El concepto interpretación: perspectivas históricas y psicopatológicas

Publicado en la revista nº027

Autor: Winograd, Bruno


Quisiera formular algunas reflexiones a manera de muy somera introducción. Como se trata de un instrumento bastante central en el abordaje psicoanalítico de las problemáticas, podría definirse muy laxamente como “enunciados hipotéticos que un interlocutor le comunica a un sujeto (que no son conocidos por éste) y a través de modalidades del lenguaje provocan efectos curativos en el mismo”. En ese contexto, proponer una revisión histórica tiene también una finalidad introductoria porque entiendo que para una disciplina que se desarrolla con todas las irregularidades propias de la indagación de múltiples situaciones de sufrimientos humanos, esta perspectiva permitiría una cierta ubicación de cuáles han sido aportes relevantes, por supuesto desde una vertiente absolutamente personal.

Una breve reflexión, también vinculada a que entiendo que sucede con la cuestión de la interpretación un fenómeno peculiar. Por un lado no pareciera abundar la literatura universal comparada con otras nociones, sin embargo es bastante significativa la bibliografía que hemos llamado rioplatense. Al respecto, podríamos sostener que la mayoría de los autores que ubicamos con mayor o menor extensión en la línea originada en los desarrollos de Pichon Rivière, e incluso en otras, han aportado versiones específicas y propias al respecto, Racker, Alvarez de Toledo, Bleger, los Baranger, Mom, Liberman y otros como Cesio, Avenburg, Etchegoyen, Zac, y muchos colegas más contemporáneos, lo cual me va a permitir mostrar algunas peculiaridades y especificidades en la cuestión de este concepto desarrolladas en nuestro ámbito disciplinario.

Creo que la introducción de la perspectiva histórica también puede resultar de interés para interrogarse acerca de múltiples debates acerca de lo que podría constituir el instrumento por excelencia de la tarea clínica del psicoanálisis y puede constituir una de las perspectivas polémicas entre lo que podría llamarse ortodoxia, cambio, extensiones, cuestiones de mucho interés pues se trata de debates acerca de uno de los núcleos duros de la tarea en el sentido del instrumento que pretende cambios frente a una serie muy extensa, compleja y variada de sufrimientos emocionales.

 

LA PERSPECTIVA HISTÓRICA

Vuelvo a insistir que se trata de una selección con todos los grados de visión personal y sin pretender una especie de exactitud exegética absoluta.

En primer lugar, de la obra de Freud recortaré tres trabajos que me parece que han marcado su visión y algunas variantes sobre este concepto: El empleo de la interpretación de los sueños en el psicoanálisis (1911), Los límites de la interpretación de los sueños (1925) y Construcciones en psicoanálisis (1937)

1) La interpretación: aspectos generales y metodológicos

J. Strachey: “La naturaleza de la acción terapéutica del psicoanálisis” (1934).

Louis Paul: “Psychoanalytical clinical interpretation” (1958)

H. Racker: “La interpretación” (1960)

J. Laplanche y J.B. Pontalis: (vocabulario) Interpretación (1967)

John O. Wisdom: “Puesta a prueba de una interpretación en el curso de la sesión” (1969)

Piera Aulagnier: “La interpretación en la teoría y la práctica” (1970)

Joel Zac: “El origen de la interpretación en el psicoanalista” (1972)

Ricardo Avenburg: “La interpretación” (1974) (Discutido por M. Abadi, H. Rosenfeld y Yoel Zac)

Gregorio Klimovsky: “Lógica de la interpretación psicoanalítica” (1986)

H. Etchegoyen: “La interpretación” (1986) (Del texto sobre técnica psicoanalítica)

Madeleine Baranger: “La mente del analista de la escucha a la interpretación” (1992)

Beatriz De León de Bernardi: “El sustrato compartido de la interpretación, imágenes, afectos y palabras” (1993)

2) La interpretación: sus variantes desde perspectivas psicopatológicas

Simposium APA sobre interpretación: (1957)

D. García Reinoso: “Trastornos de conversión”

Jorge Mom: “Interpretación en las fobias”

Arminda Aberasturi: “La inclusión de los padres manejo a través de la interpretación”

José Bleger: Parte sicótica de la personalidad: estudios técnicos (1967)

A, Picollo – B. Winograd: “Reflexiones sobre hacer consciente lo inconsciente” (1978)

R. Paz: “Las mil y una noches” (1982)

V. Galli: Una perspectiva de investigación psicoanalítica en psicosis (1982)

A, Picollo: Literalidad y sentido (1987)

Hugo Bleichmar: Psicoterapia de las depresiones (1997)

Hugo Bleichmar: Psicoterapia de los trastornos narcisistas (1997)

Hugo Bleichmar: Tipo de intervenciones en los trastornos de angustia (1998)

