El desarrollo de una vision personal del campo psicoanalítico (Kernberg, O.)

Publicado en la revista nº045

Autor: Moreno Cruz, Adela

Kernberg, O. The Development of a Personal View of the Psychoanalytic Field, Psychoanalytic Dialogues: The International Journal of Relational Perspectives, 23:2, 129-138 (2013)


A lo largo de este texto, Otto F. Kernberg hace un recorrido por cada una de las principales etapas en las que ha ido desarrollando su identidad profesional como psiquiatra y como psicoanalista.


El autor enumera tales periodos e influencias en su dedicación al estudio de trastornos severos de la personalidad: comenzó en Santiago de Chile, bajo la supervisión de Ignacio Matte-Blanco; continuó formando parte del equipo de investigación de Jerome Franck en el hospital Johns Hopkins (Baltimore); seguidamente, colaboró en el Proyecto de Investigación en Psicoterapia liderado por Robert Wallerstein, en la Fundación Menninger; trabajó junto a Edith Jacobson y Margaret Mahler en Nueva York; y tras ello ejerció el cargo de presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, sin olvidar su aproximación al Psicoanálisis Británico a través de John Sutherland, así como al análisis francés durante periodos sabáticos en París.


Kernberg cierra este artículo exponiendo brevemente el planteamiento teórico que guía su actual investigación en psicoterapia psicoanalítica para trastornos severos de la personalidad, en el cual, según él mismo afirma, combina la psicología del yo, la teoría de las relaciones objetales y el enfoque kleniano.


Durante su primera etapa profesional, Kernberg aprendió medicina y psiquiatría del Profesor Ignacio Matte-Blanco quien, según palabras del autor, no solo era un excepcional psicoanalista y psiquiatra sino que fue también el responsable de la llegada del psicoanálisis a Chile, y quien desarrolló un instituto y una sociedad psicoanalíticos muy potentes en el país. Asimismo, el autor señala que desde finales de los años 40 hasta los 60, Matte-Blanco, entonces presidente del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Chile en Santiago, se convierte en precursor allí de la psiquiatría psicodinámica moderna. 


Según el autor, es Matte-Blanco quien le transmite con insistencia la importancia de mantener una postura independiente y objetiva frente a los conflictos científicos y las presiones grupales, así como una actitud abierta y de desafío hacia las ideas de uno mismo. Junto a ello, revela que fue gracias a su inspiradora enseñanza e importante guía que se decidió a convertirse en psiquiatra y psicoanalista, reflejando así la enorme relevancia que en el desarrollo de su identidad profesional tuvo este maestro.


Cuenta Kernberg que, coincidiendo con el término de su residencia como psiquiatra y con su interés y estudio sobre la psicoterapia con pacientes psicóticos, le surgió la oportunidad de realizar una beca de investigación de la Fundación Rockefeller en el Hospital John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos).  Aceptándola, fue allí donde, entre 1959 y 1960, estudió sobre la psicoterapia de la psicosis con el profesor y director del Departamento de Psiquiatría, John Whitehorn; y trabajó en el proyecto de investigación en psicoterapia desarrollado por el equipo que dirigía el profesor y doctor Jerome Franck. Tal experiencia, considera el autor, le hizo darse cuenta del potencial de la investigación empírica en favor de la eficacia de las intervenciones psicoterapéuticas psicoanalíticas.


Paralelamente, Kernberg dedicó parte de su tiempo en Baltimore al aprendizaje de enfoques psicoanalíticos alternativos. Quería analizar el enfoque kleniano (el cual para él suponía en aquel momento el más eficaz desde el punto de vista clínico), junto a un grupo que tuviese una mirada diferente hacia el psicoanálisis, y para ello, se inscribió en el Instituto Psicoanalítico de Baltimore, tradicionalmente asociado a la psicología del yo. Aquello le permitió tomar conciencia del increíble distanciamiento existente entre los distintos enfoques psicoanalíticos, ya que el desconocimiento y el recelo eran mutuos entre la sociedad psicoanalítica chilena, buena conocedora de la literatura kleniana, y la americana, instruida en la psicología del yo.


Asimismo, el autor explica en el texto cómo también durante esta etapa y gracias a la relación profesional con el doctor Otto Will y las visitas al Chestnut Lodge, descubre un nuevo conflicto, esta vez entre el psicoanálisis culturalista, el cual se sirve del análisis de la contratransferencia, y la psicología del yo, la cual apenas tiene en consideración tal contribución. Consecuentemente, Kernberg concluyó que la división y rigidez reinantes entre los distintos enfoques psicoanalíticos impedía tanto el enriquecimiento mutuo como el avance del psicoanálisis mismo.


