente debido a que los estrógenos aumentan considerablemente la producción de la proteína encargada de transportar dicha hormona, la CBG (Corticosteroid-Binding Globulin, Proteína Ligadora de Corticosteroides). A mayor nivel de la proteína transportadora, la proporción de hormona libre (cortisol en este caso) decrece, teniendo en definitiva menor acción biológica. Por eso en la mujer, a iguales cantidades de cortisol su efecto es más atenuado, debido a que la mayor concentración de estrógenos estimula la producción de CBG, que actúa “atrapando” al cortisol e impidiéndole actuar, dado que la fracción libre es la que produce efectos.


-Influencia de las Hormonas sexuales sobre el eje. Afirman los autores que es muy probable que la asociación con los niveles de estrógenos pueda en un futuro explicar gran parte de la diferencia que existe entre géneros en el EHPA, tanto así como la que existe dentro de las etapas del ciclo menstrual y las etapas fisiológicas de madurez sexual de la mujer, en relación a la capacidad reproductiva, tal como vimos en el apartado anterior. Nos aclaran los autores que es de destacar que en el hombre muchas de las acciones a nivel del SNA que tiene la testosterona (hormona sexual masculina por excelencia) son mediadas a través de la conversión de dicha hormona en estrógeno (hormona sexual femenina por excelencia), actuando sobre el mismo receptor estrogénico que lo hace en la mujer.


No obstante ello, nos insisten que al día de hoy no ha sido posible obtener resultados consistentes en lo que respecta a la relación de los niveles de hormonas sexuales y la de hormonas del estrés. Probablemente porque se ha utilizado una variedad de pruebas estresógenas no homogéneas, que repercuten de manera diferente sobre la liberación hormonal; agregaremos nosotros que esto se suma al hecho de que la diversidad de factores que tienen incumbencia en la regulación de dicho eje escapa a la homogeneización que requiere el resto de los factores cuando nos proponemos estudiar un factor en particular.


Por otra parte, los autores siguen explicando que recientes investigaciones han demostrado que los estrógenos tendrían diferencialmente un efecto activador o inhibidor sobre el eje hipotálamo hipófiso adrenal, según actúen sobre un tipo de neuronas con su receptor estrogénico característico u otro tipo neuronal con el suyo propio, aunque en definitiva y como es habitual, el balance de las señales recibidas por éstas dos poblaciones celulares es lo que definiría el efecto final.


- Influencia gestacional en el desarrollo de la respuesta al estrés. Durante éste período el feto está sujeto a la acción de hormonas sexuales que él mismo produce. Dichas hormonas actúan en una etapa temprana del desarrollo intrauterino estableciendo diferencias de género a nivel del SNC, y una de las diferencias que se crean es, precisamente, en cuanto a la respuesta al estrés.


- El sistema nervioso autónomo (SNA) Se ha demostrado una diferencia significativa en cómo hombres y mujeres controlan estas variables. En el género masculino las variaciones, y por añadidura, la adaptabilidad al estrés, estarían dadas en mayor medida por la acción del sistema simpático sobre los vasos sanguíneos; mientras que en la mujer la actividad del sistema parasimpático sobre la frecuencia cardíaca sería el componente primordial de dicha regulación. Una posible explicación para esto surge del hecho de que en la mayoría de los contextos, los estrógenos han mostrado atenuar los efectos del sistema simpático.


Podríamos decir, en nuestras palabras, que no es que las mujeres respondan “desestresándose” y los hombres “estresándose”, sino que ante el estímulo estresor las mujeres responderían fundamentalmente disminuyendo el efecto que el sistema parasimpático tiene sobre la frecuencia cardíaca, por ende, poniéndose taquicárdicas por esta vía, mientras que los hombres lo harían aumentando los efectos del sistema simpático sobre el lecho vascular, ocasionando un aumento de la presión arterial. A modo de una mera especulación nuestra, ¿será por eso que los hombres tienden a hacer crisis hipertensivas y las mujeres ataques de pánico?