Panel sobre interpretación (1998) - Symposium SAP 1998

Ricardo Bernardi – Vicente Galli – Eduardo Issaharoff – César Merea – Aurora Pérez

B. Winograd: “Las interpretaciones en las problemáticas depresivas” (2005)

3) La interpretación y la historización

Willy Baranger: La noción de material y el aspecto prospectivo de la interpretación (1959)

Mesa redonda: Construcciones en psicoanálisis. Revista APA (1970)

Piera Aulagnier: Las construcciones psicoanalíticas (1979)

Piera Aulagnier: El aprendiz de historiador y el maestro brujo (1984)

4) La interpretación y la importancia de la forma (junto al contenido)

Luisa A.G. de Alvarez de Toledo: “Análisis del interpretar, asociar y las palabras” (1954)

D. Liberman, R. Avenburg, J. Carpinacci: Ruptura del bloqueo emocional e incremento de la información en la situación analítica (1964)

D. Liberman: Lingüística, interacción comunicativa y proceso psicoanalítico (1970)

D. Liberman: Complementariedad estilística entre el material del paciente y la interpretación (1974)

Jorge Canestri: Transformaciones (1994)

5) Las interpretaciones y los aportes comunicacionales semióticos y lingüísticos

D. Liberman: La comunicación en la terapéutica psicoanalítica (1962)

D. Liberman: Lingüística, interacción comunicativa y proceso analítico (1970)

D. Liberman: Cambios en la teoría y práctica del psicoanálisis (1976)

D. Liberman: Lenguaje y técnica psicoanalítica (1976)

F. Guiard: Sobre los componentes musicales del lenguaje en el final del análisis (1977)

D. Liberman: Las estructuras psicopatológicas inferidas del sistema de comunicación al aplicar el método psicoanalítico (1986)

S. Dupetit: El modelo dramático (1990)

J. Canestri: “Transformaciones” (1994)

T. Shapiro: “Psychoanalysis as conversation” (1995)

B. Winograd: Psicoanálisis como conversación (1995)

Daniel Biebel: Actos de habla en la clínica psicoanalítica (1996)

Susy Fischbein: Algunos posibles aportes del psicoanálisis del discurso en el contexto de la situación analítica (1996)

Jorge Canestri: Notes on linguistic activity and psychoanalysis (2000)

T. Shapiro: Words, ideas and psychoanalysis (2000)

M. Casas de Pereda: El discurso y el método psicoanalítico (2001)

B. Winograd: Cuerpo, discurso y proceso psicoanalítico (2004)

E. Issaharoff: Comunicándonos en sesión (2005)

6) Las interpretaciones y las perspectivas de los esquemas referenciales

Heinz Kohut: “Los dos análisis del Sr. Z (1979)

H. Guntrip: Mi experiencia analítica con Fairbairn y con Winnicott (1981)

Mesa redonda: G. Maeso – Rafael Paz – Evaristo Ramos – Gilberto Simoes La interpretación: Reflexiones a partir de un caso clínico (1982)

M. Abadi: Que es el interpretar (1986)

Discusión: E. Fainblum – L. Goijman – José Milmaniene – B. Resnicoff (1987)

R. Bernardi: El poder de las teorías, el papel de las determinantes para diagnosticar en la comprensión psicoanalítica (1989)

Denis Duncan: La teoría en vivo (1993)

Margaret Little: Relato de mi análisis con Winnicott (1995)

7) Los limites de las intervenciones con modalidad interpretativa

Louis Paul: The logic of psychoanalytic interpretation (1958)

Bjorn Killingmo: Conflicto y déficit, implicaciones para la técnica (1989)

Bjorn Killingmo: Afirmación en psicoanálisis (1995)

Hugo Bleichmar: Lo reprimido. Lo no constituido y la desactivación sectorial del inconsciente. Intervenciones terapéuticas diferenciadas (1997)

D. Stern y otros: Non interpretative mechanisms in psychoanalytic therapy (1998)

Debate SAP: Déficit y conflicto (2006)

8) Discusiones y perspectivas contemporáneas sobre interpretación

Helmut Thomä, Horst Kächele: Medios, vías, fines (1985)

Hugo Bleichmar: El tratamiento, ampliación de la conciencia, modificación del inconsciente (1997)

Hugo Bleichmar: El cambio terapéutico a la luz de los conocimientos actuales sobre la memoria y los múltiples procesamientos inconscientes (2001)

André Green: Lenguaje, palabra y discurso en psicoanálisis (2004)

Hugo Bleichmar, José Calderon, Adela L. de Duarte: Psicoanálisis y psicoterapia cognitiva, aplicación a un caso clinico (2004)

Marilia Aisenstein, Patrick Guyomard, Judith Feher Gurevich, Alain Vanier: Freudian and lacanian approaches to the clinical case (2004)