La siguiente etapa profesional comenzó, afirma el autor, en 1961, cuando regresó a Estados Unidos a raíz de una invitación por parte de la Fundación Menninger (entonces uno de los centros punteros en psicología del yo), para colaborar en su Proyecto de Investigación en Psicoterapia, al mando del doctor Robert Wallerstein. Kernberg sostiene que aquel trabajo, que le permitió profundizar en la organización de la personalidad borderline, en su psicopatología y en las estrategias de tratamiento, marcó la dirección de su futuro trabajo en investigación.


Habiéndose graduado en el Instituto Psicoanalítico Chileno, el autor cuenta que fue en este periodo cuando comenzó a ejercer como psiquiatra en el hospital C.F. Menninger Memorial  y a tratar pacientes en análisis bajo la supervisión tanto del doctor y director del hospital, Herman van der Waals, como del doctor Ernst Ticho. Este último, siendo director del Servicio de Psicoterapia de la Fundación Menninger y psicoanalista formador en el Instituto Psicoanalítico de Topeka, amplió con creces, destaca Kernberg, su conocimiento hasta ese momento en psicoterapia psicoanalítica. Por su parte, Van der Waals fue también alguien decisivo en su recorrido profesional, ya que al jubilarse le animó a asumir su cargo como director en el hospital C.F. Menninger Memorial, y le propuso trabajar con él sobre el narcisismo, a raíz de lo cual, cuenta Kernberg, desarrollaría sus aportaciones tanto en la psicopatología como en la técnica psicoanalítica con este tipo de pacientes.


Según Kernberg, en la Fundación Menninger, guiada entonces por Karl Menninger, imperaba una tendencia autoritaria que se ponía de manifiesto, por parte de los estudiantes, con su reticencia y temor a exponerse y debatir con supervisores y profesores; por parte de los profesores, con su idealización al planteamiento psicoanalítico propio; y por parte de los psicoanalistas más destacados, con su recelo hacia posturas diferentes. Con el paso del tiempo, dice el autor, llegó a la conclusión de que el autoritarismo era una característica mayoritariamente prevalente en los centros de educación psicoanalítica de la época.


Kernberg añade que dentro de la Fundación Menninger sentía presión, por un lado, de un grupo de psicólogos y psiquiatras argentinos con formación kleniana, que le tomaban como abanderado, y por otro, de la corriente mayoritaria, desde la que notaba cierta suspicacia. El autor sostiene que tal ambiente de división y tensión fue subsanado gracias a la incorporación de John Sutherland, antiguo director de la Clínica Tavistock, como profesor y consejero. Asimismo, Kernberg destaca la importancia para la reafirmación de su identidad profesional de esta nueva relación con Sutherland, entonces representante relevante del middle group británico, ya que, explica, al llevarle a conocer la teoría de Ronald Fairbairn sobre la internalización de las relaciones objetales, el autor consiguió integrar una buena parte de los planteamientos klenianos y de la psicología del yo y, consecuentemente, dejar de sentirse solo en medio de dos importantes corrientes del pensamiento psicoanalítico.


En este mismo periodo, durante el que John Sutherland también le instruyó en psicoterapia psicoanalítica de grupo, dice Kernberg que contó además con la sabia influencia de Edith Jacobson, a través de la cual logró relacionar las teorías británicas sobre relaciones objetales y la psicología del yo, y  de Margaret Mahler que, junto a la primera, le dieron a conocer, destaca el autor en el texto, la aproximación hacia las relaciones de objeto dentro de la psicología del yo americana.


Sumando a las citadas influencias recibidas a lo largo de toda esta etapa profesional las ideas y contribuciones de Talcott Parsons, Fairbairn y Joseph Sandler, Kernberg concluyó sobre el crecimiento del mundo interno de las relaciones objetales y la estructura intrapsíquica, en resumen, que los pilares del sistema psíquico eran la auto-representación, la representación del objeto y un afecto vinculante.


Por último, el autor cierra su descripción sobre este periodo de su trayectoria profesional enfatizando el talento y la amplitud de miras que caracterizaban a quienes le influyeron y permitieron no solo no ser persuadido ni entrar en un enfrentamiento entre la psicología del yo, los klenianos y el middle group, sino replantear e integrar estas corrientes psicoanalíticas, entonces tan opuestas y antagónicas.