5. Beneficio evolutivo: una hipótesis


Llegamos aquí a un apartado especialmente interesante. Los autores comienzan afirmando que, a pesar de los recientes avances en la comprensión de los mecanismos subyacentes a estas profundas diferencias acorde al sexo, su causa última sigue siendo poco entendida y que en biología humana, las explicaciones para fenómenos complejos a menudo son proporcionados por consideraciones teleológicas -en este caso el examen de la ventaja evolutiva del desarrollo de las diferencias según el sexo, del comportamiento y las respuestas metabólicas durante situaciones estresantes. Agregaremos nosotros que dicha tendencia reduccionista opera en los respectivos intentos explicativos de casi todos los órdenes de la vida, tal como lo observamos con especial énfasis, en algunas teorías psicoanalíticas.


Comentan luego los autores que es probable que muchas de estas presiones evolutivas -tales como por ejemplo, las relacionadas con la conducta de apareamiento- hayan sido diversas y cambiantes con el tiempo, en diferentes contextos evolutivos pero que sin dudas un requisito evolutivo universal es promover el óptimo crecimiento y desarrollo del feto, incluida la memoria de moderar los efectos del exceso de estrés maternal, y quizá, a fin de facilitar la transferencia óptima de información sobre las condiciones que prevalecen en el medio ambiente, para permitir al feto la sintonía fina de sus necesidades metabólicas, para adaptarse a estas condiciones.


Proponen los autores que esta presión ha tenido un papel importante en el desarrollo de las diferencias específicas en la respuesta al estrés acorde al sexo y que algunos de los efectos de los esteroides sexuales en los estados de no-embarazo, pueden ser producto de este proceso. Para argumentar a favor de esta hipótesis, en primer lugar discuten cómo una actividad no óptima símpato-adrenal y del EHPA podría ser perjudicial para el desarrollo del feto. Posteriormente, se refieren a la función de los estrógenos durante el embarazo y en estados de no embarazo.


De ser cierta esta hipótesis, afirman que tendríamos una explicación con un impacto fundamental en la comprensión de la programación a largo plazo del EHPA fetal, que se ha propuesto como un mediador clave vinculado con la enfermedad cardiovascular del adulto y otras enfermedades. En el actual nivel de conocimientos, la hipótesis sigue sin ser probada, aunque es muy plausible y susceptible de ser testeada. El exceso de la respuesta maternal al estrés puede ser perjudicial para el feto de diversas maneras.


Los glucocorticoides y el EHPA tienen varios y cruciales efectos sobre el desarrollo del feto. Entre ellos mencionan los autores:


- Regulación de la duración del embarazo y tiempo del parto. Riesgo aumentado de parto prematuro en condiciones de vida estresante, o menor duración de la gestación después de una exposición a un terremoto durante el primer trimestre.


- Cambios conductuales en la descendencia como hiperactividad.


- Masculinización de las mujeres e infantilización en el comportamiento de los hombres en la edad adulta.


- Niveles más pobres en el neurodesarrollo en la infancia en aquellos individuos cuyas madres auto-reportaron molestias diarias durante el embarazo precoz, altos niveles de ansiedad en el segundo trimestre, así como cortisol salival alto por la mañana en la última etapa del mismo.


- La depresión materna se asocia con el aumento de cortisol total en plasma y los niveles de noradrenalina, lo que a su vez puede predecir aumento de los niveles de estas hormonas en el recién nacido así como un desempeño neuromotor más pobre.


- En la hipoactividad del EHPA se puede esperar riesgo aumentado de parto postmaduro que se asocia con el aumento de la mortalidad perinatal.


La exposición óptima a los glucocorticoides, por lo tanto, probablemente  sea resultado de un delicado equilibrio, sensible a la perturbación de las pequeñas alteraciones en sus reguladores. Los efectos del SNA materno son importantes para el desarrollo del feto.


Con estos antecedentes, parece probable que exista una fuerte presión evolutiva para desarrollar mecanismos para atenuar la respuesta al estrés durante el embarazo. La capacidad de los estrógenos para reducir la respuesta al estrés en muchos contextos los convierten en el más probable candidato para un mecanismo de ese tipo. Los niveles de estrógenos durante el embarazo aumentan alcanzando concentraciones 100 veces superiores a las más altas durante el ciclo menstrual.


Sugieren los autores que los mecanismos y las consecuencias a corto y largo plazo de la respuesta fisiológica de estrés de la madre y el feto deben ser elementos clave de este programa de investigación. Las preguntas importantes e inmediatas, según los mismos, incluyen los factores determinantes de la respuesta del EHPA materno durante el embarazo y sus efectos en el feto, las posibles diferencias en las consecuencias del estrés materno entre los fetos masculinos y femeninos, y el papel de los mecanismos relacionados con el estrés, en los trastornos maternos comunes específicos, tales como la pre-eclampsia y el síndrome de ovario poliquístico.