Juan P. Gimenez, Cecilio Panagua, Allan Compton: Psychic change what and how? (2004)

Hugo Bleichmar: Hacer consciente lo inconsciente para modificar los procesamientos inconscientes: algunos mecanismos del cambio terapéutico (2004)

Rafael Paz: Cuestiones disputadas en la clínica y la teoría psicoanalítica (2006)

Ana María Rizzuto (debate SAP): La transformación del sujeto por la palabra hablada (2005-2006)

 

ALGUNAS REFLEXIONES

En un primer intento de cierto procesamiento conceptual, diría que algunas de las líneas o de las perspectivas que han aportado estas distintas contribuciones, están vinculadas con distintos aspectos del proceso interpretativo. Creo que las perspectivas que podríamos localizar muy esquemática y aproximativamente podrían ser las siguientes: en primer lugar -y esto seguiría de alguna manera las preocupaciones de Freud en su trabajo sobre la interpretabilidad- la interpretación como instrumento dentro de la sesión analítica, conectando lo que Pichon Rivière llamaba el existente o sea la producción discursiva como expresión de los conflictos y síntomas con el emergente o sea la producción del paciente frente al aporte del psicoanalista. Esto que Pichon llamaba una especie de unidad estructural del proceso analítico, la relación entre existente, interpretación y emergente no lo localicé directamente en el trabajo de Pichon sino en una mención que hace Liberman en un artículo con Avenburg y Carpinacci.

En otra mención, ¿cuál ha sido el valor del clásico trabajo de Strachey, cuya inclusión en la enseñanza y la formación psicoanalítica actual es muy irregular? En mi opinión, el trabajo de Strachey mantiene núcleos de un valor sostenible; en cambio en otras cuestiones ya es más discutible. Me refiero, en primer lugar, al concepto “interpretación mutativa” en cuanto a que para que una formulación tenga valor terapéutico tiene que implicar un cierto procesamiento y un cierto cambio en los funcionamientos psíquicos del sujeto. En ese sentido, me parece que eso seria totalmente actual. Una segunda cuestión se refiere a las fases de la interpretación mutativa que me parece que son mantenibles extendiendo alguno de sus contenidos, es decir cuando Strachey habla de una primera fase de concientización y una segunda en que, además, es importante que la persona que recibe la interpretación pueda tener un registro de cambio en sus vínculos históricos con los actuales, o sea que el analista funcione como un decodificador que aporte una perspectiva distinta a aquellas perspectivas históricas que han implicado producción de síntomas. Esto me parece actual aunque variemos los contenidos de Strachey (que se refieren al conflicto pulsional y a su instrumentación a través de la prohibición o de lo que se llamó un superyó restrictivo o castrador) por la permisividad de la actitud analítica distinta frente al impulso prohibido. Si sacamos la cuestión pulsional (sin pretender que no tiene también su lugar) y le agregamos muchas otras perspectivas, entiendo que esta dialéctica pasado-presente a través del impacto transferencial sigue teniendo vigencia; y, como tercera alternativa, la idea de Strachey de la importancia del cambio del superyó me parece fuertemente mantenible aunque no exclusivamente, pudiendo haber muchas otras alternativas de procesos de cambio dentro de la estructura emocional del sujeto que aborda un proceso terapéutico. En ese sentido, me parece muy discutible la crítica furibunda que hace Miller a esa concepción de Strachey del cambio del superyó cuestionándole que haya usado como modelos explicativos conceptos de Rado o de la hipnosis con su cuestión de superyó auxiliar. En mi opinión la noción de superyó auxiliar es mantenible acuda uno o no al modelo de la hipnosis; es decir creo que la idea de que el trabajo terapéutico implica nuevas perspectivas en los códigos axiológicos explorativos del sujeto (frente a los aportes provenientes de la teoría psicoanalítica y no de la elección personal del terapeuta) es también mantenible.

Con relación a las variantes interpretativas según la estructura psicopatológica y combinatorias, me parece que es una perspectiva también claramente actual y que abre toda una serie de posibilidades del psicoanálisis frente a las críticas de la inmovilidad de sus modelos a partir de la historia. Con relación a la interpretación y su función del procesamiento del paciente -en la cual han insistido autores rioplatenses y los alemanes Thomä y Kächele- creo que hay un cambio de tal paradigma como lo señala Canestri en su trabajo Transformations y es que el referente, llamémoslo empírico, que en la primera mitad del siglo XX era la problemática sintomal como núcleo (el modelo de la histeria, creo que Rafael Paz lo llamaba una situación de quiste) se ha modificado en el sentido que se ha extendido no solamente la complejidad psicopatológica sino el referente del cual parten muchas de las corrientes del psicoanálisis contemporáneo sobre todo las de la IPA, que es el vínculo intersubjetivo y su codeterminación del campo terapéutico. Por ello, una de las cuestiones esenciales no reside tanto en las exactitudes semánticas de las interpretaciones sino el procesamiento que hace el sujeto analizando o paciente y la posibilidad de procesarlas constructivamente generando nuevos cambios. Con relación a la interpretación y las teorías lingüísticas como instrumento, creo que también es un tema complicado por la enorme cantidad de modelos lingüísticos a los cuales los psicoanalistas pueden acudir pero que no deja de seguir teniendo interés. Así lo señalan algunos aportes que he mencionado como los de la colega uruguaya Casas de Pereda desde una versión mas lacaniana, de Eduardo Issaharoff, de Biebel y de otros autores que, como en el caso de Susana Dupetit (el cual he ejemplificado varias veces) muestra claramente cómo hay una posibilidad de usar instrumentos provenientes de la lingüística para evaluar los movimientos en el campo y proceso analítico.