A partir de 1973, prosiguió su carrera profesional en Nueva York, al aceptar el puesto como profesor del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de medicina de  Columbia y, paralelamente, el cargo de director de los servicios clínicos generales del Instituto Psiquiátrico de Nueva York.  Una vez allí, añade el autor, se incorporó al Centro Psicoanalítico de Formación e Investigación de la Universidad de Columbia y al Instituto Psicoanalítico de Nueva York. Kernberg puntualiza que, mientras que para el primero le motivó su interés por la investigación y el desarrollo académico, del segundo le atrajo la relación profesional con sus distinguidos miembros.


El autor explica que ambas instituciones eran entonces muy diferentes. El Instituto Psicoanalítico de Columbia, según Kernberg, tenía intereses académicos y pretendía, entre otros objetivos, integrar el psicoanálisis en la psiquiatría, así como desarrollar psicoterapia psicoanalítica, y aplicar la teoría del psicoanálisis al estudio de fenómenos psicosociales. Por su parte, contrasta el autor, el Instituto Psicoanalítico de Nueva York (Asociación psicoanalítica Internacional) está vinculado a un enfoque clásico de la psicología del yo y a una predilección por un psicoanálisis puro. Sobre este último cuenta también Kernberg que mostraba la tendencia autoritaria encontrada años antes en la Fundación Menninger y compartida, según va descubriendo el autor, por instituciones psicoanalíticas de todo el mundo. Asimismo, Kernberg considera que en este instituto se daba una extraña separación entre la fuerza institucional y la intelectual ya que, mientras que la primera era ejercida por miembros desconocidos por él hasta llegar a Nueva York, personajes tan potentes como Charles Brenner, Jacob Arlow, Margaret Mahler y Edith Jacobson ejercían únicamente una influencia periférica.


En contraposición, valora Kernberg, el Centro Psicoanalítico de Formación e Investigación de la Universidad de Columbia se ha caracterizado desde entonces por fomentar y apoyar la investigación, y por explorar y enseñar cada uno de los enfoques psicoanalíticos, mostrando una postura científica y abierta. Por todos estos motivos, el autor destaca el hecho de que esta escuela psicoanalítica sea considerada actualmente como una de las mejores de Estados Unidos.


Kernberg continúa su artículo haciendo mención a otro de los problemas encontrados a lo largo de su recorrido profesional con la comunidad psicoanalítica. Concretamente, explica el autor, su implicación para integrar las teorías de relaciones objetales británica y americana era considerada por parte de la Asociación Psicoanalítica Americana como una amenaza para la psicología del yo. Pero tal situación cambió, según Kernberg, con la potente aparición de Heinz Kohut, cuya Psicología del Self ganaba gradualmente seguidores y poder de influencia en Estados Unidos. Asimismo, cuenta Kernberg, Kohut aplicó satisfactoriamente su enfoque técnico sobre pacientes narcisistas a un espectro de pacientes mucho más amplio, sugiriendo así una modificación en la técnica psicoanalítica en general. Consecuentemente, Kohut pasó a convertirse en el verdadero gran reto para la psicología del yo, concluye Kernberg dejando de estar él como foco disidente por defender la teoría de las relaciones objetales.


Según Kernberg, dejando al margen sus propios interrogantes sobre la psicología del Self (Kohut), es tremendamente positiva y enriquecedora la apertura de miras que este enfoque provocó, así como su logro por evitar provocar otra de las rupturas tan frecuentes en la historia del psicoanálisis y, en cambio, permanecer en la Asociación Psicoanalítica Americana, poniendo de manifiesto y fomentando tanto el debate interno como un diálogo más general, de colaboración entre klenianos, independientes y psicólogos del yo de toda la comunidad psicoanalítica.


Su siguiente etapa profesional tuvo lugar entre 1977 y 1993, y en virtud de su labor como editor de la sección de revisión de libros del Journal of the American Psychoanalytic Association, conoció extraordinarias aportaciones del psicoanálisis francés y, más concretamente, enumera el autor, el trabajo de Laplanche, Anzieu, Chasseguet-Smirgel y Joyce McDougall, cuyos textos dio a conocer a la sociedad psicoanalítica americana. Además, Kernberg hace una mención especial a André Green por sus destacadas contribuciones sobre trastornos severos de la personalidad, uno de los campos en el que el autor ha centrado su trabajo.