El objetivo a largo plazo, concluyen los autores, es tener una mejor comprensión de aquello que hace que hombres y mujeres sean diferentes en términos de estrés y enfermedades, y reconocer las situaciones en que ambos sexos se benefician de diferentes tipos de prevención, de las enfermedades relacionadas con el estrés.


Comentarios finales


La importancia del recorrido que hemos hecho se traduce en una afirmación más de la influencia del estado de regulación neuro-hormonal en cualquier intento explicativo de muchos de los trastornos que involucran, a la vez, al psiquismo y al cuerpo. Y esto es así desde el mismísimo comienzo de la vida intrauterina donde, merced a la plasticidad cerebral, está postulado que se programa algo tan relevante para el posterior equilibrio dinámico del sujeto como las características singulares de la respuesta al estrés. Dicha programación se realiza a través del eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenal (EHPA) junto con el funcionamiento del Sistema Nervioso Autonómico (SNA), los cuales han sido motivo central de la presente comunicación. Los autores formulan la hipótesis acerca del doble propósito: “la memoria de moderar los efectos del exceso de estrés maternal”, y la de “facilitar la transferencia óptima de información sobre las condiciones que prevalecen en el medio ambiente, para permitir al feto la sintonía fina de sus necesidades metabólicas, para adaptarse a estas condiciones”. Todo esto reafirma la vigencia del concepto de “Series complementarias” tal como Freud lo enunció, lo cual nos permite a los analistas movernos con comodidad en este difícil diálogo entre neurociencias y psicoanálisis.


Si nos remitimos al enfoque Modular-Transformacional, debemos ubicar la problemática de la que trata este artículo dentro de lo concerniente al sistema motivacional de la regulación emocional. Citaremos a Emilce Dio Bleichmar  (2005) quien, apoyándose en autores provenientes de la neurociencia como Panksepp y LeDoux, dice que ambos “sostienen su acuerdo con Freud de que las emociones constituyen conciencia de algo que es inconsciente, pero la pregunta que cabe plantearse es ¿de que son conciencia las emociones?” (p. 59) A lo que se responde:


“remiten al cuerpo pero no solo a la excitación de orden sexual, sino a estados corporales originados en diversas fuentes […] Damasio sostiene que las emociones son percepciones, lecturas de estados corporales que realmente tienen lugar -variaciones químicas, estructurales y sus cambios concomitantes” (p. 59-60)


Todo esto conduce a la reflexión de que


bajo la influencia de la Neurociencia, el concepto de pulsión puede fragmentarse en numerosos procesos subsidiarios […] hay múltiples variedades de placer y displacer en el cerebro, cada uno de los cuales está gobernado por su propio sistema de mando y modulado por su propio principio regulador” (cursiva en el original). (p. 60)


A su vez, como en casi todo trabajo de investigación, la utilidad práctica inmediata de los conceptos enunciados no es fácil de deducir, salvo aquello relativo a la psicoprofilaxis en el embarazo y la crianza. Consideramos que las reafirmaciones de dicha relevancia, provenientes de otras disciplinas con sus respectivos métodos, nos ayuda a los analistas a reafirmarnos a su vez en conceptos que, empíricamente cada uno de nosotros, y en conjunto como movimiento, tenemos por válidos como producto de nuestras teorías, la propia formación y la experiencia clínica.


 


* Abreviaturas utilizadas en la reseña


ACTH: Adreno Cortico Trophic Hormone, Horm. Adreno-Córtico-Trofina


ADH: Hormona Anti-Duirética, AVP: Arginine VasoPresin, Vasopresina, o más conocida como, Anti-Diuretic Hormone.


CBG: Corticosteroid-Binding Globulin, Prot.na Ligadora Corticosteroides.


CRH: Corticotropin-Releasing Hormone, Hormona Liberadora de Corticotrofina


EHPA: Eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenal


SNA: Sistema Nervioso Autónomo


TSST: Prueba de Estrés Social Trier


 











[*] En la Fase Folicular, del día 5 al 14 aproximadamente, se segregan estrógenos. Tras la ovulación, comienza la Fase Lutea, del 15 al 28, durante la cual a los estrógenos se le agrega una importante producción de progesterona.