Con relación a la discusión sobre la afirmación y la interpretación, creo que es una discusión relevante y yo defendería la posición de que para nada son posiciones excluyentes y -como se señalara en el curso de la discusión o el debate en SAP- Zuckerfeld, Paz y otros en nuestra propia práctica, muchas veces sin explicitarlo ni tomar conciencia, alternamos estas modalidades y sus combinatorias. Esto no excluye la valoración de que tal problemática se transforme en un tema a debatir en texto y contexto en el desarrollo conceptual, como hace Killingmo. Recuerdo mucho una discusión en el congreso del 79 donde los autores kohutianos hablaban de las nuevas perspectivas que habían permitido este desarrollo en cuanto al abordaje del narcisismo y los colegas de Nueva York contestaban que ellos lo hacen espontáneamente, a lo cual la respuesta de un kohutiano era “no es lo mismo captar espontáneamente ciertas situaciones que transformarlas en texto, concepto y conocimiento” posición a la cual en este caso me adhiero.

Quiero agregar en la introducción, como orientación general del abordaje conceptual del problema interpretativo, la de Gregorio Klimovsky que me parece sumamente adecuada porque pienso que puede resultar de un consenso bastante global mas allá de algunos disensos que pueda haber.

Me refiero a que en el trabajo de Klimovsky se señalan tres aspectos de la interpretación psicoanalítica que en mi opinión cubren una serie de áreas de lo que podría ser un examen actual del concepto. En efecto, él menciona el aspecto del conocimiento que lo llama aspecto gnoseológico explicativo. El problema de la significación que aporta lo llama aspecto semántico. Promover acciones en el receptor de la misma lo llama aspecto de acción. Insisto, esos tres aspectos el del conocimiento, el de la significación o de la resignificación que puede abordar muchas áreas y el de la acción, creo que cubren incluso, discusión mediante, las cuestiones que proponen modalidades distintas a lo que es la interpretación en el sentido estricto o tal vez proponen un tipo de intervención que ya no estaría englobado en el concepto interpretación. Aún así creo que las tres perspectivas que plantea Klimovsky pueden, de algún modo, englobarlas.

Con relación a las interpretaciones y la historización, me resulta de interés incluir el tema ya que en el trabajo de Werner Bohleber que comentaré en Berlín se sostiene casi taxativamente que en el psicoanálisis contemporáneo se ha minimizado la rehistorización en el abordaje terapéutico. En un sector de la bibliografía que menciono, en mi opinión, sucede lo contrario: tanto analistas franceses (paradigmáticamente en el caso de Piera Aulagnier) como los Baranger y muchos otros colegas rioplatenses, consideran la rehistorización como matiz fundamental en la desalienación del sujeto mediante el proceso terapéutico psicoanalítico.

En cuanto al problema de la “forma” interpretativa, aunque respaldado en una bibliografía más reducida, creo que resulta en general universalmente considerado como un ingrediente central del funcionamiento y procesamiento interpretativo.

 

EJEMPLIFICACIÓN CLÍNICA

Concluyendo con esta exposición, trataré muy somera y sintéticamente de transmitir algunos trozos de un material clínico de Peter Fonagy publicado en el International Journal of Psychoanalysis de 2003. Se trata del caso de Miss A, comentado por un psicoanalista francés -Paul Denis- y otro americano -Irving Hoffmann- que también constituirá el material clínico que intentará ejemplificar nuestro pequeño grupo de exposición en Berlín: Liliana Winograd, Cristina Sahade, Judith Schevach y el suscripto, sobre las intervenciones del psicoanalista en la clínica de hoy. También este debate será comentado por Madé Baranger y el suscripto en el próximo número de la revista de SAP.