A lo largo de dos periodos sabáticos en París, añade Kernberg, durante los que conoció personalmente psicoanalistas franceses y sus respectivos trabajos, tomó conciencia del desconocimiento mutuo existente entre las comunidades psicoanalíticas francesa y anglosajona, así como de la fuerte contraposición y rivalidad entre psiquiatría y psicoanálisis. Esto último, contrasta el autor, es una actitud compartida en las comunidades psicoanalíticas francesa y británica, a diferencia de la americana, cuyos miembros tienden a armonizar su identidad y enfoque psiquiátricos y psicoanalíticos. En relación a ello, Kernberg cree que se ha llegado a cierta asunción de una necesidad de avance hacia una investigación amplia que incluya tanto la hermenéutica y naturalista como aquella de carácter empírico aunque, también reconoce el autor, aún existen desavenencias con respecto a ello en la comunidad psicoanalítica.


Kernberg sitúa su siguiente etapa profesional entre 1997 y 2001, años durante los que fue presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional y se dedicó, principalmente, a dos áreas tan importantes como la educación psicoanalítica y la investigación psicoanalítica. El autor explica los duros retos a los que se enfrentaba el psicoanálisis en esa época y, en último término, a los que él debía hacer frente. Éstos eran fruto, analiza Kernberg, del espectacular aumento de conocimiento en neurociencia, así como de buenos métodos de tratamiento de la psicología cognitivo-conductual y la psicofarmacología, por un lado; y por otro, de la reducción tanto de recursos para salud mental como del prestigio del psicoanálisis en el ambiente universitario y en la cultura en general. Ante tales problemáticas, el autor enumera sus propuestas de solución. En su opinión, la comunidad psicoanalítica ha de aumentar sus esfuerzos para mejorar su relación con la cultura, la universidad y los medios de comunicación. Asimismo, dice Kernberg, necesita investigar ampliamente con la pretensión de estudiar la eficacia de los tratamientos psicoanalíticos y con el objetivo de relacionar descubrimientos propios con aquellos de otras ciencias. Como tercera iniciativa, propone el autor, los institutos psicoanalíticos deberían consolidarse como lugares de transmisión, así como de desarrollo de conocimiento psicoanalítico, para lo cual considera clave el promover la investigación.


Frente a este análisis de la situación y como presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, cuenta Kernberg que destinó un importante capital inicial para la investigación psicoanalítica y que creó su correspondiente gabinete de asesores. En cambio, puntualiza el autor en relación a esta importante área, todavía se mantiene una fuerte resistencia con respecto a la investigación con la comunidad psicoanalítica.


Por otro lado, Kernberg pone de manifiesto su compromiso con el área de la educación psicoanalítica al referirse a sus análisis críticos y propuestas de cambio, con los que trata de fomentar la difícil y necesaria tarea de vigorizar los centros psicoanalíticos, para lo cual confía también, apunta el autor, en el interesante potencial de la teoría psicoanalítica, sus aplicaciones sociales y sus métodos de tratamiento.


Al final de su artículo, Kernberg pasa a hacer una descripción general sobre su orientación teórica, así como de su trabajo clínico llevado a cabo en los últimos años:


En resumen, el autor identifica como una favorable influencia en su pensamiento teórico y clínico el esfuerzo conjunto llevado a cabo por la psicología del yo, las escuelas británicas y la corriente francesa acerca del tratamiento de trastornos severos de la personalidad. Asimismo, dice Kernberg, le resultaron de gran ayuda tanto autores klenianos como aportaciones francesas de cara al estudio sobre pacientes narcisistas y borderline graves. Más concretamente, por un lado, coincide con klenianos y neobionianos al hacer hincapié, en la interpretación de la transferencia, en capas más profundas de la mente como son la agresión y la sexualidad infantiles; y por otro, está de acuerdo con la descripción que André Green hace del narcisismo negativo como, señala Kernberg, una manifestación esencial de la pulsión de muerte.


Seguidamente, Kernberg asocia a su interés por la teoría de los afectos su acercamiento al Grupo Independiente británico, a Winnicott y a las bases neurobiológicas del funcionamiento psíquico. En relación a este campo, cuenta el autor, separándose tanto del reduccionismo radical neurobiológico como del psicodinámico, él apuesta por un modelo abierto e integrador tanto de estructuras neurobiológicas como simbólicas para el estudio mente-cerebro.