Tiene que quedar claro que he realizado un máximo recorte simplemente para ejemplificar lo que, en la perspectiva de Pichon, sería la unidad clínica: o sea algún material de la paciente, una interpretación y los emergentes para reflexionar acerca de cómo intervienen distintas perspectivas para discutir la modalidad de la formulación interpretativa. Se trata de Miss A, una chica de 22 años con importantes logros deportivos y académicos, que presenta dificultades relacionales. Es la mayor de cuatro hermanas con poca diferencia de edad, su padre era un empresario y la madre una abogada hiperocupada. Tras varios intentos terapéuticos, éstos culminaron en su primer análisis de resultados limitados. El doctor Fonagy, por la complejidad de la patología, propuso una terapia en términos de años más que de meses.

Aspectos relevantes de la sesión de Miss A

En una sesión anterior, ante una ausencia del analista, comentó que no le extrañó y se decepcionó porque volvió tan pronto. El analista, basado sobre todo en sus vivencias y reflexiones internas (contratransferencia), realizó interpretaciones con esta modalidad.

Analista:   Usted me habla como si no esperara que yo me interese por Vd. (este señalamiento fue conectado con planteo de Miss A que sentía que en una lesión que contrajo a los cuatro años, el padre no se interesaba en ella cuando la visitaba al hospital). El emergente próximo de la paciente fue un silencio, tristeza y un sueño: soñó que entraba en la bañera con sus ropas puestas pensando que las iba lavando. La asociación con el sueño era preguntarse si la ropa encogería o no. El analista hace un señalamiento “trayendo un sueño Vd. debe sentir que hace lo que tiene que hacer”.

En otro segmento de la sesión, ante unos comentarios de la paciente con relación a registros que ella tiene del analista, de sus muebles y de él mismo, éste señala: “pienso que, si fuese peligroso para Vd si me dijera alguno de los pensamientos que vienen en su mente en especial los sexuales o de enojo”. Sin darle tiempo para reflexionar, dice el analista, sobre sus palabras respondió: “Vd. no es quién para irse en medio del receso escolar”. El analista le dijo que esto sonaba como si a ella le hubiera importado que se hubiera ido pero que quizás se había sentido tan avergonzada por sentirse así que tal vez eso es lo que hizo que no lo mencionara inicialmente. Para sorpresa de Fonagy, estuvo de acuerdo.

En otro momento de la sesión Miss A habla de un amigo exitoso que perdió su trabajo y señala “cómo caen los poderosos”.

Analista:  Pienso que con frecuencia Vd. se siente mal con Vd. misma y alguna vez está bastante deprimida porque el éxito de otros la hace sentir disminuida, se siente mal y furiosa conmigo por hacerla sentir débil o pequeña.

Paciente: [Se permite sentirse extremadamente enojada] Algunas veces Vd. está lleno de Vd. mismo y entonces a mi no me gusta.

Otro momento de la sesión:

Paciente: “Me satisface que no haya dicho que la varita mágica era el pene que quería tener, pensé que lo haría”.

Analista: “Vd. está en una terrible trampa, por un lado siente que necesita controlarme anticipando mis pensamientos”, tras otros señalamientos continúa el analista, “pero otra parte suya está contenta cuando digo algo que no esperaba porque le da esperanza de que el análisis hará de Vd. la persona que verdaderamente quiere ser”.

La paciente respondió diciendo: “Oh, pare de ponerme el pie encima”

Aquí termina la transcripción de la parte del relato del analista.

Comentario 1: Paul Denis

“La cultura psicoanalítica a la que pertenece el analista de la señorita A es muy diferente de la mayoría de los analistas entrenados en Francia”. Después de algunas otras reflexiones señala: “aún me siento envidioso de una paciente que recibió 16 interpretaciones en una sesión, que es decir más de lo que yo recibí a lo largo de diez años de análisis personal”.

“La primera interpretación, cualquier analista estaría gustoso de haberla hecho. Ilustra el uso que el analista hace de sus impresiones contratransferenciales, de su memoria asociativa y de su capacidad para identificarse con la paciente”. Tras toda una serie de reflexiones que no detallaré por motivos de síntesis sino que estoy intentando recortar los señalamientos que podamos contrastar por convergencias o divergencias con el analista tratante, señala el Dr. Denis: “el analista le dice a su paciente: “se siente mal y furiosa conmigo por hacerla sentir pequeña” podemos usar este momento para imaginar otra posible diferencia entre analista y sus prioridades técnicas. Bien puede ser que la interpretación sea un intento de elaborar la transferencia negativa considerado como prioritario en la mayoría de los institutos psicoanalíticos”.

Otra reflexión del Dr. Denis: “Es claro que la referencia de la señorita A a su deprimido amigo es indudablemente agresiva, pero también podría reflejar que el analista en esta situación necesita de la paciente para poder rescatarlo y mostrar amor y simpatía por él. Parece probable que de haber tomado en cuenta este aspecto de la interpretación analítica se habría dado un curso diferente en el desarrollo de la sesión” (cursivas mías).

Comentario 2: Irving Hoffmann

Señala este comentarista: “antes de discutir este rico informe quisiera decir algo acerca de la posición del comentador externo”. Tras algunas reflexiones concluye: “cualquier comentario desde el afuera tiene que ser calificado en términos de su relevancia”.

El doctor Hoffmann hace una serie de reflexiones señalando a continuación: “Al seguir el proceso de este caso, a menudo eché de menos la colaboración entre analista y paciente en la exploración de varios temas”.

Por ejemplo el Dr. Fonagy nos dice: “la señorita A pensó que yo era peligroso para ella”. A él se le ocurren diversas posibilidades de interpretación pero no tengo la sensación de que el analista le pregunte a la paciente -por cierto no de manera explícita- qué pensaba ella. La participación de la paciente parece limitarse a proveer el material, las asociaciones que llevan a ser molienda para el analista. Como resultado, la paciente no obtiene reconocimiento en la categoría de colaboradora en el trabajo, lo cual podría tener el potencial de proveer una experiencia nueva, correctiva, dentro de la relación analítica.

Tras otra serie de consideraciones, señala el Dr. Hoffmann: “un ejemplo de una oportunidad tal, ocurre cuando el analista sugiere que la paciente tiene miedo que él la deje si ella no actúa en la forma que a él le place”. Animada a hablar más libremente, la paciente responde con esta afirmación más bien atrevida y franca: “algunas veces Vd. está lleno de Vd. mismo y entonces a mi no me gusta”. Como yo lo veo, este comentario crítico ofrece al analista una oportunidad de tomar la experiencia de la paciente seriamente para mostrarle que la respeta y que puede estar abierto a su influencia aun cuando ella lo esté desafiando más que tratando de complacerlo. Podía decir por ejemplo: ¿de verdad podría decirme algo más de lo que quiere decir?

Una respuesta de este tipo podría dar a la paciente el sentimiento de que su pensamiento crítico puede ser constructivo y puede contribuir a una mayor cercanía y a un mayor clima de autenticidad con relación a lo que ha ocurrido hasta ahora. Después de todo, hay un tema a través del informe del Dr. Fonagy: la poca autenticidad de la paciente que, a su vez, se convierte en un sentimiento de desconexión con ella. Este momento parece una oportunidad especial para trabajar con ella y conectarse de una forma nueva, emocionalmente significativa que puede involucrar al analista en un aspecto de su propia vulnerabilidad”.

Termina aquí mi brevísimo extracto del bastante más extenso material clínico y de sus comentadores, pero lo he elegido por varios motivos: primero, por ser absolutamente público al haber sido expuesto en el International Journal; segundo, por tratarse del analista presentante de uno de los colegas de más productividad en este momento del psicoanálisis contemporáneo y porque los discutidores representan culturas muy diferentes; en tercer lugar, porque me pareció que ambas participaciones tenían un nivel consensuado y valorativo descrito concretamente por la producción que la paciente hace ante el abordaje del Dr. Fonagy, (la aparición del sueño, la posibilidad de cambiar totalmente un contenido expresivo, y algunos otros emergentes) pero, al mismo tiempo, señalan otras variantes posibles ya con un matiz más cuestionador o más critico. Esto me pareció extremadamente interesante para discutir la problemática de las intervenciones del analista en nuestra contemporaneidad. Intervenciones que, por supuesto, mantienen el núcleo eje de lo que es el instrumento interpretativo pero agregando perspectivas como aquella de la discusión de otros modelos de formulación, las intervenciones afirmativas y otras que permitirían un debate interesante, sobre todo por lo que yo señalaba anteriormente: que se trata de intervenciones muy respetuosas que plantean su cuestionamiento en un contexto muy claro en el cual el lector puede seguir el procesamiento de la discusión. Por supuesto, como lo vamos a sostener en Berlín a la manera de lo que plantea también el Dr. Hoffmann, lo que se está haciendo es un ejercicio clínico que no supone ni que uno evalúa todo el proceso terapéutico ni que evalúa al analista, ni siquiera que evalúa la totalidad de sesión. Es el único modo que tenemos los psicoanalistas de acceder a un aspecto del clima del trabajo del campo y proceso analítico que nos puede ser útil (como señalaba Liberman) para hacer ejercicios y reflexiones críticas con clara conciencia de nuestras limitaciones cuando las efectuamos.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES

Algunas reflexiones para contextualizar las propuestas de un título que puede resultar abarcativo en exceso:

1.      Toda discusión “actual” no puede soslayar ni minimizar los múltiples léxicos que reúnen los ámbitos de “nuestra” disciplina.

2.      Resulta difícil singularizar el concepto “interpretación” en función de las variantes psicopatológicas y combinatorias de funcionamientos psíquicos de cada sujeto que acude a la consulta psicoanalítica. Los abordajes terapéuticos pueden mostrar una notoria polisemia que “desborde” el marco inicial de las propuestas freudianas.