En su aproximación al psicoanálisis clínico, Kernberg afirma que se identifica con la teoría contemporánea de las relaciones objetales, sobre la que ha trabajado intentando aunar ideas de, entre otros, Ronald Fairbairn, Erik Erikson y Melanie Klein. Concretamente, el autor sostiene la hipótesis de que las estructuras psíquicas del ello, yo y superyó se construyen a partir de unidades diádicas de representaciones de objetos y de auto-representaciones enmarcadas en un estado afectivo. En cuanto a su enfoque técnico, el autor destaca, entre otras influencias, a Otto Fenichel, Hanna Segal, Wilfred Bion y André Green.


Kernberg afirma que una evaluación diagnóstica psicoanalítica de los pacientes con la que conocer sus rasgos caracterológicos y estructura intrapsíquica dominantes supone una ayuda clave frente a la amplia gama de tratamientos psicoanalíticos que existen en la actualidad, cuyos aspectos técnicos, dice el autor, le interesa desarrollar centrándose, principalmente, en dos campos: la patología narcisista y la borderline.


Durante sus años como director en el Instituto de Trastornos de Personalidad de la Weill Cornell Medical College, cuenta Kernberg, ha llevado a cabo estudios relacionados con la psicoterapia y el tratamiento de trastornos severos de la personalidad y, más concretamente, ha desarrollado la llamada ‘Psicoterapia Focalizada en la Transferencia’. Según el autor, se trata de una psicoterapia que deriva del psicoanálisis, basada en la teoría contemporánea de las relaciones objetales, y que está validada empíricamente.


Esta psicoterapia psicoanalítica, según el autor, está dirigida específicamente a aquellos pacientes cuya enfermedad es tan grave que requiere una adaptación de la técnica del psicoanálisis estándar; enumera, entre otros, aquellos con trastorno límite de la personalidad, trastorno narcisista de la personalidad, o con trastorno esquizoide o esquizotípico de la personalidad.


Los objetivos de la psicoterapia focalizada en la transferencia son, dice Kernberg, reducir los síntomas típicos de estos trastornos, como son el abuso de sustancias o el comportamiento suicida crónico, y modificar la estructura de personalidad logrando que el paciente mejore su rendimiento académico y profesional, así como su capacidad para tener una vida amorosa y social plenas.


Kernberg considera que los esfuerzos dedicados a este singular tratamiento son justificados por la eficacia a largo plazo en la consecución de los ambiciosos objetivos citados anteriormente. Asimismo, añade el autor, la evidencia clínica acumulada en la actualidad sobre el cambio positivo en personalidad es un aliciente para investigar sobre tal efecto en estudios de seguimiento a largo plazo.


En conclusión, el artículo de Kernberg sobre su propio recorrido profesional refleja que, gracias al encuentro, apoyo y enriquecimiento de figuras talentosas a lo largo de cada una de las etapas, fue construyendo su identidad profesional, decidiendo su línea de investigación, así como ampliando el rango de pacientes con los que trabajar. Asimismo, la actitud de Kernberg parece realmente decisiva en sus progresos. Tal y como ya le enseñó su maestro Matte-Blanco durante su primera etapa profesional en Chile, el autor va enfrentándose a cada uno de los siguientes periodos con una actitud de pensamiento propio, fuerte frente a las presiones grupales y de gran apertura. Ante las numerosas controversias con las que se ha topado en su carrera, el autor se muestra no sólo sin radicalidades, sino con una postura integradora, capaz de crear puentes entre distintas corrientes.


Kernberg también deja entrever en su texto, concretamente en el relato de su etapa en Nueva York, su profundo interés tanto en la investigación y el desarrollo académico, que le impulsan a formar parte del Centro Psicoanalítico de Formación e Investigación de la Universidad de Columbia, como en las relaciones profesionales, que le motivan a formar parte del Instituto Psicoanalítico de Nueva York. Y a través de la comparación de ambas instituciones psicoanalíticas, puede observarse una preferencia del autor por una actitud abierta y científica versus una tendencia autoritaria.


Gracias a la lectura de este artículo, puede concluirse también que ante los enfrentamientos y las divisiones, tan abundantes y alimentados en la historia del psicoanálisis, Kernberg apuesta por un desarrollo fruto de la apertura de miras, el debate interno y el diálogo de colaboración entre diferentes corrientes y a nivel internacional.


De cara a los retos que experimenta el psicoanálisis en los últimos tiempos, son reflejo del compromiso enérgico de Kernberg tanto sus análisis críticos y recomendaciones para el cambio en el campo de la educación psicoanalítica, como su estudio sobre la eficacia de la psicoterapia psicoanalítica con trastornos severos de la personalidad en el área de la investigación.