3.      Parece actualmente necesario no reducir el estudio del fundamento interpretativo al de los diferentes “contenidos” vinculados a variantes conflictivas, sino extenderlo a la cuestión de las “formas” (vinculadas a tonos, gestos, mímica, etc.) y su influencia en la comunicación y el intercambio y decodificación entre paciente y analista.

Dichos enunciados permiten afirmar la existencia de “algunos” mitos en las discusiones sobre interpretación.

a-                El de la interpretación “unívoca” de un material. La experiencia parece mostrar que la interpretación dependerá de la selección que realiza cada operador del campo en función de sus esquemas teórico clínicos; la “adecuacion” sólo arbitrariamente puede sostenerse “a priori”, sólo resultaría verosímil articulada coherentemente con emergentes e indicios del material del paciente.

b-                El de adjudicarle una modalidad “universal” a la estructura interpretativa, cuando en el escenario clínico las variantes de lo que funciona “como” interpretar resultan extensas y a veces imprevisibles, y su adecuación, lo mismo que en el caso anterior, necesita evaluarse en función de los impactos y producciones emergentes en el discurso y aperturas en el psiquismo del interlocutor “paciente”.

c-                 El singularizar el concepto como paradigma indiscutible de cualquier abordaje terapéutico ante las complejidades y variantes de la clínica contemporánea, exigiendo a veces instrumentaciones no ubicables estrictamente en el alcance definicional mínimo de dicho termino.

En función de las distintas estipulaciones formuladas, podría sostenerse que la conceptualización acerca de lo que se considera (o más exactamente de la que se sostiene en “esta” comunicación pues si no corremos el riesgo de incurrir en la universalización cuestionada), “interpretación” en la clínica y método psicoanalítico mantiene algunas estipulaciones “clásicas” pero necesita “agregados” ante las complejidades actuales. Con relación a lo que se mantiene “genéricamente” podríamos enumerar:

1-     Se trata de uno de los instrumentos paradigmáticos del método analítico que consiste en una propuesta hipotética que formula un “operador” (analista) acerca de significados conflictivos desconocidos para el interlocutor (paciente) que pretende nuevas posibilidades para el procesamiento de los mismos.

Esta muy sintética formulación puede ubicarse en un contexto que funciona con teorías supuestas que delimitan a las mismas:

a)                Teorías que sostienen que, apartándose el discurso de las secuencias convencionales, puede producirse otro “armado” indicador de conflictos (asociación libre).

b)                Teorías que establecen una correlación posible entre lo que un interlocutor (paciente) expresa y el otro (analista) puede captar.

c)                 Teorías que postulan que un interlocutor (analista) preparado (por su propia experiencia analítica) puede registrar esta “diferente” estructuración del material discursivo a través del impacto en su interioridad (atención flotante).

d)                Teorías que plantean que los diferentes significados discursivos “expresados” por el interlocutor (paciente) y captados (decodificados) por el analista están fuera de la conciencia del primero.

Estos enunciados, contenidos en las reglas básicas del método psicoanalítico, entendemos que funcionan como supuestos que delimitan la conceptualización clásica de la interpretación como su instrumento por excelencia.

Podrían agregarse las perspectivas que menciona Klimovsky en un capitulo del libro sobre técnica de Horacio Etchegoyen, cuando señala tres fenómenos coexistentes en la interpretación psicoanalítica y que convergen en la comprensión genérica de su estructura conceptual:

1.      Los referidos al conocimiento que ofrece, señalando Klimovsky que se trata de teorías en miniatura acerca de lo subyacente en un fenómeno manifiesto (aspecto gnoseológico).

2.      La vinculada a la captación de significados (aspecto semiótico).

3.      La que pretende promover acciones y efectos de cambio en el psiquismo y relaciones del paciente (aspecto terapéutico o instrumental).

Si bien estos aspectos pueden ser incluidos tanto en las conceptualizaciones “clásicas” como en las que denominamos actuales (con fines de síntesis expositivas), resulta necesario postular algunas propuestas que sumen a lo que llamamos valor genérico posibilidades de diferenciar perspectivas que especifiquen variantes posibles.

No pueden dejar de mencionarse las contribuciones primeras que en este campo brindan los diferentes aportes de David Liberman en el ámbito del psicoanálisis rioplatense.

Queremos destacar, para fines de síntesis, algunas reflexiones y propuestas basadas en dicha obra y sus desarrollos por distintos colegas en el psicoanálisis de “nuestros” tiempos:

1.      Considerar, como lo sosteníamos en las reflexiones iniciales, que las “interpretaciones” debían contemplar no sólo la propuesta general de “hacer consciente lo inconsciente”, sino que dicha operación tendría que contemplar las variantes psicopatológicas, implicando modos diferentes de realizar dicha concientización.

Es decir que, como lo afirmara Liberman -y hemos insistido en trabajos realizados con Felix Schuster y Augusto Picollo- habría variantes especificas con relación a cuál resultará la modalidad y estructura interpretativa más adecuada según los distintos funcionamientos psicopatológicos. Es decir que diferentes modos de conflictos y defensas exigirán diferentes maneras de formulación interpretativa. Esta noción está vinculada con lo propuesto por Liberman en cuanto a la “complementariedad”, puesto que a su concepción de estilos le subyacían modos peculiares, correspondientes a las estructuras psicopatológicas desde una concepción psicoanalítica.

Otra perspectiva en cuanto a las variantes más especificas de los instrumentos interpretativos se refiere a la necesidad de considerar la singularidad de cada pareja y cada proceso terapéutico particular. Es decir que la formulación interpretativa tendría que contemplar las combinatorias de cada sujeto y sus dramatizaciones relacionales llamada “transferencia” que poseen matices peculiares no universalizables. De este modo, si cada estructura psicopatológica tuviesecorrelaciones en cuanto a las adecuaciones correspondientes de modalidades interpretativas, otro tanto sucede con las combinatorias singulares en cada sujeto pues concebimos que los diagnósticos en psicoanálisis se vinculan a combinatorias de funcionamientos más que a entidades fijas a la manera de los DSM. Por ello insistimos en que dichos predominios deberán ser correlacionados con los contenidos, formas y dosificaciones interpretativos para cada momento del proceso terapéutico.

2.      Podría sostenerse que con relación a la 3ª perspectiva mencionada por Klimovsky -la propuesta de acción modificadora contenida en la interpretación- puede conectarse con otra de las posturas de Liberman cuando, con relación a las preguntas centrales que se plantean los psicoanalistas en su tarea clínica, y que podrían ilustrarse con la expresión “qué le interpreto o cómo entender tal o cual contenido”, agrega una perspectiva diferente: “cómo procesa tal persona la interpretación aportada por su psicoanalista” o sea que no se pone el énfasis sólo en la relevancia causal explicativa de la interpretación, sino también en el nexo efectuado en mayor, menor o ninguna medida con el procesamiento interior de los pacientes a la manera de lo que Freud señalara en “construcciones” y Enrique Pichon Rivière definió como emergentes. Esto último fue planteado por Pichon al describir como una especie de microestructura básica del proceso analítico a la secuencia: existente (referido a un segmento significativo del discurso del paciente) interpretación emergente.

4.      Cabe el siguiente interrogante: ¿en qué ámbito y de qué modo pueden registrarse los procesamientos de las interpretaciones? Aquí creemos necesario introducir la separación propuesta por Liberman de dos contextos en el proceso clínico psicoanalítico:

a)          El “intrasesión” en el cual funcionan básicamente la empatía, la inspiración, creatividad y contacto emocional completada por las teorizaciones “flotantes” potenciadas por su experiencia analítica personal.

b)          El “interclínico” posibilitando el estudio del diálogo, las peculiaridades de la comunicación y la semiología discursiva a través del propio psicoanálisis y disciplinas vinculadas a la lingüística, semiótica o teorías sobre la comunicación y el intercambio. Estas alternativas las registraremos en distintos estudios contemporáneos sobre la conversación psicoanalítica o los protocolos clínicos (Pichón Hirviere, Liberman, Thöma y Kächele, Canestri, etc.)

Sintetizando este conjunto de propuestas desde nuestras preocupaciones “actuales”, podríamos afirmar que una “interpretación” ya no implica una especie de modelo univoco, sino que presenta complejidades variadas: puede aportar conocimiento, recuperar afectos, disminuir ansiedades, generar nuevas estructuras a través del método o espacio clínico o renarcisizar autoestimas vulnerables o disminuidas.

Puede también agregarse la posibilidad de múltiples variantes en cuanto a los efectos de los aportes interpretativos, pero nos resulta fundamental indagar el procesamiento (decodificación) que realizan los pacientes y ahí se jugará la productividad interpretativa mas allá de su exactitud o coherencia teórica “a priori”. También cabe afirmar que en la elección interpretativa intervienen los procesos internos del analista (conscientes e inconscientes) lo cual implica cuestionar la alternativa de un “único” significado a captar y postular que la selección de lo que se considere material significativo dependerá de las teorías y el ECRO del psicoanalista en su campo de tareas. También queremos caracterizar, aun a fuerza de reiterativos, a las interpretaciones psicoanalíticas como una síntesis de comunicaciones verbales y no verbales, cuyos efectos podrán examinarse en el estudio de protocolos en los contextos interclínicos a través de diferentes alternativas y metodologías.

 

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